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martes, 14 de mayo de 2019

Más de 100 científicos estiman que la Tierra se halla en el inicio de una nueva «extinción masiva»


Comunidad Biológica

ALAI-ALAINET


Más de 100 científicos de 50 países estiman que la Tierra se halla en el inicio de una nueva «extinción masiva» marcada por la desaparición de especies a un ritmo alarmante, principalmente debido a la acción del hombre
Pero no es la primera: En los últimos 500 millones de años, el planeta vivió cinco episodios en los que al menos la mitad de los seres vivos fueron erradicados en un abrir y cerrar de ojos, bajo la perspectiva de la historia geológica.
En total, más del 90% de los organismos que un día caminaron, nadaron, volaron o reptaron han desaparecido.

Gobiernos y científicos se reunirán la próxima semana en París para alertar sobre el estado de los ecosistemas del planeta, golpeados como el clima por la acción del hombre. Esta evaluación mundial es la primera en casi 15 años: 150 expertos de 50 países trabajaron durante tres años, reuniendo miles de estudios sobre biodiversidad.

Su informe de 1.800 páginas será sometido a partir del lunes a los 130 Estados miembros -entre los que se encuentra el Perú- de la Plataforma Intergubernamental Científico-normativa sobre Biodiversidad y Servicios de los Ecosistemas (IPBES), que discutirán punto por punto.

IPBES es un organismo intergubernamental independiente establecido para fortalecer la interfaz ciencia-política de la biodiversidad y los servicios de los ecosistemas para la conservación y el uso sostenible de la biodiversidad, el bienestar humano a largo plazo y el desarrollo sostenible. Se encuentra bajo los auspicios de cuatro entidades de las Naciones Unidas: el PNUMA, la UNESCO, la FAO y el PNUD y es administrada por el PNUMA. El Perú es miembro de la organización desde 2012, siendo el representante nacional José Alvarez Alonso.

«El patrimonio medioambiental mundial -la tierra, los océanos, la atmósfera y la biosfera-, del que depende la humanidad está siendo alterado a un nivel sin precedentes, con impactos en cascada sobre los ecosistemas locales y regionales», indica el borrador del resumen del informe obtenido por la AFP, susceptible de ser modificado.

Agua potable, aire, insectos polinizadores, bosques que absorben el CO2… La constatación sobre estos recursos es tan alarmante como el último informe del Panel Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) que el año pasado subrayó la brecha creciente entre las emisiones de gases de efecto invernadero y el objetivo de limitar el cambio climático y sus efectos catastróficos.

El texto relaciona además la pérdida de biodiversidad con el calentamiento, en la medida en que ambos fenómenos están acentuados en parte por los mismos factores, como las prácticas agrícolas y la deforestación, responsables de alrededor de un cuarto de las emisiones de CO2 pero también de graves daños a los ecosistemas.

La explotación de tierras y de recursos (pesca, caza) son las mayores causas de la pérdida de biodiversidad, seguidas del cambio climático, la contaminación y las especies invasivas.

Sexta extinción masiva

El resultado es «una aceleración rápida, inminente del nivel de extinción de especies», según el borrador. De los 8 millones de especies estimadas en el planeta – de las cuales 5,5 millones son de insectos -, «entre medio millón y un millón estarán amenazadas de extinción, muchas de ellas en las próximas décadas».

Estas proyecciones corresponden a las advertencias de numerosos científicos que estiman que la Tierra está al principio de la «sexta extinción masiva» y la primera desde que el hombre habita el planeta.

Pero varias fuentes próximas a las negociaciones lamentaron que el proyecto de síntesis no sea tan claro y no mencione esta extinción masiva.

«No hay duda de que nos dirigimos hacia la sexta extinción masiva, y la primera causada por el hombre», declaró recientemente a la AFP el presidente del IPBES, Robert Watson. «Pero no es algo que el público pueda ver fácilmente».

Para que haya una toma de conciencia, «hay que decirles que perdemos insectos, bosques, especies carismáticas».

También «los gobiernos y el sector privado deben empezar a tomarse en serio la biodiversidad, tanto como el calentamiento», insistió este científico.

Un año antes de la esperada reunión en China de los Estados miembros del Convenio de la ONU sobre Diversidad Biológica (COP15), muchos expertos esperan que el informe del IPBES sea una etapa crucial hacia un acuerdo de envergadura como el firmado en París en 2015 contra el cambio climático.

«Si queremos un planeta sostenible en 2050, debemos contar con una meta muy agresiva para 2030», indicó Rebecca Shaw, científica en jefe de la ONG. «Debemos cambiar de trayectoria en los próximos 10 años, como con el clima».

Pero dado que los remedios al calentamiento global que implican cambios mayores en el sistema productivo y de consumo suscitan ya grandes resistencias, ¿qué sucederá con la biodiversidad?

«Será todavía más difícil, porque la gente es menos consciente de los problemas de biodiversidad», afirma Jean-François Silvain, presidente de la Fundación francesa para la Investigación sobre la Biodiversidad. «Habrá que ser lúcidos».

Estas son las cinco extinciones masivas registradas.

Extinción del Ordovícico:

Cuando: hace unos 445 millones de años

Desaparición de especies: 60-70%

Causa probable: periodo glaciar corto pero intenso

En este periodo, la vida se hallaba principalmente en los océanos. Los expertos estiman que la formación rápida de glaciares congeló la mayor parte del agua del planeta, provocando la caída del nivel del mar. Los organismos marinos como las esponjas y las algas fueron las principales afectadas, así como los moluscos, cefalópodos primitivos y peces sin mandíbula llamados ostracodermos.

Extinción del Devónico:

Cuando: hace entre 360 y 375 millones de años

Desapariciones de especies: hasta 75%

Causa probable: agotamiento del oxígeno en los océanos

Los organismos marinos vuelven a ser los más afectados. La fluctuación del nivel de los océanos, el cambio del clima o el impacto de un asteroide son considerados como posibles responsables. Una de las teorías estima que la proliferación de vegetales terrestres habría conducido a una anoxia (falta de oxígeno) en las aguas de superficie. Los trilobites, artrópodos del fondo de los océanos, habrían sido las principales víctimas.

Extinción del Pérmico:

Cuando: hace unos 252 millones de años

Desapariciones de especies: 95%

Causas probables: impactos de asteroides, actividad volcánica

Calificada como la «madre de todas las extinciones», esta crisis biológica devastó los océanos y las tierras. También es la única en la que prácticamente desaparecieron todos los insectos. Algunos científicos estiman que se produjo durante un periodo de millones de años, otros solo durante 200.000 años.

Los trilobites que habían sobrevivido a las dos primeras extinciones desaparecieron por completo, así como algunos tiburones y peces con huesos. En la tierra, los moshops, réptiles herbívoros de varios metros de largo, también se desvanecieron.

Extinción del Triásico:

Cuando: hace unos 200 millones de años

Desapariciones de especies: 70-80%

Causas probables: múltiples, el debate sigue abierto

La misteriosa extinción del Triásico eliminó muchas grandes especies terrestres, la mayoría arcosaurios, ancestros de los dinosaurios y de quienes descienden los pájaros y cocodrilos actuales. La mayoría de los grandes anfibios también desaparecieron.

Una teoría baraja erupciones masivas de lava durante la fragmentación de la Pangea, último supercontinente, con erupciones acompañadas de volúmenes enormes de dióxido de carbono que provocaron un calentamiento climático galopante. Otros científicos apuntan a los asteroides, pero por ahora no se identificó ningún cráter correspondiente.

Extinción del Cretácico:

Cuando: hace unos 66 millones de años

Desapariciones de especies: 75%

Causa probable: impacto de un asteroide

El hallazgo de un inmenso cráter de lo que es hoy en día la península mexicana de Yucatán corrobora la hipótesis de que el impacto de un asteroide fue responsable de la desaparición de los dinosaurios no aviarios como los T-Rex y los triceratops.

Pero la mayoría de los mamíferos, tortugas, cocodrilos, ranas y pájaros sobrevivieron, así como la vida marina. Sin los dinosaurios, los mamíferos proliferaron, conduciendo al nacimiento del homo sapiens, especie responsable de una probable sexta extinción.

08 de mayo de 2019 –

https://www.alainet.org/es/articulo/199729

martes, 30 de octubre de 2018

La guerra del hombre contra la tierra. Ganar es perder todo.

Foto: salvalaselva.org

Por Ricardo Natalichio*

Existe una guerra que el hombre lucha desde hace varios cientos de años. Es una guerra silenciosa —o mejor dicho silenciada— en la que contradictoriamente, ganar significa perder. Esta guerra se viene librando a escala mundial, pero sus mayores batallas se viven cada día en el hemisferio norte.

Su inicio, podríamos decir que fue entre los años 1760 y 1780 en Inglaterra, donde comienza a buscarse la mecanización de la producción con el fin de conseguir que esta sea mas rápida y abundante. Para eso eran necesarias grandes máquinas y el carbón era la fuente de energía utilizada por excelencia.

A partir de ese momento cientos de miles de pequeñas batallas dan forma a la “Cruzada mundial del Hombre contra la Tierra”, una guerra de autodestrucción contra su propio hábitat en la que ataca y destruye sus fuentes de alimentos naturales, de producción de oxígeno y de reservas de agua potable necesarios para la vida.

Esta es una guerra de la que todos somos parte, en la que a diario utilizamos nuestras propias armas de destrucción masiva, tan masiva que están destruyendo a todo ser vivo sobre la Tierra.

El automóvil, la heladera o el equipo de aire acondicionado, con las tecnologías que se han aplicado hasta ahora y solo por citar algunos ejemplos, sumados al consumismo desmedido e irresponsable, provocan un efecto negativo en el ecosistema del planeta.

Claro que esas no son las únicas armas con las que contamos, como dignos seres superiores hemos perfeccionado nuestro poder de fuego para que no haya posibilidad de que perdamos (ganemos) esta guerra.

Tenemos y usamos la mejor tecnología para crear nuestras bombas ecológicas, como los derrames de petróleo, la minería a cielo abierto, la centrales nucleares, las megarrepresas; incluso estamos perfeccionando desde hace algún tiempo la forma de modificar genéticamente de forma directa o por contagio, todo lo que sobreviva para que no vaya a creer, esta insolente Naturaleza que algo se nos puede escapar.

Como si esto fuera poco, Estados Unidos y sus aliados temporales, se empeñan por acelerar este proceso de autodestrucción arrasando pueblos enteros solo para satisfacer sus supuestas necesidades económicas, geopolíticas o estratégicas como lo hicieron con Vietnam y otros tantos países, como hoy mismo lo hacen en Irak y como mañana lo harán en alguno de nuestros países.

Debemos detener esa guerra que lamentablemente estamos ganando (perdiendo) y la única forma de hacerlos es dar un vuelco muy grande en el rumbo que el desarrollo humano ha tomado, porque si éste no es ambientalmente sustentado, si no tenemos la precaución de utilizar sin extinguir, de producir sin contaminar, de consumir de forma responsable; si no terminamos con las guerras de misiles, bombas y uranio empobrecido, si no utilizamos
fuentes de energía limpias, el fin de la guerra se ve próximo y lo peor del caso es que nuestra victoria será terminante.

En EcoPortal estamos en contra de todas las guerras y sobre todo de la que mas víctimas ha causado hasta el momento, de la que mas daños ha causado, la guerra del Hombre contra la Tierra.

Seamos disidentes, debemos convertirnos en la resistencia organizada, porque nosotros también somos la Tierra, porque la destrucción de la Tierra, sería nuestra última batalla.

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*Ricardo Natalichio es director de www.EcoPortal.net
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Fuente: Servindi

sábado, 3 de diciembre de 2016

América Latina: la región más desigual en el acceso a la tierra.


El 1 por ciento del total de explotaciones agropecuarias concentra más de la mitad de la tierra productiva de la región. Miles de comunidades de la Amazonía peruana no cuentan con seguridad jurídica sobre sobre sus territorios, lo cual acentúa la pobreza y desigualdad

Servindi, 2 de diciembre, 2016-. oxfam, El último informe de la organización internacional Oxfam explica por qué América Latina es la región más desigual del mundo en la distribución de la tierra y aporta datos contundentes sobre este problema.

Más de la mitad de la tierra productiva de la región está concentrada en el 1 por ciento de las explotaciones agropecuarias.

El reporte Desterrados: Tierra, poder y desigualdad en América Latina también demuestra que las pequeñas unidades agropecuarias, a pesar de representar el 80 por ciento de todas las explotaciones en la región, ocupan menos del 13 por ciento de la tierra productiva.

Millones de hogares campesinos, con pequeñas parcelas, conviven con mega-plantaciones. Las mujeres agricultoras son las más afectadas por esta desigualdad, pues las parcelas que trabajan son más pequeñas y de menor calidad que las de los varones.

En Perú, el proceso de concentración de tierras y la precaria seguridad jurídica de muchas comunidades sobre sus territorios, amenaza los medios de vida de miles de personas y acentúa la pobreza y la desigualdad.

En los últimos años se observa una marcada tendencia hacia la concentración de tierras en la costa peruana a favor de cultivos de exportación.

Tal tendencia también se empieza a manifestar en la selva peruana, con grandes extensiones de tierra empleadas para cultivos de palma aceitera.

“Si se quiere combatir la desigualdad en la región se deben enfrentar las diferencias abismales en la distribución y seguridad jurídica sobre la tierra, pues potencian la conflictividad social y ambiental”, manifestó Vladimir Pinto, responsable del programa de Derechos Territoriales de Oxfam en Perú.

Como ejemplo, Pinto menciona la situación de las comunidades nativas y campesinas peruanas que no cuentan con políticas claras ni respaldo institucional para titular y proteger sus territorios colectivos, mientras enfrentan el despojo o pérdida de control sobre los mismos.

Tal es el caso de Saweto en 2014, o la actual postergación de la titulación de 14 comunidades indígenas en Nuevo Andoas, en Loreto (Lote 192), porque previamente el Estado favoreció un proyecto de hidrocarburos.
Extractivismo: raíz de la desigualdad

El informe de Oxfam sitúa el extractivismo en la raíz de la alta desigualdad del reparto de la tierra en la región.

Ese modelo productivo concentrado en las concesiones mineras y petroleras, la ganadería extensiva, y los monocultivos como la soja y la palma aceitera se viene apoderando del territorio latinoamericano.

El extractivismo no solo amplía su control sobre grandes extensiones territoriales sino que aumenta su influencia en las políticas públicas de todos los países.

La competencia por el control de los recursos naturales ha disparado los conflictos territoriales entre las grandes empresas y las comunidades, y ha incrementado los índices de violencia contra defensores y defensoras del medio ambiente y de los derechos humanos.

Los pueblos indígenas son los más amenazados, pues sus territorios no están bien demarcados ni protegidos legalmente, y diferentes gobiernos los entregan para el desarrollo de actividades extractivas, en la mayoría de casos sin su consentimiento.

Oxfam hace un llamado a todos los actores en la región, especialmente a los gobiernos, a trabajar para que los objetivos de la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible no queden solo en el papel.

Para ello es necesario promover una distribución más justa de la tierra, impulsar un crecimiento económico equilibrado y diversificado, y limitar la capacidad que tiene la gran industria y las élites económicas para influir en el diseño e implementación de políticas públicas.

Los gobiernos deben garantizar los derechos de las personas y comunidades, incluyendo el derecho a la consulta previa, para que toda comunidad afectada por inversiones y actividades de extracción y explotación de recursos naturales en sus territorios, pueda dar o negar su consentimiento libre, previo, e informado.

Para acceder al informe completo haz clic en el siguiente enlace:

- "Desterrados: Tierra, poder y desigualdad en América Latina" (versión PDF, español, 100 páginas).

Fuente: Servindi

martes, 28 de junio de 2016

Ser maestro y defender la tierra, emprendimientos letales.


El 5 de junio, día de la Tierra, tres relatores de Naciones Unidas se pronunciaron denunciando que defender la tierra y el medio ambiente son emprendimientos letales en algunos países, y que los derechos humanos de las defensoras y defensores son violados continuamente, incluso el derecho más elemental: a la vida. México está entre los cinco países que encabezan esa lista a nivel global.

Siete países, la mayoría en América Latina –Brasil, Colombia, Honduras, Filipinas, México, Perú y Guatemala–, suman 913 homicidios de activistas de los mil 24 que denuncia el reporte de la organización Global Witness sobre asesinatos a ambientalistas de 2002 a 2014. Varios de esos países encabezan también la lista global de asesinatos a sindicalistas (Colombia, Guatemala, Honduras) y México va camino a colocarse entre ellos.

Los que hicieron el comunicado son John Knox, relator sobre Derechos Humanos y Medio Ambiente; Michel Forst, relator sobre la Situación de los Defensores de Derechos Humanos, y Victoria Tauli Corpuz, relatora sobre los derechos de los Pueblos Indígenas. El asesinato de la líder indígena Berta Cáceres, en Honduras el pasado 3 de marzo –que sigue impune–, fue uno de los casos de alerta mundial que lo motivaron. En mayo de 2016, Michel Forst estuvo en México. En esa visita no oficial, declaró que entrevistas con más de 80 defensores revelaron una situación altamente preocupante de violación sistemática de derechos humanos en el país.

La decisión de hacer un comunicado conjunto fue porque los ataques, violaciones y asesinatos no están referidos a defensores del ambiente o derechos humanos solamente, sino también a luchadores por la tierra, territorios, por el derecho a sus culturas y formas de vida, a vivir dignamente en sus pueblos y comunidades.

Todas son luchas que forman parte también de las condiciones y batallas de los maestros y maestras de la CNTE, como los que el 19 de junio fueron atacados salvajemente por policías de varios niveles de gobierno en Oaxaca, resultando en 11 muertos (en el ataque y posteriormente), decenas de heridos y más de 20 desaparecidos. Entre los asesinados había también pobladores que los estaban apoyando. No sólo porque compartían su lucha, sino también porque los maestros son como ellos, indígenas, campesinos e hijos de campesinos. La lucha de esos dignos maestros y maestras contra la llamada reforma educativa (en realidad una reforma laboral para echar maestros críticos y hacer de la educación un mercado competitivo) es por su sobrevivencia, pero también por la educación pública y no está separada de otras luchas de sus pueblos, contra mineras, represas y megaproyectos, robo y contaminación de agua, contra transgénicos, tala de bosques y otros despojos. A menudo son maestros los que informan, explican, trasmiten, apoyan, organizan. Eso lo saben las autoridades, por eso nada les da más rabia que un sindicato independiente como la CNTE.

Esta masacre se suma a otros asesinatos contra luchadores y defensores de los pueblos, comunidades, barrios que luchan por defender sus localidades, sus formas de vida y sustento, y que a través de ellas nos enseñan y cuidan a todos. Sigue abierta a flor de piel la herida por el asesinato de seis personas y la desaparición de 43 estudiantes, futuros maestros, de la Normal Rural Isidro Burgos de Ayotzinapa la noche del 26 de septiembre de 2014. Otra vez, como con el caso de Ayotzinapa, el país entero se levanta para protestar contra la masacre de maestros, exigir que se castigue a los culpables, que termine la represión en lugar de diálogo, que se libere a los maestros presos, que renuncie el secretario (i)rresponsable. Desde todo el mundo aumentan las muestras de protesta y solidaridad, que se suman y expanden las protestas al gobierno de México por los crímenes contra los estudiantes de Ayotzinapa y la reciente expulsióngubernamental del Grupo Interdisciplinario de Expertos Independientes (GIEI), para evitar que salga la verdad a la luz.

Como en los casos de Nochixtlán, Iguala y otros, las autoridades intentan cínicamente culpar de los hechos a las propias víctimas, encarcelan a los luchadores con acusaciones falsas y las difunden a través de los medios vendidos. Métodos similares usan en Brasil y Paraguay.

El 7 de abril de 2016, la policía y pistoleros de la papelera Araupel en el estado de Paraná, Brasil, asesinaron a dos militantes del Movimiento Sin Tierra (MST), Vilmar Bordim y Leonir Orback, e hirieron a seis más que estaban ocupando una tierra asignada para reforma agraria. Los policías afirmaron falsamente que habían sido emboscados aunque los Sin Tierra no traían armas; el crimen sigue impune.

En Curuguaty, Paraguay, 300 soldados atacaron el 15 de junio 2012 a 60 campesinos, mujeres, hombres y niños que ocupaban Marina Kué, tierra destinada a la reforma agraria; mataron a 11 campesinos y a seis de sus propios policías, para poder decir que fue una emboscada y justificar el juicio político que depuso al entonces presidente Lugo. La policía declaró que las mujeres y niños eran un señuelo para emboscarlos. Tras cuatro años de cárcel injusta, 11 de los propios campesinos afrontan un juicio falseado, acusados de los asesinatos. Hay una campaña mundial para exigir su liberación y absolución (https://absolucionya.wordpress.com).

Las mentiras del poder van cayendo cada vez más rápido, por la reconstrucción y memoria colectivas. Los ataques siguen, pero no logran imponer sus cuentos y así se desarma el terror que quieren sembrar. Al contrario, cada lucha es ejemplo de dignidad y fortalece a las que siguen.

Por Silvia Ribeiro - Investigadora del Grupo ETC

Fuente: La Jornada

viernes, 28 de agosto de 2015

Como cuidar de nuestra Casa Común.


Leonardo Boff

Hoy, para cuidar de la Tierra, como nos sugirió detalladamente el Papa Francisco en su encíclica “Cuidado de la Casa Común”, se exige «una conversión ecológica global», «cambios profundos en los estilos de vida, en los modelos de producción y de consumo, en las estructuras consolidadas de poder» (n.5). Este propósito jamás será alcanzado si no amamos efectivamente a la Tierra como nuestra Madre y sabemos renunciar y hasta sufrir para garantizar su vitalidad para nosotros y para toda la comunidad de vida (n.223). La Madre Tierra es la base que sustenta y alimenta todo. Nosotros no podemos vivir sin ella. La agresión sistemática que ha sufrido en los últimos siglos le quitó el equilibrio necesario. Eventualmente podrá seguir adelante durante siglos, pero sin nosotros.

El 13 de agosto de este año fue el Día de la Sobrecarga de la Tierra (The Overshoot Day), día en que se constató la superación de la biocapacidad de la Tierra para atender las demandas humanas. Necesitamos 1,6 planetas para satisfacerlas. En otras palabras, esto demuestra que nuestro estilo de vida es insostenible. En ese cálculo no están incluidas las demandas de toda la comunidad de vida. Esto vuelve más urgente nuestra responsabilidad por el futuro de la Tierra, el de nuestros compañeros de recorrido terrenal y de nuestro proyecto planetario.

¿Cómo cuidar de la Tierra? En primer lugar hay que considerar a la Tierra como un Todo vivo, sistémico, en el cual todas las partes son interdependientes y están inter-relacionadas. La Tierra-Gaia fundamentalmente está constituida por el conjunto de sus ecosistemas, con la inmensa biodiversidad que existe en ellos, y con todos los seres animados e inertes que coexisten y se interrelacionan siempre, como no se cansa de afirmar el texto papal, muy en la línea del nuevo paradigma ecológico.

Cuidar de la Tierra como un todo orgánico es mantener las condiciones prexistentes desde hace millones y millones de años que propician la continuidad de la Tierra, un superEnte vivo, Gaia. Cuidar de cada ecosistema es comprender las singularidades de cada uno, su resiliencia, su capacidad de reproducción y mantener las relaciones de colaboración y de mutualidad con todos los demás, ya que todo está relacionado y es incluyente. Comprender el ecosistema es darse cuenta de los desequilibrios que pueden ocurrir por interferencias irresponsables de nuestra cultura, voraz de bienes y servicios.

Cuidar de la Tierra es principalmente cuidar de su integridad y vitalidad. Es no permitir que biomas enteros o toda una vasta región sea deforestada y así se degrade, alterando el régimen de lluvias. Es importante asegurar la integridad de toda su biocapacidad. Esto vale no solo para los seres orgánicos vivos y visibles, sino principalmente para los microorganismos. En realidad son ellos los ignotos trabajadores que sustentan la vida del Planeta. Nos dice el eminente biólogo Edward Wilson que «en un solo gramo de tierra, o sea, menos de un puñado, viven cerca de 10 mil millones de bacterias, pertenecientes hasta a 6 mil especies diferentes» (La creación, 2008, p.26). Por ahí se demuestra, empíricamente, que la Tierra está viva y es realmente Gaia, un superorganismo viviente y nosotros, la porción consciente e inteligente de ella.

Cuidar de la Tierra es cuidar de los “commons”, es decir, de los bienes y servicios comunes que ella gratuitamente ofrece a todos los seres vivos como agua, nutrientes, aire, semillas, fibras, climas etc. Estos bienes comunes, precisamente por ser comunes, no pueden ser privatizados y entrar como mercancías en el sistema de negocios, como está ocurriendo velozmente en todas partes. La Evaluación de los Ecosistemas del Milenio, inventario pedido por la ONU hace unos años, en la cual participaron 1.360 especialistas de 95 países, revisados por otros 800 científicos, arrojaron resultados aterradores. De los 24 servicios ambientales esenciales para la vida, como agua, aire limpio, climas regulados, semillas, alimentos, energía, suelos, nutrientes y otros, 15 estaban altamente degradados. Esto muestra claramente que las bases que sustentan la vida están amenazadas.

De año en año, todos los índices van empeorando. No sabemos cuando va a parar ese proceso destructivo o si se transformará en una catástrofe. Si hubiera una inflexión decisiva como el temido “calentamiento abrupto”, que haría que el clima subiese de 4 a 6 grados centígrados, como advirtió la comunidad científica norteamericana, conoceríamos destrucciones apocalípticas que afectarían a millones de personas. Confiamos en que todavía vamos a despertar. Sobre todo creemos que “Dios es el Señor soberano amante de la vida” (Sb 11,26) y no dejará que suceda semejante armagedón.

Cuidar de la Tierra es cuidar de su belleza, de sus paisajes, del esplendor de sus selvas, del encanto de sus flores, la diversidad exuberante de seres vivos de la fauna y de la flora.

Cuidar de la Tierra es cuidar de su mejor producción que somos nosotros, los seres humanos, hombres y mujeres especialmente los más vulnerables. Cuidar de la Tierra es cuidar de aquello que ella a través de nuestro genio ha producido en culturas tan diversas, en lenguas tan numerosas, en arte, en ciencia, en religión, en bienes culturales especialmente en espiritualidad y religiosidad, por las cuales nos damos cuenta de la presencia de la Suprema Realidad que subyace a todos los seres y nos lleva en la palma de su mano.

Cuidar de la Tierra es cuidar de los sueños que ella suscita en nosotros, de cuyo material nacen los santos, los sabios, los artistas, las personas que se orientan por la luz y todo lo que de sagrado y amoroso ha surgido en la historia.

Cuidar de la Tierra es, finalmente, cuidar de lo Sagrado que arde en nosotros y que nos convence de que es mejor abrazar al otro que rechazarlo y que la vida vale más que todas las riquezas de este mundo. Entonces ella será realmente la Casa Común del Ser.

*Leonardo Boff es columnista del JB y escritor.

Fuente: Atrio


viernes, 27 de febrero de 2015

A las agresiones humanas, la Tierra responde con flores.


Leonardo Boff

Mas que estar en el centro de una crisis de proporciones planetarias, nos enfrentamos hoy con un proceso irreversible. La Tierra ya nunca será la misma. Ha sido transformada en su base físico-química-ecológica de forma tan profunda que ha acabado perdiendo su equilibrio interno. Entró en un proceso de caos, es decir, perdió su sostenibilidad y afectó a la continuidad de lo que durante milenios venía haciendo: producir y reproducir vida.
Todo caos tiene dos lados: uno destructivo y otro creativo. El destructivo representa el desmantelamiento de un tipo de equilibrio que implica la erosión de parte de la biodiversidad y, en el límite, la disminución de la especie humana, que se produce o por incapacidad de adaptarse a la nueva situación o por no conseguir mitigar los efectos letales. Concluido ese proceso de purificación, el caos comienza a mostrar su cara generativa. Crea nuevos órdenes, equilibra los climas y permite a los seres humanos supervivientes construir otro tipo de civilización.

La historia de la Tierra nos enseña que ella pasó por cerca de quince grandes destrucciones, como la del cámbrico, hace 480 millones de años, que destruyó el 80-90% de las especies. Pero como es madre generosa, lentamente rehízo la diversidad de la vida.

Hoy, la comunidad científica en su gran mayoría nos alerta frente a un eventual colapso del sistema-vida, que puede amenazar el propio futuro de la especie humana. Todos podemos percibir los cambios que están ocurriendo ante nuestros ojos. Grandes efectos extremos: por un lado veranos prolongados asociados a gran escasez de agua, que afectan a los ecosistemas y a la sociedad como un todo, como está ocurriendo en el sudeste de nuestro país. En otros lugares del planeta, como en Estados Unidos, inviernos rigurosos como no se veían desde hace decenas o hasta cientos de años.

El hecho es que hemos tocado los límites físicos del planeta Tierra. Al forzarlos como lo hace nuestra voracidad productivista y consumista, la Tierra responde con huracanes, tsunamis, crecidas devastadoras, terremotos y una incontenible subida del calentamiento global. Si llegamos a aumentar la temperatura dos grados centígrados, la situación todavía sería manejable. Pero si no hacemos los deberes, disminuyendo drásticamente la emisión de gases de efecto invernadero y no reorientamos nuestra relación con la naturaleza hacia la autocontención colectiva y el respeto a los límites de soportabilidad de cada ecosistema, entonces se prevé que el clima puede elevarse de cuatro a seis grados centígrados. Ahí conoceremos la “tribulación de la desolación”, para usar una expresión bíblica, y gran parte de las formas de vida que conocemos, inclusive partes de la humanidad, no podrán subsistir.

La renombrada revista Science acaba de publicar el 15 de enero de 2015 un trabajo de 18 científicos sobre los límites planetarios (Planetary Boundaries: Guiding human development on a changing Planet). Identificaron nueve dimensiones fundamentales para la continuidad de la vida y de nuestro ensayo civilizatorio. Vale la pena citarlas: (1) cambios climáticos; (2) cambios en la integridad de la biosfera con erosión de la biodiversidad y extinción acelerada de especies; (3) disminución de la capa de ozono estratosférico que nos protege de los rayos solares letales;(4) creciente acidificación de los océanos; (5) desarreglos en los flujos biogeoquímicos (ciclos del fósforo e del nitrógeno, fundamentales para la vida); (6) cambios en el uso de los suelos como la deforestación y la desertificación crecientes; (7) escasez amenazadora de agua dulce; (8)concentración de aerosoles en la atmósfera (partículas microscópicas que afectan al clima y a los seres vivos); (9) introducción de agentes químicos sintéticos, de materiales radioactivos y nanomateriales que amenazan la vida.

De estas nueve dimensiones, las cuatro primeras ya han sobrepasado sus límites y las demás se encuentran en un elevado grado de degeneración. Esta sistemática guerra contra Gaia puede llevarla al colapso como ocurre con las personas.

Y a pesar de este escenario dramático, miro a mi alrededor y veo, extasiado, el bosque lleno de árboles de la cuaresma violetas, casias amarillas y en la esquina de mi casa amaryllis belladonnas en flor, tucanes posados en los árboles frente a mi ventana y araras que hacen nidos debajo del tejado.

Entonces me doy cuenta de que la Tierra es realmente madre generosa: a nuestras agresiones, aun nos sonríe con flora y fauna. Y nos infunde la esperanza de que no es el apocalipsis sino un nuevo génesis lo que está en camino. La Tierra todavía va a sobrevivir. Como aseguran las Escrituras judeocristianas: “Dios es el soberano amante de la vida” (Sab 11,26). Y no permitirá que la vida que penosamente superó el caos, vaya a desaparecer.

Leonardo Boff es columnista del JBonline, filósofo, teólogo y escritor.

Traducción de Mª José Gavito Milano


domingo, 30 de diciembre de 2012

Nuestro lugar en el conjunto de los seres.



por Leo Boff

NotaVoy a publicar con cierta frecuencia pequeñas reflexiones que, bajo el nombre de MÍNIMA THEOLOGICA ET OECOLOGICA, pretenden animar a tantos que como yo están en búsqueda de mejores caminos para los seres humanos, en este tramo difícil de la historia de la Tierra y de la Humanidad.
La ética de la sociedad dominante en el mundo es utilitarista y antropocéntrica. Quiero decir: considera falsamente que el conjunto de los seres de la naturaliza tiene razón de existir sólo en la medida en que sirve al ser humano y éste puede disponer de ellos a su gusto.
Continúa creyendo que el ser humano, hombre y mujer, son el centro del Universo y el rey y la reina de la creación.
No se da cuenta de que nosotros, los humanos, hemos sido uno de los últimos seres en entrar al teatro de la creación. Cuando llegó a estar listo el 99'98% del conjunto de la realidad, surgimos nosotros. El Universo, la Tierra y los ecosistemas no necesitan de nosotros para organizarse ni para ordenar su majestuosa elegancia y belleza.
Cada ser tiene valor intrínseco, independiente del uso que nosotros hagamos de él. Representa una emergencia de aquella Energía de fondo, como dicen los cosmólogos, o de aquel Abismo generador de todos los seres. Tiene algo que revelar, algo que sólo él puede mostrar. Y nosotros tenemos ahí algo que escuchar, y tenemos que celebrar lo que nos revele.
Nosotros hemos entrado en el proceso de evolución cuando ésta alcanzó un nivel altísimo de complejidad. Entonces, irrumpió la vida, y como subcapítulo de la vida, la vida humana, consciente y libre. Por nosotros el Universo llegó a la conciencia de sí mismo. Y eso ha ocurrido en un minúscula parte del Universo que es la Tierra. Por eso, nosotros somos esa parte de la Tierra que siente, que ama, que piensa, cuida y venera. Somos Tierra que anda, como dice el poeta y cantautor indígena Atahualpa Yupaqui.
Nuestra misión específica, nuestro lugar en el conjunto de los seres es el de ser aquellos que pueden ver la grandeza del Universo, escuchar los mensajes que cada ser proclama, y celebrar la diversidad de los seres y de la vida.
Y porque somos portadores de sensibilidad y de inteligencia, tenemos una misión ética: la de cuidar de la creación y ser sus guardianes para que continúe con vitalidad e integridad y con las condiciones de seguir evolucionando, ya que está haciéndolo desde hace 4.400 millones de años.
Cabe pues reconocer y respetar la historia de cada ser de la creación, vivo o inerte. Existieron antes de nosotros, y durante millones y millones de años atrás, sin nosotros. Por esta razón, deben ser respetados como respetamos a las personas más ancianas y las tratamos con respeto y con amor. Todos estos seres tienen también derecho al presente y al futuro, junto con nosotros.

Fuente: Koinonia

domingo, 5 de agosto de 2012

La razón en fase de larva y de capullo.



Quien haya leido mis últimos textos sobre ecología y la situación dramática de la Tierra, tal vez se haya quedado con una impresión de pesimismo. No puede ser pesimista quien se da cuenta de los peligros reales que pesan sobre nuestro destino. Debemos siempre respetar la realidad, pero al mismo tiempo es necesario ampliar la comprensión de la realidad. Ésta es mayor de lo que se muestra, pues lo potencial también es parte de lo real. Siempre hay una reserva utópica presente en todos los eventos. Si comprendemos la realidad así enriquecida, no se justifica un pesimismo cerrado, sino un realismo esperanzador. Éste capta la eventual irrupción de lo nuevo escondido dentro de lo potencial y de lo utópico. Esto nuevo hace entonces historia y funda otro estado de conciencia e inaugura un ensayo social distinto.
Además, si tomamos distancia y medimos nuestro tiempo histórico con el tiempo cósmico, tenemos aún más razones para la esperanza. Si condensamos en un año el tiempo cósmico, los 13,7 miles de millones de años que es la edad presumible de nuestro universo, notaremos que como humanos existimos hace solo una pequeñísima fracción de tiempo. Así, el 31 de diciembre a las 5 de la tarde nacieron nuestros antepasados pre-humanos. El 31 de diciembre a las 10 de la noche entró en escena el ser humano primitivo. El 31 de diciembre a las 23 horas, 58 minutos y 10 segundos surgió el hombre de hoy llamado sapiens sapiens. El 31 de diciembre a las 23.00 horas, 59 minutos y 56 segundos nació Jesucristo. El 31 de diciembre a las 23.00 horas 59 minutos y 59,2 segundos Cabral llegó a Brasil.
Como se deduce, temporalmente somos casi nada.
Además de esto, si tenemos en cuenta las 15 grandes destrucciones que conoció la Tierra, especialmente la del Cambriano hace 570 millones de años en la cual desapareció entre el 75 y el 90% del capital biótico, verificamos que la vida sempre resistió y sobrevivió. Y si nos concentramos solamente en el ser humano, siempre sobrevivió a las muchas glaciaciones. Y aún más, tuvo un proceso de encefalización altamente acelerado. Desde hace 2,2 millones de años aparecieron sucesivamente el homo habilis, el homo erectus, y en los últimos cien mil años, el homo sapiens, ya plenamente humano. Sus representantes eran seres sociales, se mostraban cooperativos y usaban el habla, característica humana.
En el intervalo de un millón de años, el cerebro de estos tres tipos de homo se duplicó en volumen. Después de la aparición del homo sapiens, surgido hace 100 mil años, el cerebro no creció más. Ya no era necesario, pues surgió el cerebro exterior, la inteligencia artificial, que es la capacidad de conocer, de crear instrumentos y artefactos para transformar el mundo y crear cultura, característica singular del homo sapiens sapiens.
A partir del neolítico, hace cerca de diez mil años, surgieron las primeras ciudades que dieron origen a la cultura elaborada, al estado, a la burocracia y también a la guerra. Comenzó también una utilización sistemática de la razón instrumental para dominar la natureza, conquistar y someter a otros. Obviamente allí también estaban otros tipos de razón como la emocional, la simbólica y la cordial, pero sometidas a la razón instrumental que, desde entonces hasta culminar en nuestro tiempo, asumió la hegemonía, razón a la vez creativa y destructiva.
El proceso de la mariposa nos ofrece una sugestiva metáfora. La mariposa no nace mariposa. Es al principio un simple huevo que se transforma en una larva, devoradora insaciable de hojas. Después se enrolla sobre sí misma en foma de capullo (crisálida). Dentro de él, la natureza teje su cuerpo y lo pinta de colores. Cuando todo está listo se rompe el capullo y surge una mariposa espléndida.
Nosotros estamos todavía en el estadio de larva y de capullo. Larva, porque día y noche devoramos la naturaleza; capullo, porque estamos cerrados sobre nosotros mismos, sin ver nada a nuestro alrededor.
¿Cuál es nuestra esperanza? Que la razón rompa el capullo y surja como razón-mariposa. Tal vez la situación actual de gran peligro fuerce el nacimiento de la razón-mariposa. Ella revolotea por ahí, no es destructiva sino cooperativa, pues poliniza las flores.
Estamos todavía en génesis. No hemos acabado de nacer. Una vez nacidos, vamos a respetar y a convivir con todos los seres. Habremos superado para siempre la fase de larva y de capullo. Como mariposas seremos portadores de la razón sensata que nos concede tener junto con la Tierra un futuro sin amenazas.



Fuente: koinonia

sábado, 14 de julio de 2012

El imposible pacto entre el lobo y el cordero.




por Leonardo Boff  

Post Festum, podemos decir: el documento final de la Río+20 presenta un generoso menú de sugerencias y propuestas sin ninguna obligatoriedad con una dosis de buena voluntad conmovedora, pero con una ingenuidad analítica espantosa, diría que hasta lamentable. No es una brújula que apunta hacia «el futuro que queremos», sino en dirección a un abismo.

Tal fallido resultado se debe a la creencia casi religiosa de que la solución a la actual crisis sistémica se encuentra en el veneno que la produjo: en la economía. No se trata de la economía en un sentido transcendental, es decir, como aquella instancia -poco importan los modos- que garantiza las bases materiales de la vida, sino de la economía categorial, la realmente existente, la que en los últimos tiempos, ha dado un golpe a todas las otras instancias (a la política, a la cultura y a la ética) y se ha instalado, soberana, como el único motor que hace andar a la sociedad. Es la «Gran Transformación» que ya en 1944 el economista húngaro-norteamericano Karl Polanyi denunciaba enérgicamente. Este tipo de economía cubre todos los espacios de la vida, se propone acumular riqueza a más no poder, sacando de todos los ecosistemas, hasta agotarlos, todo lo que sea comercializable y consumible, rigiéndose por la más feroz competitividad. Esta lógica ha desequilibrado todas las relaciones con la Tierra y entre los seres humanos.

Frente a este caos, Ban Ki Moon, Secretario General de las Naciones Unidas no se cansa de repetir en la apertura de las Conferencias: estamos ante de las últimas oportunidades de salvarnos que tenemos. En 2011 en Davos declaró enfáticamente ante los «señores del dinero y de la guerra económica»: «El actual modelo económico mundial es un pacto de suicidio global». Albert Jacquard, conocido genetista francés, tituló así uno de sus últimos libros: ¿Ha empezado la cuenta atrás? (2009). Los que deciden no prestan la más mínima atención a las alertas de la comunidad científica mundial. Nunca se vio tamaño distanciamiento entre ciencia y política ni tampoco entre ética y economía como actualmente. Esto me remite al comentario cínico de Napoleón después de la batalla de Eylau al ver miles de soldados muertos sobre la nieve: «Una noche de París compensará todo esto». Ellos siguen recitando el credo: un poco más de lo mismo, de economía, y saldremos de la crisis. ¿Es posible el pacto entre el cordero (ecología) y el lobo (economía)? Todo indica que es imposible.

Pueden añadírsele los adjetivos que se quiera a este tipo de economía vigente: sostenible, verde... y otros, que no le cambiarán su naturaleza. Imaginan que limar los dientes al lobo le quita la ferocidad, cuando ésta reside no en los dientes sino en su naturaleza. La naturaleza de esta economía es querer crecer siempre, aun a costa de la devastación del sistema-naturaleza y del sistema-vida. No crecer sería dictar la propia muerte.

Pero sucede que la Tierra ya no aguanta más este asalto sistemático a sus bienes y servicios. Añádase a esto, la injusticia social, tan grave como la injusticia ecológica. Un rico medio consume 16 veces más que un pobre medio. Y un africano tiene treinta años menos de expectativa de vida que un europeo (Jaquard, 28).

Frente a tales crímenes ¿cómo no indignarse y no exigir un cambio de rumbo? La Carta de la Tierra nos ofrece una dirección segura: «Como nunca antes en la historia, el destino común nos convoca a buscar un nuevo comienzo, que requiere un cambio de mente y de corazón, un nuevo sentido de interdependencia global y de responsabilidad universal... para alcanzar un modo sostenible de vida a nivel local, regional y global» (final). Cambiar la mente implica una mirada nueva sobre la Tierra, no como un «mundo-máquina» sino como un organismo vivo, la Tierra-madre a quien se le debe respeto y cuidado.

Cambiar el corazón significa superar la dictadura de la razón científico-técnica y recuperar la razón sensible en la que reside el sentimiento profundo, la pasión por el cambio y el amor y el respeto a todo lo que existe y vive. En lugar de la competencia, vivir la interdependencia global, otro nombre para la cooperación; y en lugar de la indiferencia, la responsabilidad universal, o sea, la decisión de enfrentar juntos el peligro global.

Valen las palabras del Nazareno: «Si no os convertís, todos pereceréis» (Lc 13,5).


Fuente: Koinonia


domingo, 17 de junio de 2012

La Tierra pide un rescate.



ANTONIO CERRILLO Barcelona , FERNANDO GARCÍA São Paulo Corresponsal

Los expertos alertan de que el consumo voraz supera los límites ecológicos del planeta |

 La ONU marcará las metas ambientales entre el escepticismo |

 Ante las transacciones internacionales se precisa una fiscalidad ambiental global |

 El libre comercio continúa sin asumir sus impactos y costes ambientales.

El consumo voraz de recursos naturales, el galopante crecimiento demográfico y una irrefrenable dependencia de los combustibles fósiles han dado a los científicos las pruebas de que la Tierra ha superado algunas líneas rojas: esas fronteras que marcan un deterioro ambiental que puede minar las bases en que se asienta la vida en el planeta. Este es el eje central de los debates en la conferencia de la ONU sobre desarrollo y medio ambiente que se celebrará entre estos miércoles y viernes en Río de Janeiro. ¿Pero acepta el mundo económico y político este diagnóstico?, ¿sortearán el abismo?, ¿sirve la economía verde como receta para evitarlo?

Los ecosistemas de la Tierra se degradan hasta niveles que perjudicarán la seguridad del hombre. Así lo indican muchos expertos. James Lovelock alertó de que la Tierra es un organismo complejo vivo. Y el premio Nobel Paul Crutzen sostiene que las actividades del hombre están sobrepasando los límites biofísicos del planeta. Y, ante tan enorme represión sobre los recursos, surge la teoría de que hemos entrado en una era geológica, el antropoceno: aquella en que los ecosistemas naturales están siendo alterados por el hombre sin posibilidad de recuperar el equilibrio ecológico.

"Estamos viviendo por encima de las posibilidades del planeta. Está científicamente demostrado", dice Gisbet Glaser, miembro del Consejo Internacional para la Ciencia, una de las 105 academias de ciencias que han hecho un llamamiento para cambiar el actual modelo de consumo insostenible. "Estamos en un punto en la historia humana, en el que corremos el riesgo de degradar los sistemas de soporte vitales para el desarrollo humano", agrega.

La cumbre de la Tierra de Río (hace 20 años) abrió las puertas a los partidarios de un desarrollo perdurable; y su optimismo histórico dio a luz a los convenios de Cambio Climático, Biodiversidad y Lucha contra la Desertización.

La nueva cita (Río+20) reunirá a líderes mundiales y representantes de más de 190 naciones, y marcará nuevos objetivos sociales y ambientales. Pero ahora no se trata de firmar un nuevo tratado internacional, sino lanzar una declaración política destinada a cimentar las bases de la economía verde, como antídoto frente al desequilibrio ecológico. Pero la negociación previa no permite abrigar grandes expectativas. Hay ecofatiga. Faltan liderazgos. La ONU no es el gobierno mundial que requiere una globalización que externaliza e ignora los impactos y costes ambientales.

Hace 20 años, en Río, los gobiernos ya veían la necesidad de unas pautas de consumo más respetuosas. Ya eran conscientes de la necesidad de crear un modelo energético que huyera de los combustibles fósiles finitos (carbón, petróleo) y ya sospechosos de causar el calentamiento. Y hablaban de aplicar ecoimpuestos a las emisiones de gases invernadero y a la contaminación. Pero eso se ha frenado.

"La ONU se marca objetivos e indicadores para lograr avances sociales y ambientales, pero no se exige a sí misma la obligación de poner los medios para alcanzarlos", dice Domingo Jiménez Beltrán, exdirector de la Agencia Europea de Medio Ambiente, quien echa en falta un gobierno ambiental, porque "hemos sacrificado lo importante por lo urgente". El libre comercio ha roto las barreras en estos 20 años; la globalización ha cabalgado a lomos de los sacrosantos principios del mercado. En cambio, el criterio de precaución, establecido en Río de Janeiro, ha sido barrido por unas transacciones comerciales sin cortapisas ni corsés (mientras apenas se prestigia la agricultura de proximidad, los vuelos transoceánicos no están sujetos al comercio de emisiones...).

Ni siquiera el conocimiento, ya "inequívoco", del calentamiento del planeta ha frenado su degradación. El incremento de las emisiones de gases invernadero va camino de aumentar la temperatura global dos grados (respecto al periodo preindustrial) en pocas décadas si no se quiebra esa tendencia antes del 2020 y se frenan las emisiones globales un 50% para el 2050. Y en estos años ha continuado la generación de sustancias químicas, insuficientemente evaluadas antes de ser puestas en el mercado (lo que ha originado efectos dañinos a veces detectados demasiado tarde).

Y en el contexto de la actual crisis, los sectores acusados de atrincherarse en un modelo insostenible han perdido complejos. Han pasado a la ofensiva. Vuelven a presentar la protección del medio ambiente como un lastre para la economía. 

Pero frente a esta tendencia, la ONU lanza el debate sobre la economía verde; una receta que habla de impuestos a las transacciones internacionales; del fin de los subsidios a las energías sucias; del impulso a las fuentes renovables a gran escala, de un mayor poder de la sociedad civil... y de viejos principios de Río que siguen en el baúl de los recuerdos.

"La eficacia de la economía verde dependerá de cómo se concrete. Para unos significa que todo siga igual, pero con energía renovable; para otros. abandonar la construcción tradicional y apostar por la rehabilitación. hay quien propugna un decrecimiento económico y justicia ambiental. Y están los oportunistas, a quienes les basta el maquillaje verde", dice Miquel Ortega, director de Ecología Política. "Hasta que no haya una fiscalidad global no tendremos la convicción de que vivimos en el mismo mundo", resume Jiménez Beltrán.

jueves, 19 de abril de 2012

Mundo: Oración Madre Nuestra, en el Día Mundial de la Tierra.


Servindi, 19 de abril, 2012.- Nuestros amigos de Radialistas apasionadas y apasionados buscando libretos para el Día de la Tierra, encontraron este texto anónimo, escondido en un libro de oraciones muy antiguo. Si Jesús lo hubiera conocido, seguramente también lo hubiera rezado. Descargar con un clic derecho en el enlace y elegir guardar como:http://www.radialistas.net/audios/AUDIO-1300141.mp3



Locutora. Madre Tierra que estás en el cielo

santificados sean tus mares, tus ríos, tus lagunas.

Venga a nosotros tu reino de plantas y animales.

Hágase la vida en abundancia

en este planeta y en todo el universo.

Danos hoy el alimento de cada día.

Perdona nuestra contaminación.

No nos dejes caer en la avaricia

de acumular tus riquezas.

Y líbranos de las empresas mineras.

Amén.

Control música emotiva

Locutor. recibimos la tierra en herencia de nuestros antepasados. La tenemos en préstamo de nuestros hijos e hijas.

Control música emotiva

Locutora. 22 de abril, Día de la Tierra.

Otras noticias:

sábado, 12 de noviembre de 2011

Ciencia y Dios: ¿diálogo o confrontación?


Rosa M. Tristán | Madrid


¿Qué papel tienen los dioses en la Ciencia? "Ninguno", es la respuesta que darían la inmensa mayoría de los científicos. Sin embargo, hay insignes biólogos, astrónomos y tecnólogos que compaginan su fe con hallazgos que dan al traste con muchos de los paradigmas de determinadas religiones porque "una cosa es conocer el detalle de la realidad y otra su finalidad", en palabras del biólogo evolucionista Francisco Ayala, que fue fraile dominico.
Ayala ha sido uno de los asistentes al Simposio Internacional Ciencia y religión en el siglo XXI: ¿diálogo o confrontación?, organizado esta semana por la Fundación Ramón Areces, jornadas en las que se pudo ver a numerosos sacerdotes atendiendo a conferencias sobre la búsqueda de planetas extrasolares, el origen del Universo o la creación de inteligencia artificial.
En palabras de su coordinador, el catedrático Emilio Chuvieco, el objetivo era "reflexionar sober el diálogo entre ciencia y religión en temas como el cerebro y el alma, la bioética o el evolucionismo".
Galaxias captadas por el Hubble. | NASA/ESA
Galaxias captadas por el Hubble. | NASA/ESA
Ayala, en un encuentro con la prensa, lo resumía con una metáfora: "A medida que la ciencia avanza, surgen más preguntas. Si el mundo fuera una isla de conocimiento, se vería cómo las orillas cada vez son más extensas, del mismo modo que cada vez hay más preguntas, pero eso afianza también la posición de la religión".

La Ciencia y las preguntas

Respecto a la dicotomía entre la Teoría de la Evolución y los nuevos creacionistas americanos, el biólogo español defiende que no puede haber un diseñador supremo desde su posición de creyente: "Darwin ya explicó el diseño humano con la ley de la selección natural. Y una muestra de que es así la tenemos en el ojo humano, más imperfecto que el de un pulpo. Decir que Dios lo diseñó es una blasfemia, y lo mismo cabe decir del sistema reproductivo humano, en el un 20% de los embarazos acaban en abortos espontáneos"
Por su parte, el director del Instituto Faraday (Estados Unidos), Denis Alexandre, buscaba el consenso aduciendo que "la creación se utiliza en sentido teológico, mientras que la evolución es biológica. "La idea de Dios como creador de todo tiene una larga tradición cristiana, pero el diálogo con la ciencia demuestra que ésta explica cómo es la realidad, mientras que la teología explica las finalidades, el sentido de las cosas, el por qué hay un Universo o por qué explotó". En su opinión es "como elegir entre la belleza o el gusto de un helado, dos cosas muy diferentes".
Frente a las teorías que explican el origen del pensamiento religioso humano como la búsqueda de explicación a fenómenos desconocidos, tanto Alexander como Ayala argumentaron que "no es la única causa" porque entonces "a medida que se hacen descubrimientos, se dejaría de creer en Dios". Pero, ¿y si uno de estos grandes hallazgos es la vida en otros planetas similares a la Tierra? Ésta es una posibilidad que, como científico, no descarta aunque dejó claro que no cree que "haya vida inteligente porque en la Tierra sólo nosotros lo somos de 10 millones de especies y llevamos muy poco tiempo existendo, un cuarto de hora en la historia del planeta".
Precisamente esta hipotética vida extraterrestre centró la intervención de Jennifer Wiseman, presidenta del Programa de Diáglogo entre Ciencia y Religión de la Sociedad Americana de Avances de la Ciencia (AAAS), además de investigadora principal del telescopio espacial Hubble. "Estamos encontrando numerosos planetas y si aún no hallamos 'tierras' es porque nuestros telescopios no las pueden ver, pero en 10 o 20 años, con nuevos intrumentos, podemos localizarlas y estudiar su atmósfera en busca de rastros de vida. Y esa es una cuestión interesante para las religiones", apuntó.

Difícil encaje del Cristianismo

Wiseman recordó que sistemas de creencias como el Budismo o el Islamismo ya reconocen la posibilidad de que haya diversidad de vida en el Universo, pero más difícil tiene su encaje en el Cristianismo. "En la fe cristiana Dios participó en la creación de los humanos y envió a su hijo único, Cristo, a su imagen y semejanza. Pero si es único ¿visitó otros planetas?¿habrá allí pecado? Son problemas teológicos sin solución", argumentó, en respuesta a ELMUNDO.es.
Las astrónoma americana reconoció que "ningún telescopio verá a Dios" porque los instrumentos científicos sólo observan cómo funciona la naturaleza y explicó ante la audiencia de su conferencia, entre la que había muchos religiosos, cómo los astrónomos buscan hoy vida fuera del Sistema Solar, identificando elementos que aquí conforman la vida, como el carbono o el oxígeno.
Hasta ahora, recordó, se han localizado ya casi 700 exoplanetas y hay otro millar de candidatos por confirmar en una Vía Láctea con 200.000 estrellas. Y estimó que un 6% de los que existen serán similares en tamaño a nuestra Tierra. "Con la Astronomía la Tierra dejó de estar en el centro del Sistema Solar, luego de la galaxia y también del Comsos, pero la Biblia no habla de posiciones sino de significados".
Wiseman concluyó con un mensaje de consenso y ecologista: "Si encontramos vida ahí fuera creo que afectará a las religiones según sus creencias; algunos ya piensan que, si existen, y son civilizaciones avanzadas, también tendrán su religión. Lo importante, seamos únicos o no se que debemos apreciar más nuestro frágil planeta".
Contacte con el autor del artículo vía Twitter. @RosaTristan
Fuente: El Mundo.es