viernes, 7 de febrero de 2014

El Grito por Justicia de los Pueblos Indígenas.



Luís Miguel Modino, misionero en Brasil.

La civilización occidental siempre se ha considerado a sí misma superior al resto, llegando en diferentes momentos de la historia a imponerse a la fuerza sobre otras formas de ver y entender la vida. Hace más de 500 años, esa civilización se introdujo en América y poco a poco se fue imponiendo sobre las culturas originarias. Los años han ido pasando y, a decir verdad, las cosas no han cambiado mucho, siendo una constante en la mayoría de los países americanos la falta de respeto por los pueblos originarios y todo lo que está en torno de ellos.

Una de las mayores expresiones de la cultura occidental es el capitalismo, que lleva a una visión de la vida en función de los intereses individuales o de los grupos dominantes, excluyendo a aquellos que no tienen condiciones de entrar dentro de la dinámica del mercado. Al respecto, el Papa Francisco nos dice en la Exhortación Apostólica Evangelii Gaudium: “Así como el mandamiento de ‘no matar’ pone un límite claro para asegurar el valor de la vida humana, hoy tenemos que decir no a una economía de la exclusión y la desigualdad. Esa economía mata”. Esta misma postura ya había sido manifestada en el mes de mayo, en uno de sus discursos a algunos de los embajadores ante la Santa Sede, cuando decía: “no compartir con los pobres los propios bienes es robarles y quitarles la vida. No son nuestros los bienes que tenemos, sino suyos”.

Coloco todo esto como motivación para intentar reflexionar sobre lo que está pasando con muchos pueblos indígenas en Brasil y en tantos lugares de América Latina y denunciar la constante persecución institucional que sufren. Son noticias que no aparecen en los medios de comunicación nacionales, controlados muchas veces por grandes grupos, al servicio de los intereses de los que dominan la sociedad, sea a nivel político o económico.

En estos días se está viviendo un nuevo episodio de esa irracionalidad institucional, manifestada en la invasión de la Policía Federal brasileña a la aldea Tupinambá de la Serra do Padeiro, en el municipio de Ilheus, estado de Bahia, relativamente cerca de aquí, llegando al extremo de llevarse con ellos a un niño de dos años que se separó de sus padres cuando huían de los disparos, con munición de gran calibre, de la Policía Federal.

Cuando el representante de la FUNAI (Fundación Nacional del Indio) pidió la vuelta del niño con la familia, el delegado de la Policía Federal se negó a entregarlo, diciendo que el niño había sido abandonado, lo que en palabras del cacique de la aldea es totalmente falso, pues su padre volvió a buscarlo inmediatamente después de dejar su mujer y sus otros dos hijos a salvo.

Si todo esto ha sido conocido, aunque por ahora sea a pequeña escala (mi intención es que pueda ser más difundido), es por el trabajo del CIMI, Consejo Indigenista Misionero, uno de los pocos órganos que defienden los derechos de estos pueblos, a quienes la sociedad ha querido excluir. Este organismo, vinculado a la Conferencia Nacional de los Obispo Brasileños, fue fundado en 1972 y tiene como objetivo apoyar las comunidades, pueblos y organizaciones indígenas, fortaleciendo el proceso de autonomía de esos pueblos en la construcción de un proyecto alternativo, pluriétnico, popular y democrático.

En el fondo de toda esta historia está la lucha del pequeño contra el grande, que en este caso se concretiza en los indígenas y los grandes terratenientes. En Brasil la presencia de los llamados “ruralistas” en el Congreso Nacional cada vez es mayor y son ellos los que presionan constantemente para cambiar las leyes que les permitan disponer a su antojo de la tierra, sin respetar los derechos de los pueblos indígenas, de la agricultura familiar y sobre todo del Medio Ambiente, gran perjudicado de esta avaricia sin medida ni sentido. Coloco aquí de nuevo el pensamiento del Papa francisco en la Evangelii Gaudium: “El sistema financiero actual, que favorece la distribución desigual de la riqueza y la violencia, debe cambiar”.

Frente a estos mercaderes de tierra, que la devastan para, una vez esquilmado todos los recursos, abandonarla, todavía resuenan los gritos que los pueblos indígenas hacían en el 13º Intereclesial de las CEBs, “la tierra para nosotros no es comercio, es nuestra madre”, nos decía el representante los pueblos kaiowa-guaraní, reclamando, como hacen los Tupinambá del sur de Bahia y tantos otros pueblos indígenas, la demarcación de sus tierras, mostrando que hay otra forma posible de vivir, que la Madre no se vende, se la cuida, que la naturaleza no es para ser explorada, es para ser admirada, creando así lo que estos pueblos llaman de “sociedad del bien vivir”.

¿Hasta cuándo vamos a continuar dejando que estas cosas sucedan? ¿Cómo podemos involucrarnos para que el sistema cambie, para que los derechos de los pobres, de los pequeños sean respetados?

Fuente: Servindi

jueves, 6 de febrero de 2014

Indígenas del Planeta piden paridad en Conferencia Mundial.


Genaro Bautista / AIPIN

Una delegación indígena mexicana de alto nivel, participará en Tailandia, en una reunión abierta donde revisarán los actos paralelos de la Conferencia Mundial sobre Pueblos Indígenas 2014 (CMPI), convocada para septiembre de este año, por la Organización de las Naciones Unidas (ONU)

A convocatoria del Grupo Coordinador Global Indígena (GCG), el encuentro tendrá lugar en Chiang Mai, Tailadia el 5 y 6 de febrero de 2014, bajo la responsabilidad local del Pacto de Pueblos Indígenas de Asia (Asian Indigenous Peoples Pact – AIPP). Se espera la asistencia de las siete regiones geopolíticas del mundo.

La representación indígena está conformada entre otros por el Diputado Federal, Secretario de la Comisión de Asuntos Indígenas (CAI), Carlos de Jesús Alejandro, el Diputado del Congreso Local de Hidalgo, Héctor Pedraza Olguín y Marcos Matías Alonso, ex integrante del Foro Permanente para Cuestiones Indígenas de la ONU

El bloque forma parte del Movimiento Indígena Nacional (MIN).

Carlos de Jesús Alejandro es Náhuatl del estado de Guerrero, al igual que Marcos Matías Alonso.

Ambos fueron en su momento, directivos de la Asamblea Nacional Indígena Plural por la Autonomía (ANIPA) y del Consejo Guerrerense 500 Años de Resistencia.

Matías Alonso, fue el primer indígena que fungió en el 2001, como Director General del extinto Instituto Nacional Indigenista (INI).

Héctor Pedraza Olguín, es dirigente del Consejo Supremo Hña Ñhú, del estado de Hidalgo, y la pasada legislatura federal concluyó su encargo como Secretario de la Comisión de Asuntos Indígenas de la Cámara de Diputados.

La agenda es inmensa, y a esta se suma la petición a las Naciones Unidas, de un representante indígena como cofacilitador que, junto con el delegado nombrado por los Estados, conducirá la fase restante rumbo a este encuentro mundial.

“Nosotros vemos el nombramiento de un facilitador indígena como un componente de vital importancia que fortalecerá aún más la cooperación de los pueblos Indígenas en este proceso”, señalan en la petición distintos liderazgos quienes dirigieron la misiva este 15 de enero a John W. Ashe, presidente de la Asamblea General de la ONU.

Los delegados indígenas indicaron además que la designación “proporcionará un ejemplo de buena fe por parte de la ONU para involucrar en igualdad de condiciones a los pueblos indígenas”.

John Henriksen, representante del Parlamento Indígena Saami de Noruega, fue propuesto como candidato para ocupar dicha posición.

En su argumentación, expresan que un número grande de Pueblos Indígenas y los tres mandatos de Naciones Unidas sobre los derechos de los Pueblos Indígenas (MEDPI, FPCI y el Relator Especial) enviaron una comunicación por escrito al Presidente de la Asamblea General (PAG), a fin de que nombrara a un representante indígena para trabajar junto con un cofacilitador de los Estados miembros en el proceso de la CMPI.

Un grupo relativamente grande de Estados, entre ellos México, apoyaron la llamada para nombrar a un cofacilitador indígena. Sin embargo, Rusia, China, India, Malasia e Indonesia se oponen.

El PAG informó que se reunió con embajadores del grupo de Estados amigables, recientemente, para discutir el asunto de los cofacilitadores para la fase restante del proceso de la CMPI.

En la reunión, dejó en claro que él nombrará a dos Estados como cofacilitadores.

En estas circunstancias, México no aceptará continuar como facilitador, pero mantiene su oferta de ser anfitrión de la reunión preparatoria programada en la Ciudad de México los días 31 de marzo al 2 abril de 2014.

El pasado 28 de enero, liderazgos indígenas encabezados por Kenneth Deer de Canadá, se reunieron con el Presidente de la Asamblea General, John W. Ashe en Nueva York.

Ashe, apuntan los testigos de la misma, se negó a la solicitud de aceptar a un cofacilitador indígena.

Por su parte, el Enlace Continental de Mujeres Indígenas –ECMIA-, se sumó al pedido para asegurar su representatividad dentro de la Conferencia Mundial, en la que se analizarán los avances y retos en el reconocimiento y ejercicio de los derechos de sus pueblos.

A través de una carta, sus integrantes señalaron que este nombramiento “contribuirá al compromiso de las Naciones Unidas con el diálogo y la participación democrática”.

En la misiva, las representantes del ECMIA recordaron al embajador Ashe que esta forma de facilitación conjunta se llevó a cabo con éxito en anteriores sesiones de la ONU.

“Confiamos en que Ashe llegará a una decisión que fortalezca las buenas relaciones desarrolladas a lo largo de estos últimos treinta años”, apuntaron.

En el mismo tenor, se pronunció el Grupo Coordinador Global Indígena (GCG), encargado de facilitar la participación indígena en la próxima Conferencia Mundial que se llevará a cabo en septiembre en la ciudad de Nueva York.

El GCG, solicitó la co-facilitación de un representante indígena que, junto con el delegado nombrado por los Estados, conducirá la fase restante rumbo a este encuentro mundial.

En su comunicado, el Enlace Continental de Mujeres Indígenas de la Américas, destaca que sus líderes representativas han participado en el Sistema de la ONU a lo largo de los últimos treinta años con la firme convicción de contribuir a la construcción de una alianza sólida y respetuosa entre Estados y pueblos indígenas.

Este fructífero diálogo y participación, declaran, “han permitido la creación de mecanismos sobre pueblos indígenas dentro del sistema de la ONU, cuyo accionar permite un mejor entendimiento entre todos. La adopción de la Declaración de las Naciones Unidas sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas, y la ratificación del Convenio 169 de la OIT en las Américas, demandaron que tanto los Estados como los pueblos indígenas desarrollemos una práctica diplomática única, basada en el diálogo, la consulta y la negociación”.

Los líderes y lideresas, llaman así a las Naciones Unidas a dejar atrás la exclusión e incorporar en paridad a sus pueblos indígenas en la organización de la Conferencia Mundial 2014.

La reunión en Chiang Mai, cubrirá los siguientes temas:

Antecedentes y objetivos de la reunión

Cómo los actos paralelos le darán mayor relevancia a la RPAN/CMPI

Compartir planes y contribuciones posibles para influir el resultado final y hacer la RPAN/CMPI más visible

Coordinación/logística/financiamiento

Fuente: Apia Virtual

miércoles, 5 de febrero de 2014

Mientras la temperatura de la Tierra aumenta, la cobertura del cambio climático disminuye.


El cambio climático encabeza la lista de los “temas olvidados” en los medios.

Por Jessica Weiss*

05 de febrero, 2014.- Los científicos emiten advertencias sobre el cambio climático. El Secretario General de la ONU, Ban Ki Moon, lo llama “el mayor desafío que enfrenta la humanidad”. 

Pero al leer los periódicos más importantes en los Estados Unidos, el país que contribuye más al calentamiento global, se podría pensar que el cambio climático no es un tema jessicque genera un gran interés periodístico.

El profesor Max Boykoff, de la Universidad de Colorado, ha hecho un seguimiento de la cobertura climática en los periódicos más importantes de los Estados Unidos –The Wall Street Journal, The New York Times, USA Today, the Los Angeles Times y The Washington Post-– desde el año 2000. Él destacó en su investigación que las notas del tema disminuyeron durante el 2013.

En el New York Times la reducción de artículos del tema fue más drástica. El número de reportajes en los que las palabras “calentamiento global” o “cambio climático” aparecían disminuyó más de un 40% respecto al año anterior.

Sucedió lo mismo en las noticias de televisión. El profesor de sociología de la Universidad de Drexel, Robert Brulle, descubrió que la cobertura en la televisión estadounidense sobre el cambio climático (en los principales programas de noticias nocturnas) en el 2013 fue casi igual que la del 2012.

La cobertura mundial da preferencia a la política y no a la ciencia, fue lo que un equipo de investigadores de las universidades de Hamburgo y Zurich observaron. Su investigación abordó la cobertura del cambio climático mediante el análisis de la cantidad de noticias dedicadas al tema, en relación con otros tantos publicados en medios de comunicación grandes. Se analizaron periódicos de 27 países, de todos los continentes, incluyendo países industrializados, economías emergentes y países en desarrollo.

“En general, los resultados sugieren que la cobertura del cambio climático es sobre la política y no sobre los factores meteorológicos ni climáticos, tampoco es sobre la producción de conocimiento del clima”, informó el Observatorio Europeo de Periodismo en su reporte.

El cambio climático encabeza la lista de los “temas olvidados” en los medios, fue lo que los lectores le enviaron al columnista de opinión Nicholas Kristof, cuando él preguntó cuáles eran los problemas que los medios de comunicación deberían de cubrir de manera más agresiva en el 2014.

Cerca de 1.300 lectores recomendaron una amplia gama de temas, y “muchos hicieron hincapié en el cambio climático”, escribió Kristof. “Tenemos que centrarnos más en el cambio climático y tal vez eso pueda ayudar a presionar a nuestro sistema político para que adopte medidas de autoprotección para reducir la amenaza del único planeta que tenemos”.

¿Cuál es el estado de la cobertura del cambio climático en tu país? ¿Crees que los medios de comunicación escriben lo suficiente sobre el calentamiento global? ¿Se publica demasiado o al contrario, es un tema poco relevante en la agenda nacional? Escribe tus comentarios.

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*Jessica Weiss es una periodista freelance que vive en Buenos Aires. Texto traducido del inglés al español por Andrea Arzaba. Imagen con licencia Creative Commons gracias a HelloImNik en Flickr.
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Otras noticias:

Fuente: Servindi

martes, 4 de febrero de 2014

¿Ha muerto la teología de la liberación?


Luis Rivera-Pagán

“A lo largo de todo el Antiguo Testamento [Dios] llamó profetas como Isaías, Amós… y otros para que denunciaran las injusticias sociales, la explotación… Los eclesiásticos que pretenden evadir la grave responsabilidad de comprometerse con la dura labor de librar a Puerto Rico de todas sus opresiones… están presentando al pueblo un Cristo falso.” (Puerto Rico, supervivencia y liberación, Antulio Parrilla Bonilla)

A principios de esta década visitó Puerto Rico una de las figuras cimeras de la teología latinoamericana, Gustavo Gutiérrez. En una extensa e intensa conversación que sostuvo con dos sacerdotes católicos – los frailes Ángel Darío Carrero y Mario Rodríguez León – y dos intelectuales protestantes – Samuel Silva Gotay y este servidor – surgió una pregunta que viene rondando desde hace varios años: ¿Ha muerto la teología de la liberación? ¿Ha perecido a causa de las represiones eclesiásticas, la crisis del “socialismo realmente existente” (como entonces se le tildaba) y la aparente victoria del neoliberalismo financiero y globalizante?

Tras el revuelo que han suscitado las últimas declaraciones del papa Francisco, sobre todo sus contundentes críticas a lo que ha catalogado de “economía de la exclusión y la inequidad”, “idolatría del dinero”, “economía sin un rostro… humano”, en la que “grandes masas de la población se ven excluidas y marginadas: sin trabajo, sin horizontes, sin salida…” la pregunta resuena nuevamente con cierta urgencia: ¿Ha muerto realmente la teología de la liberación?

Me parecen erradas las predicciones prematuras y generalmente interesadas de su disolución. Más bien, lo que acontece es una diversificación de temas y perspectivas que no abdican la hermenéutica teológica liberacionista. Ciertamente, la intuición clave de “opción por los pobres” se ha fragmentado, al calor de la valoración de las identidades y subjetividades particulares (género, raza, etnia, nacionalidad, cultura, orientación sexual), pero el resultado ha sido el fortalecimiento crítico de la perspectiva liberacionista, no su eliminación. Además, las fuentes matrices originales de la teología de liberación transcurren actualmente por un proceso de reforzamiento por las siguientes razones.

Primero, la persistencia tenaz de la pobreza y las asimetrías socioeconómicas, incrementadas por la globalización neoliberal y la hegemonía planetaria del sistema capitalista de mercado que pretende transmutar, a manera de un avaro rey Midas, todo lo que toca en lucro. Sus más devotos feligreses han augurado el fin de la historia, frase enigmática cuya oculta semántica preconiza la permanencia de un sistema económico que valora el cálculo de ganancias sobre la promoción humana equitativa y que para garantizar su dominio no vacila en emplear distintas modalidades de violencia imperial. Vivimos en un período histórico donde las desigualdades sociales se incrementan gracias al poder con pretensiones omnímodas del capitalismo financiero, hegemónico en nuestra era posmoderna. Es una nueva configuración de potestad global que requiere de nosotros, por consiguiente, novedosas reflexiones teóricas críticas.

Segundo, la rebeldía de los excluidos y empobrecidos, que reclaman un orden social alternativo y forjan nuevas instancias de resistencia. Ciertamente, son variados los postulados de reivindicación de los diversos movimientos sociales. Hay quienes repudian la miseria a la que intenta destinárseles, otros reclaman el reconocimiento de la plena dignidad de su raza, sexo, identidad cultural, nacionalidad u orientación sexual. Bien ha escrito Boaventura de Sousa Santos: “Son múltiples las caras de la dominación y de la opresión… Siendo múltiples las caras de la dominación, son múltiples las resistencias y los agentes que las protagonizan…” Esas distintas trincheras confieren complejidad teórica y práctica, pero también amplían las fronteras de los imaginarios utópicos que incentivan la resistencia social. Desde el sofisticado vínculo que Cornel West teje entre su lectura de Marx, el pragmatismo filosófico norteamericano y las tradiciones culturales de las iglesias afroamericanas (Prophesy Deliverance! An Afro-American Revolutionary Christianity, 1982) hasta la fascinante convergencia que concibe el nicaragüense Jorge Pixley entre los estudios históricos críticos de la Biblia, las teologías latinoamericanas liberacionistas y la filosofía anglonorteamericana del proceso, inspirada por los escritos de Alfred North Whitehead y Charles Hartshorne (Biblia, teología de la liberación y filosofía procesual: el Dios liberador en la Biblia, 2009), las teologías de la liberación se niegan a acatar las condenas y anatemas que tantas jerarquías eclesiales le han proferido, en estrecha consonancia con poderes muy profanos y seculares. Sin olvidar los desafíos liberacionistas obscenos y pervertidos, sus términos, de la argentina Marcella Althaus-Reid y su perturbador texto – Teología indecente: Perversiones teológicas en sexo, género y política (2005). Todo este caleidoscopio teológico suscita una transformación radical de la manera de ser iglesia en la historia. No se trata sólo de preconizar la “opción por los pobres”, sino de reconfigurar el pensamiento y la praxis eclesial desde la perspectiva de y la solidaridad con los diversos rostros de los excluidos y marginados.

Tercero, la recuperación, por parte de muchos cristianos, de la desafiante tesitura profética de las tradiciones bíblicas. Por más que se intente domesticar la fe cristiana, es imposible silenciar las memorias subversivas que anidan en sus textos y tradiciones más íntimas. El evangelio, como ha escrito el teólogo español José María Castillo, es “el recuerdo peligroso de la libertad que cuestiona todas nuestras opresiones, nuestros miedos, nuestros desalientos, nuestras cobardías y también nuestras seguridades. Por eso el Evangelio es memoria subversiva, que nos descubre horizontes insospechados de libertad y autenticidad. Sólo así podremos recuperar el significado y la práctica de la Religión de Jesús.” Las teologías de liberación, de orígenes muy diversos y múltiples talantes resignifican y recontextualizan esas memorias rebeldes. Es ahí donde se encuentra su peculiar ruptura epistémica. A pesar del optimismo imperial de controlar el imaginario posible de los pueblos, se vislumbran, incluso en círculos pentecostales, por tanto tiempo ajenos a los disturbios sociales y políticos, señales de una reconfiguración liberadora y profética de la teología.

Por último, retumba vigorosa la acuciante conciencia de que Dios aún importa. En el interior de los conflictos sociales, políticos y económicos que trastornan nuestras vidas, se encrespa vigorosa la “batalla por Dios”, como tan aptamente la cataloga Karen Armstrong. Dios, en este contexto, es repensado no como trascendencia impasible e inmutable, sino, a la manera bíblica, como Quien escucha con esmero y compasión el clamor de los oprimidos y excluidos. Cuando las miserias sociales que afligen la vida comunitaria se hacen intolerables, la memoria del Dios liberador irrumpe dramáticamente. Como categóricamente afirma el documento sudafricano Kairós: “A través de toda la Biblia Dios aparece como el libertador de los oprimidos.” Más allá de las disputas interminables entre el secularismo recalcitrante y el fundamentalismo religioso, el texto paradigmático de emancipación social vuelve a resonar vigorosamente: “Los egipcios nos maltrataron, nos oprimieron y nos impusieron una dura servidumbre. Entonces pedimos auxilio al Señor, el Dios de nuestros padres, y él escuchó nuestra voz. Él vio nuestra miseria, nuestro cansancio y nuestra opresión, y nos hizo salir de Egipto con el poder de su mano y la fuerza de su brazo…” (Deuteronomio 26: 6-9).

Quizá estamos en vísperas del resurgir airoso de las teologías de liberación, acentuando esta vez su innegable y rica pluralidad. Si esta predicción expresa solo la ingenua ilusión de quien escribe estas líneas o si augura un proceso histórico viable y significativo, sólo el tiempo lo dirá. Por ahora me refugio en la afirmación de uno de mis escritores israelíes predilectos…

“The Bible… unlike the books of other ancient peoples, was… the literature of a minor, remote people – and not the literature of its rulers, but of its critics… The prophets of Jerusalem refused to accept the world as it was. They invented the literature of political dissent and, with it, the literature of hope.” (Jerusalem: Battlegrounds of Memory, Amos Elon).


Luis Rivera-Pagán


Profesor emérito del Seminario Teológico de Princeton. Es autor de varios libros, entre ellos, Evangelización y violencia: La conquista de América (1992), Entre el oro y la fe: El dilema de América (1995), Mito exilio y demonios: literatura y teología en América Latina (1996), Diálogos y polifonías: perspectivas y reseñas (1999), Essays from the Diaspora (2002), Fe y cultura en Puerto Rico (2002) y Teología y cultura en América Latina (2009).

Fuente: Lupa Protestante
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lunes, 3 de febrero de 2014

¿Cuál es el lugar de lo religioso en el mundo?


Leo Boff

Por más que la sociedad se mundanice y, en cierta forma, se muestre materialista, no podemos negar que en los tiempos actuales se está dando una vuelta vigorosa de lo religioso, de lo místico y de lo esotérico. Tenemos la impresión de que existe cansancio del exceso de racionalización y funcionalización de nuestras sociedades complejas. La vuelta de lo religioso solamente revela que en el ser humano existe una búsqueda de algo mayor. Hay un lado invisible en lo visible que nos gustaría sorprender. Quién sabe si allí se encuentra un sentido secreto que sacia nuestra búsqueda incansable de algo que no sabemos identificar. En ese horizonte no confesional quizás tenga sentido hablar de lo religioso o de lo espiritual. Sufrió todo tipo de ataques pero consiguió sobrevivir. La primera modernidad lo veía como algo premoderno, un saber fantástico que debía dar lugar al saber positivo y crítico (Comte). Luego fue leído como una enfermedad: opio, alienación y falsa conciencia de quien todavía no se ha encontrado o si se ha encontrado, se ha vuelto a perder (Marx). Después, fue interpretado como la ilusión de la mente neurótica que busca pacificar el deseo de protección y hacer soportable el mundo contradictorio (Freud). Más adelante, fue interpretado como una realidad que por el proceso de racionalización y de desencanto del mundo tiende a desaparecer (Weber). Por fin, algunos lo tenían como algo sin sentido, pues sus discursos no tienen objeto verificable ni falsificable (Popper y Carnap).

Estimo que el gran equívoco de estas distintas interpretaciones reside en el hecho de situar lo religioso en un lugar equivocado: dentro de la razón. Las razones comienzan con la razón. La razón en sí misma no es un hecho de razón. Es una incógnita. Ya rezaba la sabiduría de los Upanishad: «aquello por lo cual todo pensamiento piensa, no puede ser pensado». Tal vez en este «no pensado» se encuentra la cuna de lo religioso, es decir, de aquellas instancias exorcizadas por la racionalidad moderna: la fantasía, el imaginario, aquel fondo de deseo del cual irrumpen todos los sueños y las utopías que pueblan nuestra mente, entusiasman los corazones, encienden la espoleta de las grandes transformaciones de la historia. Su lugar reside en aquello que el filósofo Ernst Bloch llamaba principio esperanza.

Es propio de estas instancias –de lo utópico, de la fantasía y del imaginario– no adecuarse al dato racional concreto. Antes bien, contestan el dato, pues sospechan que el dato es siempre hecho; tanto el dato como el hecho no son todo lo real. Lo real es aún mayor. A lo real pertenece también lo potencial, lo que todavía no es pero puede llegar a ser. Por eso, la utopía no se antagoniza con la realidad; revela la dimensión potencial e ideal de esta realidad. Ya decía el sabio E. Durkheim en la conclusión de su famosa obra Las formas elementales de la vida religiosa: «la sociedad ideal no está fuera de la sociedad real; es parte de ella». Y concluía: «solamente el ser humano tiene la facultad de concebir lo ideal y añadirlo a lo real». Yo diría, de detectarlo dentro del dato real, haciendo que este real en el cual está lo ideal, sea siempre mayor que el dato que tenemos en nuestra mano.

Es en el interior de esta experiencia de lo potencial, de lo utópico, donde irrumpe el hecho religioso. Por eso decía Rubem Alves, quien mejor ha estudiado en Brasil el “enigma de la religión” (título de su libro): «La intención de la religión no es explicar el mundo. Ella nace justamente de la protesta contra este mundo que puede ser descrito y explicado por la ciencia. La descripción científica, al mantenerse rigurosamente dentro de los límites de la realidad instaurada, sacraliza el orden establecido de las cosas. La religión, por el contrario, es la voz de una conciencia que no puede encontrar descanso en el mundo así como es y tiene como proyecto trascenderlo».

Por esta razón, lo religioso es la organización más ancestral y sistemática de la dimensión utópica, inherente al ser humano. Como bien decía Bloch: «donde hay religión, hay esperanza» de que no todo está perdido. Esta esperanza es un amor por aquello que todavía no es, “la convicción de realidades que no se ven” como dice la Epístola a los Hebreos (11,1), pero que son el fundamento de lo que se espera.

Quien vio con lucidez esta singularidad de lo religioso fue el filósofo y matemático Ludwig Wittgenstein que dijo: en el ser humano no existe solo la actitud racional y científica que siempre indaga cómo son las cosas y para todo busca una respuesta. Existe también la capacidad de extasiarse: «extasiarse no puede expresarse por una pregunta; por eso tampoco existe ninguna respuesta». Existe lo místico: «lo místico no reside en cómo es el mundo, sino en el hecho de que exista». La limitación de la razón y del espíritu científico reside en el hecho de que ellos no tienen nada sobre lo cual callar.

Lo religioso y lo místico terminan siempre en el noble silencio, pues no existe en ningún diccionario la palabra que lo pueda definir.

Hasta aquí hemos hablado de lo religioso en su naturaleza sana. Pero puede enfermar y ahí nace la enfermedad del fundamentalismo, del dogmatismo y de la exclusividad de la verdad. Como toda enfermedad remite a la salud, lo religioso debe ser analizado a partir de su salud y no de su enfermedad. Entonces lo religioso sano nos hace más sensibles y humanos. Su retorno sano es urgente hoy, pues nos ayuda a amar lo invisible y a hacer real aquello que todavía no es, pero puede ser.

Fuente:koinonia