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miércoles, 11 de mayo de 2016

TPP, TTIP, TLC: Tratados vampiro.


…si salen a la luz pública, la gente sabrá cuanto le van a afectar. TLC imponen la supremacía de las transnacionales por encima de los derechos humanos y la soberanía de los pueblos


Por Isabel Díaz Medina

Un amplio debate sobre las consecuencias sociales y económicas de los mal denominados “tratados de libre comercio”, las estrategias geopolíticas que hay detrás de estos mecanismos que favorecen a las transnacionales, y cómo proyectar posibles articulaciones de los movimientos sociales regionales contra los acuerdos de “nueva generación”, se realizó el 27 de abril, en el Ex Congreso Nacional, en Santiago de Chile.

La Charla Pública “TPP y otros Tratados de Libre Comercio: ¿Integración o desintegración regional?”, en la que participaron representantes de organizaciones de Chile, Argentina, Uruguay, Brasil, Chile, y de la Unión Europea, fue organizada por la Fundación Rosa Luxemburgo, en alianza con el Instituto de Ciencias Alejandro Lipschutz (ICAL) y el Observatorio Latinoamericano de Conflictos Ambientales (OLCA).

En el panel expusieron los invitados internacionales Luciana Ghiotto, de ATTAC Argentina y de la Alianza Social Continental, Javier Couso, eurodiputado español por Izquierda Unida. Desde Chile, Lucía Sepúlveda, encargada del área de semillas y transgénicos de la Red de Acción en Plaguicidas RAP-Chile, y el asesor jurídico de la diputada comunista Karol Cariola, Yuri Vásquez.

Luego de la introducción a cargo de Gerhard Dilger, de la Fundación Rosa Luxemburgo, Lucía Sepúlveda expuso sobre los alcances del Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica, conocido como TPP (por sus siglas en inglés), firmado por Chile en febrero pasado, luego de cinco años de negociaciones secretas.

Sepúlveda aseguró que en el proceso de negociación, los únicos que tuvieron oportunidad de opinar fueron las grandes transnacionales, excluyendo a organizaciones sociales, de defensa del medio ambiente, pueblos originarios y sindicales, aunque el tratado impone importantes efectos sobre la políticas públicas en estos ámbitos.
El TPP afectará severamente a los pueblos originarios, pues también no fueron consultados, como dispone el Convenio 169 de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) suscrito por Chile.

“El TPP entierra la soberanía nacional”

La integrante de RAP-Chile afirmó que cualquier actividad o decisión del Estado contraria a los intereses de las transnacionales será objetada como obstáculo a la inversión, constituyéndose en una “interferencia pública” que será causa de sanción por paneles de arbitraje externos al país, que denominan erróneamente tribunales, pero no cumplen con el debido proceso”.

Sin embargo, -advirtió Lucía Sepúlveda- el Estado no puede demandar a una transnacional, como Barrick Gold por contaminar los territorios y afectar la vida de las comunidades. Un mecanismo unilateral y discriminatorio, que ha generado el reproche de los relatores de los derechos humanos a nivel internacional.

En este sentido, destacó que la demanda de los movimientos sociales por una nueva Constitución para Chile también se vería impactada de ratificarse el TPP. “Este tratado va a examinar toda la legislación interna de los países, incluyendo la posible nueva Constitución que esperamos impulsar”.

“TPP: un Truco Para Patentar”

La integrante de RAP-Chile señaló que hasta el 2013, el negociador de temas agrícolas del tratado por Estados Unidos fue Islam Siddiqui, ex lobbysta de Monsanto, quien se retiró tras asegurar en la redacción los intereses de la transnacional productora de híbridos, transgénicos y plaguicidas. El 2014, ante la presión social, la Presidenta Michelle Bachelet retiró el proyecto de Ley de Obtentores Vegetales, denominado “Ley Monsanto”, de la tramitación en el Senado.

“A través de información filtrada por WikiLeaks, constatamos que el TPP es un truco para patentar. El capítulo 18 referido a la propiedad intelectual, obliga a Chile a ratificar el Convenio UPOV 91”. Para Sepúlveda, reponer la Ley Monsanto, a través del TPP, tiene implicancias en la soberanía alimentaria y la biodiversidad.

Significa impedir el ejercicio del derecho ancestral al libre intercambio de semillas.

Las medidas previstas por este tratado significarán además el encarecimiento de los medicamentos. La Directora de la Organización Mundial de la Salud (OMS), Margaret Chan, alertó que el TPP bloquea el acceso a los medicamentos por su alto precio.

La plataforma Chile Mejor sin TPP

“¿Vamos a dejar que decidan por nosotros?” Es la pregunta que planteó Lucía Sepúlveda, para luego explicar el desarrollo de la campaña Chile Mejor sin TPP, donde actúa como vocera, iniciativa que intenta bloquear la ratificación en el Parlamento del acuerdo multilateral, promovido por Estados Unidos, y que involucra 11 países.
“Los legisladores están limitado a votar si o no para ratificar el TPP, por tanto no pueden introducir modificaciones. Con ello, el propio rol del Parlamento se desdibujaría porque las leyes que promulguen serán examinadas por las grandes corporaciones, y por cierto afectará directamente a los movimientos sociales que exigimos leyes justas”, afirmó Sepúlveda.

De ahí que los movimientos sociales por la semilla, la defensa del agua y ahora los territorios indígenas se hayan sumado a la plataforma.

Partido Comunista chileno aún no toma posición frente al TPP

Consultado por la posición del Partido Comunista (PC) frente al TPP, Yuri Vásquez, asesor jurídico de la diputada Karol Cariola, primero se excusó de no ser la persona indicada para referirse al tema porque no forma parte de la dirección, ni de la Comisión Política de la colectividad. Luego, el abogado argumentó que el PC es un partido marxista y por tanto requiere de evidencia científica para un pronunciamiento.

Legisladoras del PC com Camila Vallejo o Carol Kariola ha rechazado públicamente el TTP. Pero algunos de sus colegas no han manifestado claramente cual será su postura cuando se vote la ratificación del tratado en el Parlamento. Durante su presentación, Vásquez también discrepó de que los “tribunales arbitrales internacionales” operen por encima de la legislación y el poder judicial chileno.

Argentina, punto de inflexión

La activista argentina Luciana Ghiotto analizó los nuevos escenarios en la región, a partir del cambio en la política comercial de Argentina, junto con destacar los desafíos de instalar una nueva articulación continental contra los acuerdos de “nueva generación”.

“Del cambio de gobierno en Argentina, -que generó sorpresa a muchos, pues por primera vez la derecha asume el poder de manera democrática-, lo que más llama la atención es la crudeza con que el proyecto neoliberal se desplegó desde el primer momento”.

Según Ghiotto, Argentina se está transformando en el aliado estratégico de los Estados Unidos. Además, comienza a jugar otro rol en la región, que es contener el avance de China, y como freno al poder de los países miembros del ALBA (Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América).

La integrante de ATTAC Argentina explicó que existe un triple panorama en la región en relación a la política comercial de los países. “Uno es el despertar del Acuerdo de Asociación con la Unión Europea; el anuncio de negociaciones de un acuerdo bilateral entre Argentina y Estados Unidos, para lo cual Barack Obama y Mauricio Macri firmaron recientemente un acuerdo macro de comercio e inversiones; y por último el interés del gobierno argentino de adherir al TPP”.

El TPP tiene como uno de sus objetivos estratégicos, aislar y acorralar a la economía China, la segunda economía más poderosa del mundo. Se trata de una estratégica geopolítica para hacer frente a un mundo multipolar.

¿Fin del ciclo?

En los últimos 10 años, el ALBA ha estado en disputa con el proyecto hegemónico del capital de los países mas poderosos del mundo. Este proyecto contra hegemónico está en crisis, aseguró Ghiotto. “Se habla del fin del ciclo”, tras triunfos de la derecha en el escenario regional. Precisó que para los países de la Alianza del Pacifico no hay un fin de ciclo, Chile ha firmado más de 20 tratados de libre comercio.

Para la Doctora en Ciencias Sociales de Argentina, “el encuentro en Chile nos ha permitido recordar que no venimos de cero. Venimos de una lucha en contra el ALCA (Área de Libre Comercio de las Américas), en la que Chile fue muy importante, al igual que en la Alianza Social Continental, espacio de alternativa de los movimiento sociales, indígenas, sindicales, que entró en crisis en los últimos años”.

“Tenemos un desafío mayor como movimientos sociales frente a un escenario distinto, complejo, marcado por el cambio de política comercial de Argentina, en que el proyecto actual no se limita al miedo al poderío de Estados Unidos. El proyecto se presenta con mucha más crudeza, como por ejemplo la necesidad del capital de aumentar sus ganancias en sectores que no estaban mercantilizados.

Precisó que es posible aprovechar este escenario más crudo que nos muestra de manera más clara lo que tenemos al frente. “El desafío es poder discutir con más profundidad los temas, ir a la raíz de los tratados, pensar instancias de articulación regional, jornadas de discusión y de acción continental contra los TLC, contra el poder de las corporaciones. Tenemos que seguir organizándonos y decir que Chile en esta lucha no está solo”, concluyó la activista.

La democracia y los derechos sociales en juego en Europa

El eurodiputado español Javier Couso analizó los alcances de la Asociación Transatlántico de Libre Comercio e Inversiones (TTIP), en negociación entre Estados Unidos y la Unión Europea, y las resistencias a estos acuerdos en España, y otros países europeos. “El TTIP constituye el último clavo del ataúd de la democracia de la Unión Europea. Es un asalto al sector público, que todavía no habían podido tocar, debido a la estructura europea, que es muy diferente a como está construida en los Estados Unidos y en también en Chile, después de la dictadura cívico-militar”.

El diputado de Izquierda Unida advirtió que “tenemos que tener cuidado con la ‘neolengua’, no podemos llamarles tratados de libre comercio, porque son justamente lo contrario. Estos acuerdos atacan las normas de protección, impidiendo a los actores más pequeños tener un comercio libre, y entregan el poder a las grandes multinacionales por encima de los poderes emanados de la voluntad popular”.

Para Javier Couso, el comercio debe enmarcarse en un conjunto de reglas que impidan la concentración del poder o de la riqueza y la vulneración de los derechos humanos. “Los que impulsan estos tratados lo que pretenden es la desregulación total. El poder de los mercados para autoregularse está en la base de todo. Ellos no descansan, siempre están conspirando para lograr ese ideal de la gobernanza enmarcada en la globalización, que significa un ataque al Estado Nación, es decir a la soberanía nacional para decidir las normas que nos queremos dar democráticamente los pueblos”, planteó el eurodiptado.

UE: La sumisión a los Estados Unidos y el poderío de empresas transnacionales


“Los TLC en negociación están hechos a la medida de los intereses de las grandes empresas transnacionales, que responden al diseño estratégico de los Estados Unidos, que intenta sobreponerse a la competencia de las economías emergentes, China en el Pacífico, Rusia en Europa y Brasil en América Latina”. – Javier Couso


Couso planteó que “la Unión Europea es un proyecto de excepcionalidad neoliberal. Como dice nuestro candidato a la presidencia, Alberto Garzón, “somos países en vías al subdesarrollo”. A mayor Unión Europea menos Europa. “Cada vez, tenemos menos poder. Estamos en manos del diseño geopolítico de Estados Unidos”.

Según el invitado internacional, “los países han perdido la soberanía para dársela al hegemón, que es Estados Unidos. Esa es la trampa de la globalización. Con los países emergentes se rompe esa unipolaridad, que surge a partir de la guerra del Golfo y la caída del pacto socialista, por tanto tienen miedo a las contrapartes”.

“He escuchado una frase que aterra, del Presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker: “no puede haber decisiones democráticas contra los tratados europeos”.

La diversidad de impactos del TTIP

Según Couso, el TTIP también afectará a la seguridad alimentaria. “En Europa, funciona el principio de precaución, que consiste en demostrar que un producto no va ser nocivo para la población. En Estados Unidos, no opera. En Europa, se han prohibido 120 sustancias que se utilizan en cosmética, de los cuales en Estados Unidos impide su comercialización a solo 12”.

Al igual que otros tratados, con el TTIP se enfrenta al problema de la resolución de conflictos entre inversor y Estado. Los inversores tienen derecho a demandar a los gobiernos soberanos, es decir reclamar pérdidas de beneficios por decisiones sobre la política pública. Con ello, “amordazan a los Estados, a las sociedades, nos atan las manos para que no podamos defender a nuestras poblaciones”.

“El TTIP es un tratado vampiro y por eso lo quieren esconder, porque si sale a la luz pública la gente sabrá cuanto le va a afectar. El 95 por ciento de las decisiones fueron negociadas por los lobistas, que representan las grandes multinacionales”.

Nuevos tiempos para la lucha y la resistencia

Pese al panorama adverso, el eurodiputado se declaró optimista porque vislumbra otros tiempos, por lo menos en la periferia de Europa. “A partir del 15-M en España (movimiento de los indignados) se abrió una reflexión colectiva y espontánea de gente nueva que intentaba hacer política con una idea clara: recuperar la democracia secuestrada por los poderes financieros y multinacionales”.

“Por la movilización, pero sobre todo por lo nuevos proyectos de unidad popular con los cuales estamos recuperando las ciudades más importantes de España, pondremos en jaque a la Unión Europea, a este nuevo neoliberalismo que pretende esclavizarnos definitivamente”, acotó Javier Couso.

lunes, 14 de marzo de 2016

Réquiem por la globalización.



Germán Gorráiz López, analista
ligopolios
El fenómeno de la globalización económica ha conseguido que todos los elementos racionales de la economía estén inter-relacionados entre sí debido a la consolidación de los oligopolios, la convergencia tecnológica y los acuerdos tácitos corporativos, por lo que la irrupción de la crisis económica en la aldea global ha provocado la aparición de nuevos retos para gobiernos e instituciones sumidas en el desconcierto y en la incredulidad, retornando lenta pero inexorablemente a escenarios económicos desconocidos desde la II Guerra Mundial.

Así, la sustitución de la doctrina económica de Equilibrio presupuestario de los Estados por la del déficit endémico, (práctica que por mimetismo, adoptarán las economías domésticas y las empresas y organismos públicos y privados), ha contribuido a la desaparición de la cultura del ahorro, endeudamiento crónico y excesiva dependencia de la Financiación Exterior. Asimismo, la política suicida en la concesión de créditos e hipotecas de alto riesgo de las principales entidades bancarias mundiales que inmersos en la vorágine expansiva de la economía mundial del último decenio y en aras de optimizar su cuenta de resultados, habrían actuado obviando las más elementales normas de prudencia crediticia, convirtiéndose en meros brokers especulativos y descuidando las dotaciones a los Fondos de Provisión e Insolvencia.

Ello, unido a la falta de supervisión por parte de las autoridades monetarias de los índices de solvencia de las entidades bancarias, originó la crisis de las subprime de EE.UU., seguida de un goteo incesante de insolvencias bancarias, una severa contracción de los préstamos bancarios y una alarmante falta de liquidez monetaria y de confianza en las instituciones financieras. A ello se sumaría la instauración del consumismo compulsivo en los países desarrollados, favorecido por el bombardeo incesante de la publicidad, el uso irracional de las tarjetas de plástico, la concesión de créditos instantáneos con sangrantes intereses y la invasión de una marea de productos manufacturados de calidad dudosa y precios sin competencia, provenientes de los países emergentes, pues la obsesión paranoica de las multinacionales apátridas o corporaciones transnacionales, por maximizar los beneficios, (debido al apetito insaciable de sus accionistas, al exigir incrementos constantes en los dividendos), les habría inducido a endeudarse peligrosamente en aras del gigantismo, mediante OPAS hostiles e intensificando la política de deslocalización de empresas a países emergentes, en aras de reducir los costes de producción, (dado el enorme diferencial en salarios y la ausencia de derechos laborales de los trabajadores).

Sin embargo, la entrada en escenarios de recesión de países como Noruega, Canadá, Brasil, Rusia y Finlandia debido al desplome de las commodities y ciertos indicadores macroeconómicos recientes de países como China o EEUU han alertado del riesgo de que el estancamiento económico se adueñe de la economía mundial en el 2016 lo que aunado con la reciente subida de tipos de interés del dólar, hará que los inversionistas se distancien de los activos de renta variable y que los bajistas se alcen con el timón de la nave bursátil mundial, derivando en una psicosis vendedora que terminará por desencadenar el estallido de la actual burbuja bursátil. Dicha burbuja sería hija de la euforia de Wall Street (y por extrapolación del resto de bolsas mundiales) tras las políticas monetarias de los grandes bancos centrales mundiales que han inundado los mercados con centenares de miles de millones de dólares y euros con la esperanza de relanzar la economía, más aún cuando las colocaciones sin riesgo ( deuda de EEUU o de Alemania), no retribuyen nada a los inversionistas lo que aunado con un posible repunte del precio del crudo debido a factores geopolíticos desestabilizadores (Ucrania, Libia, Siria e Irak), podría producir un nuevo crash bursátil pues el nivel suelo de las Bolsas mundiales, (nivel en el que confluyen beneficios y multiplicadores mínimos), se movería en la horquilla de los 12.000-13.000 en Mercados Bursátiles como el Dow Jones, a años luz de los estratosféricos techos actuales, rememorando valores de octubre del 2008.

Dicho estallido provocará la consiguiente inanición financiera de las empresas y subsiguiente devaluación de sus monedas para incrementar sus exportaciones y tendrá como efectos benéficos el obligar a las compañías a redefinir estrategias, ajustar estructuras, restaurar sus finanzas y restablecer su crédito ante el mercado (como ocurrió en la crisis bursátil del 2000-2002) y como daños colaterales la ruina de millones de pequeños inversores todavía deslumbrados por las luces de la estratosfera, la inanición financiera de las empresas y el consecuente efecto dominó en la declaración de quiebras e incrementos de la tasa de paro hasta niveles desconocidos desde la época de la II Guerra mundial aunado con incrementos espectaculares del déficit Público y de la Deuda Externa.

El retorno al endemismo recurrente de la Guerra Fría entre EEUU-Rusia tras la crisis de Ucrania y la mutua imposición de sanciones entre UE-Japón-EEUU por un lado y Rusia por el otro, marcarían el inicio del ocaso de la economía global y del libre comercio, máxime al haberse demostrado inoperante la Ronda Doha (organismo que tenía como objetivo principal de liberalizar el comercio mundial por medio de una gran negociación entre los 153 países miembros de la Organización Mundial de Comercio (OMC) y haber fracasado en todos sus intentos desde su creación en el 2011. Así, no sería descartable la implementación por las economías del Primer Mundo de medidas proteccionistas frente a los países emergentes (Fomento del Consumo de Productos nacionales) en forma de ayudas para evitar la deslocalización de empresas, subvenciones a la industria agroalimentaria para la Instauración de la etiqueta BIO a todos sus productos manufacturados, Elevación de los Parámetros de calidad exigidos a los productos manufacturados del exterior y la imposición de medidas fitosanitarias adicionales a los productos de países emergentes, lo que obligará a China, México, Brasil e India a realizar costosísimas inversiones para reducir sus niveles de contaminación y mejorar los parámetros de calidad, dibujándose un escenario a cinco años en el que se pasaría de las guerras comerciales al proteccionismo económico, con la subsiguiente contracción del comercio mundial, posterior finiquito a la globalización económica y ulterior regreso a los compartimentos estancos en la economía mundial.

Finalmente, el cambio de patrones de consumo de los países emergentes aunado con inusuales sequías e inundaciones y la aplicación de restricciones a la exportación de los principales productores mundiales para asegurar su autoabastecimiento, conseguirá desabastecer los mercados mundiales de productos agrícolas básicos para la alimentación (trigo, maíz, mijo, sorgo y arroz), elevar sus precios hasta niveles estratosféricos y provocar una nueva crisis alimentaria mundial que irá “in crescendo” hasta alcanzar su cenit en el horizonte del 2.020 y afectará especialmente a las Antillas, América Central, México, Colombia, Venezuela, Egipto, Corea de Norte, India, China, Bangladesh y Sudeste Asiático, ensañándose con especial virulencia con el África Subsahariana y pudiendo pasar la población atrapada en la hambruna de los 1.000 millones actuales a los 2.000 millones estimados por los analistas.

jueves, 4 de febrero de 2016

“Los tratados de libre comercio quiebran la soberanía de los Estados”


Juan Hernández Zubizarreta

"En una entrevista para la CLATE explicó que los nuevos tratados de libre comercio (TLC) llevan a una “privatización de la justicia y del poder legislativo” y señaló que los sindicatos deben defender la primacía de los derechos humanos y de los convenios de la OIT sobre las normas de comercio e inversión."


ALERTA ANTE EL TISA Y EL TPP

Entrevista de Ignacio Rodríguez (CLATE) a Juan Hernández Zubizarreta

25 de enero de 2016

“Los tratados de libre comercio quiebran la soberanía de los Estados”. Así lo expresó el especialista en derecho internacional Juan Hernández Zubizarreta. [1] En una entrevista para la CLATE explicó que los nuevos tratados de libre comercio (TLC) llevan a una “privatización de la justicia y del poder legislativo” y señaló que los sindicatos deben defender la primacía de los derechos humanos y de los convenios de la OIT sobre las normas de comercio e inversión.

¿Se puede considerar a los TLC como una amenaza para los trabajadores?

Sin duda creo que sí. Incluso esto ya se ha hecho realidad en el caso del tratado del NAFTA entre EE.UU., México y Canadá. Allí los resultados y los impactos han sido demoledores para el pueblo de México, pero también para muchos sectores de la clase trabajadora en el área de la manufactura tanto en EE.UU. como en Canadá. La lógica de estos tratados es la acumulación a favor de las grandes corporaciones trasnacionales con complicidades de los gobiernos. Esto lo que provoca son daños muy fuertes en lo que hace a derechos sociales, ambientales y culturales de los pueblos.

Usted señala que se está creando una arquitectura jurídica internacional al servicio de las trasnacionales. ¿Cómo explica eso?

Yo lo suelo denominar “la arquitectura jurídica de la impunidad”. Con esto me refiero a una gran cadena de dominación que posee distintos eslabones , uno de ellos lo constituyen los tratados de comercio e inversiones. Otro eslabón hace referencia a las políticas del Fondo Monetario, del Banco Mundial y de los bancos regionales. Y otro eslabón está en la propia lógica privatizadora de la Organización Mundial del Comercio y de los tribunales arbitrales. Es decir, todos forman una cadena de dominación y conforman una arquitectura jurídica de la impunidad que funciona a través de normas en el ámbito global internacional que son coercitivas, imperativas y ejecutivas. Es decir, las normas de comercio e inversión son de obligado cumplimiento y quien no las cumple sufre el impacto del carácter ejecutivo de la norma: bloqueos, embargos, sanciones. Un ejemplo es lo que sucedió con la renegociación de la deuda argentina, donde un fondo buitre que no aceptó la negociación demandó al país en un tribunal de EE.UU., cuyo juez le dio la razón. Esto subraya el carácter imperativo de los tratados de comercio e inversión.

Los derechos humanos también forman parte del derecho internacional, ¿cómo conviven?

El derecho internacional de los derechos humanos, incluido los derechos laborales y los derechos medioambientales, es un derecho importante pero muy frágil. Hay una situación de desigualdad o asimetría en los ámbitos globales donde el conjunto de normas de comercio e inversiones van tomando más volumen cuantitativo y cualitativamente son muy imperativas. Mientras que las reglas de los derechos medioambientales y laborales van hacia abajo, no pueden competir. Si analizamos el tema de los derechos laborales en el seno de la OIT vemos cómo los convenios cada vez tienen menos fuerza, se van sustituyendo por declaraciones. Esto muestra la asimetría y la impunidad con la que en el ámbito internacional se intentan imponer las reglas de inversiones que operan a favor de las corporaciones. Es una arquitectura compleja, de numerosos eslabones, pero responde a esta lógica.

¿Por qué se habla de “tratados de nueva generación”?

Los tratados como el TPP, el TTIP, el TISA, el CETA quiebran la soberanía de los Estados en dos terrenos. Uno es muy conocido en América Latina, que es el de los tribunales arbitrales. En los hechos se trata de una privatización de la justicia, que quiebra uno de los eslabones centrales de los Estados de derecho, como es la autonomía y el control del poder judicial. El otro elemento, que es relativamente novedoso en los nuevos tratados, es lo que podríamos llamar la “privatización del poder legislativo”. Esto es un tema dramático, nunca antes vivido, que va unido a la idea de convergencia reguladora. Es decir, los intentos de equilibrar a la baja las legislaciones de los países que participan de los tratados, impactando en los derechos de la ciudadanía y de las mayorías sociales y favoreciendo a los poderes corporativos.

En el TPP se habla del denominado “principio de transparencia”. En concreto, esto significa que cualquier estado, antes de ejercer su derecho soberano de legislar sobre cuestiones de comercio e inversiones, debe consultarlo con los otros estados parte del tratado. Lo que se busca es que la legislación pase por un filtro de “expertos” en comercio e inversiones que lo que hacen es condicionar el desarrollo de políticas púbicas, sociales y medioambientales. Estos expertos no son neutrales, sino que con frecuencia están vinculados a los lobbies de las grandes corporaciones.

En el acuerdo entre EE.UU. y la U.E. (TTIP) se habla de un Consejo de Regulación. Es decir que en el propio tratado ya se prevé un organismo de carácter administrativo, que estaría formado por representantes de comercio de EE.UU. y representantes de comercio de la Comisión Europea, que van a actuar como filtro regulatorio. Es decir, van a hacer un análisis previo de carácter económico y jurídico sobre las decisiones soberanas de los parlamentos. Es un Consejo que va a tener secciones sectoriales, donde las corporaciones trasnacionales van a poder hacer una “co-escritura de la legislación”. Es decir que el lobby de la empresa trasnacional no solo va a presionar sino que va a coescribir legislación, que a su vez va a controlar lo que los parlamentos vayan a hacer. Esto es de una perversión tremenda, porque es privatizar los parlamentos.

¿Qué pasa cuando las normas de comercio e inversión entran en colisión con los tratados de derechos humanos?

Tengo la absoluta convicción de que prevalece el derecho internacional de derechos humanos. Así lo ha expresado el experto designado por el Consejo de Derechos Humanos de la ONU Alfred-Maurice de Zayas. Hay un tradición jurídica para la cual no hay ninguna duda de esto. Pero hay que tener en cuenta que el derecho internacional está absolutamente fragmentado y las corporaciones trasnacionales apuestan a ello, a separar las distintas especialidades del derechos internacional. De ese modo se espera que actúen como cuerpos jurídicos aislados, por un lado el comercio y la inversión y por el otro los derechos humanos, con el objetivo de dar primacía a lo primero. Pero tenemos apoyo jurídico de sobra para asegurar que la jerarquía jurídica es al revés. El sistema internacional de derechos humanos está por encima de los tratados de libre comercio. Lo garantiza el artículo 103 de la Carta de Naciones Unidas, el artículo 53 de la Convención de Tratados de Viena, el art 38 del Estatuto de la Corte Internacional de Justicia.

Pero además hay un apoyo social. Si usted pregunta a la población mundial si está de acuerdo con el acceso de todo ciudadano a los medicamentos o si considera que se deben priorizar los derechos de patentes, la respuesta es obvia. Está claro que hay un conjunto de bienes públicos tutelados por el derecho internacional de los derechos humanos que no puede estar sometido esté sometido al juego de las grandes corporaciones de acumular mucha riqueza en muy poco tiempo. Lo que sí resulta preocupante es que cuando se habla de derechos humanos, muchas veces se lo hace de manera retórica, olvidando que hay tratados de derechos humanos de obligado cumplimiento.

Sin embargo, usted señalaba el carácter coercitivo e imperativo de los tratados de libre comercio.

Lo que sucede es que hay una interpretación unilateral del principio de seguridad jurídica, principio que los juristas defendemos. Nos parece lógico que si una empresa realiza un acto de comercio o un acto de inversión se le garantice una cierta seguridad jurídica. Pero hay que tener en cuenta que la seguridad jurídica no solamente puede ser un principio de defensa del capital y de las inversiones. Hay otra seguridad jurídica que es la que emana de los tratados internacionales de derechos humanos. Lo que puede ocurrir es que a veces existan choques entre la seguridad jurídica de las inversiones y de los derechos humanos, sociales, medioambientales y culturales. Si se produce esta confrontación y este choque, a mi parecer, son los tribunales nacionales los que deben dirimir los conflictos, en pura aplicación del derecho internacional y que normalmente las constituciones contemplan.

Por eso hay que reinterpretar el concepto de seguridad jurídica a partir del sistema internacional de derechos humanos. No se puede tolerar la creación de tribunales arbitrales al servicio de las grandes corporaciones trasnacionales. ¿Por qué una trasnacional puede demandar a un Estado? Esto no es razonable. Hay que volver en la doctrina jurídica latinoamericana a la doctrina Calvo, que sea los tribunales internos los que tengan la capacidad de aplicar las normas y, en su caso, si es que hay que crear un tribunal internacional, que no sea un tribunal arbitral. Soy partidario de un tribunal internacional que proteja los derechos económicos y sociales, donde una trasnacional, si considera que han vulnerado y violentado sus inversiones y si cree que el poder judicial del país donde ha invertido no le defiende, que pueda acercarse este tribunal pero que no sea un tribunal privado. Que sea un tribunal de poder judicial que aplique del derecho de inversiones cruzado con el derecho internacional de derechos humanos.

¿Cuál cree que debe ser el rol de las organizaciones sindicales frente a los tratados de libre comercio?

El papel del movimiento sindical internacional me parece fundamental. Me parece que hay que recuperar ese espíritu de solidaridad internacional del movimiento obrero, que hay que reactivarlo más que nunca. Tal vez pienso más en los sindicatos europeos y españoles, que aunque tienen en sus documentos la idea de la internacionalización, creo que tienen que hacer un análisis en profundidad de cómo se pueden construir alianzas del movimiento sindical más firmes. No puede ocurrir que las grandes trasnacionales actúen a sus anchas.

Creo que es necesario que el movimiento sindical se abra a otros movimientos, como el ecologista o el movimiento de los derechos humanos, con los que tiene que converger. A veces se ven espacios estancos, que son contraproducentes porque son tiempos de sumar. Y el gran capital se está dotando de instrumentos políticos, jurídicos y económicos cada vez más fuertes, frente a lo que necesariamente tenemos que sumar impulsos.

A partir de ahí hay que trabajar con estas alianzas sobre cómo luchamos por un modelo de comercio e inversiones distinto. Porque no hay que reinventar demasiado. Yo soy partidario de volver a los textos como la Carta de La Habana, a esa organización internacional del comercio, no la OMC. Allí estaba claro que debía haber comercio pero subordinado a la sostenibilidad medioambiental, al empleo, a salarios justos, a capacidades retributivas claras, a trabajo estable, a un movimiento sindical fuerte, a negociación colectiva, a derecho de huelga, a hacer reales y prácticos los Convenios de la Organización Internacional del Trabajo. A mí me duele mucho que, mientras las normas de comercio e inversión son imperativas, coercitivas y ejecutivas, los convenios de la OIT que son centrales tienen una ejecutividad muy frágil. Si un país lo incumple, toda la arquitectura de control para lograr una sanción no ocurre. Todo lo contrario que en derecho de comercio, y esta es una asimetría sobre la cual el movimiento sindical debe intervenir con mucha fuerza.


Notas

[1] Juan Hernández Zubizarreta es Doctor en Derecho por la Universidad del País Vasco, miembro del Instituto de Estudios sobre Desarrollo y Cooperación Internacional e integrante del Observatorio de Multinacionales en América Latina (OMAL). Es autor de diversos libros y artículos sobre distintas cuestiones relacionadas con el rol de las empresas trasnacionales y actúa como colaborador del Tribunal Permanente de los Pueblos.

Fuente: OMAL

miércoles, 18 de septiembre de 2013

Colombia: El paro agrario y la lucha por la tierra.


Por Efraín Jaramillo Jaramillo*

18 de setiembre, 2013.- Se han hecho muchos análisis sobre el paro agrario, pero a mi juicio faltan los que más necesitan los campesinos, sobre todo los que no tienen tierra. La mayoría de ensayos sobre el paro agrario, han sido ideológicos o textos que buscan los responsables de la crisis del agro colombiano en los Tratados de Libre Comercio (TLC), el neoliberalismo, la globalización, que remplazaron a los culpables de antes, el imperialismo, la CIA y otros espantos. Lo que debería hacerse es volver la mirada atrás y hacer una historia política de los procesos que han conducido a este levantamiento general de los campesinos, que ya llevan un mes y que aunque amainado, no ha terminado.

Este paro llama la atención porque en determinadas zonas ha adquiridorasgos de insubordinación, comparables a aquellos protagonizados por la Asociación Nacional de Usuarios Campesinos (ANUC) a comienzos de los años 70 del siglo pasado, puesto que de este paro hacen parte también campesinos sin tierra, que tienen otras necesidades diferentes a que se solucionen problemas de infraestructura, se subsidien insumos para la producción agrícola, haya control deprecios a fertilizantes y entrada de productos subsidiados, eliminación del contrabando, ampliación de créditos; pero también a que se frene la firma de TLC con otros países, o aún que se suspendan los ya firmados, etc.

Pero también llama la atenciónel que estos campesinos sin tierra,las cenicientas,que estando entre el montón no son fácilmente visibles, ven como en las rondas de negociación del gobierno con los líderes campesinos,corren chorros de babas (las del vicepresidente Angelino Garzón han sido las más abundantes y sinuosas), sin que en ningún momento se mencioneque en el centro de la problemática agraria de Colombiaestá la concentración y acaparamiento de tierras. Este ruidoso silencio se presenta porque para el Estado es más barato repartir plata, sobre todo no azuza los demonios terratenientes, más en un país donde todas las violencias han tenido origen en la alta concentración de la tierra.

Un campechano análisis mostraría que todas las guerras internas que han agitado al país, parten de que hay gente que le quiere quitar la tierra a otra gente y esta a su vez se defiende para no dejársela quitar. Y en caso de que la haya perdido,estará esperando condiciones favorables para recuperarla y así sucesivamente…

Quizás esa historia debería recordarse para sacudirnos ese esquema interiorizado por la izquierda de encontrar culpables y no profundizar en las razones de las luchas por la tierra en Colombia, haciendo un seguimiento serio a los acontecimientos que las han originado.

Este texto no pretende hacer un registro de esas razones, sino de mostrar un aspecto de ellas que ha sido poco tratado en estos días.

Para abordar este tema nos vamos a remontar a la segunda mitad del siglo pasado, cuando se originó esa época horrenda, que en menos de 10 años cobró la vida a 300.000 campesinos. Independientemente de las causas que se le atribuyen a esta época llamada “la violencia”,el resultado final de ella fue el despojo de tierras de cerca de 400.000 familias campesinas y la ampliación o conformación de nuevos latifundios con base en ese despojo.

Esta violencia fue la respuesta de las oligarquías terratenientes a un anterior proceso de avance campesino en los años 30 y 40, donde muchas familias campesinas lograron hacerse a una considerable cantidad de tierrashacendatarias, en poder de una élite terrateniente. Ello había sido posible gracias a las reformas legales en favor de parceleros y arrendatarios introducidas por Alfonso López Pumarejo, primer presidente liberal después de varias décadas de hegemonía conservadora, partido muy ligado a los intereses de la iglesia y de los terratenientes.

A principios de los años setenta comienzan las movilizaciones campesinas, originando la más importante lucha por la tierra que se ha dado en Colombia. En esa ocasión se movilizan de nuevo los indígenas en defensa de los resguardos. Decimos “de nuevo”, porque en los años 20 y 30 ya habían dado grandes batallas para evitar que los terratenientes se apoderaran de las tierras de resguardo en el Departamento del Cauca, como había sucedido en el Departamento de Nariño, para ese entonces la región más indígena de Colombia. Esas luchas habían sido dirigidas con éxito por el terrajeropáez Manuel Quintín Lame.

La presencia de organizaciones de izquierda fue un factor decisivo en la evolución y ascenso del movimiento campesino, pues jugaron un papel positivo al sacar a los usuarios campesinos de la orientación reformista del gobierno de Lleras Restrepo y posibilitar así la dinamización de sus luchas y la formación política de sus dirigentes.

Pero después estas mismas organizaciones ayudaron a desmantelar lo que habían ayudado a construir. Al pretender que unas comunidades campesinas de incipiente organización y conciencia se convirtieran en un medio de su asalto al poder, lo que lograron fue desmontar la base reivindicativa de un movimiento social con grandes perspectivas. Hoy no se menciona esa historia para no incomodar o recibir los estigmas de aquellos amigos de entonces, que como dice Fernando Mires,malos de la cabeza interiorizaron “la tesis que popularizó Galeano, la de que siempre somos víctimas y nunca hechores”.

Una primera pregunta que nos hacemos, mirando el pasado reciente, es de si la violencia paramilitar que vino después y que se intensificó en la década de los 90, no es otra cosa que una nueva anexión violenta de tierras por parte de antiguos y nuevos terratenientes. Sea cierto o no este interrogante, el resultado es que con dineros provenientes del narcotráfico y utilizando la violencia, se llevó a cabo en menos de una década, una “contrarreforma agraria”que desalojó de sus tierras a más de tres millones de campesinos. Un estudio de la Contraloría General de la República revela que durante esos 10 años los narcotraficantes se apoderaron del 48% de las tierras más fértiles del país. Esto hace suponer que el desplazamiento forzoso de campesinos, indígenas y negros no es sólo un efecto colateral del conflicto armado, sino que obedece en parte a una estrategia macabra, asociada a los intereses de esos antiguos y nuevos latifundistas de volverle a quitar la tierra a los campesinos.

La segunda pregunta que nos hacemos es de si el paro agrario actual no llevará temprano o tarde a plantear la recuperación de la tierra por parte de los que la perdieron ayer, de los sin tierra, de los campesinos desposeídos por la violencia de losacaparadores de tierras. Eso llevaría a plantear un cambio de nombre a esta movilización, significando que no es sólo un paro agrario, sino un “paro campesino por la tierra” o para anudarlo con las luchas de ayer un “movimiento campesino por la tierra”.

Pero parece que la izquierda y los movimientos ambientalistas están más interesados en irse lanza en ristre contra el TLC, transgénicos, etc., que siendo demandas importantes, lejos están de ser suficientes para solucionar la crisis del campo colombiano. Puede que eso dé réditos políticos de cara a las elecciones, o recursos del ambientalismo internacional.Hay mucha astucia charlatana rondando esas toldas.Pero no se está abordando el problema fundamental del país, que es la extrema desigualdad en la tenencia de la tierra. Con el agravante de que la tierra en Colombia se ha convertido en la principal estrategia de acumulación y lavado de activos provenientes del tráfico de drogas y revivido en vastas regiones del país un sistema social “señorial-latifundista”, que se engalanacon caballos de paso fino colombiano, poncho, carriel, sombrero aguadeño o “vueltiao” y otras parafernalias, que acostumbran a lucir los notables y poderosos señores de esas regiones. Este sistema fundamenta su poder en la tenencia de grandes extensiones de tierra de alta productividad agrícola, donde “pasta apaciblemente” el ganado, mientras miles de familias campesinas se aglomeran a su alrededor a contemplar estos “vacíos rumiantes”.
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*Efraín Jaramillo Jaramillo es antropólogo colombiano, director del Colectivo de Trabajo Jenzerá, un grupo interdisciplinario e interétnico que se creó a finales del siglo pasado para luchar por los derechos de los embera katío, vulnerados por la empresa Urra S.A. El nombre Jenzerá, que en lengua embera significa hormiga fue dado a este colectivo por el desaparecido Kimy Pernía.
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Fuente: Servindi

martes, 30 de abril de 2013

Colombia: La paz del modelo y el congreso para la paz.


“La palabra sin acción es vacía, la acción sin la palabra es ciega, la palabra y la acción por fuera del espíritu de la comunidad, son la muerte” (Pensamiento Nasa). Esta es la frase que debería recoger lo sucedido en el Congreso para la Paz realizado la semana pasada en Bogotá.

Este texto recoge el principio del mandar obedeciendo, que debería orientar todo espacio de reflexión y debate colectivo. Principio de la diversidad de perspectivas y posiciones que deben ser respetadas y escuchadas para tejer desde abajo. En este sentido, el Congreso para la Paz, hijo del Congreso de los Pueblos, nacido en el espíritu de construir colectivamente un país de los pueblos sin dueños, debe evitar a toda costa, que solo unos y unas hablen por los diversos pueblos y procesos. En coherencia con esta principio y comprometidos con el Congreso por la Paz desde abajo, planteamos la siguiente lectura de la que tenemos absoluta convicción en camino a que la palabra y la acción de los pueblos en el espíritu de la comunidad no tengan dueños.

En los cuatro días del Congreso las mesas temáticas fueron los espacios más “fructíferos” en la construcción de una propuesta real de paz: las intervenciones giraban en torno a romper los paradigmas del modelo neoliberal en el que está sumergido el país; y desde el debate y la reflexión, los distintos pueblos que acudieron a este llamado, dialogaron y compartieron sus experiencias con la diversidad y las diferencias que a cada pueblo caracteriza. Las siete mesas planteadas fueron: Economía para la vida digna; Política para la vida digna; Caminos de vida, justicia y paz (modelo de justicia); Tierras, territorios y soberanías; Derechos de los pueblos para la vida digna; Cultura, identidad y ética de lo común; Internacional: integración solidaria de los pueblos

Sin embargo, quedó un sin sabor y un enorme vacío en las conclusiones de cada mesa. Inicialmente porque la estructura de los siete puntos invita a hacer el debate, pero NO a que este debate sea en sí mismo la invitación a acciones concretas y reales frente a la problemática de fondo: el modelo económico. Partiendo desde este punto, es imprescindible resaltar toda vez que sea necesario, los cinco puntos de la Minga de Resistencia Social y Comunitaria 1 realizada en el 2008, que a diferencia del Congreso para la Paz, plantea un accionar y un rechazo real frente al modelo de muerte que violenta la integridad de los pueblos y sus territorios:

1. Rechazamos los Tratados de Libre Comercio.

2. No más terror y guerra.

3. Derogación de toda la legislación de despojo.

4. Cumplimiento de Acuerdos y Convenios.

5. Creación de Mecanismos de Soberanía, Paz y Convivencia.

Se siente la necesidad de actuar: “accionar más que hablar”, reafirmaron las comunidades participantes del Congreso para la Paz, teniendo en cuenta la coyuntura actual de las negociaciones en La Habana y el proceso histórico que conlleva esto para el país. Pero sobre todo, frente al posible pos-conflicto, es decir, ¿cómo se preparan las distintas comunidades indígenas, afros, campesinas y demás sectores sociales a fines a un proceso de paz construido desde la base?, que evidentemente, contrasta con la “paz” que se gesta entre el gobierno y las FARC-EP (proceso al que pronto se le unirán las demás insurgencias), y que en el único punto en el que coinciden, es en la dejación de las armas, por parte de la insurgencia. Acuerdo que aunque no implica por ningún motivo la paz que anhelamos desde abajo, es un paso necesario para que nos podamos levantar a construir nuestra paz.

Nos parece también contradictorio que en el Congreso para la Paz, por un lado, se hable de construir la paz desde las comunidades y desde procesos que resisten la arremetida del aparato del modelo económico. Desde y con los pueblos movilizados de todas las regiones del país que se encontraron para compartir y tejer propuestas diversas. Desde la conciencia de la gente que en las mesas identificara las estrategias del gobierno para acallar las luchas. Además de la corrupción, la judicialización, la persecución del Estado a cualquier tipo de oposición, la imposición de leyes de invasión y despojo, la impunidad y la destrucción de la Madre Tierra. Y por otro lado, el Congreso para la Paz, habla de la participación de los sectores populares en las negociaciones realizadas en La Habana. Sentimos que no se puede mezclar el agua con el aceite, porque la guerra de estos actores armados continúa, la población sigue en medio del fuego cruzado, la lista de muertos y víctimas sigue en aumento y la sangre sigue corriendo en nuestros territorios.

Ni el Gobierno ni las FARC-EP hablan en nombre de la gente, por ende no hablan de la paz. Cada uno tiene sus intereses particulares, y estos intereses giran en torno a los “Tratados de Libre Comercio” y al capital extranjero. Un ejemplo claro de esto, es que la insurgencia se jacta de hablar de las Zonas de Reserva Campesina-ZRC en nombre de los campesinos. Pero una cosa son las ZRC planteadas por los campesinos, por las cuales han muerto y luchado toda la vida, y otra muy distinta, son las “ZRC” planteadas por las FARC, que en realidad son Zonas de Desarrollo Empresarial-ZDE. En un posible pos-conflicto, las ZRC pasarían a ser incorporadas a las ZDE de acuerdo a la Ley 160 (Articulo 82) 2. Esto implicaría el acceso del capital privado a las zonas baldías consideradas como Zonas de Reserva Campesina y que estos territorios sean blanco de la voracidad de un modelo agroindustrial, afianzado en el capitalismo extractivista comercial agrario y la proletarización del campesino.

Sabemos que la dejación de la armas no es por ningún motivo paz. La guerra sigue. Frente a todas las estrategias planteadas por el gobierno como el fuero penal militar, el plan de consolidación territorial, las locomotoras del desarrollo, la privatización de los recursos naturales y los servicios y la destrucción de la Madre Tierra. Los pueblos que buscamos y estamos en una construcción de la paz, debemos estar preparados para las consecuencias de estas negociaciones. El llamado pos-conflicto es inminente.

Los que luchamos por la libertad de nuestros territorios, por la soberanía alimentaria y en sí por nuestros derechos, todo en defensa de la Madre Tierra. Nos preparamos en caminar la palabra hacia un plan para la vida, un plan de vida, que por ningún motivo obedezca a intereses de burócratas, ya sean del gobierno, de las insurgencias que negocian o no en la Habana, o de cualquier otro que camine al ritmo del modelo económico, con las banderas de los TLC, del despojo y de la destrucción de la Madre Tierra. Por esta razón, desde el pueblo Nasa, se debe mandar obedeciendo a la máxima autoridad que es la comunidad por medio de la asamblea.

Así como la marcha por la paz se convirtió para las estructuras establecidas en un desfile de políticos y burócratas de todos los partidos y grupos insurgentes, mientras miles de personas marcharon por la construcción de paz desde abajo y duradera. Fue evidente que la “paz” que hablan ellos es una y la de los pueblos es otra. En el Congreso para la Paz sucedió algo similar con las paradójicas intervenciones de un comandante del ELN, a través de un video y con la intervención de las FARC-EP, a través de un comunicado, que manifestaban su apoyo a comunidades indígenas, afros, campesinos y sectores populares. Comunidades a las que ellos mismos dan muerte y siguen acabando en el territorio.

Los únicos con autoridad y los mayores conocedores de la paz son los pueblos que viven la guerra provocada por los grandes capitales económicos. Son estos primeros quienes deben caminar este pensamiento Nasa: “La palabra sin acción es vacía, la acción sin la palabra es ciega, la palabra y la acción por fuera del espíritu de la comunidad, son la muerte”.

Tejido de Comunicación ACIN

(1) ¿Qué palabra camina la Minga? Revista Deslinde

(2) Carlos Median Gallego. Zonas de Reserva Campesina (ZRC) vs Zonas de Desarrollo Empresarial (ZDE). (en linea) Ver aquí

miércoles, 20 de junio de 2012

Crisis en Europa, esperanza en América Latina.



por Editorial Redes Cristianas
Varios países Latinoamericanos han empezado un lento proceso de autodeterminación, principalmente Venezuela, Bolivia y Ecuador que,  con Cuba,  van formando una unidad que enfrenta a la opresión imperial.
Los gobiernos populares de estos tres países han sabido abortar los golpes de Estado organizados por Estados Unidos con el apoyo de las oligarquías nacionales y van haciendo progresar el bienestar social y el desarrollo económico. Las respectivas burguesías se encuentran desconcertadas, pues ni con el apoyo de Estados Unidos consiguen recuperar el poder.
Asimismo, otros países como Brasil (considerado uno de los Estados emergentes llamados los BRICS), también Argentina, Nicaragua, Paraguay, Uruguay y alguno más, se han unido al proyecto por la  soberanía nacional y latinoamericana.
Como fruto de este esfuerzo liberador, han ido surgiendo varias organizaciones regionales tales como el ALBA (con unos 10 países adscritos ya); además, se han constituido las estructuras de PETROCARIBE, Banco del Sur, Grupo de Río, UNASUR (donde se pretende integrar al Mercosur y ala Comunidad Andina). Todas ellas están potenciando, política y económicamente, a los países de América Latina para competir en plan de igualdad con la gran potencia el Norte, superar la deuda y los ajustes estructurales que les impone el FMI, así como frenar el saqueo de las empresas multinacionales.
Últimamente, con los promotores de la independencia de los Estados del continente, se ha creado la “Comunidad de Estados Latinoamericanos y del Caribe (CELAC) sin la participación de Estados Unidos ni de Canadá. Es evidente que instituciones latinoamericanas bajo el férreo control de Estados Unidos, comola OEAy los TLC, están llamadas a desaparecer.
Además, los gobiernos de Bolivia, Ecuador, Nicaragua y Venezuela han fundado un Consejo  Americano de Defensa y han abandonado el TIAR; pues éste organismo, junto con las bases militares, favorecen el dominio imperial.
Ahora que los países de Europa,  atrapados por la crisis económica,  están siendo “rescatados”,  tendrían mucho que aprender del caminar esperanzador de América Latina.