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sábado, 2 de febrero de 2019

¿La política del “poder” es lo que importa?


Una de las cosas más corruptas y escandalosas, que estamos viviendo y soportando, es el notable predominio que se palpa en quienes mandan (o aspiran a mandar), en el agitado y convulso mundo de la política. Y digo que estamos soportando hechos y situaciones corruptas y escandalosas, porque somos muchos los ciudadanos que estamos hartos de aguantar a políticos y gobernantes a los que se les nota demasiado que lo que buscan y quieren (a toda costa), no es resolver los problemas que tiene y sufre la gente, sino alcanzar ellos el poder para imponer sus ideas, intereses y aspiraciones a la población indefensa.

La situación es tan deplorable que, a cualquier persona medianamente culta se le ocurre sospechar que una importante mayoría de los aspirantes a gobernar, ni han pensado en toda su vida que, en el ejercicio del gobierno (de un país, de un pueblo, de una institución…), no es lo mismo el “poder” que la “autoridad”. Un gobernante puede tener un poder absoluto, que es lo que tienen los dictadores. Pero un dictador, precisamente porque es totalitario en el ejercicio de su poder absoluto, por eso mismo carece de la autoridad, que necesita para que los ciudadanos vean en él al gobernante que tiene las cualidades (la credibilidad, la honradez, la sinceridad, la honestidad) que son indispensables para que la ciudadanía vea, en las decisiones del gobernante, las convicciones y proyectos que buscan el bien de la población.

En el ejercicio de cualquier forma de gobernanza, siempre fundamental para que las cosas vayan bien, es enteramente necesario que la población vea, en sus gobernantes, no sólo el “poder” que establecen las leyes, sino además la “autoridad” que se basa en la calidad moral y la autenticidad fundada en el derecho. Poder y autoridad que generan el sentimiento de “seguridad” en los ciudadanos. La base del bienestar de un pueblo, de un país, de la sociedad en general.

El profesor Ennio Cortese, en su magistral estudio sobre “Le Grandi Linee della Storia Giuridica Medievale”, analiza la famosa carta que, en el año 494, el papa Gelasio envió al emperador Anastasio y donde el papa le decía al emperador: “existen dos instancias para regir el mundo: la autoridad sagrada de los pontífices y la potestad real” (“auctoritas pontificum et regalis potestas”). La “autoridad” es la superioridad moral; la “potestad” es el poder público de ejecución.

No es posible estudiar aquí la enorme documentación histórica que existe sobre este texto. Ni vamos a caer en la ingenuidad de presentar a todos los papas como modelos de “superioridad moral”. Lo que importa no es la veracidad histórica sino la enseñanza ética. Y es evidente que, desde este punto de vista, la ejemplaridad moral del gobernante, que, en el ejercicio de su cargo, sólo piensa y actúa buscando el mayor bien de quienes más lo necesitan, ahí está el punto capital que justifica las decisiones de gobierno y la ejecución de tales decisiones.

Por desgracia, la ausencia del necesario equilibrio de la “autoridad” y la “potestad”, en el gobierno de los pueblos y las instituciones, es lo que ha desquiciado la seguridad de los ciudadanos y el bienestar en la sociedad. El brutal desquiciamiento que estamos soportando, en el debido ejercicio de la política, es lo que ha generado el contaminado y maloliente clima de convivencia en que vivimos.

Es verdad que, desde el s. XVIII, Montesquieu puso los primeros fundamentos de la separación de poderes, en el ejercicio del Derecho y de la gestión política. Se pensó que tal separación devolvería la transparencia y la equidad, en el ámbito de la más estricta justicia, en el ejercicio de la autoridad y del poder.
Pero la pura verdad es que la experiencia nos está enseñando que, si los políticos (y gobernantes en general) no son personas honestas, que ejercen la autoridad en plena transparencia, la corrupción de unos y de otros les ofrece medios, posibilidades e instrumentos para tomar las más repugnantes y perversas decisiones, que terminan beneficiando a los de arriba y destrozando, cada vez más y más, a los más desprotegidos.

Por poner algún ejemplo, para terminar, ¿cómo se explica que, en los grupos políticos más religiosos, es donde más se ha ensañado la corrupción? ¿qué religión es ésa? Y, sobre todo, ¿cómo se explica tanta desvergüenza y tanta hipocresía? Estamos hablando de una política y de una religiosidad que tienen, sin duda, mucho “poder”, pero que carecen por completo de “autoridad” y “credibilidad”. Con gente así, ¿a dónde vamos?

sábado, 27 de mayo de 2017

Acoso escolar: el reflejo de una sociedad violenta.


Bullying, ciberacoso, sexting… Palabras para nombrar la violencia física, psicológica o verbal que se ejerce entre menores como castigo a la diferencia, abuso de poder y falta de respeto a la diversidad. Según un estudio, uno de cada diez alumnos de primaria y secundaria afirma ser víctima de acoso en España. Pero el acoso que se da dentro del aula es el reflejo de una sociedad violenta, sexista, racista y homófoba. Por ello no se puede ver como un problema exclusivamente escolar.

"No vales ni para que te violen”. Frase que le dicen a una niña sus compañeros de clase. O “llevas un corte de pelo de maricón”, a un niño. Son algunos de los ejemplos que ha visto Marian Moreno, profesora de Lengua en un instituto de Gijón, experta en educación para la igualdad y asesora de profesorado.

“Casi todos los casos de acoso escolar tienen que ver con la construcción de masculinidades y feminidades. Se acosa a un chico que pueda ser o parecer gay porque se aleja de la construcción tradicional de la masculinidad; a una lesbiana porque no está bajo la dominación sexual masculina; a niñas porque no tienen un canon de belleza que responda al canon de triunfo ante los chicos”. Marian introduce una interesante mirada al tema del acoso escolar, casi inexistente cuando se aborda este problema. “Hay una carencia tremenda y brutal, tenemos comisiones anti-bullying y expertos en todos lados, pero sin perspectiva de género. La mayor parte del acoso tiene que ver con esto, se están equivocando al abordarlo. Cuando vienen al instituto a darnos charlas me pongo mala”.

El acoso escolar o bullying es la forma de violencia (física, psicológica o verbal) más extrema entre niños y niñas o adolescentes. Se trata de una violencia sistemática entre iguales, repetida durante un tiempo prolongado y enfocada a una persona en concreto. “El problema es que no se acepta la diferencia de lo que se entiende tradicionalmente por niño y por niña. Hasta ahora lo que ha triunfado es la masculinidad tradicional, los niños y las niñas han aprendido que la violencia triunfa, es el éxito”.

Otra de las modalidades de acoso es el sexting, que consiste en enviar imágenes o vídeos de contenido sexual a otras personas con el fin de humillar y avergonzar a la víctima. “Hasta los selfies que suben las chicas a las redes sociales son los de modelos sexualizadas. El mundo simbólico en el que se educan está en el aula, pero también en la familia, en los medios, en los anuncios, en los videojuegos, en las películas, en Instagram: es un mundo machista y violento”.

Se habla de ciberacoso cuando el acoso se da a través de medios tecnológicos o las redes sociales. Para la experta, “las redes amplifican, pero me da igual Facebook que una libreta con un boli: de ambas formas se puede insultar o hacer burla de alguien, atacar al diferente. Lo que pasa es que las redes sociales son un altavoz y llegan a más gente”. Asegura que hay un vacío cultural que promueve estas actitudes poco respetuosas. “Hay familias que se pasan el día viendo programas como Sálvame. Todo mi alumnado ha visto Walking Dead. El listón del reachazo a la violencia está en mínimos. Se acepta todo, todo vale”.

Un problema de relación. Pepa Horno, psicóloga y consultora especializada en infancia, explica que el acoso escolar no es un problema de la escuela sino un problema de relación, de cómo han sido educados los niños y qué herramientas emocionales les da la familia y la escuela.

“La clave del acoso es la manera de relacionarse desde el abuso de poder. Si no se da el aprendizaje correcto, la violencia se generaliza y se relativiza, se ve como una pauta de relación normal, cotidiana, asumible. El poder es un concepto neutro. La gente lo utiliza en negativo pero es la capacidad de influir en otra persona, se puede utilizar también en positivo”. Horno indica que cuando el acoso se da es porque ha fallado el entorno de seguridad. “Una persona no puede agredir y acosar a otra persona si el entorno no se lo permite. Los programas eficaces de intervención en el acoso tienen que ver con los testigos, no con la víctima o el agresor. Cuando los testigos se implican e impiden la violencia, el agresor se queda solo y la violencia se acaba. Si los testigos miran para otro lado o se alían con el acosador, la violencia se sistematiza y agrava. El resto del alumnado aprende una forma de relacionarse violenta”.

Según un informe de la organización Save the Children, miles de niños sufren la violencia en el entorno escolar cada día. Uno de cada diez estudiantes afirma ser víctima de acoso. “Me destrozaron tres mochilas, llegaba con moratones a casa... pero creo que me destrozó más el ciberbullying". Es uno de los testimonios que ha recogido la ONG. Jasper vino de Holanda a España con 10 años. Sufrió acoso entre sus compañeros porque no hablaba bien el idioma. Le perseguían hasta casa, le pegaban, le quitaban las cosas, le insultaban. También por correo electrónico y Facebook. “Me decían que ojalá me muriera, publicaban en mi muro, me enviaban fotos, me escribían cosas... me hizo sentirme una mierda, no podía dormir”, relata años después.

Los datos de la UNESCO indican que 246 millones de niños y adolescentes padecen este tipo de hostigamiento en el planeta. Casos como el suicidio de Jokin, un adolescente de 14 años de Guipúzcoa, o Lucía, que se quitó la vida con 13 años en Murcia, ponen de manifiesto el sufrimiento de muchos menores.

Acosador y acosado. Bárbara tiene dos hijos: Marcos y Javi, de 8 y 10 años de edad. Con ambos ha vivido situaciones relacionadas con el acoso en el colegio de Madrid donde estudian. “Desde muy pequeño, Marcos ha tenido una complexión física fuerte. Se hizo su pandilla de malotes en el barrio. Le gustan los videojuegos de peleas, en cambio a mi otro hijo no”.

Un día hubo una pelea entre un niño del colegio y uno de los amigos de la pandilla de Marcos. El amigo de Marcos ganó y sujetó en el suelo con los pies al perdedor. “Me quedé helada cuando vi a mi hijo llegar con un ataque de furia y pegarle una patada en la cabeza al niño que estaba reducido en el suelo. Sentí impotencia, vergüenza. Me disculpé. La otra madre ni me quería hablar”. Habló en casa con su hijo, le echó la bronca, le obligó a pedir perdón y a hacerle un regalo al niño. “¿Cómo sale esa respuesta de un niño que en casa es cariñoso? Me dijo que lo había hecho para defender a su amigo”.

Su otro hijo vivió la situación a la inversa, sufrió acoso. “Javi es más bajito que la media, no le gusta pegar aunque le peguen o muerdan. Venía con marcas del cole. Resulta que un día se pasó al grupo del agresor porque ‘o estás conmigo o estás contra mí’. Él no me contaba nada”. Pero ella notó un cambio. De repente, su hijo no quería ver a uno de sus mejores amigos, le decía que le caía mal. “Resulta que este amigo sufría acoso por parte del líder de la banda en la que ahora estaba mi hijo. Hubo denuncia policial y todo. Mi hijo estaba en el grupo de los acosadores como cómplice, aunque intentaba mediar. Me explicó que no quiso contármelo para no ser chivato. Ser chivato es peor que ser matón”.

Bárbara dice que hubo más casos de acoso y que el colegio no estuvo a la altura. Ella tomó medidas para alejar a su hijo del líder de la banda. “Luego entendí que en la vida se va a ir encontrando a más chicos de ese perfil, así que le di herramientas para que no hiciera nunca a otros niños algo que a él no le gustaría que le hicieran. Fue respondiendo de forma madura y un día me explicó que se unió a ellos para protegerse, para que no le agredieran más. Ahí me di cuenta de que él había sufrido acoso: le pegaban y desde que se unió a ellos lo defendieron. Todo se da en un contexto muy complejo, no es fácil simplificar en malos y buenos. El acosador también es un niño, también necesita ayuda”.

Para ella es fundamental que los niños sepan que pueden acudir a los adultos o a amigos cercanos para contar sus problemas y que no funcionen según las leyes del grupo dominante.


Pepa Horno afirma que hoy ha aumentado la sensibilización y poca gente se atreve ya a calificar esto como una cosa de niños. Romper el ciclo de normalización del acoso y de la indiferencia es clave. “Falta inversión en educación emocional. Seguimos sin entender que hay un elemento tan importante o más que las materias que van a aprender: es la capacidad para relacionarse de forma respetuosa y positiva con el otro. Tiene que ver también con la manera de relacionarse con uno mismo, porque un niño que agrede a otro también se autoagrede, se está excluyendo. Cuando trabajamos con familias siempre piensan en sus hijos como posibles víctimas, pero hay que plantearse también que pueden ser agresores”.

Educar para la diferencia. Además de educar para que nunca agredan, se hace urgente educar para que valoren la diferencia. “Si alguien es diferente y se aleja de lo habitual, esa diferencia puede verse como una riqueza o puede considerarse una desigualdad, algo peyorativo, de menos valor. La discapacidad, por ejemplo. Si creas un mundo en el que las personas con discapacidad tienen acceso a menos recursos, la diferencia se vuelve desigualdad y, por lo tanto, violencia. Ser niño o niña es una diferencia que enriquece la vida de todos. Pero si creas un mundo en el que las niñas tienen menos acceso a oportunidades y derechos, entonces se convierten en colectivo vulnerable, susceptible de ser víctima de violencia. Estar gordo, tener gafas, altas capacidades, una familia monoparental... todas las diferencias se convierten en desigualdades cuando se ven como problema”.

La psicóloga asegura que la clave de la prevención está en enseñar a los niños y niñas que la diferencia es una riqueza, algo que deben querer y buscar en su vida. “El acoso no es un problema escolar. Se da en la escuela, en las redes sociales, en el parque… Ese acoso se generaliza a todas las facetas de la vida, sobre todo cuando se vive en un sitio pequeño, en un pueblo”.

Es lo que le pasó a Zahra en un pueblo de Castilla-La Mancha. Sus hijas, nacidas en España, tienen rasgos árabes por la procedencia familiar. Sufrieron acoso racista. “Un día mi hija pequeña me preguntó llorando: ‘Mamá, ¿qué es mora?’. No entendía que en el colegio no quisieran jugar con ella. Empezó a tener un complejo grande y la autoestima por los suelos. Cuando la pegaban no se defendía, se dejaba pegar para poder jugar con ellos. La mayor soportaba insultos cada día en el autobús”.

Uno de los tipos de acoso más frecuente es el que se ejerce por motivos de orientación sexual. “Quienes agreden utilizan la homofobia, la transfobia y el sexismo para atacar a las víctimas, que sufren aislamiento, amenazas o insultos”, apunta Alfonso Lara desde el área de atención psicosocial y educativa de la Federación estatal de lesbianas, gays, transexuales y bisexuales (FELGTB).

“Existe una estrecha vinculación entre el acoso escolar LGTBfóbico y la desigualdad de género, por lo que las personas más susceptibles de sufrir este tipo de maltrato son aquellas que transgreden las normas de género: chicas con conductas y aficiones masculinas y chicos femeninos. Por no cumplir las expectativas de género algunos estudiantes atribuyen a sus compañeras y compañeros una orientación sexual determinada, lo cual es erróneo y estigmatizante”.

Según un estudio realizado por la FELGTB y COGAM (Colectivo LGTB de Madrid), el 49% de los jóvenes homosexuales han sufrido acoso escolar. De ellos, el 43% se ha planteado el suicidio.

“El acoso les provoca sentimientos de humillación, vulnerabilidad, ansiedad, indefensión, tristeza y culpabilidad. El acoso dificulta mucho la autoaceptación personal. En especial, de la propia sexualidad”. El primer objetivo debería ser evitar que pase y no actuar solo cuando ya hay personas damnificadas. Pero muchas iniciativas de prevención dependen del voluntariado o cuentan con una dotación económica insuficiente.“Desde luego, no es suficiente con un teléfono de atención a víctimas. La homofobia y la transfobia continúan muy presentes en la sociedad española.

Cita como ejemplo de buenas prácticas la iniciativa del IES Isaac Peral de Torrejón de Ardoz, donde el grupo de estudiantes y docentes El Hilo de Ariadna debate sobre la discriminación y la igualdad, prestando atención a la diversidad sexual y las identidades de género. Iniciativas que contribuyen a que el alumnado “conciba la diversidad como un factor que enriquece nuestra sociedad”. Cita también el éxitoso método KiVa, implantado en Finlandia, que pone el foco en los espectadores del acoso, no en víctima o agresor. 

Trabajar sobre los testigos. En este sentido, Pepa Horno subraya que la intervención con los testigos es fundamental, pues se trabaja la conexión emocional con el dolor de la víctima, la empatía, saber que igual que le pasa a otro te puede pasar a ti y entender que si no actúan son parte, son tan agresores como quien acosa. “No proteger o defender es una manera de agredir. La protección del débil, del vulnerable es fundamental. Y darles habilidades de resolución de conflictos y mediación. Cuando se trabaja esto, el aula entera va reaccionando como colectivo. Y como colectivo tiene un poder (en positivo) que no tienen individualmente y son capaces de reconducir la conducta de un niño”.

Pilar Sánchez López (miembro del Colectivo Profesorxs cristianxs de Enseñanza Pública) añade que no se ha dotado a los centros educativos y al profesorado de herramientas suficientes. “Las iniciativas que se han tomado han salido de los colegios o institutos, no de las autoridades. Es ahora cuando las consejerías de Educación empiezan a proponer formación o herramientas para atajar el problema.

Explica diversos tipos de iniciativas (equipos de convivencia, alumnos mediadores y ayudantes, justicia restaurativa, proyectos de aprendizaje y servicio) que actúan desde la prevención e involucran al propio alumnado. “Hasta ahora las medidas han sido siempre punitivas. Atacan el problema puntual castigando o apartando el foco. Una parte del profesorado cree que éstas son las únicas posibles, pero son un parche para una situación puntual, no una medida formadora y preventiva”.

Una estrategia básica de prevención del acoso fuera del aula, según Pepa, sería el programa de acompañamiento socioafectivo de la familia en los tres primeros años del niño. “Hay cursos de preparación al parto que ofrecen mucha información y formación antes de que nazca el niño, pero no después”.

Por su parte, Marian Moreno considera que “hay que empoderar a la víctima, integrarla y trabajar con quienes ejercen el acoso y sus cómplices con una perspectiva educativa, no sólo punitiva. La mediación es útil, pero tienen que aprender que hacer daño tiene consecuencias. No se puede poner en igualdad de condiciones a una chica acosada que al chulito del instituto. Tiene que haber una reparación del daño”.

Para ella, es fundamental educar en la igualdad, pero la escuela no está preparada para ello. Tal vez porque la sociedad no lo está. “Analizamos todo: qué es ser hombre, qué es ser mujer. Cuando me dan sus modelos, sigo constatando que son los más tradicionales. Somos una sociedad patriarcal, miedosa, conservadora. La escuela ahora mismo no está preparada para educar en igualdad. La igualdad no es prioridad nunca”.

Señala que sería suficiente con que las autoridades cumplieran la Ley de Violencia de Género de 2004 y la Ley de Igualdad de 2007. “Ahí está todo lo que habría que hacer en materia educativa. Con eso valdría. Ni se aplica ni se cumple”. Navarra es la primera autonomía que va a hacer un plan de igualdad obligatorio para el profesorado (el resto era voluntario). “Se ningunea el tema con frecuencia. Nos fijamos en casos puntuales, no en la educación global. Jokin es un caso puntual de un sistema global. De 0 a 3 años debería haber más preocupación por la educación global. Luego crecen y nos centramos en explicarles El Cid o Física y Química. ¿Y lo demás, lo importante para su vida, qué?”. •

¿Cómo detectar el acoso?

Según la cooperativa social Kamira, dedicada a temas de educación, infancia, adolescencia y familia, éstos son algunos indicadores:

• Si les preguntas qué tal en el cole, sus respuestas son breves y evasivas: “bien”, “como siempre”, “ya me has preguntado”. 
• No quieren ir al centro, quieren cambiar, repetir curso, comer en casa.
• Comienzan a desvincularse de actividades de ocio con sus compañeros.
• Muchos recreos se van a la biblioteca, los pasan en el baño, en la capilla…
• En los patios, comedores y espacios comunes están solos.
• Cuando hay que hacer grupos de trabajo, parejas para las excursiones, nunca son elegidos por nadie.
• Si se equivocan en clase el grupo se ríe, hay murmullos, miradas…
• Su concentración puede verse limitada y su rendimiento académico puede bajar.
• Se sienten frustrados y agotados emocionalmente.
• Su estado de ánimo no es bueno: tristes, irritados, nerviosos, lloran con facilidad, sufren ataques de rabia desproporcionados y apatía.
• Somatizaciones: cambios de peso, alteraciones en el sueño, vómitos, dolores de cabeza, afonías, erupciones, palpitaciones, tics nerviosos, micción nocturna… 
• Empiezan a venir frecuentemente con la ropa rota o manchada. Si traen moratones o heridas, dicen que se han caído ellos. 

Datos preocupantes

No todas las experiencias de violencia (golpes, insultos, amenazas) pueden calificarse como acoso, pero pueden llegar a serlo y son igualmente preocupantes. Según el informe publicado en 2016 Yo a eso no juego. Bullying y ciberbullying en la infancia de Save the Children, basado en una encuesta realizada a más de 20.000 escolares de entre 12 y 16 años:
• Seis de cada diez niños reconocen que alguien les ha insultado. De ellos, un 22,6% afirma que ha sido de manera frecuente. En más de un tercio de los casos, ha sido a través del móvil o en Internet. 
• Casi un 30% de los niños afirma haber recibido golpes. 
• Murcia, Andalucía, Melilla y Baleares son las regiones con mayor acoso escolar.
• Los colectivos más vulnerables: las chicas y los más jóvenes. Las chicas se ven expuestas a más situaciones tanto de acoso como de ciberacoso.

Teléfono de atención a víctimas de acoso escolar: 900 018 018

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Fuente: 21rs.es

sábado, 3 de noviembre de 2012

Indígenas guatemaltecas convertidas en esclavas de militares.



Mujeres mayas q’eqchi’ vieron cómo militares torturaron y asesinaron a sus maridos. Luego fueron sometidas para servir como cocineras y afanadoras. A diario, las víctimas eran violadas sexualmente hasta por cinco soldados. Los hechos ocurrieron en las comunidades indígenas de Guatemala durante la guerra con la que los kaibiles exterminaron a la guerrilla.

Danilo Valladares/IPS
Contralínea 31/10/2012

Guatemala, Guatemala. “En el destacamento tenían cuartos donde nos violaban; a veces eran tres, cuatro o cinco soldados”, relata ante la justicia guatemalteca Rosa Pérez*, una de las mujeres que fueron esclavizadas sexual y laboralmente por las Fuerzas Armadas guatemaltecas durante la represión a la guerrilla izquierdista.

Con el rostro cubierto y apoyada por una traductora y una sicóloga, esta indígena maya q’eqchi’ dice, entre lágrimas, cómo efectivos del Ejército secuestraron a su esposo y a ella la convirtieron en esclava sexual y laboral del destacamento militar Sepur Zarco, situado en el municipio El Estor, en el Nororiental departamento de Izabal.

La declaración de esta mujer se concretó en la audiencia preliminar –que celebrara en la última semana de septiembre un tribunal de la capital de Guatemala– junto a otras 14 indígenas víctimas de esclavitud sexual y laboral entre 1982 y 1986, causas por las que están acusados 37 agentes militares.

“Se van al destacamento. Se necesita que se les lave la ropa, se les cocine el frijol y se les haga el café a los soldados”, les ordenó el comisionado militar Miguel Ángel Caal a Pérez y a otras mujeres, sin que imaginaran entonces los vejámenes que sufrirían durante meses dentro del cuartel, relata la testigo.

“Me decían que si no me dejaba me iban a matar y me ponían una pistola en el pecho”. Mientras, era sometida por varios militares después de lavarles la ropa, prepararles y servirles sus alimentos desde las seis de la mañana, añade.

“Una vez me armé de valor y me fui a quejar con el teniente y él me dijo que tal vez yo los había acostumbrado así”, narra Pérez, quien sufrió un aborto espontáneo a raíz de los constantes abusos sexuales de los que fue víctima.

También señala que antes de ser conducida al destacamento militar, los soldados habían secuestrado a su esposo, con quien tuvo tres hijos y del cual no supo nada hasta que aparecieron sus restos mortales.

En el conflicto armado interno en Guatemala, de 1960 a 1966, fueron detenidas y desaparecidas 45 mil personas y murieron unas 250 mil; muchas enterradas sin identificar en cementerios, fosas clandestinas y cuarteles, según la independiente Comisión para el Esclarecimiento Histórico.

Ese cuerpo especial señala, además, que la mayoría de los asesinados eran indígenas, que una de cada cuatro víctimas de violaciones a los derechos humanos era mujer y que el Ejército fue el responsable de más del 90 por ciento de esos crímenes.
El hambre mata en la montaña

Uno de los testimonios más desgarradores en la audiencia judicial de aquella semana fue el de Juana Morales, quien relata cómo huyó a la montaña en 1982 junto a sus tres hijos desde San Marcos, una comunidad situada entre Izabal y el vecino departamento de Alta Verapaz. 

Morales dijo que a su casa llegaron varios militares a secuestrar a su esposo, cuyo paradero aún desconoce, y luego comenzaron a abusar sexualmente de ella.

“Me pusieron un arma en el pecho y me tomaron por la fuerza. Fueron tres, y los demás sólo observaban. Uno de mis hijos, de cuatro años entonces, andaba conmigo y daba gritos al ver lo que me hacían”, relata.

Para intentar resguardar su vida y la de sus hijos, esta indígena q’eqchi’, como las demás declarantes, logró finalmente esconderse en la montaña próxima. “No teníamos nada que comer, ya no probábamos tortillas y mis hijos comenzaron a enfermarse” hasta morir, indica.

“Mi hija me decía que regresáramos a la casa, [porque] ahí hay huevos de las gallinas en la mesa’”, recuerda entre sollozos, mientras aclara que no lo pudo hacer. Uno a uno, sus hijos fueron muriendo de hambre en la montaña.

Tras seis años de permanecer aislada en el bosque, un día regresó a San Marcos, pero sus pertenencias y su vivienda habían desaparecido. “Tenía dos casas, pero las habían quemado. Me quedé sin nada”, asegura.

Lucía Morán, de la organización no gubernamental Mujeres Transformando el Mundo, dice a Inter Press Service (IPS) que con este caso “Guatemala está sentando un precedente histórico jurídico para la humanidad, pues nunca una corte nacional ha conocido hechos de violación y esclavitud sexual.

“La violencia sexual se ha usado como arma de guerra y no fue hasta la década de 1990 que los tribunales internacionales de lo que fue Yugoslavia y de Ruanda empezaron a hacer justicia en estos casos.”

La activista precisa que entre 1982 y 1988 no hubo enfrentamientos armados en la llamada Franja Transversal del Norte, donde se asentaban estas comunidades, pero el Ejército se instaló en el destacamento Sepur Zarco para proteger intereses económicos de grandes latifundios dedicados a la explotación de petróleo, minería y monocultivos.

“Así fue como procedieron a hacer listados para perseguir a los líderes campesinos que en ese momento procuraban la titulación supletoria de sus tierras”, una característica que comparten los hombres secuestrados y desaparecidos de estos 15 casos en proceso judicial, afirma Morán.

Otra de las víctimas que acudió al juzgado también da testimonio de cómo fue violada y sometida a servidumbre en Sepur Zarco.

“Fui abusada sexualmente por cinco soldados cada día. Estuve allí seis meses: un día sí y un día no”, relata Martha López, quien debía dejar solos a sus ocho hijos en la casa mientras acudía a la brigada.
Las “jornadas” tenían un horario de las ocho de la mañana a las cinco de la tarde.

Pero antes de todo esto, el Ejército había ido por su esposo. “En 1982, los militares llegaron a la casa y se lo llevaron, lo mataron y lo tiraron en un hoyo”, recuerda. 

Un sargento incrédulo

Mientras se suceden los testimonios, el militar Ricardo Méndez Ruiz admite que “el Ejército cometió abusos durante el conflicto”, pero “también la guerrilla”.

Por eso, “la justicia debe ser igual para todos”, añade este sargento de reservas que en 2011 querelló a 26 personas por el secuestro del que fue víctima en 1982 a manos de la guerrilla. Hoy lidera las expresiones de defensa de los militares acusados de violar los derechos humanos durante la guerra civil.

“Es evidente que los testigos que está aportando el Ministerio Público y el querellante son personas de muy escasa formación, con muy poca educación. Incluso no tienen idea de fechas exactas, lo cual da lugar a pensar en que puedan ser manipulados”, dice a IPS, refiriéndose a las mujeres que narran los crímenes que soportaron.

Méndez Ruiz ha dicho reiteradamente que el trabajo de la fiscalía está “parcializado” y que es utilizado “para buscar venganza” contra el Ejército.

En este caso, además, sostiene que el interés de las mujeres que rinden testimonio “es por dinero. La Corte Interamericana de Derechos Humanos ha condenado en otras oportunidades al Estado guatemalteco a pagar resarcimientos millonarios, que estoy seguro van a dar a los bolsillos de los querellantes”, acusa el militar.

*Los nombres de las víctimas son ficticios por razones de seguridad.

Fuente: Contralínea 308 / Octubre de 2012

jueves, 1 de noviembre de 2012

Las víctimas de la crisis, víctimas del pecado.

José Mª Castillo

A estas alturas, nadie pone en duda que la crisis económica ha sido causada, en gran medida, por la corrupción moral de los responsables de la política y de la economía. Por otra parte, hablar de corrupción es hablar de maldad. Ha sido gente corrupta, gente mala, la que ha provocado –y la que sigue provocando y manteniendo– el inmenso sufrimiento que estamos padeciendo. Sobre todo, el sufrimiento que están padeciendo las víctimas más castigadas por esta enorme desgracia que se nos ha venido encima. ¿Se puede decir, por tanto, que las “víctimas de la crisis” son, por eso mismo, “víctimas del pecado”?

Sin duda alguna, habrá mucha gente que, al leer lo que estoy escribiendo, se llevará las manos a la cabeza. ¿Se puede decir mayor disparate? La crisis depende de la economía. El pecado es asunto de la religión. ¿Podemos afirmar tranquilamente que quienes han tenido –y tienen– responsabilidades en los desastres y desgracias, que nos está ocasionando la crisis, han sido (y son) personas que viven este complejo problema, no sólo como asunto de conciencia, sino además como una “ofensa que le están haciendo a Dios”? Está por demostrar que muchos de los que han provocado (y toman decisiones que prolongan) la crisis sean “delincuentes”. ¿Vamos a tener el atrevimiento (o el desvarío) de asegurar que, además de eso, son “pecadores”? ¿Se puede, ni siquiera, insinuar que el “delito” es lo mismo que el “pecado”? Las leyes humanas nos obligan a todos los ciudadanos. Las llamadas leyes divinas obligan en conciencia a quienes crean en eso: en Dios, en la religión, en la Iglesia, en los curas….

Ahora bien, por más extraño que resulte, todo lo que acabo de decir necesita ser matizado y corregido. Empezando por lo más elemental: ¿Qué es el pecado? ¿quién comete un pecado? ¿cuándo y cómo se comete un pecado? Se suele decir que un pecado es una “ofensa a Dios”, una “desobediencia a Dios”, una “ruptura de nuestra relación con Dios”. Pues bien, si esto efectivamente es así, la consecuencia lógica que de ello se sigue es que quien no cree en Dios, por eso mismo nunca peca, es más nunca puede pecar. Pero realmente ¿se puede llegar a semejante conclusión con la seguridad de estar en lo cierto?

Las religiones han enseñado, durante siglos, que así es en efecto. El cristianismo, sin embargo, introdujo (a partir de Jesús) una variante decisiva en cuanto a nuestra manera de entender a Dios y, por tanto, también en cuanto se refiere a nuestra relación con Dios, es decir, lo que rompe esa relación y lo que la restablece. Lo que en el cristianismo se llama la “encarnación de Dios” (Jn 1, 14), entraña en sí la “humanización de Dios”. Dios, en Jesús, “se despojó de su rango” y “se hizo como uno de tantos” (Fil 2, 6-7). Lo cual quiere decir que, en Jesús, “lo divino” se fundió con “lo humano”. De manera que es, en lo humano, donde los humanos podemos encontrar a Dios. O, por el contrario, quien se desentiende del bienestar y de la felicidad de lo humano, ése es el que rompe con Dios. El que se porta así en la vida, sepa o no sepa lo que realmente le pasa, eso es lo que hace. El comportamiento humano, en el encuentro o el des-encuentro con el otro, se trasciende a sí mismo. Y lo que realmente hace es relacionarse bien con Dios o, en caso contrario, romper su relación con Dios.

El Evangelio es muy claro en este sentido. En el famoso relato del juicio final, según san Mateo (25, 31-46), lo que decide la salvación o la perdición de cada cual no es ni su fe, ni sus observancias religiosas. Ni siquiera lo que la conciencia le dice a cada uno cuando se siente cerca o lejos de Dios. No. Jesús es tan claro como tajante: “Lo que hicisteis con uno de estos a mí me lo hicisteis”. O por el contrario: “Cada vez que dejasteis de hacerlo con uno de ésos tan insignificantes dejasteis de hacerlo conmigo” (Mt 25, 40 y 45). Y para que la cosa quede patente y sin lugar a dudas, en los cuatro evangelios se insiste machaconamente en que quien “recibe”, “acoge”, “escucha” a un ser humano, aunque sea el más pequeño, a quien recibe, acoge o escucha es al mismo Jesús y, en última instancia, es a Dios (Mt 10, 40; Mc 9, 39; Mt 18, 5; Lc 9, 48; 10, 16; Jn 13, 29).

La mayor torpeza, que han cometido las religiones, ha sido explicar el pecado como una ofensa que nosotros los humanos le hacemos a Dios. Santo Tomás de Aquino tuvo la libertad y la audacia de preguntarse si nosotros los mortales podemos ofender al Trascendente. Y su respuesta fue terminante: “A Dios no le ofendemos sino en tanto en cuanto actuamos contra nuestro propio bien” (Sum. Contra Gent. III, 122). El pecado no es una mala relación con Dios, sino una mala relación consigo mismo o con los demás. Por tanto, no hay que preguntarse: ¿Cómo es mi relación con Dios?. La pregunta que todos tenemos que afrontar es mucho más simple y mucho más dura: ¿Cómo es mi relación con las personas con las que convivo?

Las víctimas de la crisis son víctimas del pecado. Son los mismos de siempre: los pobres, los trabajadores, los enfermos, los inmigrantes, los parados, los que no tienen una vivienda digna… ¿Qué dicen a esto ahora los que defienden la religión, los amigos de la Iglesia, los que siempre estuvieron alineados junto a obispos y curas porque así se defendía el bien y las buenas costumbres? Los que saben de economía y entienden a fondo de qué va la crisis están hartos de decirnos que esto se podía haber organizado de otra manera. Y, en todo caso, lo que no admite duda es que, antes que los intereses del partido y el poder de los que mandan, está el sufrimiento de las víctimas. Que no son víctimas de la crisis solamente. Antes de eso, son víctimas de la maldad. Por más que esa maldad se sienta segura con el silencio de los obispos, con las bendiciones del papa y con las buenas relaciones que ahora se mantienen con la religión. Todo eso no es sino la más grande de las mil mentiras que nos han soltado en nuestra propia cara. Y si es que, de verdad, las cosas no se pueden hacer sino como manda el “credo” de la señora Merkel, ¿por qué no dimiten todos de unos cargos que no son sino el triunfo soñado por ellos a costa del sufrimiento de los demás?

Fuente: Atrio

miércoles, 11 de julio de 2012

Lo perverso y obsceno del poder.




Aníbal Ortizpozo (especial para ARGENPRESS.info)

“Me arranco las visiones y me arranco los ojos cada día que pasa.
No quiero ver ¡no puedo! ver morir a los hombres cada día.
Prefiero ser de piedra, estar oscuro,
a soportar el asco de ablandarme por dentro y sonreír
a diestra y siniestra con tal de prosperar en mi negocio.”

Estrofa del poema
”Contra la muerte” de Gonzalo Rojas

A dos años del inicio de segunda década del siglo XXI, en curso, cuando la humanidad se conmueve e indigna con sombríos acontecimientos, que si bien es cierto, no son nada nuevo, lo parecen, porque mutan y se recomponen para permanecer en nuestras vidas. Qué es lo que hay, qué es lo que tenemos, qué permanece en nuestra humanidad, qué nos repugna e indigna: Ataques terroristas con explosivos a civiles. Injerencias para desestabilizar naciones e invadirlas legalmente. Mercenarios o contratistas para hacer el trabajo sucio de la tortura, violación y muerte.


Armamentismo nuclear y tradicional, como el gran negocio de los perros de la guerra, hoy también soporte de las economías en crisis. Bombardeos de la Otan a las propias naciones, miembros de la ONU, que debía proteger. Pandemias inducidas como negocio y armas de guerra bacteriológica. Poderosas mafias de narcotraficantes, que asimilan a las policías y ponen en jaque a gobiernos. Falsas crisis económicas bancarias y empresariales. Dictadura de los medios de comunicación empresarial y sus mentiras mediáticas desestabilizadoras. Muros fronterizos que separan la vida de la muerte. Vivir asqueados con la contaminación de la tierra, el aire y las aguas con basura tóxica industrial, de desechos químicos. Invasiones reales, preventivas y encubiertas en curso, sin que se pueda hacer nada para detenerlas. Absoluta impunidad por ausencia de justicia en los ya demasiados crímenes de lesa humanidad, perpetrados por el poder político y militar de las llamadas grandes potencias.


Las denuncias en los encuentros y foros mundiales sociales más progresistas, o de izquierda, han quedado reducidos a una inocua y solitaria caja de lamentos que el tiempo silencia.

Nuestro planeta Tierra cruje, se recalienta y reacomoda ante las agresiones contaminantes que se le infringen desde los sistemas mundiales de producción industrial y agrícola transgénica “monsántica.” Mientras nosotros, los humanos al parecer no tenemos la fuerza, ni la agresividad necesaria para proteger a la “Pachamama” (Madre Tierra), ni siquiera a nosotros mismos. Tampoco, existe en las organizaciones gubernamentales y sus “cumbres” periódicas, la voluntad política para cumplir los protocolos y acuerdos, los que se solapan y traspapelan subordinados a la actividad empresarial gubernamental e intereses económicos transnacionales de un perverso capitalismo en crisis, que, no tiene dinero para programas sociales de los pueblos acosados por el hambre y pandemias, pero sí tiene para la compra, producción de armas y subsidios a la banca empresarial especuladora.

Armamentismo y violencia permanecen en nuestras vidas en todos los niveles sociales, la lucrativa industria bélica es parte importante de las economías de las naciones desarrollandas. Abarca desde la poderosa industria nuclear, las armas de destrucción masiva, químicas, bacteriológicas, hasta las armas del hampa común y mafias que enfrentan hoy exitosamente a ejércitos nacionales, como sucede en el territorio mexicano.


Vivimos asqueados de la violencia generalizada presente en nuestras vidas, conocemos sus raíces y somos víctimas de sus secuelas. Sus prácticas difusas sin control, son públicas, son la noticia de la crónica roja en la prensa amarillista, donde lo obsceno es lo repugnante que se exhibe, que se muestra. La violencia es un suceso público que vende y entretiene, va desde violencia de género y femicidios, las masacres de niños y jóvenes en las escuelas norteamericanas, los múltiples asesinatos por homofobia, racismo, los secuestros y robos a mano armada.

Existen profundas raíces de la violencia cotidiana que provienen de las prácticas del terrorismo de Estado con sus paramilitares y contratistas, que crearon unos, el horroroso espectáculo de exhibir a los que asesinaron con sus lenguas como corbata (Colombia), otros de fotografiarse, burlándose mientras se orinaban sobre un grupo de cadáveres (Afganistán). Las mafias de narcotraficantes y hampa común viven impunemente en nuestro hábitat como cualquier hijo de vecino protegidos y asociados a cínicos y corruptos funcionarios de la administración pública o a exitosos empresarios privados.


En Latinoamérica todo esto nos asquea y hace nuestras vidas insoportables, muy en especial la difundida práctica del sicariato, negocio de la muerte por encargo, presente en las acciones sangrientas y contractuales de patrones contra líderes obreros; de latifundistas contra campesinos e indígenas quienes son los dueños legítimos de las tierras que se les ha despojado.


La violencia real y virtual del cine, televisión, internet, especialmente de los video-juegos y juguetes de la industria cultural masiva del entretenimiento, se entrelazan y confunden, han funcionado como una escuela primaria del delito, siempre a favor de un consumismo feroz y el mantenimiento del injusto sistema capitalista.

Nos da asco, el inhumano poder económico y bélico de las grandes potencias, actuando como imperios de la antigüedad, continúan haciéndose presente en nuestras naciones, con su poder de exterminio, para consolidar sus neo-colonias, hacernos dependientes, robar nuestros recursos naturales, sin respetar la autodeterminación de los pueblos, ni la soberanía expresa en nuestras constituciones. La injerencia de las naciones poderosas hoy toma múltiples formas, enmascarándose torpemente para intervenir, ya no son invasiones directas tradicionalmente armadas, tipo Irak, Afganistán, son las guerras de cuarta generación o injerencia solapada, las de los golpes suaves, la manito blanca OTPOR, las operaciones encubiertas tipo Kosovo/Serbia y otras, donde insurgen personas desconocidas armadas, preparadas por los más despiadados contratistas de la CIA y Al Qaeda, ciudadanos o haciéndose pasar por ciudadanos de las naciones a desestabilizar e invadir, quienes son dotados de modernas armas, aviones no tripulados para bombardear, con apoyo de una alta tecnología, inimaginable, GPS, Twiter, telefonía celular, para crear imágenes virtuales de plazas verdes tomadas como sucedió en Libia, donde perversamente, contraviniendo las elementales normas humanitarias para los prisioneros de guerra, capturaron a Gaddafi y su hijo vivo para asesinarlo posteriormente.


Perverso y obsceno fueron los dos atentados con explosivos a desprevenidos civiles, mujeres, niños, que en la mañana del 10 de mayo de este año, viajaban esperanzados a la escuela, al trabajo en Damasco, Siria. Los terroristas, son una vez más héroes libertarios, que cuentan con el apoyo encubierto de la OTAN para masacrar a civiles.


Obscenas son también las amenazas de invasiones preventivas a Irán, Pakistán, Corea del Norte, Venezuela, o el sostenido terrorismo de Estado con sus falsos positivos, leyes patriotas antiterroristas que aún asesina y mantiene a presos, torturados, sin un juicio justo, en Abu Ghraib, Bagram, Guantánamo o cualquier base militar, embajadas o portaviones US Army.

El repugnante rostro intercambiable de la injerencia en Latinoamérica es la desestabilización de las naciones y derrocamiento de sus gobiernos, creando al interior de ellas, ONGs mercenarias, provistas de generosos aportes económicos, alianzas con los grupos de poder económico, opositores y militares golpistas ideológicamente afines a la política norteamericana, ”una especie de guerra civil, donde pequeños y heróicos grupos luchan por su libertad en contra de un tirano asesino, que quiere instaurar el comunismo”, que en Chile (1973) les resultó exitoso con el apoyo de la oligarquía y los militares fascistas; en Venezuela (2002), el golpe que no les resultó, porque el pueblo y los militares liberaron y repusieron al Presidente en su cargo; en Haití (2004), la desestabilización armada los llevó hasta el secuestro de su Presidente y que, para protegerlo, para luego ocupar el país con sus marines; en Honduras (2009) con argumentos legales respaldados por la Corte Suprema y el Congreso, con apoyo de militares se expulsó al Presidente en ejercicio; en Ecuador (2010) con una protesta por mejora salarial de policías y secuestro temporal del Presidente; en Bolivia (2008), alentando el separatismo de una de sus provincias, en complicidad con el gobernador-empresario de Santa Cruz, y posterior huelga de policías; recientemente en Paraguay (2012), esta vez la intervención tomó la forma de golpe parlamentario para destituir a su Presidente.


La injerencia funciona apoyada en el perverso poder de la dictadura mediática donde la mentira, el rumor, el insulto y la descalificación de las autoridades legítima y democráticamente elegidas, se repiten con frecuencia, al estilo de la vergonzosa mentira de EEUU sobre posesión armas de destrucción masiva para invadir Irak, lograr que se ahorcara a su Presidente y apropiarse de su petróleo a costo de miles de vidas humanas, destrucción y saqueo de obras de las antiguas culturas Sumeria y Mesopotámica, incunables patrimonios de la humanidad.


Los medios de comunicación en manos de la oligarquía criolla y transnacional de la información, continúan noche y día difundiendo mentiras y medias verdades con pautas, libretos o guiones “Made in USA” originados en los laboratorios de guerra sucia.

El ¿qué hacer?, ¿qué cambiar?, ¿qué crear? son las preguntas a las que debemos darle respuestas, empecemos reconociendo que todo cambio revolucionario, requiere de un desaprendizaje y desalienación de todos nosotros, hombres y mujeres, nacidos y criados en salvajes sociedades de consumo, donde los valores humanos obedecen a una profunda mercantilización de toda la vida social. Por lo tanto “ellos”, los cambios, deben iniciarse primero al interior de nosotros mismos.

Reflexiones como ésta, sólo son una alerta a la imaginación política; un ejercicio ético de inconformidad y resistencia a estas sociedades conservadoras, de silencios cómplices, que vivimos.


Apoyemos toda práctica cultural comunicacional, que nos obligue a pensar, que provoquen una toma de conciencia propulsora de acciones, sobre aquello que debemos cambiar y lo que debe permanecer, para crear humanidad.



Entonces, creemos humanidad, otra humanidad, asumamos todos los días el oficio de humanizadores.

Fuente: ATRIO

lunes, 24 de octubre de 2011

África: “No hay justicia para las mujeres violadas”


La congoleña Angeline Mwarusena, de 61 años, está sentada en un pequeño banco de madera frente a su choza, cabeza gacha y hombros caídos.

Con voz apenas audible relata cómo fue violada por tres combatientes de las Fuerzas Democráticas de Liberación de Ruanda (FDLR).

(Kristin Palitza/IPS)
Hace cuatro años, tres hombres del FDLR ingresaron a su casa, la golpearon y la violaron reiteradas veces, uno tras otro.
“Desde entonces, cada vez que escucho un ruido, me sobresalto. En las noches me escondo en la selva porque tengo miedo de que vuelvan”, señaló Mwarusena, quien vive en Katana con sus nueve hijos.
Katana es una pequeña aldea cerca de Bukavu, capital de la provincia de Kivu Sur, en el este de República Democrática del Congo (RDC).
Durante mucho tiempo, las milicias regresaban cada 15 días robaban la cosecha y el ganado, violaban a las mujeres y mataban a quien se interpusiera. Todavía suelen venir con regularidad, apuntó.
El trauma le dejó secuelas emocionales y físicas. Durante tres años, Mwarusena debió ser tratarse por fisuras vaginales producto de la violencia con que fue agredida. Desde ese momento vive en una pobreza absoluta porque teme salir de la aldea para cultivar mandioca, que vendía antes del ataque.
“Es una vida espantosa. Preferiría morir”, susurró.
El hospital Panzi de Bukavu está lleno de mujeres víctimas de violencia sexual. Cada una de ellas tiene una historia similar a la de Mwarusena.
No hay estadísticas oficiales sobre el problema en República Democrática del Congo, pero el director del hospital, Denis Mukwege, señaló que 4.500 mujeres fueron ingresadas por violación en 2010. Él cree que hay miles que no hacen la denuncia ni buscan atención médica.
“La mayoría de las mujeres nunca figurará en una estadística”, señaló Mukwege.
El ejército congoleño se enfrentó durante años con diversos grupos armados de este país y de los vecinos que pretendían acceder al poder político y a los recursos naturales. El conflicto dejó cuatro millones de personas muertas y afectó psicológicamente a gran parte de la población, en especial en el este, en la frontera con Ruanda.
Una mujer violada es fotografiada en una clínica (Cedric Gerbehaye/AP Photo)
RDC vive en paz desde diciembre de 2002, cuando los bandos enfrentados firmaron un primer acuerdo de paz, seguido de otro suscrito en Kivu Norte en junio de 2008, pero los combates no cesaron.
Los intereses nacionales e internacionales puestos en la vasta riqueza mineral del país hacen que la situación en todo el territorio, y en especial el este, sea inestable. RDC tiene la tercera reserva mundial de cobalto y diamante, 70 por ciento de la de coltán, utilizado en la electrónica, y una gran cantidad de oro y cobre.
Pero también hay razones políticas para la violencia actual. Los rebeldes ruandeses del FDLR siguen operativos y se retiraron a la selva y a las montañas del este donde se preparan para regresar al poder en Ruanda, de donde se fueron desplazados tras el genocidio de 1994.
Como grupo guerrillero aislado, el FDLR recurre al robo de ganado y cultivos para alimentar a sus combatientes.
“La violación es un arma de guerra psicológica que se usa para atemorizar y someter a la población. Hay violaciones masivas regulares de mujeres en aldeas enteras y asesinatos de hombres”, explicó Zawadi Nabintu, director de Dorcas House, institución que ayuda a las víctimas y que está ubicada al lado del hospital Panzi.
Con terapia psicológica y ayuda, que incluye formas para generar ingresos, el equipo de Nabintu trata de ayudar a las sobrevivientes a reintegrarse a la sociedad.
“Tenemos un doble problema porque la mayoría de las mujeres son rechazadas por sus familias. Entonces también tratamos de ayudarlas a ser independientes desde el punto de vista económico”, indicó Nabintu.
Una de sus pacientes es una adolescente. Hace tres años, hombres armados ingresaron a su casa en Bunjakiri, 80 kilómetros al noroeste de Bukavu, la violaron y asesinaron a sus padres frente a ella.
“Me secuestraron, me violaron varias veces y me golpearon; me tuvieron de rehén obligándome a trabajar en el campo para ellos”, relató la muchacha hoy de 17 años. Al mes de cautiverio, cuando logró escapar, ya estaba embarazada.
Ahora vive en Dorcas House con su hija de dos años llamada Baraka, (bendición, en swahili), pese a ser producto de una violación. Con ayuda psicológica, supera de a poco el trauma y pudo regresar a la escuela.
El apoyo que ha recibido le ha dado nueva esperanza. “Cuando termine la secundaria quiero estudiar medicina para curar gente”, señaló.
Pero la mayoría de las mujeres y adolescentes se las tienen que arreglar con mucho menos. Unas 17.500 personas fueron violadas en RDC, unas 48 al día, según un informe no publicado del Fondo de Población de las Naciones Unidas.
“Eso lo convierte en el país con mayor violaciones del mundo”, señaló Audrey Shematsi, directora de Action Aid Goma en Kivu Norte, tan afectada como Kivu Sur.
La mayoría de los casos no se denuncian y solo alrededor de 10 por ciento de estos terminan en la justicia, con una proporción aun menor que termina en condena, añadió. “No hay justicia para las mujeres. El sistema es inaccesible. La corrupción es un hecho. Los casos se alargan semanas, meses, si es que concluyen con un veredicto”, se lamentó.
Sin paz ni justicia, las mujeres de RDC siguen siendo uno de los sectores más vulnerables de la población mundial.
Más información:
Una víctima de violación consuela a su hijo mientras oculta su identidad por seguridad y por el del fuerte estigma social de la violación que ppuede caer sobre las 5o mujeres que han declarado en el juicio contra los militares violadores. (AP Photo/Pete Muller)

Condenados a 20 años los militares violadores de Congo

22.02.2011 · Fotografía de Pete Muller/ AP
La Foto. Una mujer congoleña víctima de violación consuela a su hijo mientras oculta su identidad por seguridad. Y también por el fuerte estigma social de la violación que puede caer sobre las 5o mujeres que han declarado en el juicio contra los 10 militares violadores condenados a 20 años de cárcel en Baraka, RDC. 21 de Febrero de 2011. Ver más fotos