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jueves, 6 de junio de 2013

Mundo: Llaman atención sobre daño ambiental y ausencia de producción sostenible de alimentos.


Según la FAO, cada año se desperdicia en el mundo 1,3 billones de toneladas de comida, mientras que una de cada siete personas se va a la cama con hambre y diariamente más de 20 mil niños menores de 5 años mueren de inanición.
Servindi, 6 de junio, 2013.- El 5 de junio se celebró el Día Mundial del Medio Ambiente, establecida por la ONU en su Resolución XXVII, del 15 de diciembre de 1972, que marcó el inicio de la Conferencia de Estocolmo, en Suecia, cuyo tema central fue el Ambiente.
El lema que acompaña a la edición 2013 de Día Mundial del Medio Ambiente es “Piensa. Aliméntate. Ahorra”, una campaña para reducir los desechos y las pérdidas de alimentos en un planeta de siete mil millones de habitantes.
Según la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), cada año se desperdician en el mundo 1,3 billones de toneladas de comida, mientras que una de cada siete personas del planeta se va a la cama con hambre y más de 20 mil niños menores de 5 años mueren de inanición al día.
Si bien la Tierra trata de ofrecer los recursos necesarios para sus 7 mil millones de habitantes, (9 mil millones para el 2050), se estima que un tercio de la producción alimentaria mundial se pierde o se desecha.
No en vano, la producción global de alimentos ocupa un 25 por ciento de la superficie habitable, un 70 por ciento del consumo de agua, un 80 por ciento de deforestación y un 30 por ciento de gases, posicionándose, por tanto, como una de las actividades que afectan en mayor medida a la pérdida de biodiversidad y a los cambios en el uso del suelo.
El Día del Ambiente 2013 plantea el desafío de contar con sistemas alimentarios sostenibles que no degraden el ambiente natural, ni amenacen a los ecosistemas y la biodiversidad porque el abastecimiento futuro depende de ellos.

Otros problemas que afectan al medio ambiente

El calentamiento global, el cambio climático y la deforestación son otros de los grandes problemas que están afectando al medio ambiente.
“Sin reformas importantes en el corto lapso de una o dos generaciones, la mayoría de los 7 mil millones de personas en la Tierra vivirá enfrentado a una fuerte y grave presión sobre el agua dulce, un recurso natural indispensable para la que no hay sustituto. Esta carencia será autoinfligida y es, a nuestro juicio, totalmente evitable”.
Así se pronunciaron 500 científicos reunidos en la ciudad de Bonn (Alemania) para la cumbre “El agua en el Antropoceno”, que durante cuatro días analizó el estado de ese recurso clave en el planeta.
Los investigadores reconocieron que los sistemas de agua dulce se encuentran en un estado precario y que la mala gestión y su uso excesivo y el cambio climático son una amenaza a largo plazo para el bienestar humano.
Según los científicos la humanidad utiliza un área del tamaño de Sudamérica para cultivo y un área del tamaño de África para criar ganado.
Por su lado la quinta edición del informe Perspectivas del Medio Ambiente Mundial (GEO-5) indica que poco se ha logrado en cuanto al cumplimiento de las 90 metas y objetivos ambientales más importantes.
El documento revela que solo en cuatro de esas metas se han logrado avances significativos: la eliminación de la producción y el uso de sustancias que agotan la capa de ozono, la eliminación del plomo de la gasolina, el acceso a un mejor abastecimiento de agua y el fomento de la investigación para reducir la contaminación del medio marino.
El informe destaca algunos progresos alcanzados en la ampliación de las áreas protegidas y los esfuerzos para reducir la deforestación, pero pocos o nulos en otras metas, como el cambio climático, las poblaciones de peces, y la desertificación y la sequía.
Amparado por el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), el texto resalta que la región de América Latina y el Caribe alberga el 23 por ciento de los bosques del mundo y el 31 de sus recursos de agua dulce.
Sin embargo, el consumo y la producción insostenibles asociados principalmente a la agricultura y a la extracción de materias primas están acelerando la degradación del medio ambiente.
El estudio también señala que los países de la región comparten una serie de desafíos ambientales, como el cambio climático, la pérdida de biodiversidad, la gestión de la tierra, la degradación de las zonas costeras y marinas, la urbanización, la pobreza y la desigualdad.
El GEO-5 destaca una serie de iniciativas emprendidas en América Latina y el Caribe, que están liderando el camino hacia una economía verde caracterizada por unas bajas emisiones de carbono y el uso eficiente de los recursos.

Mongolia, sede del Día Mundial del Medio Ambiente 2013

Así lo anunció en su momento el Programa de las Naciones Unidad para el Medio Ambiente, durante la reunión mantenida el pasado mes de febrero en Nairobi con el objetivo de discutir las estrategias para un futuro sostenible.
La elección de Mongolia se debe fundamentalmente al trabajo y esfuerzo que viene desarrollando en la transición hacia una economía verde de sus sectores más productivos.
Referencias:

Otras noticias:


Fuente: Servindi

miércoles, 20 de junio de 2012

Boff dinamitó los fundamentos de la “economía verde” de Rio+20



“Obama es un emperador negro” 

“Con pintura verde se maquilla a un
sistema productivo”, dice Boff.


Según Boff, el Hemisferio Sur demanda a los países centrales financiar la devastación causada por siglos de saqueo y advierte que el desarrollo sostenible del medio ambiente empieza por el combate a la pobreza y la desigualdad.



Por Darío Pignotti
Desde Río de Janeiro

El Norte y el Sur vuelven a chocar en Río. Ese es el saldo de los primeros días de negociaciones infructuosas entre los diplomáticos de más de 100 países que participan en la cumbre Río+20 e intentan elaborar un documento único sobre qué hacer con el planeta a la deriva. Hay dos tesis en pugna. La de implantar una “economía verde” al gusto de Estados Unidos y Europa, que se desentienden del costo ambiental causado durante más de un siglo de saquear florestas y mares, una formulación rechazada por el Sur, que demanda a los países centrales financiar la devastación causada y advierte que el desarrollo sostenible del medio ambiente empieza por el combate a la pobreza y la desigualdad.

El religioso brasileño Leonardo Boff lleva años reflexionando y elaborando ensayos sobre ecología desde una perspectiva en la que retoma los fundamentos de la Teología de la Liberación. Boff, uno de los intelectuales de referencia de parte de los miles de militantes que ayer debatían bajo el sol primoroso de Río sobre cómo salvar el planeta, dinamitó los fundamentos de la “economía verde” durante una entrevista con Página/12. Para Boff es “frustrante” que la ONU convoque a la Conferencia Río+20 para abordar a nivel mundial la idea de la economía verde. “Cuando hablamos de economía verde estamos hablando del último asalto del capitalismo a la naturaleza, al patrimonio de la humanidad”, señaló.

“Digo el último asalto porque el primero fue la explotación convencional de los recursos naturales, deforestando la Amazonia para que el agronegocio plante sus millones de hectáreas de soja o para que se derriben los árboles impunemente, ahora entramos en una fase peor que es convertir a la naturaleza en mercadería, se venden créditos de carbono, se convierte a la vida en commodities, la vida no puede ir al mercado.”

El debate sobre la “economía verde” es uno de los tres ejes escogidos por la ONU para la Conferencia sobre Desarrollo Sostenible Río+20, como parte de su propuesta de reconfigurar el aparato productivo mundial, apuntando hacia la reducción de combustibles fósiles y las prácticas ecológicamente sustentables de las multinacionales.

El economista indio Pavan Sukhdev, del Deutsche Bank, se encuentra en Río, donde ha reivindicado que la “economía verde engloba cuatro temas: bienestar, equidad social, riesgos ambientales y escasez ecológica”.

Para Boff ese tipo de argumentos está cargado de una retórica que “en el fondo solo buscan maximizar el lucro de las empresas...no es más que pintura verde, se quiere maquillar a un sistema productivo que desde la Eco ’92, hace 20 años, ha causado más degradación de la tierra y profundizado la brecha entre ricos y pobres”.

La suerte de la reunión ambientalista más importante del año se resolverá entre el jueves y viernes próximos cuando la presidenta Dilma Rousseff será la anfitriona de los mandatarios que desembarcarán en el predio ferial Riocentro, situado en Barra da Tijuca, uno de los barrios más caros de esta ciudad que se prepara para recibir el Mundial de Fútbol y las Olimpíadas.

En los primeros días de cabildeos en Riocentro uno de los temas dominantes fue la presencia de Barack Obama en la cumbre, dado que la Casa Blanca insinuó durante dos meses que no vendrá pero aún falta una confirmación oficial. “Obama dice que no viene por asuntos internos, por las elecciones donde busca ser reelegido, pero él no vendría en realidad porque se comporta como un emperador, es una especie de emperador negro que sólo se interesa por lo que ocurre en su imperio”, embiste Leonardo Boff.

“Si él (Obama) percibiera que la degradación de la Amazonia afecta directamente el clima en California claro que vendría a Río+20, o le ordenaría a Brasil lo que debe hacer sin sutilezas, o en última instancia mandaría ocuparla, siguiendo la ideología estadounidense que les hace pensar que son los guías de la humanidad.”

Para Boff, los países desarrollados se comportan con “mezquindad” ante la “degradación” del medio ambiente y no advierten que la tierra “puede estar caminando hacia una catástrofe” ecológica en la que “nadie saldrá indemne”. Una de sus preocupaciones centrales es el destino de la Amazonia, la mayor floresta tropical del mundo, objeto de la devastación del agronegocio brasileño. “No creo que Brasil pueda sentirse muy orgulloso de la situación que sufre desde hace décadas y hasta la actualidad; la Amazonia, aquello es el Far West, el Estado no está para aplicar la ley contra los que la deforestan y para proteger a los que quieren cuidarla”, dice el teólogo ecologista.

“Amazonia es una tierra sin ley, donde los terratenientes mandan a matar a los peones y a los miembros de organizaciones campesinas que defienden la producción en armonía con el medio ambiente, desde que fue asesinada la hermana (estadounidense) Dorothy Stang en 2005, nada cambió, se sigue asesinando”, machaca el ex sacerdote.

Ayer Río se mostraba como una ciudad partida. En el oeste carioca continuaban las actividades oficiales y los encuentros discretos entre diplomáticos dentro de la cumbre oficial Río+20, mientras en el Aterro do Flamengo, en el sur de la ciudad, la Cumbre de los Pueblos, convocada por el Foro Social Mundial, debatía fórmulas para enfrentar el capitalismo y hacerlo sin dañar el medio ambiente. En esa Babel alterglobal se mezclaban universitarios de Argentina, Francia y España, comunidades afrodescendientes de Brasil, indígenas colombianos y peruanos, y grupos defensores de los derechos humanos que, en un acto con la Madre de Plaza de Mayo Nora Cortiñas, prometieron realizar un escrache a un represor esta semana.

Boff ve sin interés lo que pueda ocurrir en la cumbre oficial y se esperanza con la Cumbre de los Pueblos. “No podemos esperar mucho de lo que surja en los debates de los líderes mundiales en Río+20, necesitamos un nuevo relato que en lugar de buscar optimizar el lucro de la economía verde parta de la vida y de la tierra, que venga de abajo, de la agricultura familiar, de las comunidades indígenas, de la discusión de la sociedad.”

martes, 19 de junio de 2012

Leo Boff: Economía verde versus Economía solidaria.



El documento cero de la ONU para la Río +20 todavía es rehén del viejo paradigma de la dominación de la naturaleza para extraer de ella los mayores beneficios posibles para los negocios y para el mercado. A través de él y en él el ser humano busca sus medios de vida y subsistencia. La economía verde radicaliza esta tendencia, pues como escribió el diplomático y ecologista boliviano Pablo Solón «ella busca no sólo mercantilizar la madera de la selva sino también su capacidad de absorción de dióxido de carbono». Todo esto puede transformarse en bonos negociables por el mercado y por los bancos. De esta manera el texto se revela definitivamente antropocéntrico, como si todo se destinase al uso exclusivo de los humanos y la Tierra los hubiese creado solo a ellos y no a otros seres vivos que exigen también la sostenibilidad de las condiciones ecológicas para su permanencia en este planeta.
En resumen: \"el futuro que queremos\", lema central del documento de la ONU, no es otra cosa que la prolongación del presente. Éste se presenta amenazador y niega un futuro de esperanza. En un contexto como este, no avanzar es retroceder y cerrar las puertas a lo nuevo.
Hay además un agravante: todo el texto gira en torno a la economía. La pintemos de verde o de marrón, ella guarda siempre su lógica interna que se formula en esta pregunta: ¿cuánto puedo ganar en el menor tiempo, con la menor inversión posible, manteniendo una fuerte competitividad? No seamos ingenuos: el negocio de la economía vigente es el negocio. Ella no propone una nueva relación con la naturaleza sintiéndose parte de ella y responsable de su vitalidad e integridad. Muy al contrario, le hace una guerra total como denuncia el filósofo de la ecología Michel Serres. En esta guerra no tenemos ninguna posibilidad de vencer. Ella ignora nuestros intentos, sigue su curso incluso sin nuestra presencia. Tarea de la inteligencia es descifrar lo que ella nos quiere decir (por los eventos extremos, por los tsunamis, etc), defendernos de los efectos perjudiciales y poner sus energías a nuestro favor. Ella nos ofrece informaciones pero no nos dicta comportamientos. Estos debemos inventarlos nosotros mismos. Solamente serán buenos si están en conformidad con sus ritmos y ciclos.
Como alternativa a esta economía de devastación, si queremos tener futuro, necesitamos oponerle otro paradigma de economía de preservación, conservación y sostenimiento de toda la vida. Necesitamos producir, sí, pero a partir de los bienes y servicios que la naturaleza nos ofrece gratuitamente, respetando el alcance y los límites de cada biorregión, distribuyendo con equidad los frutos alcanzados, pensando en los derechos de las generaciones futuras y en los demás seres de la comunidad de vida. Ella adquiere hoy cuerpo a través de la economía biocentrada, solidaria, agroecológica, familiar y orgánica. En ella cada comunidad busca garantizar su soberanía alimentaria: Produce lo que consume, articulando a productores y consumidores en una verdadera democracia alimentaria.
La Río 92 consagró el concepto antropocéntrico y reduccionista de desarrollo sostenible, elaborado por el informe Brundland de 1987 de la ONU. Se transformó en un dogma profesado por los documentos oficiales, por los estados y empresas sin ser nunca sometido a una crítica seria. Secuestró la sostenibilidad sólo para su campo y así distorsionó las relaciones con la naturaleza. Los desastres que causaba en ella eran vistos como externalidades que no cabía considerar. Pero ocurre que estos se volvieron amenazadores, capaces de destruir las bases fisicoquímicas que sustentan la vida humana y gran parte de la biosfera. Esto no ha sido superado por la economía verde. Esta configura una trampa de los países ricos, especialmente de la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico) que produjo el texto teórico del PNUMA, Iniciativa de la Economía Verde. Con esto descartan astutamente la discusión sobre la sostenibilidad, la justicia social y psicológica, el calentamiento global, el modelo económico fracasado y el cambio de punto de vista, una mirada distinta sobre el planeta que pueda proyectar un futuro real para la humanidad y para la Tierra.
Junto con la Río +20 sería muy positivo rescatar también la Estocolmo+40. En esta primera conferencia mundial de la ONU realizada del 5 al 15 julio de 1972 en Estocolmo (Suecia) sobre el Ambiente humano, el foco central no era el desarrollo sino el cuidado y la responsabilidad colectiva por todo lo que nos rodea y que está en acelerado proceso de degradación, afectando a todos y especialmente a los países pobres. Era una perspectiva humanística y generosa, que se perdió con la carpeta cerrada del desarrollo sostenible y, ahora, con la economía verde.

Fuente: Koinonia
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jueves, 14 de junio de 2012

Declaración conjunta de la sociedad civil frente a Río+20: No más control y cooptación empresarial de la ONU.



Transnacionales con enorme influencia en las negociaciones de la ONU bloquean soluciones efectivas para problemas relativos al cambio climático, la producción alimentaria, la violación de los derechos humanos, el abastecimiento de agua, la salud, la pobreza y la deforestación. Estimado Secretario General Ban Ki-moon: Liberemos a la ONU de la cooptación empresarial.

Las organizaciones suscritas consideramos que la Organización de las Naciones Unidas (ONU) es actualmente la institución mundial más democrática y adecuada para llevar a cabo negociaciones internacionales. Por lo tanto apoyamos que se fortalezcan las instituciones y procesos multilaterales dentro del marco de la ONU y que los mismos sean más democráticos y sensibles a las necesidades de la gente.

Sin embargo, nos preocupa mucho la influencia cada vez mayor que ejercen los grupos de presión y cabildeo de las grandes empresas en la ONU: ya sea mediante su incidencia en las posturas de los gobiernos nacionales en las negociaciones multilaterales, y su hegemonía en determinados espacios de discusión y organismos de la ONU. Cada vez es más común ver políticas aprobadas por la ONU que no necesariamente responden al interés público, sino a los intereses comerciales de determinadas empresas o sectores empresariales.

La próxima Cumbre de la Tierra que se realizará en Río de Janeiro en junio de 2012 debe aprovecharse como una oportunidad para ponerle punto final a esta tendencia, terminar con las asociaciones dudosas entre la ONU y las empresas, y terminar con el acceso privilegiado que se le ha otorgado al sector empresarial, y como consecuencia a la influencia excesiva que dicho sector es capaz de ejercer en importantes procesos y decisiones multilaterales.

El preámbulo de la Carta de las Naciones Unidas comienza con las palabras “Nosotros los pueblos de las Naciones Unidas resueltos”. Hoy, sin embargo, los intereses de las empresas amenazan con tomar precedencia en la ONU por encima de las voces de los pueblos.

En la medida en que las posiciones de algunos Estados miembro claves de la ONU han sido cooptadas por grandes intereses empresariales, las empresas han ganado cada vez mayor influencia en las decisiones de la ONU. A las empresas se les ha otorgado la condición de “grupos principales” en el marco de la Agenda 21, a pesar de que no deberían ser tratadas como parte de la sociedad civil por su naturaleza esencialmente distinta. De igual manera, como las grandes empresas cuentan con muchísimos más recursos que la sociedad civil para incidir en las negociaciones, a menudo sus delegaciones son mucho más numerosas que las de la sociedad civil.

El cabildeo de las grandes empresas en el seno de las negociaciones de la ONU ha logrado bloquear soluciones efectivas para problemas relativos al cambio climático, la producción alimentaria, la violación de los derechos humanos, el abastecimiento de agua, la salud, la pobreza y la deforestación. La enorme influencia de los grupos de presión empresariales y la falta de equilibrio en algunos espacios de negociación -tales como la CMNUCC – socavan la democracia y conducen demasiado a menudo a la postergación, debilitamiento o bloqueo de los avances que son urgentemente necesarios en materia de justicia social y ambiental.

El cabildeo en pos de sistemas de mercado –para el aire, la biodiversidad, el agua, territorios u otros bienes comunes – como soluciones a la crisis ambiental actual, es un ejemplo de cómo se promueven falsas soluciones. Son soluciones que están al servicio de intereses empresariales, para que las empresas lucren con las crisis que afectan a millones de personas sin resolver los problemas centrales, concentrando y acrecentando aun más el poder de las empresas sobre la tierra, los recursos y la vida de la gente.

Las agencias de la ONU como UNICEF, el PNUD, la OMS y UNESCO se han comprometido en asociaciones con importantes empresas transnacionales (ETN). El PNUMA estableció asociaciones con ExxonMobil, Río Tinto, Anglo American y Shell, que son empresas que están implicadas en violaciones de los derechos humanos y destrucción de la biodiversidad. Otros ejemplos de asociaciones similares son: Coca Cola con el PNUD, para la protección de los recursos hídricos, y BASF y Coca Cola con UNHábitat, por un urbanismo sustentable. Tales asociaciones no solo vulneran la credibilidad de la ONU, también socavan su capacidad de respuesta frente al sector empresarial y su voluntad para regularlo cuando está implicado en abusos a los derechos humanos, sociales y ambientales.

De otra parte, el Pacto Mundial de la ONU promueve la “ciudadanía empresarial responsable” sin obligar a las empresas a regirse según estándares internacionalmente aceptados. Admite como participantes a empresas conocidas por violaciones de derechos humanos, y expresa la falsa impresión de que la ONU y las ETN comparten las mismas metas.

Permite por ende que las grandes empresas se “maquillen de azul” (1) y lo único que hace es ayudarlas a limpiar y potenciar su imagen y lucro, en lugar de promover medidas vinculantes que contribuyan a modificar el comportamiento de las empresas.

En el proceso preparatorio de la Cumbre de la Tierra de “Río+20”, la ONU se asoció con la Cámara de Comercio Internacional (ICC) y el Consejo Empresarial Mundial para el Desarrollo Sostenible (WBCSD) dando origen a la Acción Empresarial para el Desarrollo Sostenible (BASD). (2)

El Borrador Cero de la “Declaración de Río+20” refuerza el papel de las empresas como promotores de la llamada economía verde, pero evita claramente abordar el papel que juegan las empresas en la generación de las crisis financiera, climática, alimentaria y otras. Esto no debería sorprender, sin embargo, dada la intervención muy activa de representantes empresariales de alto perfil como el Deutsche Bank en la formulación y el desarrollo del concepto de “economía verde”.

Quienes suscribimos consideramos que la ONU debe priorizar medidas que sirvan al interés público y resuelvan o aborden las múltiples crisis actuales, antes que formular políticas cuyo resultado principal es generarle nuevas oportunidades de mercado y lucro al sector empresarial.

Por lo tanto reclamamos que:

- La ONU y sus Estados miembro deben reafirmar que su mandato principal es servir al interés público. Debe revisar y adecuar sus procesos de toma de decisiones para garantizar que la sociedad civil tenga un papel más destacado y que se restrinja la influencia del empresariado.

- La ONU y los Estados miembro deben rechazar las presiones que ejercen las grandes empresas a fin de obtener posiciones de privilegio en las negociaciones de la ONU:

- Los gobiernos deben cesar de establecer nuevos organismos de discusión y grupos de alto nivel (y disolver los existentes) que les otorgan a las grandes empresas una condición privilegiada en las negociaciones oficiales, tales como los “Diálogos de México” llevados a cabo en paralelo a las negociaciones sobre el clima celebradas en Cancún en 2010.

- La ONU y sus Estados miembro deben adoptar medidas enérgicas para mejorar la transparencia en materia del cabildeo y garantizar que no haya grupos de presión empresariales a los que se les brinde acceso privilegiado a los procesos de formulación de políticas de la ONU. El sistema de participación de la Sociedad Civil en el Comité de Seguridad Alimentaria de la ONU puede adoptarse como modelo de cómo mejorar la participación directa de las organizaciones de la sociedad civil.

- Las delegaciones nacionales involucradas en las negociaciones de la ONU no deben incluir representantes del sector empresarial.

- El rol del grupo principal de “empresa e industria” debe ser limitado. En la medida en que el sector empresarial tiene muchísimos más recursos que cualquier otro sector, debe haber límites a su participación: las empresas no deben tener más representantes que cualquier otro de los grupos principales en los procesos de negociación multilateral.

- La ONU debe revelar todas sus relaciones y vínculos existentes con el sector privado.

- Se debe establecer un código de conducta para los funcionarios de la ONU, que incluya un período de “enfriamiento” durante el cual los funcionarios no puedan asumir cargos de cabildeo para grupos de presión o en empresas de asesoramiento en cabildeo.

- La ONU no debe implicarse en ninguna nueva asociación o aparcería con empresas ni gremiales empresariales, y debe además revisar todas sus asociaciones vigentes de este tipo. (3)

- La ONU, para servir al interés público, debe monitorear los impactos de las grandes empresas sobre las personas y el medioambiente y establecer un régimen jurídicamente vinculante que pueda exigirles a las empresas rendir cuentas de cara a la legislación en materia de derechos ambientales, humanos y laborales. Esto debe incluir la obligación de las empresas de informar sobre sus impactos sociales y ambientales.

Estos son los requisitos básicos necesarios para garantizar que la ONU cumpla con su misión fundacional de ser un foro de representación de los pueblos para la protección de sus derechos e intereses universales. Llamamos a los gobiernos a atender estas preocupaciones como forma de construir un espacio que responda a las necesidades de la gente, y que sea capaz de generar iniciativas a favor del interés público y de abordar adecuadamente las múltiples crisis que enfrenta el mundo hoy.

Firman:

Amigos de la Tierra Internacional (FoEI-ATI), La Vía Campesina, Jubileo Sur/Américas, Transnational Institute (TNI), la Red del Tercer Mundo (TWN), Corporate Europe Observatory, la Marcha Mundial de las Mujeres y Polaris Institute, el SERPAJ-AL (Peace and Justice in Latin America), el Consejo de Canadienses, Fundación Solón - Bolivia, Planete Amazone, France Peace Seed – Japan, Grupo de Mulheres Maria Quitéria - Brazil, FlotB – Canada, Jeunes Volontaires pour l'Environment-Nepal, Comité Resistencia y Dignidad Adolfina Villanueva - Puerto Rico, Yayasan Panorama Alam Lestari (YPAL), Indonesia, y más de 330 organizaciones del mundo.

Notas:

1. El término “Maquillaje Azul” surgió luego del lanzamiento del Acuerdo Global. Hace referencia a las asociaciones entre la ONU y las empresas, y al hecho de que las empresas utilizan la bandera azul de la ONU para promover su imagen sin cambiar esencialmente sus prácticas dañinas.


3. Por más información sobre las aparcerías de la ONU ir a ver aquí

Adhesiones: Amigos de la Tierra

domingo, 27 de mayo de 2012

¿Economía Verde o el futuro en nuestras manos?



Por Ricardo Natalichio*
26 de mayo, 2012.- En el año 1997, el Protocolo de Kyoto estableció el sistema de Bonos de Carbono como uno de los Mecanismos para un Desarrollo Limpio. Este sistema, planteado como una de las soluciones al Cambio Climático, en realidad ha convertido a la emisión de gases de efecto invernadero en un nuevo negocio para el mercado. Por lo que está muy lejos de convertirse en una solución y más bien ha sido un paso importante, para convenir algunas reglas internacionales de mercantilización de la naturaleza.
Es decir que, en lugar de tender a proteger a la naturaleza como bien común de todos los habitantes del planeta, se ha ido por el camino opuesto. Su mercantilización.
Este año, entre el 20 y el 22 de junio, se celebrará en la ciudad de Río de Janeiro, Brasil, Río+20, una nueva Conferencia de las Naciones Unidas, sobre Desarrollo Sustentable.
Lamentablemente cada año venimos observando como estas Cumbres Internacionales, que deberían aportar las soluciones o al menos marcar el camino para detener y revertir la peor crisis que atraviesa la humanidad como especie, ha ido siendo cooptada por los países desarrollados, transnacionales, instituciones financieras internacionales como el Banco Mundial y el FMI, y las grandes ONGs que utilizan para enmascarar sus comportamientos genocidas.
Este grupo está intentando aprovechar la gran crisis climática que ellos mismos provocaron, como excusa para terminar de instaurar las pautas, para establecer a la naturaleza como una máquina productora de bienes y servicios. Establecer que el aire que respiramos, el agua que bebemos, la tierra que nos provee de alimentos, el ecosistema planetario completo, es algo que puede ser comprado y vendido en el mercado.
Esto significaría ni más ni menos que establecer la subordinación de la naturaleza a los mercados financieros creados por el Hombre. La pretendida “Economía Verde” significaría llegar al súmmum del sistema capitalista. Crear la posibilidad de “comprarlo todo”. Que no quede nada en el mundo que no pueda ser adquirido si uno cuenta con la suficiente cantidad de dinero para hacerlo.
Está claro que nada que beneficie a la naturaleza, con todo lo que la compone, puede surgir del pequeño grupo de seres humanos que por el poder que les da el dinero o su posición política o sus influencias, están tomando las decisiones sobre los destinos de la humanidad. Porque su beneficio personal se encuentra del otro lado de la balanza que el beneficio de la mayoría de los que habitamos el planeta. Pero las cosas pueden ser cambiadas.
Ante este nuevo intento de mercantilización total de la naturaleza, Acción es la palabra clave. Se están organizando miles de actividades de todo tipo en el mundo entero para este 5 de junio, día mundial del ambiente, contra la mercantilización de la vida y en defensa de los bienes comunes.
Participando activamente es como podremos revertir y enfrentar esta situación, es como podremos volver a tener el futuro en nuestras manos, es como podremos volver a darle un futuro a nuestros hijos. NO a la “Economía Verde” en Río+20.
Gracias por acompañarnos. Nos reencontraremos la próxima semana, en una nueva entrega de esta publicación.
—
*Ricardo Natalichio es ecologista, economista, periodista ambiental y escritor. Desde 1999 dirige el portal de ecología social Ecoportal.net, que se ha convertido en un referente mundial con más de 350.000 usuarios al mes. Investigador de la relación entre procesos sociales y medio ambiente, ha publicado multitud de artículos sobre la temática y participado en eventos nacionales e internacionales y colaborado con organizaciones de la sociedad civil y movimientos sociales, tareas que compagina con la dirección de la reconocida publicación digital Ambiente y sociedad.
—-
Fuente: Editorial del Boletín de Ecoportal, Año 13, N° 521, 24 de mayo de 2012. http://www.ecoportal.net/

Otras noticias:


Fuente: Servindi

viernes, 21 de octubre de 2011

Leo Boff: La ilusión de una economía verde.



Todo lo que hagamos para proteger el planeta vivo que es la Tierra contra factores que le quitan su equilibrio y provocan, como consecuencia, el calentamiento global, es válido y debe ser apoyado. En realidad, la expresión «calentamiento global» esconde fenómenos como sequías prolongadas que diezman cosechas de granos, grandes inundaciones y vendavales, falta de agua, erosión de los suelos, hambre, degradación de 15 de los 24 servicios enumerados en la Evaluación de Ecosistemas de la Tierra (ONU), y que son responsables de la sostenibilidad del planeta (agua, energía, suelos, semillas, fibras, etc.). La cuestión central ni siquiera es salvar la Tierra. Ella se salva a sí misma y, si fuera preciso, lo haría expulsándonos de su seno. Pero ¿cómo vamos a salvarnos nosotros mismos y a nuestra civilización? Esta es la pregunta real, ante la cual la mayoría se encoge de hombros.
La producción de bajo carbono, los productos orgánicos, la energía solar y eólica, la mayor disminución posible de la intervención en los ritmos de la naturaleza, buscar la reposición de los bienes utilizados, el reciclaje, todo lo que viene bajo el nombre de economía verde son los procesos más buscados y difundidos. Y es recomendable que se imponga ese modo de producir. 

Así y todo no debemos ser ilusos y perder el sentido crítico. Se habla de economía verde para evitar la cuestión de la sostenibilidad, porque ésta se encuentra en oposición al actual modo de producción y de consumo, pero en el fondo aquella (la economía verde) se sirve de medidas dentro del mismo paradigma de dominación de la naturaleza. No existe lo verde y lo no verde. Todos los productos contienen en las distintas fases de su producción elementos tóxicos para la salud de la Tierra y de la sociedad. Hoy mediante el Análisis del Ciclo de Vida podemos exhibir y monitorizar las complejas interrelaciones entre las distintas etapas: la extracción, el transporte, la producción, el uso y el descarte de cada producto y sus impactos ambientales. Ahí queda claro que el pretendido verde no es tan verde como parece. Lo verde representa solamente una etapa de todo el proceso. La producción nunca es del todo ecoamigable.
Tomemos como ejemplo el etanol, considerado como energía limpia y alternativa a la energía fósil y sucia del petróleo. Es limpio solamente en la boca de la bomba de suministro. Todo el proceso de su producción es altamente contaminante: los productos químicos aplicados al suelo, las quemas, el transporte en grandes camiones que emiten gases, los líquidos efluentes y el bagazo. Los pesticidas eliminan bacterias y expulsan las lombrices que son fundamentales para la regeneración de los suelos; sólo vuelven después de cinco años.
Para garantizar una producción necesaria para la vida, que no estrese ni degrade la naturaleza, es necesario algo más que la búsqueda de lo verde. La crisis es conceptual y no económica. La relación con la Tierra tiene que cambiar. Somos parte de Gaia y mediante nuestra actuación cuidadosa la volvemos más consciente y con más oportunidad de asegurar su vitalidad.
Para salvarnos no veo otro camino que el indicado por la Carta de la Tierra: «el destino común nos convoca a buscar un nuevo comienzo; esto requiere un cambio en la mente y en el corazón; demanda un nuevo sentido de interdependencia global y de responsabilidad universal» (final).
Cambio de mente: adoptar un nuevo concepto de Tierra como Gaia. Ella no nos pertenece a nosotros, sino al conjunto de los ecosistemas que sirven a la totalidad de la vida, regulando su base biofísica y los climas. Ella creó toda la comunidad de vida, no sólo a nosotros. Nosotros somos su porción consciente y responsable. El trabajo más pesado lo hacen nuestros socios invisibles, verdadero proletariado natural, los microorganismos, las bacterias y los hongos, que son miles de millones en cada cucharada de tierra. Ellos son los que sustentan efectivamente la vida desde hace ya 3,8 miles de millones de años. Nuestra relación con la Tierra debe ser como la que tenemos con nuestras madres: de respeto y gratitud. Debemos devolver, agradecidos, lo que ella nos da y mantener su capacidad vital.
Cambio de corazón: además de la razón instrumental con la cual organizamos la producción, necesitamos la razón cordial y sensible, que se expresa por el amor a la Tierra y por el respeto a cada ser de la creación porque es nuestro compañero en la comunidad de vida, y por el sentimiento de reciprocidad, de interdependencia y de cuidado, pues esa es nuestra misión.
Sin esta conversión no saldremos de la miopía de una economía verde. Sólo nuevas mentes y nuevos corazones gestarán otro futuro.

Fuente: Koinonia