miércoles, 19 de junio de 2019

El orgullo del macho está por encima de su capacidad de amar.

"No solo está por encima sino que la absorbe totalmente y la desfigura"



La visión evolutiva de la realidad nos ha acostumbrado a comprender que las cosas no aparecen en la historia porque sí, ni de golpe, sino que suelen ir gestándose callada y lentamente, hasta que comienzan a adquirir las formas en que nosotros las conocemos. Teilhard de Chardin solía decir, con expresión que me gusta mucho, que todo lo que aparece al final de la evolución, estaba ya en sus inicios de una manera “oscuramente primordial”. Llega incluso a poner el ejemplo de la ley de la gravedad como prenuncio borroso del amor humano: de la atracción de los objetos a la atracción de las personas.

Desde este modo de ver, conocer la gestación de lo que va apareciendo en la historia ayuda luego a comprender, cuando nace, cuáles son sus mejores posibilidades y cuáles pueden ser sus mayores peligros. Porque, como tantas veces he dicho, nada aparece en la historia inmaculado, perfecto y sin “pecado original”. Y el arte del progreso consiste en conducir la evolución de modo que cada novedad dé lo mejor de sí y evite todos los riesgos que la acompañaban al nacer. Sin que esos riesgos nos lleven a rechazarla (porque eso sería “tirar al niño con el agua sucia de la bañera”), pero también sin que su novedad nos dispense de criticarla (porque eso sería no bañar o no alimentar al recién nacido).

Uno de los signos de nuestro tiempo es la promoción de la mujer y su lucha por la igualdad con el varón, sin que esta igualdad degenere en uniformidad y acabe anulando las diversidades cuando pretendía acabar con las desigualdades. Husmeando en mis recuerdos literarios he creído encontrar dos obras, donde podría adivinarse, de esa manera “oscuramente primordial”, algo de lo que hoy llamamos feminismo. Me refiero a la Casa de muñecas, de Ibsen y Madame Bovary de Flaubert. Ambas de mediados del s. XIX, ambas provocadoras de un gran escándalo social y, desde luego, muy opuestas entre sí. Para pasar al lenguaje de hoy hablaría de un feminismo humano y un feminismo burgués. Una palabra sobre cada una.

Feminismo


Feminismo humano

La obra de Ibsen se estrenó hacia 1870, creo. Su protagonista, Nora, es una mujer a quien el marido quiere mucho, muchísimo. Pero la quiere como a una “muñeca”: preciosa, encantadora e incapacitada para tomar una decisión por sí misma. Habrá de ser, pues, el marido que tanto la ama, quien la lleva, quien la trae quien le dice lo que tiene que hacer y le obliga a hacerlo. Siempre con las palabras más cariñosas, por supuesto; pero de un cariño paternalista y que se considera superior…

Esa Nora es la más completa expresión de la “mujer-objeto”: porque en este caso, el objeto no es solo su cuerpo sino su siquismo y toda su personalidad. Pero resulta que esa infeliz muñeca se ha jugado el tipo contrayendo deudas serias, para poder pagar la curación de su marido durante una enfermedad (que implicaba emigrar a un país cálido) y sin que éste supiera nada. Cuando luego, por el chantaje de un acreedor, aparecen esas deudas y el marido se entera, no le importa nada cuál ha sido el motivo de aquellos cambalaches de su mujer. Lo que cuenta para él es esta frase que define todo el sentido del drama: “ningún hombre sacrifica su honor a su amor”.

Esa puede ser una excelente definición del machismo, si le damos al honor un significado más amplio que el de la estima social: el orgullo del macho está por encima de su capacidad de amar. No solo está por encima sino que la absorbe totalmente y la desfigura.

Y así es como surge la ruptura: porque ella quiere ser persona y no muñeca. Quiere ser querida como ser humano y no como joya del macho. Joya que, en fin de cuentas, no deja de ser un objeto por precioso que parezca.

Manifestación de feministas


Feminismo burgués

Sobre la obra de Flaubert debo decir que no la considero tan excepcional como suele decirse, aunque sí creo que el autor es un estilista de primera. Pero me resulta demasiado melodrama y los personales no me parecen bien construidos porque todos actúan en función de la protagonista. No obstante, puede servir para presentar otro tipo de feminismo germinal que yo calificaría de burgués y que, sin dejar de interpelar al varón, marca los peligros de esta novedad histórica.

Ese feminismo burgués, representado por Madame Bovary (Emma) es una especie de egocentrismo que utiliza su condición de mujer como arma en favor de su propio egoísmo. Es interesante para nuestro análisis comparar la relación de Emma con el resto de mujeres que aparecen en la novela, y que son bastantes pero de estamentos sociales más bajos que el de Mme. Bovary. Esa relación es simplemente nula. 

En el terreno afectivo, Emma no busca ser querida como persona sino adorada como diosa. Y si, en el caso anterior, la culpa del hombre era su machismo, en este caso se puede apuntar una cierta falta de hombría en el marido. La quiere de veras y mucho; y lo muestra en mil conductas para con ella cuando surge algún problema. Pero, sencillo médico de pueblo sin más horizontes, no se ha preocupado de decirle continuamente cuánto la quiere ni de dedicarse a ella en la prosa cotidiana. Entregado totalmente a su profesión, olvida a su mujer y descuida (o desconoce) ese cultivo ordinario del cariño que es tan importante. Y ella, con la hijita además en casa de una nodriza, irá llenando su soledad con ensueños y lecturas que le hacen perder el sentido de la realidad.

Al primer amante, que es un vividor sin escrúpulos que la arrulla con rendidos discursos, se le entrega de una manera desaforada, desproporcionada, que le ocasiona luego una enorme crisis de salud, cuando él la abandona ante la propuesta de huir los dos a París. De esa crisis la sacará precisamente el marido, sin conocer la causa y sin buscarla. Luego, ante una nueva oferta de adulterio, la Bovary coqueteará primero buscando solo la adoración pero sin entregarse (“gato escaldado…”). Se regodeará con todos los discursos del amante (que esta vez va con mejor voluntad que el anterior) pero lo somete a un suplicio de Tántalo que es ahora la fuente de su placer. Sin embargo cuando por fin se entrega para no perderlo, nunca tendrá bastante. Cae en una símbiosis de dependencia y ensueños de amores aristocráticos (“como los de París”), y se embarca en una busca de más y más, que acaba metiéndola en aventuras económicas que arruinan al marido y la llevan a la desesperación.

Me resulta increíble que, en pleno s. XIX, pudiera una mujer, moverse con tanta libertad en la vida social y en la economía, sin que el marido se enterase absolutamente de nada. Y más en un pueblo de provincias. Esto obliga a examinarle a él. Ese pobre marido ha sido un claro factor causal, más que culpable, de la evolución de Emma: su cariño era otra forma de dependencia que se sentía tranquilo teniéndola a su alcance, pero que se derrumbará cuando la pierde. Y que nunca había sospechado que ella podría no sentirse tan bién como él.
En conclusión

Estos comentarios quieren ser solo como dos chispazos, que no son ellos la luz pero avisan que la luz existe. Aquí hemos aludido solo a las relaciones de pareja, pero queda todo el campos social donde quizás habría que remontarse hasta la Antígona de Sófocles...

Mirando de inculturar lo dicho en nuestro siglo XXI, se me ocurre que el dilema “profesión-pareja” forma hoy parte de la condición alienada del trabajo en nuestra sociedad opulenta. Y es bueno que esto no lo desconozca hoy la mujer cuando, desde la difícil óptica del encierro doméstico, ha ido buscando la salida laboral como “liberación”, en una sociedad como la capitalista. Ahora que vuelve a hablarse de los curas obreros, vale la pena recordar que ellos fueron al trabajo no para liberarse sino para compartir la condición del oprimido; lo cual contrasta con la aspiración laboral de algunas mujeres.

Con eso no quiero decir (¡por supuesto!) que la mujer no deba salir de casa y haya de quedar reducida a aquellas “sus labores” de antaño, no remuneradas además. Puede salir, por supuesto, pero no con aquella mentalidad que buscaba “amores como los de París”, sino como quien se incorpora al trabajo y a la profesión, para la liberación humana en este mundo tan injusto.

Añadiré que lo que me sugirió esta reflexión fue aquella pancarta (que ya critiqué en otro lugar), que llevaba una mujer en la primera gran manifestación del 8M y que apareció fotografiada en la primera página de El País del día siguiente. La pancarta decía simplemente: “quiero hacer lo que me salga del coño”. Me temo que aquella buena mujer era una Madame Bovary del s. XXI.

Así que, por todos los santos, no estropeemos las promesas de la historia. Recordemos aquello de Pablo de Tarso: “trabajar por nuestra salvación con temor y temblor”.



Feminidad y feminismo

martes, 18 de junio de 2019

Los refugiados han estado 140 días sin rumbo en el mar desde que Italia cerró sus puertos.

Desembarco del barco Aquarius en Valencia./ MSF


Durante el último año, 2.443 hombres, mujeres y niños han quedado varados en el mar mientras “los líderes de la UE debatían su futuro”, denuncia MSF
Al menos 1.151 hombres, mujeres y niños han muerto en el Mediterráneo Central, mientras más 10.000 han sido obligados a regresar a la fuerza a Libia


140 días en el mar o, lo que es lo mismo, casi cuatro meses en el Mediterráneo sin puerto al que acudir. Esa es la suma de días que han pasado vagando por el mar los barcos de rescate de refugiados, con mujeres y niños vulnerables a bordo, desde que hace un año Italia tomó la decisión de cerrar sus puertos a las embarcaciones con migrantes a bordo. El “no” de Matteo Salvini al barco Aquarius el 10 de junio de 2018 daba comienzo al bloqueo.

Aunque las informaciones sobre el barco Aquarius inundaron los telediarios hasta que España admitió y permitió el desembarco en el puerto de Valencia, las embarcaciones con refugiados rescatados en el Mediterráneo Central han sido rechazadas en este año desde Europa hasta en 18 ocasiones, según información de Médicos Sin Fronteras (MSF) facilitada a este medio.

La mayor parte de estas embarcaciones son de las ONG, pero también en julio del año pasado Italia pasó la pelota de nuevo a Malta para que recibiera a dos barcos de Frontex con 450 personas a bordo. Tras un día de incertidumbre, el Gobierno italiano cedió y admitió el desembarco en su puerto. Entre las embarcaciones bloqueadas que más personas han llevado a bordo se encuentra el Open Arms, que el pasado 21 de diciembre estuvo vagando por el Mediterráneo con 311 personas a bordo durante siete días hasta que finalmente pudo desembarcar en España.


Estos 18 rescates dificultados por el cierre de los puertos italianos este último año han sido realizados por ONG como la alemana Sea Watch o SOS Mediterranée, pero también por barcos pesqueros como Nuestra Madre Loreto o militares como Trenton. La mayoría de los desembarcos han terminado produciéndose en Malta (7), país que también restringe los desembarcos de los rescatados. Italia ha acabado aceptando un buen número de ellos (6), mientras en un menor número de ocasiones España (2) y Tunez (2) han acabado ofreciendo también sus puertos.

En estos momentos, el barco petrolero Maridive, con 75 personas rescatadas, lleva bloqueado en alta mar durante más de 10 días mientras Túnez, Malta e Italia echan un pulso político para decidir quién acude a su rescate. Según destaca MSF, situaciones de bloqueo como estas son “la nueva normalidad” en el Mediterráneo, mientras la respuesta de los Gobiernos europeos al drama humanitario que se vive en el mar alcanza “nuevos mínimos desoladores”. Solo durante el último año, 2.443 hombres, mujeres y niños vulnerables han quedado varados en el mar mientras “los líderes de la UE debatían su futuro”, han denunciado.
Tabla de embarcaciones con personas refugiadas a bordo que han sido bloqueadas este año./ M.S.F.

Más de mil personas muertas en el Mediterráneo Central

La imagen de los barcos varados en el mar es solo una de las caras del prisma del drama humanitario. Al menos 1.151 hombres, mujeres y niños han muerto en el Mediterráneo Central, mientras más 10.000 han sido obligados a regresar a la fuerza a Libia, de donde los inmigrantes han huido por estar expuestos a las detenciones, trabajos forzados y toda clase de vejaciones. Según recogió Acnur en su informe publicado a inicios del año pasado, cuando los refugiados se suben a un bote en la costa libia “muchos han sido torturados, violados y vieron a mucha gente morir a su alrededor”.

Estas muertes, a las que apenas nos podemos aproximar por una cifra que seguramente sea mucho mayor, tienen causas. Según MSF y SOS Mediterranée estos fallecimientos son el resultado del “fracaso de las políticas migratorias europeas” y de “un sistema de asilo europeo roto”. La negociación del reglamento de Dublín, para que los países a las puertas de Europa no sean los únicos en gestionar el proceso migratorio, es un debate estancado en la UE. Por el contrario, no deja de aumentar el presupuesto destinado al incremento de seguridad en las fronteras. En el reciente presupuesto de la Comisión Europea presentado este mes, se anuncia un incremento del 34,6% hasta los 420,6 millones de euros para la Agencia Europea de Guardia de Fronteras y Costas (Frontex).

Mientras tanto y en esta situación de bloqueo en la respuesta de los países miembro, “la criminalización” de las organizaciones que realizan rescates en el Mediterráneo pasa factura. El “castigo” que se impone a los barcos que rescatan refugiados “erosiona el principio mismo de la prestación de auxilio” a quienes están en peligro en el mar. Según las ONG, las embarcaciones comerciales, e incluso los militares, son cada vez más reacias a responder a las peticiones de socorro debido al alto riesgo de quedar bloqueados en alta mar y de que se les niegue un lugar seguro para desembarcar a las personas rescatadas.

El director de Operaciones de SOS Méditerranée, Frédéric Penard, considera que la falta de buques de rescate en el Mediterráneo debería “poner fin a las infundadas acusaciones de un ‘efecto llamada’. “La realidad es que aun cuando cada vez hay menos embarcaciones humanitarias, las personas con pocas alternativas continúan emprendiendo la ruta mortal independientemente de los riesgos. La única diferencia es que hoy tienen casi cuatro veces más probabilidades de morir, en comparación con el año pasado”, concluye.

lunes, 17 de junio de 2019

Curas casados y mujeres sacerdotes, tareas evangelizadoras.


"A multitud de pilas bautismales, templos e iglesias se les echa el cierre 'por falta de mano de obra'"


"Las mujeres, dentro y fuera de la Iglesia, poseen idéntica dignidad de ser imagen de Dios como el hombre-varón"


No sé hasta qué punto les conmoverán a los obispos, y a los celadores y responsables de la “perpetuidad” de la Iglesia, tantas informaciones documentadas como hoy se difunden acerca de que “los curas se acaban”. Es tristemente desolador, y está al alcance de cualquiera, comprobar cómo las vocaciones sacerdotales decrecen, que la edad avanza implacablemente en todos los sectores y, por tanto, también en el estamento eclesiástico, cuyos miembros han de atender pastoral y ministerialmente, por lo que a multitud de pilas bautismales, templos e iglesias se les echa el cierre, “por falta de mano de obra”.

Pueblos-pueblos, entidades religiosas, colegios, monasterios y conventos se quedan sin la eucaristía, entre razones tan elementales como la de que los sacerdotes no pueden dar más de sí, pese a sus buenas disposiciones y convencimientos dogmáticos, dado que sin eucaristía, no hay Iglesia, tal y como estudiaran y estudian.




De vez en vez surgen voces, también jerárquicas, que proclaman con realismo y estadísticas, la crudeza del problema, pero este sigue su curso y desarrollo implacable, fiados algunos de sus responsables en que “Dios proveerá” y en que también se registraron en la historia eclesiástica etapas y episodios similares…

Pero muy recientemente el contradictorio Cardenal Walter Kasper, presidente emérito del “Pontificio Consejo de la Promoción de la Unidad entre los Cristianos”, acaba de expresar con humildad, sensatez y evangelio, su criterio, con estas denunciadoras palabras: “Si los obispos pidieran al papa Francisco curas casados, este aceptaría tal petición”. El Cardenal se cuidó también de tranquilizar al personal adoctrinándolo de que “el celibato no es un dogma de fe, ni una práctica inalterable”, sino decisión simplemente disciplinar. (Algunos expertos en teología se afianzan en la idea de que, así las cosas, aunque se considerara “dogma”, sería pastoralmente legítimo su revisión y reforma).


Celibato clerical

Y el pueblo fiel, que padece anomalías religiosas tan graves y tan preocupantes, se formula, entre otras, estas preguntas:

¿Es que todavía no se le ocurrió a ningún obispo formularle al papa tal petición?¿No lo hizo por temor, por no comprometerse y comprometerlo, o por no sentirse responsable de tal situación y haber vivido, y querer seguir viviendo “en el mejor de los mundos”? ¿No lo hicieron porque “les da lo mismo, o casi lo mismo”, porque no les dio tiempo a pensarlo, porque sus estudios universitarios o simplemente catequísticos, no les descubrieron otros panoramas, sin convencimiento de que la Eucaristía es el principio y fundamento -fuente y eje- de Nuestra Santa Madre la Iglesia? ¿En qué mundo eclesiástico vivimos?

El ángulo de las preguntas lo alzan algunos a la misma sede pontificia y, con devoción y respeto, se expresan de esta manera: ¿Pero es que el papa, y si además se llama Francisco, puede no estar al corriente de este problema? ¿Acaso cuenta con alguna razón desconocida por el resto de la cristiandad - y no de carácter bíblico ni dogmático-, para preferir que las cosas sigan como están? ¿Acaso sea el “santo temor a la Curia Romana” lo que le impida dar los pasos decisivos que él quisiera? ¿Es posible que temores como este podrían ser considerados “santos”?

Es obvio que, casados los sacerdotes, y consagradas las mujeres también como tales, a los obispos se les multiplicarían infinitamente los problemas administrativos, laborales y, por supuesto, económicos, de manera inenarrable, dejando a un lado los rituales o los ceremoniales…

De momento dejo sin subrayar otras preguntas relacionadas con las delatoras del citado Cardenal Kasper y me limito a animar al papa Francisco a que, creyendo como cree, en las misas, y en que las mujeres, dentro y fuera de la Iglesia, poseen idéntica dignidad de ser imagen de Dios como el hombre-varón, prescinda del Código de Derecho Canónico y de sus intérpretes, dedicándose estos de una santa vez a tareas evangelizadoras y se corrijan anomalías tan graves como las enunciadas en estas leves reflexiones…

domingo, 16 de junio de 2019

Complejidad del mundo de los pobres.



Gustavo Gutiérrez

La teología de la liberación ha procurado desde el comienzo no reducir la pobreza al aspecto económico, por importante que éste sea.
Así, se describió al pobre como el «insignificante», como aquél que es considerado como un «no-persona», a quien, de hecho, no se le reconocen sus derechos como ser humano. Los Situación y tareas de la teología…Los pobres son personas sin peso social, que cuentan poco en la sociedad y en la Iglesia. Es así como son vistos, o más bien no vistos.

Pues, como excluidos, resultan invisibles en el mundo actual. Los motivos son diversos: por supuesto los de orden económico, pero además el color de la piel, ser mujer, pertenecer a una cultura despreciada o apreciada sólo por su exotismo, que viene a ser lo mismo. Al hablar, desde decenios, de los «derechos de los pobres» nos referíamos a todas esas dimensiones de la pobreza.

Una segunda perspectiva, presente también desde los comienzos, fue la de ver al pobre como «el otro» de una sociedad que se construye contra sus derechos más elementales, ajena a sus valores. Así resulta que la historia leída desde ese «otro», por ej. a partir de la mujer, se convierte en otra historia. Pero ese re-leer la historia se convertiría en pura especulación si no incluyese el re-hacerla. En ese orden de cosas y pese a los obstáculos y limitaciones que se oponen a ello, es firme el convencimiento de que son los mismos pobres los que deben asumir su destino. Al respecto habría que retomar el hilo de la historia desde que un hombre y teólogo -Bartolomé de las Casas- se planteaba ver las cosas «como si fuese indio». Sólo liberando nuestra mirada de prejuicios y de inercias podremos descubrir al «otro».

No basta, pues, con tener conciencia de esa complejidad. Hay que advertir su fuerza interpeladora y hay que considerar la condición del pobre como «otro» en toda su desafiante realidad. Gracias a que nos hemos comprometido con el mundo de la pobreza, en ese proceso nos encontramos con la vivencia -de un modo u otro- de la fe cristiana. La reflexión teológica se nutre de esa experiencia cotidiana y, a su vez, la enriquece.

Hoy se está trabajando arduamente en algunos aspectos importantes de esa complejidad. En esta línea se sitúan los esfuerzos por pensar la fe a partir de la situación secular de despojo y marginación de los diversos pueblos indígenas de nuestro continente y de la población negra incorporada violentamente a nuestra historia desde hace siglos. Hemos sido testigos del vigor que adquiere la voz de estos pueblos, de la riqueza cultural y humana que son capaces de aportar, así como de las facetas del mensaje cristiano que nos permiten descubrir. Sin contar con el diálogo con otras concepciones religiosas que pudieron sobrevivir y que, pese a ser hoy minoritarias, son igualmente respetables, pues son seres humanos los que están comprometidas con ellas y que, sin recrearlas artificialmente, las conservan en su propio acerbo cultural y religioso.

Son también particularmente exigentes y nuevas las reflexiones teológicas que provienen de la inhumana y, por consiguiente, inaceptable condición de la mujer en nuestra sociedad, en especial la que pertenece a los estratos sociales y étnicos a los que acabamos de referirnos. Dichas reflexiones son realizadas sobre todo por mujeres, pero nos cuestionan a todos, en especial cuando se hace una relectura bíblica desde la condición femenina. No se trata, como algunos acaso piensen, de defender antiguas culturas fijadas en el tiempo y que el devenir histórico habría superado. La cultura es creación permanente. Lo vemos en nuestras ciudades, crisol de razas y culturas en sus niveles más populares, pero a la vez espacio de crueles y crecientes distancias entre los diferentes sectores sociales que las habitan. Este universo en proceso, que en gran parte arrastra y transforma los valores de las culturas tradicionales, condiciona la vivencia de la fe y constituye un punto de partida histórico para la reflexión teológica.

No obstante, el discurso sobre la fe no debe perder de vista el terreno común del que parte y en el que discurre nuestra reflexión teológica: el de los «insignificantes », el de su liberación integral y el de la buena nueva de Jesús dirigida preferentemente a ellos. Hay que evitar que la necesaria y urgente atención a los sufrimientos y esperanzas de los pobres dé lugar a búsquedas ineficaces de cotos teológicos privados, que sería fuente de exclusividades y desconfianzas. En lo esencial, se trata del combate cotidiano por la vida, la justicia y los valores culturales y religiosos de los desposeídos. También por su derecho a ser iguales y al mismo tiempo diferentes.

No todas las corrientes teológicas que vienen de esa situación caben bajo el mismo epígrafe. Pero los evidentes lazos históricos entre ellas, así como el horizonte común del complejo mundo del pobre dentro del que se mueven, nos permite verlas como expresiones fecundas de las tareas actuales de la reflexión teológica desde los desheredados del continente.

Globalización y pobreza
Decía Paul Ricoeur: «No estamos con los pobres si no estamos contra la pobreza», o sea, si no rechazamos la condición que abruma a una parte tan importante de la humanidad. No se trata de un rechazo meramente emocional. Hay que conocer lo que motiva la pobreza a nivel social, económico y cultural. Esto no se puede hacer sin los instrumentos de análisis de las ciencias humanas. Pero, como toda ciencia, ellas trabajan con hipótesis que pretenden explicar la realidad. Lo cual significa que han de cambiar ante fenómenos nuevos. Es lo que hoy sucede con el neoliberalismo que llega aupado por una economía cada vez más autónoma de la política (y, por supuesto, de la ética) gracias al fenómeno de la globalización.

Aunque proviene del mundo de la información, la globalización repercute en el terreno económico y social, y en otros campos de la actividad humana. El término es engañoso. Nos hace creer que nos encaminamos hacia un mundo único, cuando en realidad actualmente entraña la exclusión de una parte de la humanidad del Situación y tareas de la teología… 11 circuito económico y de los beneficios de la sociedad del bienestar. Millones de personas son convertidas así en inservibles o desechables después de uso: todas las que han quedado fuera del ámbito de la información. Con el agravante de que esta polarización se produce por el modo como estamos viviendo hoy un fenómeno como la globalización que no tiene por qué tomar necesariamente el curso actual de una desigualdad creciente. Y sabemos que sin igualdad no hay justicia.

El neoliberalismo postula un mercado sin restricciones, que se regule por sí mismo. Y acusa a la solidaridad social no sólo de ineficaz frente a la pobreza, sino de ser una de sus causas. Nos encontramos ante un rechazo de principio que deja a la intemperie a los desposeídos de la sociedad. Una de las más duras consecuencias de esa ideología es la deuda externa, que tiene maniatadas a las naciones pobres y que creció desmesuradamente gracias a las tasas de interés fijadas por los mismos acreedores. La condonación de la deuda externa constituye el punto más importante propuesto por Juan Pablo II para celebrar, en todo su profundo sentido bíblico, el jubileo del año 2000.

La deshumanización de la economía que tiende a convertirlo todo, incluso las personas, en mercancías ha sido denunciada por una teología que señala el carácter idolátrico, en sentido bíblico, de este hecho. Curiosamente asistimos hoy a un intento de justificación teológica del neoliberalismo que compara, por ej., las multinacionales con el siervo de Yahvé: ellas serían atacadas y vilipendiadas, cuando de ellas vendría la justicia y la salvación. Se impone, pues, una reflexión teológica a partir de los pobres. Si ella ha de tener en cuenta la autonomía propia de la disciplina económica, no puede olvidar su relación con el conjunto de los seres humanos y, por consiguiente, las exigencias éticas. No hay que perder de vista que el rechazo más firme a las posiciones neoliberales se da por razón de los contrasentidos de una economía que olvida cínicamente y, a la larga, suicidamente al ser humano y, en especial, a los que carecen de defensa en este campo, o sea, a la mayoría de la humanidad. Está en juego la ética que exige descubrir los mecanismos perversos que distorsionan desde dentro esa actividad humana que llamamos economía y que no tiene por qué causar estragos en la humanidad.
A este capítulo pertenecen también las perspectivas abiertas por las corrientes ecológicas ante la destrucción, suicida también, del medio ambiente. Ellas nos han hecho más sensibles a todas las dimensiones del don de la vida y nos han ayudado a ampliar el horizonte de la solidaridad, que comprende un respectuoso vínculo con la naturaleza.

Profundización en la espiritualidad

Desde sus primeros pasos, la espiritualidad ocupó siempre un primer plano en la teología de la liberación. Albergamos la profunda convicción, alentada por la obra de M.D. Chenu, de que, detrás de toda inteligencia de la fe, hay una manera de seguir a Jesús. Los Evangelios hablan de seguir a Jesús y ser discípulos suyos. Es en el seguimiento y en el discipulado en lo que consiste la auténtica espiritualidad. Éste es uno de los puntos centrales de la comprensión de la teología como reflexión sobre la praxis, que es el corazón del discipulado. Tiene imbricadas dos grandes dimensiones: la oración y el compromiso histórico. Nos lo recuerda el Evangelio cuando afirma que no basta con decir «Señor, Señor» si no se hace «la voluntad del Padre » (Mt 7,21). Cobra así sentido la afirmación de que «nuestra metodología es nuestra espiritualidad ».

Recientemente asistimos a un florecimiento de una espiritualidad de la liberación. Es que, en medio de un proceso histórico que sabe de logros y tropiezos, la experiencia espiritual del pueblo pobre ha madurado. Esto no significa un repliegue respecto a opciones de orden social, lo cual sería desconocer la radicalidad de ir al fondo de las cosas, allí donde se anudan amor a Dios y amor al prójimo. Es en esa hondura donde se sitúa la espiritualidad. Tenía razón Rilke cuando decía que Dios se encuentra en nuestras raíces.

En el núcleo de la opción preferencial por el pobre hay un elemento espiritual de experiencia del amor gratuito de Dios. El rechazo a la injusticia y a la opresión está anclada en nuestra fe en el Dios de la vida. Por esto no sorprende que esta opción haya sido rubricada, como en el caso de Mons. Romero y de muchos otros cristianos y cristianas en América Latina, por «el signo martirial». En realidad, hay muchas maneras de vivencias de la cruz que marcan la vida cotidiana del continente.

Es maravilloso el itinerario espiritual de un pueblo que vive su fe y mantiene su esperanza, en medio de una vida cotidiana hecha de pobreza y exclusiones, pero también de proyectos y de una mayor conciencia de sus derechos. Los pobres de América Latina han emprendido la ruta de la afirmación de su dignidad de hijos e hijas de Dios, en la que se da el encuentro con el Señor, crucificado y resucitado. Estar atento a esa experiencia espiritual, recoger sus versiones orales y escritas se convierte en una tarea primordial de nuestra reflexión teológica. Usando una expresión de San Bernardo, llamamos a ese momento «Beber del propio pozo». Sus aguas nos permitirán constatar la profundidad de la fe de los pueblos pobres de nuestro continente. Esto confirma lo que decíamos al comienzo: el pueblo latinoamericano es, mayoritariamente, pobre y a la vez creyente.

En el corazón de una situación que los excluye y maltrata y de la que quieren liberarse, los pobres creen en el Dios de la vida. Como decían en nombre de los Situación y tareas de la teología… 13 pobres del Perú nuestros amigos Víctor (hoy fallecido) e Irene a Juan Pablo II durante su visita al país (1985): «Con el corazón roto por el dolor, vemos que nuestras esposas gestan en la tuberculosis, nuestros niños mueren, nuestros hijos crecen débiles y sin futuro», y añadían: «pero, a pesar de todo esto, creemos en el Dios de la vida».

Para concluir: aunque hemos puesto el acento en la interpelación que viene del mundo de la pobreza, pensamos que la reflexión teológica del mundo cristiano tiene que enfrentar los tres retos mencionados e incluso hacer ver sus relaciones mutuas. Para ello hay que evitar la tentación de encasillarse asignando dichos desafíos a los diversos continentes: el de la modernidad al mundo occidental, el de la pobreza a América Latina y África y el del pluralismo religioso a Asia. Naturalmente hay énfasis propios, según las diversas áreas de la humanidad. Pero, en la actualidad, estamos llamados a una tarea teológica que emprenda nuevas rutas y mantenga con mano firme tanto la particularidad como la universalidad de la situación que vivimos. Ese cometido no podrá llevarse a cabo sin una gran sensibilidad a las diversas interpelaciones y con un diálogo -respectuoso y abierto- que asuma como punto de partida las condiciones de vida y la dignidad de los seres humanos, en particular, la de los pobres y excluidos.

Ellos son para nosotros, cristianos, reveladores de la presencia de Dios en Jesucristo, en medio de un mundo que es fruto del amor de Dios.

P. Gustavo Gutiérrez, OP
Publicado en Revista “Reflexión y Liberación” n° 112
Santiago de Chile

sábado, 15 de junio de 2019

Jóvenes ambientalistas arman Red Ambientalista.

Jóvenes Amigos de la Tierra Nigeria. / Foto: RMR

Amigos de la Tierra trabaja con unos 2 mil jóvenes para formación política y defensa de derechos humanos.

RMR, 13 de junio, 2019.- La vida de los defensores de los derechos humanos en África está seriamente amenazada. Por ejemplo, en Camerún, el 26 de mayo, el defensor de los derechos humanos Elvis Brown Luma Mukuna recibió una amenaza de muerte a través de una llamada de un número desconocido.

Diez días antes, dos hombres entraron a la fuerza a la casa de Elvis, secuestraron a su hermano menor y lo torturaron durante más de dos horas.

Ante estas amenazas es necesario que las nuevas generaciones se formen políticamente y aprendan a defender colectivamente los derechos humanos y ambientales.

Es por eso que desde Amigos de la Tierra África llevan a cabo la Escuela de Sustentabilidad, para la formación política de sus miembros y para comprender "lo que necesitamos transformar para un cambio de sistema", como dijo Kwami Kpondzo, de Amigos de la Tierra Togo, a Radio Mundo Real.

Kwami dijo que uno de los principales problemas políticos de África es que los gobiernos no son democráticos. Para cambiar eso y para defender a los defensores de los derechos humanos, "necesitamos movilizarnos a nivel local, nacional e internacional".

Foto: RMR

Fuerza Joven

En Nigeria, Environmental Rights Action (ERA / Amigos de la Tierra Nigeria) ha creado una red de adolescentes y jóvenes, de entre 13 y 19 años, para que puedan aprender cómo defender sus derechos y territorios.

Más del 50 por ciento de la población de Nigeria son jóvenes y la mayoría de ellos viven en la región del delta del Níger que enfrenta enormes dificultades ambientales como resultado de la extracción de petróleo.

Adesuwa James Jang es parte de la coordinación de Jóvenes Amigos de la Tierra en Nigeria que cuenta con 2 mil participantes entre jóvenes, maestras, maestros y comunidades locales.

Los tres objetivos principales del programa se centran en la educación ambiental en las escuelas (a través de clubes de energía); emprendimientos de venta local e introducción de nuevos integrantes a Jóvenes Amigos de la Tierra Nigeria para la protección del medio ambiente, a través del monitoreo ambiental y la promoción.

"La movilización juvenil en el Delta del Níger es un poco difícil debido al alto nivel de descontento en la región", dice Adesuwa. Sin embargo, ERA se vale de la confianza que ha construido durante el año con la mayoría de las comunidades locales para movilizar a estos jóvenes".

Una de las formas de hacerlo es asegurar que los jóvenes se involucren en la planificación, la toma de decisiones y el proceso de implementación del proyecto.
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