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miércoles, 11 de diciembre de 2013

Luchar contra el racismo donde sea y bajo cualquier disfraz que se presente.



Nelson Mandela
Discurso de aceptación del Premio Nobel de la Paz en 1993, que recibió junto con el entonces presidente sudafricano Frederik Willem de Klerk

Madiba y su camino hacia la libertad

Su majestad, el rey. Su alteza real, estimados miembros del Comité Noruego del Nobel, honorable primer ministro, señora Gro Harlem Brundtland, ministros, miembros del Parlamento y embajadores, compañeros galardonados, señor F. W. De Klerk, distinguidos invitados, amigos, damas y caballeros.
Quiero extender un agradecimiento de corazón al Comité Noruego del Nobel por acogerme como ganador del Premio Nobel de la Paz.

Quisiera aprovechar esta oportunidad para felicitar a mi compatriota y también galardonado, presidente F. W de Klerk, quien recibe conmigo este alto honor.

Juntos nos hemos unido a dos sudafricanos distinguidos; el fallecido Albert Lutuli, y su santidad, el arzobispo Desmond Tutu, cuyas fundamentales contribuciones a la lucha pacífica contra el maligno sistema del apartheid fueron justamente premiados por ustedes al concederles el Premio Nobel de la Paz.

No sería presuntuoso de nuestra parte si también añadimos, de entre nuestros predecesores, el nombre de otro notable ganador del Premio Nobel de la Paz, el asesinado reverendo Martin Luther King Jr.

Él también luchó y murió sin cejar en el empeño de hacer una contribución para encontrar una solución justa a algunas de las grandes interrogantes que hoy enfrentamos los sudafricanos.

Hablamos aquí del reto de las dicotomías de la guerra y la paz, la violencia y la no violencia, del racismo y la dignidad humana, la opresión y la represión, la libertad y los derechos humanos, la pobreza y liberación de los que padecen carencias.

Nos encontramos hoy aquí como nada menos que representantes de millones de los nuestros que se han atrevido a levantarse contra un sistema social cuya esencia misma es la guerra, la violencia, el racismo, la opresión, la represión y el empobrecimiento de un pueblo entero.

También me encuentro aquí como representante de millones de personas en todo el globo: el movimiento antiapartheid, los gobiernos y organizaciones que se han unido con nosotros, no para combatir a Sudáfrica como país ni a ninguno de sus habitantes; sino para oponerse a un sistema inhumano y exigir el fin inmediato del crimen contra la humanidad que es el apartheid.

Esos incontables seres humanos, tanto dentro como fuera de nuestro país, tuvieron la nobleza de espíritu de impedirle el paso a la tiranía y la injusticia sin buscar una ganancia egoísta. Reconocieron que el daño contra uno es un daño contra todos, y por lo tanto, actuaron unidos para defender la justicia y la decencia humana fundamental.

Gracias a su valor y persistencia de muchos años, hoy podemos, incluso, prever la fecha en que toda la humanidad se reunirá para celebrar una de las más notables victorias humanas de nuestro siglo.

Cuando llegue ese momento, nos regocijaremos juntos por la victoria común sobre el racismo, el apartheid y el mandato de la minoría blanca.

Ese triunfo finalmente cerrará una historia de 500 años de colonización en África que comenzó con el establecimiento del imperio portugués.

De la misma forma, quedará marcado un gran paso hacia adelante en la historia que servirá como consigna común a los pueblos del mundo para luchar contra el racismo, donde quiera que ocurra y bajo cualquier disfraz que se presente.

En la punta sur del continente de África, se prepara una hermosa recompensa, un regalo invaluable que llegará a aquellos que sufrieron en el nombre de la humanidad y que sacrificaron todo por la libertad, la paz, la dignidad humana y la justicia entre los hombres.

Esta recompensa no se medirá en dinero, ni podrá valuarse con el precio de los metales raros y piedras preciosas que reposan en las entrañas de la tierra africana en la que permanecen las huellas de nuestros ancestros.

Se medirá con la felicidad y el bienestar de los niños que son, al mismo tiempo, los ciudadanos más vulnerables de cualquier sociedad y uno de nuestros mayores tesoros.

Estos niños podrán, al fin, jugar en el campo ya sin sufrir la tortura del hambre y la enfermedad, ni amenazados por la escoria de la ignorancia y el abuso, ni tendrán ya que involucrarse en actividades cuya gravedad excede las demandas que corresponden a su corta edad.

Ante esta distinguida audiencia, nos comprometemos a que la nueva Sudáfrica luchará sin tregua en lograr los propósitos definidos en la Declaración Mundial sobre la Sobrevivencia, Protección y Desarrollo de los niños.

La recompensa de la que hablamos también se medirá con la felicidad y bienestar de las madres y padres de estos niños, quienes vivirán sin el temor de ser robados, asesinados por motivos políticos o monetarios, o humillados porque son mendigos.

Ellos serán liberados de la pesada carga de la desesperación que llevan en el corazón, surgida de la pobreza, el hambre y el desempleo.

El valor de ese regalo es para todos aquellos que han sufrido, deberá y será medido con la felicidad y bienestar de los ciudadanos de nuestro país que derribará los muros inhumanos que los dividen.

Estas grandes masas darán la espalda al grave insulto contra la dignidad humana que definió a algunos como amos y a otros como sirvientes, y transformó en depredadores a aquellos cuya sobrevivencia dependía de la destrucción del otro.

El valor de nuestra recompensa compartida deberá y será medido con la paz gozosa que triunfará porque la humanidad común que une a negros y blancos en una sola raza humana dirá a cada uno de nosotros que viviremos como hijos del paraíso.

Así viviremos, porque crearemos una sociedad que reconoce que todos los hombres hemos nacido iguales, con derecho a la misma calidad de vida, libertad, prosperidad, derechos humanos y buen gobierno.

Una sociedad así jamás permitirá que vuelva a haber prisioneros de conciencia ni que se violen los derechos humanos de persona alguna.

Tampoco debe permitirse que otra vez las vías hacia el cambio pacífico sean bloqueadas por usurpadores que robarán el poder del pueblo con el fin de satisfacer sus propósitos indignos.

En relación a estas materias, llamamos al gobierno de Birmania (hoy Myanmar) para que dejen en libertad a nuestra compañera Nobel de la Paz, Aun San Suu Kyi, y la involucren en un diálogo serio que beneficie a la población del país.

Oramos porque aquellos que tienen el poder cedan cuanto antes y permitan que ella use su talento y energía en beneficio de su nación y de la humanidad como un todo.

Y alejándome de las asperezas y tribulaciones políticas de nuestro propio país, quiero aprovechar esta oportunidad para unirme al Comité Noruego del Nobel para rendir homenaje a mi compañero de galardón, el señor F. W de Klerk.

Él tuvo el valor de admitir la terrible injusticia que se cometía en nuestro país y nuestro pueblo con la imposición del sistema del apartheid.

Él tuvo la visión de comprender y aceptar que todo el pueblo sudafricano debía negociar como participantes igualitarios en el proceso con el que se determinarían qué futuro deseamos.

Aún hay algunos en nuestra nación que equivocadamente creen que pueden hacer una contribución a la causa de la justicia y la paz aferrándose a arcaísmos que, se ha constatado, sólo llevan al desastre.

Conservamos la esperanza de que ellos también sean bendecidos con la razón suficiente para darse cuenta de que la historia no puede negarse y que una nueva sociedad no puede ser creada reproduciendo un pasado repugnante que sólo ha sido retocado y escondido bajo una nueva fachada.

También quisiéramos aprovechar la ocasión para homenajear a los numerosos movimientos democráticos de nuestro país, incluidos los miembros del Frente Patriótico, quienes jugaron un papel central en llevar a nuestro país a la transformación democrática que hoy vivimos.

Nos hace felices que muchos representantes de estas formaciones, incluyendo personas que están o estuvieron al servicio de estructuras “nacionales” vinieron con nosotros a Oslo. Ellos también deben recibir el aplauso del Nobel de la Paz.

Vivimos con la esperanza de que al tiempo que Sudáfrica lucha para reinventarse, se convierta también en un microcosmos; en un nuevo mundo que está por nacer.

Este debe ser un mundo de democracia y respeto por los derechos humanos, un mundo libre de los horrores de la pobreza, el hambre, la privación y la ignorancia; sin la amenaza y la escoria de las guerras civiles, las agresiones externas y sin la carga que implica la tragedia de millones de personas obligadas a convertirse en refugiados.

Este proceso en el que Sudáfrica y el sur del continente como un todo están enfrascados, nos piden y nos urgen a fluir con la corriente y convertir a la región en un ejemplo viviente de lo que toda la gente con conciencia desea para el mundo.

No creemos que este Premio Nobel de la Paz tenga la intención de reconocer hechos que ocurrieron y quedan en el pasado. Escuchamos las voces que nos dicen que este premio es un llamado a todos aquellos, a través del universo, que buscaron poner fin al sistema del apartheid.

Comprendemos su llamado, y dedicaremos el resto de nuestras vidas para utilizar la experiencia única y dolorosa de nuestro país para demostrar, en la práctica, que la condición normal de la existencia humana es la democracia, la justicia, la paz; sin racismo, sin sexismo; con prosperidad para todos, con un ambiente saludable, con igualdad y solidaridad entre los pueblos.

Movidos por ese llamado e inspirados por el honor que nos han conferido, llevaremos a cabo todo lo posible que contribuya a la renovación de nuestro mundo para que nadie, en un futuro, sea llamado “un miserable de esta tierra”.

Que jamás las futuras generaciones digan que la indiferencia, el cinismo y el egoísmo nos hicieron fracasar en el intento de lograr los ideales humanistas representados por el Premio Nobel de la Paz.

Que la lucha de todos nosotros sirva para constatar que Martin Luther King Jr. tuvo razón cuando afirmó que la humanidad ya no debe estar trágicamente ligada a la noche sin estrellas que son el racismo y la guerra.

Que los esfuerzos de todos nosotros demuestren que él no era un soñador que sólo habló de la belleza de la hermandad y la paz genuinas; que son más preciosos que los diamantes, la plata y el oro.

¡Que comience esta nueva era!

Gracias.

Tomado de nobelprize.org

* Discurso de aceptación del Premio Nobel de la Paz en 1993, que recibió junto con el entonces presidente sudafricano Frederik Willem de Klerk

Traducción: Gabriela Fonseca

NELSON MANDELA

lunes, 9 de diciembre de 2013

El significado de Mandela para el futuro amenazado de la humanidad.


Leonardo Boff

Nelson Mandela, con su muerte, se ha sumergido en el inconsciente colectivo de la humanidad para ya nunca irse de ahí, porque se ha transformado en un arquetipo universal, de una persona injustamente condenada que no guardó rencor, que supo perdonar, reconciliar polos antagónicos y transmitirnos una inquebrantable esperanza en que el ser humano todavía tiene solución. Después de pasar 27 años en reclusión y ser elegido presidente de Sudáfrica en 1994, se propuso y realizó el gran desafío de transformar una sociedad estructurada en la suprema injusticia del apartheid, que deshumanizaba a las grandes mayorías negras del país condenándolas a ser no-personas, en una sociedad única, unida sin discriminaciones, democrática y libre.

Y lo consiguió al escoger el camino de la virtud, del perdón y de la reconciliación. Perdonar no es olvidar. Las llagas están ahí, muchas de ellas todavía abiertas. Perdonar es no permitir que la amargura y el espíritu de venganza tengan la última palabra y determinen el rumbo de la vida. Perdonar es liberar a las personas de las amarras del pasado, pasar página y empezar a escribir otra a cuatro manos, de negros y de blancos. La reconciliación sólo es posible y real cuando hay plena admisión de los crímenes por parte de sus autores y pleno conocimiento de los actos por parte de las víctimas. La pena de los criminales es la condenación moral ante toda la sociedad.

Una solución de esas, seguramente originalísima, supone un concepto ajeno a nuestra cultura individualista: el Ubuntu que quiere decir: “yo sólo puedo ser yo a través de ti y contigo”. Por tanto, sin un lazo permanente que ligue a todos con todos, la sociedad estará, como la nuestra, en peligro de desgarrarse y de conflictos sin fin.

En los manuales escolares de todo el mundo deberá figurar esta afirmación humanísima de Mandela: “Yo luché contra la dominación de los blancos y luché contra la dominación de los negros. Cultivé el ideal de una sociedad democrática y libre, en la cual todas las personas puedan vivir juntas en armonía y tengan oportunidades iguales. Este es mi ideal y deseo vivir para alcanzarlo. Pero, si fuera necesario, estoy dispuesto a morir por este ideal”.

¿Por qué la vida y la saga de Mandela fundan una esperanza en el futuro de la humanidad y en nuestra civilización? Porque hemos llegado al núcleo central de una conjunción de crisis que puede amenazar nuestro futuro como especie humana. Estamos en plena sexta gran extinción en masa. Cosmólogos (Brian Swimme) y biólogos (Edward Wilson) nos advierten que, si las cosas siguen como están, hacia 2030 culminará este proceso devastador. Esto quiere decir que la creencia persistente en el mundo entero, también en Brasil, de que el crecimiento económico material nos debería traer desarrollo social, cultural y espiritual es una ilusión. Estamos viviendo tiempos de barbarie y sin esperanza.

Cito a una persona libre de toda sospecha, Samuel P. Huntington, antiguo asesor del Pentágono y un analista perspicaz del proceso de globalización, que al final de su libro El choque de civilizaciones dice: “La ley y el orden son el primer pre-requisito de la civilización; en gran parte del mundo parecen estarse evaporando; a escala mundial, la civilización parece, en muchos aspectos, estar cediendo ante la barbarie, generando la imagen de un fenómeno sin precedentes, una Edad de las Tinieblas mundial que se abate sobre la humanidad”(1997:409-410).

Añado la opinión del conocido filósofo y científico político Norberto Bobbio que como Mandela creía en los derechos humanos y en la democracia, como valores para equilibrar el problema de la violencia entre los Estados y para una convivencia pacífica. En su última entrevista declaró: “no sabría decir cómo será el Tercer Milenio. Mis certezas caen y solamente un enorme punto de interrogación agita mi cabeza: ¿será el milenio de la guerra de exterminio o el de la concordia entre los seres humanos? No tengo posibilidad de responder a esta pregunta”.

Ante estos escenarios sombríos Mandela respondería seguramente, fundándose en su experiencia política: sí, es posible que el ser humano se reconcilie consigo mismo, que sobreponga su dimensión de sapiens a la de demens e inaugure una nueva forma de estar juntos en la misma Casa.

Tal vez valgan las palabras de su gran amigo, el arzobispo Desmond Tutu, que coordinó el proceso de Verdad y Reconciliación: “Habiendo encarado a la bestia del pasado frente a frente, habiendo pedido y recibido perdón, pasemos ahora la página. No para olvidar ese pasado sino para no dejar que nos aprisione para siempre. Avancemos en dirección a un futuro glorioso de una nueva sociedad en la que las personas valgan no en razón de irrelevancias biológicas u otros extraños atributos, sino porque son personas de valor infinito, creadas a imagen de Dios”.

Mandela nos deja esta lección de esperanza: nosotros podremos vivir si, sin discriminaciones, hacemos realidad el Ubuntu.


Traducción de MJ Gavito

Fuente: ATRIO

viernes, 20 de septiembre de 2013

Desmond Tutu afirma que Dios le pide defender a gays y lesbianas.


Enviado Humming Albus el 19 septiembre 2013

El premio Nobel de la Paz y arzobispo anglicano emérito de Ciudad del Cabo (Sudáfrica), Desmond Tutu, ha defendido su compromiso con la defensa global de los derechos LGTB y ha vinculado esta convicción a sus creencias religiosas.

En una entrevista a Religion News Service, el líder antiapartheid hace un símil entre la lucha contra la discriminación racial y a causa de la orientación sexual. “Hay personas que tomaron una parte de nosotros y la usaron para discriminarnos. En nuestro caso, era nuestra etnia; es exactamente lo mismo para la orientación sexual”. Tutu dice no se pregunta: “¿Qué quiero hacer hoy? Quiero defender los derechos de gays y lesbianas”, sino que “es dios cogiéndome del cuello”, del mismo modo que, según él, lo insta a alzar la voz por los palestinos.

El arzobispo anglicano ha elogiado también los, a su modo de ver, gestos aperturistas del papa católico Jorge Mario Bergoglio. Preguntado por la comentada frase “Si una persona es gay y busca al Señor y tiene buena voluntad, ¿quién soy yo para criticarlo?”, Tutu describe al pontífice como “un inmenso soplo de aire fresco”. “Las cosas que ha hecho en un corto periodo de tiempo: el hecho de que no vive en una enorme mansión papal y se dejara caer en el comedor donde come la gente corriente”, son ejemplos de un supuesto cambio de dirección en la jefatura de la iglesia católica que señala el arzobispo. Tutu se muestra “emocionado de que él esté aquí en este momento crucial de la historia de nuestro mundo”.

No es la primera vez que el premio Nobel muestra su apoyo a los derechos LGTB, en especial en el continente africano. En 2010 publicó un artículo enThe Washington Post denunciando actos e iniciativas homófobas como lasdetenciones de Senegal, la pareja detenida en Malawi, la persecución contra gays desatada en una ciudad de Kenia o la ley homófoba de Uganda, entre otros ejemplos. Anteriormente, con motivo de la polémica por la ordenación de pastores homosexuales en Escocia, el arzobispo anglicano llamó a los miembros de su iglesia a acoger a todas las personas con independencia de su sexualidad.

Fuente: Dos Manzanas

viernes, 26 de abril de 2013

Desmond Tutu, Arzobispo Anglicano, ganó el Premio Templeton de 2013.


PREMIO TEMPLETON/ACTUAL GANADOR

Desmond Tutu, el Arzobispo Anglicano, emérito de Ciudad del Cabo, ha ganado el Premio Templeton de 2013, por su permanente trabajo en la promoción de los principios espirituales como el amor y el perdón, que han ayudado a liberar a personas alrededor del mundo.

Tutu saltó a la fama mundial con su fiel - y exitosa - oposición al régimen del apartheid en Sudáfrica. Compagina el concepto teológico de que todos los seres humanos son formados a la imagen de Dios, denominado en latín Imago Dei, con la creencia tradicional africana de Ubuntu, que sostiene que sólo a través del otro, el pueblo alcanzará la humanidad que crea, dice "una delicada red de interdependencia".

Sus amplias llamadas a la humanidad común comenzaron en la década de 1970, Cuando Tutu desempeñaba posiciones dentro de la iglesia y centraba la atención mundial en las políticas del apartheid y la minoría en el poder de Sudáfrica. Después de la liberación de Nelson Mandela de la cárcel en 1990 y su posterior elección como Presidente en las primeras elecciones democráticas multiétnicas del país, Tutu había presidido la Comisión de la Verdad y la Reconciliación que emplea una revolucionaria e implacable política de confesión y el perdón, que ayudó a la nación del Pastor donde se había institucionalizado la represión racial, conduciéndoles hacia una democracia igualitaria.

Su profunda fe y compromiso con la oración y la adoración proporcionó la base para su mensaje de amor y perdón. Ha creado ese mensaje a través de la profunda contemplación y de "grandes preguntas" como "¿vivimos en un universo moral?" y "¿Cuál es son los propósitos de Dios que la humanidad debe reflejar y vivir?"

Tales investigaciones reflejan los intereses profundos de Sir John Templeton, fundador del Premio Templeton, en el propósito del premio que es fomentar y reconocer el progreso espiritual, el primero se entregó en 1973 a la madre Teresa.

La oficina del Premio Templeton de la John Templeton Foundation, con sede en West Conshohocken, Pensilvania, hizo el anuncio esta mañana en línea en el sitio web de premio en www.templetonprize.org, por correo electrónico a periodistas y en Twitter en #TempletonPrize.

La celebración se llevará a cabo el jueves 11 de abril en Ciudad del Cabo en la Catedral de San Jorge, el sitio que llegó a conocerse como la "Catedral del pueblo" por su papel en la lucha contra el apartheid cuando Tutu se desempeñó como Arzobispo de 1986 a 1996. Una conferencia de prensa a las 11Hs precederá a la celebración.

Tutu recibirá el premio en una ceremonia pública en el Guildhall de Londres el martes 21 de mayo. El video de ambas ceremonias estará disponibles en el sitio web del Premio unas horas después de cada evento.

El premio, valuado en cerca de $1.7 millones de dólares de USA (1.1 millones de libras) –premio monetario anual más grande del mundo durante los últimos 40 años— rinde homenaje a una persona viva que ha hecho contribuciones excepcionales a la afirmación de la dimensión espiritual de la vida.

"Al adoptar tales conceptos universales de la imagen de Dios dentro de cada persona, Desmond Tutu también demuestra cómo la humanidad innata dentro de cada uno de nosotros está intrínsecamente ligada a la humanidad entre todos los pueblos" dijo el Dr. John M. Templeton, Jr. en un comunicado en video www.templetonprize.org Dr. Templeton, Presidente de la Fundación John Templeton, señaló: "Desmond Tutu exhorta a todos a reconocer que cada ser humano es único en toda la historia y, al hacerlo, para abrazar su enorme potencial para ser agentes para el progreso espiritual y un cambio positivo. No sólo enseña esta idea, él vive."

Para citar palabras de Sir John Templeton, “el Arzobispo Desmond Tutu es un verdadero 'emprendedor del espíritu’" dijo Steven D. Gish, profesor de historia en la Universidad de Auburn en Montgomery, Alabama, en su carta de recomendación a los jueces del premio. “Con su inquebrantable fe en ‘El sueño de Dios’, que encarna los mejores instintos de todos nosotros."

"Cuando está en una multitud, y destaca entre la multitud, generalmente es porque usted va sobre los hombros de los demás”, dijo Tutu en respuesta en un video en el sitio web del premio. "Quiero agradecer a toda la gente maravillosa que me aceptó como su líder en el país y así aceptar este premio, por así decirlo, de carácter representativo".

En otro video breve sobre www.templetonprize.org Tutu elabora en el concepto de libre albedrío. "Habitamos un universo... cuando la materia de bondad, de compasión, de asuntos de cuidado, son compartidos" dice. "Este es un universo moral de lo correcto y lo incorrecto. Y misericordiosamente, gloriosamente, el derecho prevalecerá”.

"Basándose en la profundidad de la oración, el arzobispo Desmond tiene un regalo que expresa verdades profundas con gran sencillez", dijo el arzobispo Thabo Makgoba, actual Arzobispo Anglicano de Ciudad del Cabo. "Nos dio en Sudáfrica una visión de esperanza abundante y nueva vida para todos, transformó a través de las promesas de Dios - una visión con la cual él continúa desafiando todo el mundo hoy. Me alegro en este premio, y estoy seguro de que todos los anglicanos en Sudáfrica se una a mí en esta felicitación".

Tutu abandonó una carrera docente en 1957 en respuesta a las leyes del régimen de apartheid que limitaba severamente la educación y, por ende, las oportunidades de trabajo para la mayoría de la población no blanca. Ingresó en el ministerio anglicano en 1958 y recibió un grado de maestría en teología del King College de Londres, en 1966. En los próximos 30 años, se convirtió en un promotor clave en la campaña para abolir el apartheid, por la que recibió el Premio Nobel de la paz en 1984, llamando la atención en todo el mundo, desde su púlpito, para la cruzada por la justicia y la reconciliación en Sudáfrica.

Un momento de cumbre en ese esfuerzo se produjo el 13 de septiembre de 1989, Cuando Tutu, sin ningún mandato oficial de la iglesia, llevó a Ciudad del Cabo una protesta contra el apartheid que dibujó un estimado 30 mil participantes. Dentro de estos días, marchas masivas por la paz estallaron a través de Sudáfrica, en Johannesburgo, Durban y a menudo con obispos anglicanos al frente.

Las manifestaciones marcaron el comienzo de cambios rápidos, incluyendo la liberación de Mandela y otros activistas encarcelados, y completó el eventual desmantelamiento del apartheid.

En la década de 1990 Tutu se convirtió en el principal mediador en la transición de Sudáfrica a la democracia. Después de retirarse como arzobispo en 1996, presidió la Comisión por la Verdad y la Reconciliación, organismo encargado de investigar las violaciones a los derechos humanos durante el apartheid, donde abogó e implementó un modelo de tres fases de "justicia restaurativa" que buscaba la justicia de verdad. Basada en la humanidad inherente en la tradición africana de Ubuntu, la Comisión pidió confesión, perdón y, de ser posible, restitución.

En 2007 Tutu ayudó a formar un grupo independiente de ex líderes mundiales, incluyendo al estadounidense Jimmy Carter y Kofi Annan, ex Secretario General de la ONU, a que trabajaran por la paz y los derechos humanos en los puntos problemáticos del mundo.
Sus extensos escritos incluyen Sin futuro sin perdón, y más recientemente, Dios no es un cristiano: Y otras provocaciones.

Incluso después de su retiro oficial de la vida pública en 2010, Tutu sigue hablando a las audiencias en todo el mundo. Él se involucra con numerosas organizaciones, entre ellas el Desmond & Leah Tutu Legacy Foundation y The Elders y permanece comprometido con la creación de una sociedad guiada por lo que él cree son los valores humanos esenciales del amor, la esperanza, la tolerancia y la valentía.

Tutu y su esposa Leah, viven en Ciudad del Cabo, Sudáfrica.

lunes, 24 de septiembre de 2012

Carta de Desmond Tutu a los colombianos.



Desmond Tutu lideró la Comisión para la Verdad y la Reconciliación después del fin del 'apartheid'.

Queridas hermanas y hermanos colombianos,
Les escribo con inmensa alegría, tras enterarme de que un proceso de paz se puso en marcha en su país, para desearles lo mejor en el emocionante camino que tienen por delante.
El hecho de que en su tierra, que por muchos años ha sido golpeada por el conflicto, hayan acordado hablar sobre un compromiso de paz y reconciliación le envía un mensaje de esperanza al mundo entero. Si los colombianos pueden acercarse entre sí y conciliar sus diferencias, también pueden hacerlo los miembros de nuestra familia que viven en Israel y Palestina, en Siria y Libia, en el Tíbet y China, en Burma, en Zimbabue y Sudáfrica.
Hay muchos paralelos entre el conflicto colombiano y nuestra experiencia en Sudáfrica. En 1948, cuando La Violencia se apoderó de un país, se introdujo el apartheid en el otro. Y aunque el apartheid le añadía un enorme factor racial al conflicto, en esencia, las dos luchas enfrentaron a quienes tenían poder y recursos a los que no. En ambos países, cientos de miles de ciudadanos fueron desplazados forzosamente. Los dos países se convertirían en sinónimo de división violenta y fueron rechazados en el mundo.
"Hay más represión de la libertad individual aquí que la que hay en cualquier país en el que hayamos estado; la policía patrulla las calles con sus rifles y pide papeles cada minuto... El ambiente es tenso y pareciera que se está gestando una revolución. El campo está inmerso en una lucha abierta y el ejército no tiene la capacidad para reprimirla." Esta podría haber sido una descripción del apartheid en Sudáfrica, pero, de hecho, es un extracto del diario del 'Che' Guevara sobre su visita a Colombia en julio de 1952.
La violencia genera violencia y esta, a su vez, genera más violencia; y tanto los sudafricanos como los colombianos han pagado un precio terrible, no solo en lo físico, sino también con sus almas y corazones heridos.
Lo que hemos aprendido y seguimos aprendiendo en Sudáfrica es que en muchos aspectos hacer la paz es más difícil que hacer la guerra. Reconciliarse con los antiguos enemigos es muy duro. Ser magnánimo, pese a los amargos recuerdos, es extremadamente difícil. El perdón no puede darse por hecho; hay que ganárselo. Pero a menudo se lo ofrecemos generosa y abiertamente a quienes no lo merecen. Curar las heridas no es algo que ocurra de manera instantánea; puede ser un proceso largo y sinuoso. Y para que este sea exitoso es necesario que todos los individuos seamos mejores personas, para ver el mundo no solo desde nuestra mirada, sino también desde la del otro.
Nuestra experiencia en Sudáfrica nos enseñó que, sin importar de qué lado del conflicto estábamos, llegaba un momento en el que debíamos arriesgarnos a dejar de lado nuestras diferencias, para crear oportunidades en que pudiéramos sanarnos. Los primeros pasos fueron hablar y escuchar; hablar unos a otros en vez de hablarle al otro, y escucharnos.
En Colombia, tanto a quienes apoyan a grupos paramilitares de derecha como a los que apoyan a los de guerrilleros de izquierda, a los grandes terratenientes y a quienes han sido desplazados a las ciudades, incluso a quienes están o no activamente involucrados con los cultivos ilícitos, que abastecen el conflicto, o con su erradicación, les llega un momento de reconocer al otro por lo que en el fondo somos todos: miembros de una familia, la familia humana, la familia de Dios.
En Sudáfrica, cuando los líderes de los diferentes partidos que habían estado en guerra se sentaron a hablar, literalmente no podíamos creer lo que estaba sucediendo frente a nuestros ojos. ¡Allí había antiguos enemigos declarados! Ayer, ellos habrían querido hacerse daño físico; ¡hoy están hablando como hermanos y hermanas!
Que nosotros hubiéramos conseguido la democracia habla del hecho de que no podemos permanecer aislados los unos de los otros. En Sudáfrica le llamamos a este tipo de confianza en el otro 'Ubuntu' (filosofía africana basada en las relaciones entre las personas): mi destino está relacionado con el tuyo. Somos quienes somos a través del otro. Yo no puedo ser sin ti.
Invitamos a representantes de todas las formaciones políticas a participar en nuestro proyecto nacional. Tuvimos la primera elección democrática de nuestra historia. Luego, los representantes de esos partidos que fueron elegidos democráticamente se sentaron a escribir una constitución y una declaración de derechos. Trabajaron por un propósito común, con miras a la meta común de construir una nación en la que todos los ciudadanos tuvieran las mismas oportunidades de prosperar.
Nos dimos cuenta de que no podíamos esconder nuestro dolor debajo del tapete y se creó un mecanismo para incentivar a los perpetradores de la violencia a que buscaran un perdón legal (amnistía de la persecución), siempre y cuando sus acciones tuvieran una motivación política y que estuvieran dispuestos a contar toda la verdad.
Llamamos a este mecanismo la Comisión para la Verdad y la Reconciliación, institución y proceso que tuve el honor de liderar. Aprendimos acerca de la especial relación entre verdad y perdón, cuán importante es para las víctimas y los perpetradores contar y escuchar sus historias, y que estas sean reconocidas por los otros.
Siempre llega un momento para reconocer nuestro papel dentro del conflicto cuando hay dificultades en el proceso, de dejar de culpar a los otros y de enderezar las cosas para el beneficio de nuestros niños, de nuestro país y de nuestro mundo compartido, que es nuestro hogar.
Felicitaciones, Colombia. Que Dios los bendiga en el camino que tienen por delante.
Con amor,
ARZOBISPO EMÉRITO DESMOND TUTU
Ciudad del Cabo

El 'padre' de la Nación del arcoÍris
Desmond Tutu nació en Sudáfrica en 1931. A finales de los 60, después de ordenarse, empezó a denunciar la situación precaria en la que vivía la población negra con el 'apartheid'. Lideró la Comisión para la Verdad y la Reconciliación en su país, y en 1984 recibió el Premio Nobel de Paz. Le atribuyen la creación del apelativo 'nación del arcoíris' para hablar de Sudáfrica como un país diverso.
Fuente: El Tiempo.com