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domingo, 30 de junio de 2019

Pseudofilántropos.


Pedro Serrano

He leído en alguna parte que 19 multimillonarios estadounidenses desean ansiosamente pagar más impuestos. Al parecer, tienen tanta sensibilidad social que quieren que se cree un impuesto federal del 1% para las familias más acaudaladas.
Cuando leí la noticia, la primera reacción fue de sorpresa por raro y extraño. Después me invadió un fuerte sentido de culpabilidad al pensar que quizá los ricos no eran tan avaros como yo pensaba. Y, más tarde, después de una breve reflexión, llegué a la conclusión de que en esta generosa propuesta tenia que haber gato encerrado. Y efectivamente lo hay, y además es pardo.

Lo que en verdad encierra la propuesta de estos potentados, en apariencia revolucionaria, no deja de ser una maniobra artera para ganarse la simpatía de la sociedad con unas migajas y seguir aumentando las deducciones del gravamen de sus impuestos hasta pagar muy por debajo del común de los currantes.
Si los ricos nunca han sido tan ricos y nunca han estado tan bien vistos, a lo mejor es que sus fundaciones y sus gestos filantrópicos -que tanto gustan a la gente- esconden, maquillan o legitiman procedimientos cuestionables o injustos que les permiten enriquecerse de forma desmedida e insultante.
/ Antoñán del Valle (León)

miércoles, 12 de junio de 2019

Ejemplo y confianza.


Gabriel Mª Otalora

Una de las frases de Jesús con menos posibilidad de exégesis es “Por sus hechos les conoceréis”. Pues bien, el ejemplo es la puerta para generar confianza en nuestras relaciones humanas y ambos -ejemplo y confianza- deben ser la base de conducta de todo cristiano, especialmente de los que más responsabilidades tienen y por aquello del escándalo, tan de moda precisamente cuando brillan por su ausencia.

Dicen que fue Einstein quien recordó que dar ejemplo es la única manera de influir en los demás y la única manera efectiva de inculcar valores. Nadie seguirá las palabras ni a quienes las pronuncian si nos coherentes y, lo que es peor, existe el riesgo añadido de rechazo a esas buenas ideas por el efecto perverso que produce la falta de credibilidad. Y todo el mundo es capaz de percibir al vuelo la falta de coherencia.

¿Qué valoración nos merecen nuestras actitudes? El contagio viene desde los máximos responsables hacia todo el resto de la organización eclesial. Como ocurre en las familias, que el chorro fundamental de la influencia va de los padres a los hijos. Los ojos y oídos de nuestros chavales, igual que los de nuestros compañeros están fijos en nosotros. Los hijos y los compañeros de trabajo recordarán más nuestra conducta que nuestras palabras. Alguien dijo acertadamente que, lo que los padres hacen con moderación, los hijos lo harán con exageración.

Y cuando la falta de ejemplo se estira demasiado, se nota y, lo que es peor, cala como agua fina. No deja de ser una sutil manera de faltar a la verdad que alguien pontifique grandes directrices y normas que después no respeta ni cumple. Pero todos llevamos dentro un maestro y un aprendiz que, por la mera observación, activan el aprendizaje. Nos influenciamos y contagiamos mutuamente más de lo que parece a primera vista. Somos seres influenciables para bien y para mal.

El ejemplo tiene la fuerza de la experiencia vivida. Sin este valor de la credibilidad pierde toda su fortaleza. Hablamos mejor con nuestros hechos, que son por lo que nos conocerán. Y cuando el ejemplo es negativo, transmitiremos mensajes terriblemente influyentes, en este caso para mal. En el idioma inglés existe la expresión Walk the Talk, que viene a decir que actuemos por donde hablamos. Y la Madre Teresa de Calcuta, nos puso sobre aviso: no te preocupes porque tus hijos no te escuchan, te observan todo el día. Haciendo una paráfrasis aplicable al ámbito del liderazgo, podríamos decir que nuestros feligreses y la sociedad en general te observan todo el tiempo. Ser fiable es lo fundamental. Y cuando alguien es creíble, automáticamente se activa la confianza.

La diferencia entre reputación y confianza es que la primera se refiere a lo que la gente piensa de ti, mientras que la confianza se refiere a lo que la gente espera de ti. La confianza o su falta es una realidad fundamental en cualquier sociedad, sobre todo cuando disminuyen los comportamientos éticos con las consecuencias negativas que esto produce en el día a día. Es decir, que necesitamos mantener un comportamiento predecible lo suficientemente arraigado en el tiempo como para que otra persona se haga digna de nuestra confianza. Y viceversa. La confianza también va de arriba hacia abajo; el superior es quien debe generar ambientes de confianza e irradiar él mismo este imprescindible comportamiento. No es delegable.

La confianza es un proceso intangible que se apoya en la intuición y en la experiencia. A veces nos fiamos del sexto sentido y apostamos por una decisión de confianza, pero implica un riesgo elevado de equivocarnos. Lo normal es que se asiente tras un proceso de experiencias y vivencias que se construye con el tiempo y puede ser destruida en un segundo; la confianza es muy cara de lograr, fácil de perder y más cara todavía de recuperar.

Ganarse el derecho a ser escuchado, que esto es el meollo de influir y no otra cosa. El doble lenguaje no ha funcionado nunca en los cristianos. La confianza se crea cuando podemos creer en algo y en alguien porque sabemos por experiencia o por su imagen de seguridad que nos dice la verdad (credibilidad es tener autoridad sobre algo). En la medida que un ser humano se hace más creíble amplia la base del liderazgo, es decir, de su capacidad de influencia. No importa si las noticias son buenas o malas, debe tratarse a los demás con madurez pensando en ellas, no solo en nosotros.

Escuchar a la gente también genera confianza. Una persona que no nos presta la debida atención no puede saber qué es lo que realmente necesitamos o sentimos, y no se hace acreedora de depositar nuestra confianza en ella; como mínimo, no estaremos seguros de que entendió nuestra actitud o propuesta. Además, el acto de escuchar genera una actitud recíproca, básica en toda comunicación que se precie, y si ambas personas se escuchan con empatía, su relación creará mayores espacios de confianza y comunicación fructíferos.

Confiamos en las personas que son coherentes, que dan ejemplo, que cumplen su palabra. Siendo constantes crecemos en veracidad. Diciendo la verdad, crecemos en lealtad. Confiamos en las personas que buscan win-win, (ganar-ganar o gano-ganas). Una secuencia más cristiana e inteligente sería: ganan, ganamos, ganas, gano.

De camino a la Pascua de Pentecostés, pidamos al Espíritu luz y fuerza para ser ejemplares y generar espacios de confianza también con los que no son afines; a la manera de Jesús. La evangelización está en juego.

Fuente: redescristianas.net

jueves, 6 de diciembre de 2018

Gritar y gritar todos los días.


Faustino Vilabrille

“El impulso de uno sería gritar todos los días al despertar en un mundo lleno de injusticias y miserias de todo orden: ¡Protesto!” (Federico García Lorca).

Lc 21,25-28.34-36:
Dijo Jesús a sus discípulos: “Habrá signos en el sol y la luna y las estrellas, y en la tierra angustia de las gentes, enloquecidas por el estruendo del mar y el oleaje. Los hombres quedarán sin aliento por el miedo, ante lo que se le viene encima al mundo, pues las potencias del cielo temblarán. Entonces verán al Hijo del Hombre venir en una nube, con gran poder y gloria. Cuando empiece a suceder esto, levantaos, alzad la cabeza; se acerca vuestra liberación.

Estos días hemos visto por Tv. a la nave InSight aterrizar en el planeta Marte y la euforia casi histérica de cómo lo celebraban en la NASA. El proyecto costó 993 millones de dólares.
Paralelamente a esa euforia celebrativa presenciamos el esfuerzo desesperado de miles de hispanoamericanos, especialmente de Honduras, luchando desesperadamente por huir del hambre y la miseria hacia América del Norte, y como Trump envía miles de militares a cerrarles el paso. Por otro lado también la espantosa tragedia de más y más africanos que intentan llegar a Europa que les cierra las puertas, porque África es toda ella un grito de hambre, de sed, de sufrimiento, de impotencia, de desesperación, de tristeza, de espolio, que casi a diario convierten el Mediterráneo en un cementerio de Europa y mar de muertos.

África y América del Sur son dos continentes sumamente ricos en materias primas y posibilidades de futuro, pero sin embargo están cada vez llenos de pobres, que los países del norte del planeta empobrecemos cada vez más porque literalmente les robamos sus materias primas y sus tierras y con ellas su agua, a la vez que les vendemos armas para luchen entre ellos y entre tanto nuestras multinacionales sobornen a sus gobiernos para que les dejen vía libre para sus latrocinios. Sirva como ejemplo el Congo cuya tierra muy pródiga en recursos minerales que se han llegado a evaluar en 24 billones de dólares en oro, cobre, diamantes,cobalto, coltán y otras codiciadas materias primas, mientras que más de ocho de cada diez personas (82%) vive bajo el umbral de la pobreza absoluta y uno de cada seis niños muere antes de cumplir cinco años a fuerza de miseria, malnutrición y desgarradora violación de niñas, pero cuyos funcionarios se embolsaron más 100 millones de dólares en sobornos de la multinacional estadounidense Och-Ziff.

De estos sobornos saben también bastante Chad, Níger, Libia, Zimbabue, Guinea, Togo, entre otros estados africanos. Es el saqueo de Africa. Con el dinero de esos sobornos financian los dirigentes sus campañas electorales y así resultan reelegidos, incluso por decenas de años. Del drama de Africa saben también bastante Suiza y la multinacional francesa Areva. (Ver Transparency International). La compra de tierras por millones de hectáreas es el último asalto a Africa.

El Grupo del G8, formado por Rusia, Canadá, Estados Unidos, Francia, Italia, Alemania, Reino Unido y Japón, (la Unión Europea que cuenta con representación política), con su iniciativa de Nueva Alianza para la Seguridad Alimentaria y la Nutrición, en realidad está utilizando dinero dedicado a combatir la pobreza para facilitar el acceso a zonas africanas clave a grandes empresas mundiales para controlar la mayor parte del mercado global alimentario, facilitando a las multinacionales el acceso a tierras fértiles y a corredores agrícolas bajo el pretexto de luchar contra la pobreza y ayudar a los necesitados en África. Entre otras multinacionales depredadoras de Africa figuran: Monsanto, Unilever, Syngenta, DuPont, Cargill, Diaego, SABMiller, Coca Cola, y Yara (la productora noruega de fertilizantes más grande del mercado), y eso sin entrar en la manipulación genética de especies que no sabemos a dónde nos puede conducir… (Informe de: The Lusaka Times, periódico electrónico de Zambia).

Los poderosos de hoy económica y políticamente, que se consideran los amos del mundo, pasan tan indiferentes ante el sufrimiento de los cientos de millones de oprimidos, que son como locos enamorados de la muerte, que no tienen la honradez de reconocer que matan para robar (Eduardo Galeano).
Es evidente que el imperialismo capitalista se extiende de momento por este planeta como un monstruo apocalíptico que quiere comer el mundo hasta llegara a fagocitarse a si mismo. Porque “El capitalismo no es nada más que una empresa de ladrones comunes disfrazada de ‘civilizacion’ que extendió, imperialísticamente, a escala global, un ‘sistema’ (económico, político, ideológico y social) para legalizar y legitimar con leyes un robo masivo y planetario del trabajo social y de los recursos naturales, enmascarado de ‘economía mundial’ “. (Manuel Freytas)

Carente de toda ética, no le importa robar a los pobres hasta matarlos de hambre y gastar cientos de millones en ir a marte. No ven, no piensan, que lo primero es quitar el hambre del mundo, quitar la
esquilmación de la tierra, no malgastar millones de toneladas de alimentos y ropas, no derrochar tanta energía lumínica que, además de contaminar para producirla, ella misma contamina y altera el rimo vital
de muchas especies. Por el contrario, respetar y cuidar el planeta que nos sostiene, producir alimentos sanos y no enfermos que nos enferman a nosotros y al final nos matan, después de gastar millones de millones en reparar una salud miserablemente perdida, en vez de hacer la vida digna a todo ser humano y a todos los seres vivos del planeta. El avance ético de la humanidad va infinitamente más lento que el avance tecnológico, con lo que este se puede volver en contra de la propia humanidad, alterando el equilibrio cósmico hasta el punto de que, como dice Jesús, “haya signos en el sol, la luna y las estrellas y angustia entre los hombres hasta quedar sin aliento por el miedo ante lo que se le viene encima al mundo, que hasta las potencias del cielo temblarán”.

Pero Jesús no nos deja bajo del yugo de la opresión del miedo, al que acuden tantas veces las religiones, para mantener sometida a la gente a sus exigencias opresoras, sino que Jesús entra en la historia de la humanidad para abrirnos un claro horizonte de esperanza y por eso nos dice: Cuando empiece a suceder esto, levantaos, alzad la cabeza; se acerca vuestra liberación.

Porque el impulso de uno sería, como García Lorca, “gritar todos los días al despertar en un mundo lleno de injusticias y miserias de todo orden:
¡Protesto!”. Como protestar por esa exhibición de lujo ostentoso en la recepción del mandatario chino que estos días visita España, cuyas multinacionales gastan millones en sobornos por todo el mundo como hicieron el año 2010 en Venezuela, pagando 176 millones de euros para lograr contratos de infraestructuras energéticas (El País 29/11/2018).

Pero también es un hecho evidente que cada día hay más personas conscientes y comprometidas en dar un giro radical a la deriva de este mundo del neoliberalismo. Está creciendo la conciencia colectiva de que este mundo no puede seguir así, que hay que pensar con conciencia de humanidad, de solidaridad mundial, de compromiso de luchar por un mundo mejor, pero mientras esta conciencia no sea tan fuerte, apasionada y universal como lo es, por ejemplo el futbol, opio actual del pueblo que trae loca a la gente, aun nos queda mucho camino por recorrer. Pero se andará, “haciendo camino al andar”.

Para pensar cada uno: “¿Qué prefieres, que te anestesie y te duerma con la mentira y la ignorancia placentera, o que te golpee y te despierte con la llama de la vida y de la inteligencia reflexiva?” De ahí que hay que gritar y gritar todos los días: “Otro mundo mejor es posible”, como lo hicieron ayer, día 29 de noviembre, más de 200 personas en Oviedo pidiendo el cese del Director de la prisión asturiana que tiene bloqueada la Unidad Terapéutica y Educativa que reinsertó a tantos presos, para que vuelva a funcionar plenamente.


martes, 10 de mayo de 2016

Traducen la Biblia a su idioma tras 182 años.


FUENTES Christian Today AUTOR Redacción P+D 
Cristianos de un pueblo de Myanmar pueden leer la biblia en su idioma, gracias a una traducción hecha por un grupo de creyentes nativos junto con Wycliffe Associates.

Después de 182 años de espera, un grupo de cristianos que viven en un pueblo de Myanmar han traducido con éxito el Nuevo Testamento a su lengua materna, y por primera vez pueden leer la Palabra en su propio idioma. 

Hace casi dos siglos, los misioneros llegaron al pueblo con el Evangelio, pero no había ninguna traducción de las Escrituras disponibles, por lo que tuvieron que estudiar la Palabra de Dios en un idioma extranjero. 

 TRADUCCIÓN EN 2 SEMANAS 

La traducción ha sido posible gracias al programa de ayuda movilizada Traducción (MAST en inglés), un método creado por Wycliffe Associates, que permite a traductores nativos trabajar estratégicamente para traducir porciones significativas de la Biblia durante meses en lugares ocultos de apoyo. 

El resultado es asombroso, porque en sólo dos semanas, tradujeron 18 libros del Nuevo Testamento. El grupo de traductores, creyentes nativos formados por los misioneros, trabajaron en pequeños grupos, elaborando diferentes versículos, y utilizando un proceso de cinco pasos para comprobar su veracidad. El nombre del pueblo y los nombres de los traductores se han ocultado por motivos de seguridad. 

 AÑOS DE PERSECUCIÓN 

"Han soportado la persecución, han luchado para enseñar las Escrituras a sus jóvenes en otros idiomas. Siempre habían oído que las generaciones tenían que seguir esperando hasta que los occidentales pudieran traducir la Biblia para ellos", explicaba Bruce Smith, presidente y CEO de Wycliffe Associates. 

El grupo de traductores planea completar la traducción con el Antiguo Testamento a finales de 2016. Los habitantes de este pueblo en el sudeste de Asia, son parte de los 14 grupos de personas en el mundo que representan a 17 millones de personas que nunca han leído la Biblia en su propio idioma. 

 MÁS DE 2000 TRADUCCIONES 

"En mis 30 años de trabajo en las misiones internacionales, a menudo he oído que habrá un día en que la iglesia local tomará su lugar. Este es ese día", afirmó Smith . Más de 2.000 traducciones están en curso en todo el mundo. Wycliffe Associates estima que más de 3.300 traducciones todavía tienen que comenzar.

Leer más: 

jueves, 5 de mayo de 2016

Paseando por el otro mundo posible.



Cuando leo y medito en las Escrituras mi espíritu se enardece. Supongo que te sucederá a ti, que me lees, lo mismo. El Espíritu de Dios obra el milagro de hacer que la voz del Resucitado resuene a través de los textos que meditamos.

Por ejemplo, leer los Evangelios supone dar un paseo por el mundo nuevo que soñamos y esperamos. Sí, vislumbramos por la fe la ciudad con fundamentos indestructibles, cuyo arquitecto es el Dios del Éxodo(Heb. 11:10). Y cuando decimos “ciudad” estamos diciendo un modelo de sociedad donde rige la justicia y el derecho. Un modelo de sociedad-ciudad que todavía no ha sido construida. Tan solo podemos mostrar-palpar “comunidades piloto” del otro mundo posible que esperamos.

Sí, soy consciente de mi irreductible optimismo originado en la puerta que nos abre la gracia de Dios. Alguien cuestionará que las “comunidades piloto” sean una realidad aquí y ahora. Y más si afirmo que las iglesias cristianas debieran ser esas “comunidades piloto”, ya que dista mucho la realidad que se vive en su interior con el mundo nuevo que anuncian.

Pues bien, debo afirmar categóricamente que las comunidades cristianas están convocadas a ser espacios donde la mente humana sea iluminada; donde se tasten los dones que proceden de lo alto; donde se experimente la fuerza-poder del Espíritu Santo; donde se guste tanto la buena palabra-ideario de Dios como los poderes del mundo-ciudad nuevo que está viniendo a nosotros(Heb. 6:4,5). Nada más, ni nada menos.

Como personas que confiesan tomar en serio la vida-muerte-resurrección de Jesús de Nazaret no debemos darnos por vencidos frente al caduco modelo social en el que nos movemos. No podemos darnos el lujo de hablar acerca del mundo nuevo que viene, y vivir a la luz de los valores del Imperio de la muerte. Ya nos enseñó aquel al que calificamos de Salvador y Maestro que no podemos “servir a dos señores” (Mt. 6:24). Y Santiago, su hermano, en su misma línea, nos dejó escrito que “cualquiera que quiera ser amigo del mundo (modelo social caduco), se constituye en enemigo de Dios” (Stgo. 4:4).

Ya os decía que leer las Escrituras enardece mi espíritu, y también me hace consciente de mi propia debilidad para responder positivamente a lo que en las letras bíblicas leo. Pero al mismo tiempo, y en medio de la debilidad que aguijonea mi carne, escucho decir al Resucitado con voz clara y rotunda: “bástate mi gracia, porque mi poder se perfecciona en la debilidad” (2Cor. 12:9). Por ello, no deseo-deseamos formar parte de los que retroceden por cobardía (curiosamente los cobardes no tienen parte en la ciudad –Apo. 21:8), sino de los que tienen fe para creer en lo imposible. Por lo tanto, seguimos en la labor de sembrar semillas de las que brote el otro mundo posible según Dios. Soli Deo Gloria.

sábado, 27 de febrero de 2016

¡Me quedo con Jesús de Nazaret!



Conquistamos todas sus ciudades y las consagramos al exterminio matando a hombres, mujeres y niños. No dejamos a nadie con vida” (Deut. 2:34 BTI)
Hay textos en las Escrituras que leo en diagonal. Simplemente paseo mi vista por ellos, sin detenerme. Causan en mi corazón desazón y dolor. Pertenecen a la cultura de la guerra y el dominio. Son producto de unos seres humanos marcados indeleblemente por la violencia y la crueldad. Expresan, como diría Jesús de Nazaret, su dureza de corazón ¿Habría podido ser de otro modo..? Perdonad mi sinceridad.
Por ello siempre me quedo con el Mesías Jesús. Su Espíritu corre en mi ayuda para que sea capaz de separar la paja del trigo, convirtiendo mi incomodidad en comprensión que, si bien no justifica “la paja”, entiende la historia del ser humano como un continuo crecimiento hacia una experiencia de Dios ciertamente diferente. Aunque he de confesar, cuando leo los diarios, que todavía veo países, hombres y mujeres, que viven en el pasado guerrero y cruel de sus/nuestros antepasados. Reitero, me quedo con Jesús de Nazaret.
Me quedo con Jesús cuando nos enseñó, “felices los que trabajan en favor de la paz, porque Dios los llamará hijos suyos” (Mat. 5:9 BTI). Me quedo con Jesús cuando nos dijo, “sabéis que se dijo: Ojo por ojo y diente por diente. Pero yo os digo: No recurráis a la violencia contra el que os haga daño. Al contrario, si alguno te abofetea en una mejilla, preséntale también la otra” (Mat. 5:38-39 BTI), y también, “sabéis que se dijo: Ama a tu prójimo y odia a tu enemigo. Pero yo os digo: Amad a vuestros enemigos y orad por los que os persiguen” (Mat. 5:43-44 BTI). Me quedo con Jesús cuando ante la pregunta de sus discipulos “Señor, ¿ordenamos que descienda fuego del cielo y los destruya?”, se encaró con ellos, y les reprendió (Luc. 9:54-55 BTI). Y así podríamos seguir, para acabar reiterando hasta el infinito, ¡me quedo con Jesús de Nazaret! Verdadera Palabra de Dios hecha carne.
Por todo ello, dejando a un lado el “espíritu humano” que recorre algunos textos, oro a nuestro Señor suplicándole que me conceda la sabiduría necesaria para aprender del talante de Jesús de Nazaret, mi Señor y Maestro. Él fue manso y humilde de corazón (Mat. 11:29).
Soli Deo Gloria
Ignacio Simal Camps
Ignacio Simal es pastor de la Església Evangèlica de Catalunya - Iglesia Evangélica Española en la Església Protestant Betel - Sant Pau (Aragó, 51- Barcelona). Es Presidente de la asociación Ateneo Teológico. Fundó Lupa Protestante en el año 2005. Hasta el mes de julio del año 2012 fue su director. Presidente de la Mesa de la Església Evangèlica de Catalunya , y Director de Comunicación de la Iglesia Evangélica Española (IEE). Es miembro de la Asociación de Teólogos y Teólogas Juan XXIII, y del Fòrum Català de Teologia i Alliberament. También dirige la revista de la IEE, "Cristianismo Protestante".

lunes, 9 de febrero de 2015

Apasionados por el Reino de Dios.



Todos los seres humanos somos pasionales; es decir, tenemos pasión por algo. Para unos puede ser el deporte; para otros, la naturaleza; para otros, la religión; para otros, el poder; para otros, la tecnología; para otros, la belleza, el sexo, el dinero… Insisto, todos somos pasionales o tenemos pasión por algo.

Llevado al terreno espiritual, a pesar de que las iglesias están llenas de personas que se confiesan cristianas o, por lo menos se consideran religiosas, me atrevo a afirmar que no todos los creyentes forman parte de ese linaje especial de los apasionados por el Reino de Dios. Son creyentes, asisten a los cultos de la iglesia, intentan mantener un buen testimonio, se llevan bien con sus vecinos, incluso dan limosna…, pero no viven apasionados por el Reino de los cielos.

Cuando hablo de pasiones me refiero a que todo el ser personal vibra, siente, se entusiasma y hasta padece por una idea o un proyecto. De hecho, la palabra “apasionar” está relacionada con “pasión” que viene del latín passio, es decir, acción y efecto de padecer, sufrir, tolerar. Por ejemplo, el amor no es solo un sentimiento positivo de afecto, atracción, cariño…, sino que incluye, además, pasión, es decir, capacidad de entrega, sufrimiento, sacrificio…

No vamos a entrar a valorar las razones por las que muchos cristianos no están apasionados por el Reino de los cielos; sería un tema muy rico en matices y aspectos psicológicos de la persona. Lo que me interesa en estos momentos es enumerar algunas de las señales que identifican a aquellos que están apasionados por el Reino de los cielos.

Pasión por las Escrituras. La Palabra está en la esencia de la existencia cristiana. Sin la Palabra no hubiera habido creación, ni hubiera existido salvación. Sólo a través de la Palabra conocemos la esencia de Dios y lo que ha hecho a favor de la humanidad.

Por eso, los que están apasionados por el Reino de Dios tienen, también, pasión por la Palabra y desean conocerla cada vez más; la meditan, la escudriñan, la estudian, la cuestionan, si cabe, para detectar la esencia de la verdad, la interiorizan, la viven, la proclaman… Todo ello genera cambios en el interior de modo que, poco a poco, paso a paso, se va configurando una persona conforme al corazón de Dios, porque cuando uno está expuesto a la Palabra nada sigue igual, hay cambios que se operan en el interior de la persona y se manifiestan en su forma de pensar, de sentir y de vivir.

En un reciente artículo de Rachel Grate publicado el 22 de septiembre del 2014, se informa de que sólo seis minutos de lectura son suficientes para reducir el estrés en un 68%. Añadamos a esto altas dosis de consuelo y esperanza que encontramos en las Sagradas Escrituras. Leer, meditar y estudiar la Palabra permitirá que nuestra mente inconsciente esté mejor preparada para enfrentar las dificultades de la vida que van a hacer acto de presencia, porque la confianza en el Dios Creador permitirá mantener la esperanza más allá de nuestra existencia y circunstancias. Por eso, el apóstol Pablo exhorta: “La palabra de Cristo more en abundancia en vosotros, enseñándoos y exhortándoos unos a otros” (Col 3.16).

Pasión por el servicio. El apóstol Pablo nos recuerda el propósito de la conversión de los creyentes al escribir a los Tesalonicenses: “Os convertisteis de los ídolos a Dios para servir al Dios vivo y verdadero y esperar de los cielos a su Hijo” (1 Tes 1.9-10). Este texto es clave para entender la espiritualidad cristiana porque no solo hemos conocido a Dios para adquirir esperanza en un mundo que va a la deriva, sino que nos hemos convertido para servirle. Por eso, los que están apasionados por el Reino de los cielos han entendido que el llamado del Señor es a entregar la vida a favor de los demás.

Al servir a Dios centramos la atención en el prójimo, no en uno mismo; y esto nos permite crecer al conocer el drama que parte de la humanidad está viviendo y las necesidades que tienen los que nos rodean, conciudadanos y hermanos en la fe. Si sabemos lo que ocurre a nuestro alrededor no podemos quedar impasibles. Por eso, el creyente que tiene pasión por el Reino de Dios, toma la decisión de servir a los demás para intentar aliviar su sufrimiento, tal como hizo el Maestro. Cuando Juan el Bautista envió a unos emisarios a preguntar a Jesús “¿Eres tú el que había de venir o esperamos a otro?” (Mat. 11.3), éste les respondió: “Id, y haced saber a Juan las cosas que oís y veis. Los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos son limpiados, los sordos oyen, los muertos son resucitados, y a los pobres es predicado el evangelio” (Mat. 11.5). Jesús vino para salvar a la humanidad aquí y ahora, para reducir su dolor y su angustia y los que tienen pasión por el Reino de Dios han tomado la decisión de servir a Dios, que es lo mismo que servir al prójimo mientras se camina hacia la eternidad.

Pasión por la Comunidad cristiana. La iglesia es el instrumento más importante que usa Dios para el desarrollo del proyecto del Reino de los cielos. Es cierto que hay cristianos que no se reúnen en una iglesia e intentan desarrollar su vida espiritual lejos de las comunidades cristianas; en mi opinión, es un camino equivocado y me causa tristeza porque es en la iglesia donde se ha de anticipar el Reino de Dios, ya que es a través de las relaciones interpersonales, caracterizadas por el amor, el perdón, la igualdad, la justicia, la tolerancia, la libertad, la inclusión…, como se hace evidente y palpable el Reino de los cielos. Por eso, los que tienen pasión por el Reino de Dios trabajan en la construcción de una iglesia que refleje los valores de ese Reino.

Me causa cierto desasosiego saber de comunidades que están obsesionadas por el pecado y no por la gracia; comunidades que señalan con el dedo a los pecadores, en lugar de proclamar la posibilidad del perdón que Dios ofrece; comunidades que se convierten en guardianas y garantes de la verdad mientras separan a los puros de los impuros… Éstas son comunidades en minúscula. Una Comunidad cristiana que sigue el camino del Reino de los cielos no puede ser así. Por eso, necesitamos personas apasionadas por el Reino de Dios y que eso se refleje en una pasión especial por la iglesia de Jesucristo que lucha y trabaja por un mundo mejor, capaz de atraer a otros al Señor. El problema está cuando miramos hacia el interior de la iglesia y vemos cuán lejos estamos de la pretensión del Maestro. Nos recuerda el apóstol Pablo que Cristo amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella (Ef. 5.25); los apasionados por el Reino de Dios siguen el ejemplo de Jesús y les apasiona la Comunidad cristiana.

Pasión por seguir a Jesús. Si nuestro Señor nos ha fascinado con su vida y con sus palabras y hemos sido persuadidos para tomar el testigo de los que nos han precedido, seguiremos a Jesús con ilusión, esfuerzo y esperanza; y, además, pasaremos por este valle de sombra de muerte con el poder del Espíritu de Dios que iluminará la senda a seguir en medio de la calamidad que nos rodea. El autor de la carta a los hebreos habla de los héroes de la fe, algunos conquistaron reinos y tuvieron vivencias extraordinarias llenas del poder de lo alto; pero otros, sufrieron hasta lo indecible; y todos ellos vivieron por fe (Heb. 11.1,ss.). A continuación, centra la atención en los que les siguieron en la carrera de la vida, y añade: “puestos los ojos en Jesús” (Heb 12.2). Jesús predicó el evangelio del Reino, y los que quieran ir en pos de él tendrán que seguir sus pisadas (1ª Ped. 2.21; 1ª Juan 2.6). No será una vida fácil, pero será fascinante y transformadora porque, cuando uno se encuentra con Jesús, y le conoce de verdad, nada sigue igual.

Jesús apasiona porque no fue un teórico, no vino para dar clases magistrales, ni siquiera pretendió cambiar el sistema, si es que podemos hablar en estos términos; tampoco le interesó el dinero, el poder, el prestigio o la fama, temas en los que los dirigentes políticos de nuestros días son expertos. A Jesús le interesaban las personas y, por eso, se enfrentó a la “casta”, es decir, a los sacerdotes, escribas, fariseos y nobles poderosos. Fue capaz de tocar a un leproso, hablar con una mujer a solas, aceptar a los marginados, prostitutas, publicanos y demás proscritos. Por eso apasiona Jesús, porque no se alió con los acaudalados, sino que se puso al lado de los humildes. Éste es el camino para aquellos que sienten pasión por seguir a Jesús.

Decíamos al principio que todos somos seres pasionales; es decir, todos tenemos pasión por algo. El mundo que nos ha tocado vivir necesita gente apasionada por el Reino de Dios; las iglesias están llenas, medio llenas o casi vacías de gente religiosa, que busca aliento para cultivar su espiritualidad. Pero necesitamos personas que estén apasionadas por el Reino de Dios, personas que piensen, sientan, vivan, se entusiasmen, vibren y hasta padezcan en el Reino de los cielos. Los profetas del Antiguo Testamento no solo vivieron en la cresta de la ola y tuvieron experiencias extraordinarias con el Dios todopoderoso; también sucumbieron y se enfrentaron a la decadencia del pueblo y sufrieron la incomprensión, la intolerancia, el rechazo, el menosprecio… Pero estaban apasionados por el Dios en el que creían y por la tarea que les había encomendado.

Por todo ello, el pueblo de Dios necesita que las personas que lo integran se conviertan en apasionados del Reino de los cielos; que tengan pasión por las Escrituras, pasión por el servicio, pasión por la iglesia y pasión por seguir a Jesús. Nada ni nadie podrá resistir tal empuje, tal osadía, porque ese pueblo trabajará en la construcción de un mundo mejor mientras espera que el Mesías venga a hacer un mundo nuevo.



*Pedro Álamo es Bachiller en Teología, Licenciado en Psicología, Pastor y Profesor de Teología hasta el año 2001. Actualmente ejerce como delegado comercial en una Compañía de servicios tecnológicos para editoriales. Autor de "La iglesia como comunidad terapéutica" y "Consejería de la persona. Restaurar desde la comunidad cristiana", publicados por la Editorial Clie. Miembro de la Iglesia Betel, en L'Hospitalet de Llobregat, Barcelona. Ha participado en tertulias radiofónicas sobre temas especializados de Teología en Onda Rambla, Barcelona.