lunes, 5 de junio de 2017

Asia margina a sus 260 millones de indígenas.

Indígenas se suman a las protestas por el derecho a la tierra en Asia. Crédito: IWGIA 

IPS, 2 de junio, 2017.- Asia alberga a 260 millones de los 370 millones de indígenas del planeta. A pesar de su gran número, equivalente a la mitad de la población combinada de Europa, es común que a estos habitantes originarios se les discrimine y nieguen sus derechos.

Con sus 4.400 millones de habitantes, Asia es una de las regiones de mayor diversidad cultural del mundo. “Los pueblos indígenas viven en todos los países asiáticos”, indicó Signe Leth, asesora del no gubernamental Grupo Internacional de Trabajo sobre Asuntos Indígenas (IWGIA, en inglés), a IPS.

Sin embargo, los pueblos originarios asiáticos se enfrentan a problemas como el rechazo a su autodeterminación, la pérdida de control sobre sus tierras y recursos naturales, la discriminación y marginación, la fuerte presión de asimilación y la represión violenta por las fuerzas de seguridad del Estado.

“Varios países tienen legislaciones que, en cierta medida, protegen los derechos de los pueblos indígenas, como Filipinas, India y Nepal”, informó Leth. “Sin embargo, estos derechos son sistemáticamente diluidos, y a menudo sencillamente ignorados o anulados”, añadió.

Al preguntársele sobre los conocimientos de los indígenas asiáticos y su contribución como custodios y protectores de la naturaleza, la experta del IWGIA explicó que los pueblos originarios luchan contra la degradación forestal, protegen la biodiversidad y llevan una vida sostenible con respeto a su entorno.

“Pero a menudo luchan contra fuerzas muy poderosas que procuran sacar provecho de sus territorios, e incluso pagan con sus vidas”, destacó.

El IWGIA, con sede en Copenhague, presentó el 25 de abril su informe en inglés El mundo indígena 2017, dedicado a la situación mundial de los habitantes originarios, con motivo del décimo aniversario de la Declaración de las Naciones Unidas sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas.

Signe Leth.

El informe, cuya elaboración recibió más de 70 aportes de todo el mundo, se dio a conocer durante la 16 sesión del Foro Permanente de las Naciones Unidas para Cuestiones Indígenas, celebrado del 24 de abril al 5 de mayo en la sede de la ONU en Nueva York.
Las “tribus programadas” de India

En India hay 461 grupos étnicos a los que oficialmente se les denominan “tribus programadas”, que son consideradas los pueblos autóctonos del país, según el IWGIA.

En India continental a las tribus programadas se las conoce como adivasis, que quiere decir pueblos indígenas. Con una población estimada de 84,3 millones, comprenden 8,2 por ciento del total de habitantes del país.

“Hay, sin embargo, muchos más grupos étnicos que calificarían para el estatus de tribu programada pero que no son reconocidos oficialmente. Se calcula que el número total asciende a 635 grupos tribales”, añade el informe.

La mayor concentración de indígenas se encuentra en los siete estados del nordeste indio y el llamado “cinturón tribal central”, que se extiende desde Rajastán hasta Bengala Occidental.

“India tiene una larga historia de movimientos de pueblos indígenas dirigidos a afirmar sus derechos”, señala el IWGIA.

Este gigante asiático tiene varias leyes y disposiciones constitucionales, tales como el Quinto Programa para India continental y el Sexto Programa para ciertas áreas del noreste del país, que reconocen los derechos de los pueblos indígenas a la tierra y el autogobierno.

“Sin embargo, las leyes destinadas a proteger a los pueblos indígenas tienen numerosas deficiencias y su aplicación está lejos de ser satisfactoria”, precisa el informe.

El IWGIA también recuerda que el gobierno indio votó a favor de la Declaración de las Naciones Unidas sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas en 2007.

“No obstante, no considera el concepto de ‘pueblos indígenas’, ni por lo tanto la Declaración… como aplicable a la India”, agregó.
Pueblos indígenas en China

Mientras tanto, China se proclama oficialmente un país unificado con una composición étnica múltiple, y todos los grupos étnicos son considerados iguales ante la ley, señala el capítulo chino del informe. Además de la mayoría china Han, el gobierno reconoce a 55 minorías étnicas dentro de sus fronteras.

Según el sexto censo nacional de 2010, la población de minorías étnicas ascendía a 113.792.211 personas, o 8,49 por ciento del total del país.

“Sin embargo, todavía hay ‘grupos étnicos no reconocidos’ en China, con un total de 734.438 personas, según el censo de 2000. La mayoría de ellos viven en las regiones suroccidentales de Guizhou, Sichuan, Yunnan y Tíbet”, indica el informe.

Los grupos de minorías étnicas reconocidos oficialmente tienen derechos protegidos por la Constitución, lo que incluye el establecimiento de regiones autónomas, del autogobierno local y el derecho a su propia lengua y cultura.

“Las regiones autónomas étnicas” constituyen alrededor de 60 por ciento del territorio chino.
El término “Pueblos indígenas”

De todas maneras, el gobierno chino no reconoce el término “pueblos indígenas” y los representantes de las minorías étnicas no se identifican a sí mismos como indígenas. Rara vez han participado en reuniones internacionales relacionadas con temas de los pueblos originarios, aclara el capítulo sobre China del informe del IWGIA.

“Por lo tanto, no se ha establecido claramente cuáles de los grupos étnicos minoritarios de China deben ser considerados como pueblos indígenas”, añade.

“El gobierno chino votó a favor de la Declaración de las Naciones Unidas sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas pero, antes de su adopción, ya había declarado oficialmente que no había pueblos indígenas en China, lo que significa que… la Declaración… no se aplica” al país más poblado del mundo, según el informe.

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Traducido por Álvaro Queiruga
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IMPORTANTE: Esta nota ha sido reproducida previo acuerdo con la agencia de noticias IPS. En este sentido está prohibida su reproducción salvo acuerdo directo con la agencia IPS. Para este efecto dirigirse a: ventas@ipslatam.net

Fuente: Servindi

domingo, 4 de junio de 2017

La Iglesia y las CEBs .



Eduardo Hoornaert

Las CEBs (Comunidades Eclesiales de Base) emergen al inicio de la década de 1970. No pretenden ser la única forma legítima de constituirse en Iglesia, sino que expresan las intuiciones fundamentales de la Iglesia de los Pobres del Papa Juan XXIII y de la opción por los pobres de Medellín. Por consiguiente, constituyen un desafío al catolicismo en general en todos los países. La historia ya demostró que ellas son visibles, aunque lidien con contradicciones externas e internas. A lo largo de 40 años de experiencia, las CEBs cargan consigo cuestionamientos más o menos explicitados, más o menos visualizados por las participantes. Cuestionamientos que aguardan una base teórica. En esa línea se sitúa mi colaboración. Presento a continuación algunos comentarios históricos que se relacionan a tres cuestionamientos que, así pienso, están en el horizonte de la reflexión de las CEBs. El primero trata de la comprensión profética de la pobreza; el segundo de la religión y el tercero del sacerdocio.

Cuestionamientos acerca de la comprensión profética de la pobreza.

Por causa de muchos siglos de falta de explicitación del compromiso con los pobres por parte de la oficialidad eclesiástica, el cristianismo fue perdiendo la comprensión bíblica y profética de la pobreza. Eso proviene básicamente del hecho de que los grandes intelectuales del primer milenio de la tradición cristiana, los llamados Padres de la Iglesia, practicaron una “lectura griega” de la Biblia.

La Biblia fue elaborada dentro de un tipo de pensamiento que no es el nuestro, el pensamiento semita. El Nuevo Testamento, a su vez, aunque redactado en griego, sigue fundamentalmente un modo de pensar semita. De ahí la importancia de tener una idea de cómo la cultura semita encara el cuerpo y, por consiguiente, la pobreza.

Los semitas no establecen una distinción entre cuerpo y alma. En la Biblia hebrea, dos términos expresan al ser humano: basar y nefesh. Esos términos forman un binomio, o sea, deben ser entendidos en forma correlativa, ya que expresan dinámicas del ser humano que funcionan en conjunto.

El término basar, que la Setenta (traducción griega) traduce por sarks, la Vulgata (traducción latina) por caro y las lenguas modernas por: carne, chair, flesh, cobre en hebreo una gama de sentidos, como cuerpo, piel, carne para el consumo, consanguinidad, parentesco. Ese término nunca es aplicado a Dios (contrariamente al término nefesh que presento a continuación). Aunque acentúe los aspectos frágiles, provisorios y vulnerables del ser humano, sujeto a dolencias, sufrimientos, infortunios y muerte, el término no tiene un sentido negativo.

El término nefesh posee igualmente una amplia gama de significados: vida, respiración, perfume, olor, deseo, fuerza, vitalidad. Expresa el elemento dinámico de la persona humana. Puede significar garganta (órgano de hambre y sed), canal de respiración, fuerza de vida (cuando Raquel muere, su nefesh sale de ella: Gn.36,18), la respiración difícil de la mujer en trabajos de parto (Jr.4,31), el deseo de comida y bebida, el deseo sexual. Hambre, sed, sufrimiento, deseo (inclusive sexual), respiración, alimentación, todo es atribuido a nefesh. La mejor traducción de ese término tal sea “vida” y, en la descripción de la relación con Dios, “deseo”.

El problema que nos ocupa aquí reside en el hecho de que la Setenta traduce el término nefesh por “psique”, la Vulgata por “alma” y las lenguas modernas por: alma, âme, soul, seele, y que en el recorrido de esas traducciones consecutivas, principalmente a partir del siglo III d.C., el término psique pasa a ganar un significado derivado de la filosofía neoplatónica. El nefesh desaparece del horizonte y la psique platónica entra y ocupa el centro de la escena, donde permanece por largos siglos. Hoy lo que entendemos por alma pasa lejos del sentido originario de nefesh. Cuando la Setenta traduce 754 veces nefesh por psique, eso deorienta a comentaristas menos avisados y piensan en la oposición entre espiritualidad y materialidad, cuerpo y alma; o sea, practican una lectura griega (léase platónica) de la Biblia. Traducir nefesh por alma, âme, soul, seele, sin el debido cuidado, es leer la frase bíblica en un sentido equivocado. Lo importante para quien pretende leer la Biblia correctamente hoy día, consiste en restituir al término “alma” el contenido corporal que tiene en los escritos bíblicos.

¿Cómo la lectura griega de la Biblia llegó a penetrar en las reflexiones de los Padres de la Iglesia? 

Históricamente la cuestión se dio de la forma siguiente. En el transcurso del siglo III, la sociedad romana intelectualizada por medio de Plotino se adhirió macizamente a la antropología de Paltón, basada en la idea de una distinción entre cuerpo (soma) y alma (psique), materia y espíritu. Los pocos intelectuales cristianos (los Padre de la Iglesia), deseosos de acompañar la evolución intelectual de su tiempo, pasan a seguir la filosofía neoplatónica sobre el cuerpo, lo que establece una confusión intelectual de larga duración en la tradición de Jesús. En los escritos de esos Padres aparecen temas como: abyección de la carne (léase: el abandono de cuestiones sociales), elevación del espíritu, comunicación con el cielo, o simplemente espiritualidad en oposición a materialidad. Se devalúa el universo de los cinco sentidos del cuerpo, y se habla de mortificación de los sentidos y de desprecio del mundo. Ese enfoque incide directamente en la evaluación de la pobreza en la literatura patrística. Podemos decir que hay una espiritualización del tema de la pobreza que da como resultado el ocultamiento de las dimensiones económicas, sociales y políticas de la pobreza.
El tema de la opción por lo pobres proclamado en Medellín lleva al redescubrimiento del sentido bíblico de la pobreza, superando la lectura griega. La lectura bíblica de la pobreza significa la vuelta a los profetas bíblicos que declaran que el cuerpo pobre en sí (sin consideraciones morales) es un escándalo para Dios, una situación intolerable. Gustavo Gutiérrez, en su libro Teología de la Liberación, sigue dos líneas de pensamiento bíblico acerca de la pobreza: 1. La pobreza como estado escandaloso; 2. La pobreza como infancia espiritual.

Primer punto: La pobreza como estado escandaloso.

Después de analizar brevemente los diversos términos hebreos que designan al pobre (rash, ebion, dal, anaw), Gutiérrez pasa al término grito “ptôchos”, que se encuentra 34 veces en el Nuevo testamento. El pobre tiene miedo a aparecer, anda en los caminos mendigando y se oculta, al lado del ciego, mutilado, leproso, enfermo, mendigo, débil, encorvado y humillado. El hombre del campo (àmha `aretz`) es pobre, pues vive explotado por los dueños de las tierras. El libro de Job describe a ese pobre en Job 24,2-12.

Segundo punto: La pobreza como infancia espiritual.

Gutiérrez comenta una segunda línea de pensamiento en torno al pobre y la pobreza. Los términos para indicar al “pobre-escándalo” y al “pobre-espiritual” son los mismos en hebreo, pero el sentido es diferente. Aparece el plural “anawin”, cuya explicación se encuentra principalmente en los profetas Jeremías y Sofonías, ambos del siglo VII a.C. La pobreza y el sufrimiento extremo de los israelitas exiliados en Babilonia son, según Jeremías, señales de una purificación profunda, la fuente de una esperanza y de una renovación de Israel. Sólo un pequeño “resto de Israel” entiende la profecía de Jeremías, pues la mayoría rechaza su pensamiento. El profeta Sofonías (2,3) dice lo mismo: “Señor de los humildes (anawin), vosotros que cumplís sus mandatos; buscad la justicia, buscad la humildad”.

El “resto” de Israel, los humillados, oprimidos y pequeños constituyen el futuro de Israel. Ese futuro está en las criaturas espirituales, en los que se tornan pequeños y siguen las palabras de Yavhé en medio de las contradicciones. Pues Yavhé está airado con el Israel orgulloso y comprometido con los poderosos, mientras muestra simpatía por el “resto”, que persiste en la pobreza y la humildad.

Esa lectura bíblica permite a Gutiérrez interpretar las palabras del evangelio de Mateo: “Bienaventurados los pobres de espíritu” (MT.5,3) en el sentido de los anawin de Jeremías y Sofonías. Es con esa perspectiva que él, en el capítulo final de su libro, afirma que los dos puntos señalados respecto de la pobreza (pobreza-escándalo y pobreza-espiritual) llevan a un tercer punto: “pobreza como solidaridad y protesta”. Y concluye concretamente: “Optar por el pobre es optar contra el opresor”.

Resumiendo: no existe dualismo cuerpo-alma en la teología bíblica. Decir que el pobre en el cuerpo es rico en el alma o que el pobre en dinero es rico en Dios, como se dice tantas veces en ambientes cristianos, es leer la Biblia de forma incorrecta. Los textos proféticos afirman que la pobreza, independiente de consideraciones morales, es un escándalo a los ojos de Dios. En el Reino de Dios no hay pobreza. La persistencia de la pobreza constituye la más clara negación de Dios en nuestras sociedades.

Cuestionamiento acerca de la religión.

Un segundo tópico que aparece aquí, existe en la CEBs respecto a la relación entre evangelio y religión. Aquí también, la reflexión de Gustavo Gutiérrez es innovadora. Ya en 1964 decía que “el cristianismo no es una religión” e invoca teólogos como Karl Barth, Dietrich Bonhoeffer y Jonh Robinson para confirmar la frase.

La frase categórica de Gutiérrez encuentra hoy una confirmación en la reflexión de José Comblin cuando éste dice: “En la vida y funcionamiento de la Iglesia, la religión ocupa más espacio y tiene mayor importancia que el evangelio. La religión es un hecho cultural; en cuanto al evangelio, es una apelación a la acción. En la cultura occidental la religión es más determinante que el evangelio, que debería ser la fuerza de contestación y transformación de la cultura de Occidente, sobrecargada de desigualdades, injusticias y violencia. En Occidente, Jesús es más objeto de culto que modelo de seguimiento. En la Iglesia sobran ritos y ceremonias y falta la mística del seguimiento de Jesús que vino para mostrar el camino para que lo sigamos. Eso es lo básico, es el Evangelio”.

En su corazón, el cristianismo no es religión, aunque se exprese en términos religiosos. Lo que Jesús pidió a sus discípulos era seguimiento, no adoración, rezo, culto, liturgia. La mayoría de los que hoy siguen el cristianismo no están en el camino de Jesús, sino que están en el otro polo, en la religión, o sea, se dedican a la doctrina, enseñan la doctrina, defienden la doctrina contra los herejes y las herejías.

Cuestiones acerca del sacerdocio.

En el seno de las CEBs no se acostumbra a explicitar el papel del sacerdote, pero en la práctica está en curso una nueva imagen del mismo. La imagen tradicional del sacerdote que aparece en la comunidad para celebrar misa, administrar sacramentos, ejecutar ritos y liturgias, cede lugar a la imagen del sacerdote sentado en círculo, al lado de laicos y laicas, participando, escuchando e interviniendo de vez en cuando. Gustavo Gutiérrez habla del sentimiento del sacerdote de estar “fuera del mundo”, de realizar una tarea irreal y de quedarse al margen de un mundo que se construye. Gustavo señala: “Se necesita mucha serenidad para enfrentar ese problema. En este momento, la historia, tal vez, esté llamando al sacerdote a cumplir un nuevo papel”. Palabras pronunciadas en la década de 1960, que apelan a una profundización histórica.

Esbozo aquí algunas consideraciones de orden histórico que tal vez ayuden a comprender lo que está aconteciendo en las CEBs en relación a la función del sacerdote. El sacerdote que acompaña a las CEBs está rescatando la imagen antiquísima del maestro, que caracteriza el movimiento de Jesús en sus inicios. Sabemos que el movimiento de Jesús nace en oposición al sistema sacerdotal hegemónico en la religión judía de la época. En los inicios, esa tradición contaba con maestros, profetas, doctores, rabinos… nombres diversos que indican líderes no sacerdotales. Los maestros se destacaban por sus cualidades personales, no eran investidos de poder por medio de una legitimación (ordenación) por parte de alguna instancia, no recibían salario por sus servicios, ni se destacaban por alguna ropa especial. Emanados del sistema sinagogal judío, esos maestros modelaron el movimiento de Jesús, por lo menos hasta la segunda parte del siglo II. Ellos representaban el “movimiento de Jesús”, un movimiento que articulaba fuera del templo, fuera del sacerdocio levítico, fuera de los ritos y ordenamientos levíticos, un movimiento centrado en la acción concreta, en la cotidianidad de la vida.

Hasta Constantino (siglo IV) no hay distinción entre personas sagradas y profanas en el movimiento de Jesús. Todos son laicos, entre los cuales algunos destacan como maestros. El clero como clase separada del pueblo es una invención de los tiempos de Constantino. En el momento en que el clero aparece, surge el corporativismo y, con él, la idea de la religión como introducción al evangelio. Pues el sacerdote vive de la religión. Eso creó una de las contradicciones que la tradición cristiana carga hasta nuestros días. Todavía la diferencia entre religión y evangelio es fundamental en el sentido de que el evangelio se vive en la vida real, material, social, y la religión se vive en un mundo simbólico.

Todavía hoy la religión católica no abandona oficialmente el modelo de la cultura clerical romana. Eso se debe, entre otros motivos, al hecho de que la imagen del sacerdote ritualista continúa profundamente arraigada en la cultura de la Iglesia, inclusive en el imaginario de las CEBs. Todavía afloran las antiguas ordenanzas rituales del judaísmo, remanejadas o presentadas bajo nuevas formas. Aflora en el subconsciente eclesial la memoria de las preces, de los ayunos, de los días sagrados, de la imposición de manos, de los preceptos… aflora la mentalidad sacrificialista. Hoy, el sacerdote pasa todavía la mayor parte de su tiempo en la rutina de los ritos, de las misas y del acompañamiento de la religión. Se repite que “los sacerdotes de la Nueva Alianza” participan del “sacerdocio único de Jesús; celebran el Santo Sacrificio de la Misa para expiar los pecados; que Jesús murió por nuestros pecados; que Él es nuestro Redentor, nos reconcilia con Dios; es el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo; fue obediente hasta la muerte para salvarnos (de la condenación eterna) y es víctima inocente ofrecida a Dios para salvar a la humanidad del pecado…

Ese modo de hablar expresa un condicionamiento de larga duración y no se puede esperar que sea superado de un día para otro. Sólo por medio de un paciente y persistente estudio de la tradición de Jesús se lograrán resultados.

Eduardo Hoornaert

Editorial Lascasiana – Reflexión y Liberación

(Traducción Esteban Tabares)

Fuente: Redes Cristianas

sábado, 3 de junio de 2017

¿Quo vadis, Brasil?: la crisis como oportunidad.



PROCONCIL
Estimado/a amigo/a:

Esta meditación y propuesta local sobre la gravísima situación de Brasil, que hace el obispo emérito de Jales, Dom Demetrio Valentini, además del valor como reflexión que puede entrañar para la nación brasileña, bien puede ser útil para otras situaciones, en las que al vernos desbordados por la oscura realidad que emerge y que parece amenazar la paz social con justicia y dignidad, tuviéramos la tentación de huir, de buscar un lugar más seguro, o de mirar hacia otro lado, como si lo que ocurre fuera un mal inevitable, ajeno a nosotros.
Más allá de la salida concreta a nivel político que propone para el país, nos invita a tomar “el toro por los cuernos” y a sentirnos protagonistas de las decisiones que se tomen en nuestro alrededor y que afectan gravemente a los ciudadanos.
Tiene también el valor de mostrarnos cualquier crisis -por grave que sea- como oportunidad para analizar a fondo la circularidad de las causas y consecuencias de un hecho o de una situación e implicarse en la regeneración moral y práctica de una sociedad.



Quo vadis, Brasil?”.- Mons. Demetrio Valentini – Obispo Emérito de Jales

Estamos viviendo momentos decisivos para Brasil. Está en riesgo su futuro de nación soberana. Se hace urgente revertir la dinámica de deterioro de los poderes establecidos, y de la contaminación de los efectos de la corrupción que se ha tomado cuenta de las esferas gubernamentales, y que se va diseminando en la propia sociedad.
La nación quedó atónita y aterrorizada ante la revelación de actos de corrupción practicados con desenvoltura, involucrando a gobernantes y empresarios, implicando grandes sumas de recursos financieros, colocando dinero público al servicio de intereses particulares.

La gravedad mayor es percibir que la corrupción se ha convertido en asunto de conversaciones amenas entre políticos y empresarios, como si ella ya tuviera derecho de ciudadanía, y formara parte normal de la convivencia entre ciudadanos.
Ante esto, hay que superar la tentación del desánimo. Es urgente enfrentar los desafíos que se plantean ante nosotros.

Este contexto trae a la mente la conocida leyenda de Pedro huyendo de Roma, escapando de las atrocidades del emperador Nerón. Cristo intercepta el camino de la fuga. Y lanza la pregunta que vale para Brasil en este momento: “¿Quo vadis?” ¿A dónde vas, Brasil?

No es el caso de tomar el camino de la fuga. ¡Urge enfrentar los desafíos!
Con claridad se dibujan por delante dos etapas. Primero, superar el impasse en que se encuentra la actual presidencia. A continuación, realizar una amplia reforma política para refundar la nacionalidad brasileña.

En cuanto a la primera etapa, ¡vamos a ser francos! El actual gobierno no tiene más condiciones de gobernar el país. No basta con que un presidente tenga legitimidad. Es necesario que tenga un mínimo de credibilidad. Ya no tiene. Que se accionen los dispositivos constitucionales previstos para situaciones semejantes a ésta, y se proceda a la formación de un nuevo gobierno.

La segunda etapa es más compleja. En consonancia con los avances consolidados en la constitución de 1988, es necesario proceder a una amplia reforma política, que venga a sanar los equívocos que los años han ido constatando.

No podemos perder la oportunidad que nos proporciona la gravísima crisis actual. Que se presenta como la última oportunidad de Brasil de retomar su identidad histórica, de gran nación capaz de conducir soberanamente sus destinos, e insertarse con responsabilidad en el contexto de las naciones.

Las cuestiones planteadas son de tal monta que se requiere la convocatoria de una asamblea nacional constituyente, con la competencia exclusiva de hacer los cambios políticos que quedaron atascados en la constitución de 88.

Entre tantas providencias, se hace necesario revisar la representatividad del Congreso Nacional. Que carga con vicios que han sido injertados desde el tiempo de la dictadura militar, cuando se modificó la proporcionalidad de la representación de los Estados, con miras a garantizar la mayoría necesaria para salvaguardar la fachada democrática de un Congreso que necesitaba estar sumiso al poder ejecutivo.

Es indispensable reducir el número de diputados.

No se puede continuar con una legislación electoral que pervierte la finalidad de los partidos.
La financiación de las campañas electorales debe modificarse.
Pero sobre todo hay que encontrar caminos para que la ciudadanía brasileña pueda expresar, de manera orgánica y permanente, su voluntad soberana sobre todos los asuntos relevantes de la vida nacional.

Para unificar estas dos etapas propuestas, integrándolas en un amplio abanico de acciones, el nuevo gobierno que se constituya tendrá su incumbencia más importante en convocar y preparar la asamblea constituyente, para que se proceda cuanto antes a elecciones generales con incumbencias bien definidas y articuladas.

Los momentos de crisis pueden ser fatales. Pero pueden también transformarse en oportunidad para la superación de impasses que parecen imposibles de resolver.

Que la gravedad de la crisis que estamos viviendo nos lleve a retomar los rumbos del destino histórico de nuestra Patria. Depende de nuestra acción consciente y articulada.

Por la vocación de Brasil, vale la pena recuperar la esperanza y reanudar la causa de la regeneración de nuestro país.

Traducción: Emilia Robles

(28/05/17)

“Quo vadis, Brasil?”
Dom Demétrio Valentini – Bispo Emérito de Jales

Estamos vivendo momentos decisivos para o Brasil. Está em risco o seu futuro de nação soberana. Faz-se urgente reverter a dinâmica de deterioração dos poderes estabelecidos, e da contaminação dos efeitos da corrupção que tomou conta das esferas governamentais, e que vai se disseminando na própria sociedade.

A nação ficou atônita e estarrecida, diante da revelação de atos de corrupção praticados com desenvoltura, envolvendo governantes e empresários, implicando grandes somas de recursos financeiros, colocando dinheiro público a serviço de interesses particulares.

A gravidade maior é perceber que a corrupção se tornou assunto de conversas amenas entre políticos e empresários, como se ela já tivesse direito de cidadania, e fizesse parte normal do convívio entre cidadãos.

Diante disto, é preciso superar a tentação do desânimo. Urge enfrentar os desafios que se colocam diante de nós.

Este contexto traz à mente a conhecida lenda de Pedro fugindo de Roma, escapando das atrocidades do imperador Nero. Cristo intercepta o caminho da fuga. E lança a pergunta que vale para o Brasil neste momento: “Quo vadis?” “Para onde você vai, Brasil?”

Não é o caso de tomar o caminho da fuga. Urge enfrentar os desafios!

Com clareza se desenham pela frente duas etapas. Primeiro, superar o impasse em que se encontra a atual presidência. E em seguida, realizar uma ampla reforma política para refundar a nacionalidade brasileira.

Quanto à primeira etapa, vamos ser francos! O atual governo não tem mais condições de governar o país. Não basta um presidente ter legitimidade. E´ preciso que tenha um mínimo de credibilidade. Ele já não tem. Que se acionem os dispositivos constitucionais previstos para situações semelhantes a esta, e se proceda à formação de um novo governo.

A segunda etapa é mais complexa. Em sintonia com os avanços consolidados na constituição de 1988, é preciso proceder a uma ampla reforma política, que venha sanar os equívocos que os anos foram comprovando.

Não podemos perder a oportunidade que nos proporciona a gravíssima crise atual. Pois ela se apresenta como a última chance do Brasil retomar sua identidade histórica, de grande nação capaz de conduzir soberanamente os seus destinos, e se inserir com responsabilidade no contexto das nações.

As questões levantadas são de tal monta que se requer a convocação de uma assembléia nacional constituinte, com a competência exclusiva de fazer as mudanças políticas que ficaram emperradas na constituição de 88.

Entre tantas providências, faz-se necessário rever a representatividade do Congresso Nacional. Ele carrega vícios que foram enxertados desde o tempo da ditadura militar, quando se modificou a proporcionalidade da representação dos Estados, com vistas a garantir a maioria necessária para salvaguardar a fachada democrática de um Congresso que precisava estar submisso ao poder executivo.

É indispensável reduzir o número de deputados.
Não se pode continuar com uma legislação eleitoral que perverte a finalidade dos partidos.
O financiamento das campanhas eleitorais precisa ser modificado.
Mas sobretudo é preciso encontrar caminhos para a cidadania brasileira expressar, de maneira orgânica e permanente, a sua vontade soberana sobre todos os assuntos relevantes da vida nacional.

Para unificar estas duas etapas propostas, integrando-as num amplo leque de ações, o novo governo a ser instalado terá sua incumbência mais importante em convocar e preparar a assembléia constituinte, para que se proceda, o quanto antes, a eleições gerais com incumbências bem definidas e articuladas.

Momentos de crise podem ser fatais. Mas podem também se transformar em oportunidade para a superação de impasses que parecem impossíveis de resolver.

Que a gravidade da crise que estamos vivendo nos leve a retomar os rumos do destino histórico de nossa Pátria. Vai depender de nossa ação consciente e articulada.

Pela vocação do Brasil, vale a pena recuperar a esperança e retomar a causa da regeneração de nosso país!

Esperamos que este artículo sea de su interés e invite a la reflexión sobre otras realidadades más cercanas a cada cual.

Un abrazo fraterno
Emilia Robles

viernes, 2 de junio de 2017

Trump toma la decisión de sacar a EE.UU. del Acuerdo de París sobre el cambio climático.

El presidente de EE.UU., Donald Trump. Brian Snyder / Reuters


RT, 31 de mayo, 2017.- El presidente de EE.UU., Donald Trump, ha tomado la decisión de retirar a su país del acuerdo histórico sobre el cambio climático alcanzado en París en 2015, informa Axios, remitiéndose a fuentes familiarizadas con la medida.

Los detalles sobre cómo se concretará la medida recaen en un equipo del que forma parte Scott Pruitt, administrador de la Agencia de Protección del Medio Ambiente (EPA, por sus siglas en inglés).

El grupo está decidiendo si apuesta por una retirada formal y completa, que podría tardar tres años, o sale del acuerdo sobre el cambio climático de Naciones Unidas, opción que sería más rápida pero más radical.

¿De qué se trata?

El Acuerdo de París, un documento histórico de importancia global que estipula cómo limitar el cambio climático, fue firmado el 22 de abril de 2015 en la sede de la ONU en Nueva York. El documento, que tiene como fin la desaceleración del calentamiento global, exige a los países responsables del 55% de las emisiones de los gases de efecto invernadero una reducción de las mismas.

El mandatario estadounidense ya había mostrado su intención de cancelar el acuerdo, desatando la indignación en la comunidad científica. Una reciente carta firmada por 22 senadores republicanos, en la que pedían la salida del acuerdo, reforzó las intenciones de Trump, que durante la semana pasada expresó a sus confidentes que se disponía a sacar a EE.UU. del acuerdo.

Asimismo, Trump confirmó esta postura a través de su cuenta de Twitter. "Voy a anunciar mi decisión sobre del Acuerdo de París en los próximos días. ¡Volvamos a hacer grande a EE.UU. de nuevo!", publicó el mandatario este miércoles.

Al sacar a EE.UU. de este documento, Trump no solo se desprendería del legado de su predecesor, Barack Obama, sino que también lanzaría una clara señal al resto del mundo acerca de que EE.UU. no considera el cambio climático como una prioridad y que amenaza con deshacerse del acuerdo entero, resume el portal.
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Fuente: Servindi

jueves, 1 de junio de 2017

La buena voluntad que falta en el Brasil de hoy.



Leonardo Boff

En la sociedad brasileña actual existe una ola de odio, de rabia y de desgarramiento que rara vez hemos tenido en nuestra historia. Hemos llegado a un punto en que la mala voluntad generalizada impide cualquier convergencia hacia una salida de la abrumadora crisis que afecta a toda la sociedad.
Immanuel Kant (1724-1804), el más riguroso pensador de la ética en el Occidente moderno, en su Fundamentación para una metafísica de las costumbres (1785) hizo una afirmación de importantes consecuencias: No es posible pensar algo que, en cualquier lugar en el lugar del mundo e incluso fuera de él, pueda ser tenido estrictamente como bueno sino la buena voluntad (der Gute Wille). Kant reconoce que cualquier proyecto ético tiene defectos.

Sin embargo, todos los proyectos tienen algo común que es la buena voluntad. Traduciendo su difícil lenguaje: la buena voluntad es el único bien que es solamente bueno y para el que no cabe hacer ninguna restricción. La buena voluntad o es solo buena o no es buena voluntad.

Esta es una verdad con serias consecuencias: Si la buena voluntad no es la actitud previa a todo lo que pensamos y hacemos, será imposible crear una base común que nos envuelva a todos. Si malicio todo, si todo lo pongo bajo sospecha y ya no confío en nadie, será imposible construir algo que congregue a todos. Dicho positivamente: sólo contando con la buena voluntad de todos puedo construir algo bueno para todos. En momentos de crisis como el nuestro, la buena voluntad es el factor principal de unión de todos para una respuesta viable que supere la crisis.

Estas reflexiones valen tanto para el mundo globalizado como para el Brasil actual. Si no hay buena voluntad en la gran mayoría de la humanidad, no vamos a encontrar una salida a la desesperante crisis social que desgarra a las sociedades periféricas, ni una solución para la alarma ecológica que pone en peligro el sistema-Tierra. Sólo en la COP 21 de París en diciembre de 2015 se llegó a un consenso mínimo en el sentido de contener el calentamiento global. Ni aún así las decisiones fueron vinculantes. Dependían de la buena voluntad de los gobiernos, cosa que no ocurrió, por ejemplo, con el parlamento norteamericano que solamente apoyó algunas medidas del presidente Obama.

En Brasil, si no contamos con la buena voluntad de la clase política, en gran parte corrompida y corruptora, ni con la buena voluntad de los órganos jurídicos y policiales jamás superaremos la corrupción que se encuentra en la estructura misma de nuestra débil democracia. Si esta buena voluntad no está también en los movimientos sociales y en la gran mayoría de los ciudadanos que con razón se resisten a los cambios anti-populares, no habrá nada, ni gobierno, ni ningún lider carismático, que sea capaz de plantear alternativas esperanzadoras.

La buena voluntad es la última tabla de salvación que nos queda. La situación mundial es una calamidad. Vivimos en permanente estado de guerra civil mundial. No hay nadie, ni las dos santidades, el Papa Francisco y el Dalai Lama, ni las élites intelectuales mundiales, ni la tecnociencia que proporcionen una clave de solución global. Exceptuando a los esotéricos que esperan soluciones extraterrestres, en realidad, dependemos únicamente de la buena voluntad de nosotros mismos.

Brasil reproduce en miniatura la dramaticidad mundial. La llaga social producida en quinientos años de descuido con las cosas del pueblo significa una sangría desatada. Nuestras élites nunca pensaron una solución para Brasil como un todo, sino sólo para sí. Están más empeñadas en defender sus privilegios que en garantizar derechos para todos. Aquí está la razón del golpe parlamentario que ha sido sostenido por las élites opulentas que quieren continuar con su nivel absurdo de acumulación, especialmente el sistema financiero y los bancos cuyos beneficios son increíbles.

Por eso, los que sacaron a la Presidenta Dilma del poder con artimañas político-jurídicas, se atrevieron a modificar la constitución en cuestiones fundamentales para la gran mayoría del pueblo, como la legislación laboral y la seguridad social. Han pretendido, en último término, desmontar los beneficios sociales de millones de personas, integradas en la sociedad por los dos gobiernos anteriores, y permitido un traspaso fabuloso de riqueza a las oligarquías adineradas, absolutamente despegadas del sufrimiento del pueblo con su egoísmo pecaminoso.

Al contrario del pueblo brasileño, que ha mostrado históricamente una inmensa buena voluntad, estas oligarquías se niegan a saldar la hipoteca de buena voluntad que deben al país.

Si la buena voluntad es tan decisiva, entonces urge suscitarla en todos. En momentos de peligro, en el caso del barco-Brasil hundiéndose, todos, hasta los corruptores se sienten obligados a ayudar con lo que les queda de buena voluntad. Ya no cuentan las diferencias partidistas, sino el destino común de la nación que no puede caer en la categoría de un país fallido.

En todos existe un capital inestimable de buena voluntad que pertenece a nuestra naturaleza de seres sociales. Si cada uno quisiese de hecho que Brasil saliera adelante, con la buena voluntad de todos seguramente lo conseguiría.

*Leonardo Boff es teólogo y filósofo y articulista del JB on line.

Traducción de Mª José Gavito Milano