sábado, 15 de diciembre de 2018

Geopolítica: Michel Collon sobre China y la Nueva Ruta de la Seda (1)


*Hace poco leí el libro de Michel Collon (no traducido al castellano, porque abarca una temática muy específica de Francia) “Pourquoi Soral séduit”, donde hace una crítica a Alain Soral, intelectual cercano al ex-Frente Nacional (ahora llamado “Rassemblement National”). Lo que ocurre es que en este libro no se limita a rebatir las tesis del intelectual en cuestión, sino que explica de forma pedagógica, desde un enfoque marxista, un montón de cuestiones ligadas al mundo actual: capitalismo, guerras, geopolítica, clases sociales, etc. También tiene, en un capítulo dedicado a la guerra y las tesis geopolíticas de Zbigniew Brzezinski, algunos pasajes dedicados a China y su proyecto de “Nueva Ruta de la Seda”, sumamente interesantes, que no me he podido resistir a traducir. Por su extensión he decidido publicarlo en varias entregas. Si desean comprender por qué la “Nueva Ruta de la Seda” es tan importante para la República Popular China, lean esta entrada. Espero que la disfruten. 

Por qué China es el enemigo principal

Respondiendo a su pregunta, Brzezinski identifica ya en la época [Ndt: mediados de los años 90] el principal peligro para el imperialismo USA: “China podría ser el pilar de una alianza anti-hegemónica China – Rusia – Irán.”[1]

No son palabras en el aire. Brzezinski inspiró mucho a Bill Clinton, que fue presidente de los Estados Unidos de 1992 a 2000. El 7 de mayo de 1999, la US Aire Force ataca a la embajada china en Belgrado, causando tres muertos. Una aviso para Beijing, que había cometido el crimen de apoyar discretamente a Yugoslavia contra los bombardeos de la OTAN. Responsable de los bombardeos, el presidente Clinton declara por otra parte, al final de su segundo mandato: “Mi principal tema de preocupación hoy es China”. ¿Por qué China inquieta tanto a los responsables políticos estadounidenses? Por supuesto, la economía.

En realidad, la economía china posee tres características importantes:

1. Es la más competitiva del mundo desde hace 20 años. A principios de 2017, China exportaba tres veces más que los Estados Unidos. Y, notablemente, 10 veces más productos electrónicos.[2] Muy irónicamente, una “dictadura comunista que no comprende nada a la economía” no solamente ha conseguido sacar a 600 millones de personas de la pobreza, sino que también se ha convertido en el bote salvavidas de un capitalismo mundial en crisis, aunque siempre igual de arrogante. En realidad, como su economía es planificada centralmente y bastante bien organizada, China escapa a la anarquía general inevitable en el sistema capitalista.

2. Pobre en materias primas, China depende muy fuertemente de sus importaciones. Consume el 75% del cobre congoleño, 70% del hierro sudafricano, gran parte del petróleo y del gas de Medio Oriente y también de Rusia y de las repúblicas ex-soviéticas de Asia central.

3. Al haberse convertido en “la fábrica del mundo”, exporta numerosos bienes de consumo. Pero una revolución tecnológica le permite ahora pisar los talones de los sectores punteros de las economías más dinámicas. En 1950, los Estados Unidos producían el 27% de la riqueza del mundo. Hoy, menos del 20%. Durante el mismo periodo, China ha pasado del 4% al 13%. Allí está todo.

La clave: las rutas marítimas 

Este necesidad acuciante de materias primas – lejanas – es un gran punto débil de China. El politólogo Mohamed Hassan lo ha explicado muy bien: “China tiene una necesidad vital de recursos energéticos. Por lo que Washington busca controlar estos recursos para impedir que lleguen a China.”[3] Hoy se está librando una guerra no declarada para controlar las rutas del Océano Índico así como las rutas terrestres del continente asiático. Washington quiere tener la capacidad de bloquear el acceso de China al petróleo del Medio Oriente, al gas de Asia central, a los minerales y a los recursos agrícolas de África. Y para ello, el Océano Índico es la clave.

La importancia de las rutas marítimas no data de la última lluvia. El explorador británico Walter Raleigh (1552-1618) ya lo había expuesto: “Quien tiene el mar tiene el comercio del mundo; quien tiene el comercio del mundo tiene la riqueza del mundo; quien tiene la riqueza del mundo tiene el mundo mismo.” En la historia, ha sido gracias a flotas potentes que fueron construidos los grandes imperios: Inglaterra, España, Portugal, y hoy los Estados Unidos.

George Friedman, fundador de la agencia de información Stratfor, la más influyente en los Estados Unidos y próxima a la CIA, ha resumido la estrategia actual de Washington: “Los Estados Unidos tienen un interés fundamental. Controlan todos los océanos del mundo. Ninguna potencia ha hecho esto jamás. Gracias a ello, tenemos la posibilidad de invadir a la gente, y no tienen la posibilidad de invadirnos. Esto es una cosa muy buena. Mantener el control del mar, el control del espacio, es el fundamento de nuestro poder.”[4]

La “Ruta de la Seda” puede cambiar la cara del mundo…

Desde hace años, China se esfuerza por subsanar su laguna en lo que respecta a las materias primas. Quiere exportar su producción. Ha construido oleoductos y gasoductos desde Rusia y Kazajistán, ha mejorado sus relaciones con India y otros vecinos asiáticos, ha construido también nuevas instalaciones portuarias alrededor del Océano Índico, incluyendo el mayor puerto de la región en Hambantuta, Sri Lanka. Pero esto no es suficiente.

Las rutas comerciales actuales siendo lentas e insuficientes, Beijing ha lanzado un proyecto gigantesco: construir gigantescos “corredores” que permitirían unirla eficazmente a los demás continentes. La ruta terrestre estaría compuesta por trenes de alta velocidad, autopistas, oleoductos, y fibras ópticas de telecomunicación. Atravesando Asia central, uniría a Beijing a Moscú y podría ser prolongada a Irán, Turquía y… toda Europa. París, Bruselas y Berlín estarían así directamente conectadas a China y a las economías asiáticas.

En cuanto a las rutas marítimas, unirían China a África, a Europa e incluso a América Latina. Esto desarrollaría fuertemente las economías de todas estas regiones. El problema: este transporte marítimo moderno necesita puertos en aguas profundas que hay que instalar para permitir el abastecimiento y el paso rápido de los super-cargueros.

En la actualidad, el trayecto Shanghái – Rotterdam requiere un mes por el mar, menos de tres semanas en tren, y dos semanas en camión. Al mejorar las infraestructuras y reduciendo las paradas en las aduanas, la duración de los transportes terrestres se vería reducida a la mitad. En el plano ecológico, multiplicar los camiones no es muy responsable, pero esto es otro debate.

La antigua Ruta de la Seda, compuesta por pistas que unían China a Turquía, hizo la fortuna de numerosos países y mercaderes. La nueva Ruta de la Seda concierne a 65 países del mundo y 4.400 millones de personas. Puede cambiar la cara del mundo.

…y los Estados Unidos quieren sabotearla

En realidad, Beijing propone a los países del Sur que desarrollen sus economías al reforzar sus intercambios. Y a los países del Norte que encuentren salidas para sus fábricas, que han ralentizado su actividad. Para financiar todo esto, Beijing ha creado dos grandes bancos abiertos a los inversores extranjeros. Por supuesto, las empresas europeas – sobre todo alemanas – babean de alegría con la perspectiva de gigantescos contratos de construcción.

Los únicos que no se alegran son los Estados Unidos, excluidos y muy lejanos. Hacen todo lo posible por impedir a Beijing la organización de estas potentes relaciones económicas que ayudarían a numerosos países a desarrollarse. Una cosa de la que los Estados Unidos son incapaces porque sus multinacionales, al librar entre ellas una competencia feroz, sólo pueden pensar y actuar en términos de saqueo y dominación. Para los Estados Unidos, un comercio honesto es impensable e imposible. Esta es la razón por la cual China es, para los países africanos por ejemplo, un socio a menudo mucho más atractivo.

Todo esto explica por qué la administración Obama ha desplazado oficialmente el centro de gravedad de su política internacional: “Asia es el pivote de nuestra política internacional”, declaró. Claramente hablando, ¿qué significa esto? Que el 60% de la US Navy ha sido desplazada hacia el mar al sur de China para bloquear sus rutas marítimas. Que la construcción de nuevas bases aéreas y navales en Filipinas y en otros países está prevista para cercar a China. Que Washington se esfuerza en montar a los países vecinos contra Beijing utilizando la cuestión de las islas que permitirían extender sus aguas territoriales y asegurar las rutas marítimas. En este plano, Trump sigue a Obama y a Clinton.

Claramente, los Estados Unidos aplican la teoría de Friedman: la mano del mercado – es decir, las multinacionales USA – necesitan del puño escondido, a saber la flota, los marines y los bombarderos. Esta escalada política y militar estadounidense ha obligado a Beijing a dotarse de una flota capaz de contraatacar. Por lo tanto, los Estados Unidos han relanzado la carrera armamentística que tanto daño hizo en el pasado. Pero veamos a continuación, el otro componente del nuevo eje Beijing-Moscú.

[1] Zbigniew Brzezinski, Le grand échiquier, p. 263
[2] Oficina del representante USA para el comercio, Le Soir, 6 de julio de 2017.
[3] Michel Collon y Grégoire Lalieu, La stratégie du chaos, Investig'Action, Bruselas, 2011, p. 246
[4] Discurso ante el Chicago Council, 4 de febrero de 2015


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