viernes, 22 de febrero de 2019

Perder el miedo, recuperar la esperanza: propuestas para dialogar.


Surgirán muchos falsos profetas que engañarán a muchos. Y, al crecer la maldad, se enfriará el amor de muchos. Mt 24, 11-12.

por Francisco José Pérez · en Democracia y participación política.

Tras dos entradas anteriores, centradas en algunas señales del presente, intentando descubrir tendencias de futuro, los resultados electorales en Andalucía invitaban a volver revisar las reflexiones, pero tal vez sería caer en ese “…exceso de diagnóstico que no siempre está acompañado de propuestas superadoras y realmente aplicables” (Papa Francisco, Evangelii Gaudium 50). Por eso, dejamos de lado las tentaciones para seguir el hilo de la reflexión.


El discurso y las tendencias de fondo


Resumimos algunos factores tras el auge de los nuevos totalitarismos: 
Cultura dominante con fuertes signos de deshumanización. 
Importante desapego de la ciudadanía de las opciones de izquierda, debido más a la indefinición e incoherencia en que ésta se mueve, que a un proceso de derechización social; indefinición relacionada con el hecho de que en bastantes partidos y movimientos que se pretenden liberadores, su cultura política está cada vez más colonizada por el liberalismo dominante. 
Contradicción entre neoliberalismo imperante tras el actual modelo de crecimiento económico y democracia, y que da lugar a una concentración de la riqueza y un aumento de la desigualdad sin precedentes, que amenazan el Estado de bienestar y generan frustración en buena parte de la población que, sin empleo o empleos precarios y sin perspectivas de mejora, se ve empujada electoralmente al autoritarismo en boga. 
Una democracia cada vez más servil, cuando no instrumento, de los intereses dominantes. Así, en su nombre, se invaden o destruyen países (Irak, Libia, Siria…) para defender intereses de las élites dominantes. Esta nueva forma de gobierno utiliza la conversión de los conflictos políticos en conflictos mediáticos, gestionados por técnicos de publicidad y comunicación, sin dudar en recurrir a la mentira, a fake news, para anular la conciencia crítica. 


Nuevo totalitarismo, pues, que se extiende agitando los fantasmas del miedo, manipulando los problemas sociales que utiliza como señuelo y ocultando sus verdaderos intereses neoliberales: fiscalidad favorable a las élites económicas, eliminación de derechos laborales y sociales, reducción y/o eliminación de redes de protección social (desempleo, pensiones de jubilación, seguridad social…), retroceso en los derechos y libertades… algunos ejemplos:


Nacionalismo


El auge de nacionalismos radicales vinculados a la idea de soberanía y a la reivindicación del Estado-nación frente a la globalización capitalista, es una de las principales banderas del totalitarismo, y lanza el mensaje de que basta con abandonar la Unión Europea y recuperar el poder de un estado fuerte, para solucionar los problemas. En nuestro caso, el “nacionalismo español” se ve potenciado por el catalán, que sustenta la misma idea: basta separarse del Estado español para solucionar los problemas, lo que da lugar a una guerra de banderas ondeadas para reclamar derechos frente a otros: primero los españoles, los catalanes; fuera extranjeros… y se reduce la liberación a determinados grupos, excluyendo a muchos otros a los que se les acusa de ser la causa de todos los males: recortes, paro…


Una propuesta liberadora, en un mundo global, ha de incluir la emancipación de todas las personas subordinadas y subyugadas por el capitalismo globalizado. No podemos seguir sacrificando a millones de personas, a pueblos expoliados y abandonados a su destino… para mejorar el bienestar de unos pocos.


Migrantes y refugiados y racismo colonial


Su rechazo, estrechamente vinculado a los nacionalismos, se basa en presentarlas como un grave problema, nunca como oportunidad, de forma machacona hasta convertirla en una de las preocupaciones más importantes para la ciudadanía. Lo realmente grave de estos mensajes racistas y xenófobos es que llegan a convertirse en argumentos de las demás fuerzas políticas, uno de los principales logros del nuevo totalitarismo, ya que refuerza la idea de necesidad de respuestas autoritarias. Estas ideas calan fácilmente en trabajadores “nacionales” que ganan menos que hace 30 años y ya no constituyen una fuerza organizada en sindicatos; terreno abonado para convencerles de que su enemigo son los migrantes y no la concentración brutal de la renta y la riqueza, fruto de las políticas neoliberales que van a apoyar con sus votos.


Patriarcado


El combate de la “ideología de género” se ha convertido en otra de las banderas neototalitarias. Los avances en la igualdad de las mujeres y la conquista de su legítimo lugar en la sociedad, impulsados por los movimientos feministas, son vistos como una inversión de papeles tradicionales, propagando la idea de que los varones se encuentran en la actualidad subyugados y sin posibilidad de liberarse, y que cualquier intento de mantener la situación tradicional es denunciada como machismo.


Crisis ecológica y negacionismo


Los nuevos movimientos totalitarios coinciden en poner en duda la existencia del calentamiento global, de la crisis ecológica y energética… y, cuando las evidencias resultan aplastantes, se conforman con restar importancia a esos graves problemas que amenazan la supervivencia humana y la del planeta. Esas negaciones conectan con un sentimiento extendido entre muchas personas, especialmente en los países desarrollados: el miedo a perder su “bienestar”, su “comodidad”, su “calidad de vida”… Esas personas no dudan en aceptar esas teorías vinculadas a los nuevos totalitarismos, tal vez en el convencimiento de que así no van a poner en peligro su statu quo.


Estos discursos son difundidos masivamente a través de las redes sociales, mediante una estrategia publicitaria (memes) basada en la propagación masiva de ideas, conceptos o noticias, mayoritariamente falsas, a fin de captar adeptos. Su éxito queda patente en esa nueva mentalidad que parece encontrar cada vez mayor acogida, y que se apoya en el convencimiento de que los muchos y graves problemas (precariedad, falta de perspectivas vitales…) están vinculados con la desaparición de la sociedad blanca y española/europea/… en la que la mujer desempeña un papel subordinado, y en la que los derechos y oportunidades son solo para los nacionales…


En resumidas cuentas, el nuevo totalitarismo se basa en la defensa a ultranza de los cuatro principales ejes que vertebran la explotación y dominación: la esfera económico laboral, basada en la propiedad privada; la esfera patriarcal, basada en la superioridad del hombre sobre la mujer; la esfera colonial, basada en supremacía de unos pueblos y personas sobre otros; y la esfera ecológica, que reduce la naturaleza a factor de producción.


La defensa de esas formas de explotación y dominación la realizan reduciendo a un burdo maniqueísmo importantes problemas sociales, y ocultando sus verdaderos intereses; no en vano nacen vinculados a sectores neoliberales (empresariales, financieros, mediáticos) cuya finalidad es mantener un orden y unos privilegios concretos. Ahí están sus medidas destinadas a bajar los impuestos a empresarios y grandes fortunas; su negacionismo ecológico en defensa de los intereses de compañías eléctricas, petroleras, automovilísticas; de empresas interesadas en frenar directivas e iniciativas contra el cambio climático, o que traten de combatir emisiones tóxicas… A extender la lógica de la explotación y la dominación lo más posible, tanto para los trabajadores, limitando sus derechos laborales y sociales, como para la naturaleza, defendiendo el productivismo y la sobreexplotación de los recursos naturales, sin trabas fiscales o de cualquier otro tipo.


Las élites capitalistas ven en estas fuerzas una oportunidad de seguir manteniendo su lógica de acumulación y ampliando las desigualdades hasta límites insoportables. Estas estrategias están dando lugar, por otra parte, a unas condiciones propicias para la manipulación. Como señalaba Belda: “Desde el punto de vista sociológico, la manipulación supone un modelo de sociedad elitista y autoritario, basada en la desigualdad social. Este modelo puede concretarse en formas muy diversas, que van desde una sociedad descaradamente fascista a una sociedad ¡industrial avanzada formalmente democrática (…) el dinamismo requiere estos tres soportes: a) desigualdad social institucionalizada; b) relaciones sociales basadas en el dominio de una minoría sobre la mayoría; c) manejo de la conciencia individual gracias a los servicios de las instituciones educativas y de los medios de comunicación de masas” (Iglesia viva nº 57, 1975, pág. 258-259).


Frente a esta manipulación estructural sólo cabe la alternativa de una reestructuración social, en la que, desde una verdadera democratización, se logre desposeer a las nuevas clases de poder, de sus injustas apropiaciones explotadoras y manipuladoras, para devolvérselas al ser humano y al pueblo.

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