sábado, 4 de marzo de 2017

Refugiados latinoamericanos, en el olvido.



Valeria Méndez de Vigo y Carla Sala

Los conflictos armados abiertos en Siria o Irak han centrado la atención de la comunidad internacional debido, sobre todo, al elevado número de personas refugiadas que han llegado a Europa. Mientras las miradas están centradas en la guerra de Siria y en los refugiados procedentes de este país, en América Central hay también situaciones merecedoras de protección internacional que pasan más desapercibidas.

La situación de violencia que viven algunos países de América Latina ha provocado que miles de personas se vean forzadas a abandonar sus hogares y, en muchos casos, sus países de origen. La región de Honduras, Guatemala y El Salvador, también conocida como el Triángulo Norte de Centroamérica, es una de las zonas más conflictivas del mundo.

Según datos de la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR), la violencia y la inseguridad son factores clave para explicar el desplazamiento forzado en El Salvador, Honduras y Guatemala.

Las familias desplazadas tienen más dificultades para cubrir necesidades básicas como vivienda, educación, salud y acceso a empleos formales[1]. En 2015, 110.000 personas huyeron de la región centroamericana y buscaron asilo en el extranjero, siendo esta cifra cinco veces superior a la de 2011. En El Salvador, la tasa de homicidios de mujeres aumentó un 60% entre 2008 y 2015 y, en Honduras, durante el mismo periodo, aumentó un 37%. En el caso de Guatemala, el desplazamiento de sus habitantes está más relacionado con los altos niveles de desigualdad que sufre el país[2].

La mayoría de las personas procedentes de los países centroamericanos buscan seguridad en México y Estados Unidos, en menor medida, en Belice y Costa Rica. Sin embargo, gran parte de estas personas no obtienen protección internacional. En realidad, según la Convención de Ginebra sobre el Estatuto de los Refugiados de 1951, las causas por las que una persona puede ser considerada refugiada están muy tasadas, limitándose a motivos de raza, religión, nacionalidad, pertenencia a un determinado grupo social u opiniones políticas. El hecho de huir de la violencia generalizada puede no considerarse una situación merecedora de protección internacional.

De hecho, en 2015, más de 230.000 personas procedentes del Triángulo del Norte Centroamericano fueron detenidas y retornadas a sus países de origen desde los Estados Unidos y México. Resulta trágico que algunas personas retornadas fuesen identificadas y asesinadas por miembros de las pandillas en sus países de origen poco después de su retorno[3].

Dagoberto García, hondureño, relata la experiencia de su hijo[4]:

«Mi hijo es un desplazado por la violencia (…) él tuvo que irse por problemas de amenazas de muerte. Cuando pides el estatuto de asilo tienes que hacer una versión creíble ante al juez. A veces, esta versión de alguien que va huyendo de Honduras por la violencia, las maras o las amenazas la cuentan muchos y, entonces, depende de cómo un tipo te pueda contar su relato (…) Si han contado el mismo relato 98 o 100 personas, el juez no lo cree, no aplica el asilo y lo deportan».

Si el contexto de protección internacional para las personas centroamericanas que huyen de la violencia, las maras y el narcotráfico no ha sido nunca favorable, la investidura de Donald Trump como presidente de Estados Unidos ha producido un incremento de las políticas restrictivas y del clima de hostilidad hacia las personas refugiadas y migrantes. 

El decreto del pasado 17 de enero -en este momento paralizado por un juez federal en los Estados Unidos- preveía la prohibición de entrada en Estados Unidos de personas procedentes de Siria, con carácter indefinido y, durante 120 días, de personas procedentes de 7 países de mayoría musulmana. Además, también suspendía el programa de menores centroamericanos, puesto en marcha en 2014, para brindar vías de acceso legales y seguras a adolescentes amenazados por las maras (pandillas juveniles), en riesgo de reclutamiento forzado, explotación sexual y asesinatos extrajudiciales. Este programa, que preveía la reunificación de estos adolescentes con sus progenitores residentes en Estados Unidos ha sido suspendido también por el Decreto y, en consecuencia, la respuesta a solicitudes en proceso de admisión se sitúan en el limbo legal[5].

Ante esta realidad, diferentes organizaciones no gubernamentales, como Entreculturas, manifiestan la necesidad de ampliar la definición recogida por la Convención de 1951, haciéndola extensiva a toda víctima de conflictos armados, de políticas económicas erróneas o de desastres naturales, y, por razones humanitarias, a toda persona desplazada interna, es decir, cualquier civil desarraigado por la fuerza de su hogar[6].

La Campaña por la Hospitalidad, lanzada en Centroamérica, llama a reconocer la dignidad de cada ser humano y, en especial, de quienes se encuentran en situaciones de vulnerabilidad, como las personas refugiadas y desplazadas.

La transformación de los flujos de movilidad en América Latina y el Caribe plantea, por una parte, la necesidad de renovar los marcos normativos, nacionales e internacionales, en materia de refugio y desplazamiento y, por otra, la de revisar los requisitos que conceden protección internacional. La falta de políticas de acogida y de coordinación entre diferentes estados aumenta la precariedad en la situación de las personas que quedan atrapadas entre fronteras y no son informadas adecuadamente sobre su derecho a la protección internacional[7].

Este es el momento de fomentar una cultura de la hospitalidad y la acogida y solicitar que los estados, incluida España, cumplan con su deber de protección e impulsen medidas que favorezcan la integración social de las personas desplazadas o refugiadas.

Fuente: Cristianismo y Justicia

viernes, 3 de marzo de 2017

La Iglesia mexicana pide "poner un freno al racismo, al odio y al terrorismo del indigno presidente norteamericano".


Acusa a Peña Nieto de "sumisión" frente al "terrorismo migratorio" de Trump
Las redadas contra indocumentados han sembrado "miedo" y desatado "una verdadera psicosis"


Jesús Bastante

Nuestros hermanos inmigrantes no tienen quién los defienda ni a quién acudir; están huérfanos y no saben qué hacer, pues no confían en un gobierno que es el causante de su exilio; a la clase política no le interesa su suerte

Los obispos de la frontera EEUU-México, con los migrantes


(Jesús Bastante).- "Las autoridades mexicanas no aciertan a actuar, no hacen más que declaraciones y promesas; son tibias sus reacciones, muestran también miedo, y peor aún, sumisión". La Iglesia mexicana, a través del semanario Desde la Fe, ha arremetido contra el Gobierno de Peña Nieto, a quien acusa de "sumisión" ante las medidas migratorias de Donald Trump, que la revista católica tilda de "terrorismo".

El editorial es duro desde su mismo título, "Terrorismo migratorio". En el mismo, se denuncia cómo "lo que hace el señor Trump no es sólo la aplicación de un legalismo inhumano, sino un verdadero acto de terror".

Las redadas contra indocumentados han sembrado "miedo" y desatado "una verdadera psicosis" entre los mexicanos que residen en Estados Unidos, añade el semanario. Y es que, señala, las amenazas del candidato se han cumplido ya como presidente. "Todo mexicano indocumentado será deportado sin miramiento alguno, sin ningún respeto a su dignidad humana, sin tomar en cuenta sus derechos fundamentales, sin importar en qué situación quede su familia. Todos serán tratados como criminales y enviados a México; pero no sólo eso, también serán devueltos a nuestro país los inmigrantes no mexicanos que hayan cruzado por nuestro territorio".

Mientras tanto, "nuestros hermanos inmigrantes no tienen quién los defienda ni a quién acudir; están huérfanos y no saben qué hacer, pues no confían en un gobierno que es el causante de su exilio; es más, se han dado cuenta que a la clase política no le interesa su suerte", denuncia el semanario.

Para Desde la Fe, "no vemos firmeza en la defensa de nuestra soberanía; no vemos dignidad en el trato con nuestro vecino del norte; no vemos estrategias eficaces para ayudar a nuestros connacionales; no vemos altura ni inteligencia en los responsables de atender esta crisis humanitaria".

El editorial concluye apuntando cómo tanto los obispos de México como los de EEUU "hacen un gran esfuerzo por atender esta crisis", y el propio Papa "ha hecho varios pronunciamientos". "Pero hace falta mucho más, y se echa de menos no sólo la solidaridad nacional, sino también la solidaridad internacional para poner un freno al racismo, al odio y al terrorismo del indigno presidente norteamericano".



Editorial de Desde la Fe:

Terrorismo migratorio


Donald Trump amenazó como candidato, y ahora lo cumple como Presidente de los Estados Unidos: los mexicanos indocumentados, todos, sin excepción, serán deportados. Pero no sólo aquéllos que tienen algún antecedente penal -lo cual podría ser comprensible-, sino cualquiera que haya ingresado sin papeles, no importa si es un trabajador ejemplar, si paga sus impuestos y es parte del desarrollo de ese país. Todo mexicano indocumentado será deportado sin miramiento alguno, sin ningún respeto a su dignidad humana, sin tomar en cuenta sus derechos fundamentales, sin importar en qué situación quede su familia. Todos serán tratados como criminales y enviados a México; pero no sólo eso, también serán devueltos a nuestro país los inmigrantes no mexicanos que hayan cruzado por nuestro territorio.

Lo que hace el señor Trump, no es sólo la aplicación de un legalismo inhumano, sino un verdadero acto de terror. ¿Qué otro nombre se puede dar a las órdenes ejecutivas del presidente norteamericano, que autoriza realizar redadas de indocumentados, dando autoridad a todo policía local para actuar como agente migratorio?

Nuestros hermanos indocumentados tienen miedo, sus hijos sufren una verdadera sicosis, mientras las autoridades mexicanas no aciertan a actuar, no hacen más que declaraciones y promesas; son tibias sus reacciones, muestran también miedo, y peor aún, sumisión. Siguen esperando a que el mandatario norteamericano entre en razón, cuando ha demostrado, desde que era candidato, que lo suyo, su método, es justamente la sinrazón.

Nuestro gobierno continúa explicando lo del gasolinazo mientras el país arde en la violencia, la inestabilidad económica y la obscena corrupción; mientras nuestros hermanos inmigrantes no tienen quién los defienda ni a quién acudir; están huérfanos y no saben qué hacer, pues no confían en un gobierno que es el causante de su exilio; es más, se han dado cuenta que a la clase política no le interesa su suerte.

Mientras los partidos políticos y los altos funcionarios reciben inmoralmente miles de millones de pesos, y el gobierno gasta de forma irresponsable millonadas en su fallida publicidad, apenas se dan, sin hacer llegar los recursos a los consulados, unas migajas -mil millones de pesos- para atender esta emergencia humanitaria. Eso es lo que valen para el gobierno todos los mexicanos que anualmente envían casi 30 mil millones de dólares para aliviar la miseria de incontables de familias a las que nuestra clase política no ha sido capaz de brindar un desarrollo digno.

La cobardía no es prudencia, ni la estridencia es virtud; sin embargo, no vemos firmeza en la defensa de nuestra soberanía; no vemos dignidad en el trato con nuestro vecino del norte; no vemos estrategias eficaces para ayudar a nuestros connacionales; no vemos altura ni inteligencia en los responsables de atender esta crisis humanitaria. Se necesita pericia, experiencia, no aprendices donde hace falta verdaderos maestros del arte de la diplomacia, y sensibilidad humana y política.

Las comisiones episcopales de México y Estados Unidos hacen un gran esfuerzo por atender esta crisis. El Papa Francisco ha hecho varios pronunciamientos, manifestando su preocupación, y ha unido a estas dos iglesias para que trabajen juntas en favor de los indocumentados, pero hace falta mucho más, y se echa de menos no sólo la solidaridad nacional, sino también la solidaridad internacional para poner un freno al racismo, al odio y al terrorismo del indigno presidente norteamericano.



jueves, 2 de marzo de 2017

¿Cómo se relaciona la crisis de los refugiados y la nueva ruta del oro?


La escritora italiana Gisella Evangelisti explica las problemáticas de los refugiados sirios y su relación con los cambios sociales y económicos en Turquía, Libia, Sicilia y Alemania.

Un reportaje de Gisella Evangelisti.

La escritora y antropóloga italiana Gisella Evangelisti explica las problemáticas de los refugiados sirios y la relación que tienen con los cambios sociales, políticos y económicos que se están originando en Turquía, Libia, Sicilia y Alemania. El artículo que compartimos a continuación se basa en la investigación realizada por dos periodistas norteamericanas Malia Polizter y Emily Kassie, que han recorrido las zonas de Níger, Turquía, Sicilia-Italia, Berlín-Alemania, para observar los cambios que se dan en estas sociedades.
Cómo la crisis de refugiados cambia la economía mundial: una investigación sobre la nueva “carrera por el oro”

Por Gisella Evangelisti*

Siempre ha habido migraciones en el mundo, desde nuestros ancestros con hachas de piedras en búsqueda de mejores oportunidades de caza, a campesinos arruinados hacia las ciudades, o trabajadores de países pobres a países más ricos, todos buscando mejores condiciones de vida. En estos últimos años, la migración que se está dando desde los países en guerra de Medio Oriente y África hacia Europa, por sus dimensiones y rapidez se ha vuelto un gran desafío para las sociedades europeas, que se están dividiendo entre acogedoras y no acogedoras. En Barcelona casi 500.000 personas salen a la calle para pedir al gobierno que acoja de una vez los 16.000 migrantes destinados a España por la Unión Europea, mientras Hungría, Polonia, República Checa y Eslovaquia se rebelan a los compromisos comunitarios y avisan que no aceptarán un solo prófugo. En medio de tantos debates agitados y confusos que asocian migrantes con criminalidad y terrorismo, haciendo crecer en la población miedo y hostilidad hacia los foráneos, resulta muy apreciable una investigación realizada en el campo por dos periodistas norteamericanas, especializadas en documentales multimediales, Malia Polizter y Emily Kassie, que han recorrido cuatro puntos claves u hotspot del fenómeno migratorio: Níger, Turquía, Sicilia-Italia, Berlín-Alemania, para observar los cambios que se dan en estas sociedades. 

Cambios en la economía, en la política, en las relaciones sociales de poder. Las investigadoras no dudan en definirlos como un nuevo “Gold Rush”, una nueva “carrera por el oro” del siglo 21, pero esta vez con dimensiones globales. “The 21th Century Gold Rush” — Como la crisis de refugiados cambia la economía mundial—, es el título de su investigación, publicada en diciembre del 2016, con el apoyo del Pulitzer Center on Crisis. Entonces, ¿quién gana con los migrantes, que se han vuelto la nueva “mina de oro” del siglo 21?


—Como la crisis de refugiados cambia la economía mundial—, es el título de su investigación, publicada en diciembre del 2016, con el apoyo del Pulitzer Center on Crisis. Entonces, ¿quién gana con los migrantes, que se han vuelto la nueva “mina de oro” del siglo 21?

En Turquía, las ciudades cerca de la frontera con Siria, como Gaziantep, las periodistas observan como los refugiados sirianos, acogidos en masa, pero sin permiso de trabajo, para sobrevivir han tenido que enviar sus hijos a trabajar, y 400.000 niños están perdiendo la escuela. Chicos y chicas son pagados a la mitad de los adultos, y esto lleva al hecho que disminuyen los sueldos y las oportunidades de trabajo no especializados para los adultos, sobre todo las mujeres. En cuanto a Siria, con la guerra la economía se ha desplomado de un 75%, y falta de todo. Por eso, en la ciudad de la frontera con Turquía hay quien ha podido prosperar produciendo o comerciando alimentos, medicinas o materiales de construcción, sea hacia las zonas controladas por el gobierno que por los grupos de oposición o el ISIS. De hecho, los impuestos sobre el paso de las mercancías y las personas entre un lugar y otro, los tráficos también entre zonas “enemigas” y los raptos, han resultado enormemente más rentables que las actividades de una economía formal, y esto es uno de los motivos por los cuales esta guerra parece destinada a durar al infinito. 

Para conocer la ruta y las modalidades de la migración África-Europa, las periodistas han viajado a Agadez, una ciudad situada en el centro del Níger, desde el 1400 centro de intercambios entre los pueblos del desierto del Sahara, y considerado patrimonio artístico de la humanidad por la UNESCO. El colapso de Libia la transformó recientemente en un punto de paso para los migrantes subsaharianos dirigidos al norte, cruzando el terrible desierto de Teneré. En Agadez las investigadoras tomaron nota de como un grupo de personajes se está enriqueciendo a espaldas de los migrantes: antes que nada, son los “agentes de viajes” informales que organizan el viaje desde los pueblitos de Burkina Faso o Gambia, ofreciendo alojamiento, transporte, comida, a lo largo de las paradas como Agadez. Ellos son responsables que los migrantes lleguen sanos y salvos a la “Casa Blanca”, el principal punto de tránsito en Libia hacia Europa. Además, hay los dueños de los guetos donde tienen atiborradas al menos cien personas, los choferes de los camiones que cruzan el desierto, los policías que recogen las coimas, los explotadores de la prostitución. Pues allí llegan muchas jóvenes originarias de pueblos de Gambia o Nigeria, convencidas a migrar por parientes o “madames” (ex prostitutas) venidas de Europa con promesas de riqueza, u obligadas a viajar para ayudar a la familia. Antes de salir, son amarradas con ritos mágicos de “juju” por curanderos locales, y en Agadez tienen su iniciación a la prostitución, entre golpes y violaciones. Mantenidas encerradas todo el día, después de la quinta y última oración musulmana de la tarde, las chicas son puestas en la calle hasta ganarse, con el correspondiente de 3 euros por cada servicio sexual, la cifra de 3000 euros necesaria para ser transportadas en Libia. El “agente de viaje” que logra organizar viaje y estadía de un promedio de 66 migrantes al mes, llega a ganar el correspondiente de unos 17.000 euros en total. Pero las mayores ganancias las tienen los traficantes de droga (hashish, cocaina, y un opiaceo analgésico), que es escondida en el camión. El viaje para cruzar el desierto dura dos o tres días, (muchas veces por rutas alternativas, más largas y peligrosas para evitar las coimas) y en Libia la droga es repartida entre varios contactos. Si en el viaje hay un fallo mecánico, es el infierno. Según el Danish Refugee Council, las muertes en el desierto, no contabilizadas, superan las que se registran en el Mediterráneo, que en 2016 han sido más de 5000. Una vez llegados en Libia, los migrantes avisan al agente de viaje que todo ha ido bien, y el agente paga al dueño del camión. Antes de regresar, el camión viene lleno de armas, que pueden ser vendidas a grupos secesionistas en Níger, a Al Qaeda en el Maghreb, al grupo ISIS, o a Boko Haram en Nigeria, entre otros. Así Agadez se ha vuelto un próspero mercado de armas, lavado de dinero, tráfico de migrantes y prostitutas. Un río de dinero que no beneficia a la población, sino a los actores del tráfico y las amistades del gobierno. Al contrario, se sigue alimentando el terrorismo del cual huyen los migrantes.


Niño sirio de 12 años refugiado en Nizip de la provincia Gaziantep, Turquía. Fotografía: Europa Press.



Libia, un estado que anteriormente con su pujante economía y alto nivel de desarrollo humano atraía migrantes africanos, ha caído en la anarquía después que una coalición occidental eliminó su dictador Gadafi, (que estaba reprimiendo violentamente la “primavera árabe”), y una sucesiva guerra interna entre las fuerzas políticas y militares que quieren tomar el poder. Actualmente, no teniendo un gobierno reconocido en todo el país, sino solo en Tripoli, su territorio está dominado por las milicias que controlan también un centenar de centros informales de detención de migrantes, sometiéndolos a abusos extremos. UNICEF reporta la cifra de 250.000 personas prisioneras en “campos de trabajo forzado”, secuestradas por las milicias, o esclavizados por empresarios. Mujeres y niños son los que sufren más violaciones, mientras esperan poder cruzar las doscientas millas de mar que separan África de Sicilia y pisar el soñado suelo de Europa, en pateras o barcazas precarias.



Imagen referencial. Fotografía: Notas.



Teóricamente Sicilia e Italia deberían ser una parada transitoria, hacia el próspero norte de Europa, sin embargo, por la falta de compromiso en la repartición de cuotas de migrantes entre los estados de la Unión Europea, Italia está enfrentando una situación cada vez más problemática, teniendo que gestionar la acogida y selección de 181.000 personas llegadas en 2016, además de integrar las decenas de miles llegadas anteriormente. Se necesitan de 6 a 18 meses para que sea examinado el pedido de asilo y definida una reubicación, y mientras tanto los migrantes, hospedados en hoteles o centros de acogida, no tienen permiso de trabajo. Después, cuando a la gran mayoría de ellos y ellas viene denegado el permiso, generalmente no hay ni posibilidad ni voluntad de regreso, por falta de acuerdos con los países de origen y el alto coste del viaje de regreso. Esta legislación es una verdadera “fábrica de clandestinidad”, pues, ¿qué pueden hacer personas de piel oscura, con competencias muy diversas, sin conocer el idioma, en un país que tiene el 42% de desempleo juvenil? Es fácil imaginar cómo los trabajos ilegales (en la agricultura en los mejores de los casos), en el tráfico de drogas o trabajos sucios para la criminalidad local pueden representar una salida.


¿qué pueden hacer personas de piel oscura, con competencias muy diversas, sin conocer el idioma, en un país que tiene el 42% de desempleo juvenil? 

Y aquí van las sorpresas, como han podido observar las investigadoras en el mercado de Ballaró, un antiguo y pintoresco mercado de Palermo, capital de Sicilia. Antes dominado por la mafia de la Cosa Nostra, que obligaba los empresarios a pagar un impuesto de “protección”, ahora el mercado es frecuentado por gangs de africanos, como la Black Axé de nigerianos. ¿Qué pactos se ha dado entre “Cosa Nostra” y las gangs africanas? Al parecer, la mafia siciliana, golpeada por la justicia en estos últimos años, ha aprendido a diferenciar sus ingresos, incursionando en la (mala) gestión de centros para migrantes, (pues “con los migrantes se gana más que con la droga”, dijo un mafioso en una interceptación telefónica que se volvió famosa) y actuando como “agentes de viaje” para los que quieren dirigirse al Norte de Europa, ofreciendo alojamiento, comida y transporte en la ruta. “Cosa Nostra” mantiene el tráfico de droga en amplia escala, pero permite a los africanos en Palermo el pequeño tráfico en la calle (vendiendo a otros africanos, no llevando armas sino machetes, pagando algo por el uso del territorio), y sobre todo les dejan el lucrativo negocio de la prostitución de mujeres africanas, que ha tenido en los últimos tres años en Italia un aumento del 300%. Las mujeres para poder liberarse de sus captores, deben pagar desde 30.000 a 50.000 euros. Osas Yvonne, una ex prostituta nigeriana, ha fundado en Palermo una asociación en contacto con África para tratar de hacer entender a las mujeres de Benin City, en Nigeria, que el dinero no cae de los árboles en Europa y en ese oficio les espera una vida muy dura.

Otra preocupación es el hecho que las gangs africanas, de las que las personas migrantes son víctimas y no aliados, pueden tener en futuro más posibilidad de acción en Europa.


Fotografía: Los Andes.



En cuanto a Alemania, el país económicamente más fuerte de Europa, en previsión de una crisis demográfica por una población que está envejeciendo sin tener muchos nacimientos, ha acogido en 2015 un millón de refugiados, entre hombres y mujeres, con la intención de integrarlos y tener así en las próximas décadas suficientes trabajadores que paguen impuestos y puedan contribuir a mantener los gastos sociales de un buen welfare. Frente a la llegada de miles de personas en pocas horas, las autoridades alemanas han tenido que alistar a toda prisa para ellas gimnasios, o hangares, (hasta el viejo aeropuerto usado por las ceremonias de Hitler, el Tempelhof de Berlín), para cobijarlas en la noche. Inicialmente para estas tareas fueron llamadas ONG, organizaciones sin fines de lucro, pero no pudiendo ellas dar abasto o no teniendo suficiente experiencia, sucesivamente fueron convocadas compañías privadas que ofrecen servicios de acogida, container, casas inflables etc., a precios más baratos en economía de escala, pero con resultados irregulares en la calidad. En cuanto al trabajo, hasta ahora, en un año, han sido contratados en grandes empresas solo 63 migrantes, pues el aprendizaje de idiomas y procedimientos tecnológicos pide tiempos bastante largos. Todo este movimiento de dinero alredor de migrantes beneficia la economía alemana, que va creciendo, pero esto no es suficiente para frenar la influencia del partido nacionalista “Alternativa para Alemania”, de Frauke Petry, que sopla sobre el fuego del racismo y alimenta el miedo al terrorismo, después de unos atentados realizados por elementos radicales originarios del Medio Oriente, mal integrados en la sociedad alemana.


Fotografía: El Español.


¿Cuáles alternativas?

¿Es posible evitar la “fábrica de la clandestinidad”, o sea la denegación de asilo a la gran mayoría de prófugos y migrantes, que se quedan vagando en la ilegalidad de un lado a otro, con el peligro de caer en la red del trabajo semiesclavo, de la criminalidad o hasta del terrorismo, lo que provoca inseguridad a ellos y a los residentes? Las organizaciones de la sociedad civil que trabajan a contacto con los migrantes aseguran que sí, hay unas medidas que responden al buen sentido. Se trata básicamente de tres propuestas legales: los “corredores humanitarios”, las visas de estudio, trabajo, o agrupación familiar, y la “protección humanitaria” con permiso de residencia de dos años para quien ha sufrido violencia en Libia o ha cruzado el mar, pero no ha obtenido asilo. Sin embargo, en la marea montante de los argumentos racistas y antieuropeistas en muchos países, y frente al peligro de su propia disolución, la Unión Europea está optando por disminuir las visas y cerrar también la ruta mediterránea, después de haber cerrado la ruta balcánica con un acuerdo muy discutible pero eficaz con Turquía. La estrategia es otorgar fondos a los países africanos de donde salen los migrantes, para que los retengan y los repatrien, creando a la vez, así dicen, oportunidades de desarrollo.

Todo bien en el papel: Ayudémoslos en sus propios países.

Algunos resultados son visibles en Agadez, donde los 70.000 migrantes del 2016 se han reducido actualmente a unos 1500, han sido detenidos unos 100 traficantes con sus vehículos, y el presidente del Niger Mahamadou Issoufou recibe fondos europeos para servicios básicos de educación y salud, seguridad alimentaria, proyectos de desarrollo rural. ¿Llegarán a la gente o se perderán en los recovecos de la burocracia? Nos preguntamos. Aún más complejo es el cuadro de Libia, (donde el gobierno de Tripoli controla solo la capital), a quien la Unión Europea entregará 400 millones de euro para reforzar la guarda costera en el patrullaje marino y bloquear la salida de los migrantes, aumentar el número de centros de detención de migrantes y los regresos voluntarios. Aquí, el detalle que se prefiere no ver es que en una Libia que sigue en guerra civil, y quien debería patrullar las costas está directamente involucrado en el tráfico de migrantes. Algunos guardacostas recuperan migrantes en el mar y los venden a las milicias que los transportan en prisiones ilegales, secuestrándolos hasta que alguien pague para su liberación. Además, cada migrante paga por el viaje a Sicilia unos 1500 euro, por lo tanto, en 2016 los traficantes han ganado 250 millones de euro, que en un país destruido significan mucho. Será muy difícil entonces lograr parar el flujo, pues si se cierra una ruta, los migrantes buscan y encuentran otras, cuando la desesperación o la voluntad de migrar superan todo instinto de conservación.
Los “saltantes”

Una insólita historia, nos ayuda a entender lo que mueve muchos migrantes.

En Marruecos hay una montaña de donde se disfruta un espléndido panorama sobre el azul mar del Mediterráneo, pero no es para turistas. En el monte Gurugú, que domina la ciudad de Melilla, enclave español en Marruecos, están acampados un millar de jóvenes hombres provenientes de los países africanos en guerra con la miseria, que se preparan para cruzar una triple valla metálica, la principal alta seis metros, con cuchillas, sensores eléctricos, cámaras de visión nocturna etc., que protege la ciudad de Melilla. De allí, si logran superar la tremenda prueba y pisar tierra, buscarán otra venturosa manera de cruzar el mar y llegar a Europa. Pues unos mueren por las heridas, en el intento, otros se rinden después de unas cuantas veces y regresan atrás, otros podrán morir en el mar. De vez en cuando llega la policía a quemar el campamento, con las pocas cosas de los migrantes, frazadas, ollas, unos sacos de arroz. Hace un año llegaron allá con su cámara dos documentaristas alemanes, Estephan Wagner y Moritz Siebert, para entrevistar los migrantes. Uno de ellos, el maliano Abou Bakar Sidibé, ex profesor de inglés y experto en todos los cachuelos del mundo para sobrevivir, se entusiasmó con la cámara hasta que los alemanes se la entregaron para que él mismo hiciese el documental sobre el campamento. Así, él filmó los momentos alegres, cuando jugabn apasionados partidos de fútbol; los momentos tristes, cuando debían avisar los familiares de la muerte de uno de ellos; los rezos, los miedos, los rituales para tener suerte, por ejemplo, haciendo chorrear sangre de gallo, pero, sobre todo, los momentos tensos en que todo el grupo se organizaba para cruzar la valla, actuando de madrugada después de haber bajado sigilosamente del monte durante la noche. Debían ser centenares, para superar en número las decenas de policías de frontera. (Recientemente, hubo un asalto de 800 migrantes a la valla, en que lograron superarla unos cuatroscientos). El documental muestra todo esto y muchos más: porque los migrantes son tan tozudos en sus sueños, por ejemplo. “Nos han quitado tanto, los europeos, tenemos derecho a ir allá”, dice uno. “Mi hermano me llama desde Francia, desde Alemania, me anima a intentar, y lo lograré”, dicen otros. “O quizás veré que todo habrá sido en vano”.

El documental Les Sauteurs o “Los saltantes”, termina sin que sepamos si Abou logrará o no saltar la tremenda valla. Sabemos que tiempo después, en 2016 en Berlín, es presentado el documental. Y de repente en el escenario aparece Abou Bakar, en carne y huesos. “Aquí estoy, dice. Ilegal”.

El documental ganó el Premio del Jurado Ecuménico.


Portada del documental Les Sauteurs.



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*Gisella Evangelisti es escritora y antropóloga italiana. Estudió Letras en Pisa, Antropología en Lima y Mediación de Conflictos en Barcelona. Trabajó veinte años en la Cooperación Internacional en el Perú, como representante de oenegés italianas y consultora del Fondo de Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF, en inglés) en países latinoamericanos. Es autora de la novela Mariposas Rojas.

Fuente: Servindi

miércoles, 1 de marzo de 2017

Trump amaga con usar Ejército para detener migrantes; México lleva 10 años haciéndolo.


México lleva al menos una década utilizando a Ejército, Marina Armada y múltiples corporaciones policiacas federales y locales para capturar y deportar a miles de migrantes sin documentos.



El gobierno de Estados Unidos analiza movilizar 100 mil militares de la Guardia Nacional para detener migrantes en su frontera con México, según reveló un memorándum dirigido al Departamento de Seguridad Nacional publicado el 17 de febrero por The Associated Press. 

Pero Donald Trump, quien desde entonces ha lanzado varios mensajes contradictorios sobre este plan de militarizar la frontera, no es el único mandatario que ha amagado con usar al Ejército para detener migrantes. De hecho, las autoridades mexicanas llevan al menos 10 años utilizando no solo al Ejército, sino también a múltiples corporaciones policiacas, para capturar a miles de personas sin documentos.

En respuesta a una solicitud de información pública realizada por Animal Político, el Instituto Nacional de Migración (INM) reportó que de 2006 a junio de 2016, un total de 77 mil 310 migrantes indocumentados fueron puestos a disposición del Instituto tras ser detenidos por elementos de seis corporaciones de seguridad, entre Ejército, Marina, y cuerpos de policía.

Estas detenciones, en promedio más de 7 mil 700 cada 12 meses, se produjeron a pesar de que la Ley de Migración vigente establece que sólo el INM puede detener a personas migrantes que transiten sin documentación. Sin embargo, varios puntos de la ley abren la puerta a que México pueda detener migrantes empleando la colaboración de sus fuerzas armadas.

PF y PGR, las que más migrantes detienen

De acuerdo con los datos del INM, la Policía Federal es la que más migrantes detiene con 28 mil 854 capturas, el 37.4% del total. Le sigue de cerca la Procuraduría General de la República (PGR), cuyos elementos pusieron a disposición del INM a 24 mil 541 migrantes.

Solo entre estas dos policías se realizaron 53 mil 395 detenciones de migrantes, el 69.2% del total. O en otras palabras: dejando a un lado las capturas del INM, casi 7 de cada 10 migrantes fueron detenidos por estas dos policías.

Chiapas, la principal puerta de entrada de México para la migración indocumentada procedente del Triángulo Norte de Centroamérica –Guatemala, El Salvador, Honduras-, es la entidad donde la Policía Federal detiene a más migrantes: 6 mil 481 capturas en 10 años; o 648 cada año, en promedio.

Le siguen Tamaulipas (4 mil 027); Sinaloa (2 mil 485); el Estado de México (2 mil 085); y San Luis Potosí (mil 955).

Chiapas también es la entidad donde más migrantes detiene la PGR: 4 mil 330. Tabasco, otra entidad fronteriza con Guatemala, y Oaxaca, estado del sur que es ruta tradicional para los migrantes que buscan alcanzar la frontera Norte, son las otras dos entidades con más detenciones de PGR: 2 mil 365 y 2 mil 177, respectivamente.

La Ciudad de México, con mil 458, y Nuevo León, con mil 350, son los otros dos estados donde la PGR capturó a más migrantes.

Gráfico: Omar Bobadilla (@obobadilla)



Más de 20 mil migrantes detenidos por policías estatales y locales


Las policías locales son la tercera fuerza que más migrantes capturan y ponen a disposición del INM: 14 mil 112 eventos de detención, el 18.3% del total.

Tamaulipas, con 2 mil 347 casos, es la entidad donde los agentes locales detuvieron a más migrantes. Le siguen Nuevo León (1,912) y Baja California (mil 734).

Los policías estatales realizaron 6 mil 307 detenciones, el 8.1% del total.

Tamaulipas es, de nuevo, la entidad donde los agentes estatales capturaron a más migrantes: mil 789 casos. Le siguen Nuevo León (mil 112) y San Luis Potosí (743).
Marina y Ejército detuvieron a más de 3 mil 300 migrantes

Mientras que la Marina Armada de México hizo 2 mil 333 detenciones de personas sin documentos. Quintana Roo, con mil 074 casos, es el estado donde más migrantes detuvo. Tamaulipas (782), Yucatán (223), Chiapas (102) y Oaxaca (77), son los otros estados con más detenciones.

Por su parte, el Ejército mexicano (SEDENA) detuvo 983 migrantes y los puso a disposición del INM, siendo Tamaulipas (432), Tabasco (210), Veracruz (152), la Ciudad de México (151), y Nuevo León (112), las entidades donde más capturas hizo.

Cabe precisar que el Ejército ha informado en sus boletines sobre operaciones de rescate de migrantes que fueron secuestrados por grupos del crimen organizado, especialmente Tamaulipas y Nuevo León. Mientras que la Marina ha informado sobre rescates de migrantes –cubanos en su mayoría- en el mar de la costa de Yucatán y Quintana Roo. Por lo que, aunque el INM no precisa en su respuesta en qué condiciones se produjeron las detenciones, no todos los migrantes detenidos fueron en labores de control migratorio.

Sin embargo, en el especial ‘Plan Frontera Sur: Una cacería de migrantes’ numerosos testimonios de personas indocumentadas narraron a Animal Político cómo fueron perseguidos por policías y militares para su detención y posterior deportación de México.

Uno de esos operativos, por ejemplo, tuvo lugar el 20 de agosto de 2014, cuando agentes del INM y soldados detuvieron a 300 migrantes que pretendían subir al tren conocido como ‘La Bestia’ para iniciar su ruta al norte.


¿Y qué dice la ley?


De acuerdo con la Ley de Migración vigente, solo los agentes del INM pueden realizar labores de verificación y revisión migratoria. Es decir, son los únicos que pueden requerir los documentos migratorios a una persona.

Sin embargo, el artículo 96 de la ley también añade que las autoridades policiacas pueden “colaborar” en la detención de personas indocumentadas cuando el Instituto así lo solicite. Por ejemplo, si el INM considera que la vida de sus agentes corre peligro en un operativo, y puesto que éstos no pueden portar armas de fuego, puede pedir ayuda a estas corporaciones de seguridad.

No obstante, Elba Coria, investigadora integrante de la Clínica Jurídica para Personas Refugiadas de la Universidad Iberoamericana, explicó en entrevista que este artículo no implica en ningún caso que el Ejército, ni las diferentes policías, puedan realizar operativos por su cuenta para detener migrantes.

“Ninguna autoridad que no sea el INM puede realizar detenciones por su cuenta. Los operativos se deben realizar siempre en presencia del INM y con un oficio de colaboración”, recalcó Coria.

A pesar de esta precisión, en los medios de comunicación se continúa informando sobre operativos realizados por la policía para detener migrantes sin documentos.

Por poner un ejemplo: el 21 de junio de 2015, año con más capturas de migrantes indocumentados desde 2006, elementos de la Policía Estatal de Oaxaca detuvo a más de 50 migrantes en distinto operativos, para ponerlos posteriormente a disposición del INM.

martes, 28 de febrero de 2017

El hambre como limpieza étnica en Sudán del Sur.


Agop Manut, de 11 meses, sufre malnutrición en un centro de Médicos Sin Fronteras en Aweil (Sudán del Sur). ALBERT GONZÁLEZ FARRÁNAFP

La ONU declara la hambruna en el país más joven del mundo, usada contra civiles como arma de guerra

ALBERTO ROJAS 20/02/2017 


Miles de niños, en algún lugar entre la vida y la muerte, luchan en pequeños centros de desnutrición repartidos por toda su geografía atendidos por trabajadores humanitarios cuya existencia está más amenazada que nunca. Al otro lado, señores de la guerra sin escrúpulos y un ejército que no cobra desde hace 10 meses con permiso para saquear, violar y matar como salario. No es una película de terror: es Sudán del Sur.

Ni las sequías ni las plagas ni las inundaciones son tan destructivas como la mano del ser humano. Esta hambruna, oficialmente declarada este lunes en el Estado más joven del mundo, tiene un carácter diferente a las de otras regiones. No sólo porque la produce la guerra y el colapso de la economía del país, que ya sólo existe como líneas en un mapa. En este caso, el ejército está cerrando carreteras y desabasteciendo zonas enteras para que la comida no llegue, es decir, el hambre inducida, una manera muy efectiva de aplicar la limpieza étnica que desangra el país desde el año 2013, cuando se rompió el sueño de una nación unida que le llevó a la independencia en 2011.

En la actualidad hay, según Unicef, Fao y el Programa Mundial de Alimentos, 100.000 personas en alto riesgo de muerte en estados como Unity y un millón más clasificadas al borde del desastre. Se espera que el número total de personas en situación de inseguridad alimentaria aumente a 5,5 millones en el punto álgido de la temporada de carestía en julio, cuando la cosecha se haya agotado, si no se hace nada para frenar la severidad y propagación de la crisis alimentaria. Al tratarse de hambruna inducida, combatirla no sólo depende del despliegue humanitario, sino de la acción del propio Gobierno de Sudán del Sur, más ocupado en combatir a parte de sus propios ciudadanos que en alimentarlos.

Esta hambruna, que no se había declarado antes por motivos políticos (los recursos económicos que se deberían haber liberado estaban centrados en Irak y Siria) es la segunda en lo que va de siglo tras la del Cuerno de África en 2011, la peor en 60 años, con un millón de muertos, la mayoría niños.

La guerra civil entre la facción dinka del presidente Salva Kiir y su ex vicepresidente, Riek Machar, de etnia nuer, ha dejado el país en bancarrota. "Nuestros peores temores se han hecho realidad", afirma Serge Tissot, de la FAO. Nadie sabe cuánta gente ha muerto en el conflicto porque las organizaciones dejaron de contar los muertos en 2015. Millones de personas han huido a Uganda, República Centroafricana, Congo e incluso a Sudán, en el norte, hacia la peligrosa región de Darfur. Cualquier lugar mejor que Sudán del Sur. Todos los días miles de personas abandonan el país por caminos de tierra, acosados por una soldadesca alcoholizada e indisciplinada.

Dos de los principales generales del ejército de Kiir (Henry Oyay Nyago y Khalid Ono Loki) han dimitido por no querer participar en "atrocidades, actos de genocidio y limpieza étnica" contra la población civil. Ambos militares han enviado una carta al presidente indicándole que les resulta imposible "mantener la disciplina". "No podemos continuar manteniendo silencio cuando tú estás asesinando y esclavizando a gente inocente", aseguran. Mientras, crecen las matanzas en lugares como Malakal y Bentiu, en los estados del Norte, o Nimule y Yambio, en el Sur, donde también se han alzado en armas contra el Gobierno los llamados Arrow boys, los chicos flecha, una milicia que se armó con arcos y lanzas ante los secuestros del criminal ugandés Joseph Kony.

Todo esto sucede en medio de las críticas a la fallida intervención de Naciones Unidas en el país y a la advertencia de un "genocidio" como el de Ruanda de 1994 en cuanto acabe la estación seca, porque las lluvias impedirían a la gente moverse por el cierre de carreteras. Es difícil competir con los militares de Sudán del Sur en vileza y corrupción, como demuestra su historia reciente de crímenes y violaciones masivas.

El genocidio alertado por Naciones Unidas puede ser una realidad en lugares en los que no hay Centros de Protección de Civiles, esas microislas creadas y vigiladas por las tropas de Naciones Unidas para evitar una matanza aún mayor. Pero ni llegan a todos sitios ni son del todo seguros en sí mismos. El 17 de enero de 2016 soldados del Gobierno entraron a sangre y fuego en la base de Malakal, donde se esconden 52.000 personas. Hubo unos 60 muertos y medio campo de desplazados ardió en medio del pánico general.

En algunos lugares, como la ciudad de Leer, aún son visibles los llamados "campos de la muerte", multitud de cadáveres de civiles ejecutados junto a los caminos y comidos por los buitres. Según Amnistía Internacional son prisioneros torturados y asesinados dentro de contenedores metálicos, donde se asfixiaron. Después, los militares dejaron los cuerpos a la intemperie y ahí siguen. Una fuente humanitaria que aún permanece en Juba habla de un "ambiente de terror general, con toque de queda y criminalidad en las calles". "Y todo va a peor", concluye.

Fuente: elmundo.es