jueves, 21 de enero de 2021

La Universidad de La Rioja (Argentina) presentó una máscara anti coronavirus.



La máscara tiene un sistema que proporciona por medio de tubos una presión constante y estable de oxígeno.

El dispositivo busca evitar el contagio de la enfermedad en la población, y en particular en el personal de salud. Funciona a través de un sistema que proporciona por medio de tubos una presión constante y estable de oxígeno.

En un alto de la segunda reunión del gabinete federal que llevó adelante Alberto Fernández con gobernadores y vicegobernadores de las provincias norteñas en Chilecito, La Rioja, el Presidente participó de la presentación de una máscara anti Covid-19, basada en la tecnología de presión continua y desarrollada por investigadores de la Universidad Nacional de La Rioja (UNLaR).

El dispositivo busca evitar el contagio de coronavirus en la población, y en particular en el personal de salud, a través de un sistema que proporciona por medio de tubos una presión constante y estable de oxígeno.

El uso y funcionamiento de la máscara fue constatado también por el ministro de Ciencia, Tecnología e Innovación, Roberto Salvarezza, y otros funcionarios del área científica, tanto de la Nación como riojanos, así como dos de los desarrolladores: Marcelo Simonetti y Daniel Zalaya.
El funcionamiento de la máscara fue constatado por el ministro de Ciencia, Roberto Salvarezza, y otros funcionarios.

Poco después, vía Twitter, Salvarezza calificó de «innovador» el desarrollo de la UNLaR y señaló que el sistema en el que se basa «está orientado a proteger y resguardar al personal de salud expuesto al contacto directo con pacientes Covid-19 positivos tanto en las instalaciones hospitalarias como en los domicilios de los pacientes».

La máscara de presión continua fue un desarrollo financiado en el marco del Programa de Articulación y Fortalecimiento Federal de las Capacidades en Ciencia y Tecnología Covid-19, que forma parte de las iniciativas del Consejo Federal de Ciencia y Tecnología.



miércoles, 20 de enero de 2021

Detener la construcción del muro fronterizo, entre las prioridades de Joe Biden.


 Impulsar la igualdad, la justicia racial, la defensa de las minorías, así como poner freno de manera inmediata a la construcción del muro fronterizo con México, son los objetivos principales del presidente entrante de EU, según un comunicado difundido por el equipo de transición.


Washington.- El presidente de EU, Joe Biden, que hoy asumirá el cargo en sustitución de Donald Trump, incluirá entre sus primeras órdenes ejecutivas el regreso a la Organización Mundial de la Salud (OMS) y al Acuerdo de París contra el cambio climático. 

Impulsar la igualdad, la justicia racial y la defensa de las minorías, así como poner freno de manera inmediata a la construcción del muro fronterizo con México son los objetivos de otras medidas que, en forma de órdenes ejecutivas, directrices, memorandos o cartas, adoptará Biden una vez asuma la presidencia, dentro de tan solo unas horas. 

Así se recoge en un comunicado difundido por el equipo de transición, donde se precisa que la nueva Administración suspenderá además el veto de entrada a residentes de ciertos países musulmanes. 


Ayuda económica a las familias más necesitadas; refuerzo de la lucha contra la pandemia del coronavirus y de la crisis económica derivada de aquélla, figuran también en la larga lista de las que serán las primeras medidas de Biden, dirigidas "no solo a revertir los graves daños de la Administración Trump, sino también a empezar a que el país avance". 

Sobre la OMS, el nuevo presidente quiere volver a cooperar con este organismo, que considera "fundamental" para coordinar la respuesta internacional al Covid-19, y "hacer que los estadounidenses y el mundo estén más seguros". 

Biden reestructurará el Gobierno para coordinar una respuesta nacional unificada a la pandemia y firmará una orden ejecutiva por la que se creará el puesto de Coordinador de Respuesta al coronavirus, un alto funcionario que despachará directamente con el presidente. 


En el ámbito de la política ambiental, el nuevo titular de la Casa Blanca firmará hoy mismo un documento para la reincorporación de EU al Acuerdo de París, así como una orden ejecutiva dirigida a abordar el cambio climático que promueva la justicia ambiental. 

La nota de su equipo de transición dice que se trata de iniciativas dirigidas a cumplir las promesa que Biden hizo a los estadounidenses en su campaña electoral.

agv

martes, 19 de enero de 2021

Vacuna contra el coronavirus: la OMS advierte que el mundo está al borde de un "fracaso moral catastrófico"

Varios países han comenzado ya con la vacunación masiva de su población.


Las vacunas anticovid, la gran esperanza para acabar con la pandemia, no están llegando a todos.


El director general de la Organización Mundial de la Salud (OMS), Tedros Adhanom Ghebreyesus, advirtió este lunes de la enorme desigualdad en la distribución de la vacuna contra el SARS-CoV-2 y alertó de graves consecuencias.


"Debo ser franco: el mundo está al borde de un fracaso moral catastrófico, y el precio de este fracaso se pagará con las vidas y el sustento de los países más pobres", alertó Tedros en el discurso de apertura del Comité Ejecutivo de la OMS, que se reúne a lo largo de los próximos nueve días.


El máximo responsable de la OMS consideró que no es justo que gente sana y joven en naciones ricas acceda a la vacuna antes que grupos vulnerables en países más pobres.


Como ejemplo, explicó que se habían distribuido alrededor de 39 millones de dosis de la vacuna anticovid en 49 de los países más ricos, en comparación con tan solo 25 dosis en una nación pobre.










Hasta este enero, China, India, Rusia, Reino y Estados Unidos han desarrollado vacunas contra el coronavirus, y otras han sido desarrolladas por equipos multinacionales, como la de Pfizer, una colaboración germano-estadounidense.


Casi todas estas naciones han priorizado la distribución a su propia población.


FUENTE DE LA IMAGEN,REUTERS
Pie de foto,

Una trabajadora sanitaria muestra la vacuna rusa que se suministra en Argentina.


El máximo responsable de la OMS consideró que la estrategia del "yo, primero" será contraproducente ya que hará que suban los precios y llevará a la acumulación de vacunas.


"Al final, estas acciones tan solo prolongarán la pandemia, las restricciones necesarias para contenerla y el sufrimiento humano y económico", añadió.


El jefe de la OMS pidió un compromiso pleno con la plataforma COVAX, coordinada por la OMS para garantizar un acceso equitativo de las vacunas en los países en desarrollo con ayuda financiera de los países desarrollados, que está previsto que empiece a funcionar el mes que viene.



"Reto a todos los estados miembros a que garanticen que, para el Día Mundial de la Salud el 7 de abril, las vacunas contra la covid-19 estén siendo administradas en todos los países, como símbolo de esperanza para superar tanto la pandemia como las desigualdades que están en la raíz de tantos desafíos globales de salud".


Hasta este enero, más de 180 países se habían unido a la iniciativa COVAX. Su objetivo es unir a los países en un bloque para que tengan mayor poder a la hora de negociar con las farmacéuticas.


Un total de 92 países -todos ellos de ingresos medios o bajos- adquirirán las vacunas a través de un fondo patrocinado por donantes.


"Hemos conseguido 2.000 millones de dosis de cinco productores, con opción a 1.000 más, y esperamos empezar con la distribución en febrero", dijo Tedros.



Pese a las desigualdades, el director general consideró que aún no es tarde para revertir la situación.


"Hago un llamado a todos los países para que trabajen conjuntamente para garantizar que en los primeros 100 días de este año, la vacunación de los trabajadores sanitarios y las personas mayores esté en marcha en todos los países".



El mes pasado, la Alianza Vacuna del Pueblo, una red de organizaciones que incluye a Amnistía Internacional, Oxfam o Justicia Global Ahora, denunciaron que los países ricos estaban acumulando dosis de vacunas anticovid y alertaron que las personas de países pobres se quedarían atrás.


La coalición señaló que cerca de 70 países de bajos ingresos tan solo podrían vacunar a una de cada 10 personas.


FUENTE DE LA IMAGEN,GETTY IMAGES
Pie de foto,

Conseguir una vacuna con efectividad probada no es suficiente para detener la pandemia, pues hará falta garantizar su distribución.


Canadá, en concreto, fue muy criticada; la coalición denunció que el país había pedido suficientes dosis de vacunas como para proteger a cada canadiense unas cinco veces.


En diciembre, la ministra de Desarrollo Internacional de Canadá, Karina Gould, rechazó las acusaciones de que el país estuviera acumulando vacunas y señaló que cualquier debate sobre un excedente era algo "hipotético" ya que las dosis no se habían entregado.


Gould aseguró que Canadá estaba destinando US$380 millones para ayudar a países en desarrollo en su lucha contra la covid-19.



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Fuente:bbc.com

lunes, 18 de enero de 2021

Uruguay: 2021 de pandemia: detener el mundo y liberar la creatividad

 


por Adriana Goñi en Posturas


Cuando todos pensaban que el verano traería serenidad y la vacuna restablecería las condiciones previas velozmente, las últimas semanas han demostrado que no se puede vivir aislados de lo que sucede. Los números de contagios crecen y un halo de incerteza comienza a cubrir 2021. Si bien Uruguay ha caminado en 2020 a contramano del resto del mundo, mostrando las tasas más bajas de contagios de la región, y muchas personas han trabajado arduamente para eso y otras están sufriendo graves consecuencias por sus efectos, las discusiones de fondo sobre las transformaciones que tenemos que iniciar como sociedad a partir de la devastadora evidencia de la pandemia aún están pendientes.

En este año que recién inicia, necesitamos estar concentrados y mostrarnos más lúcidos que nunca si queremos escuchar el malestar profundo que ya teníamos como sociedad y que se ha agravado con la pandemia. Comprender las rápidas reconfiguraciones de poder, discursos y alianzas internacionales, que aún se ven claramente, pero que luego serán aceptadas y metabolizadas en la organización de la vida cotidiana. Será un año que necesitará unir las batallas de los oprimidos y construir entre todos un sentimiento común que nos permita visualizar, nombrar y empezar a actuar coordinados hacia un horizonte distinto del que se está proclamando como la única opción.

Por un lado, se propone the great reset, el gran ajuste, es decir, el “giro ético del capitalismo”. Así lo llama el primer número de The Time del año junto al Foro Económico Mundial, convocando a pensadores que llenan páginas sobre un nuevo capitalismo: verde, que incorpora el valor social, que apunta a la revolución del comercio en línea, que propone construir ciudades adaptadas al cambio climático, una industria tecnológica de punta, entre otras propuestas.

Sin embargo, la novedad que ha evidenciado la pandemia es la gran inyección de recursos que se le solicita a los estados, es decir que la reconversión del capitalismo la pagaremos entre todos. Esto ya sucedía antes de la covid-19. Un ejemplo claro es lo que en Europa se llama el Green New Deal, que parte de la idea de confeccionar un paquete de programas y políticas con fondos públicos que cumplan con el compromiso europeo para alcanzar los objetivos de la COP21 de reducir el impacto del sistema industrial en el ambiente. Esto responde a la profunda crisis ecológica y social del modelo, y debería redireccionar la economía a ser sostenible y generar trabajo, con una inversión de dinero público hacia las empresas europeas, colocándolas a la vanguardia en áreas que otros países y continentes no hubieran aún explorado. La reconversión a energías no fósiles es fundamental, pero claramente por sí sola no cambia las formas de acumulación del capital, ni el extractivismo de materias primas, o el trabajo precario y la concentración de la propiedad de los medios de producción, entre otros factores.

Todo parece apuntar a que el capitalismo no se rinde frente a una de sus crisis más importantes. Según los datos del “Global Wealth Report 2020”, de Credit Suisse, sólo 15 empresas transnacionales controlan 50% de la producción mundial, y si esto no bastara para entender que tanto el viejo como el nuevo capitalismo responden a la acumulación por desposesión, el mismo informe nos confirma que al día de hoy 1% de la población posee 43,4% de la riqueza global. Entonces, se puede decir que no hay nada de nuevo en estas propuestas “transformadoras”, aunque utilicen en el discurso los términos “revolución”, “innovación” o “reinventar el capitalismo poscovid-19”.

Una gran parte de la batalla se da en el imaginario, y la crisis del consumo ha sido profunda. Un claro ejemplo son las subvenciones directas al consumo por primera vez en países como Italia: es decir, dar dinero a las familias para comprarse alimentos y aparatos electrónicos, para utilizar medios de transporte, para irse de vacaciones, para contratar niñeras/os que les permitan seguir trabajando. Los miedos eran al menos dos: que uno de los componentes más importantes de la cadena de la producción de masas, los consumidores, se quebrara; y arriesgarse a que la ilusión de una vida construida sobre el consumo superficial tuviera una crisis profunda, y tendiera a interrogarse en lo más íntimo si era realmente necesario ese estilo al precio de destruir el planeta y causar la muerte de los seres queridos.

La novedad que ha evidenciado la pandemia es la gran inyección de recursos que se le solicita a los estados, es decir que la reconversión del capitalismo la pagaremos entre todos.

Entonces, el debate pendiente en Uruguay, pasadas las elecciones, y tomando nosotros también la pandemia como excusa refundacional de un diálogo entre toda la sociedad, debería ser retomar las preguntas que nos hicimos el 13 de marzo de 2020, cuando nos sorprendíamos por el encierro y por el aparente colapso de todo lo conocido.

En ese momento nos encontramos entre varios colectivos y personas preocupadas por afrontar de manera colaborativa los desafíos que se presentaban, se multiplicaron plataformas virtuales de apoyo a iniciativas ciudadanas creativas que daban respuestas autoorganizadas a los desafíos sociales y económicos del aislamiento voluntario. Nos preguntamos qué hacer con la alimentación y surgieron las ollas populares, se reforzó el Mercado Popular de Subsistencia, nacieron plataformas de distribución del movimiento de agroecología y de la agricultura familiar y consumo crítico, entre otras.

Luego, la pandemia pareció alejarse, los casos se controlaron. Las ollas populares y los movimientos de base siguieron firmemente con la autoorganización y las redes de apoyo indispensables, dada la situación de vulnerabilidad. Otros adoptaron, con un enorme esfuerzo, los protocolos en el trabajo y el “encierro” en las relaciones permitidas, las burbujas, que se han vuelto la única certeza en que nos movemos. Pero la mayor parte de la población siguió con una vida en la “nueva normalidad”, en que el virus parecía un telón de fondo de una película que observamos pasivamente, sin poder liberar nuestras energías para mejorar nuestras condiciones en lo cotidiano.

Esta tensión omnipresente y desorientadora de la crisis de la covid-19 genera sobre todo, como señala la filósofa italiana Federica Giardini, una condición de incerteza, una tensión afectiva, pasional, del humano en fase de crisis que observa la distensión temporal de la propia existencia, es decir, el no saber cuándo será la salida de esa incerteza que condiciona el sentido del futuro. No nos alejamos mucho de lo que Hobbes identificó como el anhelo de seguridad, aunque este fuera concedido a cambio de una obediencia silenciosa. Es un cambio de perspectiva relevante. Más que el miedo, que parece evocar una reacción a una causa, la incerteza –entendida como un afecto aún más elemental– nos habla de desorientación, de pérdida de control, de incógnitas.

Un miedo sin agresiones. La incerteza es la señal afectiva de la experiencia de elementos, causas, sujetos, circunstancias que no podemos controlar con nuestra voluntad. En un mundo que acentúa el individualismo, el éxito o el fracaso personal, el sentimiento de desorientación es doble, y el capitalismo nos ofrece “certezas” para volver a tener ese control individual sobre nosotros y nuestro futuro. Seguir creyendo en él, al costo del sacrificio actual de nuestra libertad para soñar y construir mundos distintos, al costo de buscar “culpables” entre nosotros, en una “guerra de todos contra todos” que no nos permite ver la necesidad de colaborar, sería, además de peligroso, una ocasión desperdiciada.

Las alternativas existen. En 2020 hubiera tenido lugar el Primer Foro Mundial de Economías Transformadoras en España, en que las redes de emprendimientos cooperativos de todo el mundo buscaban afianzar la narración de un nuevo modelo emergente. En 2019, el informe del World Cooperative Monitor reportaba un crecimiento en los sectores de la agricultura y el comercio del mundo cooperativo. A nivel mundial, las cooperativas cuentan con más de 1.000 millones de socios, en una población mundial de 7.700 millones, según el último informe al respecto de las Naciones Unidas. Las cooperativas generan 100 millones de empleos, pero además en estos datos no se considera el mundo asociativo sin fines de lucro, el activismo, la agricultura familiar, así como las redes de cuidados no formales y otras formas de cooperación que cuidan el planeta, mantienen la diversidad cultural y desarrollan actividades productivas y de consumo responsable.

¿Qué sacudón debería darnos el inicio de un año nuevo? Los meses que tenemos por delante necesitan un radical cambio de actitud respecto de las formas en que se ha afrontado hasta ahora la emergencia sanitaria y económica. Esto significa que al inicio del año deberíamos profundizar las discusiones iniciadas el 13 de marzo de 2020, pensando en cómo convivir con la covid-19, con esta enfermedad limitante, pero hoy conscientes y decididos a no renunciar a construirnos una calidad de vida para lo que debería ser un hito en una transición larga hacia otros modelos.

Necesitamos un nuevo slogan. En 2020 fue “quedate en casa”, que, como forma radical de demostrar la importancia y gravedad del contagio y el posible colapso de los sistemas de asistencia médica, era el mensaje más apropiado. Pero para 2021, tal vez “cuidémonos y actuemos juntos hacia la transición” es la actitud que necesitamos para aliviar el sufrimiento que crea el sentimiento de incerteza e impotencia actual y para liberar energías, asociarnos con otros, recobrar la calidad en cada ámbito de nuestras vidas y caminar hacia horizontes compartidos de reconversión ecológica y social.

Adriana Goñi es doctora en Urbanismo, profesora adjunta del Instituto de Teoría y Urbanismo de la Facultad de Arquitectura, Diseño y Urbanismo de la Universidad de la República.

martes, 5 de mayo de 2020

Enfrentaremos peores pandemias si no protegemos la naturaleza.

Imagen: Shutterstock.com

por Josef Settele, Sandra Díaz, Eduardo Brondizio y Dr. Peter Daszak. 

Los humanos son la única especie responsable de la pandemia de COVID-19, aseguran prestigiosos científicos.

NHM, 3 de mayo, 2020.- Un artículo describe cómo el abuso del mundo natural por parte de la humanidad ha causado una "tormenta perfecta", permitiendo que patógenos mortales se propaguen por todo el mundo.

El documento publicado por la Plataforma Intergubernamental Científico-normativa sobre Diversidad Biológica y Servicios de los Ecosistemas (IPBES), advierte que podría haber algo aún peor en camino: enfrentarnos a pandemias más frecuentes a menos que abordemos las causas profundas de ésta, que ya ha afectado a millones de personas en todo el mundo.

Nuestra mala relación con la naturaleza

La IPBES es un grupo global que estudia la biodiversidad o la variedad de vida en la Tierra. Respaldada por las Naciones Unidas, examina cómo interactúan los humanos y la naturaleza y hace recomendaciones a los gobiernos sobre cómo ambos pueden prosperar.

Varios científicos del Museo trabajan junto a expertos de la IPBES, que incluso en un informe histórico en 2019 advirtió que los humanos enfrentaremos graves consecuencias si continuamos ejerciendo presión sobre los recursos naturales.

Se descubrió que la salud de los ecosistemas de los que todos dependemos se está deteriorando más rápidamente que nunca debido a cómo los humanos explotan y contaminan la naturaleza.


Uno de los mayores problemas que enfrentamos es la cantidad de superficie de la Tierra destinada a la producción de alimentos. Más de un tercio de la superficie terrestre del mundo y casi el 75% de los recursos de agua dulce ahora se dedican a la producción agrícola o ganadera, lo que reduce los lugares silvestres de la Tierra y presiona a las especies nativas. 

Ahora, los colegas han dado seguimiento aquella advertencia anterior y han echado la culpa de la crisis del COVID-19 a la puerta de los sistemas capitalistas globales que priorizan el dinero sobre el bienestar humano.

Según el informe de 2020 de cuatro investigadores líderes en biodiversidad, "enfermedades como COVID-19 son causadas por microorganismos que infectan nuestros cuerpos, con más del 70% de todas las enfermedades emergentes que afectan a las personas originadas en la vida silvestre y los animales domésticos".

Sin embargo, las pandemias son causadas por actividades que ponen en contacto directo a un número creciente de personas y, a menudo, entran en conflicto con los animales que portan estos patógenos.

"La deforestación desenfrenada, la expansión incontrolada de la agricultura, la agricultura intensiva, la minería y el desarrollo de infraestructura, así como la explotación de especies silvestres han creado una 'tormenta perfecta' para la propagación de enfermedades desde la vida silvestre a las personas".

Uno de los mayores problemas que enfrentamos es la cantidad de superficie de la Tierra destinada a la producción de alimentos. Más de un tercio de la superficie terrestre del mundo y casi el 75% de los recursos de agua dulce ahora se dedican a la producción agrícola o ganadera, lo que reduce los lugares silvestres de la Tierra y presiona a las especies nativas. 

También obliga a los animales salvajes a acercarse aún más a los humanos, por lo que es cada vez más probable que las enfermedades hagan el salto entre los dos.


Sin embargo, los científicos advierten que, incluso a medida que se reactiven las economías, las regulaciones ambientales deben ser prioritarias en todas las listas de prioridades de los gobiernos. 

El pensamiento actual es que es probable que el comercio no regulado de animales salvajes haya sido el catalizador de la pandemia de COVID-19, que comenzó en un mercado de animales vivos. 

Los científicos aún no están seguros de qué especie transmitió el virus a los humanos, pero es cierto que la forma en que tratamos a los animales juega un papel importante en cómo comienzan y se propagan las enfermedades contagiosas.
La amenaza permanece

El COVID-19 puede ser solo el comienzo, ya que el informe advierte que "es probable que las futuras pandemias ocurran con mayor frecuencia, se propaguen más rápidamente, tengan un mayor impacto económico y maten a más personas si no tenemos mucho cuidado con los posibles impactos de las elecciones que tenemos que hacer hoy".

Los gobiernos de todo el mundo ya están considerando cómo reparar parte del daño que el COVID-19 ha causado.

Sin embargo, los científicos advierten que, incluso a medida que se reactiven las economías, las regulaciones ambientales deben ser prioritarias en todas las listas de prioridades de los gobiernos. 

Sostienen que en lugar de apresurarse a entregar paquetes de rescate a industrias perjudiciales, los gobiernos deberían encontrar una manera de equilibrar el crecimiento económico y mantener a sus ciudadanos a salvo de daños.

Se sugiere un enfoque de "una sola salud", en el que los gobiernos reconocen que la salud de la humanidad depende de un medio ambiente saludable.

Y concluye: "Podemos reconstruir mejor y salir de la crisis actual más fuertes y resistentes que nunca, pero hacerlo significa elegir políticas y acciones que protejan la naturaleza, para que la naturaleza pueda ayudar a protegernos.

Lea el artículo completo en el sitio web de IPBES. Fue escrito por Josef Settele, Sandra Díaz, Eduardo Brondizio (copresidentes del Informe de Evaluación Global IPBES 2019 sobre Biodiversidad y Servicios de Ecosistemas) y el Presidente de EcoHealth Alliance, Dr. Peter Daszak. Los científicos del Museo de Historia Natural no estuvieron involucrados.
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