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martes, 29 de noviembre de 2016

Standing Rock: La mayor movilización indígena en un siglo.


Por Silvia Arana

ALAI, 29 denoviembre, 2016.- Standing Rock, en el estado de Dakota del Norte, forma parte de la Reservación Sioux, como se llama comúnmente a los pueblos originarios dakota, lakota y otras tribus de las praderas.

El río Missouri, fuente de agua potable de unos 17 millones de personas, atraviesa el territorio, que está bajo jurisdicción de las autoridades indígenas de la Reservación Sioux de Standing Rock según los tratados firmados con el gobierno de EE.UU.

Protectores del agua

En violación de los tratados y en contra de la voluntad de los sioux, la corporación petrolera Energy Transfer Partners está construyendo un oleoducto que destruiría el sitio sagrado y cementerio indígena de Standing Rock y cuyo tramo subterráneo pasaría por debajo del lecho del río Missouri.


El proyecto es una inversión de 3.800 millones de dólares, financiado por Goldman Sachs, Bank of America, HSBC, UBS, Wells Fargo y otros grandes bancos. Tiene una extensión de 1880 km, va desde los yacimientos de petróleo de Bakken en Dakota del Norte, pasando por Dakota del Sur, Iowa hasta llegar a Illinois.


Desde la primavera de 2016, se han congregado en Standing Rock miles de personas, muchas de ellas de diversas naciones indígenas, para protestar por la construcción del oleoducto que destruiría sitios sagrados y contaminaría el agua. Se autodenominan “protectores del agua”.


Se estima que se producen unos 300 derrames de petróleo por año en los oleoductos del país (1), y por tanto los defensores del agua no creen en las promesas de la empresa, del Cuerpo de Ingenieros del Ejército y de las autoridades de que "este oleoducto es seguro".
La mayor movilización indígena en más de cien años


“Standing Rock es la mayor congregación indígena que ha ocurrido en el transcurso de mi vida; día a día se fueron agregando nuevas banderas de las diferentes tribus... A partir de la sexta semana, dejó de ser un campamento para transformarse en una comunidad… Tomamos una postura contra el oleoducto, no sabíamos que tendríamos este inmenso apoyo... Esta tierra es un sitio sagrado del pueblo lakota; además el oleoducto contaminará el agua del río Missouri... El Cuerpo de Ingenieros del Ejército no hizo una consulta apropiada con las tribus. El oleoducto Dakota Access Pipeline tiene trechos subterráneos en el lecho del río Missouri. Los oleoductos tienen un historial de derrames, han contaminado el suelo, el aire, y las napas subterráneas... Si se construye destruirá no solo el río en esta área, sino río abajo también. Las tribus asumen su responsabilidad como protectores. Hay que cuidar de la tierra, el agua, el aire… Un día en nuestra caminata diaria hacia el sitio sagrado, las abuelas y madres les dijeron a los excavadores que no iban a permitir que destruyeran un sitio sagrado. En respuesta, los custodios de seguridad privada lanzaron los perros contra la gente. Varios protectores del agua fueron al hospital por las heridas… Después de los perros, traerán las armas…".


Esto decía en octubre pasado Dennis Banks (79 años), histórico líder indígena y co-fundador de American Indian Movement (Movimiento Indígena de América del Norte). (2)


Tal como lo predijo Dennis Banks la represión contra la comunidad de protectores del agua fue creciendo en las semanas siguientes hasta alcanzar su pico el domingo 20 de noviembre. En temperaturas gélidas de cinco grados bajo cero la policía reprimió a los manifestantes lanzando chorros de agua y provocando cientos de casos de hipotermia. También usaron gases lacrimógenos, gas pimienta y balas de goma que lesionaron a unos trescientos manifestantes. El caso más grave fue el de Sophia Wilansky (21 años) que fue herida por una granada que le impactó en el brazo y le destrozó el hueso y los tejidos. En estos momentos se prepara para la tercera cirugía, y deberá sobrellevar otras adicionales en el esfuerzo por salvarle el brazo que fue prácticamente separado del cuerpo por la granada. Esta joven de Nueva York, que como numerosas otras personas acudieron a Standing Rock para solidarizarse con los pueblos originarios fue víctima de abuso de fuerza cuando ejercía el derecho a la protesta, garantizado por la primera enmienda a la Constitución. Un derecho que está siendo sistemáticamente violado por la policía de Morton (Dakota del Norte) y la Guardia Nacional.





Foto: AguaEsVida-Indigenous Rising Media


Linda Black Elk, integrante del cuerpo médico de Standing Rock, que presenció la represión del domingo pasado, afirmó: "La policía ha incrementado el nivel de violencia contra los protectores del agua. Yo he visto las diferentes armas usadas en contra nuestro: gas lacrimógeno, balas de goma, granadas. Parece que están poniendo a prueba sus armas contra nosotros en una creciente militarización de la represión". Agregó: "Sentimos una gran decepción con el presidente Obama. Estuvo aquí, hizo promesas y no cumplió ninguna de ellas."

Esta conducta gubernamental contra los derechos de los pueblos originarios no es sorprendente, sino coherente con la conducta histórica del gobierno de EE.UU., que ha cometido y/o permitido abusos en tierras indígenas desde el inicio de la colonización. Ejemplos de los abusos contra los pueblos lakota y dakota son la apropiación de terrenos en Black Hills (Montañas Negras) de Dakota del Sur después del descubrimiento de oro en la década de 1870, y la construcción de embalses en el río Missouri que causó inundaciones en poblados, en zonas forestales y en granjas en Dakota del Norte y del Sur durante la década de 1950.
Mni Wiconi: El agua es vida


El jueves 24 de noviembre medios alternativos como Unicorn Riot e Indigenous Rising Media transmitieron en vivo desde Standing Rock. Es el día en que en EE.UU. se celebra Thanksgiving (Acción de gracias). Según la historia oficial los indígenas salvaron a los peregrinos de la muerte ofrendándoles comida (versión tildada de falsa por historiadores como Roxanne Dunbar-Ortiz, quien dice que los indígenas jamás recibieron con los brazos abiertos a sus opresores).


Como un recordatorio irónico de la fecha, los protectores del agua pusieron mesas con comida. A pocos metros de ellos, varias decenas de policías cortaban la ruta, de uno y otro lado, a modo de cerco. Hay carteles con la frase: “No alimenten a los peregrinos” (Don’t Feed the Pilgrims). La consigna del día es: “No peregrinos, no oleoductos, no prisiones, no problemas”.


Cae una nieve ligera en la pradera desértica, la gente con sus abrigos gruesos, la cabeza cubierta con gorros o capuchas se mantiene en movimiento, algunos empiezan a entonar los poderosos cantos tradicionales lakota, y el grito “Mni Wiconi” (¡El agua es vida!)


Finalizó otra jornada en la larga batalla por Standing Rock, la mayor congregación de pueblos indígenas en más de un siglo, desde la Batalla de Little Bighorn -o Greasy Grass - que tuvo lugar en 1876. Fue una gran victoria de la alianza de tribus de las praderas -lakotas, cheyenes y arapahos- que derrotó al Séptimo Regimiento al mando del general Custer. Se dice que una visión del jefe lakota Sitting Bull fue la inspiración de los guerreros; un sueño en el que los soldados del ejército de EE.UU. caían del cielo. Fue la última victoria de los indígenas de las praderas. Hoy la comunidad de Standing Rock protagoniza una movilización histórica que por su capacidad de convocatoria, diversidad, continuidad y espíritu de lucha está plasmando una nueva y gran victoria.


Nota: Hace algunas horas, el Cuerpo de Ingenieros del Ejército de EE.UU. envió una orden de desalojo -a cumplirse el 5 de diciembre- a las autoridades de la Reservación Sioux. El jefe sioux Dave Archambault, al igual que otros representantes de la comunidad, respondieron que no se moverán.


Notas:



(2) Entrevista realizada por Abby Martin, Empire Files, TeleSur. Traducida del inglés por Silvia Arana: http://youtu.be/KqanmctAoLs
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Fuente: Servindi

viernes, 30 de septiembre de 2016

Firmaron la paz, ahora hay que construirla.


Por Álvaro Renzi Rangel*
ALAI, 30 de setiembre, 2016.- Con la firma del presidente Juan Manuel Santos por el gobierno y del comandante Rodrigo Londoño ("Timochenko") por las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC-EP), se puso fin el 26 de setiembre de 2016 al conflicto armado interno más antiguo de América Latina que causó más de 220.000 muertos y al menos cinco millones de refugiados y desplazados.
América Latina asistió en Colombia a un momento clave de su propia historia, sin precedentes desde que en la última década del siglo pasado se firmaran los acuerdos de paz en Nicaragua, El Salvador y Guatemala. El sueño de una región de paz se agiganta. Hay nuevas palabras que se irán incluyendo en el vocabulario político colombiano: legalidad, democracia, participación popular, equidad, justicia social.
Culminaron cuatro años de un proceso de negociación arduo, difícil y por momentos sumamente frágil en La Habana, donde la comunidad latinoamericano-caribeña y mundial puso todo su empeño para que se lograra un acuerdo que le otorgara herramientas al país para transitar hacia los cambios necesarios, hacia la pacificación definitiva.
El acuerdo no significa el fin del conflicto, pero abre la perspectiva de superar la guerra y su permanente pérdida de vidas, crea las condiciones para el retorno de miles de desplazados a sus tierras, permite un proceso de justicia por los crímenes de lesa humanidad cometidos durante el conflicto. Pero, sobre todo permite consolidar la vida democrática del país y alentar su desarrollo.
Ahora hay que construir la paz, entre todas las partes. El fin formal de la guerra es apenas el inicio para la construcción de la paz. El proceso comienza por la aprobación refrendataria de los acuerdos por parte de la ciudadanía, así como la ratificación parlamentaria de diversas modificaciones legales previstas en los acuerdos.
Hay sectores políticos, encabezados por el expresidente Álvaro Uribe, y corporativos de lo que se ha calificado como el poder fáctico del país, interesado en bombardear el proceso de pacificación. La guerra ha sido para este poder fáctico un gran negocio por más de 50 años, cuando se han apropiado de la tierra y su explotación.
Las inercias de la violencia no necesariamente se detendrán de manera automática, y tal vez resulte inevitable la persistencia de núcleos irreductibles en uno y otros bandos. Pero ese fenómeno marginal es consustancial a cualquier proceso de paz y cabe esperar que tanto las partes firmantes como la sociedad tengan la capacidad y la tenacidad requeridas para impedir que altere el curso de la pacificación, señala en un editorial el diario mexicano La Jornada.
No hay que olvidar que por varias décadas la alta burguesía, en su afán por el lucro, siempre se opuso a una política de paz que mermara sus ganancias. Quizás por temor a los cambios democráticos y sobre todo a ser afectados en sus intereses económicos y de influencia en la opinión pública, es que los dueños de los medios habían definido por décadas una línea adversa a las negociaciones de paz y hostil a toda iniciativa y propuesta de la guerrilla. ¿Cambiarán ahora? Nada se habla en los acuerdos sobre la necesaria democratización de la comunicación.
¿Cómo hablar de una comunicación para la paz en un país donde hasta no hace mucho tiempo el gobierno negaba la existencia de un conflicto, donde los periodistas y los medios se abstenían de hablar de los falsos positivos y de las masacres de campesinos e indígenas? ¿Cómo hablar de paz en un país que aloja siete bases extranjeras? ¿Cómo se hace para cambiar el chip? ¿Será que los grandes medios se volvieron democráticos? ¿O será que la guerra ya no es negocio y que ahora para los negocios hace falta la paz?, comenta el comunicólogo uruguayo Aram Aharonian.
Hay un aspecto por demás importante en el Acuerdo Final, la transformación de las FARC en partido o movimiento político, que además de ampliar el espectro político del país, le dará un impulso al movimiento social y popular colombiano, para posicionarse como una fuerza política con posibilidades de ser poder y gobierno. Esto sin duda aportaría a la unidad latinoamericana y al fortalecimiento de los proyectos alternativos ya existentes en la región.
Y quedan muchas las preguntas que se hacen desde los sectores progresistas: si se desmovilizarán los paramilitares, si los acuerdos mejorarán las condiciones de la lucha social y de vida de las grandes mayorías, si terminará la violencia contra los dirigentes campesinos e indígenas, de los movimientos sociales, de los defensores de los derechos humanos. El problema de fondo lo identificó muy bien el papa Francisco: tierra, techo, trabajo para todos, es el desafío.
El galardonado escritor colombiano William Ospina se pregunta por qué la gente está tan escéptica. Y se responde: “porque nadie siente que este proceso esté cambiando las condiciones que nos llevaron a la guerra y que la hicieron posible durante 50 años. Algo en el corazón de la sociedad presiente que una paz sin grandes cambios históricos, una paz que no siembre esperanzas, es un espejismo, hecho para satisfacer la vanidad de unos políticos y la hegemonía de unos poderes, pero no para abrirle el horizonte a una humanidad acorralada por la necesidad y por el sufrimiento…”
Existen riesgos en la implementación de los acuerdos: uno, que el propio Estado incumpla lo pactado, otro el fenómeno del paramilitarismo, pues con el antecedente del exterminio de la Unión Patriótica los colombianos bien saben cuánto puede costar y retroceder un proceso de paz.
“Si el Estado no toma medidas políticas para contrarrestar el avance del fortalecimiento de este fenómeno, el punto tres sobre la terminación del conflicto estaría en evidente peligro y por ende los otros puntos acordados también. (…) Si esto llegará a suceder el papel de la izquierda latinoamericana radica en la solidaridad que podamos tejer para lograr fortalecer la lucha del movimiento social y popular colombiano de exigir el cumplimiento de los acuerdos”, señala la exsenadora Piedad Córdoba.
Un acuerdo no garantiza la paz, es solo un marco para construirla. Y el otro marco debería ser la justicia. Justicia también para establecer los mecanismos que muchas empresas utilizaron para apoyar y financiar a grupos paramilitares, cuyas acciones causaron miles de muertos, torturados y desaparecidos en todo el país, violencia de la cual finalmente ellos se lucraron para ampliar sus propiedades y riquezas, con el silencio cómplice de los grupos mediáticos.
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*Álvaro Renzi Rangel es sociólogo, investigador del Observatorio de Comunicación y Democracia y del Centro Latinoamericano de Análisis Estratégico (CLAE)
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Fuente: ALAI: http://www.alainet.org/es/articulo/180545
Fuente: Servindi

lunes, 15 de agosto de 2016

Veinte años de lucha contra el libre comercio en América Latina.


 

Algunas reflexiones para las nuevas campañas

"Si algo nos ha permitido la globalización es poder reconocer al capital en toda su crudeza: como una relación social global de explotación y dominación. Queda en las organizaciones sociales, así como en la academia, pensar las alternativas desde este novedoso contexto global, poniendo en el centro del análisis los peligros que el libre comercio puede significar para la vida humana y el medio ambiente, pero sin oponer a éste la idea de que cerrando las fronteras comerciales nos podemos salvar como Estado-nación individual."


Por Luciana Ghiotto


En 1989 se firmó el primer tratado de libre comercio (TLC) del continente americano entre EEUU y Canadá. Desde entonces hemos sido testigos del avance de la agenda de liberalización comercial, en una época marcada por el desplome de la Unión Soviética, la victoria del “pensamiento único” y los múltiples fines: de la historia, de la lucha de clases, de las ideologías, etc. Este contexto de derrota se presentaba como absoluto y definitivo. Sin embargo, de un modo antagonista a estas prácticas y discursos, se hicieron visibles diversas organizaciones sociales de las Américas que instalaron la idea de que el libre comercio era antagonista a la construcción de una sociedad más igualitaria, y que por ello debía ser discutido y enfrentado. Estas organizaciones también reinstalaron el debate acerca de las alternativas políticas: la construcción de prácticas de unser-otro, tal como lo hicieron los zapatistas, pero ahora en el contexto de la “cuarta guerra mundial”.


Hay un acuerdo general de que esta nueva historia la comenzaron los zapatistas. Pero también es cierto que a partir de allí, ya a fines de los años noventa, fue la generalidad de la organización social (campesinos, indígenas, sindicatos, organizaciones ambientalistas, feministas, movimientos territoriales urbanos, piqueteros, entre tantos otros), la que identificó a los TLC como uno de los ejes de la reorganización capitalista contemporánea. Cada organización desde su agenda, orientada por el anti-neoliberalismo, o el bolivarianismo, o el neo-desarrollismo, o el autonomismo, logró introducir el proyecto ALCA (Área de Libre Comercio de las Américas) entre las prioridades de su activismo político. En este sentido, en 1997 nació la Alianza Social Continental (ASC) como un espacio de articulación frente a la desorganización y desesperanza que significaba la derrota de los años noventa. La ASC dio sus frutos: entre 1998 y 2005, se convirtió en un espacio de referencia continental y global de lucha contra el libre comercio. En ese marco, los Encuentro Hemisféricos contra el ALCA que se realizaban anualmente en La Habana se convirtieron en un epicentro de constitución de estrategia política continental. Pero lo que articulaba era el rechazo: el No al ALCA se puso por encima de las especificidades temáticas y cosmovisiones políticas de las organizaciones. Luego del 2005, lo que el espanto al ALCA había unido, fue desunido por los posicionamientos frente a los gobiernos progresistas y por la priorización de las agendas sectoriales. Así, lo que primó fue la desarticulación y la ASC fue lentamente perdiendo su peso político y representatividad.


Exploremos qué sucedió. Resultaba bastante simple identificar al ALCA como el “imperialismo yanqui”, como aquello que no se quiere bajo ningún concepto: 34 países negociando bajo la órbita de la Organización de Estados Americanos (OEA), con el objetivo de generar un mercado abierto para los productos norteamericanos. El ALCA implicaba armar un área de libre comercio desde Alaska hasta Tierra del Fuego, lo cual beneficiaba esencialmente a las corporaciones norteamericanas con posibilidad de exportar capital y de relocalizar parte de su producción hacia economías con mano de obra más barata que la de EEUU. Sin embargo, el escenario de las negociaciones del ALCA no es el mismo que hoy existe en el continente. Esto no quiere decir que EEUU haya perdido su gravitación. El proyecto del Acuerdo Transpacífico (TPP) lo demuestra, donde este país compite con China por liderar la región Pacífico. Los movimientos ubicados en los países que firmaron este tratado (Chile, Perú, México, Canadá y EEUU) han identificado al TPP como una suerte de nuevo “gran monstruo”, por la crudeza de algunas de sus cláusulas, especialmente en la exigencia de “coherencia regulatoria”, inversiones y propiedad intelectual. Además, la vocación de sus impulsores podría ser la de intentar expandir el alcance de esas cláusulas a nuevos acuerdos comerciales que se firmen en la región.


El TPP entra por el lado Pacífico, especialmente vía el bloque de la Alianza del Pacífico. Por el lado Atlántico el tema se vuelve más complejo. Allí está Mercosur, que hasta hace poco sostenía una agenda más orientada a la industria local y al fortalecimiento de la “burguesía nacional” con eje en el sector automotriz, y presentándose como una región más anti-norteamericana. No obstante, desde 2012, Brasil, de la mano de sus grupos económicos “nacionales”, empezó a apurar la firma de un tratado con la Unión Europea, y el nuevo gobierno en Argentina le permite ahora avanzar en ese sentido (apoyado también por Uruguay y Paraguay). Las negociaciones entre los bloques del Mercosur y la UE se desarrollaron a la par que el ALCA, pero tuvieron menos marketing que aquel. Con la UE aparece otro actor sobre el escenario. Aquí hay que abrir un paréntesis. Mientras que el bloque de la Alianza del Pacífico es usualmente identificado con los intereses norteamericanos, también se trata de países que firmaron hace varios años Acuerdos de Asociación con la UE.


En un tercer plano, los países bolivarianos del ALBA hasta ahora se resistían a la firma de algún TLC. Sin embargo, la caída del precio de las commodities ha apurado nuevas definiciones más claramente pragmáticas. Hace dos años Ecuador adhirió al Acuerdo de Asociación[1]con la UE que ya habían firmado Colombia y Perú (adhesión aún no ratificada por la Asamblea Nacional). Sin embargo, el discurso del propio Rafael Correa sigue sosteniendo que lo que se firmó con la UE “no es un TLC”.


¿Y China? Claramente, otro actor que aparece sobre el escenario, este más novedoso e interesante porque cruza a varios de los países que clasificamos en grupos en los párrafos anteriores. Desde 2012 China ha desplegado una estrategia de inserción de sus empresas estatales en el continente americano, especialmente vía contratos con los Estados en sectores extractivos y de infraestructura, pero también con Inversión Extranjera Directa en la industria automotriz y de telecomunicaciones, entre otros. También el gobierno chino ha sido el salvataje de última instancia para los países atados al vaivén del precio de las commodities, como Venezuela y Ecuador con el petróleo, o Brasil y Argentina con el poroto de soja. En su interés en América Latina, China lleva firmados TLC con Chile y con Perú, y hoy Argentina también se incluye en la lista de los interesados.


Esta descripción del escenario reciente muestra que la firma de TLC no es sólo una estrategia norteamericana. También lo es de la Unión Europea, de China, de Japón, y de todas las grandes o medianas potencias. De hecho, diferentes países de la región (Perú, Chile, México, Colombia) ya tienen TLC con estos otros países o bloques. En realidad, el impulso de los TLC responde a los nuevos modos de internacionalización del capital y a la división internacional del trabajo estructurada a partir de la constitución de las empresas-red, es decir, de las corporaciones transnacionales. Todas las empresas de los países más industrializados compiten entre sí y deben garantizarse bajos costos de producción y mercados para el consumo de sus productos. Se trata de producir barato y vender, o morir, es decir, quebrar como capitalista individual. EEUU impulsa tratados en tanto modo de garantizar las mejores condiciones para la competencia de “sus” empresas, así como lo hacen los otros Estados. Todos los Estados, así sean grandes, medianos o incluso si se trata de pequeñas economías, se ven beneficiados por el hecho de que a sus empresas les vaya bien, ya que con eso se garantizan la entrada de dinero vía pago de impuestos, la generación de empleo, y con ello, la gobernabilidad interna. Por eso, la experiencia de los últimos cuarenta años nos permite dejar de identificar a “los malos” del libre comercio detrás de una u otra bandera: con el libre comercio las empresas más poderosas compiten entre sí y garantizan su ganancia.


Volver a poner sobre la mesa la discusión sobre alternativas


Cuando derrotamos el ALCA teníamos ante nosotros una tarea clara, aunque no sencilla: construir la integración alternativa. Pero mientras nosotros desmantelábamos virtualmente la ASC, discutíamos si la integración era de los Estados, de los pueblos o de las comunidades; si debía hacerse usando el dólar, o con trueque o con una moneda regional; si primero había que tomar el Estado o si se debía construir poder popular; si el capitalismo nacional es un paso hacia el socialismo o si se puede construir espacios socialistas al interior del capitalismo, la agenda librecambista avanzó con una Ferrari Testarossa. Nosotros nos movimos a 10 km/hora, ellos a 200. No hemos podido o sabido construir las alternativas. Claro que imaginar y realizar sociedades alternativas en el marco de las relaciones sociales capitalistas, que nos atraviesan como sujetos, no es tarea fácil. Pero a pesar de la urgencia, no hemos estado a la altura del momento histórico que heredamos de las luchas de los años noventa y de los estallidos sociales regionales de principios del siglo XXI.


Hoy la idea que gana terreno es que el libre comercio es la única opción. En pocos casos se ve con tanta claridad como en la Argentina en los últimos meses: hay que firmar TLC “para integrarnos al mundo”, “para que lleguen inversiones”, “para garantizar mercados a nuestras exportaciones”. No hay alternativas, nada se discute, no hay análisis posibles. Otra vez se nos impone el discurso único. Los Estados que discutían profundizar las relaciones comerciales de complementariedad y crear una arquitectura financiera regional que disputara el poder del dólar, hoy compiten entre sí para colocar sus exportaciones. El resultado de la desintegración es la competencia, y la exacerbación de los nacionalismos. Ahora continúa libremente la carrera por la desregulación y la liberalización, parte esencial de la reproducción del capitalismo.


Los próximos años mostrarán una tendencia al aislamiento (económico y financiero) de los países que no firmen TLC, con presiones para que se sumen a los procesos liberalizadores. En este contexto, los movimientos hacemos lo que sabemos hacer: resistir. La defensiva es siempre un lugar cómodo, donde muchos estamos de acuerdo. Volvemos a decir No al libre comercio, porque sabemos los efectos que éste tiene. Pero, en ese contexto, ¿seremos capaces de continuar los debates sobre las alternativas políticas?


La concentración e internacionalización del capital de los últimos cuarenta años ponen en tensión la idea de desarrollar una construcción política alternativa desde una óptica estado-céntrica. Cada vez se hace más notorio que los Estados no son entes autárquicos, que el objetivo de construir un “capitalismo nacional” o un “capitalismo con rostro humano” ha resultado ser una quimera. Los Estados se mueven al vaivén de la reconfiguración capitalista mundial, y no pueden cerrarse sobre sí mismos. No podían hacerlo hace sesenta años, tampoco hoy. Si algo nos ha permitido la globalización es poder reconocer al capital en toda su crudeza: como una relación social global de explotación y dominación. Queda en las organizaciones sociales, así como en la academia, pensar las alternativas desde este novedoso contexto global, poniendo en el centro del análisis los peligros que el libre comercio puede significar para la vida humana y el medio ambiente, pero sin oponer a éste la idea de que cerrando las fronteras comerciales nos podemos salvar como Estado-nación individual. Hoy está más claro que nunca que, o nos salvamos todos, o no se salva nadie. La discusión no puede reproducir ciegamente viejas fórmulas que tenían que ver con pactos de gobernabilidad (o más crudamente, con la paz de clases). El nuevo contexto, las nuevas agendas, nos proponen la urgencia de pensar no desde la óptica de los Estados, sino desde la crítica de lo existente.


- Luciana Ghiotto es Doctora en Ciencias Sociales por la Universidad de Buenos Aires. Es investigadora de FLACSO/RRII. Es miembro de ATTAC Argentina y de la Asamblea “Argentina mejor sin TLC”. Ha participado activamente en la Campaña Continental contra el ALCA. Colaboradora de Transnational Institute (TNI).


Nota


[1] La UE no firma TLC, firma Acuerdos de Asociación (AdA), debido a la propia estructura de negociaciones de la UE. No obstante, las cláusulas de un Acuerdo de este tipo son similares a las que se incluyen en los TLC, mismo si no incorpora capítulo de solución de diferencias ni remite al arbitraje internacional. De todos modos, la UE ha empezado a renegociar sus AdA, por ejemplo con México y Chile, con el objetivo de incluir estos capítulos.


Fuente: ALAI, 10 de agosto, 2016

miércoles, 20 de mayo de 2015

Mujeres y minería: La defensa de nuestros cuerpos y territorios.


"El rol tradicional de las mujeres en la sociedad rural, más enfocadas en cuidar la salud integral de la familia y de los animales, en velar por la seguridad e identidad local y en pensar en el futuro de sus hijos e hijas, hace que tendencialmente ellas piensen más en el largo plazo que en los beneficios directos, mientras que muchos hombres buscan los beneficios directos de las negociaciones de la minería, por lo que suelen ser más cortoplacistas."

Por Raphael Hoetmer

El último 8 de marzo la marcha anual por los derechos de las mujeres amplió su plataforma a nuevos “territorios”. Aparte de sus agendas “clásicas” como el derecho a decidir sobre el cuerpo de uno mismo (legalizando el aborto en casos de violación o daños al feto, ya legal en el mayor parte de América Latina), y la defensa de los derechos laborales de las mujeres y la población en general, se sumó el apoyo a la unión civil para parejas del mismo sexo, y se puso énfasis en la solidaridad con Máxima Acuña de Chaupe, quien “simboliza la lucha de miles de mujeres, amenazadas con el despojo de sus territorios y vulneradas en sus medios de vida y en sus cuerpos, por un sistema económico que privilegia y apoya a las grandes empresas”.

Una investigación-acción reciente facilitada por Mar Daza del Programa Democracia y Transformación Global sobre género, poder y minería afirma que las actividades extractivas tienen un impacto distinto y más grande en las vidas y cuerpos de las mujeres que en los hombres. La expansión extractivista aumenta la carga laboral sobre las mujeres, ya que tienen que asumir adicionalmente las labores de los hombres que van a trabajar en o con la mina. A la vez, tienden a ser excluidas de los beneficios económicos y de las negociaciones sobre el destino de los territorios, mientras que hay muchos indicios que los distintos tipos de violencia contra las mujeres aumentan, incluyendo la violencia dentro del hogar, la trata de mujeres y la violencia sexual.

El estudio visibiliza también el rol clave de las mujeres en los procesos de movilización social en defensa de los territorios y los derechos frente a la minería en el país. A menudo las mujeres fueron las primeras en denunciar la contaminación, o en reclamar los derechos de la población afectada por la minería. Dirigentas como Carmen Shuan en Condorhuaín (Ancash), Juana Martínez en Choropampa (Cajamarca) y Margarita Pérez en San Mateo (Lima) lideraron las luchas de sus pueblos, y miles de otras mujeres han cumplido responsabilidades claves en los procesos de organización social.

Evidentemente toda generalización simplifica la realidad. Hay muchos hombres muy consecuentes y comprometidos en la lucha, y mujeres que se alinean con la mina en cambio de proyectos económicos. El asunto es otro. El rol tradicional de las mujeres en la sociedad rural, más enfocadas en cuidar la salud integral de la familia y de los animales, en velar por la seguridad e identidad local y en pensar en el futuro de sus hijos e hijas, hace que tendencialmente ellas piensen más en el largo plazo que en los beneficios directos, mientras que muchos hombres buscan los beneficios directos de las negociaciones de la minería, por lo que suelen ser más cortoplacistas.

La participación de las mujeres ha sido fundamental en los procesos de resistencia, de denuncia y de negociación crítica con la minería alrededor del país, y debería ser promovido dentro de los espacios de nuestras organizaciones, como en los espacios de diálogo con el Estado o las empresas. Pues, las visiones de las mujeres complementan, enriquecen y a veces interpelan a las visiones de los dirigentes hombres. Sin embargo, muchas veces las dirigentas no solo han tenido que enfrentarse con la mina o con la policía, sino también con el machismo dentro de las propias organizaciones sociales. A menudo, las dirigentas más potentes tienen que lidiar con compañeros que no aceptan su liderazgo, con sus propias parejas que las quieren en la casa cumpliendo sus “deberes”, o con chismes malintencionados que buscan quitarles legitimidad. Más que una vez, los aliados de las empresas mineras colaboran gustosamente con ello, porque saben que sin el liderazgo activo de las mujeres las organizaciones son más débiles.

La gran importancia de la auto denominación de la marcha como: “Todas somos Máxima: Por trabajo digno y liberación de nuestros cuerpos y territorios” está, por lo tanto, en visibilizar esta conexión tan potente entre las luchas por la autonomía sobre nuestros cuerpos y sobre nuestros territorios. Pues, afirma que el avance del extractivismo (la organización de la sociedad en función de la sobre-explotación de los recursos naturales) se sostiene en el patriarcado (la organización de la sociedad en función de los privilegios de los hombres). Que el capitalismo actual expropia nuestros cuerpos y territorios con estrategias parecidas, con el único fin de generar más ganancia económica.

También afirma que la liberación y el cambio en nuestro país a menudo vienen de personas como Máxima, como Carmen, Blanca, Juanca, Melchiora o Zulma. Compañeras que rechazan que otros decidan sobre sus vidas, sus cuerpos y sus territorios, y por ello reclaman justicia, libertad y democracia real en el país. Las luchas de las mujeres, por lo tanto, son las luchas de todxs nosotroxs, y las luchas de todxs son las luchas de las mujeres, como se afirmó este 8 de marzo.

- Raphael Hoetmer, investigador holandés, magíster en Historia Contemporánea en Universidad de Groningen, con estudios de doctorado en Sociología en la UNMSM.

Texto publicado en el boletín de la Plataforma Regional de Recursos Naturales y Desarrollo Sostenible de Cusco – Renades en el mes de abril.

Fuente: ALAI

miércoles, 12 de noviembre de 2014

Los límites del crecimiento, ¿Llegamos ya?


Carmelo Ruiz Marrero

En 1972 un equipo del Instituto de Tecnología de Massachusetts dirigido por Dennis y Donella Meadows publicó lo que podría ser el informe ambiental más leído y discutido de todos los tiempos: Los Límites del Crecimiento, también conocido como el Informe del Club de Roma. Utilizando las tecnologías de informática más avanzadas de ese tiempo, el informe concluyó que si las tendencias actuales en crecimiento industrial y consumo de recursos naturales continuaban sin cambio alguno, la humanidad se encontraría con un catastrófico colapso económico y ecológico global en el siglo 21.

Mucha polémica causó el documento, mucho se escribió a favor y en contra. En medios como el New York Times y Newsweek economistas tronaron contra Los Límites del Crecimiento, mientras que los ecologistas lo celebraron.

A más de 40 años de su publicación, un equipo de la Universidad de Melbourne en Australia dirigido por el profesor Graham Turner analizó los datos presentados en el informe Meadows y los comparó con datos actuales de la UNESCO, la Organización de Agricultura y Alimentos de Naciones Unidas (FAO), la agencia científica norteamericana NOAA, estadísticas energéticas de la transnacional petrolera BP, y otras fuentes. Tras estudiar la correlación entre los datos utilizados en Los Límites del Crecimiento y los datos actuales, el equipo australiano encontró que Meadows y Co. tenían razón y que su pronóstico sobre el destino de la humanidad si no se cambiaba de curso (business as usual) tiene plena vigencia.

Según este escenario, la economía global y los ecosistemas planetarios colapsarían, haciendo imposible sostener la actual población mundial, la cual se reduciría drásticamente a una fracción de lo que es hoy día en cuestión de unas pocas décadas, presumiblemente por hambre, enfermedad y violencia.

El documento de 1972 pronosticó que el colapso final de la civilización humana comenzaría en los años 2015-2030. La propuesta del decrecimiento económico es más urgente que nunca. La economía ecológica postula que no puede haber crecimiento infinito en un sistema finito, en otras palabras no podemos tener una economía global creciente en un planeta que no está creciendo- es simplemente una imposibilidad desde el punto de vista de la termodinámica.

Los progresistas no podemos enfrascarnos en un debate estéril sobre qué es más importante, si la redistribución justa de la riqueza o parar el crecimiento económico. La justicia económica y la defensa de la ecología deben ir de la mano. De otro modo vamos derecho al escenario tétrico del que nos advirtió Los Límites del Crecimiento.

Ruiz Marrero es un autor, periodista investigativo y educador ambiental puertorriqueño. Es fundador y moderador del blog progresista ecologista Haciendo Punto En Otro Blog y del Monitor de Energía y Ambiente de América Latina. Su identidad en Twitter es @carmeloruiz.

Publicado en el periódico Compartir es Vivir, octubre 2014.

Fuente: ALAI

jueves, 7 de agosto de 2014

Los buitres y los despojos de los países en crisis.


Redacción de Atrio, 06-Agosto-2014

Algunos argentinos, cuando se enteraban de la manera como la troika acogotaba las economías del sur de Europa, exigiendo devolver las deudas e imponiendo recortes de destrucción y muerte, nos decían que era un deja vu, una vuelta a lo vivido. Pero a ellos también ahora les están sobrevolando los fondos buitres, a la espera de que un juez estadounidense declare su muerte financiera, su default o suspensión de pagos. En economía financiera los buitres provocan la ruina de economías nacionales, para enriquecerse con sus despojos

Hemos estado leyendo mucha información para aclararnos lo que está pasando en Argentina. Al final, hemos escogido para iniciar este debate en ATRIO estos tres textos:

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I. Un análisis económico en profundidad

Emir Sader: Liberalismo y fondos buitres. [ALAI y Piensachile]


Cuando se agotaba el ciclo largo expansivo del capitalismo, se impuso el debate sobre las razones de ese agotamiento y las formas de retomada del desarrollo económico. Triunfó la renacida versión del liberalismo, vocalizada en particular por Ronald, quien dijo que habría que suspender los límites a la libre circulación del capital, habría que desreglamentar. El capital volvería a circular, habría inversiones, las economías volverían a crecer y todos ganarían.

Se promovió la libre circulación del capital en escala global, mediante la apertura de los mercados nacionales, la privatización de patrimonios públicos, la mercantilización de lo que antes eran derechos, la precarización de las relaciones de trabajo, la retracción del Estado y la centralidad del mercado. Pero lo que pasó fue distinto de lo previsto.

Es que, como recordaba siempre Marx, el capital no está hecho para producir, sino para acumular. Liberado de las trabas del período anterior, el capital se dirigió, masivamente, hacia la esfera financiera, donde gana más, tiene liquidez total y ejerce fuerte presión sobre los gobiernos. (Una agencia de apoyo a los especuladores, una vez concluyó sus sugerencias, diciendo, literalmente: Aprovechen la fiesta, pero quédense cerca de la puerta.) En escala mundial se dio una gigantesca trasferencia de recursos del sector productivo al especulativo, con el capital financiero asumiendo el rol de sector hegemónico en la era neoliberal del capitalismo.

El bajo crecimiento o el estancamiento o incluso la retracción de las economías se debe justamente al hecho de que el sector hegemónico en la economía es un sector parasitario, que no produce bienes, ni empleos. Es el capital financiero bajo su forma especulativa, que no financia el consumo, ni la investigación, ni tampoco la producción. Vive de la compra y venta de papeles.

Los fondos buitre son el ejemplo más radical de ese carácter parasitario del capital especulativo, típico de la era neoliberal. En ese caso, se han valido de la crisis de la deuda de los países latinoamericanos para imponer normas draconianas a gobiernos subalternos, parte fundamental de la herencia maldita recibida por los gobiernos antineoliberales. Préstamos a intereses brutales a cambio de renunciar a la soberanía nacional.

Así, aun los gobiernos que han reaccionado en contra del neoliberalismo, empezando a construir alternativas a ese modelo agotado, tienen que enfrentar todavía esa herencia. Para la derecha seria señal de fracaso de los gobiernos progresistas, cuando en realidad son todavía rezagos de los gobiernos de la misma derecha.

Los Brics han empezado a apuntar hacia la alternativa: un Banco de Desarrollo para el Sur del Mundo, un fondo de apoyo frente a problemas que puedan enfrentar los países del Sur del mundo. El conflicto actual con Argentina representa los estertores del modelo contra el cual fueron elegidos los gobiernos progresistas y frente al cual construyen un modelo posneoliberal.

- El autor, Emir Sader, es sociólogo y cientista político brasileño, es coordinador del Laboratório de Políticas Públicas de la Universidade Estadual do Rio de Janeiro (Uerj).

OTRAS INFORMACIÓN:
No es un default, de Alfredo Zaiat, en Pagina 12, 3-8-2014.

Explica bien quiénes son los interesados en que Argentina sea declarada en quiebra o default, a pesar de que hasta ahora ha estado pagando sus deudas. A los fondos buitre les interesa esa declaración ahora para cobrarse los seguros, hundir electoralmente a Cristina y planear después sobre la economía argentina en quiebra en busca de buenos botines.
Mentiras, verdades y negocios sobre el default de Argentina, de Juan Hernández Vigueras, en eldiario.es,5-8-2014

La situación actual de Aregentina no es como en 2001 y como a los mercados les gustaría. Las complejidades del funcionamiento de los mercados financieros desregulados y descontrolados por el poder público colocan con frecuencia a los gobiernos en posiciones de subordinación a los mercados globales.

II. La perspectiva jurídica:


“Esto es un escándalo jurídico”, Entrevista con el juez Raul Zaffaroni en Pagina 12, 3-8-2014

Preocupado por lo que ve como un avance de los poderes económicos sobre las instituciones, critica duramente a sus colegas de EE.UU. y propone que la administración fraudulenta de negociaciones internacionales sea imprescriptible.

No tiene problema en admitir que lo que está pasando en Estados Unidos, donde una “Corte provincial” puede arruinar la vida de millones de personas, le provoca miedo. Y avisa de la bancarrota de un sistema legal muy influenciable por el dinero. Raúl Zaffaroni sabe que lo van a criticar, pero propone que administrar los asuntos públicos haciendo cosas como entregar la jurisdicción al extranjero o armando una arquitectura financiera para beneficiar a otros sea un delito imprescriptible, tratado como un caso de derechos humanos.

–Como jurista y no como ministro de la Corte, ¿qué reflexión le merece la situación que plantean los llamados fondos buitre?

–Veo esto con un poco de miedo. Para decir la verdad, con mucho miedo. Como diría Galeano, todo parece patas arriba. Si trajésemos a alguien que hubiese dormido unas décadas, no podría entender nada. Tengo miedo por el mundo, esa es la verdad. El poder político, el de los Estados, está sobrepasado por el poder económico de oligarquías, de pequeños grupos de personas que manipulan a su gusto los medios de comunicación y el poder económico, que hacen lobby y pagan honorarios a profesionales de altísima especialización en estas maniobras. Lo digo más claramente: siempre ha habido y es inevitable que haya vínculos y acuerdos entre los poderes político y económico, pero ahora el primero tiende a desaparecer o a ser manejado completamente por el segundo transnacionalizado. Este mundo comenzó hace cien años cuando un adolescente con una pistola mató a un príncipe aprovechando el error del chofer, que se metió por la calle equivocada, y eso sirvió de pretexto para que las industrias bélicas destrozasen la opereta de uniformes vistosos y coronas y sacrificasen a decenas de millones de jóvenes y población civil en una guerra de devastación de Europa. Como cantaba Gardel en “Silencio”, se mataron y nació un mundo nuevo, en donde el poder económico, después de un siglo, va ocupando por completo al político.

–¿Se refiere a que la decisión del juez Griesa está condicionada y al margen del gobierno de Estados Unidos?

–Aquí está la cuestión. ¿El gobierno de Estados Unidos es Obama? Se trata de un país cuyo gobierno conserva la separación de poderes de Montesquieu. Tuvo el mérito de hacer hace doscientos años lo que los europeos habían pensado y no habían hecho: la república. Bien. Griesa parece ser un personaje omnipotente, cuando en realidad es un juez casi municipal, de trocha muy angosta. No es un juez federal siquiera, sino algo así como un juez de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, y salta a la fama mundial como el único ogro de la historia. Esto plantea dos cuestiones diferentes. Primero, el actor principal de todo esto no es Griesa, sino el Poder Judicial norteamericano, en última instancia, su Suprema Corte. Fue la famosa y muchas veces citada Suprema Corte de Estados Unidos la que hizo el despropósito jurídico de patear una cuestión que pone en jaque a un país entero. Ni siquiera tuvo el coraje de darle la razón a Griesa, sino que simplemente, en el equivalente a lo que nosotros en la jerga llamamos “un 280”, dijo “esto no me interesa tratarlo”. ¿Cómo me explica alguien que la famosísima Corte, tan respetuosamente citada porque siempre “queda bien”, haya dicho que no le interesa el destino de una negociación de muchos miles de millones de dólares que compromete a un país y quizá el destino de unos cuantos más? Esto es un escándalo jurídico. Si lo hubiese hecho la Corte argentina nos insultarían en todos los tonos y con razón. Nos dirían que somos una burocracia irresponsable. Y, por cierto, la Suprema Corte norteamericana es parte del gobierno de los Estados Unidos.

–¿Considera que los lobbies han operado sobre la Corte norteamericana?

–No conozco ni puedo afirmar nada al respecto, pero tampoco me extraña nada, porque la Suprema Corte norteamericana no necesita muchos lobbies para incurrir en despropósitos jurídicos. Tengo la suerte de pertenecer a una Corte Suprema que en su historia se ha equivocado muchas veces, pero ni de lejos alcanzó el nivel de aberraciones de la Suprema Corte norteamericana. Por suerte, nuestra Corte nunca declaró constitucional la esclavitud y precipitó una guerra civil, tampoco y mucho más cercanamente declaró la constitucionalidad del apartheid, ni dijo que estaba bien que los negros fuesen en un vagón y los blancos en otro, ni consideró adecuada a derecho la prohibición de matrimonios entre negros y blancos, ni tampoco legitimó –con el voto del famosísimo juez Holmes– la esterilización de discapacitados. Seguramente esa no es la jurisprudencia de esa Corte que suele citarse con reverencia, pero está. Es un tribunal cuya historia tiene más sombras que luces.

–¿Cómo se explica que nos hallemos hoy en esas manos?

–Esa es la segunda parte de la cuestión y respecto de la cual tenemos que pensar en el futuro. Nuestros propios gobiernos cedieron la soberanía nacional, sujetándonos a un tribunal provincial extranjero y a una Suprema Corte que declara no interesarle nada, en favor de unos especuladores con capacidad para pagar abogados y hacer lobbies. Si alguien administra las propiedades de una viuda o de un huérfano y lo hace en su perjuicio, va preso, conforme a nuestro Código Penal, por el delito de administración fraudulenta, la vieja Untreue alemana, que introdujimos en nuestra ley hace unos cincuenta años. Pero si administra toda la economía de la Nación y entrega la jurisdicción, que es expresión consustancial de la soberanía. ¡Ah! Entonces da cátedra y consejos. ¿A qué punto hemos llegado? ¿Le podemos seguir exigiendo a la ciudadanía que crea en el derecho y lo respete? ¿No nos damos cuenta de que estamos socavando la base ética elemental del derecho? Creo que lo primero que debemos hacer con miras al futuro es reformar la ley y declarar imprescriptible la administración fraudulenta en perjuicio de los intereses nacionales en toda negociación internacional que comprometa sustancialmente la economía nacional. Sé que me colgarán cualquier cartel para descalificar esta opinión, pero el mundo penal internacional viene pensando estas cosas desde hace algún tiempo.

–¿Cree que es viable?

–Más que viable, creo que es urgente. En la literatura penal de los últimos años se habla mucho de esto. Cito, por ejemplo, un pequeño gran libro muy reciente de Naucke, que no es ningún improvisado, sino un respetado profesor emérito, que lleva por título Una aproximación al hecho penal político-económico. Naucke dice que hace un siglo, cuando se quiso responsabilizar penalmente al emperador alemán al final de la Primera Guerra, muy respetados juristas dijeron que era una aberración, y hoy nos parece natural la responsabilidad penal de jefes de Estado por delitos de lesa humanidad, más allá de que escapen o no a la Justicia. Señala con razón que nuestro derecho penal se formó con la Ilustración, en contra del poder arbitrario de los estados, pero que hoy el poder arbitrario es económico, y no hay instrumentos penales para contenerlo. El camino a seguir será análogo al que siguieron los delitos contra la humanidad cometidos por los políticos abusando del poder de los estados. Se trata de hechos políticos abusando del poder económico y también pueden causar muchos millones de muertos.

–Sería una innovación completa en el derecho…

–En algún sentido, no tanto. El propio Naucke lo recuerda. Lo que el denomina “hecho penal político-económico” en cuanto a responsabilidad de los particulares, es una cuestión que se abrió con los juicios de Nuremberg. Aunque no todos fueron condenados, se sometió a juicio a quienes se beneficiaron de la mano de obra esclava o a quienes contribuyeron a las masacres, fuera de sus actividades empresariales normales, incluso a los que vendían el gas para matar en los campos de exterminio.

–Pero eso parece ser algo diferente.

–Sí, lo es, pero abrió el camino jurídico. Muchos años más tarde, después de la caída del Muro de Berlín, se acusó a los jerarcas de la República Democrática Alemana, en particular a su presidente, Honecker, no sólo por las muertes en la frontera interalemana, sino también por administración fraudulenta en perjuicio de la propiedad socialista y el quebrantamiento de la confianza, definidos en el propio Código Penal de la Alemania comunista de Honecker, lo que sin duda era una acusación por delito político-económico. Unos años después, en 2010, fue acusado el ex primer ministro de Islandia por equivocadas decisiones financieras de gobierno, porque omitió lo necesario para evitar la crisis, y en este caso ni siquiera por conducta dolosa o intencional, sino que se lo acusó por negligencia. Estas cuestiones están llamando muchísimo la atención de los penalistas de todo el mundo. El mes próximo, el grupo de los llamados “jóvenes penalistas” de la Asociación Internacional se reúne en San Pablo para discutir el problema del abuso del poder económico, y me invitaron a pronunciar la conferencia de apertura. Hace tres meses apareció en Barcelona un libro colectivo sobre el tema, coordinado por Iñaki Rivera Beiras. Me parece que el tema está explotando en el mundo penal.

–¿En el anteproyecto de Código Penal no lo incluyeron?

–No, la nuestra es una comisión austera. Los técnicos no podemos proponer decisiones fundamentales de política criminal internacional. Eso lo debe decidir el poder político. Podemos asistirlos, asesorarlos, pero nos marcamos como límite ordenar y racionalizar un poco lo que hay en las leyes vigentes, agregar cosas indispensables, que se caían por maduras, como los delitos ecológicos, pero este tema exige debate político y decisión responsable de esos poderes.

–¿Propone algo respecto de lo que haya que hacer en la situación actual?

–En primer lugar, no es mi función asesorar al Gobierno y, en segundo término, no es mi materia y, aunque pasé por la política, no me acostumbré a hablar de lo que no sé. Lo que podría decir es por mera intuición jurídica.

–¿Y le dice algo su intuición jurídica?

–Bueno, si me apura, le diría que me indica que habría que explorar la posibilidad de demandar a los fondos buitre. En principio, parece claro y hay pruebas de que no son adquirentes originarios de bonos, sino que los compraron para interferir o desbaratar negociaciones como medio extorsivo. Esto no será delito, pero en sede civil es una conducta dolosa. No hay buena fe en la compra, es una compra con propósito avieso, doloso, malintencionado, en síntesis, inmoral. Cualquier estudiante sabe que la buena fe es el presupuesto jurídico de toda transacción. El daño de esta conducta inmoral se produce en el país. No sé si se podría demandar aquí, en Estados Unidos o en algún otro lado. Le reitero que no es mi materia, pero la intuición me indica que habría que explorar esta posibilidad. Insisto en que esto es mera intuición, pero creo que deberían analizarla los que saben de estas cosas.

III. Argentina y España:
Fondos buitre: en Argentina ayer, hoy en España, por Juan Carlos Monedero, en Publico, 2 de Agosto.


No os perdáis el anuncio de Hollywood que sale en esta entrevista. Los medios de comunicación, la academia, los economistas, contra la soberanía popular. La pelea que tiene ahora mismo Argentina contra los fondos buitre (fondos que tienen tanto dinero que compran bienes devaluados y luego, con la ayuda de los jueces, quieren cobrarlos, sin prisa alguna, a precios multiplicados por mil) es la pelea de cualquier demócrata. En cualquier lugar del mundo. Su victoria será, también en España, un empujón para auditar la deuda y exigir que no nos cobren a los ciudadanos los desmanes de otros. El gobierno argentino va ganando. No hace falta apoyar todo lo que hace ese gobierno. Apenas nos atreveríamos a defender lo que hacemos cada uno cada día. Pero esa pelea es histórica. Es hermosos saber que la pelea a ambos lados del Atlántico es la misma. El sistema no nos pregunta la nacionalidad para robarnos y hablamos un mismo idioma y sufrimos unos golpes idénticos. Hace más de dos décadas que saben allá qué significa la dación en pago, la prima de riesgo, los bonos a diez años, el FMI que no se presenta a las elecciones pero organiza los países. Me produce mucho orgullo haber estado en Argentina y saber que la lucha que tenemos en España con Podemos es la misma lucha que el pueblo argentino tiene contra el neoliberalismo y el mal gobierno. Los fondos buitre ya están operando en España comprando viviendas de protección oficial. Los latinoamericanos, cuando vienen a España, dicen: “vengo del futuro”. Aprendamos. O repitamos el dolor. Un bálsamo podría curarnos. Saber que los pueblos, como los rebeldes, se encuentran en el camino.

No os perdáis, si tenéis un poco de tiempo (¡para eso es el verano aquí!), la entrevista de Bajada de Línea, un famoso programa argentino a Juan Carlos Monedero sobre los problemas argentinos y Podemos:


Fuente: Atrio

viernes, 27 de diciembre de 2013

La reinvención de Latinoamérica.


Por Luis Hernández Navarro *

ALAI, 26 de diciembre, 2013.- Hace 75 años, en 1958, el historiador mexicano Edmundo O’Gorman publicó un libro titulado La invención de América, con el que sacudió la historiografía dedicada a documentar y explicar el descubrimiento y la conquista americana. Inventar, significa, de acuerdo con el diccionario de la Real Academia de la Lengua, hallar o descubrir algo nuevo o no conocido.En su texto, O’Gorman explica, de manera novedosa para su tiempo, la forma en la que el relato sobre la historia y el devenir del “nuevo continente” fue construido. Hoy, retomando esa imagen, podemos decir que América Latina se está reinventando.

El concepto América Latina tiene tras de sí una larga historia. Muchos años antes de que O’Gorman publicara su obra, en 1857, el escritor colombiano José María Torres escribió en su poema Las dos Américas las claves del nuevo imaginario regional: “Mas aisladosse encuentran, desunidos/Esos pueblos nacidos para aliarse:/La unión es su deber, su ley amarse:/Igual origen tienen y misión;/ La raza de la América latina,/ Al frente tiene la sajona raza,/ Enemiga mortal que ya amenaza”. Poco antes, en 1856, el filósofo chileno Francisco Bilbao, había usado durante una conferencia, el mismo término.

La región está en un proceso de reinvención porque su visión de sí misma, su destino como territorio y su relación con las grandes potencias, especialmente con Estados Unidos, se está transformando radicalmente. Si, hasta ahora, su inserción con el resto del mundo ha estado condicionada por la presencia de las potencias imperiales (España, Portugal, Inglaterra, Francia y Estados Unidos), con el nuevo siglo ha comenzado a construirse como un conglomerado de naciones con procesos de integración crecientemente soberanos.

Se trata de un proceso complejo, ambiguo, en ocasiones contradictorio, que no avanza en línea recta, en el que no todo está definido y cuyo destino final no está aún escrito. Un proceso en el que sus riquezas naturales, como la abundancia de agua dulce (alrededor de la mitad del planeta), sus reservas de petróleo y gas, sus recursos minerales y la riqueza de su biodiversidad, desempeñan un papel central.

Como señas distintivas de esta reinvención se encuentran, entre otras, la refundación de varios Estados nacionales a partir de Asambleas Constituyentes; la ruptura con el Consenso de Washington; la recuperación de su soberanía petrolera, de sus recursos naturales y bienes estratégicos; la puesta en práctica de políticas de inclusión social, redistribución de la renta y reconocimiento de la diversidad cultural; la existencia de poderosos movimientos sociales emancipatorios, y la firma de acuerdos de integración regional guiados por la idea de la cooperación, la complementación económica y la ayuda mutua.

Esta reinvención de América Latina implica, obligadamente, una nueva redefinición de su lugar en el orbe, en el que abandone su lugar como “patio trasero” de Estados Unidos. Un nuevo rol internacional en el que tiene como herramientas medulares, la construcción de foros y entidades regionales sin presencia de Washington –Mercosur, Unasur, Alba y Celac– y la diversificación de las relaciones económicas, comerciales y tecnológicas con naciones que, en otras zonas del planeta, hacen contrapeso geopolítico a Washington, como China, Rusia e Irán.
El fin de la Doctrina Monroe

El pasado 18 de noviembre, en la sede de la Organización de Estados Americanos (OEA), el secretario de Estado, John Kerry, anunció el fin de la era de la Doctrina Monroe, y la decisión de Estados Unidos de compartir responsabilidades con los otros países del continente y tomar decisiones como compañeros en el marco de una relación de iguales.

Sin embargo, tan pronto como fue proclamado, ese supuesto fin del viejo enunciado colonialista redactado por John Quincy Adams y enunciado por primera vez por el presidente James Monroe –América para los americanos–, fue desmentido por el jefe de la diplomacia estadunidense. Contradiciendo sus palabras, marcó la agenda de su país para la región: promover la democracia, mejorar la educación, adoptar nuevas medidas de protección ambiental y desarrollar el mercado energético. Y, ya encarrerado, criticó a los gobiernos deCuba y Venezuela.

El fin de la Doctrina Monroe tiene, como telón de fondo, una pérdida relativa de la influenciade Washington en la región, no como producto de una decisión de la superpotencia, sino como resultado de las luchas de los movimientos sociales y la elección de gobiernos progresistas que reivindican la recuperación de la soberanía, la ruptura con el neoliberalismo y la integración latinoamericana. Estos proyectos han modificado el esquema de relación con Estados Unidos.

Sin embargo, este cambio no ha implicado, ni mucho menos, el fin del dominio estadunidense en la región. El Imperio está muy lejosde ser un tigre de papel. A pesar de los problemas que enfrenta en todo el mundo y del surgimiento de nuevos ejes de poder, su supremacía militar, el vigor de sus empresas e inversiones, su capacidad para condicionar los flujos comerciales a su favor, la hegemonía semántica de sus industrias culturales y la fortaleza de sus agroindustrias lo convierten en la única potencia estratégica global.

Estados Unidos es el país con mayores gastos militares en el mundo. En 2011, su presupuesto para este rubro representó el 40 por ciento de los gastos totales en el planeta, seguido, muy de lejos, por China y Rusia. Es, también, el principal fabricante y exportador de armamento. Este predominio tiene tras de sí una poderosa base productiva. Lockheed Martin, Boeing y BAE Systems lideran la industria militar mundial. Las dos primeras son estadunidenses.

Su poderío y superioridad bélica se complementan con las 827 bases militares en el mundo, 27 de ellas en América Latina. En abril de 2008, restableció el funcionamiento de su IV Flota, responsable de las operaciones en el Caribe, América Central y América del Sur.

A pesar de sus dificultades, la economía estadounidense sigue siendo la de mayor magnitud del planeta. Su PIB nominal representa una cuarta parte del PIB nominal mundial. De las 500 empresas más grandes del mundo, 133 tienen su sede en Estados Unidos, el doble del total de cualquier otro país. Por ventas, 8 de las 10 principales compañías del orbe son estadounidenses; por valor, 9 de cada 10, por tecnologías de la información y comunicación, 3 de las 4 primeras. Ese Imperio conserva, a pesar de las relocalizaciones, un relevante y competitivo sector industrial, especializado en alta tecnología, que elabora el 20 por ciento de la producción manufacturera de la tierra. Su mercado financiero es el más grande.

Para la Casa Blanca la comunicación y las nuevastecnologías asociadas a ellas, han sido, desde la década de los 50 del siglo XX, asunto de Estado. Sabe que quien conduzca la revolución informática será quien dispondrá del poder en el futuro. Los artículos culturales y de entretenimiento son una de sus principales generadoras de divisas. Su presencia rebasa la esfera exclusivamente mercantil: sus productos venden un estilo de vida, son parte de una hegemonía semántica.

Estados Unidos es el mayor exportador agrícola mundial y manda la mitad de su trigo y soya y, tres cuartas partes de su cosecha de algodón, a compradores internacionales. China es el principal destino de las ventas en este terreno.

La presencia de Washington en América Latina en todos estos rubros es notable. Es el principal abastecedor de armas a la región, a pesar de la creciente exportación rusa y china. De lejos, es la potencia militar más influyente en el área. Es, también, el principal inversor extranjero directo. Todo tipo de empresas de ese país hacen negocios en el hemisferio.

A pesar de la creciente presencia china, los consumidores latinoamericanos compran en sus países una vasta variedad de mercancías con el sello “Made in USA”. Las exportacionesde automóviles, computadoras, maíz, trigo, series de televisión, carnes, películas, jugos y frutas congeladas, celulares, juguetes, cosméticos, combustibles y aeronaves no cesan. De los 20 acuerdos de libre comercio que EstadosUnidos tiene con diversos países en el mundo, la mitad de ellos fueron firmados con naciones latinoamericanas y del Caribe. En 2011 las exportaciones de productos estadounidenses a los países de este subcontinente alcanzaron los 347 mil millones de dólares. El aumento de 54 por ciento en las exportaciones a la región, es mayor a la tasa promedio de crecimiento de exportaciones con el resto del mundo. Aproximadamente, el 85 por ciento de los bienes que comercia Washington entran libres de impuestos en Chile, Colombia, Costa Rica, República Dominicana, El Salvador, Guatemala, Honduras, Nicaragua, México, Panamá y Perú.

Por si fuera poco, como lo señaló Julian Assange, el 98 por ciento de las telecomunicaciones desde América Latina hasta el resto del orbe pasan por Estados Unidos, incluidos mensajes de texto, llamadas telefónicas, correos electrónicos. Ese país tiene a la mano la información de cómo se comporta la región, la ruta que siguen las transacciones económicas, el comportamiento y las opiniones de los principales actores políticos.

Aunque formalmente declare el fin de la Doctrina Monroe, su intervencionismo en la región es evidente, a través de temas como el narcotráfico, el terrorismo y la migración, además de su participación “discreta” en golpes blandos como los registrados en Honduras y Paraguay. Su influencia se hace sentir, también, en la apuesta por la Alianza del Pacífico, como contrapeso a los otros procesos de integración de América Latina.
El dragón chino

La actual bonanza económica de América Latina está estrechamente asociada a la entradade China en el hemisferio. El dragón asiático es un voraz consumidor de los alimentos, minerales y metales, y combustibles que se producen en la región. La inversión de ese país fue central en permitirle al área enfrentar sin grandes descalabros la recesión económica de 2009.

La presencia china en el hemisferio aumenta aceleradamente en todos los rubros: intercambios comerciales, inversiones directas, financiamiento e, incluso, actividades culturales. Salvo un declive en el crecimiento o graves conflictos políticos en la nación asiática, nada parece indicar que esta tendencia vaya a desaparecer.

Las inversiones de la patria de Mao Tsetung en América Latina aumentaron de 15 mil millonesde dólares en 2000, a 200 mil millones en 2012. En 2017 podría alcanzar la cifra de 400 mil millones. El volumen de comercio de este país con Brasil, Chile y Perú, superó al que estas naciones tuvieron con Estados Unidos. El gigante oriental fue, también, el segundo destino comercial de Argentina, Costa Rica y Cuba. El 40 por ciento de las exportaciones agropecuarias de la región van a este país(1).

Las inversiones directas de China en el área en 2011 superaron los 8 mil 500 millones de dólares.Y, entre 2005 y 2011, concedió préstamos a países del hemisferio por 75 mil millones de dólares. Se trata de inversiones y préstamos no condicionados a la aceptación de dogmas de desarrollo, consideraciones ideológicas o criterios estrictamente políticos. Ellos hablan siempre de cooperación y apoyo mutuo.

Según reporta el periódico El País, la dependencia de la economía de América Latina con China es tan grande, que por cada 1 por ciento que crece el PIB en el país asiático, aumenta un 0.4 por ciento en la región; por cada 10 por ciento que crece el dragón asiático, se incrementa las exportaciones del hemisferio en un 25 por ciento.

La creciente presencia China en un área que tradicionalmente ha sido zona de influencia estadunidense, no se ha topado con la animadversión de Washington. El Imperio ha buscado contener y administrar el impacto de la potencia oriental, y circunscribirlo a la esfera estrictamente económica. A su vez, Pekín ha actuado con cautela y ha dejado claro que su intención es ampliar sus fronteras económicas.

Entrevistado por El País, Daniel P. Erikson, asesor de la Oficina para Occidente del Departamento de Estado de Estados Unidos, dijo, cauteloso, que la creciente economía del país asiático le obliga a buscar nuevos mercados, una necesidad que también comparte AméricaLatina por los mismos motivos.
El oso ruso y las mineras canadienses

Impulsada por las crecientes ventas de armamento a América Latina, Rusia ha comenzado a redibujar su presencia en la región. Entre los quinquenios 1999-2003 y 2004-2008, las exportaciones de armamento del oso al hemisferio se incrementaron en un 900 por ciento. Se trata de su nuevo mercado de productos bélicos más relevante. Rusia abastece equipo militar a la región en mejores condiciones de pago y de entrega, también sin condicionamientos políticos. Con Venezuela ha realizado maniobras militares conjuntas.

Sus negocios en la región, sin embargo, van más allá de este asunto. El antiguo imperio de los zares invierte en el área, también, en petróleo, metalurgia, vivienda, hidroeléctrica y fabricación de autobuses.

La principal carta de presentación de Canadá en América Latina son sus empresas mineras. Según datos del 2008 las empresas canadienses controlan aproximadamente el 37% de la producción minera. Actualmente están activas 286 empresas y mil 500 proyectos, aunque aún no todos en explotación(2). Todas ellas han dejado una cauda de evasión fiscal, saqueo, contaminación masiva, problemas de salud pública, corrupción, desposesión, violencia contra opositores.

Canadá es la principal potencia minera del mundo. El 75 por ciento de las mineras del orbe se registran en Canadá y el 60 por ciento emiten sus acciones en la Bolsa de Valores de Toronto. Muchas de ellas son sólo formalmente canadienses porque, en realidad, son compañías con capitales australianos, suecos, israelíes, belgas y estadounidenses.

La legislación minera canadiense es flexible y en su régimen impositivo generoso con los inversionistas. Ellos son favorecidos en su financiamiento y en el terreno diplomático y judicial. Las empresas que cotizan en la Bolsa, pueden poner en valor yacimientos potenciales. De hecho, algunas sacan sus ganancias de la especulación bursátil en torno a yacimientos potenciales.

En todos los países de América Latina en el que operan mineras canadienses a cielo abierto se han producido severos conflictos comunitarios. Esa es hoy la marca distintiva de lasrelaciones establecidas entre América Latina y su otro vecino del norte.
La reinvención

América Latina está en un proceso de reinvención como hemisferio. Su futuro no está aún definido, su destino final no está escrito. El hemisferio está redefiniendo su inserción en el mundo.

En la última década, la región ha obtenido ingresos extraordinarios por la venta de materias primas, y capitales para la inversión de valores, exacerbados por liquidez abundante provista por los bancos centrales del mundo y tasas de interés históricamente bajas. Pero hoy, ese ciclo, apunta a su fin. Por ello, su reinvención implica necesariamente, una redefinición de su inserción en un mundo multipolar, en el que modifique su actual rol de proveedor de materias primas, que lo coloca en una situación frágil y vulnerable, para buscar un tipo de industria con tecnología de punta y el desarrollo de las manufacturas, al tiempo que desarrolla su mercado interno con equidad y justicia. Sino lo logra, sus sueños de integración e independencia, anunciados por José María en su poemaLas dos Américas, serán muy difíciles de realizar.

Notas:


(2) Ver: “La minería canadiense en América Latina.Un panorama contemporáneo”, de Arthur Phillips,Mary Roberts, Alix Stoicheff y Saviken Studnicki-Gizbert.
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*Luis Hernández Navarro es coordinador de Opinión y articulista de La Jornada, de México.
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Fuente: Alainet: http://www.alainet.org/active/70117. Este texto es parte de la revista América Latina en Movimiento, 490-491, correspondiente a noviembre – diciembre de 2013, que recoge intervenciones y artículos de los participantes en el Encuentro Latinoamericano “Democratizar la palabra en la integración de los pueblos”. http://alainet.org/publica/490.phtml.
Otras noticias:

Fuente: Servindi