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viernes, 24 de mayo de 2019

Reflexión: Humanizar la política, politizar la sociedad… y votar.



Luis A. Aguilar (*)

Si es cierto que hay que “Humanizar la política”, que hay que recuperarla para el fin primigenio de servicio a la cosa pública y a la ciudadanía, si nos creemos aquello de que “La verdad os hará libres” y si, en la actualidad, todo está siendo al revés, ¿qué hacemos? … Una vez más tenemos que creer y trabajar por la esperanza de que “Otro mundo más justo es posible” y, para ello, desde los planteamientos de la Ética y la Política, defendemos que hay que “Politizar la sociedad”, desaprendiendo primero todos los cuentos, farsas y prejuicios con los que los han anestesiado siempre, y más ahora con las “fakes” permanentes, las cloacas del Estado y las mentiras mil veces repetidas, para politizarnos después, en el mejor sentido de la palabra “Política”.


Hasta el Papa Francisco nos decía recientemente que la cristiandad tiene el deber de comprometerse en la sociedad y en la política. A mí me han oído mis hermanicos de las CCP “cienes y cienes de veces” que nosotras y nosotros solemos estar muy comprometidos en multitud de sectores sociales y ciudadanos pero muy poco en los políticos (de partido). ¿Por qué ahí siempre nos la cogemos con papel de fumar? … Así solía yo quejarme siempre en nuestros encuentros y Asambleas.


¿Que la política es sucia? Toma ya, pues claro, pero ¿por qué?… Pues sencilla y llanamente –y entre otras cosas- porque, salvo honrosas excepciones, quienes podríamos participar en ella de otra manera (no para medrar, ni para vivir de ella, ni para corromperla…), no solemos hacerlo o duramos muy poquito; y claro, cuando tú no estás para ocupar ese privilegiado espacio de servicio a la sociedad, son otros (y generalmente los más oportunistas) los que lo ocupan y, desde luego, no para defender aquello que tú defenderías. Lo mismo podría decir a la hora de votar, ya que ahora tenemos una nueva oportunidad el 26M y creo que va siendo hora de que no seamos tan tiquismiquis, puritanos, exigentes o más papistas que el Papa y ¡votemos! (además por la izquierda, sin duda, si queremos defender la causa de los pobres en particular y del grueso de la ciudadanía en general, pues el trifachito, en bloque, no fallará y sus políticas ya sabemos a qué amigos, capitales, bancos y sectores apoyan).



Que “involucrarse en la política es una obligación para un cristiano” no es que lo diga yo, sino el hermano Bergoglio. Que “nosotros no podemos jugar a ser Pilatos, ni podemos lavarnos las manos, sino que debemos involucrarnos en la política, porque la política es una de las formas más altas de la caridad”, tampoco lo digo yo, sino el propio Francisco; y que “…la política está sucia, porque el cristiano no se involucra en ella, con espíritu evangélico” ni siquiera son mis palabras, aunque las dijera mil veces, sino del Papa Francisco.






¡Cuántas veces tuve que explicar cómo mis compromisos políticos (sobre todo cuando militaba en Izquierda Unida, o después en Podemos) lo eran para mí desde una exigencia de la Fe en Jesús de Nazaret! Y, sobre todo, cuánto cinismo social no habría cuando normalmente nadie ha cuestionado mucho que los cristianos del OPUS o de la derecha participasen en la política -y hasta controlasen ministerios-, y sin embargo cuánta gente se rasgaba las vestiduras cuando creyentes como Carlos Sánchez Mato, José Antonio Vázquez o yo mismo nos metíamos en ése fango (que no quiere decir que me olvide de las decenas de creyentes de izquierdas, que, sin necesidad de llamarse Alfonso Comín, García Laviana o Camilo Torres, trabajaron bien comprometidos en ayuntamientos y alcaldías desde su Fe cristiana).


Fue precisamente en el “II Encuentro Podemos Espiritualidad” de 2016, cuando, bajo el lema genérico de “HUMANIZAR LA SOCIEDAD Y LA POLÍTICA”, yo acuñé en mi intervención éste mismo título de “Humanizar la política y politizar la sociedad”, convencido de que ambas tareas son necesarias, visto lo visto, más que nunca. https://www.reddit.com/r/podemos/comments/52py46/ii_encuentro_podemos_espiritualidad_humanizar_la


Y es que estoy tan convencido de que la política precisa de una nueva humanización -¡vaya un descubrimiento, ¿verdad?!-, como de que nosotras y nosotros, en cuanto sociedad, necesitamos una nueva politización, en el sentido de desintoxicarnos, formarnos, informarnos, saber hacer un contraste crítico de las informaciones y comprometernos, cada quien según sus fuerzas y capacidades; porque como decíamos en nuestras comunidades hay que ser «activos en la contemplación y contemplativos en la acción».


Otro mundo es posible…

Defiendo, convencido, que humanizar la política es vivirla con vocación de servicio, buscando el mayor bien posible para el mayor número de personas. Pero, a la vez y de manera permanente, creo que cada día es más necesario que nunca “politizar la sociedad” de la manera antes citada y ponerse al servicio de los más desfavorecidos de la sociedad (no sólo hablo de los más empobrecidos, que también) a través de la generación de conciencia crítica colectiva. Hay que politizar la sociedad para transformar la sociedad», he dicho ya en algún momento, y ojalá que lo hiciéramos en la línea de las contribuciones de figuras como Martin Luther King, Mahatma Gandhi, Nelson Mandela, Pepe Mujica o Pili Zabala para asumir la causa de humanizar la política.


PIli Zabala

En esta nueva oportunidad de participar en la política que tenemos con la próxima cita electoral del 26M, empecemos por pensar si la vida de nuestros pueblos y ciudades y la de sus gentes va a ser la misma si votamos a los partidos del frente de derechas -PP y C´s, que harían piña sin inmutarse con la ultraderecha de VOX para gobernar-, que si elegimos las opciones del centro izquierda (PSOE) o de la izquierda de UNIDAS PODEMOS (con IU, Equo, Podemos y diferentes alternativas ciudadanas)… Ésta es una primera opción de compromiso, ir a votar, aunque siempre haya alguna persona que no nos guste del todo o algún punto del programa que no sea de mi total convicción. Así que no te asusten con falsos radicalismos, ni con descalificaciones interesadas, ni mucho menos con que las promesas que mejoran la vida de la gente no son posibles porque ya te digo yo que “Sí, se puede”.





Luis Ángel A Aguilar


Mi perfil, compromisos, acciones, creencias e ideología

los tenéis en abierto en mi blog "LA TERCA IUTOPIA" sita en http://luisangelaguilar.blogspot.com y en el perfil mas reducido de Twitter: Republicano, creyente, laico y de izquierdas. Estoy en ATTAC, Constituyentes, CCP, 15-M, Stop Desahucios, ACAIM, CONMILAB

miércoles, 11 de enero de 2017

Miles de refugiados soportan 20 grados bajo cero con poca ayuda humanitaria en Grecia y Serbia.

Nueve meses después del acuerdo entre la UE y Turquía, así es como la gente vive en Grecia, según denuncia Médicos Sin Fronteras.
PÚBLICO

MADRID.- La ola de frío que está azotando el centro de Europa está recayendo con más fuerza sobre los inmigrantes y los refugiados que huyen de la guerra en Oriente Medio. Son miles las personas que soportan temperaturas extremas, de incluso 20 grados bajo cero, en campos improvisados o en edificios abandonados en ciudades de Grecia y Serbia, donde permanecen atrapados entre vallas, burocracia y controles fronterizos.

Así lo denuncia Médicos Sin Fronteras, que ha solicitado reiteradamente a las autoridades de Grecia y los Balcanes que mejoren las condiciones de cara al invierno de estas personas "excluidas por las políticas migratorias europeas".

Para la organización, la situación es especialmente preocupante para los que están atrapados en las islas griegas, que viven en tiendas de campaña en campos hacinados y para los que están varados en edificios abandonados en Belgrado o tratando de cruzar las fronteras de los Balcanes.

Sin ayuda humanitaria en Serbia


Colas de personas refugiadas, esperando recibir ayuda humanitaria de MSF en Belgrado, Serbia.- Marko Drobnjakovic / MSF

Más de 7.500 personas están actualmente en Serbia, viviendo en campos hacinados y asentamientos improvisados de los que no pueden moverse. El país ha acordado con la UE albergar hasta 6.000 personas, de las cuales solo 3.140 viven en instalaciones adaptadas para el invierno. Pero en Belgrado, la capital, alrededor de 2.000 jóvenes, principalmente de Afganistán, Pakistán, Irak y Siria, están durmiendo en edificios abandonados en el centro de la ciudad, mientras que las temperaturas alcanzan los 20 grados bajo cero, denuncia MSF.

También critica que, en los últimos meses, las autoridades serbias han restringido severamente la provisión de ayuda humanitaria a estas personas, permitiendo únicamente a voluntarios hacer una distribución básica de mantas y comida. "Durante meses, la estrategia ha sido bloquear la ayuda humanitaria para empujar a estas personas hacia los campos oficiales. Pero los campos están llenos y ya están por encima de sus capacidades, por lo que los migrantes no tienen otra opción que dormir en edificios abandonados sometidos a bajas temperaturas", explica Stephane Moissaing, coordinador general de MSF en Serbia.

"Varias personas ya han muerto de hipotermia en las fronteras de Serbia y Bulgaria. No podemos simplemente sentarnos y actualizar el número de personas que mueren en las peligrosas fronteras o son víctimas de violencia desde el cierre de la ruta de los Balcanes", asegura MSF, que condena el fracaso de las autoridades serbias, de la UE y del ACNUR en cuanto a la prevención de esta lamentable situación.


Llúvias y nevadas en las islas griegas


Las islas griegas de Lesbos o Samos, que hace una año escaso eran el trampolín de llegada al continente de miles de refugiados que llegaban a Turquía desde Siria e Irak, son ahora una prisión en la que miles de personas permanecen bloqueadas bajo la nieve y la lluvia helada.


"Estas familias están pagando el precio del cinismo europeo y de su reprochable trato con Turquía", denuncia MSF


Todavía quedan muchas personas, entre ellas menores, que viven en campos superpoblados, en frágiles tiendas de campaña a temperaturas bajo cero. "Estas familias están pagando el precio del cinismo europeo y de su reprochable trato con Turquía", denucnia Clement Perrin, coordinador general de MSF en Grecia.

"Es indignante ver que a pesar de todas las promesas y declaraciones europeas, hombres, mujeres y niños viven en tiendas bajo la fría lluvia. Hacemos un llamamiento a las autoridades griegas y a la UE para que adopten urgentemente medidas para garantizar que todos los refugiados y migrantes de las islas se alojen en condiciones de vida dignas y adecuadas".


El hacinamiento y la grave falta de preparación para el invierno están provocando graves

riesgos para la salud y la seguridad de las personas que viven en Grecia. La mayoría de los

atendidos por los psicólogos de MSF en las consultas de salud mental en los últimos meses en Samos y Lesbos muestran que las pobres condiciones son la causa o un factor

importante en sus dificultades psicológicas, asegura la ONG.


"Las autoridades griegas deben dejar de felicitarse por los logros humanitarios cuando miles de personas sufren en duros elementos de invierno mientras esperan que sus solicitudes de asilo sean procesadas. Ninguna persona que busque protección, que huya de la guerra, la tortura y la violencia extrema debe abandonarse en el frío invierno", concluye Perrin.

"Guardianes de las frontes" de la UE

La organización humanitaria se muestra tremendamente crítica con el acuerdo UE-Turquía y con el cierre de la llamada ruta de los Balcanes. "La UE ha decidido convertir a los países extracomunitarios en guardianes de sus fronteras, en un intento de frenar el flujo de quienes buscan protección huyendo de las zonas de conflicto guerras más activas actualmente", ha dicho Stefano Argenziano, coordinador de

operaciones para los proyectos de migración y refugiados de MSF, quien lamenta que toda la sociedad "esté siendo testigo de las consecuencias más crueles e inhumanas de las políticas europeas, utilizadas como instrumento para disuadir y victimizar a quienes sólo buscan seguridad y protección en Europa".

Fuente: publico.es

jueves, 23 de junio de 2016

Fin del conflicto entre gobierno colombiano y Farc.

El presidente de Colombia, Juan Manuel Santos, se da la mano con el jefe de las FARC, Rodrigo Londoño 'Timochenko', en presencia del presidente de Cuba, Raúl Castro, en una fotografía de septiembre de 2015 - REUTERS


Ambas partes pactan un alto el fuego bilateral y definitivo. Los detalles del acuerdo se darán a conocer este jueves en un acto en La Habana.


PÚBLICO / AGENCIAS


BOGOTÁ.- El Gobierno de Colombia y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) han llegado a un acuerdo este miércoles en La Habana para poner al fin del conflicto armado. Los equipos negociadores de ambas partes han comunicado el pacto para un alto el fuego bilateral y definitivo que cierre un conflicto de más de medio siglo en más de 200 municipios de Colombia. Los detalles del acuerdo se darán a conocer este jueves en la capital cubana en un acto en el que estarán presentes el presidente colombiano Juan Manuel Santos y un nutrido grupo de personalidades internacionales. 

"Las delegaciones del Gobierno Nacional y las FARC-EP informamos a la opinión publica que hemos llegado con éxito al acuerdo para el cese el fuego y de hostilidades bilateral y definitivo", han indicado en un comunicado conjunto. Las partes también han logrado consensuar aspectos fundamentales para el fin del conflicto, como el abandono de las armas por parte de la guerrilla, garantías de seguridad, la lucha contra el paramilitarismo y la persecución de las "conductas criminales que amenacen la implementación de los acuerdos y a la construcción de la paz".

El primero en confirmar la noticia ha sido el jefe de los negociadores de las FARC, Carlos Antonio Lozada, que ha a través de Twitter anunciaba que el tiempo de la guerra ha terminado: "Para que cese la horrible noche y se abra el camino de la paz y la esperanza. Jueves 23 de junio anunciaremos #ElÚltimoDíaDeLaGuerra".


Para que cese la horrible noche y se abra el camino de la paz y la esperanza. 


El contenido exacto del acuerdo se dará a conocer este jueves en La Habana en un acto encabezado por el presidente Santos, por el máximo líder de las FARC, Rodrigo Londoño Echeverri, alias Timochenko, además del presidente de Cuba, Raúl Castro, y el canciller de Noruega, Borge Brende, los dos países garantes del proceso de paz. En representación de las naciones acompañantes del proceso, Chile y Venezuela, viajarán a Cuba sus presidentes, Michelle Bachelet y Nicolás Maduro, respectivamente.

A la ceremonia, que tendrá lugar en el salón de protocolo del complejo habanero de El Laguito, asistirá como invitado especial el secretario general de la ONU, Ban Ki-moon,acompañado por los presidentes del Consejo de Seguridad y de la Asamblea General de Naciones Unidas. También acudirán el presidente de República Dominicana, Danilo Medina, en calidad de responsable pro témpore de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac) y el gobernante de El Salvador, Salvador Sánchez Cerén, así como los enviados especiales de EEUU y la Unión Europea en el proceso de paz, Bernie Aronson y el irlandés Eamon Gilmore, respectivamente.

Tras la firma de este acuerdo quedarán pendientes varios temas, como la formalización de un sistema especial de Justicia para la Paz, antes de la firma del acuerdo final, previsto para dentro de varias semanas, tras el que está prevista la celebración de un plebiscito para que los colombianos aprueben o rechacen los acuerdos

El Ejecutivo de Colombia y las FARC iniciaron la semana pasada las negociaciones sobre el último punto de la agenda de paz, relativo a la implementación, verificación y refrendación de lo acordado. El Gobierno y la guerrilla comenzaron en 2012 un diálogo de paz en el que ya han logrado llegar a acuerdos en materia de desarrollo agrario y rural, participación política, drogas y víctimas. Santos había reconocido esta semana que veía posible firmar la paz definitiva antes del 20 de julio, a pesar de que hasta ahora se han ido incumpliendo los sucesivos plazos que se han marcado, el último de ellos el del 23 de marzo. 

El comunicado íntegro es el siguiente:

"Las delegaciones del Gobierno Nacional y de las FARC-EP informamos a la opinión pública que hemos llegado con éxito al Acuerdo para el Cese al Fuego y de Hostilidades Bilateral y Definitivo; la Dejación de las armas; las garantías de seguridad y la lucha contra las organizaciones criminales responsables de homicidios y masacres o que atentan contra defensores de Derechos Humanos, movimientos sociales o movimientos políticos, incluyendo las organizaciones criminales que hayan sido denominadas como sucesoras del paramilitarismo y sus redes de apoyo, y la persecución de las conductas criminales que amenacen la implementación de los acuerdos y la construcción de la paz.

El evento estará encabezado por el Presidente de Colombia, Juan Manuel Santos, el comandante de las FARC-EP, Timoleón Jiménez, y por los países garantes. Por Cuba, el Presidente Raúl Castro, y por Noruega, el Canciller, Borge Brende. También estarán en representación de los países acompañantes, la Presidenta de Chile, Michelle Bachelet y de Venezuela, el Presidente Nicolás Maduro.
La ceremonia contará con la presencia, como invitado especial, del Secretario General de las Naciones Unidas, Ban Ki-Moon, quien estará acompañado por el Presidente del Consejo de Seguridad y el Presidente de la Asamblea General.

Igualmente asistirá el Presidente de República Dominicana, en calidad de Presidente de la CELAC; el presidente de El Salvador, y los enviados especiales para el proceso de paz de los Estados Unidos y de la Unión Europea.

Los acuerdos se darán a conocer mañana al mediodía en el salón de protocolo de El Laguito.
LA TERMINACIÓN DEL CONFLICTO ARMADO ES UNA REALIDAD QUE LA ULTRADERECHA NO DETENDRÁ"

Fuente: publico.es

domingo, 17 de abril de 2016

El mar se está tomando como un vertedero global.



L. Villa

Público

La “Semana de la Ciencia Indignada” en varias universidades públicas de Madrid aborda temas para impulsar y motivar la investigación científica
Imagine una superficie tan grande como el territorio de la Península Ibérica multiplicado por tres. Ahora imagine cubrir todo ese espacio con basura, con porquería de todo tipo y procedencia. Pues así es, más o menos, la mayor de las ‘islas de basura’, ubicada en el Pacífico Norte, que están flotando en los océanos del planeta. Hay cuatro más repartidas por el resto de la enorme masa de agua que cubre el globo y que, desde los tiempos de la industrialización, el ser humano ha utilizado como su vertedero particular de referencia. 

Se tira de todo, desde químicos contaminantes procedentes de la agricultura y las actividades extractivas, hasta las aguas negras de ciudades y cruceros (cada uno de estos barcos deja a su paso 95.000 litros de aguas residuales procedentes de los inodoros), pero lo más preocupante, lo que más está afectando a la supervivencia del hábitat marino, sonlas ingentes cantidades de plástico, visibles ya en casi cualquier costa. Se estima que sólo en 2015 se han vertido al mar unas 9 toneladas de este material y que para 2025 esa cantidad aumentará hasta los 16 millones.

“El gran problema es que toda esta basura tarda cientos de años en degradarse, así que si vamos sumando, la cantidad de plástico acumulado en el océano es inestimable”, señala el profesor José Manuel Serrano, doctor en Biología, en una conferencia en la Facultad de Biológicas de la Universidad Complutense de Madrid, que junto con otras universidades públicas de la comunidad celebra estos días su tercera edición de la ‘Semana de la Ciencia Indignada’, una iniciativa para reivindicar la importancia de la investigación y la inversión frente a la política de severos recortes que vive el sector.

Cientos de años, en concreto 450, es lo que tarda en desaparecer del agua, por ejemplo, una sencilla botella de plástico. Lo mismo que un pañal de usar y tirar. Cada lata de aluminio como la de los refrescos no se degrada hasta pasado medio siglo, el hilo de nailon que se utiliza para pescar tarda 650 años más. No se conoce, por el momento, el tiempo que perdura el vidrio.

Pero ahí no queda todo. Si la basura flotante es desorbitada, la que permanece hundida en el fondo del mar es incalculable. “La cantidad de plástico vertido, en comparación con lo que se ve es bastante poco” –recuerda Serrano- “el 70% del plástico no flota. Además se fragmenta, lo que hace enormemente difícil conocer las dimensiones del problema”, añade. 

Al igual que sucede en la atmósfera, en el mar las corrientes de agua provocan una especie de enormes anticiclones marinos que funcionan como remolinos de agua a cuyo centro va a parar la basura, que es absorbida poco a poco hacia el fondo del mar. “Esto se podía haber previsto”, critica el doctor en Biología, “se conoce desde hace muchísimo tiempo cómo funcionan estas corrientes y se podía haber pensado que iban a ser conflictivos para los vertidos”. 

Los vertidos de plástico al mar comenzaron cuando se empezó a producir masivamente este material en los años 70, pero la concienciación sobre el verdadero problema que acarrea (100.000 mamíferos marinos mueren cada año a consecuencia del plástico y el 80% de las aves marinas lo han ingerido alguna vez) no llegó hasta que Charles Moore, un aventurero que en 1997 quedó escandalizado tras la cantidad de plásticos encontrados en su travesía por mar entre Los Angeles y Hawaii, dio la voz de alarma. 

¿Y qué soluciones hay? Pues pocas. La única válida, por el momento, es reducir el consumo de plásticos, reutilizarlos y reciclarlos. Aunque existen algunos proyectos en pruebas para recoger la basura marina, están aún lejos de conseguir una solución definitiva. Otros proyectos de plásticos biodegradables, como el biopol o el quitosanotrabajan también en la misma dirección.

“Todo esto tiene unas repercusiones económicas inimaginables. Afecta al turismo, a la pesca… no puedo entender cómo hay un acuerdo mundial para reducir la contaminación atmosférica y no se hace nada con la contaminación del mar”, sentencia Serrano.

Fuente: Red Mundial de Comunidades Eclesiales

viernes, 23 de mayo de 2014

¿La agricultura campesina y ecológica puede alimentar al mundo?


Esther Vivas

Como complemento al post anterior,Esther se pregunta aquí si el sistema agroalimentario podría prescindir de estos avances químico-biológicos que introducen las industrias transnacionales. ¡Claro que sí! Y “no se trata de un retorno romántico al pasado sino de hacer confluir los métodos campesinos de ayer con los saberes del mañana”.

Artículo en Público, 20/05/2014

La población mundial, se calcula, llegará en 2050 a los 9.600 millones de habitantes, según un informe de las Naciones Unidas. Lo que significa, 2.400 millones más de bocas que alimentar. Ante estas cifras, se extiende un discurso oficial que afirma que para dar de comer a tantísimas personas es imprescindible producir más. Sin embargo, es necesario preguntarnos: ¿Hoy falta comida? ¿Se cultiva bastante para toda la humanidad?

Actualmente, en el mundo, “se producen alimentos suficientes para dar de comer hasta 12 mil millones de personas, según datos de la FAO”, afirmaba Jean Ziegler, relator especial de las Naciones Unidas para el derecho a la alimentación entre los años 2000 y 2008. Y recordemos que el planeta, lo habitan 7.000 millones. A parte, cada día se tiran 1.300 millones de toneladas de comida a escala mundial, un tercio del total que se produce, conforme un estudio de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO). Según estos datos, de comida no falta.

Las cifras señalan que el problema del hambre no se debe a la escasez de alimentos, a pesar de que algunos se empeñen en afirmar todo lo contrario. El mismo Jean Ziegler lo decía: “Las causas del hambre son provocadas por el hombre. Se trata de un problema de acceso, no de sobrepoblación o subproducción”. En definitiva, es una cuestión de falta de democracia en las políticas agrícolas y alimentarias. De hecho, en la actualidad, se estima que casi una de cada ocho personas en el mundo pasa hambre, según datos de la FAO. La aberración del hambruna actual es que se da en un planeta de la abundancia de comida.

Entonces, ¿por qué hay hambre? Porqué muchas personas no pueden pagar el precio cada día más caro de los comestibles, ya sea aquí o en los países del Sur. Los alimentos se han convertido en una mercancía y si no puedes costearlos antes se tiran que darlos para comer. Del mismo modo, no sólo se producen cereales para alimentar a las personas sino, también, para los coches, como los agrocombustibles, y para los animales, la cría de los cuales necesita de mucha más energía y recursos naturales que si se alimenta, con dichos cereales, directamente a personas. Se elabora comida, pero una gran cantidad de la misma no acaba en nuestro estómago. El sistema de producción, distribución y consumo de alimentos está diseñado únicamente para dar dinero a aquellas empresas del agronegocio que monopolizan de origen a fin la cadena agroalimentaria. He aquí, la causa del hambre.

Por consiguiente, ¿por qué algunos siguen insistiendo en que hay que producir más? ¿Por qué nos dicen que hace falta una agricultura industrial, intensiva y transgénica que nos permita alimentar al conjunto de la población? Nos quieren hacer creer que las causas del hambre serán la solución, pero esto es falso. Más agricultura industrial, más agricultura transgénica, como ya se ha demostrado, significan más hambre. Hay mucho en juego, cuando hablamos de comida. Las grandes empresas del sector lo saben bien. De aquí que el discurso hegemónico, dominante, nos diga que ellas tienen la solución a la hambruna mundial, cuando en realidad son quienes, con sus políticas, la provocan.

Otro paradigma agroalimentario

Visto lo visto, ¿qué podemos hacer? ¿Qué alternativas hay? Si queremos comer todos y comer bien, es necesario apostar por otro modelo de alimentación y agricultura. Antes, afirmábamos, que ahora hay comida suficiente para todo el mundo. Esto es así, con una dieta diferente, con mucho menos consumo de carneque la dieta occidental actual. Nuestra “adicción” a la carne, hace que necesitemos mucha más agua, cereales y energía para producir comida, para cebar el ganado, que si nuestra dieta fuese más vegetariana. Se calcula, según el Atlas de la Carne, que 1/3 de las tierras de cultivo y un 40% de la producción de cereales en el mundo se destina a alimentarlos. Hacer compatible, la vida humana con los límites y recursos finitos del planeta tierra pasa, también, por cuestionarnos qué comemos.

A parte, otro tema se plantea, si se propone prescindir de una producción de alimentos industrial, intensiva, transgénica, ¿qué alternativa tenemos? ¿La agricultura campesina y ecológica puede alimentar al mundo? Cada vez son más la voces que dicen que “sí”. Una de las más reconocidas es la de Olivier de Schutter, relator especial de las Naciones Unidas para el derecho a la alimentación entre los años 2008 y 2014, quien afirmaba, en su informe “La agroecología y el derecho a la alimentación”, presentado en marzo del 2011, que “los agricultores pequeños podrían duplicar la producción de alimentos en una década si utilizaran métodos productivos ecológicos” y añadía “se hace imperioso aplicar la agroecología, para poner fin a las crisis alimentarias y ayudar a afrontar los retos vinculados a la pobreza y al cambio climático”.

Según de Schutter, la agricultura campesina y ecológica es más productiva y eficiente y garantiza mejor la seguridad alimentaria de las personas que la agricultura industrial: “La evidencia científica demuestra que la agroecología supera al uso de los fertilizantes químicos en el fomento de la producción de alimentos, sobre todo en los entornos desfavorables donde viven los más pobres”. El informe “La agroecología y el derecho a la alimentación”, a partir de la sistematización de datos de varios estudios de campo, lo dejaba claro: “En diversas regiones se han desarrollado y probado con excelentes resultados técnicas muy variadas basadas en la perspectiva agroecológica. (…) Tales técnicas, que conservan recursos y utilizan pocos insumos externos, tienen un potencial demostrado para mejorar significativamente los rendimientos”.

Uno de los principales estudios, dirigido por Jules Pretty, y citado en dicho informe de la ONU, analizaba el impacto de la agricultura sostenible, ecológica y campesina en 286 proyectos de 57 países pobres, en un total de 37 millones de hectáreas (el 3% de la superficie cultivada en países en desarrollo), y sus conclusiones no dejaban lugar a dudas: la productividad de estas tierras, gracias a la agroecología, aumentó en un 79% y la producción media de alimentos por hogar creció en 1,7 toneladas anuales (hasta un 73%). Posteriormente, la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo y el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) tomaron de nuevo estos datos para analizar el impacto de la agricultura ecológica y campesina específicamente en los países africanos. Los resultados aún fueron mejores: el aumento medio de las cosechas en los proyectos en África fue del 116% y en África Oriental del 128%. Otros estudios científicos, citados en el informe “La agroecología y el derecho a la alimentación”, llegaban a las mismas conclusiones.

Además, la agricultura ecológica y campesina no solo es altamente productiva, e incluso más que la agricultura industrial, especialmente en los países empobrecidos, sino que, como afirmaban los estudios anteriormente citados, cuida de los ecosistemas, permite “contener e invertir la tendencia en la pérdida de especies y la erosión genética” y aumenta la resiliencia al cambio climático. Asimismo, da mayor autonomía al campesinado: “Al mejorar la fertilidad de la producción agrícola, la agroecología reduce la dependencia de los agricultores de los insumos externos y de las subvenciones estatales”.

La agroecología suma apoyos

Otro importante informe que apunta en esta dirección son las conclusiones a las que llegó uno de los principales procesos intergubernamentales que se hayan llevado a cabo para evaluar la eficacia de las políticas agrícolas: la Evaluación Internacional del papel del Conocimiento, la Ciencia y la Tecnología en el Desarrollo Agrícola (IAASTD, en sus siglas en inglés). Una iniciativa impulsada, en un primer momento, por el Banco Mundial y la FAO, y que contó con su patrocinio y el de otras organizaciones internacionales como el Fondo para el Medio Ambiente Mundial (FMAM), el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), el PNUMA, la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) y la Organización Mundial de la Salud (OMS).

El objetivo de dicho proceso era evaluar el papel del conocimiento, la ciencia y la tecnología agrícola en la reducción del hambre y la pobreza en el mundo, la mejora de los medios de subsistencia en las zonas rurales y la promoción de un desarrollo ambiental, social y económico sostenible. La evaluación, que se llevó a cabo entre los años 2005 y 2007, contó con una dirección integrada por representantes de gobiernos, ONGs, grupos de productores y consumidores, entidades privadas y organizaciones internacionales, con un claro equilibrio geográfico, quienes escogieron a 400 expertos mundiales para que llevaran a cabo dicho estudio, que incluía una evaluación mundial y cinco de regionales.

Sus conclusiones marcaron un punto de inflexión, ya que por primera vez un proceso intergubernamental de estas características, y patrocinado por dichas instituciones, realizaba una apuesta clara y firme por la agricultura ecológica y señalaba su alta productividad. En concreto, el informe afirmaba que “el aumento y el fortalecimiento de los conocimientos, la ciencia y la tecnología agrícola orientados a las ciencias agroecológicas contribuirán a resolver cuestiones ambientales, al tiempo que se mantiene y aumenta la productividad”.

Asimismo, consideraban que la agricultura ecológica era una alternativa real y viable a la agricultura industrial, que garantizaba mejor la seguridad alimentaria de las personas y que era capaz de revertir el negativo impacto medioambiental de esta última. Elinforme decía: “La huella ecológica de la agricultura industrial es ya demasiado grande como para ignorarla (…). Las políticas que promueven una adopción más rápida de soluciones de eficacia (…) para la mitigación y la adaptación al cambio climático pueden contribuir a frenar o invertir esta tendencia y, al mismo tiempo, mantener una adecuada producción de alimentos. Las políticas que promueven prácticas agrícolas sostenibles (…) estimulan una mayor innovación tecnológica, como la agroecología y la agricultura orgánica para aliviar la pobreza y mejorar la seguridad alimentaria”.

Los resultados del IAASTD consideraban, igualmente, a la agricultura industrial e intensiva como generadora de “inequidades”, la acusaban del “manejo insostenible del suelo o el agua” y de prácticas basadas en la “explotación laboral”. La evaluación concluía que “las variedades de cultivos de alto rendimiento, los productos agroquímicos y la mecanización han beneficiado principalmente a los grupos dotados de mayores recursos de la sociedad y a las corporaciones transnacionales, y no a los más vulnerables”. Unas afirmaciones inauditas, hasta el momento, en el panorama internacional por parte de instituciones y gobiernos.

Este informe, con dichas conclusiones, fue aprobado por las autoridades de 58 países en una asamblea plenaria intergubernamental, en abril de 2008, en Johannesburgo, quienes mostraron su acuerdo y avalaron los resultados. Estados Unidos, Canadá y Australia, por su parte, y como no nos sorprenderá, se negaron a suscribir esta evaluación y mostraron reservas y disconformidades a la totalidad.

En conclusión

Los informes de Olivier de Schutter, relator especial de las Naciones Unidas para el derecho a la alimentación, y del IAASTD señalan sin ambigüedades la alta capacidad productiva de la agricultura campesina y ecológica, igual o superior, dependiendo del contexto, a la agricultura industrial. Al mismo tiempo, consideran que ésta permite un mayor acceso a los alimentos por parte de las personas, al apostar por una producción y una comercialización local, y además, con sus prácticas, respeta, conserva y mantiene la naturaleza. El “mantra” de que la agricultura industrial es la más productiva y la única que puede dar de comer a la humanidad, se demuestra, en base a estos estudios, totalmente falso.

En realidad, no solo la agricultura campesina y ecológica puede alimentar al mundo sino que es la única capaz de hacerlo. No se trata de un retorno romántico al pasado ni de una idea bucólica del campo sino de hacer confluir los métodos campesinos de ayer con los saberes del mañana y democratizar radicalmente el sistema agroalimentario.

Artículo en Público.es, 20/05/2014

Fuente: Atrio

jueves, 10 de enero de 2013

Cuando comprar barato sale caro.


Esther Vivas


Tres, dos, uno, cero. Las rebajas ya están aquí. Ofertas, descuentos, % de ahorro… ocupan escaparates de tiendas y centros comerciales. Es el momento de comprar y comprar barato. Pero, ¿es realmente tan barato aquello que compramos? ¿Qué se esconde detrás de prendas de vestir y aparatos electrónicos? ¿Quiénes ganan y quiénes pierden con nuestra compra? A menudo lo que parece barato puede resultar muy caro.
Mango, Zara, H&M, Bershka, Pull&Bear, Stradivarius, Gap, Oysho… nos dicen ofrecer, y más en período de rebajas, precios bajos. Lo que no nos dicen, y se oculta tras una etiqueta made in China, Bangladesh, Marruecos…, es el cómo consiguen dichos precios. La deslocalización industrial es la respuesta: producir pagando el mínimo coste posible por la mano de obra y, consecuentemente, violando derechos humanos y laborales básicos. Así lo explican y documentan exhaustivamente varios informes de la campaña Ropa Limpia. Unas prácticas que, por cierto, no distan en nada de aquellas grandes marcas que venden productos un poco más caros o de gama alta. La lógica es la misma. Detrás del “glamour” o el “lujo” se esconde el sudor de los trabajadores mal pagados.
El informe La moda española en Tánger: trabajo y supervivencia de las obreras de la confección de la campaña Ropa Limpia de Setem es una de las muchas investigaciones que pone blanco sobre negro. El informe analiza cuál es la situación de las trabajadoras en los talleres textiles de Tánger que proveen a importantes firmas internacionales y descubre las condiciones laborales en dichos centros de confección marroquíes: jornadas de trabajo de hasta 12 horas diarias, seis días a la semana, y con un salario no superior a los 200 euros mensuales, y que en ocasiones puede ser, incluso, inferior a los 100 euros al mes, arbitrariedad en la contratación y el despido, trabas a la organización sindical, etc. Una situación extrapolable a muchos otros países. No en vano la mayor parte de nuestras prendas de vestir se elaboran en Asia, América Central, Europa del Este o África.
Pero no sólo los trabajadores de los centros de producción en origen son los que salen perdiendo, también aquí los empleados en los centros comerciales, en los puntos de venda, están sometidos a unas condiciones laborales precarias, flexibles, con dificultades para organizarse sindicalmente… Y la presión por un conseguir un coste lo más bajo posible recae, asimismo, sobre ellos. Los responsables del paro y la precariedad en el Norte no son los trabajadores de los países del Sur sino unas elites económicas y empresariales que buscan hacer negocio con nuestras vidas, tanto aquí como en la otra punta del planeta.
De este modo, Amancio Ortega, propietario de Inditex, y que tiene en su haber marcas como Zara, Bershka, Pull&Bear, Stradivarius, Oysho, Massimo Dutti, se convirtió el pasado 2012, según la revista Forbes, en el tercer hombre más rico del mundo, a pesar, o gracias, según como se mire, a la crisis económica.
Y las mismas pautas se repiten en la producción, distribución y venta de electrodomésticos, productos informáticos e incluso comida. Y no sólo unos pocos se aprovechan de unas condiciones laborales precarias o inexistentes sino también de unas legislaciones medioambientales extremadamente débiles. Así el actual sistema de producción de bienes de consumo se lucra de explotar recursos naturales finitos, enfermar a trabajadores o a comunidades y/o contaminar allí donde los ojos de la mayoría no ven. Todo, evidentemente, a coste cero.
Luego nos dicen que podemos comprar barato. Y las rebajas son el máximo exponente de esta práctica. Pero, ¿resulta tan barato aquello que compramos? El actual modelo de producción y consumo cuenta con una serie de costes ocultos que acabamos sufragando entre todos. La explotación laboral, la precariedad, los sueldos de miseria, los débiles o nulos derechos sindicales… ya sea en los países del Sur o en el Norte generan pobreza, desigualdades, hambre, desahucios… y es el Estado quien tiene que gestionar dichas situaciones y conflictos con todo lo que implica de coste social y económico.
Lo mismo sucede con las empresas que contaminan, que explotan sin control ni límite los recursos naturales, que generan con sus prácticas cambio climático y destrucción medioambiental… ¿quién paga por una producción fragmentada, deslocalizada y kilométrica adicta al petroleo y generadora de gases de efecto invernadero? ¿Quién paga por comunidades desplazadas, trabajadores enfermos y territorios inhabitables? ¿Quién asume las consecuencias de un modelo agrícola y alimentario que acaba con la agrodiversidad, el campesinado y nos hace adictos a la comida basura? Nosotros. A la empresa, le sale gratis. Se trata de los costes invisibles de unas prácticas abusivas, que se supone nadie asume. La tozuda realidad nos demuestra, todo lo contrario, que es la sociedad quien paga, y mucho.
Y lo más escandaloso de la cuestión es que para llevar a cabo estas prácticas, las multinacionales cuentan con el apoyo activo de quienes están en las instituciones y diseñan las políticas económicas, sociales, medioambientales, laborales… al servicio de los intereses de las primeras. Como se ha repetido, reiteradamente, en la calles, vivimos en una democracia secuestrada. Y aunque nos digan, una y otra vez, que “comprando barato ganamos todos”, la realidad es otra: lo barato sale caro. Y, al final, nosotros, la mayoría, pagamos la factura.
*Artículo publicado en Público, 09/01/2013.

martes, 1 de enero de 2013

¿Alimentos para comer o tirar?


Esther Vivas, 01-Enero-2013

Vivimos en el mundo de la abundancia. Hoy se produce más comida que en ningún otro período en la historia. La producción alimentaria se ha multiplicado por tres desde los años 60, mientras que la población mundial, desde entonces, tan sólo se ha duplicado. Hay comida de sobras.

Pero 870 millones de personas en el planeta, según indica la FAO, pasan hambre y anualmente se desperdician en el mundo 1.300 millones de toneladas de comida, un tercio del total que se produce. Alimentos para comer o tirar, esa es la cuestión.

En el Estado español, según el Banco de los Alimentos, se tiran cada año 9 millones de toneladas de comida en buen estado. En Europa esta cifra asciende a 89 millones, según un estudio de la Comisión Europea: 179 kilos por habitante y año. Un número que sería incluso muy superior si dicho informe incluyera, también, los residuos de alimentos de origen agrícola generados en el proceso de producción o los descartes de pescado arrojados al mar. En definitiva, se calcula que en Europa, a lo largo de toda la cadena agroalimentaria, del campo al hogar, se pierde hasta el 50% de los alimentos sanos y comestibles.

Despilfarro y derroche versus hambre y penuria. En el Estado español, una de cada cinco personas vive por debajo del umbral de la pobreza, el 21% de la población. Y según el Instituto Nacional de Estadística, se calculaba, en 2009, que más de un millón de personas tenían dificultades para comer lo mínimo necesario. A día de hoy, pendientes de cifras oficiales, la situación, sin lugar a dudas, es mucho peor. En la Unión Europea son 79 millones las personas que no superan el umbral de la pobreza, un 15% de la población. Y de estos, 16 millones reciben ayuda alimentaria. La crisis convierte el malbaratamiento en un drama macabro, donde mientras millones de toneladas de comida son desperdiciadas anualmente, millones de personas no tienen qué comer.

Y, ¿cómo y dónde se tira tantísima comida? En el campo, cuando el precio cae por debajo de los costes de producción, al agricultor le resulta más barato dejar el alimento que recolectarlo, o cuando el producto no cumple los criterios de tamaño y aspecto dictados. En los mercados mayoristas y las centrales de compra, donde los alimentos tienen que pasar una especie de “certamen de belleza” respondiendo a los criterios establecidos, principalmente, por los supermercados. En la gran distribución (súpers, hipermercados…), que requieren de un alto número de productos para tener los estantes siempre llenos, aunque después caduquen y se tengan que tirar, donde se producen errores en la confección de pedidos, hay problemas de envasado y deterioro de los alimentos frescos. En otros puntos de venta al detalle, como mercados y tiendas, en los que se tira aquello que ya no se puede vender.

En restaurantes y bares, donde un 60% de los desperdicios son consecuencia de una mala previsión, el 30% se malbarata al preparar las comidas y el 10% responde a las sobras de los comensales, según un informe avalado por la Federación Española de Hostelería y Restauración. En casa, cuando los productos se estropean porque hemos comprado más de lo que necesitábamos, dejándonos llevar por ofertas de última hora y reclamos tipo 2×1, al no saber interpretar un etiquetaje confuso o por envases que no se adecuan a nuestras necesidades.

El desperdicio alimentario tiene causas y responsables diversos, pero, básicamente, responde a un problema estructural y de fondo: los alimentos se han convertido en mercancías de compra y venta y su función principal, alimentarnos, ha quedado en un muy segundo plano. De este modo, si la comida no cumple unos determinados criterios estéticos, no se considera rentable su distribución, se deteriora antes de tiempo… se desecha. El impacto de la globalización alimentaria al servicio de los intereses de la agroindustria y los supermercados, promoviendo un modelo de agricultura kilométrica, petrodependiente, deslocalizada, intensiva, que fomenta la pérdida de la agrodiversidad y del campesinado…, tiene una gran responsabilidad en ello. Poco importa que millones de personas pasen hambre. Lo fundamental es vender. Y si no lo puedes comprar, no cuentas.

Pero, ¿qué pasa si intentas recoger la comida que sobra? O bien te puedes encontrar con el contenedor cerrado bajo llave como ha hecho el consistorio de Girona, con los depósitos frente a los supermercados, alegando “alarma social” ante el hecho de que cada vez son más las personas que toman alimentos de la basura. O bien puedes enfrentarte a una multa de 750 euros si hurgas en los contenedores madrileños. Como si el hambre o la pobreza fuese una vergüenza o un delito, cuando lo vergonzoso y propio de delincuentes son las toneladas de comida que se tiran diariamente, fruto de los dictados del agrobusiness y los supermercados, y que cuentan, además, con el beneplácito de las administraciones públicas.

Los supermercados nos dicen que donan comida a los bancos de alimentos, en un intento de lavarse la cara. Pero, según un estudio del Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente, sólo un 20% lo hace. Y esto, además, no es la solución. Dar comida puede ser una respuesta de emergencia, una tirita o incluso un torniquete, en función de la herida, pero es imprescindible ir a la raíz del problema, a las causas del despilfarro, y cuestionar un modelo agroalimentario pensado no para alimentar a las personas sino para que unas pocas empresas ganen dinero.

Vivimos en el mundo de las paradojas: gente sin casa y casas sin gente, ricos más ricos y pobres más pobres, despilfarro versus hambre. Nos dicen que el mundo es así y que mala suerte. Nos presentan la realidad como inevitable. Pero no es verdad. Ya que a pesar de que el sistema y las políticas dicen ser neutrales no lo son. Tienen un sesgo ideológico y reaccionario claro: buscan el beneficio, o ahora la supervivencia, de unos pocos a costa de la gran mayoría. Así funciona el capitalismo, también en las cosas del comer.

Artículo publicado hoy en Público y en el blog de Esther Vivas

Fuente: Atrio

lunes, 4 de junio de 2012

Por qué los medios de comunicación ya no somos imprescindibles.

Historia de 


Siempre repito a mis alumnos que los periodistas no vendemos patatas, nosotros trabajamos con la vida. Contamos historias, explicamos cosas, contextualizamos realidades complejas, relacionamos hechos a los que otros no ven relación. Según ese razonamiento la vida es algo dinámico, cambiante, en constante movimiento, y como nosotros trabajamos con la vida, debemos movernos con ella. Les insisto en que el trabajo del periodista debe tener ante todo humildad para ser consciente de que hay mucho por aprender y dinamismo para adaptarse a los cambios. Temo haber llegado demasiado tarde.
Estamos a mediados de 2012. La crisis empezó en otoño de 2007. En estos cinco años miles de periodistas hemos sido despedidos. La gran mayoría por motivos económicos, otros con los motivos económicos como excusa perfecta. Sin embargo cada año salen al mercado miles de nuevos licenciados. Echando un cálculo rápido en España hay unas treinta facultades de periodismo, a razón de cien licenciados anuales salen tres mil nuevos parados por promoción. Conozco casos de gente que, con los treinta cumplidos, ha empalmado prácticas con becas y, a día de hoy, acumula títulos y méritos académicos sin haber firmado un solo contrato.
En estos años hemos vivido el cierre de múltiples medios de comunicación. Incluso en la Red, esa plataforma llamada a reconvertir nuestro sector. Hemos visto morir Soitu, ADN, Metro, CNN+, Público y un montón más. Y los que quedan. En foros más o menos públicos los que se supone que entienden de todo esto, señores que llevan años gestionando equipos, que escriben sesudas columnas sobre el futuro y el presente, discuten acerca de las causas de la situación. Se habla mucho del “modelo de negocio”. Se habla de “pago por contenidos”. De que “lo gratis” pone en peligro el trabajo periodístico. De “intrusismo” profesional. De la “amenaza” del periodismo ciudadano. De que si “la democracia se resentirá” si siguen cerrando medios.
Pero ¿qué pasa en realidad mientras cierran periódicos, salen a la calle miles de licenciados y señores entendidos debaten sobre problemas más que sobre soluciones? Lo que pasa en realidad es que prácticamente todos hacemos lo mismo. Casi todos los medios montan redacciones reducidas y cargadas de redactores jóvenes con el objetivo de hacer “un medio generalista”. Traducido: montar un medio con escasísimos recursos y dedicarse a hacer última hora retocando vagamente teletipos que llegan de agencias. Agencias a las que, por cierto, se paga tanto o más que al equipo que se ha contratado. ¿Valor añadido? Escaso, si es que hay alguno.
La pregunta es ¿quién va a entrar entonces a tu medio a leer lo mismo que cuenta el otro? ¿Dónde está la distinción? La distinción está en “el enfoque”, dicen. He trabajado en medios que no publicaban noticias críticas con el partido de turno. En medios que no publicaban noticias de toros. Hay medios que, por principios, no hablan de boxeo. En medios que no publicaban nada que hablara mal de la iglesia o que tratara temas como el aborto o la homosexualidad. He trabajado en medios que no han hablado de estrenos cinematográficos importantísimos porque el director de la película no caía bien al responsable de turno. Ese es el enfoque: someter un producto supuestamente informativo a las filias y fobias del que manda o, peor aún, intentar construir una realidad a medida en la que los temas que incomodan a los dueños de tu empresa no salgan, como si así fueran a dejar de existir.
Ser el primero
Mientras, allí fuera se libra la batalla. El objetivo es ser el primero. Lanzar el primero la alerta, aunque sea por nada. Publicar al instante el número de parados, aunque sin explicar por qué se da. Ser el primero en anunciar un atentado aunque digamos que alguien ha muerto y luego resulte que no es cierto. Llevar el titular más grande con la palabra ‘apocalipsis’, aunque al final no pase nada. Y todos estos ejemplos son ciertos. Yo mismo he llegado a publicar la muerte de un escolta en un atentado de ETA que no fue. He llegado a enviar una alerta con la muerte de un deportista que no se confirmó hasta pasada media hora. Y conmigo, muchos más.
La pelea ya no se centra en los lectores, sino en las máquinas. Poner titulares repetitivos, redundantes, con combinaciones artificiales de palabras para que posicionen mejor y aparezcan primero en Google. Programar tuits y actualizaciones de Facebook cada cinco minutos anulando toda conversación con tus lectores. Algunos ven como bueno someterles a una ráfaga continua de la metralleta informativa. Todo rápido, todo teletipos retocados, nada de contexto, nada de explicación.
Abres el periódico y vas a la sección de Cultura para comprobar que sólo hablan de los libros cuyas editoriales pertenecen a tu grupo. Ves en la contraportada una entrevista con la factura del obscenamente caro desayuno que se han tomado a tu salud. Ves la fotografía del director del medio o el columnista estrella hasta tres veces en un mismo ejemplar. Al hablar de audiencias todos ganan siempre, aunque realmente pierden fuerza cada mes que pasa. Pero nunca encontrarás noticias de determinadas empresas que subvencionan a medios de distinto espectro.
Cuando dicen “enfoque” quieren decir “ideología”. Porque de eso se trata. Sólo sobreviven gigantes ya establecidos o diarios nacidos a la sombra de una idea, vendiendo para un público al que, en muchas ocasiones, se ve que le gusta que le digan lo que tiene que pensar. O eso piensan los gestores del periódico y siguen haciéndolo. Porque se ven imprescindibles. He visto empresas despedir con contratos millonarios y a los pocos meses empezar a recortar plantilla. He visto a un periódico acabar cerrando porque la empresa se quedó sin blanca pagando el sueldazo de un directivo que apenas pasó unos meses en la empresa. He visto sueldos de cinco ceros mientras se dejaba de renovar contratos a personas que eran la mitad de una sección (sección de dos personas, por supuesto, que tenía que cubrir toda la información).
El contenido
Y ahora vienen los disgustos. Los medios siguen cerrando y siguen despidiendo a gente. El escaso porcentaje de energías que se destinaba a crear contenido propio se reduce aún más. Y hablo del contenido propio de verdad, de historias de las que sólo tiene uno, no “enfoques”, “análisis” o “refritos” de cosas que ya han publicado otros. Se produce sólo aquello que se vaya a consumir. Si hay que hablar del gato más gordo del mundo, se hace. Si hay que poner “el increíble vídeo que ha revolucionado internet” en dos piezas cada semana, se hace. Telediarios y digitales hechos a golpe de YouTube y doodle. Diarios deportivos con mujeres en ropa interior o, cuanto menos, con fotos de hinchas atractivas en las gradas del estadio acompañando la crónica del partido. Promociones como única forma de vender periódicos. Creer que un ‘trending topic’ es noticia.
La gente leerá tu periódico, claro, pero luego olvidará qué periódico era. Porque todos eran iguales. Luego intentarás hacer algo serio, hablando con gente importante, o intentarás tener fuentes que te cuenten cosas y descubrirás que no te toman en serio. Audiencia millonaria, sí, pero nula credibilidad. Y a fin de cuentas de eso va la historia.
Los disgustos llegan hasta a los grandes. Cinco años después del inicio de la crisis los dos principales periódicos del país van a despedir a más de un centenar de personas por barba. Y es ahora, a estas alturas del cuento, cuando se percatan de la crisis que los más pequeños llevan años sufriendo. En sus páginas no encontrarás publicado el comunicado de sus trabajadores rechazando las medidas de la empresa, pero sí verás publicada la noticia que cuenta el ERE de la competencia. Casi parece que los despidos están esperando a que sea el rival el primero en despedir. No importa siquiera la gente, ni los equipos, sino la apariencia.
Al menos los grandes son grandes por algo. Llevan años sobreviviendo, contando historias, saliendo a la calle, haciendo periodismo. Posiblemente tengan estructuras desmedidas, con cargas salariales indecentes. Pero lo realmente indecente es montar un medio pequeño y que el sueldo de un puñado sea mayor que el del resto de la plantilla que, oh sorpresa, es la que acabarás recortando. O que haya más jefes que trabajadores. O que se contrate a jefes estando en pérdidas para que a los meses se empiece a recortar por abajo. O que cuando se despida a jefes se hable de “reforzar” la plantilla. Y estas cosas no las he visto una sola vez.
Contar historias
En los foros siguen hablando de lo mismo. De “modelo de negocio”, de “lo gratis”, de la “amenaza” del periodismo ciudadano, de todas esas cosas. De lo “imprescindibles” que son los medios. Los medios cuentan cosas importantísimas que cada vez importan a menos personas. Sólo hay que ver las cifras de ventas. Pero las reales, no las que enmascaran hablando de difusión regalando periódicos en universidades o instituciones públicas. A la vez repiten que sin ellos, sin los medios, esta democracia es menos democrática. Recuerda, los medios son imprescindibles. Y lo dicen algunos mientras ponen la mano para pedir dinero. Porque es precisamente la publicidad institucional la que muchas veces hace que los proyectos periodísticos sobrevivan. La independencia, como el periodismo de calle, tampoco se estila ya. Y eso sin hablar de los medios públicos.
Mientras todo esto pasa ahí fuera la gente sigue informándose. No irá a tu periódico porque no aporta nada: haces lo que otros hacían desde antes, y encima lo hacen mejor. Algunos se sorprenden porque intentan competir con su grupo de infantería contra grandes portaaviones que tienen ejércitos más numerosos y preparados. El resultado es una sangría. De dinero, de talento y de horas de trabajo perdidas.
La cuestión quizá sea esa. No ir a por todo, sino centrarte en un tema. No intentar compararte con nadie, sino hacer tu producto sin preocuparte de lo que otros han publicado. No vender como realidad las filias o las fobias de tu jefe. Olvidarte de contar lo que todos y salir a la calle a contar cosas que sólo tú puedas contar. Dejar de escribir para buscadores y contar historias que interesen a la gente. Olvidarte del click fácil en temas sensacionalistas e intentar hacer algo que sea útil y te haga necesario. Que te haga imprescindible.
Quién sabe si, al final, dé igual que tu producto sea digital o impreso, televisivo o radiofónico. Quién sabe si va a dar igual si posicionas mejor o peor, si cobras por contenido o si lo das gratis. Incluso si das las últimas noticias ya o las das más tarde. Quién sabe, pero quizá al final el único modelo de negocio posible para el periodismo sea, precisamente, volver a hacer periodismo y olvidarse de hacer negocios. De hecho, quizá sea imprescindible para que los medios puedan sobrevivir. Porque, aunque no lo queramos asumir, el producto que ahora hacemos la mayoría es bastante prescindible.