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jueves, 6 de abril de 2017

Monseñor Romero: piedra de tropiezo.


No se puede conmemorar con verdad el martirio de monseñor Romero cuando el pueblo salvadoreño, su pueblo, es dispersado por el hambre, la extorsión y el asesinato. Tampoco se puede desear con verdad su canonización cuando se mata para imponer el orden que, en realidad, es un desorden, disfrazado de legalidad, que no solo expolia a los más débiles, sino que, además, los obliga a recurrir a la violencia para sobrevivir. Porque a monseñor Romero le dolía su pueblo, profanan la memoria del mártir quienes declaran soberbiamente que el asesinato de pandilleros y de supuestos pandilleros no debe llorarse. Profanan la memoria del mártir quienes pretenden resolver los graves problemas sociales del país con la violencia, porque él siempre propuso el diálogo y el entendimiento. Es hipocresía solicitar al papa Francisco la canonización del beato e invitarlo a El Salvador cuando se pretende resolver el conflicto social con el uso de la fuerza y no con el diálogo; cuando en lugar de humanizar la sociedad, la deshumanizan; cuando no se ocupan del pueblo salvadoreño, el mismo pueblo del que monseñor Romero dijo que no costaba ser pastor.

Pastor no es solo el obispo. Los gobernantes y los políticos, en cierto sentido, también están llamados a ser pastores. Pero son malos pastores, porque no cuidan del pueblo que dirigen. No le procuran alimento ni seguridad, sino que lo esquilman y lo abandonan a su suerte. Ellos engordan, mientras el pueblo languidece. Ellos protegen su salud con seguros privados, mientras la gente muere de enfermedad y abandono. Ellos viajan por el mundo en primera clase para asistir a importantes reuniones, mientras al pueblo lo mantienen en la ignorancia. Ellos aplauden con entusiasmo las remesas, pero no se ocupan de los que regresan deportados y humillados. Y cuando el pueblo se vuelve un estorbo, lo acosan, lo persiguen y lo matan con la buena conciencia del deber cumplido.

Conmemorar a un mártir como monseñor Romero exige conversión, es decir, vencer el deseo aparentemente irresistible de acumular dinero y juntar propiedades, de imponer la propia voluntad mediante el uso de la fuerza, de vengar las ofensas recibidas, de destruir al adversario, de abusar de los débiles, de aprovecharse de los desprevenidos. Esta dimensión negativa de la conversión es inseparable de otra positiva. La renuncia a esos aparentes bienes es seguida de la vuelta a los demás, en particular, a los vulnerables, los abandonados y los pobres. En la medida en que el converso se vuelve hacia ellos, encuentra al Dios de Jesús. Un mártir de la injusticia, de la intolerancia y de la violencia como monseñor Romero no puede ser conmemorado sin conversión.

El problema es que muchos piensan que no la necesitan, porque dicen caminar en la legalidad, atenidos a las reglas del juego. Cumplen los preceptos civiles y religiosos. Pero a su paso siembran inhumanidad al mismo tiempo que ellos mismos se deshumanizan, dominados por oscuras pasiones destructivas. Estos tales confunden la legalidad con la miseria humana, la propia y la que crean a su alrededor. Las víctimas de la injusticia y la violencia también necesitan de conversión para desterrar el resentimiento y el deseo de venganza, una reacción hasta cierto punto comprensible, pero contraria al precepto evangélico de amar al enemigo. No es la violencia la que vence al mal, sino la bondad y la misericordia. Aceptar esta realidad exige una dolorosa conversión.

La conmemoración de monseñor Romero en el actual contexto de horror, disfrazado de justicia, muy similar al experimentado en sus días, es un nuevo llamado a la conversión. En cualquier caso, aquellos que se obstinan en caminar en las tinieblas debieran abstenerse de pedir su canonización y de invitar al papa Francisco a visitar el país. Y el cuadro que preside el salón principal de Casa Presidencial debiera ser descolgado, porque quienes se reúnen bajo su mirada sonriente no han acogido sus enseñanzas. Viven del poder y para el poder, todo lo contrario a monseñor Romero, que puso su poder arzobispal y el poder institucional de la Iglesia al servicio del pueblo salvadoreño. Monseñor Romero es un ejemplo de cómo poner el poder al servicio de las mayorías pobres de El Salvador.

La fidelidad al evangelio del reino de Dios y su justicia ha hecho de Monseñor Romero una piedra de tropiezo para quienes se niegan a convertirse. El mártir pone en evidencia la hipocresía de quienes lo celebran sin aceptar su palabra profética. Solo quienes aspiran a que se haga verdad sobre el pasado de violaciones a los derechos humanos y justicia, donde predomina la mentira y el despojo, celebran con verdad a monseñor Romero. Ellos recogen su palabra profética y sueñan con una sociedad igualitaria, solidaria y fraterna. Ese era su sueño y por eso lo mataron. Pero no ha muerto, tal como quisieron sus asesinos, sino que vive en lo mejor de su pueblo.

Fuente: uca.edu.sv

lunes, 1 de abril de 2013

Monseñor Romero y la iglesia de los pobres.





Óscar Arnulfo Romero, fue arzobispo de San Salvador desde 1977 y durante su ministerio denunció públicamente la violencia política y las violaciones a los derechos humanos que se vivían en su país. El 24 de marzo de 1980 fue asesinado cuando oficiaba una misa en la capilla del hospital de La Divina Providencia en la colonia Miramonte de San Salvador.
Organizaciones populares y religiosas de El Salvador conmemoraron el pasado domingo el 33 aniversario del asesinato del obispo mártir monseñor Oscar Arnulfo Romero y su legado por los pobres y perseguidos.
La Comisión de la Verdad de Naciones Unidas, que investigó las violaciones a los derechos humanos durante el conflicto armado (1980-1992), concluyó en 1993 que el crimen fue organizado por el fundador de la Alianza Republicana Nacionalista (Arena), el mayor Roberto D’Aubuisson. D’Aubuisson dio la orden de asesinar al Arzobispo e instrucciones precisas a miembros de su entorno de seguridad, actuando como “escuadrones de la muerte”, de organizar y supervisar la ejecución del asesinato, precisa el documento (p.132).
Un día antes del atentado, el domingo 23 de marzo de 1980, monseñor Romero hizo en su homilía un ferviente llamado a la dictadura militar a cesar la persecución del movimiento popular reivindicativo. “En nombre de Dios y en nombre de este sufrido pueblo, cuyos lamentos suben hasta el cielo cada día más tumultuosos, les suplico, les ruego, les ordeno en nombre de Dios: Cese la represión”, expresó.
Los homenajes a Romero se prolongaron durante los últimos días por la fundación que lleva su nombre y la Universidad José Simeón Cañas (UCA), jesuita, también desarrolló un programa de actividades en su memoria.
El presidente Mauricio Funes, quien considera a Romero el guía espiritual de la nación y durante cuya administración se han hecho los primeros homenajes oficiales al religioso, rindió la víspera tributo al obispo mártir. El nombre de Monseñor Romero significa opción preferencial por los pobres, significa la justicia por la que luchamos y, sobre todo, la verdad que nos permitirá alcanzar la paz que todos anhelamos, afirmó Funes. El mandatario subrayó que “fue en vida la voz de los que no tienen voz y ahora, después de su martirio, siempre será así”. Recordó que el crimen fue ejecutado “bajo órdenes de mentes asesinas de la época, de gente que quería callar la voz de Monseñor, que quería borrar con esa muerte su palabra a favor de los pobres, de los vulnerables”. “Aún seguimos esperando que la justicia llegue al fondo del caso y revele esa verdad, que no solo se debe a los familiares de Monseñor, sino a la Iglesia Católica y a todo el pueblo salvadoreño”, expresó (1).
JON SOBRINO, S.J., director del Centro Monseñor Romero de la UCA de San Salvador, ha subrayado que “viendo el sufrimiento de los salvadoreños dijo Monseñor Romero: “No abandonaré a mi pueblo”. Y no fueron palabras vanas. Solía decir: “Con ustedes correré todos los riesgos”. Y al presidente del país que le ofrecía protección le contestó solemnemente: “Quiero decirle que, antes que mi seguridad personal yo quisiera seguridad y tranquilidad para 108 familias y desaparecidos. Un bienestar personal, una seguridad de mi vida no me interesa mientras mire en mi pueblo un sistema económico que tiende cada vez más a abrir esas diferencias sociales”. De su dolor habló Monseñor en las homilías. “Hermanos, ya me duele mucho el alma de saber cómo se tortura a nuestra gente”. Y las homilías las preparaba así. “Le pido al señor durante toda la semana, mientras voy recogiendo el clamor del pueblo y el dolor de tanto crimen, la ignominia de tanta violencia, que me dé la palabra oportuna para consolar, para denunciar, para llamar al arrepentimiento”.
Creaba, estrujaba el lenguaje, para que aflorase su dolor. “Esta semana se me horrorizó el corazón cuando vi a la esposa con sus nueve niñitos pequeños que venía a informarme. Según ella lo encontraron con señales de tortura y muerto. Ahí está esa esposa y esos niños desamparados”.
Arremetió contra los criminales, y más allá de la justicia legal y restaurativa conminó a hacerse cargo de la vida de esos nueve niños: “Yo creo que el que comete un crimen de esa categoría está obligado a la restitución. Es necesario que tantos hogares que han quedado desamparados como este reciban ayuda. El criminal que desampara un hogar tiene obligación en conciencia de ayudar a sostener ese hogar”. Y la buena noticia de ese pueblo. En ese pueblo sufrido Monseñor Romero encontró luz, cariño y amor. “Siento que el pueblo es mi profeta”. “El obispo siempre tiene mucho que aprender de su pueblo”. “Entre ustedes y yo hacemos esta homilía”. “Con este pueblo no cuesta ser buen pastor”. “Me glorío de estar en medio de este pueblo”.
Razón tenía el padre Ellacuría cuando dijo: “Con Monseñor Romero Dios pasó por El Salvador” (2).

Celebraciones el mundo

Religiosos y referentes de los derechos humanos, como el Premio Nobel de la Paz Adolfo Pérez Esquivel, participaron el pasado sábado 23 de marzo de diversos actos en Roma (Italia) para recordar el 33 aniversario del asesinato del obispo salvadoreño, Oscar Romero.
Las actividades comenzaron hace algunos días, pero el acto central se efectuó ayer y hoy con la realización de un encuentro público en el Capitolio, titulado “Martirologio Latinoamericano”, una misa y un celebración ecuménica realizada bajo el lema de “Oscar Romero símbolo de los mártires de la justicia y de la paz”.
Pérez Esquivel afirmó que el religioso salvadoreño es “un mártir y profeta de la iglesia” cuyo mensaje fue “ser coherente entre el decir y el hacer con el Evangelio”.
Estas celebraciones para recordar a Romero son de larga tradición en Roma, ya que comenzaron hace varios años por iniciativa del entonces Director de la Caritas romana, monseñor Luigi Di Liegro, se informó oficialmente en comunicado del CIPAX. Además, en Roma existe una iglesia -la basílica San Bartolomeo all’Isola- que dedica sus altares a los “Mártires del Siglo XX y XXI”, y donde se pueden ver las imágenes de sacerdotes, religiosas y laicos muertos por el terrorismo de Estado en Latinoamérica (3).
Ángel González, colaborador del Movimiento Latinoamericano Molacnats, me ha comentado que “en Diciembre de 1980, niños de los sectores populares de los barrios del Norte de Barquisimeto, Venezuela agrupados en el Movimiento de Acción de los Niños (MOANI) organizaron una marcha por la Paz, en solidaridad con el pueblo Salvadoreño y en memoria del Santo Mártir de ese país, quien defendió la dignidad de los pobres, denunció las masacres cometidas por las fuerzas armada y el gobierno nacional apoyado por el gobierno de los Estado Unidos. Recordamos en esta Semana Santa la pasión, muerte y resurrección en el pueblo, de un verdadero profeta quien con su sangre regó las tierras de nuestra América latina donde hoy germinan los frutos de lucha, dignidad y libertad. Viviremos y Venceremos!”.
Gustavo Gutiérrez, sacerdote, teólogo y padre de la Teología de la Liberación, se une a la búsqueda de justicia que anima la lucha de Monseñor Romero con esta reflexión para la semana santa.
“¿Tú eres rey?”, pregunta Pilatos a Jesús en un texto del evangelio de Juan que volveremos a leer esta Semana Santa. Jesús no lo niega, pero precisa: “Mi reino no es de este mundo”. Pilatos, astuto, no se engaña, le dice: “¿Entonces tú eres rey?”. Una cuestión que es, más bien, un aserto. Jesús asiente: “Yo soy rey”. Esa afirmación le costará la vida. Sus acusadores aprovecharán para gritar que ello va contra la autoridad del emperador romano, por esa razón, y no sin intención burlona, pondrán la inscripción INRI en la cruz.
Pero ¿qué ha querido decir Jesús al sostener que su reino ‘no es de este mundo’? ¿Se trataría de un reino ahistórico, alojado exclusivamente en un más allá de nuestro tiempo? Según el testimonio de los evangelios, el reino está presente desde ahora entre nosotros, en ruta a su plenitud, incluso nos enseñó a pedir “que tu reino venga”. Jesús dice a Pilatos que es rey, pero de un reino muy distinto al que el gobernador representa. No es mundano, no usa el poder para dominar y defender privilegios, sino para servir. Servir, ante todo, a los últimos de la sociedad, a los olvidados. Sin duda, se requiere de medios eficaces para transformar situaciones en las que no se respeta la dignidad humana y los derechos humanos de los más débiles; eso sí constituye un poder, pero, desde las enseñanzas del evangelio, deber ser siempre un poder generoso y humilde de servicio. No como el de “los grandes de este mundo” que “tratan despóticamente” y “abusan de su poder”. “Que no sea así entre ustedes”, les dice Jesús a sus discípulos (Marcos 10,42). Una advertencia hoy para todos, incluida la propia Iglesia.
Hacer memoria de la muerte y resurrección de Jesús debe ser una ocasión para respirar a pleno pulmón y experimentar el don de la vida que celebramos en estos días. No nos dejemos ganar por el escepticismo frente a la necesidad de cambios personales y a la posibilidad de construir una sociedad justa y humana, en la que todos tengan un lugar digno y justo. Aprender a estar alertas frente a todo tipo de maltrato y discriminación, y ser conscientes de la parte de responsabilidad que nuestra dejadez y repliegue culpable sobre nosotros mismos pueden tener en esos hechos, son condiciones indispensables para un cambio. Al renovar nuestra esperanza en el misterio pascual que celebraremos muy pronto, renovemos igualmente la capacidad de estar atentos a todo lo que vulnere a los seres humanos, imágenes de Dios para un creyente, por quienes Jesús entregó su vida”, concluye Gustavo Gutiérrez (4).

Monseñor Romero y el nuevo papa Francisco

El papa Francisco acaba de decirnos que sueña con una “Iglesia pobre y para los pobres”, para eso necesitamos, como lo ha dicho también, reconocer que el auténtico poder de la Iglesia consiste en servir a los pobres.
El premio nobel por la paz Adolfo Pérez Esquivel encontró el Papa Francisco en Vaticano y asistió en Roma a una misa y a otra ceremonia en memoria del obispo salvadoreño. “Con el Pontífice hemos hablado de nuestros mártires, semillas de vida que han dado la propia vida por otras personas. Romero era un gran profeta, es un mártir de la Iglesia”, dijo. “Estamos muy contentos con la elección del papa Francisco. Por primera vez ha sido elegido un pontífice latinoamericano y eso llevará a la Iglesia a salir del eurocentrismo” comento Pérez Esquivel a los periodistas reunidos en la sede del Serpaj (Servicio Paz y Justicia) en Roma.
Espero que el Papa Francisco pueda reconocer que el Reino de Dios en la Tierra fue construido también por sacerdotes que fueron injustamente expulsados por el orden de los salesianos, como por ejemplo Alejandro Cussianovich (Perú) y Gerardo Lutte (Bélgica-Italia), como acabo de denunciar en el artículo “Le pape François et une église des les pauvres “que he publicado en la agencia ALAI (5) y en el Fórum des Alternatives (6).
Concluyo con las palabras de JON SOBRINO, S.J., director del Centro Monseñor Romero de la UCA de San Salvador: “Este año el aniversario de Monseñor Romero coincide con la elección de un nuevo papa, Francisco. Para terminar quiero decir brevemente dos cosas: la primera es mi deseo de que en él los pobres encuentren siempre compasión. Que el papa nos ayude a nosotros a ser compasivos con los pobres. Y que nosotros ayudemos al papa a ser compasivo con ellos. La segunda es presentarle algunos deseos. Menciono cuatro que me parecen importantes, y que espero sean de su agrado:
1. Que proclame que la Iglesia es Iglesia de los pobres, y que escuche con alegría el aplauso de Juan XXIII, quien descansa en paz en una tumba cercana a su aposento papal.
2. Que de una vez por todas enaltezca a la mujer y resuelva valientemente el problema de la mujer en la iglesia. Y que con las mujeres dentro la Iglesia sea mejor partera de humanidad.
3. Que no abandone la modesta cruz que lleva al pecho. Y que comience a dar pasos para dejar de ser jefe de Estado. Y así, que haga de la iglesia un pueblo que camina, con tanteos, hacia Dios.
4. Que canonice sin necesidad de repetir fórmulas y sin quedar aprisionado en normas, a todos los mártires y a todas las mártires de la justicia en el seguimiento de Jesús. Y si busca un nombre para que todos ellos y ellas tengan nombre, desde aquí le ofrecemos muy humildemente el nombre de Monseñor Romero y el nombre de los mártires de El Mozote. Y que él añada muchos otros nombres de hombres y mujeres -y de pueblos crucificados- que han dado su vida por amor como Jesús crucificado y como el siervo sufriente de Yahvé. Con todos ellos y con todas ellas Dios ha pasado por este mundo.

Que Monseñor Romero le ayude al papa Francisco. Y que nos ayude a todos nosotros a parecernos a Jesús de Nazaret”, concluye p. Jon Sobrino (7).
NOTAS
·http://www.andes.info.ec/personaje/conmemoran-trigesimo-tercer-aniversario-asesinato-monsenor-romero.html
·http://www.redescristianas.net/2013/03/25/en-el-xxxiii-aniversario-del-martirio-de-monsenor-romero-homilia-del-padre-jon-sobrino-el-22-de-marzo-en-la-capilla-de-la-uca/
·http://www.cipax-roma.it/oscar_romero.asp
·http://puntoedu.pucp.edu.pe/opinion/la-semana-santa-y-los-pobres/
·http://alainet.org/active/62630
·http://www.forumdesalternatives.org/fr/le-pape-francois-et-une-eglise-des-les-pauvres
·http://www.redescristianas.net/2013/03/25/en-el-xxxiii-aniversario-del-martirio-de-monsenor-romero-homilia-del-padre-jon-sobrino-el-22-de-marzo-en-la-capilla-de-la-uca

[* Operador de redes internacionales para la defensa de los derechos humanos en Latinoamérica. Co-fundador del Observatorio sobre Latinoamérica SELVAS. Trabaja en Latinoamérica desde 2001 con experiencias en Guatemala, Ecuador, Perú, Colombia, Venezuela, Brasil. Investigador, panelista y autor de varios libros].

miércoles, 11 de enero de 2012

Golpes a la conciencia.



Por Federico Pagura. (*)
Rosario. Santa Fe.

Inspirado en la palabra y la vida de ese inolvidable mártir cristiano que fue el obispo Oscar Romero (1917-1980) de El Salvador, un querido amigo y director de la revista “Kairos”, se pregunta frente al tradicional saludo que millones habremos pronunciado ante las recientes celebraciones navideñas: “¿Feliz  navidad o feliz vanidad?”  Esa pregunta me acompañó durante todos estos días cargados de memorias y emociones, que se entremezclan con las alegrías y tristezas de los críticos tiempos que estamos atravesando.

Por eso recibo también con suma preocupación (“agonía” como la denomina Unamuno, ese gran vasco que sacudió nuestra conciencia en otra generación) dos palabras proféticas que en estos mismos días han resonado en nuestro continente. 

Me refiero a Fidel Castro, quien desde su mirador en la Habana, a sus ochenta y cinco años, nos advierte con lucidez y crudeza a la vez, sobre la “Marcha hacia el abismo” que hemos emprendido como humanidad. Y en segundo lugar, a nuestro compatriota Osvaldo Bayer, quien con la fuerza y la honestidad que le caracterizan, nos interpela y desafía, particularmente a los creyentes, desde Bonn, en el corazón de ese viejo mundo en crisis, sobre “la búsqueda de un Dios benevolente”. 

Fidel, a partir de los datos más precisos y científicos que logra reunir sobre el presente y futuro de nuestro planeta y sus habitantes, confiesa que podría calificar de “inexorable” esa  marcha hacia el abismo (¿El juicio final implícito en las doctrinas religiosas más extendidas en el mundo actual?), sin que nadie considere “pesimistas”, sino realistas esas convicciones.  Más bien, añade “es deber elemental de todas las personas serias y cuerdas, que son millones, luchar por posponer, y tal vez impedir, ese dramático y cercano acontecimiento”. 

Luego puntualiza que si bien “numerosos peligros nos amenazan, dos de ellos: la guerra nuclear y el cambio climático son decisivos, y ambos están cada vez más lejos de aproximarse a una solución”.  Finalmente en base a datos mayormente proporcionados por instituciones y científicos norteamericanos, el doctor Castro concluye, que frente a ambos peligros, Estados Unidos y sus aliados son los mayores responsables por la situación creada.  Primero por oponerse a los acuerdos de Kyoto sobre el medio ambiente, segundo por ser promotores de bombardeos y guerras que han exterminado millones de seres humanos, durante los últimos cincuenta años; y por seguir siendo los mayores productores y exportadores de armas en el mundo.
    
En cuanto a Osvaldo Bayer, tras mencionar casos bien precisos de crueldad y doble discurso y moralidad, en las mismas confesiones que hoy denominamos “la familia abrahámica” (Judíos, Cristianos e Islámicos), se formula y nos formula preguntas tan agudas y tan serias como las siguientes:“vayamos al análisis de las religiones: ¿Qué han logrado en el mundo? ¿Cuántas guerras religiosas devastaron las presuntas civilizaciones? El odio nacido entre las religiones existentes, pero también entre las distintas disidencias dentro de una misma religión, ¿Cuántas vidas ha costado?”. 

Por más lamentables y dolorosos que sean estos planteos, estas preguntas para todos los que profesamos cualquiera de estas confesiones religiosas, debemos dar gracias a estas voces proféticas que hoy sacuden nuestras conciencias y deben llevarnos a cambios profundos en nuestras personas, nuestras comunidades religiosas y en aquellos políticos, economistas, profesionales o gobernantes, que deberemos demostrar en nuestras palabras y conductas, si estamos a la altura de la fe que decimos profesar, y comprometidos firmemente con ese “otro mundo posible”, que desde Porto Alegre hemos sido llamados a soñar y a construir, por amor a la humanidad a la que pertenecemos.

Como hace ya mucho tiempo otro de los grandes profetas de nuestro continente Leonardo Boff lo proclamó audaz y vigorosamente: “el gran dilema de nuestro tiempo presente no es: ¿qué futuro tienen las iglesias o la religiones? sino: ¿qué futuro tiene la tierra, la humanidad….y hasta qué punto las iglesias o las instituciones religiosas están contribuyendo a afirmarlo o a garantizarlo”+ (PE)

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Fuente: Ecupres

viernes, 29 de abril de 2011

San Oscar Romero.


La iniciativa surgió en Alemania pero hoy tiene ya un gran alcance internacional y ecuménico. Se trata de que el pueblo de Dios, compuesto por todos los que siguen a Jesús en su opción por los pobres y en su proclama de las bienaventuranzas, sintiéndose inspirados por el Espíritu Santo, proclame santo el 1 de Mayo a San Oscar Romero como modelo de cristiano que entregó su vida por defender la vida y la dignidad de los pobres oprimidos.

Esta es la llamada que está siendo firmada por muchas organizaciones y personas:

Llamada Ecuménica para el primero de mayo del 2011:

“Celebrad la ’canonización’ del mártir San Oscar Romero por parte de los pobres de nuestro mundo”

Queridas hermanas y hermanos en el ecumenismo,

Con la presente les pedimos conmemorar en este primero de mayo del 2011 la canonización del mártir San Oscar Romero por parte los pobres de Latinoamérica y las y los seguidores de Jesús en todo el mundo. Esta conmemoración debe fortalecernos en nuestro camino de seguimiento evangélico y debe ser comprendida como llamada a la conversión a las iglesias de los ricos.

Poco tiempo después de haber sido nombrado Arzobispo de San Salvador en 1977 el obispo conservador Monseñor Oscar Arnulfo Romero fué confrontado con la persecución sangrienta a la que estaban siendo sometidos los cristianos en El Salvador. Las lágrimas derramadas en las tumbas de catequistas y sacerdotes asesinados le convirtieron en el obispo inquebrantable defensor de los pequeños, maltratados y perseguidos. A partir de esta conversión él tuvo en su contra al gobierno de su país, al consejo de seguridad del presidente de los Estados Unidos y a poderosos cardenales de la curia romana.

A principios del año 1979 Monseñor Romero visitó al Papa Juan Pablo II, no encontrando en él comprensión ni apoyo en sus grandes conflictos. Con profunda decepción dijo más tarde: “No creo que vuelva otra vez a Roma. El papa no me comprende”. Juan Pablo II no mostró reacción alguna frente a la fotografía de un sacerdote indígena recién asesinado y a otros documentos presentados sobre la persecución de cristianos por parte de verdugos al servicio de la oligarquía del país. Por el contrario le exhortó a buscar la armonía con el gobierno salvadoreño.

Claramente consciente de los peligros contra su propia seguridad, San Romero de América levantó su voz contra la injusticia, excomulgó a políticos del régimen y recordó la resistencia pacifica de Jesús de Nazaret. Después de uno de los innumerables asesinatos predicó: “No llamamos a la venganza; sino que oramos con Jesús: Padre, perdónales porque no saben lo que hacen”.

Dado que cada ser humano es hijo e imagen de Dios, para San Romero de América el servicio religioso está vinculado inseparablemente con la defensa de la dignidad humana. Dirigiéndose a los asesinos a sueldo y a los cómplices de la junta militar dijo: “el que tortura también es un asesino… Nadie tiene el derecho de levantar la mano contra otro ser humano porque es imagen de Dios”. Un día antes de su asesinato, el 24 de Marzo de 1980, Monseñor Romero llamó públicamente a los soldados a la desobediencia ante la orden de matar:“En el nombre de Dios y en el nombre de este sufrido pueblo les pido, les ordeno:¡cese la represión!”. La bala mortal le alcanzó en el altar durante la celebración de la Eucaristía.

La canonización de San Oscar Romero por parte del pueblo no es un gesto de arrogancia.

Bien sabemos que sólo Dios puede penetrar en el corazón de un ser humano y que nosotros sólo podemos aprender a ver parcialmente con los ojos de Dios. Pero esta “beatificación” sin procedimientos gravosos de la curia eclesial es una buena nueva fruto del soplo del Espíritu de Dios: El ejemplo de nuestro hermano San Oscar Romero nos muestra cómo podemos animarnos mutuamente cuando empezamos a escuchar la Buena Nueva de Jesús.

[Traducción al Español: Christine Klissenbauer (pax christi, D-Duesseldorf); Joaquín Garay ofm; Raquel Mallavibarrena (Corriente Somos Iglesia, España) – 20.04.2010]

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Para ver más detalles y lista de firmas hasta ayer en Llamada ecuménica San Oscar Romero.

Fuente: ATRIO

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