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lunes, 28 de noviembre de 2016

¿Fue Jesús un anarquista?


Victor Codina. 

Esta es la pregunta que surge al leer al teólogo católico holandés-brasileño Eduardo Hoornaert. El autor parte de la situación de miseria del campesinado ruso en tiempo de los zares y de las diversas reacciones de Marx y Bakunin. Ambos se indignan ante la miseria del pueblo, pero mientras Marx propone la toma del poder y la dictadura del proletariado en orden a una sociedad sin clases, Bakunin desconfía radicalmente del Estado, pues en vez de buscar el bien del pueblo, se corrompe. Hoornaert dice que la historia da la razón a Bakunin, el poder del Estado se corrompe: Stalin, Hitler, Mussolini, Franco, Salazar… e incluso el PT del Brasil. En este contexto el autor se interroga sobre si Jesús fue anarquista como afirman algunos historiadores judíos. Hasta aquí Hoornaert.

Jesús en efecto aunque tenía autoridad, no tuvo poder económico ni político, rechazó ser elegido rey, criticó a los gobernantes que oprimen al pueblo y se hacen llamar bienhechores, privilegió a los pobres y murió en la cruz. Pero al mismo tiempo Jesús eligió a 12 apóstoles y a su cabeza Pedro, para que llevasen adelante su proyecto del Reino.

Es peligroso y anacrónico proyectar sobre Jesús categorías ideológicas de otros tiempos. Jesús no fue comunista ni anarquista, no se movió por ideologías sino por el Espíritu y el evangelio del Reino de Dios. Pero lo que sí queda claro es que tanto el Estado como la Iglesia deben continuamente cuestionarse para no corromperse y han de convertirse continuamente al Reino de Dios.

domingo, 24 de mayo de 2015

Buda, Marx, Den Xiao Ping.


Honorio Cadarso

China e India acaban de firmar un paquete de acuerdos económicos por valor de 19.200 millones de euros. Hasta ahora, el Elefante indio y el Dragón chino vivían una relación de vecindad más bien tensa, pero entre 1980 y 2015 China ha pasado de una renta per cápita muy baja, idéntica a la de India, hasta superar seis veces la de sus vecinos, la que figuraba como una semicolonia de Occidente es hoy la Segunda Potencia económica del planeta, pisándole los talones a USA.

Lo nunca visto! Un salto económico de la miseria a la opulencia en un poco más de 30 años. El personal critica la escasa calidad de los productos chinos, la explotación de los trabajadores chinos en un régimen de media esclavitud, el alto grado de contaminación de las industrias chinas, etcétera etcétera, la falta de libertad y el escaso respeto a los derechos humanos, la conquista del Tibet….
Diríase que la envidia corroe al resto del mundo. Que el éxito de una experiencia entre marxista-comunista y neocapitalista pone en entredicho la crisis global en que nos ha metido el neoliberalismo y el capitalismo financiero made in USA, Reino Unido, Alemania, Unión Europea y sus fieles seguidores…

Pero ahí están los números. Los trenes del Elefante indio a duras penas logran hacer el recorrido Nueva Delhi-Bombay en 16 horas, mientras una distancia igual entre Pekín y Shangai la cubre el Tren de Alta velocidad en cinco horas, la India tiene la misma destartalada y oxidada red ferroviaria de los años 1940, pero China ha construido en solo diez años la red de alta velocidad más extensa del planeta.

El economista Rohit Diwan, del Banco Asiático para el Desarrollo de Nueva Delhi, señala que hay tres factores especialmente relevantes que han influido en el relativo fracaso económico de la India, comparado con el progreso de la China: Primero, la India es una federación de estados tan independientes entre sí que resulta muy difícil de gobernar; segundo, el mosaico abigarrado de etnias que pueblan este país; y tercero, la pesada influencia de la religión, mejor dicho de las religiones de la India, que en China, gracias al ateísmo impuesto por el régimen de Mao, no supone ningún obstáculo.

A los indios les llenan de satisfacción los elogios de Occidente que califica a su país como la mayor democracia del mundo, su gran héroe el Mahatma Gandhi, sus espiritualidades y sus altas teologías y veneradas antiguas sabidurías. Saben de la adoración que sienten muchos occidentales por sus prácticas ascéticas y místicas. Pero la mayoría de su población vive en la miseria, son parias, o sea esclavos, y acogen en su territorio a las industrias más contaminantes que no quieren tener en casa los países occidentales…

A los chinos parece sentarles bien que les reprochen su incidente de Tiannanmen, su marxismo-maoísmo y todo lo demás. Antes de Mao, eran el culo del mundo, hoy son respetados y temidos, invierten el dinero que les sobra en los cinco continentes.

Hubo un líder religioso hace dos mil y pico de años que, además de predicar el mandamiento del amor, mandó a sus discípulos que sentasen a la multitud hambrienta y le diesen de comer. Y comieron todos hasta hartarse y sobraron kilos de panes y de peces.

¿Andará ese Cristo alimentador de las personas por la China, de la mano de Mao y de Den Xiao Ping? Y sus seguidores católicos que admiran a la India, ¿por qué no le piden a ese Cristo que se dé una vuelta por la India y dé de comer a los parias que agonizan de hambre y miseria al lado del río sagrado Ganges, entre las vacas sagradas que campan a sus anchas por todo el país?

Fuente: Atrio

viernes, 10 de octubre de 2014

La enfermedad del fundamentalismo.


Todo lo que está sano puede enfermar. La religión, al contrario de lo que dicen sus críticos como Freud, Marx, Dawkins y otros, se inscribe dentro de una realidad saludable: la búsqueda de la Última Realidad por el ser humano, que da un sentido último a la historia y al universo. Esa búsqueda es legítima y se encuentra atestiguada en las más antiguas expresiones del homo sapiens/demens, pero puede conocer expresiones enfermizas. Una de ellas, la más frecuente hoy, es el fundamentalismo religioso, que también se manifiesta donde reina el pensamiento único en política.

El fundamentalismo no es una doctrina en sí, sino una actitud y una forma de vivir la doctrina. La actitud fundamentalista surge cuando la verdad de su iglesia o de su grupo es entendida como la única legítima con exclusión de todas las demás, consideradas erróneas y por eso sin derecho a existir. Quien imagina que su punto de vista es el único válido está condenado a ser intolerante. Esta actitud cerrada conduce al desprecio, a la discriminación y a la violencia religiosa o política.

El nicho del fundamentalismo se encuentra históricamente en el protestantismo norteamericano de finales del siglo XIX cuando irrumpió la modernidad no solo en lo tecnológico, sino también en las formas democráticas de convivencia política y en la liberalización de las costumbres. En este contexto surgió una fuerte reacción por parte de la tradición protestante, fiel a los ideales de los «padres fundadores», todos procedentes del rigorismo de la ética protestante. El término fundamentalismo está unido a una colección de libros publicados por la Universidad de Princeton por los presbiterianos que llevaba por título Fundamentals. A Testimony of Truth, 1909-1915 (“Los fundamentos, el testimonio de la verdad”).

En esta colección se proponía un antídoto a la modernización: un cristianismo riguroso, dogmático, fundado en una lectura literalista de la Biblia, considerada infalible e inequívoca en cada una de sus palabras, por ser considerada Palabra de Dios. Se oponían a toda interpretación exegético-crítica de la Biblia y a la actualización de su mensaje para los contextos actuales.

Esta tendencia fundamentalista ha estado siempre presente desde entonces en la sociedad y en la política norteamericana. Adquirió expresión religiosa en las llamadas «electronic Churches», esas iglesias que se valen de los modernos medios televisivos de comunicación que cubren el país de costa a costa y que tienen otras semejantes en Brasil y en América Latina. Combaten a los cristianos liberales, los que practican una interpretación científica de la Biblia y aceptan los movimientos modernos de las feministas, de los homoafectivos, de los que defienden la descriminalización del aborto. Todo eso es interpretado por ellos como obra de Satanás.

La vertiente política asimiló a la religiosa, uniéndola a la ideología política del «destino manifiesto», creada después de la incorporación de territorios de México por parte de Estados Unidos, según la cual los norteamericanos tienen el destino divino de llevar claridad, los valores de la propiedad privada, del libre mercado, de la democracia y de los derechos a todos los pueblos, como lo afirmó el segundo presidente de Estados Unidos, John Adams. Como rezaba la versión popular y política, los americanos son «el nuevo pueblo escogido» que va a llevar a todos a la «Tierra de Emanuel, sede de aquel Reino nuevo y singular que será concedido a los Santos del Altísimo» (K. Amstrong, En nombre de Dios, Companhia das Letras, São Paulo 2001).

Esa amalgama religioso-política ha dado origen a la arrogancia y al unilateralismo en las relaciones internacionales de la política exterior norteamericana que perdura también bajo Barack Obama.

Un tipo semejante de fundamentalismo lo encontramos en grupos católicos extremadamente conservadores que todavía sostienen que «fuera de la Iglesia no hay salvación». Se afanan en convertir al mayor número de personas que pueden para librarlas del infierno. Algunos grupos evangélicos, especialmente en sectores de las iglesias carismáticas con sus programas de TV, revelan discursos fundamentalistas, particularmente de cara a las religiones afrobrasileras, pues consideran sus celebraciones como obras de Satanás. De ahí los frecuentes exorcismos y hasta invasiones de terreiros para «purificarlos» del Exu.

El fundamentalismo más visible tanto en grupos católicos como en algunos grupos evangélicos se muestra en las cuestiones morales: son inflexibles ante los problemas del aborto, las uniones de los homoafetivos, el empeño de las mujeres por su libertad de decisión. Promueven verdaderas guerras ideológicas en las redes sociales y medios de comunicación contra todos los que discuten tales cuestiones, aunque estas formen parte de la agenda de todas las sociedades abiertas.

Lamentablemente tenemos una candidata a la presidencia de la República, Marina Silva, que manifiesta un tipo de fundamentalismo que es el biblicismo. Hace una lectura literalista de la Biblia, como si en ella se encontrase la solución de todos los problemas. Como bien dijo el Papa Francisco, la Biblia antes que un depósito de verdades es una fuente inspiradora para la iniciativas humanas benéficas. Hay que ponerla detrás de la cabeza para iluminar la realidad, no delante de los ojos, tapando así la realidad.

El Estado brasilero es laico y pluralista. Acoge todas las religiones sin adherirse a ninguna. Según la constitución no es lícito que una determinada religión imponga a toda la nación sus puntos de vista. Una autoridad puede tener sus convicciones religiosas pero no es por ellas, sino por las leyes como debe gobernar. Existen cuatro evangelios, no solo uno. Y todos ellos conviven entre sí en la diversidad de las interpretaciones que dan del mensaje de Jesús. Es un ejemplo de la riqueza de la diversidad. El mismo Dios es la convivencia eterna de Tres Divinas Personas que por el amor forman un sólo Dios. La diversidad es fecunda.

Traducción de Mª José Gavito Milano

lunes, 26 de agosto de 2013

Gandhi y Marx.


Honorio Cadarso

Artículo inspirado en el debate sobre El perdón es liberación

En 1958 se publicó en Sur, Buenos Aires, una obra de Kishorelal Mashruwala con el título de Gandhi y Marx. El tema da para sabrosas reflexiones.

Gandhi suscribe los mismos razonamientos de Marx en el capítulo de la crítica del capitalismo.

La acumulación de la producción debida a la industrialización inglesa y al sistema capitalista no ha favorecido en nada al pueblo indio. La tierra es poseída cada vez más por grandes propietarios que viven en las ciudades, pagan impuestos al Gobierno y viven a expensas del trabajo de verdaderos esclavos. El pueblo se convierte paso a paso en un inmenso proletariado que no goza ni siquiera de las ventajas del antiguo régimen patriarcal y feudal, en el que el amo daba trabajo y comida y convivía en la aldea con su “familia” de hijos y criados.

Esta situación se da también en todos los países del Tercer Mundo, donde el colonialismo no ha superado la supremacía económica de los países ricos.

Viniendo al sector industrial o urbano, Gandhi declara en una entrevista a Camille Drevet: “la producción industrial, sin relación alguna con el consumo, es la responsables de las crisis mundiales y de las guerras. Sería necesario que producción y distribución fuesen reguladas simultáneamente, basándose en las necesidades del pueblo, y no en los beneficios…

Y sigue: “el mal procede del sistema capitalista en sí mismo. Las naciones occidentales deberían emplear sus talentos, que son reales, en fomentar el desarrollo a escala mundial de las industrias necesarias a cada país, en lugar de imponer sus productos al mundo entero. La concentración de la producción lleva al paro forzoso y a la miseria”.

Por supuesto, Gandhi niega rotundamente el derecho de propiedad. La propiedad, tomada como absoluto, es un robo, una violencia hecha a los demás. Nadie es, ni puede ser propietario de nada, solo Dios mismo. El hombre es solamente gerente o administrador en vistas al bien común.

El propietario actual se convierte así en simple gestor de la propiedad que posee hasta este momento: “Supongamos que mañana la India sea un país libre, todos los capitalistas tendrían ocasión de hacerse administradores legales. El Estado precisaría el monto de la comisión a la que tendrían derecho. Y sería proporcionado al beneficio prestado y al beneficio conseguido por la sociedad. Los hijos heredarían el derecho a la gestión, siempre que probaran su competencia y eficacia en este trabajo”

Y ¿qué decir de la lucha de clases? Ante la explotación del capitalista, Gandhi preconiza la desobediencia, la huelga, la negativa al trabajo: los campesinos se marcharán y dejarán sentado que la tierra es de los que la trabajan… El propietario no puede trabajarla por sí solo, por lo tanto se verá obligado a dar curso a una justa reivindicación.

Refiriéndose al sector industrial, Gandhi plantea primero la negociación y el diálogo, y si no hay resultados, la huelga, que no solo es justa, sino un deber de justicia, porque someterse a unas condiciones injustas es pactar con el mal. La no cooperación es el arma propia del obrero frente al capital.

Para aguantar una situación de huelga, se precisa que todo trabajador, todo ciudadano, sea capaz de recurrir al trabajo manual y artesanal con el cual conseguirá autoabastecerse y cubrir sus necesidades mínimas y sobrevivir a una situación prolongada de privación de ingresos. De ahí la importancia del recurso a la rueca, y a la cabra.

Hasta aquí, excepto en lo de la rueca y la cabra, todo son coincidencias. Pero las perspectivas a largo plazo cambian radicalmente entre marxismo y pensamiento-praxis gandhiana.

El movimiento obrero, el sindicalismo, son buenos. Pero no para traspasar el capital de las manos de unos a las de los otros, de una clase a otra, ni de una clase cualquiera al Estado. Sino para suprimir el sistema por la descentralización económica en la producción. Es la acumulación del capital lo que hay que tratar de impedir.

“Quiero decirles por qué el movimiento obrero capitula tan a menudo. En lugar de esterilizar el capital, intenta posesionarse del capital para convertirse a su vez en capitalista. Consecuencia, el capitalismo, cuidadosamente atrincherado y bien organizado, no tiene por qué inquietarse, encuentra en el movimiento obrero elementos que sostendrán su causa y estarán dispuestos a reemplazarlo”.

Hay una versión hermosa y profética del slogan marxista: “proletarios del mundo entero, uníos”. Mucho más concreta, mucho más realista y ajustada al mundo real, como que la proclama una vez que sale desde las mismas entrañas del Tercer Mundo, desde la muchedumbre de parias de la tierra: “Los deberes para uno mismo, para la familia, para el país y para el mundo no son independientes unos de otros. No puede ser uno bueno para su nación perjudicándose a sí mismo y a su familia. Del mismo modo, TAMPOCO SE PUEDE SERVIR AL PAÍS PERJUDICANDO AL MUNDO. EN ULTIMO TERMINO HEMOS DE MORIR PARA QUE LA FAMILIA VIVA, Y LA FAMILIA DEBE MORIR PARA QUE VIVA LA NACIÓN, Y LA NACIÓN PARA QUE VIVA EL MUNDO.”

De hecho, Gandhi se planteó alcanzar la independencia de la India como una forma de despertar en todo el mundo sometido por los países ricos, en todo el Tercer Mundo: “Mi ambición es mucho más alta que la independencia. Por la liberación de la India, espero liberar a las llamadas razas débiles del mundo que están explotadas y aplastadas por Occidente. Si la India logra pertenecerse, todas las naciones querrán ser libres”.

Deliberadamente, Gandhi evita utilizar el término Estado, puesto que su objetivo es exactamente hacer desaparecer el Estado, y sin embargo incide en el término Nación, que se identifica con el de pueblo. Asimismo procura sustituir el término independencia, o completarlo, con el de interdependencia, recalcando que la humanidad entera está llamada a entablar a nivel planetario una relación de fraternidad, igualdad y libertad.

Hay un motor esencial en el impulso revolucionario no violento de Gandhi. Se trata de una religiosidad que ha cuajado desde lo más auténtico y verdadero del hinduismo, el islamismo, el contacto con la civilización occidental, y sobre todo el cristianismo, no los cristianos, sino el cristianismo, y como crema del cristianismo el Sermón de la Montaña de los evangelios.

Hay una idea de Dios quizá poco corriente: “La verdad es Dios. Antes decía yo: Dios es la verdad. Pero ocurre que hay hombres que niegan a Dios. Ocurre que su pasión misma por la verdad les lleva a negar a Dios, y, a su modo, tienen razón. Por eso digo ahora: la verdad es Dios. Nadie, ene efecto, puede decir “la verdad no existe” sin quitar a su decir toda verdad. Por eso prefiero decir: la verdad es Dios.

El hombre, para Gandhi, es la manifestación suprema de la vida, y también su responsable. El Absoluto es la vida, una vida que nos sobrepasa y nos envuelve. Una vida que no comprendemos y no es nuestra. Pero que es también nuestra propia vida y la vida de todos los seres que bullen a nuestro alrededor, el elefante y la hormiga, la serpiente y el hombre, el otro hombre.
Digamos, finalmente, que esta visión del hermoso final de la lucha que Gandhi se propone tiene los mismos perfiles que ese paraíso comunista que sueña Marx en el que desaparecerán las clases y desaparecerá el estado, o el que sueñan Proudhon y Bakunin. En el caso de Gandhi, este paraíso que se espera en la lejanía recibe a veces el nombre explícito de Reino de Dios.

Ese paraíso cuya llegada quedó aplazada para Gandhi cuando fue asesinado y derrotado en su enorme esfuerzo por lograr una sola India en la que conviviesen fraternalmente musulmanes, hindúes y cristianos, y una revolución social en la que desapareciese la propiedad privada.

Fuente: Atrio

viernes, 13 de julio de 2012

Entrevista con el teólogo Rubén Dri: “Jesús, el primer socialista de la historia”



Punto Final
El teólogo Rubén Dri, autor de El movimiento antimperial de Jesús y otros libros(1), nació en la provincia de Entre Ríos, Argentina, en 1929. Sus padres eran campesinos pobres, católicos y peronistas. Rubén se ordenó sacerdote salesiano siguiendo los deseos de su madre. Estudió teología en Turín, Italia. Hizo estudios de filosofía y ciencias sociales en Francia y México. En los años 60 comenzó a militar en las Fuerzas Armadas Peronistas y participó en la fundación del Movimiento de Sacerdotes para el Tercer Mundo.
En 1974 colgó los hábitos y pasa a la clandestinidad, luego de escapar en la norteña provincia del Chaco a un cerco que el ejército tendió a la guerrilla de las FAP: trabajó dos años en un frigorífico y tuvo que exiliarse en México después del golpe militar de 1976. Regresó a su país en 1984 y es profesor universitario e investigador. Estuvo recientemente en Venezuela donde fue entrevistado por el semanario Debate Socialista, publicación hermana de Punto Final.
“El Movimiento Sacerdotes para el Tercer Mundo -explica Rubén Dri- se caracterizó por su intento de recuperar las raíces liberadoras del cristianismo. Teníamos una inserción social y política muy fuerte. Esto nos llevó a identificarnos con los sectores populares cometiendo lo que podría denominarse ‘una traición de clase’. Traición a una estructura que perteneció siempre a la clase dominante. Nos habíamos pasado al bando de los dominados, de los pobres, de la clase obrera. Esto nos llevó a muchos enfrentamientos, tanto con los poderes políticos como militares, también con las estructuras eclesiásticas, porque todos estaban mancomunados”.

¿Leían literatura marxista y revolucionaria?

En el proceso de identificación con las luchas populares, es natural que uno recurra a Marx. En la medida que fuimos asumiendo compromisos políticos descubrimos a quienes podían alimentarnos en esa ruta. Necesariamente llegamos a Marx. Una puerta a Marx fue Hegel, es decir, la dialéctica. Es en el mundo de la dialéctica que comencé a entender a Marx. Pero la confluencia de cristianismo y marxismo, cuando se dan compromisos revolucionarios, es una confluencia natural. Los que temen un conflicto insondable entre marxismo y cristianismo son siempre dogmáticos, ya sea de derecha o de Izquierda.
LA RELIGION: ¿OPIO DEL PUEBLO?
¿De dónde proviene la afirmación de que marxismo y cristianismo son antagónicos?
Para la derecha y para la Iglesia, lo son. Pero el socialismo no empieza con Marx, tiene una historia de siglos y en el cristianismo hay raíces socialistas. De hecho, encontramos proyectos de sociedades socialistas 1.200 años antes de Cristo. Lo que conocemos con el nombre de Doce Tribus, era un proyecto de sociedad antimonárquica, los bienes se compartían, era una sociedad que podemos denominar socialista. El origen del pueblo hebreo está en los pactos intertribales y en un pacto central.
Uno de los grupos es el que escapa de Egipto, el de Moisés; después hay otros grupos, que se habían sublevado contra las monarquías reinantes. Todos habían sido oprimidos. Del grupo que viene de Egipto surge la propuesta de un pacto central para construir un nuevo tipo de sociedad. En ese nuevo tipo de sociedad se reflexiona que no puede ser monárquica, porque si Dios los había liberado de la monarquía, no podía querer otra sociedad monárquica sino una liberada. Entonces surge el pacto central, pactan todos los grupos que se constituyen ahora como tribus, entre sí y con Dios.
En ese pacto no se reconocen tributos, no se reconoce el ejército ni la monarquía, tampoco las deudas; es un tipo de sociedad socialista. Ese es el modelo de sociedad liberada que tenían en mente los profetas y es el modelo de sociedad que tiene en cuenta Jesús, por eso enfrenta a los sacerdotes, los escribas y al Imperio Romano. Dios está en el pueblo, Dios quiere la liberación.
De manera que cuando uno recupera desde el cristianismo estas raíces, naturalmente se encuentra con el marxismo. Pero no con un marxismo burocratizado, o dogmático, sino con un marxismo que enseña a hacer los análisis de clase, y por lo tanto, a saber desde dónde estamos actuando.
¿Y la frase de Marx de que la religión es el opio del pueblo?
Esa frase no hay que descontextualizarla: pertenece al trabajo de Marx Introducción a la crítica de la filosofía del derecho. Se publicó en los Anales Francoalemanes, que por lo demás fue el único número de ese periódico. Es un trabajo brillante. En lo literario, es uno de los trabajos más brillantes de Marx, tiene metáforas realmente impactantes. Marx considera en ese escrito que la religión es el mundo al revés, porque pone la realidad material como producto de Dios y de la religión; entonces sostiene que esa concepción es el opio del pueblo. En ese sentido tiene razón. No obstante, en el mismo trabajo Marx señala que la religión pone de manifiesto la opresión, porque es clamor del oprimido.
Ahora bien, a Marx hay que interpretarlo por su trabajo filosófico de fondo, como la epistemología de Las tesis sobre Feuerbach por ejemplo, o La ideología alemana, o Los Grundrisse que contienen los fundamentos de El Capital. En esos trabajos de ninguna manera se expresa que la religión sea el opio del pueblo, o ese no es un tema central de Marx. En todo caso es en el fetichismo cuando interpreta que la religión es el opio del pueblo. Está indicando que el fetichismo religioso es el opio del pueblo.
En los análisis que hacemos los cristianos comprometidos con las luchas del pueblo y que trabajamos con el marxismo, entendemos que este fetichismo que Marx analiza y denuncia, es el que también denunciaron los profetas cuando denunciaron a los que se arrodillaban para adorar una estatua. Ellos dicen lo mismo que Marx analiza en el fetichismo de las mercancías. Entonces, en la medida en que muera el dios-fetiche, se recuperará realmente el dios-vida, que es la vida del ser humano, que no termina en la materialidad, sino que trasciende.
El sentido de trascendencia es fundamental en el marxismo y en el ser humano. No queremos el socialismo simplemente para que la gente pueda comer y hartarse. Queremos un socialismo para que el ser humano se realice en todas las facetas de su vida, para que sea libre.

MATERIALISTA O IDEALISTA

También se dice que la religión es puramente idealista y que hay que basarse en el materialismo para enfrentar los problemas científicamente. ¿Qué opina?

La religión es una expresión cultural. De hecho es una creación, pero forma parte de las identidades populares. En este sentido la experiencia cubana debe servir mucho; yo creo que los cubanos están de vuelta en cuanto a esto. Aquello de que para ser revolucionario hay que ser ateo, ha terminado y si no ha terminado, tiene que terminar. De lo que se trata es de dar instrumentos (y esto sí para mí es una preocupación central) a los cristianos para que su religión no sea un obstáculo para la lucha revolucionaria.
Esa debe ser la tarea principal. No se logra tratando que los creyentes se vuelvan ateos, sino haciendo que sus creencias sean un momento fundamental de su realización como sujeto, lo cual no es asunto individual, tiene que ser la realización de la sociedad.
En Latinoamérica proliferan las sectas religiosas norteamericanas. ¿Qué opinión tiene usted?
El imperio no ignora el poder de penetración de lo religioso. Hay que recordar que se afirmaba que el enemigo fundamental de EE.UU. en Latinoamérica era la Teología de la Liberación. Sabían que si el cristianismo latinoamericano tomaba conciencia de sus raíces liberadoras, la revolución sería incontenible.
No hay que confundirse, no se trata de una lucha para que el militante sea ateo, o creyente, sino que su ateísmo no lo encierre en el dogmatismo o que la creencia religiosa lo encierre en otro dogmatismo.
¿Cuáles son las corrientes que pugnan por el control de la Iglesia Católica?
La Iglesia Católica se ha conformado como una institución de poder. Es una construcción para la dominación y ha perdurado con distintas transformaciones. En nuestro tiempo cercano se produce un paréntesis de 1959 a 1979, dos décadas en las cuales hubo dos Papas que rompieron algo esta tradición: Juan XXIII y Pablo VI. Se dieron cuenta que la Iglesia perdía terreno y tenía que cambiar; producen una apertura que posibilitó la expresión y el crecimiento de movimientos de liberación al interior de la Iglesia.
Esto sólo duró dos décadas, que a su vez fueron de grandes luchas en el Tercer Mundo. Cuando muere Pablo VI eligen a Juan Pablo I, con el proyecto de cerrar ese periodo, pero ocurrió que no era el Papa adecuado sino que amenazaba continuar la apertura. El Papa Juan Pablo I pasa a la otra vida y eligen a Juan Pablo II, con quien comienza una nueva etapa de predominio absoluto de la derecha en la Iglesia.
En esta lucha de clases y de proyectos, comienza a triunfar el proyecto de la dominación junto con el triunfo del neoliberalismo. Una cosa no está separada de la otra, la victoria del neoliberalismo está signada por Margaret Thatcher, Ronald Reagan y Juan Pablo II.
En 1989 el Papa proclama en una encíclica a la economía de mercado como la solución de los problemas del Tercer Mundo, es decir, legitima al neoliberalismo. Esto sigue vigente.
JESUS Y EL SOCIALISMO DEL SIGLO XXI
¿Cómo ve usted el escenario político de Venezuela en relación con la Iglesia?
Cuando el presidente Chávez define el socialismo del siglo XXI incorporándole la ética cristiana y ve a Jesús de Nazaret como el primer socialista de la historia, se le produce un shock a la jerarquía eclesiástica, que tiene que luchar contra Chávez porque le está robando el símbolo fundamental que sirve de fundamento a la Iglesia: Jesús de Nazaret. Cristo ya no es interpretado por la Iglesia sino por un líder popular.
La Iglesia venezolana está por completo en contra del proyecto de la revolución bolivariana. Pero eso tiene que ser así, no debe extrañarnos. Sin embargo, no hay que confundir la jerarquía con el conjunto de la Iglesia Católica. Muchos curas que están en contacto con el pueblo, trabajan en el movimiento que respalda la revolución y se transforman en sujetos muy importantes para el movimiento popular. Yo ayudo a veces a algunos de estos curas, que hacen un trabajo formidable en Argentina. Me llaman precisamente para hacer este tipo de reflexiones, para ayudarlos a reflexionar con los grupos de base. También para entregarles instrumentos teóricos.
¿Cómo era la organización que fundó Cristo, cómo funcionaba?
Jesús prepara su movimiento en el seno del pueblo; en cuanto a su organización, podemos pensar en una ‘dirección’, en que estaban Jesús y algunos pocos. En los datos evangélicos se cita a Pedro, Santiago y Juan, a veces también a Andrés, y ahí debería estar Magdalena, seguramente, cosa que no dicen los textos que se escriben varias décadas después. Existe, por lo tanto, una especie de mesa grande de dirigentes: los apóstoles, que eran los que recorrían el territorio. Y después estaba la militancia de base en las aldeas, que era donde tenían que trabajar para construir la contrahegemonía cultural, y por supuesto una conciencia antiimperial.
Jesús también recorría el territorio, pero desde el principio fue perseguido, corría peligro de ser asesinado. Por lo tanto, tenía escondites, no podía entrar en las ciudades. La única ciudad en la que entró fue Jerusalén y allí lo mataron. Jesús andaba por las aldeas y sus alrededores, tenía también grupos clandestinos de apoyo, sobre todo en la parte sur de Palestina, llamada Judea, que era terreno enemigo. De eso tenemos noticias porque la entrada a Jerusalén y la toma del templo se prepararon en forma clandestina. El lenguaje en que se comunicaban era en clave, propio de la clandestinidad. La última cena la preparan de la misma manera.
CRISTIANISMO Y CAPITALISMO SON INCOMPATIBLES
¿Finalmente, es compatible el capitalismo con el cristianismo?
No, son absolutamente incompatibles, eso está muy claro. Jesús lo dijo: los ricos no pueden entrar al reino de Dios. Jesús no va a hablar de capitalismo, pero sí de aquellos que habían acumulado riqueza, los ricos, que son los que ocasionan la pobreza; ellos no pueden entrar en el reino de Dios, es decir, no pueden ser cristianos. En eso Chávez tiene toda la razón, más razón que todos los obispos”.
Y si le dijera que en Venezuela hay “empresarios socialistas”, ¿qué diría usted?
Es una contradicción en los términos: capitalista y socialista es contradictorio, capitalista y cristiano es contradictorio, es así. Ahora, que uno se llame cristiano siendo capitalista, bueno, no se le puede impedir. Pero, es contradictorio, no hay ninguna duda.
Nota
(1) Revolución burguesa y nueva racionalidad; Razón y libertad; Autoritarismo y democracia en la Biblia y en la Iglesia; La utopía de Jesús; Hegel y la lógica de la liberación.

Roberto Carlos Palacios es Director del semanario Debate Socialista, Venezuela.

viernes, 13 de abril de 2012

El Papa y la utilidad del Marxismo.


Por Frei Betto. (*)
Brasil.

El Papa Benedicto XVI tiene razón: el marxismo ya no responde a la realidad. Sí, ya no responde a la realidad el marxismo tal como tal como lo entienden muchos en la Iglesia Católica: una ideología ateísta que justificó los crímenes de Stalin y las atrocidades de la Revolución Cultural china. Pero aceptar que el marxismo según la óptica de Ratzinger es lo mismo que el marxismo según la óptica de Marx equivaldría a identificar el catolicismo con la Inquisición.

Hoy podría decirse también que el catolicismo no responde a la realidad. Porque ya no se justifica quemar en la hoguera a las mujeres que se tienen por brujas ni torturar a los sospechosos de herejía. Pero, por fortuna, no es posible identificar el catolicismo con la Inquisición, ni con la pedofilia de algunos curas y obispos.

Del mismo modo, no es posible confundir el marxismo con los marxistas que lo utilizaron para sembrar el miedo, el terror, y para sofocar la libertad religiosa. Hay que volver a Marx para saber lo que es el marxismo, del mismo modo que hay que regresar a los Evangelios y a Jesús para saber lo que es el cristianismo, y a Francisco de Asís para saber lo que es el catolicismo.

A lo largo de la historia, se han cometido los más horrendos crímenes en nombre de las más bellas palabras. En nombre de la democracia, los Estados Unidos se apoderaron de Puerto Rico y de la base cubana de Guantánamo. En nombre del progreso, algunos países de Europa Occidental colonizaron a los pueblos africanos y dejaron allí un rastro de miseria. En nombre de la libertad, la reina Victoria de Gran Bretaña libró en China las devastadoras Guerras del Opio. En nombre de la paz, la Casa Blanca cometió el acto terrorista más peligroso y genocida de la historia: el lanzamiento de bombas atómicas sobre las poblaciones de Hiroshima y Nagasaki. En nombre de la libertad, los Estados Unidos instituyeron en casi toda la América Latina dictaduras sangrientas a lo largo de tres décadas (1960-1980).

El marxismo es un método de análisis de la realidad. Resulta más útil que nunca para comprender la actual crisis del capitalismo. El capitalismo sí que ya no responde a la realidad, porque ha impulsado la desigualdad social más acentuada en el seno de la población mundial; se ha apoderado de las riquezas naturales de otros pueblos; ha desplegado su fase imperialista y monopolista; ha hecho que el centro del equilibrio mundial sean los arsenales nucleares; y ha difundido la ideología neoliberal, que reduce al ser humano a mero consumista sometido a los encantos de la mercancía.

Hoy el capitalismo es hegemónico en el mundo. Y de los 7 mil millones de habitantes del planeta, 4 mil millones viven por debajo del nivel de pobreza, y 1 200 millones padecen de hambre crónica. El capitalismo ha fracasado para las dos terceras partes de la humanidad que no tienen acceso a una vida digna. Allí donde el cristianismo y el marxismo hablan de solidaridad, el capitalismo introdujo la competencia; donde hablan de cooperación, introdujo la concurrencia; donde hablan de respeto a la soberanía de los pueblos, introdujo la globocolonización.

La religión no es un método de análisis de la realidad. El marxismo no es una religión. Quiéralo o no el Vaticano, la luz que proyecta la fe sobre la realidad siempre está mediada por una ideología. La ideología neoliberal, que identifica a la democracia con el capitalismo, impera hoy en la conciencia de muchos cristianos y les impide percibir que el capitalismo es intrínsecamente perverso. La Iglesia Católica se muestra muchas veces connivente con el capitalismo porque este la cubre de privilegios y le franquea una libertad que la pobreza les niega a millones de seres humanos.

Ya se ha probado que el capitalismo no le garantiza un futuro digno a la humanidad. Benedicto XVI lo admitió al afirmar que debemos buscar nuevos modelos. El marxismo, al analizar las contradicciones e insuficiencias del capitalismo, nos abre una puerta de esperanza a una sociedad que los católicos caracterizan, en la celebración eucarística, como aquella en la que todos compartirán "los bienes de la Tierra y los frutos del trabajo humano”. Marx le llamó a eso socialismo.

Reinhard Marx, el arzobispo católico de Munich, publicó en el año 2011 un libro titulado El Capital. Un alegato a favor de la humanidad. En la cubierta aparecen los mismos colores y la misma tipografía de la primera edición de El capital de Carlos Marx, publicado en Hamburgo en 1867.

"Marx no ha muerto y es necesario tomarlo en serio”, dijo el prelado al presentar su obra. "Hay que confrontarse con la obra de Carlos Marx, que nos ayuda a entender las teorías de la acumulación capitalista y el mercantilismo. Eso no significa dejarse atraer por las aberraciones y atrocidades cometidas en su nombre durante el siglo XX”.

El autor del nuevo El capital, nombrado cardenal por Benedicto XVI en noviembre de 2010, denomina "social-éticos” los principios que defiende en su libro, critica el capitalismo neoliberal, califica la especulación de "salvaje” y "pecado”, y aboga por un rediseño de la economía según las normas éticas de un nuevo orden económico y político.

"Las reglas del juego deben ser de orden ético. En ese sentido, la doctrina social de la Iglesia es crítica del capitalismo”, afirma el arzobispo.

El libro se inicia con una carta de Reinhard Marx a Carlos Marx, fallecido en 1883, a quien llama "querido homónimo”. En ella, le ruega que reconozca ahora que se equivocó en lo que toca a la inexistencia de Dios. Ello sugiere, entre líneas, que el religioso admite que el autor del Manifiesto comunista es uno de los que, del otro lado de la vida, disfrutan de la visión beatífica de Dios.+ (PE)

(*) Frei Betto es escritor. Es autor, entre otros libros, de Un hombre llamado Jesús (Editorial Caminos, La Habana, 2009).www.freibetto.org/> twitter:@freibetto.

Traducción: Esther Pérez.
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Fuente: Ecupres

martes, 29 de noviembre de 2011

La “república amorosa” no puede existir en el capitalismo y la lucha de clases.


Pedro Echeverría V.
1. Una persona –o un grupo de ellas- puede ser bondadosa, solidaria, menos autoritaria o represiva; crear asilos de ancianos o dar limosnas para hacer descansar su conciencia; puede donar muchos millones de pesos (producto de la explotación) para construir hospitales y así no pagar sus impuestos;  pero hablar de un “república amorosa” en un mundo en el que los que tienen el poder económico, político e ideológico buscan conservarlo por cualquier medio, es indudablemente equivocado plantearlo en serio.
Pienso que de una simple frase de AMLO se ha hecho ya una consigna y se pretende construir un programa que pudiera caer en el ridículo, en la burla, tal como los fotomontajes que publicó La Jornada hace una semana. La lucha de clases no es un invento de Marx, es una realidad que no puede borrarse mientras exista el capitalismo, el racismo, la desigualdad, la riqueza en unos cuantos y la miseria en la mayoría.
2. No es lo mismo una familia feliz que cuando amanece tiene la sonrisa en los labios porque cuenta con un buen trabajo, con un magnífico ingreso, con buen desayuno y comida, así como una cómoda habitación y con hijos en la escuela; que el 80 por ciento de familias cuyos padres han perdido sus trabajos o que los tienen a cambio de un salario miserable con el compromiso de pagar renta, agua, luz. Aquellos son tan felices que hasta pueden repartir flores a bordo de su lujoso vehículo; pero los proletarios cuando despiertan con sobresaltos lo primero que viven es el coraje de no tener ni para desayunar y tener que salir a la calle para aventurar algún ingreso. ¿En dónde pueden encontrar estos desempleados o proletarios lo bello de la vida, la amabilidad de sus vecinos y demás seres humanos, cómo pueden reír y ser solidarios? La iglesia lleva siglos pregonando “en el desierto el amor”, pero la vida es real.
3. Marx escribió hace 160 años: “El trabajo produce maravillas para los ricos, pero produce desamparo para el trabajador. Produce palacios, pero también tugurios para los que trabajan. Produce belleza, pero también invalidez y deformación para el trabajador. Sustituye el trabajo por máquinas, pero obliga a una parte de los obreros a retornar a los trabajos de la barbarie y convierte a otros en máquinas. Produce espíritu, pero produce también estupidez y cretinismo para el trabajador”. En vez de afirmarse en su trabajo, se niega en él; no se siente feliz, sino desgraciado. Sólo se siente él mismo fuera del trabajo. Sólo cuando no trabaja recobra su personalidad. ¿Cómo se siente el trabajador cuando le pagan bien y le agrada lo que hace, cuando ve que todos trabajan, producen y viven con honradez y equidad? Esto me lleva a pensar que la “República amorosa” sólo podrá construirse después de una sociedad igualitaria.
4. Yo no se si J.J. Rousseau a mediados del siglo XVIII tenía la razón al decir que el hombre “natural” es feliz y es la sociedad de clases quien lo ha descompuesto o F. Nietzche a fines del XIX al señalar que el hombre de por sí es violento, iracundo, confrontador y es la sociedad quien lo ha domesticado para evitar que estalle ésta en mil pedazos. Pero lo que no puede negarse es que los seres humanos no son ni buenos ni malos, responden a una realidad, al poder que los explota, los saquea, los oprime y los mantiene en permanente terror ante el hambre que los amenaza. Parecen buenas gentes cuando tienen comida, vestido, habitación, libertad; pero su ira y su odio sale a relucir, crece en la medida en que se le niega todo. Es el motivo por el que la iglesia, con más de cinco siglos haciendo campañas por el amor y la solidaridad entre los seres humanos, ha fracasado rotundamente. Pero también miles de sectas que tienen el mismo discurso.
5. ¿O fue Javier Sicilia y los teólogos de la liberación los que influyeron entre los consejeros de AMLO? Para mí sería de mínima justicia que Salinas, Zedillo, Fox, Calderón y Cevallos estuvieran tras las rejas hasta pagar todas sus intervenciones políticas que han llevado a la profundización de la miseria y a más de 50 muertos en los últimos cinco años. Que todos los millonarios propietarios de grandes empresas y grandes políticos paguen fuertes impuestos y sean obligados a repartir aunque sea una parte de sus riquezas para crear empleos para que todos tengan trabajo e ingresos. Pero en una “República amorosa” no se puede obligar a nadie porque cada quien debe actuar a conciencia. ¿Cómo imaginarse que los poderosos empresarios reapartan la plusvalía entre sus obreros o los terratenientes repartan sus tierras entre los campesinos? Sicilia pudo clavarle un beso a Beltrones, pero no creo que AMLO haga lo mismo con Salinas, Calderón o Cevallos.
6. Puede desarrollarse la solidaridad, el apoyo mutuo, el respeto entre la clase oprimida; también entre los opresores pueden encornudarse; pero –como la historia ha enseñado- la lucha de clases determina todas las transformaciones sociales, es el motor de la historia. Recuerdo que muchos acasillados yucatecos de las haciendas henequeneras que en toda su vida vivieron en la miseria, me han dicho que “el patrón de la hacienda –cuyo palacio residencial con arquitectura afrancesada estaba en el Paseo Montejo de Mérida- era muy buena gente” porque cada año les regalaba cobertores y sus esposas traían un regalito para sus hijos. No se dieron cuenta nunca que esa miseria recibían era sólo para engañarlos haciéndoles creer que el patrón que los explotaba era amoroso. Pienso que el la campaña política actual esas frases son positivas porque ayudan a la bondad y la solidaridad, pero plantearlo en una programa sólo está para los clericales.
7. Pienso que el discurso de López Obrador no es o no debe ser por una “República del amor” sino por una República de justicia, de igualdad, de bienestar y respeto. Por una República donde se luche seriamente contra la corrupción, el enriquecimiento brutal .por un lado- y contra la explotación, la miseria y la opresión por otro. Pienso que no puede haber “borrón y cuenta nueva”, es decir que lo que pasó, pasó y no hay castigos porque sólo hay que ver para adelante. Explicar a la población la verdad, es decir, hacerle ver que sin justicia cada bandolero va a seguir actuando contra el pueblo, no es un discurso violento o de venganza sino un pensamiento justo para que las riquezas mal habidas se usen para la creación de empleos bien pagados. Jamás, en ningún momento –escribe Marx- dejar de inculcar entre los trabajadores la más clara conciencia del antagonismo hostil que existe entra las clases opresoras y oprimidas.

Fuente: ApiaVirtual
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