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sábado, 31 de diciembre de 2016

Noam Chomsky pide perdón presidencial para 11 millones de indocumentados.

La Opinión

El afamado historiador dice que las deportaciones serían una tragedia humanitaria. El gobierno de Obama ha dicho que esto solo aplicaría a infracciones penales y que cruzar indocumentado es una infracción civil, pero hay expertos que opinan lo contrario. 

Ante la perspectiva de un incremento en las deportaciones -ya un récord bajo el actual presidente- diversos políticos y activistas han asomado la posibilidad de un perdón presidencial para disculpar las infracciones a la ley migratoria que hayan cometido millones de indocumentados y evitar que sean vulnerables a la expulsión.

A este llamado se sumó hoy el historiador, filósofo y crítico social Noam Chomsky, indicando que la deportación de 11 millones de indocumentados, si se llega a dar, sería una “tragedia humanitaria”.

Chomsky, en un video distribuido por el Immigrant Worker Center Collaborative, dijo que estos “ciudadanos productivos en todo, menos en nombre” están amenazados por Trump y que su deportación sería un “ultraje moral que puede ser evitado con un perdón general”.

He aquí el vídeo con subtítulos en español:




Hasta el momento, la reacción del gobierno del presidente Barack Obama ha sido negativa, ya que esta no es la primera llamada a usar los poderes constitucionales de perdón presidencial que tiene cada mandatario, para otorgar perdones y amnistías generales para grupos de personas, cuando este determina que es una medida “positiva para el interés público”.

Desde hace algunas semanas, diversos grupos y políticos demócratas han pedido, por ejemplo, que Obama use su poder de perdón con los llamados “dreamers” o jóvenes inmigrantes que ahora están protegidos por DACA o Acción Diferida para los Llegados en la Niñez, un grupo de más de 700,000 personas cuyo actual estatus legal está amenazado por el futuro presidente Donald J. Trump.

De hecho, hace poco más de un mes, cuatro líderes demócratas de la Cámara de Representantes instaron al presidente Obama a que otorgue un “perdón” para centenares de miles de “DREAMers” que afrontarían una situación de “vida o muerte” con el próximo gobierno.

Los congresistas demócratas Luis Gutiérrez, Zoe Lofgren, Judy Chu, y Lucille Roybal-Allard, dirigieron una carta al presidente el mes pasado, en la que argumentan que Obama sí tiene autoridad constitucional para dar un “perdón” a los “DREAMers” amparados al programa de “acción diferida” (DACA) de 2012.

“Para nosotros, la acción es una cosa de vida o muerte, y la acción que le estamos pidiendo al presidente es de vida o muerte… esto no les dará un lugar seguro permanente, pero es un comienzo”, afirmó Gutiérrez, demócrata por Illinois.

Pero Cecilia Muñoz, asesora principal en política interna del presidente, dijo recientemente a La Opinión que esto no funcionaría.

“Un perdón es para cuando se comete un crimen, y la entrada ilegal no es un crimen, es una ofensa civil… no confiere un estatus legal, no protege a nadie de la deportación”, y no ofrece las herramientas urgentes que piden los activistas, explicó.

Hay expertos legales, sin embargo, que no opinan lo mismo. Peter Markowitz, profesor de la Escuela de Leyes Benjamin N. Cardozo dijo que es perfectamente factible, ya que la constitución da al presidente el poder de perdona “todas las ofensas contra Estados Unidos” y que esto puede interpretarse en forma más amplia que sólo las violaciones a la ley penal.

Históricamente, los perdones presidenciales han sido utilizados por diversos presidentes con diversos fines. Por ejemplo, Jimmy Carter perdonó a medio millón de hombres estadounidenses que evadieron el servicio militar para no ir a la Guerra de Vietnam en los años 70.


Fuente: Rebelión

lunes, 14 de noviembre de 2016

Nuevo libro del pensador Noam Chomsky: ‘¿Quién domina el mundo?’.



El lingüista, filósofo, ensayista e intelectual de izquierdas empieza con una pregunta: ¿Quién gobierna el mundo? Decimos los Estados, pero esto puede engañarnos. Los estados tienen culturas complejas y las decisiones las toman los que acumulan poder interno. La población es marginada. No hay que olvidar a los “amos de la humanidad”, que decía Adam Smith. “Todo para nosotros y nada para los demás” es la máxima de los amos. Hoy los “amos de la humanidad” serían los conglomerados de empresas multinacionales, las grandes instituciones financieras o los imperios comerciales.


Están son las ideas centrales del libro de Chomsky:

> Las grandes corporaciones tienen enorme poder dentro de los Estados de los cuales dependen.

Las instituciones de los “amos de la humanidad” tienen enorme poder tanto en el país como internacionalmente. Acuerdos internacionales como los derechos de inversión garantizados son llamados “Acuerdos de libre comercio”.

> La toma de decisiones se ha trasladado a la burocracia de Bruselas. Esto ha socavado la democracia.

Hay descontento ciudadano al ver que el poder real pasa de los políticos nacionales al “mercado” (instituciones de la UE) y a las corporaciones de acuerdo con la política neoliberal.

> Los ciudadanos se niegan a aceptar el papel de espectadores que les asigna la teoría democrática liberal.

El desprecio de las élites hacia las clases más bajas ha adoptado distintas formas. La actual es la llamada a la pasividad y obediencia por parte de los liberales que no quieren la democratización popular de los años sesenta.

> El apoyo a la Guerra de Irak apenas llegaba al 10% según encuestas internacionales.

Se desencadenaron protestas en todo el mundo, como en EEUU, tal como se hacía en 1967 contra la Guerra de Vietnam.

> La invasión de Irak podría haber sido peor sin la oposición ciudadana.

Las protestas contra la guerra originó que Cheney, Rumsfeld, Wolfowitz o George Bush no pudiesen adoptar medidas más destructivas.

> Desde el final de la Guerra Fría el abrumador poder de las fuerzas armadas de EE UU ha sido la realidad central de la política internacional.

Esto se ha manifestado en tres regiones:

1. Asia Oriental. La armada americana trata al Pacífico como un lago de EEUU.

2. Europa. Desde la OTAN, es decir, EEUU (ya que paga tres cuartas partes de los gastos) garantiza la integridad de los estados miembros.

3. Oriente Medio. Las enormes bases navales y aéreas de EEUU “existen para asegurar las alianzas e intimidar a los rivales”. Aunque se encuentran en entredicho por la intervención de Rusia en Ucrania y Siria y por China que patrulla por sus cercanas aguas del Pacífico.

> La Organización de Cooperación de Shangai, liderada por China, podría convertirse en un equivalente a la OTAN.

En 2015 China estableció el Banco Asiático de Inversión en Infraestructuras. En ello participaron 56 naciones. El nuevo banco podría ser un competidor del FMI y el BM.

> Estadistas estadounidenses definieron la expansión de la OTAN como un error político de proporciones históricas.

En 1991 había dos ideas de Europa. Una de la ampliación de la UE al este, y la otra la de “Gran Europa” desde Lisboa a Vladivostok.

> Gorvachow era partidario de una Gran Europa de Lisboa a Vladivostok.

Al hundimiento de la URSS, la OTAN inició su expansión más allá de Alemania, hacia las fronteras con Rusia. Es preocupante en Rusia si se expande hasta Ucrania. Putin consideró una amenaza directa a los intereses fundamentales de Rusia.

> No hace falta observar los movimientos y motivos de Putin con buenos ojos para entender la lógica detrás de ellos.

¿Qué pasaría si los países latinoamericanos se uniesen al Pacto de Varsovia?

> La guerra contra el terrorismo original se ha eliminado silenciosamente de la historia.

Cuando empezó era en una pequeña parte de Afganistán. Las negociaciones para que entregaran a Bin Laden se sustituyeron por la violencia a gran escala, no para destruir a los talibanes, sino por el desprecio de EE UU a ellos.

> Negociaciones políticas serias con los talibanes podrían haber puesto en manos estadounidenses a los sospechosos del 11S.

Los bombardeos de EEUU en octubre de 2001 fueron condenados por muchos opositores, pero Bush dijo “No me importa lo que digan las leyes internacionales. Vamos a patearles el culo”.

> La invasión de Irak sin pretexto verosímil es el mayor crimen del siglo XX.

Murieron cientos de miles de personas. Generó millones de refugiados. Destruyó el país. Creó el conflicto sectario: Se la llama la “liberación de Irak”.

También se ha intervenido en Libia. Ahora base para la expansión yihadista en África y envía refugiados a Europa. Algunas crónicas le llaman “Intervención humanitaria”.



Resumiendo.

Magnífica exposición de Chomsky, sin tapujos, descarnado, muy documentado. Denuncia lo que hacen los poderosos. Crítico contra la política exterior de EE UU y el peligro que supone para los bienes del orbe una guerra nuclear. Explica como se ha llegado a ser imperio. Lo que no dicen los políticos americanos: La población americana es llevada al consumismo y al odio al débil, mientras a los poderosos se les deja hacer lo que quieran.

EE UU debe ser controlado. Analizar porque tiene un poder tan fuerte. Hay que salvaguardar la seguridad mundial.

Fuente: mundiario.com

jueves, 1 de septiembre de 2016

Libros (de Noam Chomsky) para entender la manipulación.



Durante los últimos años una serie ha resaltado de entre otras para mostrarnos un lado (aunque a veces algo absurdo) torcido del mundo de la política. House of Cards llegó a nuestras pantallas como una historia sobre manipulación interpersonal basándose en los deseos y debilidades de las personas, así cómo una lección sobre mentiras entre gobernadores y pueblo. Frank Underwood (interpretado magistralmente por Kevin Spacey) se ha convertido incluso en una figura de control personal entre los seguidores; un modelo a seguir para “controlar a las ovejas”.

Esta forma de admiración y fanatismo hace que llegue la pregunta: ¿Por qué nos llama tanto la atención tener ese tipo de habilidades? Y ¿Por qué aunque sabemos que hemos sido engañados queremos aplicar esos conocimientos en otras personas? La mentira y manipulación es una obra personal, pero cuando se aplica a un medio masivo de comunicación, puede cambiar la mentalidad de las masas.

Un ejemplo algo simple de este tipo de manipulación y de manejo de la información lo podemos ver en “Gone Girl”, de David Fincher. El público que mira cómo se desarrolla el caso de la desaparición de la esposa de Nick Dunne, se apega a la información que se les ofrece conforme esta aparece, sin cuestionar por ningún momento el medio que les está dando esa pieza del rompecabezas. Esta visión del espectador va cambiando con cada nueva pieza y actitud que se va aplicando a la historia en la televisión. Así es como nosotros reaccionamos ante la información.

Noam Chomsky ha pasado bastante tiempo hablando sobre este tipo de manipulación en algunas de sus obras además de ser un experto en múltiples áreas distintas del conocimiento. El autor ha visto el papel de los medios como uno en el que refuerzan y consienten las políticas estatales mientras marginaliza las perspectivas contrarias. El resultado es un conflicto de interés que todo parecen evitar mirar, ya que si un individuo posee un medio, inmediatamente los intereses de esa persona se reflejarán en él. 

Este tipo de pensamiento e ideas son lo que lo han definido como una figura representativa en el mundo de la información y la comunicación. Chomsky parece comprender el funcionamiento del mundo y procura siempre entregar la verdad. Para el autor la mentira y la manipulación de información, personas y medios es lo que ha moldeado al mundo de la forma incorrecta. Por esto es un líder que a pesar de tener más de 100 libros publicados, con uno solo nos puede revelar algo a lo que hemos estado cegados por mucho tiempo.


“La quinta libertad” (1999)


“La democracia participativa presupone la capacidad de la gente normal para unir sus limitados recursos, para formar y desarrollar ideas y programas, incluirlos en la agenda política y actuar en su apoyo. En ausencia de recursos y estructuras organizativas que hagan posible esta actividad, la democracia se limita a la opción de escoger entre varios candidatos que representan los intereses de uno u otro grupo que tiene una base de poder independiente, localizada por lo general en la economía privada”.

En este título Chomsky hace referencia a las cuatro libertades que articuló Roosevelt cuando servía como presidente de Estados Unidos (de expresión, de credo, de deseo, de miedo), pero se centra en la quinta que el mandatario olvidó pronunciar: la de saquear y explotar. El analista comenta sobre cómo el país potencia suele preocuparse por esas cuatro libertades, siempre y cuando se vea amenazada la quinta. Es decir, mientras el país vea amenazada su propia voluntad de saquear y explotar el resto de las naciones o la propia, mantendrá como pilares los primeros cuatro para manipular la visión de sus propios ciudadanos.

“Lucha de clases” (1997)

“Quiénes son los guardianes de la historia? Los historiadores, naturalmente. Las clases educadas, en general. Parte de su trabajo es la de conformar nuestra visión del pasado de manera que sostenga los intereses del poder presente. Si no lo hacen así, serán probablemente marginados de una manera o de otra”
Con este análisis de una de las separaciones más claras de nuestra cultura mundial, Chomsky analiza la pérdida de los derechos sociales ante el mundo dominado por el capitalismo. Además de la percepción de cómo se relacionan las empresas con el terrorismo y distintos problemas en el mundo oriental. Establece como punto la importancia de la historia y cómo esta puede definir o cambiar la memoria colectiva hasta posicionar un tipo de “héroes y villanos” entre las políticas internacionales.


“Los guardianes de la libertad” (1986)


“Un sistema de propaganda consecuente presentará a las personas que han sido maltratadas en los estados enemigos como víctimas “dignas” de atención, mientras que aquellas tratadas con igual o mayor severidad por el propio gobierno o el gobierno de los estados clientes serán víctimas “indignas” de dicha atención”.

Relacionado con el título anterior pero centrado hacia los medios de comunicación, Chomsky hace un análisis junto a Edward S. Herman sobre cómo estos pueden crear una verdad oficial mediante su propia versión hacia sus espectadores. También comenta sobre cómo el conflicto de interés dentro de la información no importa cuando el manejo del dinero continúa su flujo, sin dejar de lado el cuestionamiento sobre la verdadera libertad de expresión.


“Cómo nos venden la moto” (2002)

“Las relaciones públicas constituyen una industria inmensa y desde siempre su cometido ha sido el de controlar la opinión pública, que es el mayor peligro al que se enfrentan las corporaciones”.
Co-escrito con Ignacio Ramonet, dentro de este título ambos explican el efecto de la propaganda sobre las personas a través del uso de medios, en este caso por los intereses políticos directo y los económicos. Con esto se refieren a que en caso de que , así como cualquier persona, una empresa se vea más inclinada hacia los ideales que “venda” algún partido, es obvio de que se verán en riesgo los intereses. Esto se encuentra como una amenaza. Entonces la idea de que existe una separación grande entre el gobierno y las empresas, es absolutamente una mentira.



“Ilusiones necesarias: Control del pensamiento en sociedades democráticas” (1989)



“La concentración de la propiedad en los medios es alta y va en aumento. Además, aquellos que ocupan posiciones altas en los medios, o que ganas estatus en ellos como comentadores, pertenecen a las mismas elites privilegiadas, y se esperará que compartan las percepciones, aspiraciones y actitudes de sus asociados, reflejando sus propios intereses de clase también. Es poco probable que los periodistas que entran a este sistema vayan subiendo a menos que se conformen a esas presiones ideológicas, generalmente internalizando esos valores”.
En otro análisis sobre el control de los medios, Chomsky comenta sobre el mismo sistema, no tanto sobre el exterior. Explica cómo crece la idea de una escalera en la que las personas desearán subir pero solo bajo un pensamiento que ha sido sembrado lentamente o forzado dentro de sus intereses; lo que va generando una especie de círculo de “escoger y desechar”.


“Entendiendo el poder” (2002)


“La meta es aprender a hacer trabajo creativo, y retar todo… La gente tiene que estar entrenada para la creatividad y la desobediencia, porque no hay otra forma en la que puedas hacer ciencia. Pero en las humanidades y ciencias sociales, y en campos como el periodismo y economía y demás… la gente tiene que estar entrenada para ser jefes, y controladores, y aceptar cosas, y no cuestionar demasiado”.
En esta colección de discusiones, el multidisciplinario habla sobre la mayoría de los temas de los que hemos hablado, más algunos comentarios importantes sobre la educación. Chomsky opina que todos merecemos estar preparados para cuestionar nuestro entorno, la manipulación funciona de mejor forma cuando las personas no hacen preguntas. Pero si el pueblo comienza a cambiar y a cuestionar, un nuevo mundo puede llegar.


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A pesar de que en una entrevista reciente Chomsky dijo: “Si estuviera en el mainstream, comenzaría a preguntarme qué estoy haciendo mal”, creo que habría logrado parte de su cometido. No es sólo un analista, el autor busca informar a las personas y que ellas mismas comiencen a cuestionar su entorno, abrir los ojos hacia la información y verificar, y tratar de descubrir por si mismas si es verdad, o si es realidad su control y sus deseos.


lunes, 23 de mayo de 2016

La crisis de los refugiados.


Noam Chomsky

En algunos países existe una verdadera crisis de refugiados. En Líbano, por ejemplo, donde al menos un cuarto de la población consiste en refugiados de Siria,​ han recibido ​​esta ola de gente desesperada después de otra que les había llegado desde Palestina y desde ​Irak. Otros países de la región, pobres y golpeados por los conflictos, también han debido dar refugio a inmensas cantidades de personas. Entre ellos Jordania y la misma Siria, antes de que se hundiese en un suicidio colectivo.

Sin embargo, los países que han sobrevivido a la crisis de los refugiados no son aquellos que han tenido alguna responsabilidad en la creación de la crisis. El actual fenómeno de los refugiados es, en gran medida, consecuencia de las acciones de los países ricos y poderosos, esos mismos que ahora llorisquean por el terrible peso que les producen unas pocas víctimas de la miseria, a los que fácilmente podrían echar una mano abriéndole las puertas.

La conocida invasión de Irak por parte de Estados Unidos y Gran Bretaña produjo el desplazamiento de cuatro millones de seres humanos, de los cuales la mitad huyó a los países vecinos. Los iraquíes continúan huyendo de su propio país, un país que ahora es uno de los más miserables sobre la Tierra después de una década de sanciones criminales seguidas de la masacre de los ricos y poderosos que devastaron y arruinaron el país y, por si fuese poco, iniciaron un conflicto sectario que ahora está destrozando el país y la región en mil pedazos.

No hay necesidad de volver a revisar el conocido rol que jugó Europa en África, que es de donde provienen las otras olas de refugiados, los que ahora deben pasar por el embudo creado por los bombardeos de Francia, Gran Bretaña y Estaos Unidos sobre Libia, acciones que no solo destruyeron el país sino que además lo dejó en las manos de milicias que ahora se combaten unas a otras.

Tampoco es necesario volver a recordar el historial de Estados Unidos en América Central, el que produjo terroríficas cámaras de exterminación de las cuales la gente ha intentado escapar desesperada, uniéndose ahora también a las victimas mexicanas del Tratado de Libre Comercio que virtualmente destruyó la agricultura en ese país, haciéndola inviable en una abierta competencia con la producción de los conglomerados agrícolas estadounidenses, fuertemente subsidiados por el gobierno federal.

La reacción de uno de los ricos y poderosos, Estados Unidos, es presionar a México para mantener alejadas de su frontera a sus propias víctimas, enviándolas de regreso sin misericordia, en aquellos casos en que la víctimas logran evadir los controles. La reacción del otro rico y poderoso, la Unión Europea, consiste en chantajear y presionar a Turquía para que mantenga a los sobrevivientes lejos de su fronteras y arree como ganado aquellos que logren escapar del horror hacia campamentos donde son tratados con brutalidad.

Entre los ciudadanos hay honrosas excepciones. Sin embargo, la reacción de los gobiernos es una desgracia inmoral, aun dejando de lado sus responsabilidades en la creación de las circunstancias que han llevado a toda esa gente a huir de sus tierras para salvar sus vidas.

Toda esta vergüenza no es algo nuevo. Basta con considerar solo el caso de Estados Unidos, el país más poderoso y privilegiado de la tierra, rodeado de ventajas incomparables. A lo largo de su historia les dio la bienvenida a los refugiados europeos para que se asentaran en sus tierras, aquellas tierras que antes habían sido tomadas con brutalidad, eliminando a las naciones nativas que antes las ocupaban. Todo eso cambió con la ley de inmigración de 1924, diseñada para excluir a judíos e italianos. No es necesario entrar en detalles. Aún después de la guerra, se les negó la entrada a aquellos sobrevivientes que todavía permanecían en campos de concentración. Ahora los gitanos están siendo expulsados de Francia hacia condiciones desesperantes en la Europa del Este, es decir, están expulsando a los descendientes de las víctimas del holocausto, si es que a alguien le importa.

La vergüenza persiste y no tiene límites. Sin duda, el tiempo para ponerle un punto final a todo eso ha llegado, sin el cual no podremos nunca alcanzar un mínimo de decencia y de civilización.

- Noam Chomsky es profesor emérito de lingüística y filosofía en el Instituto Tecnológico de Massachusetts en Cambridge.

Traducción de Jorge Majfud

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Fuente: alainet.org

sábado, 21 de mayo de 2016

Un desafío al poder de Estados Unidos (I).


Noam Chomsky, TomDispatch | Rebelión | 17/05/2016
Traducción del inglés para Rebelión de Carlos Riba García.
Los desafíos de 2016
Introducción de Tom Engelhardt
El otro día cogí un ajado ejemplar del estante “El lector de Chomsky” de mi biblioteca. Hojeando algunos ensayos de la época de la guerra de Vietnam que nombraba aquel libro en rustica publicado en 1987 recordé al joven Tom Engelhardt, que en la segunda mitad de los sesenta del siglo XX estaba realizando una sorprendente transformación: la que iba desde el sueño de servir a su gobierno hasta oponerse a él. Los escritos de Noam Chomsky tuvieron algo que ver con esa transformación. Me detuve en su escalofriante ensayo de 1970After Pinkville, que recuerdo haberlo leído apenas se publicó (‘Pinkville’ [Villa Rosada], que connotaba la influencia comunista, era la expresión de la jerga militar utilizada para nombrar la aldea donde tuvo lugar la infame masacre de My Lay). No era el primer ensayo de Chomsky que leía. Este honor le podría corresponder a The Responsibility of Intellectuals [La responsabilidad de los intelectuales, en castellano, 1969], que él escribió en 1966 (“La responsabilidad de los intelectuales es hablar la verdad y poner al descubierto las mentiras, Lo menos que puede decirse de esto es que parece ser toda una perogrullada; sin embargo no lo es. Para el intelectual moderno no es algo tan obvio”).
After Pinkville todavía permanece muy vívido en mi conciencia, desde el momento en que una creciente sensación de horror provocada por una remota guerra estadounidense, que iba siendo cada vez menos ajena y más bruta,l me lanzó al activismo contra la guerra. Sus primeras frases continúan yendo al corazón de las cosas: “Es importante entender que la masacre de la población rural de Vietnam y su forzado desplazamiento no es un subproducto fortuito de la guerra. Antes bien, es la esencia misma de la estrategia de Estados Unidos”. Después de que él lo escribiera, Chomsky colocaría la matanza indiscriminada de unos 500 vietnamitas –hombres, mujeres y niños– en el penoso contexto de los mayores crímenes de la época. Tal vez sea notable que ninguno de ellos pareció ocasionar demasiada preocupación (en EEUU). Solo se trataba de la acción de una compañía de soldados medio locos que fue vista como un escándalo y una desgracia para Estados Unidos. Ciertamente, habría sido un escándalo nacional –si asumiéramos esa posibilidad– solo si hubieran sido llevados a los tribunales, aunque no lo fueran quienes habían creado y aceptado la atrocidad con la que aquellos habían contribuido con un detalle: apenas algunos centenares más de vietnamitas asesinados”.
Tantas décadas después, todo esto sigue siendo penosamente familiar. En parte debido a la naturaleza de nuestro momento mediático, continuamos absortos frente al televisor mirando los espantosos actos cometidos contra europeos y estadounidenses. Aun así, la ‘preocupación’ por lo que ha hecho Estados Unidos en nuestras lejanas guerras –desde el asesinato de civiles en bodas, funerales y ceremonias conmemorativas hasta la voladura de hospitales, secuestros e incluso el asesinato de prisioneros, los ataques con drones tan ‘quirúrgicos’ y ‘precisos’ que cientos de personan son asesinados a pesar de que hayan sido solo unos pocos los seleccionados oficialmente para morir– parece haber desaparecido en acción desde hace mucho tiempo. Al contrario de lo que fue en la época de la guerra de Vietnam, “nada de esto”, para citar a Chomsky, “parece que preocupe mucho”. Ciertamente.
No obstante, hay excepciones; permitidme que mencione una de ellas. Cincuenta años después, Noam Chomsky sigue escribiendo con la misma escalofriante elocuencia sobre la versión actualizada de la guerra contra el terror de esta pesadilla estadounidense. Su ‘preocupación’ no ha quedado atrás, algo que es imposible de dejar pasar en su nuevo libro, Who Rules the World? [¿Quién gobierna el mundo (N. del T.)], que se ocupa, entre otras cosas, de lo que en tiempos de la guerra de Vietnam podría haberse llamado ‘la arrogancia del poder’. En momento en que el avión de bombardeo preferido en Vietnam, el B-52, vuelve a ser utilizado en la guerra contra el Estado Islámico [en adelante, Daesh], él también ha vuelto a la acción. A continuación, la primera parte de un resumen de su libro sobre el poder de Estados Unidos y el mundo.
* * *
Amos de la humanidad (Parte 1)*
Generalmente, cuando preguntamos “¿Quien gobierna el mundo?”, lo hacemos en el marco de la convención estándar de que los actores de los asuntos internacionales son países, sobre todo las grandes potencias y pensamos en sus decisiones y en la relación existente entre esas decisiones. Esto no está mal. Pero estaría mejor que recordáramos que este nivel de abstracción puede ser también muy engañoso.
Por supuesto, las naciones tienen una compleja estructura interna, y las opciones y las decisiones de sus líderes políticos están intensamente influidas por la concentración interna del poder, mientras que la población está a menudo marginada. Esto es así incluso en las sociedades más democráticas; obviamente, en las que no lo son. No podemos llegar a una comprensión realista de quién gobierna el mundo si ignoramos a los “amos de la humanidad”, como los llamó Adam Smith: en su tiempo, los comerciantes y los dueños de las fábricas de Inglaterra; en el nuestro, los conglomerados multinacionales, las mayores instituciones financieras, los imperios de la venta al por menor y otros por el estilo. Aun así, según Smith, también es sensato prestar atención a la “maldad máxima” a la que se consagran los “amos de la humanidad”: “Todo para nosotros y nada para el pueblo”, una doctrina también conocida como lucha de clases, una lucha cruda e incesante, frecuentemente unilateral, en gran parte en detrimento del pueblo del país del que se hable y del mundo.
En el orden global contemporáneo, las instituciones de los amos detentan un enorme poder, no solo en el escenario internacional sino también en el interior de su país, en las que confían para proteger su poder y proporcionar apoyo económico con una gran variedad de medios. Cuando pensamos en el papel de los amos de la humanidad, nos referimos a las prioridades del estado policial de este momento, como el Acuerdo TransPacífico (TPP) uno de los acuerdos reivindicativos de los derechos de los inversores mal llamados “de libre comercio” en la propaganda y los comentarios. Aparte de los cientos de abogados corporativos y los lobbistas que se ocupan de redactar los detalles decisivos, se negocian en secreto. El objetivo es su aprobación en el mejor estilo stalinista con procedimientos de ‘vía rápida’ diseñados para impedir la discusión y permitir solo la opción por sí o por no (o sea, sí). En general, sus diseñadores lo hacen bastante bien. El pueblo llano es algo meramente incidental, con las consecuencias que es posible anticipar.
La segunda superpotencia
Los programas neoliberales de la pasada generación concentraron la riqueza y el poder en unas poquísimas manos y debilitaron el funcionamiento de la democracia, igualmente originaron oposición, sobre todo en América latina pero también en los centros del poder mundial. La Unión Europea (UE), una de las iniciativas más prometedoras del tiempo posterior a la Segunda Guerra Mundial se ha tambaleado debido a las consecuencias de las rigurosas políticas de ajuste durante un periodo recesivo, condenadas incluso por los economistas del Fondo Monetario Internacional (si no por los mismos actores políticos del FMI). La democracia ha quedado mal parada con el traspaso de la toma de decisiones a la burocracia de Bruselas y los bancos del norte de Europa; su sombra se proyecta sobre las deliberaciones.
Los partidos de la corriente dominante han perdido seguidores rápidamente en beneficio de la izquierda y la derecha. El director ejecutivo del grupo de investigación EuropaNova, con sede en París, atribuye el generalizado desencanto a “un clima de resentida impotencia a medida que el poder real para determinar los acontecimientos se ha trasladado de los líderes políticos (que, en principio al menos, están sujetos a la política democrática) al mercado, las instituciones de la UE y las corporaciones”, en un todo de acuerdo con la doctrina neoliberal. Un proceso muy similar está produciéndose en Estados Unidos, por más o menos las mismas razones; una cuestión relevante y preocupante no solo para EEUU sino también, dado el poder que este detenta, para el resto del mundo.
La creciente oposición contra el asalto neoliberal pone de relieve otro aspecto crucial de esta convención estándar: deja a un lado al público, que con frecuencia considera inaceptable la condición de mero ‘espectador’, en lugar de ‘participante’, que se le asigna en la teoría democrática legal. Esta desobediencia siempre ha inquietado a las cases dominantes. Si nos atenemos a la historia de Estados Unidos, George Washington veía al pueblo común que formaba la milicia que él debía comandar como “una gente excesivamente sucia y asquerosa [que muestra] una inexplicable estupidez en las clases más bajas”.
En su magnífico análisis de las insurgencias –desde la “insurgencia estadounidense” hasta la contemporánea en Afganistán e Iraq– Violent Politics, William Polk llega a la conclusión de que el general Washington “estaba tan ansioso por deshacerse [de los combatientes que despreciaba] que estuvo muy cerca de perder la Revolución”. Ciertamente, “en realidad, eso podría haber sucedido” si Francia no hubiese intervenido masivamente y “salvado la Revolución”, que hasta entonces había sido ganada por las guerrillas –a quienes hoy llamaríamos “terroristas”– mientras que el ejército de Washington, al estilo del británico, “era derrotado una y otra vez y casi pierde la guerra”.
Un rasgo común de las insurgencias exitosas, escribe Polk, es que una vez que se disuelve el apoyo popular tras la victoria, el liderazgo reprime al “pueblo sucio y asqueroso” que realmente ganó la guerra mediante la lucha de guerrillas y el terror debido al temor de que este pueblo pueda desafiar sus privilegios de clase. El deprecio de las elites hacia “las clases más bajas” ha tomado variadas formas con el transcurso de los años. En los últimos tiempos, una expresión de ese desdén es el llamamiento a la pasividad y la obediencia (la “moderación democrática”) por parte de los internacionalistas liberales que reaccionaron ante las peligrosas consecuencias democratizadoras de los movimientos populares de los sesenta del pasado siglo.
Algunas veces, los países consienten en atender a la opinión pública provocando la furia de los centros de poder. En caso paradigmático fue el de 2003, cuando la administración Bush invitó a Turquía para que se uniera a la coalición que invadió Iraq. El 85 por ciento de los turcos se opuso a ello y, para asombro y horror de Washington, el gobierno turco adoptó el punto de vista de la población. Turquía fue amargamente condenada por su defección y comportamiento irresponsable. El subsecretario de Defensa Paul Wolfowitz, nombrado por la prensa el “idealista en jefe” de la administración reprendió a los militares turcos por haber permitido la inconducta del gobierno y exigió un pedido de disculpas. La prensa, imperturbable por esta y muchas otras muestras de nuestro legendario “anhelo de democracia”, continuó con sus comentarios laudatorios en favor del presidente George W. Bush por su dedicación a la “promoción de la democracia; algunas veces lo criticó por haber pensado –ingenuamente– que un poder exterior pudiera imponer a otros sus anhelos democráticos.
La opinión pública turca no estuvo sola. La oposición a la agresión de Estados Unidos e Inglaterra en el mundo fue abrumadora. Según las encuestas, el respaldo a los planes bélicos de Washington apenas alcanzó al 10 por ciento fuera donde fuese. La oposición realizó grandes manifestaciones de protesta en todo el mundo, también en Estados Unidos; probablemente, fue la primera vez en la historia que una agresión imperial era cuestionada con tanta fuerza antes incluso de que se iniciara oficialmente. En la portada del New York Times, el periodista Patrick Tyler informó de que “es posible que todavía queden dos superpotencias en el mundo: Estados Unidos y la opinión pública mundial”.
Una manifestación de protesta sin precedentes en Estados Unidos fue la de quienes décadas antes habían condenado la agresión de las guerras estadounidenses en Indochina y cuya protesta alcanzó un nivel importante de influencia, incluso aunque fuese demasiado tarde. Hacia 1967, cuando el movimiento pacifista había cobrado una fuerza significativa, el historiador y especialista en Vietnam Bernard Fall advirtió de que “Vietnam, como la entidad cultural e histórica que es… está amenazada de extinción… mientras la campiña se muere acosada por los golpes de la mayor maquinaria militar jamás lanzada contra una zona de esta extensión”.
Pero el movimiento por la paz y contra la guerra se había convertido en una fuerza que no podía ser ignorada. Tampoco lo podía ser cuando Ronald Reagan llegó a la Oficina Oval resuelto a lanzar un asalto contra América Central. Su administración imitó al milímetro los pasos que John F. Kennedy había dado 20 años antes cuando desencadenó la guerra contra Vietnam del Sur, pero tuvo que retroceder ante la vigorosa protesta pública que había faltado en los sesenta del pasado siglo. El ataque fue suficientemente atroz. Sus víctimas aún están recuperándose. Pero lo que pasó a Vietnam del Sur y más tarde a toda Indochina, donde “la segunda superpotencia” impuso sus límites, fue incomparablemente peor.
Es frecuente que se sostenga que la enorme oposición pública a la invasión de Iraq no tuvo consecuencias. Esto me parece equivocado. Una vez más, a invasión fue suficientemente horrorosa y las secuelas absolutamente grotescas. Aun así, podrían haber sido mucho peores. El vicepresidente Dick Cheney, el secretario de Defensa Donald Rumsfeld y el resto de los altos funcionarios de la administración Bush nunca habrían contemplado siquiera el tipo de medidas que el presidente Kennedy había adoptado 40 años antes sin una protesta importante.
Un poder occidental bajo presión
Por supuesto, hay mucho más que decir sobre los factores que inciden en la determinación de la política de un país que son dejados a un lado si adoptamos la convención estándar que supone que los países son los actores de los asuntos internacionales. Pero con una advertencia de ningún modo trivial como es esta, permitidnos que de todas maneras la adoptemos, al menos como una primera aproximación a la realidad. Entonces, la cuestión de quién gobierna el mundo nos conducirá inmediatamente a asuntos tales como el surgimiento de China en el poder mundial y el reto que esto representa para Estados Unidos y el ‘orden mundial’, la nueva guerra fría que se cuece a fuego lento en la Europa del Este, la Guerra Global contra el Terror, la hegemonía de Estados Unidos, la decadencia estadounidense y una variedad de consideraciones similares.
Los desafíos planteados por el poder de Occidente en el comienzo de 2016 están muy bien resumidos dentro del marco convencional por Gideon Rachman, columnista jefe de asuntos internacionales del Financial Times, de Londres. Empieza con una mirada general a la imagen del orden mundial: “Sin cesar desde el final de la Guerra Fría, la abrumadora supremacía del poder militar estadounidense ha sido el elemento central de la política internacional”. Eso es particularmente crítico en tres regiones: el Este de Asia, donde “… la marina de Estados Unidos se ha acostumbrado a considerar el Pacífico como un ‘lago estadounidense’”; Europa, donde la OTAN –es decir, Estados Unidos, a cargo de un sorprendente 75 por ciento del gasto militar de la Organización– “garantiza la integridad territorial de sus estados miembros”; y Oriente Medio, donde la existencia de enormes bases navales y aéreas de Estados Unidos “tranquiliza a los amigos e intimida a los rivales”.
El problema actual del orden mundial, continúa Rachman, es que “esos órdenes destinados a la seguridad están hoy siendo desafiados en las tres regiones” debido a la intervención rusa en Ucrania y Siria y debido a que China está convirtiendo sus mares territoriales junto al lago estadounidense en “aguas claramente en discusión”. La cuestión fundamental de las relaciones internacionales, entonces, es si acaso Estados Unidos “aceptaría que otras potencias importantes tengan ciertas zonas de influencia en su vecindad”. Rachman piensa que sí debería, tanto por razones de “difusión del poder económico en todo el mundo como por simple sentido común”.
Para mayor seguridad, existen formas de mirar al mundo desde distintos puntos de vista. Pero permitámosnos atenernos a estas tres regiones que, con toda seguridad son muy importantes.
Los desafíos de hoy en día: Asia del Este
Comencemos por el “lago estadounidense”. Es posible que algunas cejas se arqueen con la información de mitad de diciembre de 2015 de que un bombardero B-52 de Estados Unidos en misión de rutina en el mar Meridional de China cruzó, sin proponérselo, el límite de dos millas marinas de una isla artificial construida por China, dijeron funcionarios de Defensa, empeorando una situación de división ya de por sí caliente entre Washington y Beijing”. Quienes están familiarizados con los nefastos acontecimientos de los setenta del siglo pasado, en la época de las armas nucleares, saben muy bien que este tipo de incidentes son los que a menudo acercaron peligrosamente el mundo a la ignición de una guerra nuclear que sería la última. No es necesario ser partidario de las acciones provocativas y agresivas chinas en el mar Meridional de China para percibir que en el incidente no estuvo implicado un bombardero chino con capacidad nuclear en el mar Caribe ni frente a las costas de California, zonas en la que China no pretende establecer un “lago chino”. Afortunadamente para el mundo.
Los líderes chinos comprenden muy bien que las rutas comerciales marítimas de su país están rodeadas de potencias hostiles desde Japón hasta el estrecho de Malacca y más allá, todas ellas respaldadas por abrumadoras fuerzas militares de Estados Unidos. Por consiguiente, China está expendiéndose hacia el oeste con cuantiosas inversiones y cuidadosos movimientos en pro de la integración. En parte, esos desarrollos están dentro del marco de la Organización de Cooperación de Shanghai (SCO, por sus siglas en inglés), que incluye a los países de Asia Central y Rusia, y pronto a India y Pakistán, junto con Irán en calidad de observador, un estatus que le ha sido negado a Estados Unidos, al que además se le pidió que cierre todas las bases militares en la región. China está construyendo una versión modernizada de las antiguas ‘rutas de la seda’, con la intención no solo de integrar la región a la zona de influencia china sino también de llegar a Europa y las zonas de producción petrolífera de Oriente Medio. Está destinando enormes cantidades de dinero a la creación de un sistema asiático integrado de energía y comercio con extensos ferrocarriles de alta velocidad y oleoductos.
Uno de los componentes del programa es una carretera que atreviese las cordilleras más altas del mundo hasta llegar al puerto de Gwadar, Pakistán –desarrollado por China– que protegerá las cargas marítimas de crudo de posibles interferencias de Estados Unidos. El programa también puede –así lo esperan en China y Pakistán– estimular el desarrollo industrial pakistaní, de lo que no se ha ocupado Estados Unidos a pesar de la importante ayuda militar; esto podría incentivar también la represión del terrorismo local, un tema muy serio para China en la provincia occidental de Xinjiang. Gwadar formará parte del ‘collar de perlas’, es decir, las bases construidas en el litoral del océano Índico para fines comerciales pero potencialmente también para uso militar, con la expectativa de que China sea un día capaz de proyectar poder hasta el golfo Pérsico por primera vez en tiempos modernos.
Todos estos movimientos siguen siendo inmunes al aplastante dominio militar de Washington, a menos que se produjera una guerra nuclear de aniquilación de la que Estados Unidos sería una víctima más.
En 2015, China también creó el Banco Asiático de Inversión en Infraestructura (AIIB, por sus siglas en inglés) del que es el principal accionista. En su inauguración –junio de 2015– participaron 56 países, entre ellos varios aliados de Estados Unidos, como Australia y Gran Bretaña, además de otros que lo hicieron desafiado los deseos de Washington. Estados Unidos y Japón no estuvieron presentes. Algunos analistas creen que el nuevo banco podría convertirse en un competidor de las instituciones nacidas en Bretton Woods (el FMI y el Banco Mundial), en las que EEUU mantiene el poder de veto. Existen también ciertas expectativas de que el SCO podría con el tiempo convertirse en el equivalente de la OTAN.
Los desafíos de hoy en día: Europa del Este
Si giramos la vista hacia la segunda región, la Europa oriental, hay una crisis cocinándose en la frontera entre los países de la OTAN y Rusia. No se trata de un asunto menor. En su esclarecedor y acertado estudio académico de la región,Frontline Ukraine: Crisis in the Borderlands , Richard Sakwa –con toda verosimilitud– escribe que “la guerra ruso-georgiana de agosto de 2008 fue en realidad la primera ‘guerra para parar la expansión de la OTAN’: la segunda, sería la crisis de Ucrania. No está claro si la humanidad sobreviviría a una tercera”.
Occidente ve que la ampliación de la OTAN como algo benigno. Lógicamente, Rusia, junto con buena parte del Sur Global, tiene un parecer distinto, como también lo tienen prominentes analistas occidentales. George Kennan advirtió tempranamente de que la ampliación de la OTAN “es una trágica equivocación”; a él se unieron importantes personalidades políticas de Estados Unidos en una carta abierta a la Casa Blanca describiéndola como un “error político de proporciones históricas”.
La actual crisis tiene sus orígenes en 1991, en coincidencia con el final de la Guerra Fría y el derrumbe de la Unión Soviética. Había entonces dos visiones contrapuestas de un nuevo sistema de seguridad y economía en Eurasia. En palabras de Sakwa, una visión era la de una “‘Europa ampliada’ alrededor del centro representado por la UE, pero cada vez más colindante con la seguridad euro-atlántica y la comunidad política; en el otro lado, estaba la idea de una ‘Europa mayor’, una visión de una Europa continental extendiéndose desde Lisboa a Vladivostok, con múltiples centros –entre ellos Bruselas, Moscú y Ankara–, pero con el propósito común de superar las divisiones que desde siempre han atormentado el continente”.
El líder ruso Mikhail Gorvachov fue el principal proponente de la ‘Europa mayor’, un concepto que también tenía raíces europeas en el gaullismo y otras iniciativas. Sin embargo, según Rusia se venía abajo debido a las devastadores reformas de los mercados en los noventa del siglo pasado, la visión fue difuminándose. Solo fue rescatada cuando Rusia empezó a recuperarse y a buscar un sitio en el escenario mundial bajo Vladimir Putin quien, junto con su colega Dmitry Medveded, llamó repetidamente a la “unificación geopolítica de todos los componentes de la ‘Gran Europa’, desde Lisboa a Vladivostok, para crear una auténtica ‘asociación estratégica’”. Estas iniciativas fueron “recibidas con cortés desdén”, escribe Sakwa, y vistas como “poco más que un restablecimiento encubierto de la ‘Gran Rusia’, realizado con furtividad”, y un esfuerzo por “meter una cuña” entre América del Norte y Europa occidental. Esos asuntos conectan con los temores reinantes durante los primeros años de la Guerra Fría, los temores de que Europa pudiera convertirse en una “tercera fuerza” independiente tanto de las mayores como de las menores superpotencias y promover vínculos más estrechos con las segundas (tal como puede verse en la Ostpolik de Willy Brandt y otras iniciativas).
La respuesta occidental al derrumbe de Rusia fue el triunfalismo. Fue saludado como si marcara “el fin de la historia”, la victoria final de la democracia occidental capitalista, casi como si Rusia debiera ser instruida para que regresase a su estatus anterior a la Primera Guerra Mundial, como si fuera una virtual colonia económica de Occidente. La ampliación de la OTAN empezó de inmediato, violando garantías expresadas verbalmente a Gorbachov acerca de que las fuerzas de la OTAN no se moverían “ni una pulgada hacia el este”, después de que él accediera a que una Alemania unificada pudiera convertirse en miembro de la organización atlántica, una notable concesión a la luz de la historia. Esa discusión se limitó a Alemania Oriental. La posibilidad de que la OTAN se expandiera más allá de Alemania no se discutió –ni siquiera privadamente– con Gorbachov.
Muy pronto, la OTAN empezó a moverse más lejos, justo hasta la frontera rusa. La misión general de la organización fue modificada oficialmente hasta convertirse en un mandato para proteger “infraestructura esencial” del sistema mundial de la energía, rutas de navegación, oleoductos y gasoductos, lo que le concedió una zona de operaciones que abarcaba todo el planeta. Más aún, gracias a una decisiva revisión occidental de la ahora ampliamente promocionada doctrina de la “responsabilidad de proteger”, absolutamente diferente de la versión oficial de Naciones Unidas, ahora la OTAN solo puede ser una fuerza de intervención si lo hace a las órdenes de Estados Unidos.
Rusia está particularmente preocupada por los planes de expansión de la OTAN en Ucrania. Esos planes fueron articulas explícitamente en la cumbre de la OTAN de abril de 2008 realizada en Bucarest, cuando se les prometió a Georgia y Ucrania la posibilidad de integrarse en la organización atlántica. El discurso no tenía ambigüedad alguna: “La OTAN da la bienvenida a las aspiraciones euro-atlánticas de Ucrania y Georgia respecto de la incorporación en la OTAN”. Con la victoria de los candidatos pro-occidentales de la “Revolución Naranja” en 2004, el representante del departamento de Estado Daniel Fried se apresuró a acudir allí para “recalcar el apoyo estadounidense a las aspiraciones de Ucrania respecto de la OTAN y el euro-atlantismo”, como reveló una información de Wikileaks.
Las preocupaciones rusas son comprensibles. Son esbozadas por el académico especialista en relaciones internacionales John Mearsheimer en el principal periódico del establishmentForeing Affairs, quien escribe que “la raíz de la crisis actual (relacionada con Ucrania) es la ampliación de la OTAN y la dedicación de Washington a la causa de sacar a Ucrania de la órbita moscovita e integrarla a Occidente”, algo que es visto por Putin como “una amenaza directa al corazón de los intereses rusos”.
“¿Quién puede reprochárselo?”, pregunta Mearsheimer, señalando que “A Washington quizá no le guste la posición de Moscú, pero debería entender la lógica que hay tras de ella”. Eso no debería ser tan difícil. Después de todo, como cualquiera lo sabe, “Estados Unidos no tolera que grandes potencias distantes desplieguen fuerzas militares en cualquier sitio del hemisferio occidental, mucho menos en sus fronteras”.
De hecho, la posición de Estados Unidos es mucho más fuerte. No tolera lo que oficialmente recibe el nombre de “rebeldía exitosa” en la Doctrina Monroe de 1823, que declaraba (pero todavía no ha podido implementar) el control estadounidense del hemisferio. Así, un pequeño país que lleva adelante y con éxito semejante acto de rebeldía puede ser sometido a “los terrores de la Tierra” y a un aplastante bloqueo, como sucede con Cuba. No es necesario que nos preguntemos cómo habría reaccionado Estados Unidos de haberse unido los países latinoamericanos al Pacto de Varsovia y de haber existido planes para que México y Canadá también se unieran a ese Pacto. El mero atisbo de la primera tentativa en esa dirección habría “terminado con extremos perjuicios”, para utilizar la jerga de la CIA.
Como en el caso de China, no hay por qué ver con simpatía las acciones y las motivaciones de Putin para entender la lógica que hay tras ellas, tampoco para darse cuenta de la importancia de comprender esa lógica en lugar de lanzar imprecaciones contra ella. Como en el caso de China, hay demasiado en juego, incluso cosas tan importantes –literalmente– como la supervivencia.
Los desafíos de hoy en día: el mundo islámico
Giremos ahora hacia la tercera región de las principales preocupaciones, el mundo (en buena parte) islámico, que es también el escenario de la Guerra Global Contra el Terror (GWOT, por sus siglas en inglés) declarada por George W. Bush en 2001 después de los ataques terroristas del 11-S –en beneficio de la exactitud, debería decirse re-declarada–. La GWOT fue declarada por la administración Reagan desde su primer día con una enfebrecida retórica sobre la “plaga propagada por unos depravados que se oponen a la propia civilización” (tal como lo describió Reagan) y un “regreso a la barbarie en la era moderna” (según las palabras de su secretario de Estado, George Shultz). Silenciosamente, la primera GWOT fue retirada de la historia. Se convirtió muy rápidamente en una asesina y destructiva guerra terrorista que asoló América Central, el sur de África y Oriente Medio, cuyas nefastas repercusiones llegan hasta nuestros días, entre ellas la condena de Estados Unidos por parte del Tribunal Internacional de Justicia (desestimada por Washington). Sea cual sea el acontecimiento, no se trata de la historia apropiada para la Historia, por lo tanto ya no existe.
El éxito de la versión Bush-Obama de la GWOT puede evaluarse perfectamente mediante el examen directo. Cuando se declaró la guerra, los objetivos terroristas se limitaban a los existentes en un rincón del Afganistán tribal. Estaban protegidos por afganos que, en su mayor parte, no los podían ver o los despreciaban profundamente, pero se atenían a los códigos tribales de la hospitalidad, unos códigos que desconcertaban a los estadounidenses cuando algunos campesinos pobres se negaban a entregar a Osama bin Laden por la astronómica –para los campesinos– suma de 25 millones de dólares”.
Hay buenas razones para creer que una acción policial bien implementada, o incluso unas negociaciones diplomáticas serias con el Talibán, podrían haber puesto en manos de Estados Unidos a los sospechosos de los crímenes del 11-S para llevarles a los tribunales y condenarles. Pero ese tipo de opciones no estaba en consideración. En lugar de ello, la elección pensada fue la violencia a gran escala, no con el objetivo de destruir al Talibán (eso llegó más tarde) sino para dejar en claro el desdén estadounidense respecto a cualquier ofrecimiento que aquel hiciese de una posible extradición de bin Laden. Hasta qué punto eran serios esos ofrecimientos, no lo sabemos, ya que la posibilidad de que fuesen explorados nunca fue contemplada.
O tal vez, Estados Unidos solo estuviera tratando de “mostrar músculo, apuntarse una victoria e intimidar a todo el mundo en el planeta. A ellos no les importa el sufrimiento de los afganos ni cuánta gente perderíamos”. Esta es la opinión del muy respetado líder anti-Talibán Abdul Haq, uno de los numerosos críticos que condenaron la campaña estadounidense de bombardeo aéreo lanzada en octubre de 2001 por tratarse de “un gran retroceso” en sus esfuerzos para acabar con el Talibán desde dentro, un objetivo que ellos veían al alcance de la mano. Este parecer ha sido confirmado por Richard A. Clarke, director del Grupo de Seguridad y Contraterrorismo de la Casa Blanca con el presidente George W. Bush cuando se formularon los planes de ataque contra Afganistán. Tal como Clarke describe la reunión, cuando informó de que el ataque violaría la ley internacional, “el presidente gritó en la pequeña sala de conferencia: ‘No me importa lo que dicen los picapleitos internacionales; nosotros vamos a patear unos cuantos culos’”. El ataque también fue duramente cuestionado por la mayor organización de ayuda que trabajaba en Afganistán, que advirtió de que había millones de personas al borde de la muerte por hambre y de que las consecuencias podían ser horrendas.
Las consecuencias para la pobre Afganistán de años después todavía necesitan ser reconsideradas.
El mazazo siguiente fue para Iraq. La invasión anglo-estadounidense, totalmente desprovista de un pretexto creíble, es el crimen más importante del siglo XXI. La invasión llevó a la muerte a cientos de miles de personas en un país en el que la sociedad civil ya había sido devastada por las sanciones de Estados Unidos y Gran Bretaña, unas sanciones que fueron vistas como “genocidas” por los dos distinguidos diplomáticos encargados de administrarlas; ambos renunciaron por esta razón. La invasión produjo también millones de refugiados, destruyó la mayor parte del país y dio lugar a un enfrentamiento entre sectas que continúa desgarrando Iraq y toda la región. Es asombroso que en ciertos círculos informados y progresistas de nuestro mundillo cultural, intelectual y moral, esa invasión pueda ser llamada –con toda frivolidad– “la liberación de Iraq”.
Algunas encuestas del Petágono y el ministerio británico de Defensa revelaron que apenas el 3 por ciento de los iraquíes pensaba que el papel de Estados Unidos en Oriente Medio tenía alguna legitimidad, menos del 1 por ciento creía que las fuerzas de la “coalición” (EEUU-Inglaterra) eran útiles para su seguridad y el 80 por ciento se oponía a la presencia de fuerzas de la coalición en su país; la mayoría de estos últimos apoyaban los ataques a las tropas aliadas. Afganistán había quedado tan destruido que la posibilidad de realizar un sondeo confiable era algo impensable, pero hay indicios de que también algo parecido podía ser cierto allí. Sobre todo en Iraq, Estados Unidos sufrió una grave derrota, abandonó los objetivos oficiales que le llevaron a la guerra y dejó el país bajo la influencia del único victorioso: Irán.
La maza también golpeó en otros sitios, particularmente en Libia, donde los tres poderes imperiales tradicionales (Gran Bretaña, Francia y Estados Unidos) trabajaron para aprobar la resolución 1973 del Consejo de Seguridad e inmediatamente la violaron, convirtiéndose en la fuerza aérea de los rebeldes libios. La consecuencia fue el debilitamiento de cualquier posibilidad de arreglo negociado y pacífico; el gran aumento de las bajas (que se multiplicaron al menos por 10, según el politólogo Alan Kuperman); una Libia en ruinas y en manos de las milicias de combatientes; y, más recientemente, la provisión al Daesh de una base desde la cual puede extender el terror. Algunas propuestas diplomáticas bastante sensatas de la Unión Africana, que en principio habían sido aceptadas por la Libia de Muammar al Gadaffi, fueron ignoradas por el triunvirato imperial, como lo consigna el especialista en África Alex de Waal. Gracias a un enorme flujo de armas y yihadistas, el terror y la violencia se ha extendido desde el oeste de África hacia el Levante, mientras los ataques de la OTAN, a su vez, han puesto en marcha una avalancha de refugiados de África hacia Europa.
Otro triunfo más de una “intervención humanitaria”; como el largo y espantoso historial lo revela, no es algo insólito: apenas un regreso a los orígenes de hace 400 años.
* Esta es la primera de dos notas de que consta el trabajo; una selección extraída del nuevo libro de Noam Chomsky, Who Rules the World? (Metropolitan Books, the American Empire Project, 2016). La Parte 2 será publicada próximamente. (N. del T.)

Noam Chomsky es profesor emérito en el Departamento de Lingüística y Filosofía del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT). Es colaborador habitual de TomDispatch; entre sus libros más recientes están Hegemony or Survival y Failed States. Su sitio web es www.chomsky.info.

miércoles, 25 de marzo de 2015

Ignorar esclavitud del pasado es la raíz del racismo.


Para el intelectual Noam Chomsky, la sociedad estadounidense prefiere ignorar los siglos durante los cuales la comunidad afroamericana fue esclava, lo que ha contribuido a que aún exista racismo en la actualidad.

El filósofo estadounidense, Noam Chomsky, consideró que la raíz del racismo contra los afroamericanos en la actualidad se debe a una “ignorancia intencional” sobre el vergonzoso pasado en el que esta comunidad fue degradada y torturada para sustentar el crecimiento económico del país norteamericano.

En una entrevista para el diario estadounidense New York Times, el también lingüística dijo que la sociedad norteamericano ha querido olvidar lo que no es conveniente saber como el caso de los siglos en que los afroamericanos fueron usados como mano de obra esclava para desarrollar la industria del país.
(Lea también: Exigen a EE.UU. un plan nacional contra el racismo policial

“Las estadísticas espantosas de las circunstancias actuales de la vida de los afroamericanos pueden ser confrontadas con otros residuos amargos de un pasado vergonzoso, lamentos de inferioridad de la cultura negra, o peor, olvidándonos que nuestras riquezas y privilegios fueron creadores en gran parte por siglos de tortura y degradación de lo que nosotros somos los beneficiarios y ellos siguen siendo las víctimas”, explicó Chomsky.
El filósofo recordó que los primeros esclavos negros fueron llevados a las colonias hace 400 años y “durante ese largo período de tiempo ha habido sólo unas pocas décadas, cuando los afroamericanos, aparte de unos pocos, tenían algunas posibilidades limitadas para entrar en la sociedad estadounidense”.

Asimismo, Chomsky indicó que tampoco hay que olvidar que los campos de trabajo de esclavos del llamado nuevo “imperio de la libertad” fueron una fuente principal de la riqueza y los privilegios de la sociedad estadounidense, así como de Inglaterra y el continente. La Revolución Industrial se basó en algodón, producido principalmente en los campos de trabajo de los Estados Unidos
“La productividad incrementó más rápido que en la industria, gracias a la tecnología del látigo y la pistola, así como la práctica eficiente de la brutal tortura”, señaló Chomsky.
Además, enfatizó que bajo estas bases de tortura y esclavitud de la comunidad afroamericana fue posible el comercio y las instituciones financieras del capitalismo del Estado moderno

Chomsky indicó que el racismo de la actualidad no es igual al de antes gracias a los esfuerzos de defensores de los derechos afroamericanos, como Martin Luther King, pero considera que aún está lejos de erradicarse.
En contexto
En agosto del 2014, Michael Brown, un joven negro de 18 años, murió tiroteado por un policía blanco en Ferguson, Missouri. este suceso reabrió el debate racial en EE.UU. y cuestionó el modelo de actuación de la policía contra los ciudadanos, lo que provocó protestas en la localidad.

El pasado 4 de marzo, tras una investigación, el Departamento de Justicia de EE.UU. confirmó que la policía y las cortes judiciales de Ferguson, estado de Missouri (centro-este de EE.UU.) tienen un patrón racista y violan sistemáticamente los derechos humanos de los afroamericanos.
Otros jóvenes afroamericanos desarmados han sido asesinados por agentes de policías blancos en Estados Unidos. El caso más reciente es el del adolescente Anthony “Tony” Robinson, asesinado el pasado 7 de marzo.
El presidente de Estados Unidos, Barack Obama, ha reconocido las acciones opresivas y abusivas en contra de los afroamericanos. 

Entre abril y septiembre de 2014, 95 por ciento de las personas retenidas en la cárcel eran afroamericanos. 
Fuente: http://www.telesurtv.net/news/Chomsky-Ignorar-esclavitud-del-pasado-es-la-raiz-del-racismo-20150318-0073.html

Fuente: Red Mundial de Comunidades Eclesiales

miércoles, 16 de julio de 2014

Noam Chomsky: "Estados Unidos es el líder mundial en cometer los mayores crímenes"


RT

Estados Unidos es el líder mundial en hacer guerras de agresión, el mayor crimen internacional según los Juicios de Núremberg, y ha utilizado su "martillo" en América Latina y Oriente Próximo, dice el politólogo Noam Chomsky.

Los Juicios de Núremberg que siguieron a la Segunda Guerra Mundial sentenciaron que "iniciar una guerra de agresión (...) no es solo un crimen internacional, es el mayor crimen internacional, diferenciándose de los otros crímenes en que contiene en sí mismo la perversidad acumulada de los otros". Pero hoy en día "la agresión ya no es el mayor crimen internacional", "no se puede comparar con la destrucción de las vidas de las generaciones futuras para garantizar mayores bonos mañana", escribe Chomsky.

Recuerda que la invasión británico-estadounidense de Irak fue un ejemplo clásico de agresión. "Los agresores destruyeron "la identidad nacional iraquí y la reemplazaron con identidades sectarias y étnicas" cuando Estados Unidos instaló un Consejo de Administración sobre la base de la identidad sectaria, "una novedad para Irak", recuerda el experto, citado por el portal AlterNet.

El politólogo subraya que ahora los chiíes y los suníes en Irak son los peores enemigos "gracias al martillo manejado por Donald Rumsfeld y Dick Cheney [respectivamente secretario de Defensa de Estados Unidos y vicepresidente durante el gobierno de George W. Bush] y otros como ellos que no entienden nada más allá de la violencia y el terror y que han ayudado a crear conflictos que ahora están destrozando la región".

"El martillo fue luego recogido por el presidente Obama para destruir Libia. El resultado es que Libia está ahora desgarrada por la guerra entre milicias, mientras que el terror yihadista se ha desatado en gran parte de África, junto con una avalancha de armas que llega también a Siria", afirma Chomsky.

El académico recuerda que las consecuencias del "terrorismo de Estado de Estados Unidos" se sienten en todo el mundo, pero "más cerca de casa es más difícil hacerles caso omiso". El politólogo menciona la avalancha de menores que huyen a Estados Unidos desde América Central: "'The Washington Post' informa de que fluyen 'en su mayoría de Guatemala, El Salvador y Honduras', pero no de Nicaragua. ¿Por qué? ¿Podría ser porque cuando el martillo de Washington azotaba la región en la década de 1980, Nicaragua fue el único país que tenía un Ejército para defender a la población contra los terroristas dirigidos por Estados Unidos, mientras que en los otros tres países los terroristas que devastaban estos países eran grupos equipados y entrenados por Washington?".