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viernes, 29 de marzo de 2013

Guatemala: El éxtasis del Viernes Santo neoliberal.


Por Ollantay Itzamná
29 de marzo, 2013.- Las principales ciudades se encuentran revestidas de telas de color morado y blanco. Adornados con carteles gigantes en las que sus representantes políticos les desean bendiciones por Semana Santa. Una marea humana vestido con hábitos de color morado, blanco y negro inundan las calles y plazas de las ciudades alfombradas de flores y aserrín de colores con motivos religiosos.
Gigantescas estatuas de yeso y madera recorren por las ciudades, en inmensas andas barrocas, sobre los hombros de compungidos penitentes que llevan sobre sus cabezas el capirote (cucuruchos) en señal de penitencia pública. Cada procesión avanza lento al ritmo de melodías de agonía de las bandas de música. Todo el país se concentra en estas festividades dolorosas. La Semana Santa es el feriado nacional más largo del año. Desde la televisión, los periódicos, las radio emisoras y las iglesias se inculcan con ímpetu la mansedumbre, la obediencia, el dolor, la humildad y el despojo como las virtudes sublimes de un cristiano penitente.

Despojo despiadado y aniquilamiento selectivo de dirigentes sociales

Mientras las y los guatemaltecos, católicos o no, viven afligidos su Semana Santa con la cabeza agachada y los ojos cerrados, el Presidente Otto Pérez Molina, en pleno feriado de Miércoles Santo, entregó el Puerto Quetzal (el puerto marítimo más importante del país) en usufructo para 25 años a la Empresa Portuaria Quetzal, subsidiaria de una empresa española. El sindicato de trabajadores y sectores organizados del país, desde hace varios meses, estuvieron resistiendo a este acto de privatización, pero el despojo se consumó en pleno feriado de Semana Santa.
De esta manera, Guatemala, quien ya cedió tierras, ríos, playas, bosques, minas, servicios públicos, etc. a las corporaciones privadas, quedará enclaustrada y atrapada bajo el dominio marítimo de una empresa extranjera. Igual o peor de lo que le ocurrió con la prepotente y nefasta historia de la empresa bananera norteamericana en el siglo pasado.
Simultánea a la aplicación del neoliberalismo recargado, el Estado implementa una sistemática política de criminalización, persecución, encarcelamiento y/o asesinato selectivo de dirigentes/as de organizaciones sindicales, sociales e indígenas que se resisten al calvario neoliberal.
Entre febrero y marzo del presente año fueron asesinados 5 dirigentes sindicales e indígenas que exigían el cumplimiento de derechos laborales y/o se oponían a proyectos mineros. En este momento, varios dirigentes sociales guardan cárcel preventiva, otros tantos son amenazados, perseguidos e investigados, sólo por oponerse a más despojos o exigir la devolución de lo robado.

El crimen neoliberal y el silencio de las iglesias

Cuando los ricos saquean y roban, lo llaman negocio para el progreso. Pero, cuando los empobrecidos intentan recuperar lo que les robaron, los persiguen y asesinan como a delincuentes.
En esta Guatemala que se vanagloria de ser cristiana, cada 80 minutos se asesina a bala a una persona en algún rincón del país, de los cuales más del 95% de casos queda en la impunidad. El 90% de las tierras de cultivo son acaparadas por neo latifundistas que representan menos del 2% de la población nacional, mientras casi el 70% de guatemaltecos sobreviven en el empobrecimiento. Cerca del 50% del total de niños/as menor de cinco años sufre desnutrición. ¿Por qué será que éstas y otras calamidades anticristianas no son denunciadas por los predicadores en Semana Santa?
Hace cinco siglos llegaron los pordioseros buscando riquezas por estas tierras. Nos obligaron a abandonar nuestras espiritualidades de la Vida. Nos dijeron que el bautismo nos traería civilización si acaso a cambio les cedíamos los bienes de la Madre Tierra. Se quedaron con todo, y cambio nos dieron miseria, Biblia y cucuruchos para cargar en hombros a sus ídolos blancos y barbudos que en nada se parecen a los personajes bíblicos, hebreos rebeldes de piel cobriza como nosotros/as.
El Jesús bíblico predicó la rebeldía y la liberación integral del ser humano. Organizó un movimiento socio religioso de liberación. Fue asesinado por el Imperio por subversivo y por blasfemo. Pero, estas verdades bíblicas no se predican en las iglesias. Más por el contrario, se censura la virtud de la rebeldía y se predica/promueve el vicio de la mansedumbre-resignación como la virtud sublime, hasta el límite de convertirnos en un tumulto compungido de providencialistas con cucuruchos que caminan hacia el cadalso, como lo hacían en la Edad Media los heréticos penitentes condenados a la pena capital. ¿Por qué será?
Por estas y otras traiciones, Jesús de Nazareth asesinado por el Imperio romano no resucitará en Guatemala, mientras los fariseos neoliberales continúen despojando y asesinando a los Cristo que se insubordinan y organizan para defender sus derechos y los derechos de la Madre Tierra.
El Domingo de Resurrección sólo ocurrirá en Guatemala si acaso las y los guatemaltecos nos atrevemos a abandonar nuestra actitud de penitentes eternos de Viernes Santo.
Podemos cargar, en andas de plata, por otros quinientos años, a ídolos blancos, barbudos y sangrantes (que representan a nuestros verdugos), pero éstos serán siempre la premonición del sufrimiento y de la muerte de nuestro pueblo. El milagro de la resurrección de la Vida ocurrirá cuando nos atrevamos a desafiar las mentiras que nos impusieron como verdades, y a confiar y creer en nuestra capacidad creativa. Debemos asumir que nadie en este mundo ha nacido para ser penitente eterno.
—
*Ollantay Itzamná, indígena quechua. Acompaña a las organizaciones indígenas y sociales en la zona maya. Conoció el castellano a los diez años, cuando conoció la escuela, la carretera, la rueda, etc. Escribe desde hace una década no por dinero, sino a cambio de que sus reflexiones que son los aportes de muchos y muchas sin derecho a escribir “Solo nos dejen decir nuestra verdad”

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Fuente: Servindi

sábado, 29 de diciembre de 2012

Guatemala: A 16 años de los acuerdos de paz, ¿cuáles son sus avances?


Por Ollantay Itzamná*
29 de diciembre, 2012.- Hace 16 años atrás, el 29 de diciembre de 1996, luego de más de tres décadas de dolorosa guerra interna, se suscribía los “Acuerdos de Paz”, entre el Estado/ejército y la Unidad Revolucionaria Nacional Guatemalteca (URNG), como “una solución política al enfrentamiento armado…, para superar las causas de dicho enfrentamiento y sentar las bases de un nuevo desarrollo”.Aquel promisorio Acuerdo generó exorbitantes expectativas en la comunidad internacional que impotente observó el asesinato de cerca de 250 mil guatemaltecos/as, cientos de miles de desplazados, y comunidades mayas completamente arrasadas por la política de “limpieza étnica”. Las y los guatemaltecos directa o indirectamente involucrados en el enfrentamiento armado asumieron dichos Acuerdos de Paz con diferentes ánimos, víctimas, en su gran mayoría, de la propaganda mediática político militar emprendido por el Ejército que criminalizaba a los cuatro grupos guerrilleros alzados en armas.
A 16 años de aquel Acuerdo de Paz, que en teoría finalizaría el derramamiento de sangre en Guatemala, ahora, cada 84 minutos se sigue asesinando a bala a un o una guatemalteca en algún rincón del país (un promedio de 17 asesinatos por día). Esto, sin contar las muertes por desnutrición o a falta de asistencia médica. Durante los 36 años de guerra interna se asesinaron un promedio de 19 guatemaltecas/os por día.

¿Cuáles fueron las causas que obligaron a guatemaltecos/as, indígenas y campesinos en su gran mayoría, a tomar las armas?

El prometido desarrollo que jamás llegaba. Por cerca de siglo y medio se prometió progreso y desarrollo que jamás llegaba para las grandes mayorías. Incluso la Revolución Liberal afianzó y legalizó el despojo de las tierras comunales indígenas. Para 1960, más del 50% de la población guatemalteca sobrevivía sin derechos a tener derechos: analfabetos, desnutridos, sin servicios básicos, aislados y sin caminos. Prácticamente subsistían como indeseados entenados para un Estado que jamás los asumió como ciudadanos plenos, sino como una incómoda carga.
Sistemático y violento despojo de las tierras. Las cuatro fuerzas insurgentes estaban conformadas, en su gran mayoría, por campesinos e indígenas indignados por el descarado robo, no sólo de sus tierras, sino también de sus fuerzas de trabajo. Si la Colonia pre republicana estuvo asentada en el despojo y en el trabajo servil de los originarios, la República fue aún mucho más brutal con campesinos e indígenas, porque, ahora, los herederos de la Colonia. “ley en mano”, se apropiaron de las tierras, utilizando al Estado nación como su policía privada.
De este modo, el Estado “independiente” se convirtió en el instrumento más eficaz para despojar, explotar (sin eliminar), criminalizar y empobrecer con “soberanía” a las grandes mayorías del país.
Permanente y violenta depredación de la democracia participativa. Todos los intentos de la democratización integral de Guatemala fueron violentamente interrumpidos por la intervención norteamericana, con la colaboración de la obtusa oligarquía nacional. El ejemplo más patético fue la depredación violenta de los intentos de la democratización de la tierra que impulsó el proceso revolucionario de 1945 al 1954.
El Gobierno de los EEUU implantó en América Latina la Doctrina de Seguridad para acelerar la ocupación de las tierras, y demás bienes naturales, por empresarios norteamericanos y aliados. Recurrió sistemáticamente a las dictaduras militares y masacres para aniquilar cualquier intento de consolidación de la democracia participativa (a esta democracia denominaban comunismo los capitalistas), y el fortalecimiento de estados dignos y soberanos en Latinoamérica.
De esta manera, la rústica y obnubilada oligarquía nacional, y los diferentes gobiernos norteamericanos, empujaron a campesinos, indígenas, obreros e intelectuales conscientes a la clandestinidad. Y en las montañas los persiguieron, los torturaron y masacraron. Familias y comunidades enteras fueron asesinados por los militares para aleccionar y escarmentar a los sobrevivientes del hambre para que nunca más desobedeciesen a los patrones.

¿Qué contenían los Acuerdos de Paz firmados en 1996, y qué fue lo que se cumplió?

“La paz firme y duradera” se lograría con los siguientes acuerdos:
Retorno de los exiliados. El Estado se comprometió a asegurar el retorno y reasentamiento seguro y digno de los desplazados por la guerra. Además, se comprometió a garantizar el esclarecimiento de la violación de los derechos humanos durante el conflicto armado.
A 16 años de aquella firma, los desplazados volvieron, pero, al ver que el Estado militar durante la guerra había repartido sus tierras a los nuevos patrones, se vieron obligados a migrar a las ciudades para sobremorir en la miseria y el hacinamiento. Más de un millón de guatemaltecos, luego del Acuerdo de Paz, fueron expulsados como “mojados” para los EEUU, y desde allí envían jugosas remesas, con sabor a esclavitud, para financiar al Estado que los expulsó. En cuanto a la investigación, pues, los militares inmunes mandaron a matar a muchos/s defensoras de derechos humanos que se atrevieron a investigar y a decir que “el 93% de las violaciones de derechos fue de responsabilidad del Ejército”.
Desarrollo socioeconómico para el bien común. “La paz firme y duradera debe cimentarse sobre un desarrollo socioeconómico participativo orientado al bien común…” “Lograr la justicia social y crecimiento económico con la participación efectiva de ciudadanos/as de todos los sectores… elevar la recaudación tributaria y priorizar el gasto público hacia la inversión social”, eran algunas de las promesas.
Desde la perspectiva de los excluidos, y sobrevivientes de la guerra, la firma de los Acuerdos de Paz, en buena medida sólo sirvió para acelerar y afianzar el sistema neoliberal recargado en Guatemala, impuesto después de dicho Acuerdo.
En estos 16 años, las magnitudes de las desigualdades socioeconómicas recrudecieron a niveles jamás antes vistas, a favor de los ricos. Casi la totalidad de los bienes comunes (naturales, empresariales y de servicio) fueron transferidos a  manos de los mega latifundistas de Guatemala.
Las y los empobrecidos, en la actualidad, bordean casi el 70% del total de la población, con la diferencia de que antes de los Acuerdos de Paz por lo menos había tierras para alquilar y hacer la milpa (cultivar maíz), playas y ríos para pescar. Ahora, los patrones no sólo acaparan las tierras, sino que ocupan playas, matan ríos, lagos y montañas. Lejos de elevar la recaudación tributaria, Guatemala se convirtió en un territorio de “zona franca” en la que la “inversión privada” está exenta de pagar impuestos como un estímulo para invertir, dejando para el país secuelas de sobre explotación laboral y masacre ambiental.
Redistribución de la tierra. “El Estado y los sectores organizados de la sociedad deben aunar esfuerzos para la resolución de la problemática agraria y el desarrollo rural…”, decía el Acuerdo. Pero, la Ley del Desarrollo Rural Integral sólo quedó en una promesa electoral incumplida por los diferentes gobiernos. Los mega latifundistas aglutinados en el CACIF (Comité Coordinador de Asociaciones Agrícolas, Comerciales, Industriales y Financieras) que manejan al Estado guatemalteco como su finca privada, lograron subordinar a sus intereses a todos los gobiernos y congresistas. Campesinos e indígenas post Acuerdos de Paz sostienen que “en Guatemala es mejor haber nacido como palma africana o caña de azúcar, porque estos monocultivos tienen tierra, agua y vida legalmente aseguradas”.
En la actualidad, más del 80% de las tierras de cultivo se encuentran en manos del 2% de los latifundistas. De este total de tierras, cerca del 70% es utilizada (destruida y contaminada) para el monocultivo de palma africana, caña de azúcar y el hule. En las zafras, las jornadas de trabajo no bajan de 12 y 14 horas diarias, con salarios por debajo del mínimo legalmente establecidos. A las organizaciones campesinas e indígenas movilizadas sencillamente se los expulsa de las tierras para perseguirlos, criminalizarlos, depredar a sus dirigentes, y finalmente masacrarlos delante de las cámaras fotográficas.
Lo más insólito es que estos monocultivos, depredadores de los derechos humanos, son financiados con fondos y préstamos de los países europeos que hace 16 aplaudieron la firma de los Acuerdos de Paz, pero que ahora, urgidos por las circunstancias, demandan agro combustibles para “bajarle” la temperatura a la Tierra e inyectar activos frescos a sus sistema financiero en crisis.
Derechos de los pueblos indígenas. Otro acuerdo fundamental fue el reconocimiento y el fortalecimiento de las identidades y derechos de los pueblos indígenas (mayas), xincas y garífunas. Estos pueblos, hoy, como ayer, continúan sobremuriendo en la servidumbre, tanto en el campo, como en  las ciudades, sin derecho a tener derechos, mucho menos a protestar. Si protestan, el Ejército no escatima balas para clavarles plomo como si se tratara de una política de “limpieza social”.  La propuesta de regulación de los derechos indígenas como Ley de la República no pasó de ser sólo un anteproyecto de Ley archivado.
El discurso multiculturalista del Estado post Acuerdos de Paz sólo sirvió para acopiar dinero de la “cooperación internacional” y comprar algunos dirigentes indígenas para “legitimar” la venta del país a las multinacionales”. Ni tan siquiera los idiomas indígenas fueron constitucionalizados como idiomas oficiales del país. La autodeterminación y autonomía indígena continúan siendo catalogadas como subversivos en el imaginario de los patrones políticos. La presencia indígena en el territorio guatemalteco continua siendo asumido por el Estado ladino monocultural como una desgracia y vergüenza milenaria.
Pero eso sí, el 13 B’aktún, fue comercializado y vendido por el gobierno mayafóbico como la pieza de museo maya folclórico más apetecido para los ingenuos turistas del mundo. Recuérdese que, según los indígenas sobrevivientes a la guerra interna, el Gral. Otto Pérez Molina (actual Presidente de Guatemala) es el principal responsable del crimen de “limpieza étnica” en el Triángulo Ixil, Quiché, ejecutado por el Ejército durante la guerra interna.

¿Por qué el Presidente Otto Pérez celebra el 16 aniversario de los Acuerdos de Paz?

Aprovechando la atención mundial sobre Guatemala, fruto de la folclorización del 13 B’aktún, el Presidente Otto Pérez (uno de los militares firmantes del Acuerdo de Paz) anuncia la festiva conmemoración del 16 aniversario de la firma de los Acuerdos de Paz. La finalidad es embaucar al mundo con que “dichos acuerdos están siendo cumplidos”, y simultáneamente liberar de la prisión a uno de los principales responsables de las masacres durante la guerra, ahora encarcelado, como es el ex presidente de Guatemala, Efraín Ríos Montt ¿Cómo podrán demostrar al mundo “la paz firme y duradera pos Acuerdo de Paz” en una Guatemala en la que se asesina a bala a 17 personas por día? ¿Qué harán para esconder el actual recrudecimiento social de las causas que empujaron al país a la guerra interna?
Además de intentar limpiar su imagen ensangrentada, los culpables, ahora impunes, sienten cargo de conciencia (en el fuero interno) por las atrocidades cometidas en contra de la humanidad. Por eso quieren celebrar con grandezas el incumplimiento de los Acuerdos de Paz. Lo triste es que muchos seudo indígenas mayas (supuestos guías espirituales y dirigentes) se prestan para este otro teatro/ritual nacional.
Así, legitimados por espectaculares ceremonias mayas quieren seguir convirtiendo el territorio y los bienes nacionales en agro combustible para el sistema. Ellos se sienten vencedores en esta lucha sangrienta, aunque su victoria anuncia la definitiva derrota de toda la humanidad, pero su limitada capacidad de compresión no les permite comprender la realidad suicida en su real magnitud.

Foto: Don Mauro Vay, Dirigente de CODECA

¿Cómo evalúa un ex integrante de la guerrilla, sobreviviente a la represión estatal/militar, los resultados del Acuerdo de Paz?

Don Mauro Vay Gonon, de 58 años de edad, campesino indígena quiché, fundador y dirigente del movimiento Comité de Desarrollo Campesino (CODECA, en este momento, la organización campesina más numerosa en el país), en su humilde y acogedora vivienda nos dio la siguiente valoración sobre los resultados del Acuerdo de Paz firmados hace 16 años:
“Los Acuerdos de Paz sirvieron para que la gente se diera cuenta de cuáles eran los objetivos reales de la guerrilla. El Ejército, durante la guerra, tuvo la capacidad de desprestigiarnos a los guerrilleros como cubanos, barbudos extranjeros y canches (piel blanca). Pero, los Acuerdos de Paz demostró que los guerrilleros éramos guatemaltecos conscientes luchando por la reforma agraria, derechos laborales, derechos de los pueblos indígenas, reforma educativa y transformación del Estado. Eso fue lo que se peleó en la mesa de negociaciones, con el respaldo de la comunidad internacional y de la Iglesia.
La gente medianamente inteligente se dio cuenta que nosotros buscábamos soluciones a la problemática nacional, y que no habíamos sido cubanos, ni barbudos. Este tiempo sirve para que la gente se desengañe.
Lo triste fue que la población no supo, ni pudo legalizar, ni legitimar los objetivos del Acuerdo de Paz. Como pueblo no supimos manejar el contexto. Fue una oportunidad perdida para la maduración social. Muchos dirigentes de las organizaciones sociales se acomodaron al Estado y desmovilizaron a sus organizaciones.
En estos 16 años de los Acuerdos de Paz, la derecha aprovechó las circunstancias para legalizar todos sus intereses. Antes imponían sus caprichos fusil en mano, ahora, luego que entregamos las armas, el CACIF, legitimados con las leyes creadas por ellos mismos, se reparten las tierras de cultivo para sus monocultivos, criminalizando y persiguiendo a los movimientos sociales.
Esto es un error que ellos cometen, porque no se dan cuenta que con esta estrategia lo único que están logrando es que se levante nuevamente el pueblo, y allí sí que ya nadie podrá parar al pueblo. Ahora, ¿a quien está afectado los monocultivos, la política de “mano dura”, la violencia? Es a la misma gente, a la clase media y a los mismos empresarios.
Para nosotros, como movimiento social, los Acuerdos de Paz sirvieron para mitigar la persecución mortal a los dirigentes revolucionarios, aunque ahora seguimos perseguidos. Los Acuerdos de Paz están allí, engavetados, esperando el momento en que el pueblo se levante. Son herramientas que en su momento utilizaremos para implementarlos en el proceso constituyente.
Para mí, los Acuerdos de Paz sirvieron para el fortalecimiento de las organizaciones sociales. Mi frustración es que yo pensé que esos acuerdos se implementarían en un plazo más corto, pero algunos dirigentes de las organizaciones como Comité de Unidad Campesina (CUC), Coordinadora Nacional Indígena Campesina (CONIC) y Coordinadora Nacional de Pequeños Productores (CONAMPRO) se acomodaron, y no logramos tomar el poder a corto plazo.
Como fundador de CODECA veo que como organización tenemos que levantar al pueblo y refundar Guatemala. En eso estamos. Llevará su tiempo, pero llegará el momento.”
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*Ollantay Itzamná, indígena quechua. Acompaña a las organizaciones indígenas y sociales en la zona maya. Conoció el castellano a los diez años, cuando conoció la escuela, la carretera, la rueda, etc. Escribe desde hace 10 años no por dinero, sino a cambio de que sus reflexiones que son los aportes de muchos y muchas sin derecho a escribir “Solo nos dejen decir nuestra verdad”

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