martes, 2 de febrero de 2010

Vender el alma por una necesidad



La deserción del pueblo

El mayor mal a erradicar si queremos vivir con esperanza.

Por Josep Castelló.
Barcelona, España. UE.

Es más fácil someter a un pueblo que engañarlo. El alma humana intuye la verdad aunque no la conozca, y tan fuerte o más que el deseo de libertad lo es el de verdad.

Otra cosa es cuando el engaño es consentido, cuando por el motivo que sea el engañado se convierte en cómplice del engañante, pero en tal caso ya no debemos hablar de engaño sino de sumisión.

El engaño consentido es una forma como otra cualquiera de venderse el alma, de ceder la propia libertad a cambio de algo que se necesita, se aprecia o se desea. Y las personas, y por extensión los pueblos, tenemos muchas y muy diversas necesidades y deseos, condición que aprovechan los tiranos para someternos.

Clérigos y políticos han recurrido durante siglos al engaño consentido para estabilizar sus dominios. Sabedores de que no hay cadena mejor que la forjada en la mente del preso, han centrado sus empeños en hacer creer al pueblo que eso que les ofrecían era el mejor bien que podían lograr. Y así han conseguido que aceptasen su oferta y diesen libertad a cambio de subsistencia y aun de vida, pues a fuego y a espada se impusieron las ideologías y las creencias.

Tal es el caso de la imposición religiosa que los imperios hicieron a los pueblos sometidos. Junto a la esclavitud la religión, y así, seguir con vida a cambio de someterse iba acompañado de la promesa de felicidad en el más allá si aceptaban de corazón la esclavitud impuesta. Un regalo como de oferta, un dos por uno al modo de las rebajas que ofrecen los grandes almacenes.

Y también es éste el caso de los políticos, cuando entre rumores de sable ofrecieron libertades democráticas y redactaron constituciones “consensuadas” a pueblos oprimidos, las cuales esgrimen ahora como principios inamovibles y absolutos.

Pero tarde o temprano el engaño se derrumba, se silencian los sables y se clausuran los infiernos, y el pueblo engañado se va desengañando día a día y acaba volviéndose de espaldas al mentiroso, tanto si éste es político como clérigo. Y así se van quedando cada vez más vacías las iglesias y las urnas.

El problema, lo grave, es que el pueblo reacciona en negativo: ante las mentiras eclesiásticas, se torna materialista y frívolo, y ante las de los políticos se torna indiferente y deja que los locos de turno lleven el mundo por donde les dé la gana. No es sabio ese corte de mangas, esa indiferencia, ese lavarse las manos en cosas que conciernen a todo el mundo, sino una irresponsabilidad grave que vamos a pagar muy cara. Más todavía de lo que la estamos ya pagando.

Pero no podemos culpar al pueblo de esta deserción, de esta renuncia a sus obligaciones y derechos, porque ella es consecuencia del trato recibido y del que se le está dando, tanto en el orden civil como en el religioso. Políticos y clérigos coinciden en verlo como objeto en vez de tomar en cuenta su condición de sujeto. Para poder utilizarlo sin problemas lo instruyen a su modo y conveniencia, despersonalizándolo, deshumanizándolo, objetivizándolo durante todo el proceso educativo, llámesele a éste educación civil o catequesis. De modo que es ahí, en lo más alto, donde se halla la responsabilidad de tanto desatino.

El pueblo es la base de todo cuanto se hace en este mundo. Para bien y para mal, el pueblo es quien actúa, ora en dócil rebaño, ora en estampida incontrolable. Políticos y jerarcas no son nada sin él, ni pueden nada, ni van a lograr nada sino hundirnos. Tan sólo la conciencia del pueblo puede salvar al mundo del desastre hacia el cual nos abocan los locos que gobiernan.

Hay que respetar al pueblo para que recupere su conciencia. Hay que construir personas responsables ya desde la escuela, desde el parvulario hasta el final del secundario. La dimensión humana es la esencia de nuestra naturaleza, pero no crece si no se la cultiva.+ (PE)

Nota. Este artículo es integrante de una serie de notas de Josep Castelló englobadas en título genérico “Otro Mundo es Posible, Otra Educación es Necesaria” Ver PreNot 8661 del 100118 Sentir, pensar, creer….

PreNot 8702
100202

Fuente:
http://www.ecupres.com.ar/noticias.asp?Articulos_Id=4282
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