martes, 28 de mayo de 2019

Guatemala: Guerreras mayas de la luz.



Ollantay Itzamná

Thelma Cabrera, de 49 años de edad, y Vicenta Jerónimo, de 47 años, son dos mujeres, madres y abuelas, maya mam. Defensoras autodidactas, forjadas en las luchas de las comunidades en resistencia por la nacionalización de la energía eléctrica en Guatemala. Auténticas guerreras de la luz, en un país bendecido por el sol tropical, pero sumido en una eterna tiranía de la oscuridad.

Ambas mujeres fueron y son los pilares fundamentales del movimiento social Comité del Desarrollo Campesino (CODECA), pero con un perfil mediático muy sutil.

Ahora, ambas como candidatas a la Presidencia y a Diputada, respectivamente, desde el Movimiento para la Liberación de los Pueblos (MLP), disputan el poder a los ricos, en un país pensado y organizado para el gobierno de varones blancos y ricos.

Conocí a ambas defensoras en el año 2012, desde entonces, las acompañé en el sendero luminoso de las resistencias comunitarias en defensa de sus territorios, y por la recuperación de sus bienes privatizados.

Ellas, junto a cientos de comunidades organizadas en resistencia, vejadas por empresas transnacionales, desde hace más de una década gritan a voz en cuello: “La energía eléctrica es un derecho humano fundamental. No una mercancía. Nacionalizarla es nuestro deber”. Pero, en la Guatemala oficial pudo más la estridente guerra mediática contra este movimiento que los terminó desprestigiando, criminalizando, y asesinando a sus integrantes. Pero, jamás fueron derrotados.

Las distribuidoras de electricidad, ENERGUATE y EEGSA, junto a la fiscalía contra CODECA (contra el hurto de electricidad), enjuició penalmente a Vicenta Jerónimo, por cuatro años, por delitos de “instigación a delinquir”, “actividades contra la seguridad interna de la nación”…. Pero, en 2018, fue absuelta, junto a otro defensor de derechos de CODECA. Vicenta organizó a la mayor cantidad de comunidades actualmente en resistencia en los territorios del suroriente del país.

Thelma Cabrera, como Presidenta, dirigió por varios años al movimiento CODECA, en especial en la época más difícil de criminalización y persecución que vivió este movimiento, hasta convertirla en el movimiento indígena campesino más potente de alcance nacional. Con hidalguía acompañó personalmente todos los entierros de defensores asesinados en los territorios. Jamás titubeó en señalar públicamente a los responsables de los asesinatos.

Ambas nacieron en la exclusión socioeconómica y cultural. Pero a ambas la vida las convirtió en “piedras angulares” no sólo del movimiento CODECA-MLP, sino de la nueva Guatemala que quiere existir.

A ambas se las vio en las comunidades organizar asambleas formativas comiendo aguacate y tortillas. Recorriendo palmo a palmo el territorio nacional para motivar el ejercicio y defensa de derechos colectivos e individuales, como auténticas “monjas guerreras” anunciando a los pueblos la esperada “liberación de la luz” en un país secuestrado, y en penumbras.

Si las circunstancias sociopolíticas neoliberales del país obligaron a CODECA a transitar de la agenda de la “incidencia política” a la propuesta de un proceso Constituyente Popular y Plurinacional para crear el Estado Plurinacional, también esas recargadas circunstancias hicieron de estas dos mujeres mayas unas valerosas “guerras de la luz” y “profetizas” del nuevo día que anuncia su amanecer para los pueblos de Guatemala.

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