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viernes, 19 de octubre de 2012

Dialogar sin fuerza es someterse al poder.


Los estudiantes y profesores no deben dar pasos atrás.

Pedro Echeverría V.

1. No podemos aceptar que quede en la cárcel algún preso político –de los consignados en Michoacán- porque estaremos repitiendo los grandes errores, incluso traiciones, de la izquierda socialdemócrata que sólo busca quedar bien con el poder. Hay que hacer más grande y combativo el plantón; extender en Michoacán y en el país que los gobiernos representan los intereses empresariales no del pueblo mexicano.

Quizá es el momento de organizar en Michoacán con otros grupos sociales, una segunda edición de lo que fue la APPO en Oaxaca, pero ahora con la participación y la mayor experiencia de toda la Coordinadora (CNTE). Michoacán no es Oaxaca, pero hay que ensayar otras formas de unidad y lucha contra ese mismo gobierno despótico del PRI y del PAN que en Oaxaca unió a Ulises, Fox y todo el PRI.

2. La imposicionismo y represión a estudiantes en Michoacán son parte de la educación nacional. El poder busca imponer en el país, contra viento y marea, un modelo educativo al servicio de los empresarios llamándole “modernidad tecnológica” que requiere inglés. Se burlan del lenguaje indígena (sea maya, tarasco, nahua o zapoteca) porque no tiene posibilidades de desarrollo capitalista. ¿Qué importan los indígenas –dicen los funcionarios- si no están integrados al progreso de la nación? Por eso –señala un tal Tuirán de la SEP- “estamos abiertos al diálogo, podemos escuchar con respeto”, pero sin tocar las cuestiones básicas que son el avance tecnológico y el inglés obligatorio”. “Además –dice Tuirán- las 400 escuelas normales fueron consultadas y nadie protestó; pero somos flexibles a renovar pero sin cambiar lo básico”.

3. “Funcionarios ignorantes sobre asuntos educativos reprimen en Michoacán…”, escribí ayer. Mi amiga Blanca Nieves me corrige con razón: “Las autoridades no son ignorantes, al contrario, son sabias porque tienen capacidad para ver y defender sólo sus intereses”. Y esa verdad es la que se observa en las conversaciones en Noruega entre las FALC y el gobierno colombiano. Al iniciarse hoy el “dialogo”, el representante del gobierno pide “que no hayan discusiones teóricas e ideológicas y sólo analizar cuestiones prácticas”; por el contrario las FALC demuestran de entrada en su análisis que más de la mitad de las tierras están en manos de un 4 por ciento de latifundistas y que el pueblo sólo posee un siete por ciento de las tierras para trabajar. ¿De qué pláticas de paz se puede hablar si toda Colombia está al servicio de los grandes empresarios y banqueros?

4. Lo mismo sucede en otros diálogos que se dan en México. Los funestos gobiernos, sean del PRI o del PAN, sólo abren “diálogo” cuando la gente ha ganado las calles y sus luchas son un clamor nacional; antes te puedes pasar días, semanas y meses pidiendo tontamente audiencia y nadie recibe a personas sin poder. Yo jamás he sido partidario de un diálogo con gobernantes porque en posición de debilidad es obvio que ellos se impondrán; sólo creo en diálogos cuando se tiene fuerza en las calles y los mismos gobernantes ruegan al movimiento que sean atendidos. Es vergonzoso que teniendo la fuerza en las calles, se acuda a la guarida, a los centros de operación de la autoridad, para escuchar lo que plantean. No jodan: son las autoridades quienes tienen que buscarnos porque están desesperados en parar nuestras acciones.

5. La lucha estudiantil en Michoacán y otros estados es la misma que la de los profesores de la CNTE y de los estudiantes universitarios del Yo soy 132. La batalla es contra la privatización de la educación que ha llevado a rechazar –mediante exámenes bien calculados- a millones de estudiantes de las universidades. Esa misma política de privatización es la que se practica contra los maestros usando exámenes tramposos, para ir eliminado a quienes las autoridades y líderes charros no quieran. ¡Ningún paso atrás! ¡Los estudiantes y los profesores de la CNTE conforman una unidad y es tiempo ya de consolidarla! Las secciones sindicales de Oaxaca, Michoacán, Guerrero de la CNTE siguen en pie de lucha y no van a capitular ante los falsos diálogos que ofrece el poder a cambio de sometimiento. (18/X/12)

Fuente: ApiaVirtual

viernes, 11 de marzo de 2011

La izquierda y los tiranos.



El sociólogo Salvador Giner escribe hoy en El Periódico este lúcido artículo, en el analiza el triste destino de la socialdemocracia europea, orientada desde los años ochenta por un gurú de la sociología. El autor no nombra a su colega, hoy miembro de la Cámara de los Lores, a quien responsabiliza de los errores del laborismo inglés y del socialismo español. Pero nosotros sí que podemos hacerlo: Anthony Giddens.

¿Qué fuerza o qué lógica diabólica hace que los progresistas traicionen una y otra vez sus ideales?

¿Por qué cuesta tanto ser de izquierdas? ¿No debería ser fácil y normal que un ciudadano amante de la libertad, de la igualdad de oportunidades, de la autodeterminación de los pueblos, de la redistribución de la renta y de la equidad mostrara una elemental simpatía por los gobiernos que ponen en vigor esos valores elementales? ¿No es cierto que los valores de cualquier sociedad decente son precisamente los de la izquierda y no otros?

Lo terrible es no poder hallar una respuesta fácil a la pregunta. ¿Qué enigmática fuerza histórica o, simplemente, qué lógica diabólica hace que la izquierda -la aliada natural del feminismo, del ecologismo, del pacifismo, de la educación para todos- traicione una y otra vez sus principios elementales?

La respuesta es sencilla si se expresa esta perplejidad desde las acostumbradas posiciones reaccionarias o, simplemente, conservadoras o incluso cínicas. Desde esa manera de ver las cosas, debe suponerse que mostrar asombro ante la acostumbrada tergiversación elemental de los principios es pecar de infantilismo. La naturaleza humana es la que es, de modo que cualquier orden político tenderá a aburguesarse, a consolidar el privilegio o a olvidar los principios que dieron el voto a quienes lo buscaron invocando ilusiones pero siempre sin la menor intención de aplicarlas.

La medida en que esta convicción fatalista de la inevitable incapacidad de la izquierda ha penetrado en el mundo mental de quienes suelen llamarse progresistas la está dando estos días la indecisión y timidez con que la socialdemocracia europea está respondiendo a las insurrecciones populares que en el mundo musulmán acaban con una tiranía tras otra. De pronto, quienes mantenían en una asociación hueca llamada Internacional Socialista a regímenes como el del déspota tunecino Ben Alí se percatan de que este era un ser abyecto y corrupto. Lo sabíamos todos. Que el demente Gadafiera un bárbaro terrorista internacional lo sabían, pero lo invitaban a una de las facultades de ciencias sociales más prestigiosa de mundo, en Londres, mientras sin rubor alguno se entregaban a charlar con él de democracia y a redactar panfletos inanes sobre algo llamado Tercera Vía. (Compréndese que al afamado sociólogo de la nada que a ello se dedicaba se le premiara con un ennoblecimiento en ese dechado de progresía que es la Cámara de los Lores por tales desvelos, pero se comprende menos que cualquier inanidad que de su boca salía fuera tan bien recibida por la socialdemocracia ibérica, sedienta de una inspiración que de casa no salía ni sale.) Junto a ello, lo que sí se comprende es que un payaso como Il Cavaliere, que el Gobierno italiano preside, haya halagado al tirano Gadaficon su séquito de amazonas mercenarias y sus juergas romanas. Al fin y al cabo, este caballero es de derechas.

Uno es ya muy mayor para esperar que unas palabras tristes, expresadas desde el privilegiado rincón de este diario, encuentren a alguien -no se sabe en qué partido, en qué movimiento social emancipatorio, en qué asociación cívica altruista- que les haga caso, que se las tome en serio, que piense que aún es posible alcanzar en esto de la política el imperio de la razón. Que todavía la batalla por mantener cuatro principios de decencia izquierdosa no está perdida. Uno es ya muy mayor para hacerse de derechas, pero no tanto para empezar a no esperar nada de quienes creía que eran sus correligionarios. O esperarlo solamente -¿hay alguien ahí?, ¿se me escucha?- de un puñado muy reducido de gentes a las que no les dé demasiada vergüenza reconocer que pertenecen a la tribu de los ilusos, de los ingenuos, y que, pese a ello, no piensan pasarse ni siquiera a la derecha más tranquila, más civilizada, más reformista. (También existe, y gana elecciones diciendo que es de izquierdas, ya ven.)

No pasa nada, señoras y señores -no teman, no voy a decir compañeros ni, los dioses inmortales me lo impidan, camaradas-, lanzaré mis ruidos de rigor solidarizándome con el levantamiento contra los tiranos que hasta hoy mismo apoyábamos, me quejaré comedidamente de lo malos que son los banqueros que han traído este descalabro económico, moveré mi testuz en desaprobación inútil de aquella maligna derecha que no permite ni en la sociedad más rica del universo que avance la medicina para los pobres o la educación para los que no la tienen. No pido que me hagan lord como mi colega inglés. ¿Qué iba a hacer un chico de Sarrià en Westminster de oropeles cubierto? Pero tampoco quiero que me confundan y alguien vaya a pensar que soy de izquierdas, de esas izquierdas tan estupendas, quiero decir, que solo se acuerdan de las creencias que proclaman cuando truena. Cuando se desatan los rayos que ellas mismas, conscientes en su plácido cinismo, provocaron.

Salvador Giner es Presidente del Institut d’Estudis Catalans.

Fuente: Atrio

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