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jueves, 5 de diciembre de 2013

Francisco, ¿un papa socialista?


Redacción de Atrio, 04-Diciembre-2013

Un artículo de Laurence Desjoyaux,publicado en la revista La Vie el pasado viernes, 29 de Noviembre. En él se analiza la controversia surgida por el componente económico de la exhortación apostólica Evangelii Gaudium publicada el martes anterior.

Lo más interesante son los artículos de opinión que él cita y resume. No los hemos podido traducir todos, pero hemos conservado los vínculos al texto original.

También es interesante ver los comentarios en la revista cristiana La Vie, aunque estamos seguros que los de ATRIO no irán a la zaga.

“Esta vez, no hay duda: el papa Francisco es socialista” titula Rue 89 un artículo dedicado a la exhortación apostólica Evangelii Gaudium, el primer texto escrito por Francisco.

Para este sitio de Internet “desde el martes podemos decir con seguridad que el papa Francisco es ferozmente antiliberal e incluso… socialista”. Si bien toma nota de todas formas: “El papa Francisco aún no es un marxista, aunque dijo hace poco que los hombres eran esclavos y debían liberarse de las estructuras económicas y sociales que nos reducen a la esclavitud“.

Entre otros pasajes de la exhortación apostólica puestos de relieve por Rue 89 se encuentra lo siguiente: “Al igual que el mandamiento ’no matar’ plantea un límite claro por el valor de la vida humana, hoy debe decirse ‘no a una economía de la exclusión y la desigualdad social’. Tal economía mata”.
No al dinero que nos gobierna en lugar de servirnos

La revista The Atlantic de EE.UU. lleva el análisis más allá,ofreciendo una analogía entre el pensamiento del papa Francisco y el economista húngaro Karl Polanyi, crítico de la economía de mercado autorregulado. “Karl Polanyi es conocido por su libro La gran transformación, sobre todo por una idea explicada en este libro, que recuerda así Heather Horn: la distinción entre ‘una economía incrustada en las relaciones sociales’ y ‘las relaciones sociales incrustadas en el sistema económico’ “. Lo que el periodista resume en una frase: “La economía debe servir a la sociedad y no al revés”.

Para ella, es en esta línea que donde se inscribe el pensamiento del papa Francisco. “Cabe señalar que el papa Francisco, en la exhortación, no requiere una inversión completa de la economía, matiza ella. Él no habla de la revolución y, obviamente, no se trata de un discurso marxista sobre el sentido de la historia. Sin embargo, Francisco denuncia específicamente el dominio absoluto del mercado en los seres humanos. Él no denuncia la existencia del mercado, pero sí su dominio”.

Denunciando la primacía del mercado, el consumo y el dinero en las personas, el papa en realidad no se anda con rodeos: “Hoy en día, todo se decide en el juego entre la competitividad y la supervivencia del más apto, donde el fuerte se come al débil. (… ) Se considera al ser humano como un consumidor, que se puede utilizar y luego desechar. (… ) Una de las razones de esta situación radica en la relación que hemos establecido con el dinero, ya que aceptamos en silencio su dominio sobre nosotros y sobre nuestras sociedades. La crisis financiera que estamos viviendo nos hace olvidar que tiene su origen profunda crisis antropológica: ¡la negación de la primacía del ser humano! Creamos nuevos ídolos. La adoración del antiguo becerro de oro ( cf. Ex 32, 1-35 ) ha encontrado una versión nueva y despiadada en el fetichismo del dinero y la dictadura de la economía sin un rostro y una verdad verdaderamente humana. La crisis global que embiste las finanzas y la economía manifiesta sus propios desequilibrios y, sobre todo, la ausencia de una orientación antropológica al reducir el ser humano a una sola de sus necesidades: el consumo. (… ) No al dinero que gobierna en lugar de servir”. En otras palabras, la crisis financiera no es sólo la falta de regulación –decirlo no es realmente una novedad– sino sobre todo una falta de colocar a las personas en el centro de la actividad económica.

En cuanto a las soluciones para hacer frente a esta crisis, elAtlantic continúa el paralelismo entre Francisco y Karl Polanyi, “Polanyi propugnaba un socialismo democrático en el que los gobiernos de todo el mundo trabajaran juntos, dice Heather Horn.¿Y sabéis qué? Esto es muy parecido a lo que el papa ofrece también. Él no piensa que el problema puede ser resuelto por una caridad individual”.

En apoyo de sus palabras, cita el siguiente párrafo de la exhortación: “Debemos convencernos de que la caridad ‘es el principio, no sólo de las micro-relaciones: amigos, familia, grupos pequeños, sino también de las macro-relaciones: las relaciones sociales, políticas y económicas [aquí el papa cita la encíclica Caritas in veritate de Benedicto XVI, nota de la redacción](… ) Si realmente queremos lograr una economía mundial saludable, es necesario en esta fase histórica, una manera más eficaz la intervención, sin perjuicio de la soberanía de las naciones, a asegurar el bienestar económico de todos los países, no sólo unos pocos. “
¿Es el papa es un ignorante en economía?

Pero, ¿qué piensan los defensores del liberalismo de esta visión de un Francisco “socialista-polanyiesco”? “Por pura cortesía, yo diría que la comparación no es de las más inteligentes, sobre todo porque implica que aquellos que se alinean en favor de los pobres son de hecho los socialistas. Yo diría también que muchos cometen un error al creer que estas declaraciones indican una supuesta revolución en la Iglesia”, declara el economista liberalPhilippe Chalmin reacciona al sitio Atlantic y a Rue 89. Para él, la afirmaciones del papa constituyen un clásico del género, sin mayor alcance: “Yo diría que es en última instancia una parte de una postura bastante tradicional de la Iglesia contra las finanzas, pero que no es en mi opinión la más clara si nos fijamos en la doctrina social de la Iglesia. Estamos aquí en el campo de la exhortación, las implicaciones prácticas siguen siendo relativamente limitadas, dice. Y más adelante: “Algunos dicen que soy un terrible Liberal, pero creo sin duda rm el derecho del papa a hacer tales declaraciones, esas críticas requeriría una comprensión mucho más profunda de un fenómeno complejo”.

Es competente el papa en economía? Esta es la pregunta que los otros economistas liberales del del otro lado del Atlántico se esfuerzan para desmontar punto por punto, la crítica a la economía de mercado. Para el más virulento de ellos, Tim Worstall, colaborador de la revista de negocios Forbes, que también se presenta como “un buen católico, bien educado por los benedictinos”, el papa “no entiende el mundo en el que vivimos”. “Las desigualdades bajan en la medida que la gente accede a sociedades fundadas en la economía de mercado; la pobreza se redujo en los últimos 30 años a una tasa mayor de todo lo conocido anteriormente por la raza humana. Todo esto sucedió porque miles de millones de personas han sido excarceladas de los de las versiones más locas del colectivismo y fueron capaces de conseguir la mejor máquina para producir riqueza jamás creado, un cierto grado de libre mercado”.

En el mismo sentido, con menos condescendencia, Samuel Gregg de la National Review estima que los presupuestos en que el papa basa su crítica no se justifica. Para él, no hay ningún país en el mundo donde el mercado sea absolutamente autónomo, y las normas y reglamentos que se aplican al sistema de la economía ya son innumerables.
Reproducir el mensaje

¿Es válido un tal juicio de incompetencia? Michael Sin Winters, desde National Catholic Reporter recuerda: “El papa Francisco no es un economista, sino un pastor (… ) Se hace hincapié en el peligro para la fe del liberalismo y del neo-liberalismo de mercado. Estos sistemas económicos no sólo han fracasado en lograr el bien común, sino que también hacen a los hombres esclavos e impiden su cumplimiento precisamente porque no dejan lugar a Dios”.

Heidi Moore del diario The Guardian, más bien de izquierda, dice que “el papa Francisco entiende la economía mejor que la mayoría de los políticos”, y está “en la avanzadilla del movimientoOccupy Wall Street. “El punto crucial que el papa Francisco claramente ha identificado es que la desigualdad es el mayor desafío económico de nuestro tiempo, no sólo para los pobres sino para todo el mundo (… ). Las desigualdades de ingresos son un elemento clave en la recuperación económica. Este es también el problema que va a estar en el centro de las elecciones en Estados Unidos en 2014 [para el Senado y la Cámara de Representantes, ed]. ”

Para ella, ” la diatriba del papa sobre ’La exclusión económica y la desigualdad’ va a decepcionar a quienes se creen capitalistas liberales, pero haría bien en escuchar su mensaje. (… ) Es el momento de cambiar nuestro enfoque sobre el capitalismo. No es para deshacerse del capitalismo, o caer en detestación de dinero o beneficios, es buscar el beneficio de una manera ética y rechazar la premisa que la explotación es el corazón de lucro”.

Pascal-Emmanuel Gobry, empresario y católico francés que comenta sobre las noticias económicas va en la misma dirección. El que se describe a sí mismo como un liberal católico cree, al final de un análisis sobre la posición de la Iglesia y los católicos durante la crisis financiera, que “hay en la Iglesia un espacio para el discernimiento y la confrontación. Pero creo que, como católicos, estamos llamados a recibir el mensaje del papa en serio, humildemente, a dejarnos preguntar a nosotros mismos e integrar el mensaje mismo en nuestras formas de pensar, bajo la guía del Espíritu Santo”.
Queda por ver qué otra forma de capitalismo o qué otro modelo económico hay que inventar.

Fuente: ATRIO

domingo, 7 de julio de 2013

Panamá: Regresó el Obispo minero.


Por Pastor Durán Espino

El pasado mes de abril el Papa Francisco trasladó a Mons. Audilio Aguilar, Obispo de Colón y Guna Yala, a Veraguas, su tierra natal (es cañaceño). Monseñor Aguilar, oriundo de Cañazas y párroco de aquella Comunidad de Veraguas cuando se explotaba allí la mina “Santa Rosa”, conoció los daños a la salud y al ambiente provocados por la minera; pero fue muy conocida su actitud de benevolencia y complicidad con ese proyecto de muerte.

En 1997, cuando nos agitábamos en el Frente Nacional de Lucha por la Vida y Contra la Minería (FRENALVCOMI), tuvimos conocimiento de las calamidades que pasaban los moradores de Cañazas. Estudiantes internos del Primer Ciclo, padecían de vómitos, mareos, dolores de cabeza, etc. en horas de la mañana. Se sospechaba que era producto de sustancias tóxicas provenientes de la mina, ya que detrás del centro educativo había un vertedero de esas sustancias y las canchas de lixiviación quedaban a sólo 300 metros. Incluso, se detectaron casos de leucemia o cáncer en la sangre, probablemente, causado por la presencia de plomo y/u otras sustancias venenosas que proliferan en las minas de oro, cobre y plata, y que salen a flote del fondo de la tierra.

En aquella ocasión hubo que hacer mucha presión y denuncias públicas, para lograr que las autoridades de Salud accedieran a tomarles pruebas de sangre a los niños afectados. Las autoridades de Salud tampoco dieron fe de cuáles eran los niveles de contaminación de la sangre de los internos del Primer Ciclo, sino que simplemente, informaron que no había presencia excesiva de “mercurio” en la sangre, es decir, no dijeron qué otros contaminantes se habían encontrado.

En el año 2003, después de haberse cerrado la mina, la población de Cañazas continuó padeciendo una serie de enfermedades. Gracias a la solidaridad de la ONG alemana “DRITTE-WELT-KREIS PANAMÁ”, muestras de sangre de personas de Cañazas de Veraguas fueron enviadas al laboratorio “Medizinisches Labor”, de la ciudad de Bremen (Alemania). La respuesta fue contundente: “Achtung ¡Blei Belastung!”, es decir, “Atención ¡Demasiado plomo!”. El plomo es un metal pesado muy venenoso y su presencia en el ambiente es común, especialmente en las minas de oro y plata; afecta sensiblemente el sistema nervioso, la sangre y los músculos del cuerpo humano. Desconocemos cuál fue el destino final de aquellos enfermos.

En el 2005 Audilio Aguilar fue nombrado obispo de Colón y Guna Yala. ¿Coincidencia? Ese fue el año en que la ANAM inició una investigación administrativa, porque la empresa “Minera Panamá” había empezado los trabajos en la Costa Abajo de Colón y el norte de Coclé, para la explotación de la mina de Cerro Petaquilla, sin el estudio de impacto ambiental necesario y requerido por las leyes panameñas.

El 31 de diciembre de 2007, un grupo de Misioneros Claretianos fueron expulsados de la Diocésis de Colón, por mandato del Obispo Aguilar. Los Claretianos habían desarrollado durante 81 años un trabajo de acompañamiento a las comunidades campesinas de aquella área.

El “pecado” de los Claretianos para ser expulsados por el Obispo minero, fue solidarizarse con las comunidades campesinas en lucha contra esa mina de oro a cielo abierto, por las consecuencias medioambientales y sociales negativas que dicha explotación les traería. En contraste con esta actitud del Obispo minero, por aquellos años el entonces Obispo de Veraguas, Monseñor Oscar Brown, el 10 de febrero de 1998 en reunión sostenida con miembros del FRENALVCOMI, dijo entre otras cosas: “Cuenten con el apoyo de la Iglesia, ella está por la defensa de la vida y al lado de los más necesitados”. También dijo:“No somos enemigos del progreso ni del desarrollo que tiene como centro al ser humano”. Por su parte, el entonces Obispo de Azuero, Monseñor José Luís Lacunza, en carta enviada el 15 de julio de 1997 al entonces Ministro de Comercio e Industrias, Raúl Arango G., con relación al proyecto minero de Cerro Quema, en la Provincia de Los Santos, citó el caso de la Mina “Santa Rosa”, de Cañazas de Veraguas, diciendo lo siguiente: “La experiencia de la mina ‘Santa Rosa’ de Cañazas no deja buen sabor de boca en quienes conocen de cerca el proyecto”.

Hoy, que el Obispo minero ha sido trasladado a Veraguas (¿coincidencia?) campesinos latinos y originarios, obreros y profesionales de Veraguas se aprestan a reiniciar una lucha sin cuartel contra los depredadores proyectos mineros e hidroeléctricas en la tierra del indomable Cacique Hurakán. Démosles todo el apoyo necesario. ¡No al becerro de oro!
Otro artículo del mismo autor en 2010 en que se recuerdan las anteriores luchas contra este tipo de criminales explotaciones: Ngäbes, Bugles y Cerro Colorado

Fuente: ATRIO

viernes, 5 de julio de 2013

¿Qué pasa en Egipto?


Redacción de Atrio, 05-Julio-2013

Entre los diversos conflictos en ebollución destaca lo que está pasando en Egipto.Parece que tiene desconcertados a los mejores comentaristas y a los líderes mundiales, como Rajoy que ayer no sabía qué decir. Realmente ha sido un golpe de estado contra un gobierno nacido de las urnas. Y, sin embargo, las masas que se habían manifestado desde el día 30 de junio dicen que ellos han forzado la situación y agradecen al ejército que apoya su revolución. La cuestión es: ¿el gobierno de Morsi era el salido de las urnas o el teledirigido por los Hermanos Musulmanes, que sacaron muchos votos pero que traicionaron a sus mismos electores? Pera empezar el debate hemos escogido este comentario de Diego Mendoza enRebelión, que desde la izquierda acepta el golpe como proceso revolucionario. ¿Otras opiniones?


La tercera ola de la Revolución Egipcia derriba el gobierno de Mursi


Millones de personas en las calles de Egipto han provocado la caída de Mohamed Mursi un año después de que llegara al poder. Aunque ha sido la intervención del ejército la que ha precipitado la caída del gobierno, mucha gente gritaba: “No es un golpe de estado”.Aunque la maniobra de la cúpula militar pretende frenar el movimiento de masas y volver al orden preestablecido, los revolucionarios y revolucionarias egipcias han resaltado el carácter popular del derrocamiento de Mursi. “No se puede hablar de golpe de estado cuando millones de personas están en las calles y casi en huelga general”, decía la activista Gigi Ibrahim en Twitter poco después de la destitución del presidente.

Y es que durante estos días millones de personas han salido diariamente a la plaza Tahrir y a las calles de las principales ciudades egipcias pidiendo la dimisión de Mohamed Mursi y el gobierno de los Hermanos Musulmanes (HHMM). Otra vez la realidad terca del pueblo egipcio se ha negado a confirmar lo que suena tan a menudo en occidente: la inevitable derrota de la revolución en un país atrasado e islamizado. Pero la realidad es muy diferente. Mucha gente ya ha bautizado este nuevo movimiento de masas como la “tercera ola de la Revolución Egipcia”. Una nueva etapa no exenta de dificultades y contradicciones.

Desde que se inició el proceso revolucionario las máscaras han ido cayendo y las intenciones de los diferentes sectores se han ido explicitando. Primero fue la cúpula militar que, con la caída de Mubarak intentó manejar la transición demostrando su voluntad de que nada cambiara, atacando brutalmente las movilizaciones e intentando blindarse en la tutela del poder. Frente al riesgo de contrarrevolución, la victoria de Mursi en las elecciones presidenciales mostró básicamente la voluntad del pueblo egipcio de no volver atrás, teniendo en cuenta el contexto de masivas movilizaciones contra cómo se estaba llevando a cabo la transición en su conjunto y la traición de las demandas revolucionarias por parte de la cúpula de los HHMM. Aquel fortísimo malestar y la baja legitimidad del presidente no eran más que una bomba de relojería en una revolución que ni mucho menos se dio por finalizada con aquellas elecciones.

La cristalización de este malestar ha tomado forma en los últimos tiempos con la formación del movimiento Tamarod (Rebelión) que ha reunido más de 20 millones de firmas pidiendo la dimisión de Mursi y que convocó las protestas del pasado 30 de junio. La retirada del apoyo a Mursi por parte de la cúpula militar y el paso atrás que han hecho sus aliados salafistas por no cumplir con sus demandas particulares, han dejado solos a los dirigentes de los HHMM en un momento en que la estrategia de la ambigüedad frente a las movilizaciones de Tahir ya no tiene cabida y las mismas bases de los HHMM –formadas en buena medida por jóvenes de clase trabajadora que participaron desde un inicio en el proceso revolucionario– han ido perdiendo confianza en sus líderes y las tensiones internas solo han ido a más.

¿Qué viene ahora?

Pero la situación dentro de la oposición es muy complicada y la realidad es que la única demanda que compartían era la salida del gobierno de Mursi. Hace unos días el activista Hossam El Hamalawy decía: “No llevará mucho tiempo derrocar a los HHMM, lo que venga después es mi principal preocupación”. Su destitución ha sido sin duda una victoria para el pueblo, pero otra vez quienes pretenden llevar las riendas de la transición son aquellos que no quieren que nada cambie.

Por un lado el ejército jugará un papel clave. En los últimos días ha intentado ponerse al frente de la lucha contra Morsi, intentando ganarse el apoyo de las movilizaciones –una imagen muy gráfica es la de los helicópteros militares sobrevolando Tahrir con enormes banderas de Egipto–, pero sobre todo afianzando posiciones como garantes de la unidad nacional y el orden. De hecho ha sido la cúpula militar, con el general Abdul Fatah al-Sissi al frente, quien ha destituido oficialmente el presidente y ha nombrado al presidente del Tribunal Constitucional, Adly Masouri, como presidente transitorio, cumpliendo con su “deber de acudir a la llamada del pueblo”. Su peso económico y su estrecha dependencia del statu quo regional –recibe 1.300 millones de dólares anuales de los EEUU– sólo garantizan que la lucha por las demandas revolucionarias deberá continuar como ocurrió con el mariscal Tantawi tras la caída de Mubarak.

Pero el riesgo de la contrarrevolución también se ha ido consolidando con la presencia de los matones del antiguo régimen en las protestas. Estos han protagonizado durísimos enfrentamientos con los defensores de Mursi causando gran número de muertos. Las contradicciones derivadas de luchar conjuntamente con estos sectores ponen en peligro los sectores revolucionarios y los movimientos sociales que aún hoy tienen la tarea imprescindible de construir una alternativa real arraigada en el pueblo y la clase trabajadora. Mientras, se airea el discurso del miedo y se juega con el cansancio de la sociedad desde todos los sectores que trabajan para detener el proceso revolucionario.

La revolución como proceso en que la sociedad se empodera, lucha masivamente e irrumpe en la historia directamente como actor político presenta necesariamente muchas contradicciones, porque las mismas personas deben crear una nueva conciencia en base a la experiencia de lucha colectiva rompiendo las propias cadenas. Un dramático ejemplo de ello es que aún hoy en Tahrir, el centro del proceso revolucionario, se dan agresiones sexuales contra mujeres y situaciones de acoso –cerca de un centenar en los últimos días. Pero también tenemos claros ejemplos de empoderamiento, porque no sólo hemos vivido masivas manifestaciones de mujeres, sino que se ha creado la Operación Contra el Acoso y los Asaltos Sexuales para intervenir contra las agresiones, apoyar a las personas acosadas y denunciar a los agresores, a la vez que señalan que más allá del trasfondo de discriminación y sexismo que viven las mujeres egipcias, estos ataques son un arma política utilizada por grupos organizados con el objetivo de echar a las mujeres del espacio público y de la lucha política.

Las demandas de la revolución no han dejado de sonar desde el principio sintetizadas en el lema de “pan, libertad y justicia social”. Frente a la estrategia de la división sectaria y el miedo, el bando revolucionario no puede más que continuar construyendo la lucha en los barrios y centros de trabajo y consolidando unas demandas de clase que superen la estratagema del poder. Esta lucha no será fácil, pues las fuerzas armadas han recuperado mucha legitimidad social y, de entre todos los sectores implicados, el revolucionario es el más desestructurado y menos consolidado socialmente. Señalar al ejército como parte del problema es el primer paso, pero el verdadero reto será construir una alternativa revolucionaria que otorgue el poder real a las personas, una revolución que saque los jefes corruptos, acabe con los poderes económicos fácticos –incluyendo la cúpula militar– y ponga la riqueza en manos del pueblo.

Diego Mendoza es miembro de de En lluita / En lucha



Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

Fuente: ATRIO

jueves, 20 de junio de 2013

Papa Francisco, haznos soñar. Otra Iglesia es posible.


Redacción de Atrio

a ciudad de Asti (Piemonte) celebra todos los años un Festival cultural que dura una semana. Este Este año se trataba de conmemorar el “I have a dream” de Martin Lutero King en 1963. Para inaugurarlo, el 9 de junio, invitaronEnzo Bianchi, el abad de Bose (Italia), una comunidad monacal compuesta de hombres y mujeres, ecuménica (católicos, protestantes y ortodoxos), centrada en la oración, el estudio de las escrituras y la acogida. Rowan Williams, el antiguo arzobispo de Canterbury, se solía retirar allí una semana al año. Gracias a Jorge Gerbaldo podemos hoy ofrecer el texto en cstellano de su conferencia-sueño, que se publicó en La Stampa.

Desde hace casi cien días que escuchamos la expresión “papa Francisco”, una expresión que enciende una serenidad y a veces también una alegría en quien la pronuncia y en quien la escucha. Tengo un recuerdo claro que esto ya sucedía hace más de cincuenta años, cuando se evocaba a papa Juan (simplemente, sin especificar el número que lo seguía).

Debe reconocerse que en la iglesia católica “hay un cambio de aire”, “se respira algo nuevo”. Estas significativas palabras se escuchan de labios de obispos, presbíteros y simples fieles. Negar el cambio que se produjo sería no querer adherir a la nueva realidad que se configuró. Ahora bien, muchos temen que afirmar el cambio, la novedad de este pontificado, pueda coincidir con una crítica o incluso con una contraposición respecto al papa precedente, pero esto se debe a una “mitología” persistente frente al papado, al que se querría marcado por una absoluta continuidad. En verdad, la continuidad reguarda la fe profesada, pero los estilos, los modos de presidir y de ser pastor deben ser diversos, porque los dones del Señor son diversos entre sí, no sólo abundantes. Es tiempo de que los católicos comprendamos que el ministerio de Pedro asumido por los obispos de Roma es siempre el mismo en su contenido –confirmar en la fe a los hermanos y estar al servicio de la comunión entre las iglesias-, mientras que la forma de este ministerio, como mutó en los veinte siglos de historia de la Iglesia, así muta ahora; en efecto, deberá mutar si entre las iglesias se operará una convergencia ecuménica hacia una comunión visible.

Se produjo un cambio palpable que la Iglesia acogió con estupor por la novedad aportada por papa Francisco en el estilo de la vida cotidiana. Hubo un cambio en el modo de enseñar por parte del papa. Hubo una promesa de renovación del ejercicio del ministerio petrino, a través del inicio de una reforma de la curia romana, que en la vigilia de la renuncia de Benedicto XVI se encontraba en contradicción con el carácter evangélico que le es exigido en su estar al servicio del sucesor de Pedro.

Francisco no es un papa “teólogo”, es decir, ejercitado en la teología especulativa y doctrinal, ni es experto ni ejercitado en el arte exegético de la interpretación de las Sagradas Escrituras, pero si está ejercitado y tiene experiencia en el conocimiento y en la asunción de “los pensamientos y las actitudes que tuvo Cristo Jesús” (cf. Fil 2,5). Ello emerge de toda su persona y de su ministerio. Pero no debe pensarse que esto no revele su cualidad de teólogo: “teólogo porque ora” –según la definición de Evagrio Póntico-, teólogo porque conoce a Cristo en la escucha de las Escrituras y en su búsqueda sobre el rostro de los hombres, en las “periferias del mundo”, sobre las calles que están siempre abiertas por parte de quien inicia y abre caminos, en las regiones infernales en las que los hombres a veces caen y habitan…

No teniendo por lengua madre el italiano, su lenguaje es impreciso, a veces duro, a alguno puede también parecerle rudo, pero es un lenguaje del corazón, es el lenguaje del pastor que conoce sus ovejas, las ama y comparte la vida. Papa Francisco está “in medio ecclesiae”, no por arriba, sin exenciones ni inmunidades. Por esto nos autoriza a soñar, o mejor, a invocar que la Iglesia, que nosotros, cristianos, somos más conformes al Evangelio, a la vida humana vivida por Jesús, a la vida que Él nos ha dejado marcada por sus huellas para ir a Dios.

Por tanto, ¿qué expectativas suscita el ministerio petrino ejercitado por papa Francisco?
Ante todo, anunció “una Iglesia pobre y para los pobres”. Pero no sólo una iglesia que tiene en el corazón a los pobres, que “hace el bien” por y para ellos, sino que se hace pobre ella misma a imagen de su Señor, el cual “siendo rico se hizo pobre por nosotros” (cf. 2Cor 8,9), para ser solidario en todo con los hombres. La expresión “iglesia sierva y pobre”, forjada por el teólogo Yves Congar en los años 60 del siglo pasado y asumida por el Concilio Vaticano II, no tuvo en el post-concilio la atención que merecía. Y sin embargo, es el primer punto decisivo para la reforma de la Iglesia. Papa Francisco viene de una iglesia que ha elaborado “la necesidad de la opción preferencial por los pobres”, primeros destinatarios por derecho de la Palabra de Dios, y, por lo tanto, está habilitado para hacer retornar la Iglesia a la pobreza evangélica. Ningún tipo de pauperismo ideológico, no obstante, o la iglesia es pobre, o no es conforme a su Señor y entonces está en contradicción con la encarnación del Señor, con el Dios-hombre que es Jesucristo, el único Señor de todos.
Pero también tenemos necesidad de una Iglesia sinodal, en la que caminen juntos: papa, obispos, presbíteros, pueblo de Dios. El Vaticano II marco líneas que, desarrolladas después, dieron lugar a la llamada “eclesiología de comunión”; pero la verdadera comunión, ordenada, eficaz, requiere que el ministerio de quien preside sea ejercitado en una sinodalidad en la que todos son escuchados en aquello que les compete, todos son sujetos con derecho a tomar la palabra, todos son llamados a la unidad, a la comunión que puede ser donada por el Espíritu Santo que compagina la pluralidad en unidad. Es en esta sinodalidad donde las iglesias de las periferias podrán hacer sentir su voz en el centro, podrán confiar sus adquisiciones y sus testimonios a quien tiene el encargo del servicio de comunión entre las iglesias y de la confirmación de éstas en la unidad. En la sinodalidad podrán también abrirse caminos de subsidiariedad, tan necesaria para una unidad respetuosa de las diferencias, de los dones y de los carismas plurales que el Señor concede a la Iglesia.

En fin, mi esperanza personal es la de la unidad de todos los que confiesan a Jesucristo como Señor e Hijo de Dios, exégesis del Dios que nadie ha visto jamás ni puede ver sino en el más allá de esta vida terrena. El ecumenismo no debe ser una opción en la Iglesia, sino simplemente la condición para ser cristianos: ésta es la voluntad del Señor y, por tanto, el reconocimiento de quien es bautizado como miembro del único cuerpo de Cristo debe encontrar vías de manifestación concreta, y ser dinamismo de una comunión que “el amor”, que “es la verdad primera”, debe confirmar.

Sí, vienen tiempos en los que “la Palabra de Dios no es rara” (cf. 1Sam 3,1), en los que “reina la paz en la Iglesia” (cf. Hech 9,31), tiempos en los que se busca la comunión al interno de la Iglesia y la solidaridad con todos los hombres. La Iglesia salga de sí misma, sea “extravertida” porque mira no a sí misma sino a su Señor y a los rostros del Señor en la historia: los hombres y las mujeres, y entre ellos los últimos, sobre todo los pobres.

Fuente: Atrio

martes, 21 de mayo de 2013

Bergoglio a secas.


Redacción de Atrio, 18-Mayo-2013


Víctor M. Fernández, es un sacerdote argentino, rector de la Universidad Católica Argentina, recientemente nombrado Arzobispo, que tal vez sea el teólogo y gestor en el que más confía el papa Francisco. Seguramente está llamado a ser en el futuro una persona importante en el gobierno de la Iglesia universal. Por eso resulta especialmente significativo este artículo en el que habla sobre el Bergoglio bien conocido por él, con sorprendentes revelaciones sobre sus relaciones con la curia y con el episcopado argentino. Agradecemos este desconocido artículo al amigo argentino Jorge Gerbaldo, quien nos remite a La Voz para conocer más sobre Fernández, a quienes casi todos llaman Tucho. ¡Gracias, armigos argentinos, que nos proporcionáis este fin de semana buenos elementos para la reflexión! Como a vosotros, no nos importa la iglesia, sunque tengamos que volver sobre ellas, sino el pueblo


Estos días escribí varias cosas por pe­dido insistente de periodistas y me parecía que esas notas debían ayu­dar al pueblo de Dios a valorar con esperanza la figura del nuevo papa. Ahora, pensando más en los agen­tes pastorales, me gustaría entrar en otras consideraciones. No obstante, anticipo que no lo voy a hacer desde una perspectiva crítica, pero sí desde el corazón y al mismo tiempo desde convicciones bien personales.

Novedades que puede aportar Bergoglio como Papa

Prefiero decir “Bergoglio” como él si empre se presentaba a sí mismo, pero lo hago para destacar cosas que tienen que ver con característi­cas que él tuvo siempre. Porque sin duda, en esta nueva misión Dios re­cogerá providencialmente esa histo­ria personal.
Profundo sentido popular

La palabra “pueblo” es una de las que Bergoglio usa con brillo en los ojos. Valora al pueblo como sujeto colectivo, que debería estar en el centro de las preocupaciones de la Iglesia y de cualquier poder. No es poca cosa decir esto, cuando en algunos sectores de la sociedad y de la Iglesia el pueblo es considerado sólo como una masa llena de de­fectos que deben ser saneados por la acción educativa de los “sabios y prudentes”. No podemos igno­rar que, como obispo, siempre les insistía a los curas no sólo que fue­ran misericordiosos, sino también que supieran adaptarse a la gente, que no sostuvieran ni una moral ni unas prácticas eclesiales rígidas, que no complicaran la vida de la gente con normas bajadas autori­tariamente desde arriba. “Nosotros estamos para dar al pueblo lo que el pueblo necesita”, es una convic­ción que expresó insistentemente. Estoy convencido de que esto no es un populismo oportunista (aun­que pueden llamar lo como quieran), sino la seguridad de que el Espíritu Santo actúa en el pueblo, y lo hace con esquemas y categorías muchas veces intragables para los sectores i lustrados o acomodados, que en su incomprensión suelen demostrar el mismo autoritarismo irracional que ellos critican.
Constante y sentida valoración de la piedad popular

La mayor parte del pueblo argentino manifiesta su fe en el modo propio de la “religiosidad popular”, que no siempre coincide con las propuestas de la jerarquía eclesiástica, y que con un di­namismo original crea sus formas propias de expresión. Bergoglio hizo suya esta valoración positiva de la fe popular, entendida como re­sultado de la libre y misteriosa acción del Es­píritu. Cuando estábamos en Aparecida, una noche me dijo que lo que más le interesaba era que el documento conclusivo plasmara de un modo más contundente esa valoración. Me pidió un texto breve pero bien orientado en esa línea. Después me indicó algunos ajustes y me guió para completarlo y enriquecerlo. En Buenos Aires mostró de muchas maneras esta convicción, remarcando que los agentes pas­torales están al servicio de esa vida que corre por las entrañas del pueblo, que nadie es due­ño de ese dinamismo y que más que aplicar le críticas y límites hay que acompañarlo y ofre­cerle cauces.
Opción por los pobres

Su preferencia por los pobres es de toda la vida. Siendo arzobispo la orientó dando un especial apoyo a los curas que viven en las vi­llas y barrios pobres. Pero es una opción que se entiende en el marco de los dos puntos anteriores. El pobre no es sólo objeto de un discurso, ni siquiera de una mera asistencia, y tampoco exclusivamente de una “promoción” que lo libere de sus males. La opción por los pobres es todo eso, pero más. Porque es pres­tarles atención, tratarlos como personas que piensan, tienen sus propios proyectos, e inclu­so el derecho de expresar la fe a su modo. Son sujetos, activos y creativos desde su propia cultura, no sólo objetos de un discurso, un pensamiento o una acción pastoral. De todos modos, nadie puede decir que él no haya planteado una crítica a las causas estructura­les de la pobreza. Lo hizo de distintas maneras y en muchas ocasiones.
Pobreza y austeridad personal

Su pobreza personal no es oportunista ni mediática. Todos saben que fue siempre así. Austero hasta el sacrificio. Porque hay que re­conocer que cuando uno tiene responsabilida­des importantes, trata de usar los medios que le permitan optimizar el aprovechamiento del tiempo. Pero Bergoglio es coherente con su sentida opción por una vida pobre. Nunca se sintió digno de hacerse servir y son conocidos sus gestos de servicio sencillo, evitando mostrarse como superior.
Sencillez evangélica

El gusto por la sencillez es otro aporte que puede llegar a descolocar las prácticas y cos­tumbres del Vaticano. Sencillo no sólo en la ropa y en e! lenguaje (lejos de discursos abs­tractos) sino en las costumbres, con lo cual parece difícil que pueda soportar por mucho tiempo los modismos palaciegos, algunos ritos y formalidades que él más bien detesta, porque no reflejan la simplicidad del Evangelio de Jesús.

Jerarquía de verdades y virtudes

Si bien Bergoglio no es estrictamente un pro­gresista, y siente un serio respeto por las en­señanzas tradicionales de la Iglesia y de los papas anteriores, tiene claro que hay algunas cosas más centrales y medulares (el amor, la justicia, la fraternidad…) y otras que no dejan de ser secundarias. Sin restar importancia a nada, entiende que en la predicación hay que mantener una sana proporción donde la insis­tencia en cosas importantes no debería opa­car el brillo de las más importantes, de aque­llas que más directamente reflejan al Jesús del Evangelio.

Empeño ecuménico y amistad con el Judaismo

Como arzobispo de Buenos Aires dedicó mu­cho, muchísimo tiempo a conversar con no católicos. Una vez más, quiero destacar que no se trata de una estrategia diplomática. No es frecuente que alguien que esté lleno de compromisos dedique a los “diferentes” tanto tiempo de calidad a encuentros tan gratuitos. El año pasado se pasó varios días encerrado con un grupo de pastores, compartiendo con ellos un retiro. También se mezcló con la gen­te en el encuentro de grupos pentecostales (CRECES) del Luna Park. Recuerdo además, por mencionar algo bien conocido, sus prolonga­das conversaciones con el rabino Skorka y el gusto con que le confirió el doctorado honoris causa en la UCA a pesar de las críti­cas que esto le ocasionaba. Si éste no es un rostro abierto y dialogante de la Iglesia…

Cuestiones eclesiales oscuras

En los últimos años parece haberse desarrollado un estilo de Iglesia que no es el que Bergoglio promovería, porque él es un hombre del Concilio Vaticano I I. Hay que decir con toda claridad que abogó siempre por una Iglesia misionera y servidora, no cen­trada en sí misma sino al servicio de la gente. Bergoglio abraza a las vie­jas, besa a los pobres, visita a cual­quiera, atiende o llama a las perso­nas más sencillas, pierde tiempo con gente que no tiene poder alguno, muestra una Iglesia despojada y en salida. Se cansó de pedir a los curas que estuvieran disponibles para el pueblo, que se mantuvieran abier­tos a la escucha y al diálogo, que no fueran jueces implacables, que salie­ran a las periferias, que se ocuparan de los “descartables” de la sociedad. No siempre ha sido esa la opción de algunos hombres de Iglesia. Es más, pensando que Bergoglio ya estaba por jubilarse, e imaginándo­lo encerrado en al asilo sacerdotal, abundaban las intrigas para conso­lidar con su desaparición un poder que fueron amasando en los últimos años. Yo mismo estuve en reuniones donde algunos obispos argentinos, y algún representante importante de la Santa Sede (excluyo al actual Nuncio, que es un caballero) se so­lazaban sin pudor criticando a Ber­goglio. Le cuestionaban no ser más exigente con los fieles, no remarcar mejor la identidad sacerdotal, no predicar demasiado sobre cuestio­nes de moral sexual, etcétera. Hace pocos días, antes de la elección del papa Francisco, estuve en un acto donde algunos de ellos —sin imagi­nar lo que iba a pasar— transpiraban aires de inminente victoria. Había allí otro ideal de Iglesia, poderosa, triunfante, jueza del mundo.

La concentración del poder en al­gunos sectores de la Iglesia, y la imposibilidad de resolver todos los problemas con semejante centrali­zación romana, ha dado lugar a una prepotencia que muchos obispos argentinos cuentan haber sufrido en carne propia en algunas visitas a la Santa Sede (excluyen el trato amable y respetuoso del entonces Cardenal Ratzinger).

Una triste experiencia personal Cuando, después de un tiempo de “prueba” que acordamos, el car­denal Bergoglio envió el pedido a Roma para que yo jurara formal­mente como rector de la Univer­sidad Católica, descubrimos que desde Argentina habían enviado algunos artículos míos porque los consideraban poco ortodoxos. Para mostrar lo burdo del asunto, destaco que uno de estos escritos era una brevísima nota periodística que yo había publicado muchos años atrás, por pedido de mi obispo, en un diario de Río Cuarto. En esa nota completamente ortodoxa, yo decía en pocas palabras que la Iglesia no condena a los individuos, pero SÍ opone al matrimonio homosexual porque quiere sostener una deter­minada concepción del matrimonio. Aunque esa nota podría haber sido escrita por San Josemaría, me obje­taban que allí yo no ofrecía todos los argumentos filosóficos que requiere un tratamiento completo contra el matrimonio homosexual. ¿Quién, entonces, podría atreverse a escribir una nota periodística, un artículo de divulgación o intentar algún diálo­go con la cultura?

Por otra parte, llama la atención que esos escritos no habían sido cues­tionados anteriormente, ni para mi designación como profesor ordina­rio, ni como invitado a Aparecida, ni como decano de la facultad de Teo­logía, tres instancias que requerían una aprobación de la Santa Sede. ¿Qué extraños intereses había en la Universidad Católica que aparecían aquellos textos en ese momento (uno de ellos de veinte años atrás)? Ya antes de esta experiencia, siem­pre me preguntaba: ¿Puede ser que alguien sea cuestionado de manera anónima y que no tenga posibilidad alguna de hablar para defenderse? Para colmo de males, parecía impo­sible opinar diferente aun en asuntos de libre discusión teológica, porque todos los temas adquirían el peso de los dogmas de fe, dentro de un cuerpo doctrinal donde cada detalle parecía absolutamente intocable. En aquella ocasión yo tenía previsto un viaje a Roma, Tenía temor de que no me atendieran, pero el Cardenal mandó una carta a una Con­gregación vaticana rogando que me escucharan. Recibí un e-mail que me confirmaba una fecha y hora en que me iban a recibir. Viajé con una copia de la carta de Bergoglio en la mano. Pero ya estando allá, un día antes me avisaron que no me iban a recibir. Llamé al Cardenal, quien lamentó profundamente el episodio (mejor no reproduzco las palabras que dijo) y me pidió paternalmente que tuviera paciencia y no me deja­ra vencer. Me dijo que si yo bajaba los brazos estaría confirmando que esas metodologías antievangélicas podían lograr su cometido. Como objetivamente estas acusaciones no podían sostenerse, Bergoglio aguantaba aplicando uno de los principios de Juan Manuel de Rosas que él si empre cita: “el tiempo pre­valece sobre el espacio”.

El año pasado pedí nuevamente au­diencia a esa misma Congregación, que me la concedió. Cuando llegué allí me dijeron que no estaba regis­trado. Insistí y final mente me aten­dieron sólo unos pocos minutos. En noviembre pasado, me anticipé a pedir audiencia para abril de este año. No me respondieron. Insistí en diciembre para poder organizarme. Tampoco tuve respuesta. El 4 de febrero pedí al Nuncio que reitera­ra mi pedido, pero tampoco él tuvo respuesta. La semana pasada, des­pués de la elección de Francisco, el Nuncio volvió a insistir, e inmediata­mente obtuve la audiencia solicitada en la que espero hablar con abso­luta sinceridad. Debo decir que esa Congregación suele recibir a cual­quier sacerdote, e incluso a algunos que van sin haber pedido audiencia. Cualquiera que me conozca sabe que no soy un santo ni un mártir. Pero me parece que hasta la peor escoria humana merece un poco más de respeto. No juzgo las inten­ciones que pueda haber detrás de estos maltratos, pero sin duda indi­can un estilo que no es el de Bergo­glio, quien solía devolver un llamado o escribir un cariñoso saludo aun a la vieja más sencilla que le hiciera lle­gar alguna inquietud.

Sabemos que para avanzar en el estilo de Iglesia que quiere el papa Francisco hacen falta cambios y re­formas, al menos para que los pro­cedimientos sean más humanos y evangélicos. Además, considero que él puede hacerlo, aunque sea en parte, de un modo eficiente. Acos­tumbrado al poder y conociendo su astucia, creo que no será fácil enga­ñarlo. Desde un punto de vista bien teológico, sabemos que el hecho de que se haya presentado desde el primer momento, e insistentemen­te, como obispo de Roma, ya está indicando un modo de entender el ejercicio del papado. Es papa en cuanto es obispo de una porción del mundo, lo cual indica un ejercicio del poder marcadamente descentra­lizado, que respeta procedimientos, opciones, historias y culturas locales.

Expresiones características de Bergoglio

Para terminar, comparto con uste­des un breve análisis que publiqué en Clarín (17/03/2013) sobre algunas expresiones que Bergoglio ha usado con frecuencia:
“Autorreferencial”. Indica una Iglesia que se mira el ombligo, encerrada en intrigas, internas o necesidades mundanas, en lugar de abrirse, de entregarse con alegría y de servir humildemente.
“Reza por mí”. Lo dice siempre. Muestra la conciencia de sus límites, de que necesita la ayuda permanen­te de Dios y la oración de los demás. Por eso, apenas elegido, se inclinó ante el pueblo pidiendo su oración.
“Descartables”. Expresa con crudeza cómo la sociedad deja afuera a los que sobran, ya que no entran en la lógica de la producción y del consu­mo. Si no tienen belleza, dinero, po­der o juventud, son arrojados como basura al cesto del olvido.
“Humíllate”. Es lo que le dice a una persona que está haciendo mucho bien. Porque está convencido, por su formación jesuítica, de que la humil­dad es indispensable para que no se arruinen las mejores obras: “Humi­llate, para que el Señor pueda seguir haciendo grandes cosas”. Cuando le ofrecieron el papado respondió: “Soy un pecador, pero acepto”.
“Audacia”. La usa para dar aliento a los que se achican o se dejan ven­cer por los temores. Para él nunca está todo perdido. No se echa atrás por más que intenten voltearlo con calumnias y ataques. Está seguro de que al final el bien y la verdad siem­pre triunfan. Yo mismo pasé por situaciones en las que habría pre­ferido desaparecer, pero él me sos­tuvo con firmeza diciendo: “Ánimo. Levanta la cabeza y no dejes que te quiten tu dignidad”.
“Periferias existenciales”. Invita a los agentes pastorales a no quedarse encerrados y a llegar a las periferias allí donde nadie va: “Salgan de las cuevas, salgan de las sacristías.. Prefiero que los atropelle un auto; no que se queden encerrados”. Exhorta a salir de la comodidad personal o del círculo de personas agradables, para estar cerca de todos. Asi lo hacía Jesús, que dedicaba tiempo al ciego del camino, al leproso, a la mujer pecadora.
“Fervor apostólico”. Lo dice para motivar una entrega generosa desde el corazón. Porque entiende que nadie cambia el mundo haciendo cosas por obligación. Los que han dejado huellas en la tierra siempre han tenido un fuego de fervor inte­rior que los ha movilizado. Por eso critica la “mundanidad espiritual” de los que se aterran a prácticas exter­nas o a la apariencia religiosa, pero vacíos de la fuerza interna del Espíritu.
“Cultura del encuentro”. Procura fomentar todo lo que acerca, une, suma, conecta a las personas y a los grupos. Es un enamorado del bien común y de laamistad social.
“Cuidar la fragilidad del pueblo“. Lo pide a cualquiera que tenga alguna autoridad. Nadie tiene fuerza o po­der, para obtener beneficios o glorias mundanas, sino para cuidar a ia gente, para sostener y promover a los más débiles. “Cuidar” en general es una palabra que lo define, y que él encuentra plasmada en la figura de San José.
“Déjate misericordear“. Es uno de sus felices neologismos. Invita a las personas que se llenan de culpas y escrúpulos a dejarse perdonar y en­volverpor la ternura del Padre Dios. Como dice el jesuíta Ángel Rossi: “Los más frágiles encontraron en él siempre un padre, casi diría superan­do el límite de lo que puede ser pos i b l e, con una magnanimidad con la fragilidad humana que va a marcar el papado”.

No jodamos

Por favor, los que queremos estar con la gente no dejemos de reconocer los valores que encarna este papa Francisco. Hoy estos valores no son tan frecuentes. Dejémonos de joder. Podemos detenernos a encontrar el pelo en la leche y lo vamos a encon­trar. Pero en este mundo no existe la pureza absoluta y creo que estamos ante una oportunidad inmensa para volver a poner en el centro a Jesu­cristo y al pueblo que Dios ama. Las últimas declaraciones de Jalics, junto a la opinión de gente de iz­quierda con buena información, como Pérez Esquivel, Oliveira, Fer­nández Meijide, Navarro y otros, muestran que Bergoglio no cagó a nadie, no fue cómplice de la dicta­dura, no dejó de ayudar a ocultarse o a escapar a quienes se lo pidieran e intercedió por algunos en la medi­da en que podía, porque ni siquiera era obispo. Hace treinta años Pablo Tissera, un jesuíta progresista, me decía que en la dictadura Bergoglio había actuado según una convicción que tuvo siempre: “los curas tene­mos que mantenernos siempre lejos de los que tienen poder en el país, para no quedar pegados”.

Para Rossi “los pobres son los que mejor entenderán la designación de Francisco”. Cuánta gente sencilla lle­na de alegría uno se encuentra por la calle. Cuando se transmitió el acto de inicio del pontificado frente a la catedral, la plaza de mayo estaba desbordante de cristianismo popu­lar. Allí festejaban muchos villeros con banderas, murgas, bailes, imá­genes de la Virgen de Lujan en an­das… Perdámonos en el corazón del pueblo con confianza en el Espíritu y compartamos esa alegría.

Fuente: La revista online de editorial SAN PABLO: www.sanpablo.com.ar/rol/

[Esta es la referencia que consta en el documento PDF que nos llegó por Internet. Pero ATRIO no ha podido encontrar este documento en ese lugar]

Fuente: ATRIO