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jueves, 22 de octubre de 2015

Reflexiones sobre los evangélicos y la participación política.



Este domingo Argentina celebra elecciones a la presidencia. Los evangélicos revisan su papel en relación a su impacto en la sociedad y se preguntan cómo actuar en política.

FUENTES Aciera 


Este 25 de octubre los ciudadanos argentinos están convocados a las urnas para votar en unas elecciones a la presidencia que pondrán fin al mandato de Cristina Fernández de Kirchner. La Alianza Cristiana de Iglesias Evangélicas de la República Argentina (Aciera) ha convocado a las iglesias a realizar vigilias de oración. Además, ha organizado un evento en el que junto a varios pastores analizó el papel de los evangélicos en relación a la política, presentando diversos enfoques. 
Reproducimos a continuación el artículo de Rubén Proietti, presidente de Aciera. Hace pocos días, un grupo de pastores nos reunimos a conversar acerca de los nuevos desafíos que enfrenta la iglesia actualmente, y en particular el proceso creciente de inserción de creyentes en la actividad política. Invitados por el Lic. Gastón Bruno (Ex Vicepresidente de ACIERA), y miembros de su equipo, el propósito principal fue responder algunas preguntas que de un modo cada vez más inquietante se formulan pastores y líderes frente a esta realidad. Luego de un tiempo de altísimo valor de diálogo e intercambios, y de un modo informal, le pedí a algunos de los participantes que escribieran sintéticamente sus aportes, para poder compartirlos en forma más amplia por esta vía, con los que dan vida a Aciera, las miles de congregaciones asociadas, como así también a todos aquellos espacios que llega el online dentro y fuera del país. Y aquí les compartimos los pensamientos. La idea subyacente es continuar con estos encuentros informales, a fin de avanzar en ideas comunes y amplias. 

 1. Presencia o influencia: 

Dr. Norberto Saracco: Siempre en tiempos de elecciones se reaviva el tema de la participación política de los evangélicos. Esta preocupación puede responder a varias motivaciones: La intención de hacer algo para transformar la sociedad; la búsqueda de poder, o de posicionar a la iglesia evangélica en el contexto social o simplemente procurar un espacio para obtener beneficios. La bondad o no de cada motivación es un capítulo abierto cuyo final se conocerá al pasar del tiempo. 

Para el Dr. Norberto Saracco, la iglesia evangélica ha crecido en presencia en los últimos años. Esto se ve tanto por el número creciente de evangélicos, como su presencia más visible en diferentes espacios sociales. Sin embargo, no debemos confundir presencia con influencia. Si bien hoy la presencia es mayor no lo es así su influencia. Cuando hablo de influencia estoy pensando en qué cosas ha hecho la iglesia que ha obligado a cambiar leyes o crear leyes más justas; o qué aspectos de la sociedad han sido afectados significativamente por las iglesias. Con solo observar la situación social de países donde la iglesia evangélica es casi mayoritaria en la población, veremos que su influencia, si la hubo, no ha sido proporcional a su presencia. 

El Pr. Alejandro Rodriguez, a su vez, observa un tiempo de crecimiento de la influencia de la iglesia en medio de la sociedad por la presencia de cristianos comprometidos en áreas de transformación. También un tiempo de mayor confrontación espiritual entre la luz y las tinieblas; de mayor relativismo y universalismo espiritual dentro de la iglesia: “todo es válido, todo es lo mismo, todos los caminos llevan a Dios...”. Alejandro también observa un tiempo de mayor seducción del poder corruptor hacia la iglesia, que pretende establecer un vínculo transaccional, de intercambio espurio, basado en los intereses de mutua conveniencia. 

El Dr.Marcelo Diaz, por su parte afirma que estamos pagando el precio de muchas décadas de ausencia en política. Por años, la iglesia consideró la política como mala palabra. Y hoy nos damos cuenta que ese error dejó un espacio para que lo llenara gente de la peor clase moral. Pero Dios, que es amplio en misericordia, comenzó a animar a muchos creyentes a que se capacitaran y prepararan para horas como las actuales. Hay que obrar con prudencia y humildad, pero con autoridad espiritual firme, con la convicción de que Dios nos ha enviado a ese campo misionero. 

 2. ¿La iglesia evangélica como institución, debe participar en política partidaria? 

Para Norberto Saracco, la iglesia como tal no está llamada a tener una participación política partidaria, ya sea apoyando a determinado partido político y mucho menos intentando crear uno propio. El rol de la iglesia es encarnar los valores del Reino de Dios y desde allí juzgar toda actividad social y política. Es decir, la iglesia debe señalar en todo momento lo que “falta” de acuerdo al modelo del Reino. La justicia que falta, la verdad que falta, la integridad que falta, la libertad que falta, la defensa de la vida que falta, etc. Ningún sistema político por más bueno que sea representa la totalidad y plenitud de los valores del reino de Dios. La predicación de un evangelio integral debe ser el espejo donde debe mirarse toda acción social. (Vale aclarar que no hablo de la iglesia como institución, porque también en ella hay injusticias y desvalores. Hablo de la iglesia como espacio del reino que tiene la palabra eterna que juzga todo, inclusive y en primer lugar a la propia iglesia). 

Para Alejandro Rodriguez, existe un llamado a la iglesia, pero no a las iglesias. Es decir, un llamado a la iglesia singular, a hombres y mujeres de Dios que le sirvan, con sentido de misión en áreas de gobierno. Pero librando a la iglesia plural, como comunidad, de no alinearse ni involucrarse en actividades de la política partidaria. Y agrega: ¡Estamos pero no somos! Estamos en el mundo, pero no somos de este mundo. ¡Nuestra ciudadanía esta en los cielos! No somos de izquierda ni de derecha. ¡Somos de arriba! Los creyentes pueden ser parte de variadas estructuras políticas, sin poner su identidad y valor en tal o cual sector partidario. Guillermo Fernandez, especialista en planificación estratégica territorial, aporta que a los creyentes no nos une una ideología política en particular. Y que por lo tanto, si las ideologías humanas no nos unen, tampoco deben separarnos. Todas las ideas políticas son humanas, y encierran perspectivas interesantes. Y es menester que los que tienen llamado de Dios a servir en la política, puedan optar por espacios con ideologías o plataformas diversas. Lo que no puede ocurrir es que los hijos e hijas de Dios nos dividamos por ideologías humanas. El llamado es divino. Y tanto en un espacio político u otro, hace falta que mujeres y hombres de Dios intervengan para ser luz y sal como Jesús lo encomendó. 

Marcelo Diaz agrega que debemos asumir que ningún creyente representa a la iglesia de Cristo de Argentina ni parcial y mucho menos totalmente. No existe eso de “represento a los evangélicos argentinos”. Sucede que la iglesia no se puede involucrar en política porque la iglesia está para otra misión, mucho más amplia en tu totalidad. Sí, afirmo, que todo creyente, llamado por Dios a tal tarea, puede involucrarse en el campo de la política, y desde allí sembrar el Reino de Dios. Los valores del Reino son eternamente superiores a los de cualquier ideología política. Es por eso, que es inadmisible, a mi modo de ver, que creyentes que participan de distintos partidos, hayan permitido que esa militancia sea causa de división. Si obramos con madurez, deberíamos poder sentarnos, café de por medio, a conversar y orar juntos, no importa si mi hermano milita en el partido que representa políticamente lo opuesto de mi posición. Si los creyentes no damos ejemplo de unidad, nada podemos esperar de los que no lo son. La idea es ser diferentes. 

 3. ¿Y los creyentes evangélicos deben, pueden, involucrarse en partidos políticos? 

Norberto Saracco: Sí, la participación política de personas cristianas es otra cosa diferente. A ellos/as tanto en la política como en cualquier otra profesión se les demanda ser fieles testigos de Jesús y su reino de amor, justicia y verdad. Debemos alentar y apoyar la formación de personas con este compromiso. Estas personas deberán insertarse en una agrupación política que a su entender mejor los represente. Quizás formarán una línea interna dentro de un determinado partido con un aporte especial en determinados asuntos o énfasis. O, formarán su propio partido. 

Marcelo Diaz agrega que lo más importante es que haya cristianos maduros y capacitados, en todos los partidos. Por eso es que debemos madurar y apoyar a estos hermanos que, con respaldo ético y espiritual, y que están bajo cobertura pastoral, entienden que el Señor les ha llamado a participar en la política partidaria argentina. 

Guillermo Fernández agrega que es menester para los misioneros en política ser hallados fieles, íntegros. En un sentido amplio, su vida familiar, su economía, su vida espiritual, sus relaciones sociales deben reflejar la vida cristiana que enseña la Biblia. De ese modo, será posible “reconciliar todo” con Dios, incluso la política, a través de mujeres y hombres portadores de un espíritu superior de amor, poder y dominio propio. 4. El rol de la iglesia evangélica y los partidos e ideologías políticas. 

Alejandro Rodríguez: Profetizamos sobre acciones de los gobernantes y no sobre estructuras de gobierno. Como iglesia, tenemos una voz profética, basada en un corazón compasivo, no justiciero ni vengador. Confrontamos las posturas de nuestros dirigentes con la verdad bíblica. Así, la presencia institucional evangélica, y mucho menos un partido político evangélico, no son garantía de transformación espiritual. No fuimos llamados a buscar el poder, como un valor a obtener; no buscamos el beneficio, sino el servicio. El poder evangélico podrá ser tan corruptor y corruptible como cualquier otro poder. 

Para Saracco, vale decir que no hay una ideología política “bíblica” ni “evangélica”. Hay principios y valores. Nada más. La Biblia no nos dice cómo administrar la salud púbica o como pagar la deuda externa o cómo operar con la cotización del dólar. Esta evaluación de las ideologías y sus propuestas y de las maneras del manejo del poder no las hace solo el que participa en la política y opta por determinado espacio, sino que también lo hace cada ciudadano en el momento de votar. Por esta razón ningún evangélico que participe en política puede ni debe atribuirse la representación de “los evangélicos”, ni hablar en nombre de ellos, ya que otros de la misma fe pueden tener opciones diferentes igualmente válidas. Por lo tanto, en este punto es necesario comprender que toda agrupación política requiere al menos de dos elementos básicos: una ideología que articule sus políticas y una capacidad para construir poder, que es el fin de la participación política partidaria, y es legítimo. Comprendemos que muchas son las ideologías y muchas las maneras de construir poder. Por eso quien se inserte en una corriente política deberá evaluar estas opciones que siempre serán imperfectas. 

Marcelo Diaz adicionalmente considera que no hay partido político perfecto. Hay oportunidades de sembrar una influencia espiritual poderosa. Y eso no se puede desaprovechar. Por supuesto que no estamos de acuerdo en un 100% con las plataformas ideológicas partidarias, pero lejos de alejarnos y no comprometernos, creo que la idea de Dios de ser sal y luz nos empuja a participar y provocar cambios sustanciales, que redunden en bendiciones para nuestra patria. 

 5. Sugerencias para continuar la conversación: 

Saracco: Rogamos que Dios nos libre de toda búsqueda mezquina de poder y que Dios ilumine a aquellos que han elegido como vocación poner sus dones y capacidades al servicio de la transformación y construcción de la sociedad. 

Rodriguez: Meditando en Juan 4.35, vemos la confrontación entre el “ustedes dicen” y el “yo les digo” de Jesús. Entre el “todavía falta” y el “levanten sus ojos” de Jesús! Al levantar la mirada, nuestra perspectiva del tiempo y las circunstancias que nos tocan vivir, será muy diferente a la que nos brindan nuestros propios criterios. Estamos reflexionando hacia dónde vamos. Es por eso que reconocemos: conocer-amar-transformar! No podemos transformar lo que no amamos y no podemos amar lo que no conocemos. Si no comprendemos la identidad de nuestra sociedad, no podremos amarla y no tendremos autoridad espiritual para producir transformación. Formar equipos, más que individuos. La primera decisión política de Daniel, fue formar equipo con Sadraq, Mesaq y Abed Nego. Individuos que caminan solos, fácilmente son sofocados y sometidos por las estructuras de poder. 

Marcelo Díaz: por último considero urgente una amplia y profunda reflexión sobre lo que significa “hacer política” como cristianos. No es nada sencillo. Hay tradiciones, pensamientos y posiciones que debemos escuchar, intercambiar ideas y por supuesto debatir. Pero debemos crear un “think tank” sólido para que sea de apoyo concreto y base a los que son llamados a la acción política. 

Guillermo Fernández: al finalizar por ahora, quisiera incorporar como un tema central de este proceso, el financiamiento de la política, y de aquellos que se insertan en este campo misionero. Las prácticas habituales obedecen en nuestro contexto a la utilización al menos oscura y oculta de fondos públicos para financiar a los diversos partidos. Más grave y no menos usual, es el uso de la obra pública de un modo no transparente para obtener ingentes sumas de dinero que financien a la política de un modo ilegítimo. Y el peor de los escenarios, pero vigente y en crecimiento, es aquel donde se utilizan para las campañas políticas dineros lavados del narcotráfico, y otras prácticas ilegales. Frente a tales escenarios, debemos asumir como personas llamadas a ser idóneas y honestas, el desafío de construir diseños de financiación política creativos, comprometidos, y operativos para producir la transformación del sistema que esperamos. 

 Estas son las primeras conclusiones sobre los diálogos que tuvieron lugar en un encuentro informal de pastores, donde ademas de los mencionados, participaron los pastores Miguel Pereda, Gerardo Sander, Ale Gomez, Miguel Carrillo, Juan Carlos Chevriau, Eduardo Zens, Alejandro Espinola, el Dr. Diego Villamayor, Marta de Hotton y Paula Zuccherino de Bruno. Cabe aclarar que la presencia de los mismos fue aleatoria y fraternal. Que no representa ningún compromiso en particular, y que a corto plazo continuaremos promoviendo el diálogo, la reflexión y los denominadores comunes como aportes sobre esta etapa tan especial de la vida de la iglesia no sólo en Argentina, sino en el contexto de Latinoamérica. 

Rubén Proietti, presidente de Aciera.

Fuente: Aciera

lunes, 13 de mayo de 2013

Igualdad de cultos y tentación preberendista.


En abril del presente año la Presidente de la Nación, Cristina Fernández, y su equipo de funcionarios del área de Cultos, se reunieron con dirigentes de la FAIE, Federación Argentina de Iglesias Evangélicas. Posteriormente en abril, también con dirigentes de ACIERA, Alianza Cristiana de Iglesias  Evangélicas de la República Argentina.
Las dos federaciones aglutinan a una gran parte de las iglesias evangélicas de la Argentina (en esta nota uso como sinónimos las palabras “evangélicas” y “protestantes”), pero hay notorias diferencias cualitativas entre ellas. Las iglesias de FAIE muestran respetuosas afinidades hacia la agenda de derechos humanos del Gobierno, y hacia los considerados como  nuevos derechos humanos.  Los últimos incluyen temas de sexualidad y bioética, que los evangélicos de FAIE no comparten plenamente pero respetan por diversos motivos teológicos y filosóficos. Además, han sido en notable medida caminantes junto al Movimiento Ecuménico y la Teología de la Liberación, también conocida como Teología Latinoamericana, a la par de los sectores de la Iglesia Católica que podríamos llamar de progresistas.  Mientras tanto, las iglesias de ACIERA, situadas en el otro sector del campo evangélico (y por cierto demográficamente más importantes que las asociadas en FAIE), no se manifiestan demasiado sobre derechos humanos y en cambio son radicalmente conservadoras en todo lo que modifique pautas del derecho positivo y  la cultura, acerca de sexualidad y bioética basados en las tradiciones patriarcales de Occidente. Por otra parte, han permanecido mayormente al margen del Movimiento Ecuménico, como históricamente éste ha sido conocido a partir de los cambios asociados al último Concilio Vaticano, mientras que en materia de rechazo a los cambios radicales de aspectos de la moral y el derecho a los que hicimos alusión, transitan por caminos similares a los trazados por las manifestaciones colegiadas de los obispos católicos.
En cualquier variante, a las dos organizaciones, que de hecho son dos frentes de iglesias evangélicas bastante heterogéneas, les interesa el tema de la derogación de la Ley de Culto actualmente vigente desde el gobierno militar presidido por Jorge Rafael Videla, un general retirado, hoy en prisión por violaciones a los derechos humanos. Esta ley sancionada en 1978 fortalece la asimetría del derecho eclesiástico del Estado argentino. Las iglesias evangélicas (pero también cualquier otra manifestación religiosa que no sea la Iglesia Católica Apostólica Romana) no tienen un estatus jurídico propiamente religioso. Son, más bien, asociaciones civiles. Esto no significa que en la Argentina no haya libertad religiosa. Hay completa libertad religiosa si por tal entendemos la manifestación pública de los cultos. Lo cual significa que no hay igualdad religiosa.
Habida cuenta de las circunstancias aquí enumeradas, el acercamiento actual del Gobierno a las federaciones nos permite interpretar, con toda honestidad y con todo respeto, pero también con todo realismo sociológico hacia el funcionamiento de la política partidaria como queda aclarado desde los estudios de Max Weber, un intento de obtención de las simpatías de las iglesias evangélicas (lo que en sociología se llama técnicamente “cooptación”), suponiendo que en el seno de las mismas puede hallarse un respetable caudal electoral (los evangélicos son unos cuatro millones en la Argentina, es decir un 10 % de la población aproximadamente, de fuerte asistencia a las iglesias, y los católicos verdaderamente practicantes no parecen superar estas cifras). Por otra parte, las iglesias evangélicas pueden poner en funcionamiento, como ya lo han demostrado, aunque hoy no lo siguen demostrando, un enorme potencial de protesta cuando sus líderes hablan de derechos conculcados y presentan un reclamo público (1). Para ser más claros finalmente, debemos tener en cuenta que en octubre de este año 2013 habrá en la Argentina elecciones legislativas.
En este contexto existen señales o comentarios de que los funcionarios técnicos del Estado han comenzado una veloz actividad para producir un proyecto de Ley de Culto, alternativo a la norma vigente todavía. Este asunto merece un análisis serio de parte de las iglesias evangélicas para no sucumbir a la “tentación prebendarista”, esto es, a la tentación de recibir favores en términos de estatus jurídico, social y material, sin medir del todo las consecuencias en la sociedad y en la cultura. Ahora bien: ¿de qué prebendas hablo en esta nota? Específicamente me refiero a la posibilidad de que surja algún proyecto de ley pensado a la medida de los evangélicos. Y esto sería realmente una manera de activar en muchos dirigentes de las comunidades cristianas evangélicas la tentación de  ser, o aparecer, tan importantes en la sociedad argentina como la Iglesia Católica, cuya impronta en la sociedad y la cultura es muy fuerte debido en gran medida al dinamismo de sus dirigentes episcopales, que siempre se manifiestan sobre la realidad social y política de la nación, hecho constatable con independencia de que coincidamos o no con sus perspectivas. Y eventualmente podemos imaginar además, que podría ser una manera de activar también la tentación de adquirir otros beneficios, quizás, para funcionar en mejores condiciones como organizaciones intermedias de la sociedad civil, a cargo de actividades de promoción del bienestar y la educación, tal como lo podría hacer una ONG. Sin embargo, un rumbo de estas características iría en un sentido opuesto, o al manos divergente, con respecto a un republicano, serio y honesto sentimiento de respeto a la diversidad religiosa y a la pluralidad cultural, que debería entroncarse con el énfasis en la separación de la religión y el Estado, o lo que es lo mismo en otros términos, la laicidad del Estado, un concepto de cuño protestante sólidamente defendido entre los primeros evangélicos por algunas de sus personalidades más ilustradas en la Argentina a partir de finales del siglo XIX, y de ahí en adelante.
(1)  Este aspecto de la historia y la realidad contemporánea de las iglesias evangélicas en la Argentina ha sido ampliamente estudiado desde la perspectiva sociológica en el libro que tuve la oportunidad de escribir, “Ciudadanos de dos mundos. El movimiento evangélico en la vida pública argentina, 1980-2001”, editado por la Universidad Nacional de San Martín. Seguido a su vez, por otro titulado “Sal y luz a las naciones. Evangélicos y política, 1980-2001”, publicado por el Instituto Di Tella conjuntamente con Siglo XXI Iberoamericana.

Autor/a: Hilario Wynarczyk


Hilario Wynarczyk, es doctor en sociología y profesor de la Universidad Nacional de San Martín, UNSAM, en la ciudad de Buenos Aires, República Argentina. Reconocido como el sociólogo que más exhaustivamente ha estudiado a los evangélicos y en particular a los pentecostales en la Argentina, escribió dos libros que condensan los principales resultados de sus investigaciones sobre los temas de esta nota: “Ciudadanos de dos mundos. El movimiento evangélico en la vida pública argentina, 1980-2001” (UNSAM Edita, sello editorial de la Universidad Nacional de San Martín, 391 páginas) y “Sal y luz a las naciones. Evangélicos y política, 1980-2001” (Instituto Di Tella y Siglo XXI Iberoamericana, 222 páginas).

    Fuente: Lupa Protestante