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martes, 26 de marzo de 2019

A 40 años de Puebla, ¿por dónde pasa el profetismo y la revitalización de la Iglesia en la base?


[AMERINDIA]

Fruto de las reflexiones de la Articulación Continental de las Comunidades Eclesiales de Base (CEB), en su reunión de este año (Mixco, Guatemala, 25 y 26 de febrero), se plantearon algunos derroteros del profetismo y la revitalización de la Iglesia de la base, a la luz de la Conferencia de Puebla, hace 40 años.

El profetismo de la Iglesia de la base...

1. Pasa por el llamado a ser profeta desde lo personal y lo comunitario.

 

2. Pasa por la denuncia contra todo aquello que genera muerte, frente a los proyectos que atentan contra la vida de los pobres y de la madre Tierra, en la denuncia, anuncio y búsqueda de alternativas de vida y de justicia.

 

3. Pasa por lo más pequeño, como lo es la familia, y por el anuncio de la esperanza ante el mundo.

 

4. Pasa por las experiencia de las CEB, como núcleos que van proclamando una nueva sociedad y una nueva forma de ser Iglesia, por el modo de Iglesia que queremos ser: comunitario, solidario, fraterno; y por la fuerza y la resistencia del Pueblo de Dios peregrino, identificándonos en nuestros países con este momento crucial de la historia que vivimos desde la base, con la seguridad de que la 'roca' es Cristo.

 

5. Pasa por la espiritualidad martirial que nos confirma en nuestro compromiso por el Evangelio.

 

6. Pasa por las luchas sociales que parten de los más pobres y desde los pueblos originarios; del profetismo que surge fuera de la Iglesia, en otras bases sociales, desde otros ámbitos, como ocurre en la resistencia y la defensa de los pueblos ante los proyectos mineros y extractivistas, así como los esfuerzos que se emprenden desde su cultura y situación concreta.

 

7. Pasa por la denuncia que llevan adelante los países después de las dictaduras, y sus propuestas de vida.

 

8. Pasa también por una toma de conciencia de la situación del planeta y por las posibles articulaciones, alianzas y convenios que podamos hacer, porque si quedamos solas las CEB, el cambio no será posible. Como decía Mons. Romero: Dios nos salva como pueblo, pero no por cualquier pueblo, sino desde el pueblo de hombres y mujeres que conspiran por el bien común.


Para revitalizar la Iglesia desde la base...

1. La revitalización de la Iglesia supone retomar y reforzar en la base los avances y lineamientos logrados en el Vaticano II, en el magisterio latinoamericano y en la palabra del papa Francisco.

2. La revitalización pasa por reforzar la opción por los pobres, como sujetos en el anuncio de la esperanza organizada, quienes, a pesar de ser víctimas de las situaciones de muerte siguen adelante. Como lo manifestó Mons. Romero en Puebla: si la Iglesia olvida la opción de los pobres se olvida el Evangelio.

3. La revitalización de la Iglesia pasa por reforzar nuestra formación de manera permanente, integral y liberadora, siempre en confluencia con la búsqueda de alternativas para la vida.

4. La revitalización pasa por la inclusión de aquellos que luchan por la vida y la justicia desde otras bases sociales; por el desafío que supone lograr articulaciones con aquellos que luchan también por el cuidado y la defensa de la casa común.

Fuente: Amerindia

sábado, 28 de julio de 2012

Vaticano quita títulos a universidad de Perú.



Enviado a la página web de Redes Cristianas
Los títulos de “pontificia” y “católica” le fueron retirados por el Vaticano a la Pontificia Universidad Católica del Perú (PUCP) y un comunicado de esa institución, emitido ayer, fija para el lunes una asamblea universitaria en la que se analizará la situación.
Un comunicado del Rectorado publicado en su página web señaló que ayer recibió de manos del nuncio apostólico en Lima, James Green, el decreto procedente de la Secretaría de Estado del Vaticano.
El papa Benedicto XVI fue quien retiró el derecho a usar los títulos a esa universidad, informó la oficina de prensa vaticana en un comunicado.

En el decreto por orden papal y firmado por el secretario de Estado, el cardenal Tarcisio Bertone, se lee que esta decisión se ha tomado después de que dicha Universidad, fundada en 1917, “a partir de 1967 ha modificado unilateralmente sus Estatutos en diversas ocasiones perjudicando gravemente los intereses de la Iglesia”.
La nota explica que el Vaticano pidió a partir de 1990, en múltiples ocasiones, “adecuar sus Estatutos a la Constitución Apostólica Ex Corde Ecclesiae (15 de agosto de 1990), sin que haya respondido a esta exigencia legal”.
No obstante, “el Rector ha manifestado la imposibilidad de realizar cuanto se le requería, condicionando la modificación de los Estatutos a la renuncia por parte de la Arquidiócesis de Lima al control de la gestión de los bienes de la Universidad”, agregó el comunicado.
La presidenta de la Federación de Estudiantes de la PUCP, Sigrid Bazán, declaró a los diarios locales que “la universidad no tiene por qué perder convenios ni dejar de emitir títulos por ese decreto”.
Bazán agregó que “hay un tema legal peruano que hay que analizar”, pues el nombre está inscrito en Perú.
Fuente. Red Mundial de Comunidades Eclesiales de Base

martes, 14 de febrero de 2012

La comunidad sacramento.


José Luis Servera

Este texto lo escribió el autor para la reflexión interna en su comunidad cristiana, la de La Esperanza en Campanar (Valencia). El fin era iluminar la práctica de lo que ya hacen allí, a la luz de una entrevista hecha a Marcel Légaut en 1985 y publicada en español recientemente. Pero esa reflexión la pueden compartir seguramente muchos de los visitantes de ATRIO.

Légaut insiste en la necesidad de la fidelidad con la Iglesia, en que es importante. Según él, el mejor lugar para trabajar por la Iglesia o bien es al lado de la puerta, un poco en el interior, o bien al lado de la puerta y un poco al exterior. Es donde hay corriente de aire. ¡Uno se duerme en el coro, y las cosas suceden en las fronteras, en los límites! La experiencia lo demuestra.

Todos sabemos que Jesús vivió en la frontera a su manera. Llegó, es decir, su misión y sus circunstancias le llevaron a las fronteras de su pueblo ¡fronteras que eran también los límites de su religión! Una de las cosas fundamentales que Jesús vivió, ilumina algo también fundamental de nuestro camino en nuestra época: frente a la Iglesia de nuestro tiempo, nos cabe tener la misma actitud y conducta que tuvo Jesús frente al Israel de su tiempo, que era “su Iglesia”, pues era su religión, además de que Israel era su pueblo, dado que entonces ambas cosas no estaban separadas.

La Iglesia, tanto la alta jerarquía por su inmovilismo como la mayoría de católicos por su impreparación han hecho sufrir mucho a los que mejor preparados percibían lo que se avecinaba.

Nosotros debemos desarrollar nuestra interioridad, la vida espiritual y una comprensión profundamente humana de Jesús de Nazaret.

En los primeros tiempos, en seguida se elaboró una teología, o bien enraizada en la tradición judía o bien conforme a las perspectivas griegas. Todo esto obnubiló, por así decir, la inteligencia posible acerca de lo vivido por Jesús. Lo que sin embargo les debiera haber interesado entonces, y lo que ahora nos interesa, “es cómo Jesús podría hacernos vivir de verdad”. Por esto, insiste Légaut, en que el renacimiento venidero de la Iglesia será más espiritual e interior que el del comienzo. El segundo aliento de la Iglesia será más espiritual que el primero.

Nuestras parroquias, en general, son una muestra del estado agonizante de la cristiandad de antaño.

Los que dejaron la fe y la vuelven a descubrir, perciben muy bien que sólo hay un sacramento y se desarrolla a través de la Comunidad de fe. La vida espiritual tiene necesidad de expandirse, de extenderse, de comunicarse para poder existir. El compromiso es tanto una consecuencia de la vida espiritual como una condición de ésta.

El punto de partida, la base de una Comunidad de fe es ayudar a sus miembros a llegar a ser discípulos de Jesús de Nazaret. Para ello, creo que la Iglesia debe ayudar a los creyentes a tomar conciencia de la situación política y social por medio de su propia vida espiritual, y luego que cada uno se comprometa, de una u otra forma, según su propio camino, sin querer nosotros precisar más las cosas.

Los cristianos tienen que convencerse de que, cuando se reúnen para hablar de Jesús de Nazaret, para reflexionar y meditar sobre el Evangelio, no pierden el tiempo aunque no comulguen. Basta reunirse dos o tres en su nombre para no perder el tiempo y cumplir la voluntad del Señor. Convencerse de esto, según Legaut, es de capital importancia.

Hay que ser modestos; hay que empezar por tomar conciencia de que, cuando varios se reúnen en su nombre, algo pasa en cada uno que justifica todas las dificultades y sacrificios que hay que hacer para que estas reuniones se puedan dar.

Porque el sacramento no es otra cosa que la actividad de una Comunidad de fe que actualiza a sus miembros en una dirección precisa y, para unos miembros determinados, la presencia de Jesús en dicha Comunidad por el hecho mismo de haberse reunido en su nombre, es algo muy importante.

Es evidente que cierta jerarquía es necesaria e indispensable. Pero considerar que esta jerarquía tiene un carácter absoluto y sagrado, tal como comenzó a atribuírsele cien años después de la muerte de Jesús y hasta ahora es lo que constituye una dificultad y la objeción mayor. Por eso, según Légaut, la celebración del pequeño grupo le parece importante, porque desplaza el poder de uno sólo a unos cuantos y esto es bueno para la Iglesia y las comunidades.

¿Qué se nos puede reprochar? No podemos decir “Misa”, no queremos ni celebrar un sacrificio, ni reproducir un acto litúrgico. Lo que queremos hacer y hacemos es una comida fraterna basándonos en el dicho de Jesús, de que cuando dos o tres se reúnen en mi nombre, Él está entre nosotros. Comemos un trozo de pan, bebemos un sorbo de vino, y así actualizamos y hacemos sensible lo ocurrido hace veinte siglos.

¿Cómo desarrollar dicha actualización? Primero, poniéndonos en presencia de Dios, leyendo un pasaje del Evangelio y comentándolo entre nosotros. Posteriormente repartiéndonos el pan y el vino. Acabar rezando todos de pie un padrenuestro y dándonos la paz del Señor.

Con este tipo de celebración de la Cena del Señor acabamos con el sentido sacrificial y expiatorio de las eucaristías tradicionales y con sus intercesiones y mediaciones, pues el Dios que nos descubre Jesús de Nazaret no las exige, haciéndose innecesaria una traducción y reinterpretación de la misa litúrgica con todo el desfase conceptual y carga dogmática que conlleva.

Légaut cree que la actividad de la Cena que hemos descrito, es una de las mejores formas para que una Comunidad de fe tome conciencia de la originalidad de lo que Jesús de Nazaret vivió en el fondo de su ser.

Nota : Citas tomadas de la entrevista realizada a Marcel Légaut por Michel Dubois en el Mas de Rubiac, Cazevieille en octubre de 1985. En Cuadernos de la Diáspora, nº 23, noviembre de 2011. Asociación Marcel Légaut.

Fuente: ATRIO

jueves, 12 de enero de 2012

La iglesia de los pobres y la ofensiva conservadora: lecciones y dilemas de nuestra estrategia.


Comisión de Vivencia, Fe y Política, junio de 2011
América Latina ha sido vista recientemente como el único continente que pasó de la resistencia a la construcción de alternativas al neoliberalismo. Sin embargo, la política económica de los gobiernos “progresistas” deja ver que si bien las políticas implementadas se alejan del neoliberalismo en su versión ortodoxa, al mismo tiempo distan de ser una alternativa al capitalismo mundial. En Ecuador, el verdadero horizonte del Gobierno es una economía extractivista con explotación minera a gran escala. El gran desafío de los movimientos populares y de izquierda es convertirse en factores decisivos que presionen por un cambio radical y profundo que siente las bases de una sociedad pos-capitalista. Semejante desafío resulta más complejo y difícil cuando estos movimientos tienen que enfrentar no solo a la acción de la derecha sino a la represión y persecución de estos mismos gobiernos “progresistas”.
En el plano eclesial asistimos a uno de los momentos más altos de la ofensiva conservadora liderada por el Vaticano. El vertiginoso ascenso a los altares de Juan Pablo II, principal gestor de la contrarreforma eclesial, simboliza esta ofensiva. El Vaticano posiciona a los movimientos eclesiales más conservadores como el OPUS DEI o Heraldos del Evangelio (Tradición Familia y Propiedad) en antiguas diócesis progresistas con la finalidad expresa de liquidar todo lo que quede de la teología de la liberación. A pesar de las resoluciones en cierta medida progresistas de la V Conferencia del Episcopado Latinoamericano realizada en Aparecida en mayo del 2007, las estrategias de resistencia de los grupos populares eclesiales han sido extremadamente débiles.
El conflicto en la Iglesia de Sucumbíos muestra la fragilidad y potencialidad de los procesos liberadores ante la ofensiva conservadora. La importancia de la expulsión de los Heraldos del Evangelio no puede ser minimizada. Es un gran logro de la resistencia de la Iglesia de los Pobres. No era fácil conseguirlo y todos debemos felicitarnos y felicitar a los hermanos de ISAMIS. Pero en el fondo persiste un problema de estrategia. Hacia fines de los años 1960 e inicios de los años 1970 la iglesia latinoamericana pretendía hacer de la Iglesia católica una “comunidad de comunidades”. Esa pretensión ha fracasado. Como bien lo planteó José Comblin cuando nos acompañó en el Primer Encuentro de Iglesia de los Pobres en el año 2006, “era ingenuo pensar que toda la iglesia iba a transformarse en una comunidad de comunidades pobres. Esto era ignorar la historia”.
Debemos revisar esa estrategia urgentemente. Una mirada a los procesos eclesiales populares que hemos vivido nos permitirá identificar los principales dilemas estratégicos que enfrentamos y nos servirá para rectificar con miras a crear las condiciones básicas para resistir en mejores condiciones la ofensiva vaticana. Presentamos a la discusión nuestra lectura de cuáles son esos dilemas centrales y cuáles los desafíos para una estrategia renovada.

•    Trabajar en silencio vs opción profética

Hasta ahora amplios sectores de la Iglesia de los Pobres han caminado subordinados a la institucionalidad eclesial, buscando “no hacer olas”, evitando los enfrentamientos abiertos, las confrontaciones públicas y mediáticas. El costo de esta estrategia ha sido renunciar a un testimonio profético público y abierto. Esta estrategia sin duda contribuye a construir estructuras locales de base, se gana tiempo y se evita la intervención de las jerarquías conservadoras mientras se desarrolla un trabajo de base que requiere del rol activo y un liderazgo del clero. Pero a la larga se renuncia a la acción profética pública y se sacrifica la posibilidad de contribuir a crear un imaginario social de una iglesia distante del poder hegemónico, cercana a los intereses populares y a los procesos de lucha social. Una Iglesia que, como ocurrió durante los tiempos de Monseñor Leonidas Proaño, en momentos de conflicto puede activar una red estructurada de apoyos políticos, una importante movilización social y ganar la opinión pública de amplios sectores.
•    Trabajo local vs trabajo nacional
Hasta ahora la mayoría de la Iglesia de los Pobres ha privilegiado el trabajo parroquial, la organización local, y, en el mejor de los casos, una estrategia confinada al ámbito diocesano. Carecemos de espacios de articulación nacional con estructuras propias. El trabajo de la Iglesia Popular es prioritariamente localista y parroquial. Pocos han estado dispuestos a avanzar en procesos nacionales reales, en redes de comunicación, en estructuras que puedan activar la solidaridad entre los grupos locales. Los pocos vínculos continentales desarrollados muchas veces son solo formales sin que existan estructuras nacionales funcionales y efectivas. El resultado ha sido, entonces, un proceso organizativamente débil, disperso y políticamente vulnerable, sin liderazgos públicos aceptados y reconocidos.
•    Estructuras autónomas vs pertenencia a la iglesia institucional
En muchas ocasiones se ha visto con desconfianza la demanda de crear estructuras autónomas, independientes de la institución eclesial. Se lo ha considerado una amenaza a la unidad eclesial o una falta de identidad de Iglesia. Sin embargo, la verdad es que los únicos procesos que han sobrevivido luego de las ofensivas conservadoras han sido las estructuras construidas con autonomía frente a la institución eclesial. Su autonomía incluye lo económico, lo político y lo ideológico, y su dinámica no responde a las necesidades e intereses institucionales. Prácticamente todas las estructuras construidas sobre la base de la dependencia eclesial, si han sobrevivido, lo han hecho renunciando al compromiso liberador.
Esto es evidente en Ecuador. Dos obispos distintos, progresistas ambos, con dos estilos diferentes y con resultados similares. Monseñor Leonidas Proaño, con fuerte acción profética pública, que tuvo alcances nacionales y mundiales. Su acción pública le costó no pocos enfrentamientos abiertos con sus compañeros de episcopado y persecuciones por parte del poder político y económico. Por otro lado, Monseñor Gonzalo López Marañón, con una acción pastoral silenciosa, sin hacer olas, sin más denuncias públicas que las estrictamente necesarias y casi únicamente desarrolladas dentro del ámbito diocesano, con una acción pastoral casi desconocida, o conocida únicamente dentro de los ámbitos progresistas de la iglesia. Los resultados en ambas experiencias están a la vista: en Chimborazo lo que pudo escapar a los cambios institucionales fueron las organizaciones indígenas y populares que crearon sus propias estructuras independientes de la institución como el Movimiento Indígena de Chimborazo. Las que se llamaron “Iglesias vivas” (comunidades indígenas que incluyeron en sus dinámicas sociales la lectura del evangelio) sobrevivieron con dificultad debido en muchos casos a las dependencias que tenían frente a los sacerdotes que hacían las veces de dinamizadores y brindaban legitimidad y confianza a la organización. Las Comunidades Eclesiales de Base virtualmente desaparecieron, aunque algunas sobrevivieron en condiciones totalmente marginales, resistieron y existieron a la espera de que algún sacerdote llegara en su auxilio. Pero la dinámica de la iglesia de Riobamba sufrió un retroceso radical: más sacramentos, menos organización popular, más iglesia menos sociedad nueva.
Algo parecido sucede en Sucumbíos. Ante la llegada brutal y despiadada de los Heraldos del Evangelio, la resistencia más estructurada se organizó desde la Federación de Mujeres de Lago Agrio: la principal trinchera para enfrentar la ofensiva conservadora son las organizaciones populares y las organizaciones de la sociedad civil, apoyadas y sostenidas, sin duda, por las comunidades eclesiales de base. Aunque en este caso todavía está por verse el desenlace final y la manera en que quedarán las CEB, es claro que cualquiera que sea, las organizaciones eclesiales existirán mientras permanezcan sacerdotes, monjas u organizaciones religiosas afines a sus principios pastorales. Luego de la importante victoria de la resistencia al expulsar a los Heraldos del Evangelio ¿es razonable suponer que el Vaticano nombrará un obispo progresista afín a la Teología de la Liberación? Por supuesto, la respuesta es no. Aunque no puede descartarse que ocurra algún milagro, lo más probable es que el sucesor definitivo provenga de sectores moderados o conservadores que realice los cambios más pausadamente pero de manera igualmente implacable. Esto es lo que ha ocurrido en todas partes, de Riobamba a Los Ríos, de Guaranda a Cuenca. El resultado será seguramente el mismo: las estructuras construidas al amparo eclesial no resisten un cambio jerárquico. El caso de la Radio Sucumbíos es el mejor ejemplo de un reiterado error estratégico: dejar las estructuras liberadoras en manos de la Iglesia cuando pudo haberse trasladado su propiedad a manos de los laicos, de alguna comunidad con personería jurídica propia o de alguna organización social. Ninguna lucha social tiene garantías, pero es claro que hay mejores oportunidades para resistir los cambios impulsados por la jerarquía conservadora cuando hay autonomía laical.
Los dilemas estratégicos que hemos mencionado son verdaderos y nadie tiene la fórmula mágica para hacerlos desaparecer. Las estrategias silenciosas, parroquiales e internas de la iglesia, pueden exhibir logros importantes. Pero han tocado sus límites ante la presión conservadora de la Iglesia. Es hora de revisar estos aspectos estratégicos para que en cada sector la iglesia liberadora y las organizaciones populares estemos en mejores condiciones para resistir y para construir alternativas. ¿Necesitamos estructuras nacionales? ¿Cómo deben ser? ¿Necesitamos una voz pública? ¿Quién o quiénes deben lanzarse a ganar la opinión pública? ¿Necesitamos estructuras autónomas frente a la Iglesia? ¿Cuáles y cómo sostenerlas? Sobre todo, para modificar nuestras estrategias debemos poner nuevamente en su sitio lo esencial: el carácter “Reino-céntrico” de la iglesia de los pobres. Lo central es construir el Reino, “lo demás vendrá por añadidura”. Por tanto, hay que relativizar la institucionalidad eclesial, su estructura, sus prácticas, su distorsionado mensaje que traiciona el del evangelio. Hay que combatir decididamente la dinámica hegemónica de la iglesia. Y todo esto debería ser pensado a la luz de las luchas históricas de las víctimas del sistema, no desde el interés eclesial sino desde la necesidad urgente de combatir el sistema capitalista en crisis que genera todo tipo de desigualdades. La Iglesia de los pobres debe ser un instrumento más, junto a muchos otros, de este proceso de construcción histórica del Reino de Dios.
Fuente: ATRIO