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lunes, 31 de diciembre de 2018

¡Feliz año 2019!



por Arzobispo Juan Carlos Urquhart de Barros

Se va otro año, pero sus complejidades se quedan para abrir otro ciclo. Nada es mágico, todo responde a un mecanismo de construcción gradual, donde cada persona es el protagonista principal.
Se trata simplemente de un cambio cronológico o de calendario. ¿Hasta que punto cambia en algo, nuestra vida?
¿Somos conscientes que el cambio debe producirse, de adentro hacia afuera y que inicia desde lo más íntimo de cada persona…?

Desde luego que no deja de ser una buena excusa, marcar una fecha como clave para arrancar un cambio sustantivo en la vida.

Tantos pendientes por concretar, algunas utopías por acariciar…pero la lógica nos asegura que si no reconstruimos los cimentos flojos, los maquillajes no conducen a buenos puertos.

Aprovechemos estos primeros días del año para reforzar los cimientos…

Los cristianos seguimos una hoja de ruta que muchas veces nos desorienta: por tomar atajos, irnos por las ramas o seguir a falsos pastores.

Al respecto son muy claras las palabras de Dios:
¿Por qué me llamáis, Señor, Señor, y no hacéis lo que yo digo?
Todo aquel que viene a mí, y oye mis palabras y las hace, os indicaré a quién es semejante. Semejante es al hombre que al edificar una casa, cavó y ahondó y puso el fundamento sobre la roca; y cuando vino una inundación, el río dio con ímpetu contra aquella casa, pero no la pudo mover, porque estaba fundada sobre la roca.
Mas el que oyó y no hizo, semejante es al hombre que edificó su casa sobre tierra, sin fundamento; contra la cual el río dio con ímpetu, y luego cayó, y fue grande la ruina de aquella casa.” (Mt.7, 24-27 RVR 1960)

Qué la reflexión de esta parábola les indique un camino para comenzar un año 2019 lleno de bendiciones luminosas.
Que Dios Padre rico en misericordia bendiga a todas las personas de buena voluntad y los ayude a plantarse en un terreno firme para construir un año 2019 sólido y prospero.
Que la Paz reine en el mundo.

¡Feliz año Nuevo!



martes, 17 de noviembre de 2015

Vivimos el Dios que imaginamos.



Vivir un Dios adaptado a nuestro antojo, supone en definitiva no vivir la vida cristiana desde la bendición y la perspectiva que Él quiere para nosotros.


Nuestra mente suele jugarnos con facilidad malas pasadas. No siempre somos verdaderamente conscientes de ello, porque en ocasiones el juego es realmente sutil y está ampliamente generalizado entre nosotros, pero ciertamente, cuando llegamos a verlo, aunque sea en una pequeña medida, alcanzamos a vislumbrar un pequeño destello acerca de cuán errados podemos estar sobre ciertas cosas. Con Dios no pasa algo distinto. 

La Biblia nos muestra cómo es Dios y Su carácter. Su mensaje es claro en lo esencial, pero complejo por profundidad y porque nosotros, aun con todas nuestras posibilidades y al 100% de nuestra mente nunca podremos llegar a alcanzar la altura, profundidad y anchura de Dios y del amor que ha mostrado por nosotros. 

En ese sentido, como mucho, podremos hacer un cierto nivel de aproximación, pero no podemos seriamente tener la expectativa de que podremos alcanzar la plenitud de ese conocimiento (no solo intelectual, sino eminentemente personal y emocional) en esta vida. Eso es algo que nos será completamente manifiesto cuando estemos completamente en Su presencia. Entonces y solo entonces seremos capaces de verle realmente tal y como él es, aunque procuramos desde aquí empezar a conocerle y ser cada vez más a la imagen de Cristo. 

Lo que nosotros hacemos con todas las cosas, y con Dios también, es una representación de la realidad, pero no una fotografía exacta. Esto es un mecanismo que nuestro cerebro pone en marcha por una cuestión de simplicidad y practicidad. Es decir, nuestra mente selecciona qué parte de la información que recibimos a través de nuestros sentidos es relevante para desarrollar nuestra actividad en ese momento y el resto, si no la eliminamos, al menos la dejamos relegada en un muy segundo plano. Hacemos lo que se llama atención selectiva y lo hacemos permanentemente. 

Simplemente, es nuestra forma de funcionar. Esto sucede también cuando, sin querer o queriendo, seleccionamos aquella parte de la información que recibimos que responde más o mejor a nuestras propias teorías, clichés y prejuicios. Y la que no encaja, simplemente, es descartada o relegada. 

Esto que, a simple vista, entendemos como algo práctico y a seguir realizando, en lo referente a la fe y a la vida cristiana nos pone en un serio condicionante: No hay parte de Dios que Él no quiera que conozcamos. No hay facetas de Dios que sean más o menos relevantes. No tenemos un Dios que podamos amoldar a nuestra forma de ver la vida o a nuestros propios prejuicios. Y mucho más grave aún, no podemos construirnos un Dios que responda u obedezca a nuestros intereses personales. 

Las consecuencias que trae para nosotros una visión de Dios parcial son que nuestra madurez y crecimiento también lo serán. Nuestra confianza será parcial porque nuestra fe en Sus promesas no será completa tampoco. Vivir un Dios adaptado a nuestro antojo, hágase esto con mayor o menor intención, supone en definitiva no vivir la vida cristiana desde la bendición y la perspectiva que Él quiere para nosotros. Pero yendo aún más lejos, cuando nuestra visión de Dios está distorsionada terminamos viviendo justo el Dios que nos hemos creado: 

Cuando creemos que tenemos un Dios tirano, vivimos la vida cristiana desde el miedo y la incertidumbre, a la espera de cuándo llegará el brazo inconsciente de ese “Dios” mezquino que parece disfrutar haciéndonos sufrir. Cuando creemos en un Dios distante, ni siquiera nos proponemos acercarnos en oración. Y simplemente confirmamos esa profecía autocumplida en la que Dios parece no hablarnos, luego debemos darle igual. 

Cuando creemos en un Dios bonachón que todo lo permite y que todo lo perdona, vivimos la vida cristiana como si no hubiera un juicio, como si no fuésemos responsables, como si no tuviéramos, en definitiva, que dar cuentas. Y en ese momento perdemos la urgencia de comunicar a otros que, de no agarrarse al sacrificio de Cristo, se perderán sin remedio. 

Cuando creemos en un Dios justo pero no misericordioso, caemos en el legalismo y en vivir nuestra vida poniendo los ojos en las vidas de los demás. O bien, aplicándolo a nosotros mismos, viviremos desde la profunda depresión que se genera al saber que seremos castigados pero no tenemos opción posible de remisión. 

Cuando creemos en un Dios negligente o despistado, le atribuimos a él nuestras propias torpezas y pensamos, en el fondo, que Dios no está pendiente de nosotros ni de lo que hacemos. La contradicción está servida porque pensamos que, al fin y al cabo, tiene tanto y tan importante de qué ocuparse que cómo va a detenerse en cuestiones menores como somos nosotros. Y así sucesivamente. De hecho animo al lector a que piense qué tipo de imagen tiene de Dios y que analice cuántas de las cosas que se producen en su forma de vivir su día a día como cristiano vienen condicionadas, precisamente, por esa misma visión. No podemos vivir una plena vida cristiana cuando seguimos prefiriendo a un Dios parcial…parcialmente presente… parcialmente completo… parcialmente divino… totalmente conveniente… para un cristianismo parcial.

martes, 25 de diciembre de 2012

Mensaje de Navidad 2012.-


Se va otro año plagado de adversidades pero entre ellas las bendiciones del Señor refulgieron en todo el Planeta, es que el Espíritu Creador no descansa. Es verdad que el Espíritu Santo  sí espera agazapado en el silencio, en la sombra de cada persona, respetuoso del tiempo personal, pero activo, esa guardia también es trabajo, es inversión, es amor celoso a su obra perfecta, es la espera del amante a que despierte su amada/o a la realidad del mundo.

Cada persona tiene su tiempo (Qo 3 BL)…tiempo de morir y volver a renacer, todos los años festejamos el nacimiento del redentor y el redentor espera festejar el renacimiento de cada uno de nosotros con él. Para ello no nos pone fechas, los humanos ponemos fechas y tratamos de cumplir a rajatabla esas convenciones, pero para aquél que todo lo sabe, que todo lo ve y todo lo puede, no le damos importancia a sus “no fechas”, a la libertad que nos ofrece, de nacer cualquier día del año y a cualquier hora, con solo la santa intención de la conversión, del cambio, de la renuncia al hombre viejo para construir el hombre nuevo.

Esa es la mejor Navidad de Cristo, él ya nació, murió y resucitó; de nada sirve festejar si estamos muertos, resucitemos queridos hermanos y festejemos con él.

Para ello me gustaría recordar como modelo de acción parte de la historia del Hermano Francisco, sobre la devoción a la natividad del Señor y cómo quería que se atendiera a todos en esa fiesta:

 “Con preferencia  a las demás solemnidades, celebraba con inefable alegría la del nacimiento del niño Jesús; la llamada fiesta de las fiestas, en la que Dios, hecho niño pequeñuelo  se crió a los  pechos de madre humana (...) Quería que en ese día los ricos den de comer en abundancia a los pobres y hambrientos y que los bueyes y los asnos tengan más pienso y hierba de lo acostumbrado. Si llegare a hablar con el Emperador – dijo – le rogaré que dicte una disposición general por la que todos los pudientes estén obligados a arrojar trigo y grano por los caminos, para que en tan gran solemnidad las avecillas, sobre todo las hermanas alondras, tengan en abundancia” No recordaba sin lágrimas la penuria que rodeó aquel día a la virgen pobrecilla.” (1)

Para aquellos hermanos sufrientes  que creen haberse decepcionado de Cristo, porque se sienten abandonados, abatidos o despreciados (o quienes desean oficiar de puente), primero quiero compartir estas palabras del profeta Isaías: “No temas, pues yo estoy contigo; no mires con desconfianza, pues yo soy tu Dios; yo te he dado fuerzas, he sido tu auxilio, y con mi diestra victoriosa te he sostenido.” (Is 41, 10 BL).

Y luego los invito a reflexionar sobre el extracto de un texto de Ignacio Simal:

“El problema que algunos tienen, o hemos tenido, nada tiene que ver con la seducción que nos produce –o produjo- la praxis y la persona de Jesús. Más bien tiene que ver con lo que alguien denominó “la idolatría de la escritura”, la idolatría de la letra teológica, tallada en piedra, en la que hemos crecido.
Hemos confundido a Jesús de Nazaret con la letra, convirtiendo a ésta en un ídolo al que adoramos y servimos. Dicho en pocas palabras, posiblemente es el edificio teológico en el que hemos habitado por años el que se ha venido abajo, no el mensaje liberador de Jesús (…) En sus conversaciones con “pecadores” no se intuye ningún test teológico que éstos tuvieran que superar antes de acceder a su compañía, a comer en su mesa y a experimentar en sus personas la liberación existencial y social (salvación/sanación) que les traía el Galileo. No. Antes bien, les exhortaba a iniciar un viaje existencial sobre los raíles de la justicia y la misericordia que les conduciría a un mundo nuevo (lo que él llamaba “reino de Dios”). Eso es lo verdaderamente importante, no lo otro.” (2)

La puerta que nos conducirá al camino compartido con Cristo, es la actitud de humildad frente a la vida, ese es el verdadero nacimiento de Cristo en nosotros y no tiene fecha, por eso este 25 de diciembre debe ser un ayuda memoria, un despertador, para que tengamos en cuenta que Cristo está dispuesto a nacer a cualquier hora de cualquier día, todo depende de nuestra actitud de humildad y renacerá con nosotros.

Jesús vino a traernos vida, vida en  abundancia (Jn 10:10) y vida eterna en la plenitud de comunión con él y con el Padre (Jn 17:3). Dijo también que quienes se enojan contra otra persona y la insultan es culpable de homicidio (Mt 5:21-22; 1Jn 3:14-15), porque el odio destruye la vida tanto de quien odia como de su víctima. Pero en el Reino de Dios y de su Cristo, reina plenamente  la vida, la paz y la justicia, el bien y el  amor. Pertenecer a ese Reino significa estar comprometido incondicionalmente con esos valores profundamente humanos y soñar con su realización ahora y siempre. Pertenecer al Reino de Dios es más que creer en un futuro paraíso en el “más allá” sin ningún significado “más acá” en la historia. (3)

Abrazar la encarnación como principio orientador de una práctica eclesial y misionera es de fundamental importancia para la iglesia en América Latina. La teología de la encarnación nos protege de la tentación de volvernos adeptos a una teología de la gloria que no percibe, ni respeta, ni sufre con el sufrimiento de la gran mayoría de nuestro pueblo. (4)

Como Cristianos además de festejar esta fiesta junto a la familia y consumir moderadamente los encantos que nos vende el mundo capitalista, debemos elevar una oración y sobre todo elaborar una estrategia de lucha cristiana para palear estas situaciones adversas que viven nuestros hermanos Víctimas: del capitalismo, la guerra, sin techos, trata, violencia criminal, acoso sexual, narcotráfico, violencia intra familiar, injusticia social, entre tantos males, producto del egoísmo humano.

“Oh Dios, nuestro Padre celestial, nos has bendecido y nos has dado el dominio sobre la tierra: Aumenta nuestra reverencia ante el misterio de la vida; danos una nueva comprensión de tus propósitos para el género humano, y una nueva sabiduría y determinación al proveer para su futuro de acuerdo con tu voluntad; por Jesucristo nuestro Señor. Amén.”

Los Cristianos tibios sirven a otro Señor, es hora que resucitemos con Cristo y con el arma del amor apacigüemos al gran tentador.

¡Feliz renacimiento con Cristo!

Y un año 2013 plagado de bendiciones y agradecimientos.

Arzobispo Juan Carlos Urquhart de Barros
Iglesia Episcopal Antigua en Argentina.-

Notas
(1)   - San Francisco de Asís – Escritos – Biografías – Documentos de la época. Pag 344 Ed, preparada por José Antonio Guerra. Biblioteca de autores Cristianos – Madrid 1978.-
(2) - Simal, Ignacio.¡Estoy en crisis de fe! ¿En crisis de fe? de Lupa Protestante publicado en reflexiones:día 20 de feberero de 2012.-
(3)   - Stam Juan, “Seguir a Jesús en Reino de vida”, Revista Kairos, Nro.29 pag.13 junio 2009.-
(4)   - Escobar, Samuel, ¡Guíanos, Espíritu Santo!  Revista Kairos, Nro.29 pag.19 junio 2009
(5)   – Libro de Oración Común.- Oración por el futuro de la humanidad. Pag.719.-

domingo, 27 de noviembre de 2011

Hoy, el Evangelio es noticia.




José Maria Castillo, teólogo


Los medios de comunicación difunden hoy la noticia según la cual la profesión que hace más felices a los hombres es la de sacerdote. Por otra parte, se supone que los sacerdotes son auténticos discípulos de Jesús. Pues bien, esta noticia, en el marco de tal suposición, hace que el Evangelio de la misa de hoy sea parte importante de la noticia. Una parte que, según mis sospechas, mucha gente no va a tener en cuenta. Me limito a poner aquí el texto de ese Evangelio. Y a copiar el comentario que escribí, el año pasado, en mi pequeño libro de comentarios a los textos litúrgicos de cada día del año:
Lc 21, 12-19
“En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: “Os echarán mano, os perseguirán, entregándoos a los tribunales y a la cárcel, y os harán comparecer ante reyes y gobernadores por causa de mi nombre; así tendréis ocasión de dar testimonio. Haced propósito de no preparar vuestra defensa; porque yo os daré palabras y sabiduría a las que no podrán hacer frente ni contradecir ningún adversario vuestro. Y hasta vuestros padres, y parientes, y hermanos, y amigos os traicionarán, y matarán a algunos de vosotros, y todos os odiarán por causa de mi nombre. Pero ni un cabello de vuestra cabeza perecerá; con vuestra paciencia salvaréis vuestras almas”.

1. Hablar de persecución es hablar de violencia. De ahí que la lectura de este texto plantea una pregunta lógica y necesaria: ¿por qué se va a ejercer tanta violencia contra los discípulos de Jesús? Si el Evangelio es un mensaje de rectitud ética, de generosidad, de libertad y de esperanza, ¿qué hay de malo en todo eso como para perseguir a muerte a quienes transmiten tal mensaje? Es más, ¿por qué los portadores de un mensaje anti-violento van a tener que soportar la violencia, el abandono y hasta el odio de todos, incluidos los familiares y amigos más íntimos?
2. La violencia es un fenómeno complejo y, por eso mismo, difícil de explicar. Porque son muy diversos los factores que desencadenan la violencia de unos seres humanos contra otros. En el texto de este evangelio, Jesús se refiere a la violencia que procede de dos frentes: 1) el frente político (“reyes y gobernadores”); 2) y el frente de la familia y los amigos. Esto supuesto, se puede asegurar que Jesús pensaba en la violencia que proviene de quienes amenazan o alteran el “orden establecido”. Toda sociedad organizada se mantiene como tal sobre la base del “orden”.
Pero el “orden” es posible solamente en la medida en que se vence el “caos”. Lo que supone que quienes tienen el poder (político o familiar), por eso mismo se sienten con el derecho y el deber de someter y castigar a quien altera el orden. Ahora bien, tal como somos los humanos, esto significa que “el proyecto del orden ha traído a los hombres un aumento sin fin de la violencia” (Wolfgang Sofsky).
3. Así las cosas, si el mensaje del Evangelio se toma en serio, se asume responsablemente y de él se extraen las debidas consecuencias, es inevitable la persecución y la violencia. Porque la “utopía” del Evangelio no encaja en el “orden” que se sustenta sobre la base del poder que, mediante el miedo, domina, castiga o excluye a todo el que no se le somete. Los insumisos al orden son los marginales, que, por ser marginales, son estigmatizados, recluidos o excluidos. La cárcel, el desprestigio y la soledad son el precio de la libertad. Un precio que, a veces, lleva a los excluidos hasta la tumba. Jesús fue así el “jefe de fila” de los creyentes (Heb 12, 2) (H. U. Von Balthasar).

domingo, 4 de abril de 2010

Saludo y reflexión de Mons.++ Juan Carlos por la Pascua 2010



Queridos herman@s abracistas y todos los herman@s hijos del mismo Padre


Paz y abrazos en esta nueva recreación de la pasión y resurrección de Cristo.


“El que se humilla será ensalzado” (Lc.14,11; 18,14). Cristo bendito no se mantuvo igual a Dios en gloria, sino que se abatió hasta el abismo de la muerte, y “por eso Dios le exaltó y le otorgó el Nombre que está sobre todo nombre” (Flp.2,5-11)


Contemplar el misterio de la cruz, como tantos santos lo hicieron en el tiempo es ver un signo doloroso, clavos, sangre, sufrimiento, abandono, humillación extrema y muerte. Muchas actitudes pueden revelar el amor: la palabra, el gesto, la ayuda, el don, pero el signo más elocuente, el más fidedigno e inequívoco del amor es el dolor. Y sobre todo el dolor extremo por el bien del amad@.


El que quiera conocer a Dios y en ese conocimiento está la vida eterna (Jn.17,3), que mire a Cristo, y a Cristo crucificado. Dios Providente dispuso la Cruz de Cristo para comunicar por ella en forma definitiva el misterio eterno de su amor trinitario.


Los que piensan que los pecados del hombre eran poca cosa, y que la vida humana era una sucesividad de actos triviales, condicionados e insignificantes, que miren la cruz de Cristo, que consideren cuál fue el precio de nuestra salvación (1Cor. 6,20)


Si alguno sospechaba que nuestra vida apenas tenía valor e importancia ante Dios, Señor del cielo y de la tierra, que mire la cruz de Jesús, y que se entere de que no hemos sido “rescatados con plata y oro, corruptibles, sino con la sangre preciosa de Cristo” (1Pe 1,18)


Querid@s herman@s no piensen que ese amor y ese precio Jesucristo lo entregó “por la humanidad” en general, pero no por “Ustedes” en particular, cada uno de nosotros puede decir con toda tranquilidad lo mismo que San Pablo: “El Hijo de Dios me amó y se entregó por mí” (Gál. 2,20)


Cristo ya resucitó y ahora camina entre nosotros.


No quiere más dolor, ni llanto, ni egoísmos…


Cristo quiere renacer en cada uno de nosotros, para caminar por dentro, para caminar hacia fuera con nosotros, feliz, alegre y espera que lo aceptes, porque respeta tu libertad…


Cristo ya sufrió la vieja Cruz.


Y sufrimos cuando intentamos revivir esa pasión.

Y nos juramos que si hubiésemos estado ahí cargaríamos ese madero mejor que Simon de Cirene.


Pero al tercer día cuando resucita, todos somos felices, hasta la próxima pasión del nuevo año.


Porque nos perdemos en el ruido mundano y nos olvidamos del silencio de Cristo


Pero Cristo sufre la nueva Cruz


Y nosotros


¿Sufrimos con él?

¿Qué hacemos para atenuar el dolor de Cristo frente a esa nueva Cruz?


¿Seguro que lo hacemos?


¿Lo viste cargando la cruz en Haití? hace más de 100 años que la carga…

¿Lo viste cargando la cruz en Chile? hace más de 100 años que la carga…

¿Lo viste cargando la cruz entre los discriminados? hace más…

¿Lo viste cargando la cruz entre los excluidos? hace más…

¿Lo viste cargando la cruz entre los ultrajados? Hace más…

¿Lo viste cargando la cruz en las guerras? Hace más…


Cristo está en las favelas, entre los secuestrados en la selva, está entre tu sangre, está a la par de tu puerta…está entre los sin voz, está entre los sin tierra, está en tu casa, está en la Escuela


¿Está en tu conciencia?

¿Está en tu corazón?


Y entonces que hacés para ayudarlo a cargar esta cruz


Para que muera de una vez por todas este mal que opaca la luz

Y para que mañana este sufrimiento sea solo un recuerdo y lo festejen todos los años luego de revivir por unos días, la pasión del hombre y cristo, que abrazados vencieron por fin juntos a la muerte.


Cristo ya resucitó ahora permítele que resucite en ti para que juntos resucitemos al mundo para Gloria del Reino de Dios.


¡Alimentemos al mundo con frutos espirituales!


Qué esta pequeña reflexión les sirva como luz en el camino.

Son mis mayores deseos


¡Felices Pascuas!


Mons.++ Juan Carlos Urquhart de Barros

Arzobispo Primado de Argentina y Chile

Iglesia Antigua del Río de la Plata